Capítulo 17

-Sí, son mis tormentos, bueno esos cuatro, Rukawa es un ángel, y Aphrodi no da problemas -aseguró-. Los cinco de ahí son quintillizos, el primero en nacer fue Hanamachi –señaló al pelirrojo -, luego Shinichi -señaló al pelinegro-, Mitsui -señaló al otro pelinegro -y Sendo -señaló al cuarto también pelinegro - y el más pequeño de los cinco y el único doncel de ellos Rukawa -presentó a los quintillizos -estuve casado, pero solo durante 10 meses. Mi esposa murió en el parto de los quintillizos. Aphrodi es mi bas... mi ilegitimo -confesó avergonzado dándole un suave empujoncito al rubiecito hacia Kise-. Di hola, Aphrodi.

-Hola -le sonrió el rubito con su sonrisita desdentada.

-Son muchos -dijo sonriéndole al pequeño que le daba ternura. Hanamachi, el mayor miro al doncel de cabellos rubios como rallos de sol, era muy hermoso, con los ojos dorados como sus cabellos

-¿Papá, es la nueva mamá? -preguntó Hanamachi directamente, porque si así era, lo querían para ellos.

-Eso intente, pero me dijo que no, monstruitos -les dijo a los cinco varones, un embarazo múltiple demasiado grande, para cuando su esposa había parido a Rukawa ya estaba desangrada. La partera tuvo que abrirle el vientre para sacarle a Rukawa antes de que el niño muriera con la madre-. Lo son, supongo que por eso no soy tan buen partido para un doncel como lo ha de parecer mi primo Kagami -suspiró Aomine al comentario de Kise de que eran muchos niños.

-¿Porqué no? -preguntó Hanamachi- Papá es bonito -aseguró señalando a Aomine-. Papi, cómpralo -ordenó a Daiki señalando a Ryuta.

-Aun cuando sean muchos no lo digo por eso –le respondió a Aomine ignorando el comentario del pequeño Hanamachi, sintiendo como el pequeño rubio se aferraba a su toga y con suavidad le alzo -. Precioso -le sonrió derritiéndose ante la sonrisa desdentada del pequeño Aphrodi.

-Yo Aphrodi -le sonrió encantadoramente el rubito abrazándose al cuello de Ryuta mientras se auto presentaba.

-No puedo comprarlo, Hanamachi, no es un esclavo, es un doncel romano de buena cuna -le dijo Aomine con paciencia a su temperamental hijo pelirrojo.

-¿Por qué no quieres casarte con nuestro papi? -pregunto Rukawa soltándose de sus hermanos y acercándose a Ryuta- Papi es muy guapo, me deja jugar con su cabello-le conto haciendo que su padre se sonrojara. Rukawa estaba obsesionado con su cabello y Aomine encontraba difícil decirle a su chiquito que no y que no era nada masculino las cosas que a veces le hacía en su cabello, no podía, simplemente la sonrisa de su hijo le gustaba demasiado.

Hanamachi frunció el seño.

- Te quedaras con nosotros y serás nuestra mami -exigió serio el chiquillo mandón-. Rukawa dice la verdad, papá es guapo, le gusta hacerle de idiota a Aphrodi también -vendió a su padre literalmente.

-Hanamachi esa no es la forma en que lo vamos a convencer, me parece -le dijo Mitsui.

-Sí, se bonito como Rukawa. Quiero que se quede -le dijo Shinichi.

-Pero la quiero de mama. Es tan bonito como Rukawa -protestó Hanamachi-. Quiero que sea de papa y nuestro.

-Tus hijos son algo mandones ¿Sabías? -le preguntó Kise a Aomine divertido mientras Aphrodi se enroscaba como una serpiente sobre él.

-Lo siento, supongo que no tienen un ejemplo más suave, hago lo que puedo -se disculpó rascándose la cabeza avergonzado.

-Mis hermanos son buenas, algo mandones, pero buenos -le aseguró Rukawa con una sonrisa- ¿No le gustamos? -preguntó con curiosidad.

-Oh, sí. Son bellos -dijo sin poder quitar las manitas de Aphrodi de su cuello-, pero las cosas son de adultos, niños -le respondió a Rukawa antes de voltearse y darle una sonrisa a Aomine-. Es normal si eres padre viudo. Creo que has hecho un gran trabajo para haberlo hecho solo -le aseguró al peli azul y sentándose para arreglar las ropitas de Aphrodi y peinar sus cabellos.

-Por eso dije que no era un buen partido, después de todo -suspiro Daiki-, pero de verdad me gusta, si te casas conmigo y no quieres cuidar de los niños... tengo esclavos para hacerlo -le aseguró.

Kise le miro serio.

-Eso sería una estupidez, quien te quiera debe querer a tus hijos y cuidarlos como suyos -dijo con firmeza-. Me gustan los niños, pero es posible que a mi edad no pueda tener hijos y también porque sufrí un accidente hace algunos años -confesó sin mirarlo acomodando las ropitas de Aphrodi hermosamente.

-Más razón aun... yo no necesito más niños, tengo a Hanamachi que es mi heredero y a tres varones más por si le pasara algo un día, tengo a Rukawa mi perfecto doncelito y a Aphrodi mi hermoso niño... podrían ser también tuyos -le dijo viendo como Aphrodi recostaba su cabecita en el hueco entre el hombro y el cuello de Kise-. Le gustas a Aphrodi.

-Es un niño precioso -dijo acariciando los cabellos rubios con suavidad viendo como Rukawa se acercaba con curiosidad y con él tuvo el mismo cuidado de hacer rabito alto lleno de cuerdas muy bonita en el cabello oscuro, claro que Hanamachi notó algo.

-¿Tienes una serpiente dentro de las mangas de tu toga? -preguntó viendo el animal que podía pasar por un accesorio cuando el doncel levantaba las manos mientras peinaba a Aphrodi y a Rukawa.

-Curiosa mascota... no morderá a los niños ¿Verdad? -no pudo evitar preocuparse Aomine cuando la noto gracias a lo que Hanamachi lo dijo, pues antes no se había dado cuenta.

-¿Eh? no para nada -dijo sacando una serpiente coral de su manga estaba enroscada en su brazo. Medía unos treinta centímetros de larga, conocida por su letal veneno-. Es una protección que uso, es inofensiva -aseguró.

-Vale, confiare en ti -asintió Daiki. Aun así miró nervioso a su Aphrodi y a su Rukawa, pero ninguno parecía tener miedo, Rukawa incluso estiró la mano para tocar la cabecita del reptil mientras Aphrodi le había cogido la cola al animal.

Kise sonrió y siseo a la serpiente que se enrosco en la mano de Rukawa.

-Es muy linda -sonrió Rukawa con entusiasmo-. A mis hermanos también les gustan, tienen un terrario y una pequeña colección, pero ninguna es venenosa. Papá no los deja por qué pueden hacerle daño a Aphrodi y a mi dice -le explicó el pelinegro.

-Si se crían bien no son peligrosas -sonrió-. Mi pequeña serpiente sólo atacara si yo lo pido -le aseguró, lo que no dijo era que la tenía por su hermano Haizaki . Si se sobrepasaba la coral lo envenenaría.

-Te llevaras bien entonces con los niños -sonrió- ¿Por qué no le enseñáis a Kise vuestro terrario? -le preguntó a sus hijos varones.

Kise sonrió y se levantó con el niño. Su serpiente regreso a enroscarse tranquilamente en su brazo dentro de la manga de su túnica... escondida y solapada. Kise estaba maravillado con los niños y sonreía a las palabras de Aomine. Pasó toda la tarde, hasta que vino su hermano, Haizaki enojado, había estado preocupado por él y su ausencia.

-Kise -dijo serio viendo a su hermano rodeado por mocosos y el hijo del senador.

Continuará...