Hace tiempo la joven científica no cena con su familia. Olvidando por completo lo desagradable que puede llegar a ser la presencia de sus hermanas, aunque la extraña atmósfera callada lo hace incómodo como acogedor, no tanto ya que Lisa no le da interés el hablar con ellas. El caso de su padre, el que busca comenzar una conversación, si le irrita, pero lo que más le da molestia, es la mirada constante y penetrante de su hermana mayor. ¿Por qué debe cenar en las mesas de los grandes? Ni ella lo sabe. Su madre le insistió hasta que una amenaza por parte de ella, la obligó a aceptar.
«¿Ahora qué? ¿Ya decidieron sobre el asunto de Lincoln? O ¿Ahora le prestaran atención a Lucy, y olvidarán el incidente de Lola? Cada vez, esto se vuelve más interesante. ¿Acaso, esta emoción es la que alardean mis hermanas al ver sus telenovelas? Es, en efecto, estremecedora» la pequeña sonrisa de Lisa pasa por desapercibido, los pensamientos de ella no paran de crear hipótesis, pensando en qué puede pasar, o si la irracionalidad humana aparecerá para doblar todo el escenario.
Como en la mesa de los mayores, en las menores el silencio es casi del mismo calibre de incomodidad. Lola junto a Lily no logran percibir el ambiente, perdidas en saborear la comida de su padre, tratándose de su comida favorita. Lola siente algo diferente, una falta de sabor esencial que nunca antes captó en comidas anteriores. Arrugando su nariz, de sus dos orificios exhala el aire de sus pulmones, como gesto de molestia. Indignada por la falta de calidad y sabor de su platillo, por infortunio de ella, no puede quejarse al ser preparado por su padre.
Lana da una mirada corta a su hermana. A ella no le interesa si la comida tiene falta o exceso de condimentación. La comida es comida. Pero, su concentración nada discreta aún sigue en el estado emocional de su gemela. Aunque parece que haya vuelto a ser la de siempre, algo no encaja. Las peleas son igual de innecesarias y sin motivo racional, las quejas de sus gustos tan diferentes siguen presentes, pero aún así, algo no encaja en su actitud. La forma en la que se queda pensando por largos tiempos, tan seria e ignorando incluso los insultos de Lana, le da tanta desconfianza de que todo haya vuelto a la normalidad. Aunque Lana tampoco vuelve a todas sus actitudes conflictivas, incluso se atrevió a mimar a la princesa, preocupándose del bienestar de su gemela en varios aspectos que, a Lola le parece irritante, pero Lana no puede evitar sentir esa piedra en su corazón.
En la mesa de las mayores, Lisa desliza su plato para adelante, indicando y resaltando la terminación de su cena.
—Agradezco su alimento nocturno unidad paternal. Ahora, si me disculpan volveré a reanudar mi asistencia en mi proyecto, el tiempo es mi enemigo y la soledad mí aliada —pronuncia Lisa dejando su asiento, mirando a su padre hasta finalizar todo lo dicho. Abandona el cuarto bajo la mirada de todos los presentes. Lori la persigue al salir de su visión, con la excusa de estar satisfecha. Estando también bajo las mismas miradas que recibe la científica.
Subiendo con algo de prisa en su caminar, Lori se sorprende unos segundos al ver que Lisa ya había subido en su totalidad las escaleras.
—¿Cómo alguien tan pequeña es tan rápido en las escaleras? —se pregunta mientras corretea hasta la primera planta, sorprendida al no tener ningún tropiezo en su andar.
—¡Lisa! —al dar el primer paso en el suelo del pasillo, el ruido obtiene la mirada de su hermana, pero Lori, prefiere llamarla con su tono autoritario para indicar que la charla es seria. Lisa, solo queda quieta, aceptando la conexión visual de su hermana. ¿Ahora, qué pasaría?
—Dime, unidad fraternal número uno. ¿Cuál es el motivo de este desperdicio de tiempo? —el vocabulario absurdamente extenso, y con el fin de sonar profesional, no puede ocultar la molestia de Lisa. Lo minimiza pero, para ella no es lo suficiente.
Lori ignora la molestia de su hermana. Ya que dentro de todo, es lo que mayormente expresa. No es difícil hacer enojar a su hermana con la poca tolerancia que tiene.
—Necesito hablar sobre Lincoln. Tenemos que decidir qué hacer con él, si es un castigo o hablar con nuestros padres. Hay que demostrar…—la voz de Lori es cortada antes de que pudiera seguir hablando.
—Yo ya dejé mi cargo de superior en este tema, Lori. Pierdo mucho tiempo en una situación que fácilmente la pudieron terminar al hablar con nuestros padres. Seguro, terminará en algún reformatorio, si es que nuestros padres deciden eso o que siga en nuestro techo, alrededor de nosotras. Alimentando el hambre de su depravado ser, como probablemente hizo con Lola. Dejo en tus manos el caso, Lori —la rápida voz de Lisa ejerce temor sobre la manera que se expresa, observando la incertidumbre crecer en el rostro de Lori. Dando la espalda a su hermana, deja a la rubia con la boca entre abierta. ¿De verdad le dijo que su hermano menor es un abusador sexual? En la cabeza de ella, es algo imposible. El carácter, la educación, las morales que se le implementaron en su infancia, va en contra de ser algún delincuente, mucho menos sexual, y con preferencias a infantes.
—¡Lisa! ¡Lincoln es completamente… —Lori comienza a levantar la voz en mitad del pasillo, avanzando unos pasos que se detienen como su voz.
—¡Shh!… Lori, nadie, nunca en la vida de la Humanidad, ningún humano ha sido puro hasta su muerte… —explica Lisa, manteniéndose callada un rato, volviendo a retomar su respuesta. Nuevamente, la castaña conecta sus ojos con los de Lori, mostrando ante la mirada de la rubia el enojo que está en aumento—. Bueno, sí, los recién nacidos que han matado antes de poder vivir un poco la vida, pero a lo que quiero llegar, es que nuestro hermano no es ningún santo, ni Leni lo es. No lo cubras si no tienes evidencias —esta vez, Lisa con un suspiro retoma su marcha para ir a su cuarto, sin importar si Lori vuelve a llamarla, no cederá.
—Evidencia… ¡Las grabaciones! —el exaltar de la voz se muestra en el rostro de Lori, recordando el porqué la estaba llamando esta mañana, empieza a perseguir con pasos rápidos para llegar al lado de ella la niña—. ¡Lisa!
—¿Qué? —la niña sin detenerse o dar vuelta, con molestia responde a su hermana. La cual, no puede ver el gesto que hace al contestarle, poniendo los ojos en blanco sin disimular.
—¿Me puedes dar las grabaciones donde Lincoln le hace, eso, a Lola? —la lengua de Lori se traba, no le gusto, para nada, afirmar el acto depravado que aún está en duelo de que si en verdad sucedió. Solo una testigo y única víctima, es la que menos se le puede confiar por la larga lista de mentiras, chantajes y amenazas. Y, sin ninguna evidencia.
—No las tengo. Y antes que me vayas a recriminar, yo tengo un sistema que borra cada cierto tiempo mis grabaciones, ¿acaso crees que me gusta espiar y guardar cada día de nuestra vida cotidiana? Ayer borré todas las grabaciones de la semana. Solo tengo la de este día —al alcanzar la manija de su puerta, Lisa gira su cabeza en un ángulo algo inclinado— ¿La quieres?
—No. Gracias, Lisa —responde Lori en una voz de bajo volumen, casi similar a un murmullo. El desánimo que demuestra, hace aún más inaudible, pero al estar tan cerca de Lisa, la científica escucha bien las palabras de Lori.
Sin demoras, Lisa abre la puerta y entra a su cuarto. El ruido que se escucha cuando la científica traba la puerta, envolviendo de vuelta en la burbuja alejada de los demás, es señal para que Lori camine hacia su cuarto.
«¿Ahora qué hago? Sin las grabaciones de ella, ¿cómo haré para mostrar la inocencia de Lincoln? O, puede que me haya llevado un susto al ver como intenta abusar de Lola. Pero ¡no! Eso es imposible, Lincoln no es así. Puede que esté entrando a la pubertad pero, él nunca demostró ser así. Nos quiere bastante para hacernos ese tipo de daño. Los tuve en mis brazos, ¿cómo alguien tan dulce puede hacer eso? Ni siquiera tiene el coraje de desobedecer mis órdenes, y Lola puede llegar a ser peor que yo» es lo que piensa la mayor, mirando la puerta de Lincoln, paseando la vista hasta llegar al cuarto de las gemelas.
—•—
Otro ruido se vuelve a escuchar. En el cuarto de Lincoln, el albino escucha algunos gritos de Lori, y otros dos ruidos de puertas cerrándose con violencia. Es normal que los ruidos abunden, y las discusiones. A Lincoln, no le sorprende ser espectador o testigo de sus peleas, pero si le sorprende la nula importancia que ahora le ocasionan sus discusiones. Ese sentimiento arrollador de querer ayudarlas, ya no lo atormentan, ¿el motivo? Ni el mismo lo sabe.
—Parece que Lisa hizo enojar a Lori. Se nota que se olvidaron de mí. No puedo creer que estén peleando por algo absurdo, seguro es algo de internet o algo similar. Es muy seguro, a Lori solo le importa su celular —las reflexiones del chico son escuchadas solo por él, mientras está acostado en la cama, tapando los ojos con su brazo pareciendo que esconde sus lágrimas.
Retomando su pensamiento sobre la relación de sus hermanas, la poca atención que le están dando y el distanciamiento de Lucy. Lo que más lo atormenta, es lo último. Para Lincoln su hermana menor, es su único apoyo en toda la ignorancia de las demás. Lo era, mejor dicho, ahora ni siquiera sabe si volverá a sentir su apoyo. ¿Tanto es pedir un poco de compresión y una muestra de cariño de su familia? Él siempre ha estado para ellas, también ha ayudado a sus padres en ocasiones, aunque a sus hermanas le ha dedicado aún más tiempo.
—Seguir pensando en esto. Me romperá la cabeza. Espero poder dormir bien hoy, no quiero seguir levantándome tarde, hará que mis padres se preocupen y entrometan. Ya es tarde para que me den su lástima. ¿Cómo pude estar buscando eso? Es tan insoportable, ¿Lucy también lo hacía por lástima? Auch, ¿tan patético soy? —al terminar su pensamiento, una expresión de dolor en su rostro surge. ¿De verdad es tan patético, para que una niña menor a él lo consuele? Para Lincoln tiene que ser al revés, el debe ayudarla. Su padre siempre le había dicho eso, él es el hombre de la casa, pero ¿cuándo el hombre de la casa necesita ayuda, debe tenerla, no? Al dar ya mucho de su tiempo y dedicación a sus hermanas, ¿por qué ellas no? ¿Por qué ellas no se lo devuelven? Consuelo, escucharlo, abrazarlo, poner sus manos en el fuego, ¿por qué no lo hacen ahora?—. ¡Espera! ¿Alguna vez lo hicieron?
Un suspiro con similitudes a un quejido resuena en las paredes. Su expresión de dolor arruga más el rostro, asomando las lágrimas que se reúnen en los bordes de sus párpados. Siente como uno de todos sus órganos, se aprietan por cuenta propia, como si su función fuese esa, agranda el dolor que siente en su pecho.
—Perdí tanto tiempo en forzar unas relaciones que, al final, no me mostraron el mismo cariño que les di.
Observando un punto fijo, solo espera poder dormir esta noche. Sus ojos ya le arden de tanto llorar, y sus parpados no reconfortan ese dolor, solo lo empeora al serle dificultoso mantenerlos abiertos, sintiendo como su propia carne se separa al abrirlos.
—•—
Los minutos dan la sensación de ser eternos, parece que solo un minuto equivalen a una hora. Eso es lo que sienten los padres de la familia al no tener respuesta de su hija rockera. Incluso un conflicto surge entre ellos. Rita le echa toda la culpa a su marido, al ser él quien le dio permiso de irse. Lynn no lo toma bien, y el conflicto aparentaba elevarse a otro nivel, pero el tono de su celular interrumpe la discusión.
—¡Hija! —su voz altanera y feliz, contagian a su esposa al escuchar las palabras de Lynn. Rita se acerca de manera desesperada al lado de su esposo.
—¡Luna! —es el llamado lleno de alivio de Rita. Ella junto a Lynn esperaban lo peor de su hija, observando la hora carcomiéndose la cabeza ante la incertidumbre. El enojo y la desesperanza se esfumaron al escuchar la voz de Luna de la otra línea.
—Hola papá, ¿por qué tengo tantas llamadas tuyas? ¿Pasa algo malo en casa? —el sonido de fondo que acompaña la voz de la adolescente, suena con estática y con varios sonidos retumbantes. El parlante del teléfono al no ser de buena calidad, empeora la claridad.
—¿Dónde estás, Luna? ¿Sabes la hora que es? Sabes muy bien que no me gusta que estés a altas horas en la calle— a veces Lynn llega a interpretar su papel de padre bastante bien, poniendo su autoridad con bastante determinación, pero eso le quita el respeto a su imagen cuando a los minutos se disculpa con sus hijas. Siendo para Luna, la figura que infunde más respeto a su madre y hermana Lori.
—Papá, no es tan tarde, no debes preocuparte —responde a los gritos desde la otra línea telefónica, sonando apenas resaltados que la música que aturde.
—¿No debo preocuparme? ¡Luna, son las una de la mañana! ¡¿Cómo no voy a estar preocupado, hija?! ¡Cómo podes ser tan… —alejando el teléfono para respirar con profundidad, arrugando con mayor presión su frente y apretando su mandíbula con más fuerza, logra calmarse para seguir hablando sin dejar que alguna palabra de alto tono se escape—. ¿Dónde estás? —su ferocidad disminuye, pero la seriedad y tono de mandato son más notorios, provocando que la respuesta de su hija sea tardía.
—En el club que tocamos, pero después me voy a casa de Sam, ya que Chuck tiene algunos problemas con su auto, no me podrá llevar a casa. Espero que comprendas papá, y perdóname por no avisarte antes —las palabras parecen sinceras, incluso algunos cortos y casi imperceptibles sollozos se escuchan, pero ¿eso le garantiza que es sincera? Lynn ya ha caído en muchos engaños de sus hijas. Quien diría que le tienen tan poco respeto a su propio padre. Lynn se limita a suspirar, cambiando su semblante irritado a uno desilusionado.
—Está bien, hija, la próxima vez avísame a tiempo. No queremos que te pase nada malo, Luna.
—Lo sé, gracias, papá. Nos vemos en la mañana —el alivio que trasmite la voz de Luna se escucha, ignorando por completo la melodía tan melancólica que su padre trasmite. El ignorar o no percatar eso, desanima aún más al padre. Olvidándose de que Rita está a su lado.
—¿Lynn? ¿Estás bien? ¿Nuestra hija está bien? —en cada pregunta, la rubia con algunas lagrimas asomándose a sus parpados se acerca a su acompañante. La preocupación es muy notoria en su voz, al igual que los sollozos que aumentan su frecuencia.
—Está bien. Me dijo que se quedara en la casa de alguien llamado Sam —extrañamente, el señor Lynn se siente cansado. No sabe el porqué de la sensación tan repentina, estando confundido. Pensando los motivos, deja de hacerlo al recordar lo que tendrá que hacer a la mañana—. Malditos ricos.
—¿Sam? ¿Es su novio? —toda la preocupación antes vista en Rita, se esfuma poco a poco, relajando sus hombros erguidos.
—No sé, Rita. Solo me dijo que estaría con él —responde a Lynn sin interés de seguir la charla, pone su teléfono encima de su mesa de noche, al lado de la lámpara que da la luz en todo el cuarto. Con cansancio en el rostro, sus dedos hacen un poco de presión en el interruptor—. Mañana, debo estar en una reunión para hablar sobre la denuncia que me hizo la familia de ricos. Tanto por una mugrienta mosca —el último suspiro concluye su oración, sin energías de volverse a enojar, apaga la luz—. Buenas noches, amor —es lo último que se escucha por parte de Lynn, correspondido por parte de Rita.
—•—
Suspirando de alivio, el aire caliente deja ver una niebla salir de su boca. Estirando sus brazos detrás de su cabeza, unos crujidos retumban con gentileza en las paredes del auto, para luego que un gemido de satisfacción haga que deje de flexionar sus extremidades. El aire, toda la temperatura en el interior del auto es más cómoda que la de afuera, al igual que el aroma que viaja alrededor de Luna. Como pinceladas en el aire que se expanden y luego desaparecen, son originadas por el cigarrillo que tiene entre sus labios, aunque a Luna no le agrada que le quede ese sabor tan intoxicante y agrio, pasa la lengua en ellos para humedecer y quitar un poco el ardiente sabor. Arqueando su cuello atrás, llegando a un punto que le duele tenerlo tan flexionado, abre parcialmente sus labios, dejando una abertura que expulsa una cantidad de humo blanco, llegando a chocar y rebotar con el techo del auto. Desvaneciéndose como las otras pinceladas.
—Realmente necesitaba esto. Las cosas se pusieron tensas en casa, puede que necesiten mi ayuda. Nah, Lori se encargará. No por nada es la hermana mayor —otra exhalación de su cigarrillo, hace más notoria las líneas blancas que se deforman en el aire—. Cualquier cosa, toda la responsabilidad caerá en mi hermana, no me debo preocupar —el humo de una nueva exhalación, se expande en sus pulmones inflados. Pensamientos egoístas pasan por su mente, queriendo estar tranquila y olvidándose del conflicto en su familia. Aunque tenga que pensar con cosas tan egoístas para engañarte a sí misma.
—Luna, nosotros ya nos vamos, ¿estás segura que te quieres quedar sola? —en la camioneta entra Chuck, el conductor del vehículo que todavía tiene el aroma de cigarrillo junto a las pinceladas blancas, abre la puerta de conductor, enfrente de Luna, sentada en el asiento del copiloto.
—Segura como siempre, Chuck, igual ya sé el camino para volver a mi casa. Solo no debo tomar tanto para no levantar sospecha —chocando y arrugando el cilindro lleno de nicotina contra el apoyamanos del auto, apaga el extremo quemado. Mientras Luna tiene una expresión tranquila y relajada, la de su amigo rockero se arruga al ver como su querido vehículo, tiene otra marca de quemadura de parte de Luna.
—Está bien, ten cuidado Luna. Y cuida mi bella maquina, tiene muchas marcas —entrando a su vehículo, cierra la puerta del piloto, la Loud se baja al ver que llega el momento de despedirse, dejando paso libre a sus demás compañeros. Saludando e intercambiando algunas palabras, se despide con los demás.
Unos segundos bastaron para que el auto de gran espacio se perdiera en la calle con poca iluminación. Aunque no quiere quedarse sola, Luna necesita aún más tranquilidad, todo su estrés sobre el asunto de su familia no se desvanece por completo.
—Bien, ¡Luna Lunatica se divertirá esta noche! —gritando con una ardiente energía, extendiendo sus brazos al aire, con una señal rockera en sus manos, camina permaneciendo en esa posición al club. Las luces de diversos colores, ciegan los ojos de Luna al estar acostumbrada a la oscuridad de la calle. Los solos de guitarras, los sonidos retumbantes de las baterías, las voces gruesas de los vocalistas y el aroma penetrantes y suaves que salen de la entrada, le dan emoción a Luna, una excitación y escalofríos invaden todo su cuerpo al ver que, esta noche sí se divertirá.
