El festejo para los jóvenes fiesteros casi llega a su final, la primera hora de la mañana no es lejano. Estando más frío que la última vez que Luna estuvo en la calle inundada de oscuridad. Ella se arropa con su vestimenta, que no es adecuada para una temperatura tan baja, exponiendo bastante sus piernas y brazos, sin ningún abrigo a su disposición.
—Quien diría que esta noche sería tan fría —la voz de Luna esta titubeante por el frío que choca con su cuerpo, es difícil mover el cuerpo, sintiendo poco a poco las consecuencias de estar bajo los ligeros vientos fríos. La calle, sin tener ningún farol funcional, al estar próximo la salida del sol pero, estando en total oscuridad todavía la noche. Un gran silencio, hace más notorio y ruidosos los pasos de Luna, el único sonido de la noche si no fuese sus jadeos y choques de sus dientes temblorosos. Otros chicos al igual que ella, están la calle al estar en el mismo club de ella, siendo muy pocos los adolecentes interesados en el rock. En mayoría, todos son generosos y de buena compañía. Royal Woods nunca fue una ciudad que temer.
—No entiendo el escándalo de papá, todos nos conocemos en esta ciudad —el cansancio de Luna se expone por el bostezo que sale de los labios, además de sus brazos casi dormidos por el continuo uso de la guitarra, y de su voz, esta cansada de los regaños innecesarios para ella. Ya tiene quince años, llegando a los dieciséis, ¿por qué tanto escándalo? Incluso tiene un poco de experiencia de conducción, aunque no puede usar un auto con totalidad de confianza, sabe lo básico—. Tanto escándalo por estar de noche en una ciudad sin asesinatos ni abusos hace años —al terminar su oración, pasan segundos para dejar de caminar, y abrir sus ojos como la boca al darse cuenta de su error—. Mierda.
Su expresión tranquila fallece, dando lugar a la preocupación que tanto le costó olvidar. Los retumbantes pasos de ella, aumentan su velocidad y continuidad al escuchar otros pies andar cerca de ella . Llegando al extremo de la acera, dobla para seguir en la misma acera, observando al suelo con unos parpados entre abiertos por la tan fuerte opresión en sus expresiones, dando a conocer incluso a arrugas inexistentes. Tan solo unos pasos son suficientes para llegar a una abertura entre dos edificios, siendo un callejón con suficiente espacio para el paso de tres personas. En la oscuridad del callejón, observa una figura entre la oscuridad, Luna lo rebasa sin darle importancia, ni darle una mirada por curiosidad, pero la voz de un hombre detiene su andar, relajando su rostro por la sorpresa, pero poniendo tenso su cuerpo. Sin poder evitar o calmar sus latidos que crecen a cada segundo por el temor y paranoia que tiene.
—¿Luna Loud? Vaya. Quien diría que la rockera al fin y al cabo no solo tiene la imagen de una rebelde, si no que también lo es.
Nada familiar. Esa voz nunca la ha escuchado, de ninguna parte le suena reconocida, entonces ¿cómo sabe su nombre? Su apellido es muy reconocido por todo Royal Woods, eso lo tiene más que aclarado pero, su nombre e imagen, al igual que su pequeña reputación por su voz y talento en la música Rock, no es suficiente para que una persona que vive en las calles a la madrugada la reconozca. O puede que solo esté siendo paranoica, pero no es razón suficiente para bajar la guardia, aunque sea su ciudad la más calmada, el miedo de estar sola con una persona en la noche, no disminuye.
—Te estoy hablando niña, ¿por qué me ignoras? No es raro ver a un adulto fumar —atrás de ella, la imagen de la persona propietaria de la voz que habla con Luna, sale del callejón para mostrar su rostro. Un sonido leve y silbante suena detrás de ella, siendo el causante de su curiosidad, dando media vuelta para observar como pinceladas de humo blanco se separan y disipan en el aire, permaneciendo solo su aroma característico, como diverso.
—¿Quién eres, y como sabes mi nombre? —pregunta con una tonalidad seria y a la defensiva, sus cejas se inclinan al igual que arrugan su alrededor, enfocando los ojos en la revelación del rostro de la persona que le está hablando.
—¿Lo dices en serio? —responde con duda si realmente re pregunto de manera genuina, esperando la respuesta de Luna, la cual nunca llega, recibiendo y correspondiendo su mirada seria, todo en un tiempo el cual gasta para exhala todo el humo blanco de sus labios—. Parece que sí. Bueno, dime, ¿cómo no saber de una de las diez Loud? Son muy conocidas, más de lo que crees. Y pensar que yo creía que no eres ignorante, me equivoque.
La mirada de seriedad se vuelve más tensa, al igual que surge la molestia como acompañante. Con solo ver el rostro que muestra serenidad, pero a la vez una seriedad tan sólida, que asusta a Luna al estar conectando sus miradas. Pero aún, el enojo que producen sus anteriores palabras, no se ve intimidado.
—¿Qué? ¿Me estás diciendo idiota? —los ojos de Luna se vuelven afilados, esperando la respuesta de aquel hombre sin identidad. La repuesta del otro hombre con cabello negro, es una exhalación directa a la cara de Luna, dispersando el humo blanco en su cata. Sin inmutarse por el aroma, entre cierra sus ojos para no sufrir una irritación temporánea.
—No tanto como tu hermana Leni —el gruñido de Luna se escucha apenas termina de oír, exponiendo una pequeña parte de sus dientes al sentirse rabiosa, pero aún, el hombre se muestra indiferente, mostrando casi nulo interés en la conversación, pero sigue el flujo de esta—. Tiene buen cuerpo, pero no es de mi interés, es muy joven. Me dan asco los jóvenes —jugando con su cigarrillo, moviendo entre sus dos dedos flexionados, moviéndolo con su muñeca de arriba para abajo, culpable de que caiga su colilla quemada. Levantando su cabeza, observando el cielo negro, con una diminuta cantidad de estrellas dispersas.
—¿Qué mierda estas hablando, maldito pervertido? —gruñe de vuelta la rockera, dando un paso adelante, sus ojos se entrecierran por el enojo y la presión que hace en sus cejas, arrugado sus facciones.
—Me llamo Alfred, y no soy ningún pervertido. ¿Eres sorda? Dije que no me interesan las jóvenes, son muy… como tú —responde Alfred mientras con la punta flamante de su cigarro, apunta a Luna, quedando confundida un rato, para luego reaccionar y captar del simple insulto a su persona.
—¡¿Eh?! ¡Cómo que, como yo! —exclama sin entender a lo referido, Luna lleva su mano izquierda a su pecho, con su palma abierta se la lleva en medio de sus pequeño bultos, el lugar donde los ojos castaños de Alfred apuntan por un rato.
—Planas… —escapando por su inconsciencia, provoca que la furia de Luna sea reemplazada por una gran sorpresa, congelando sus actos. En cambio, Alfred solo saca su mano izquierda de su bolsillo, llevándolo a su cabello semilargo peinado para atrás, pasando toda su palma en su cabellera negra—. Se me escapo, quise decir inmaduras. Pero no sobre ese tipo de inmaduras, si no por su carácter.
Parece que estuviese nervioso por su corrección, moviendo sus palmas delante de ella, mostrando su reincorporación cambiando su sorprendida expresión por la misma molestia que antes, aliviando un poco tal enojo al ver su palma izquierda, concentrada por la falta del meñique de su mano.
«Esto ya no me da buena espina. Seguro es un drogadicto» es lo que pasa en la mente de Luna al notar tal detalle, la idea de una tortura por la falta de mercadería, o falta de paga de algún narcotraficante le viene a la cabeza, perdiendo la mayor parte de su enojo con inseguridad. Inspeccionando la zona de reojo con seriedad, pero permaneciendo su arrugada frente, observa con disimulo, aunque los ojos de Alfred permanecen en ella. Sin decir nada, da media vuelta para que con apuro empiece su vuelta a su casa. Ocultando señal de miedo, fingiendo lo que sucede en su interior, volviendo a sentir los palpitantes de su órgano vital.
Alfred lleva a sus labios otra vez su adicción, con su mirada en la nuca de Luna, la sigue sin parpadear, hasta que deja escapar el humo blanco de su interior, formando de sus labios un sonrisa extensa y de influir temor. Formando palabras, permaneciendo tal gesto que originalmente debe trasmitir alegría, esta expresa placer del temor.
—Así que ya te vas, quiero seguir hablando, Luna… pero ¿de qué? —la voz indiferente que usa para hablar con ella, cambia en su totalidad, volviéndose sombría en todos su aspectos auditivo—. Que te parece… del pequeño abuso que le hizo a Lola tu hermanito Lincoln.
Quieta, dejando de mover sus piernas firmes y decididas que aun muestran temor, hasta que el diálogo del sujeto las congelan. Los temblores en sus piernas hacen débil su deber de soporte, sus gestos faciales muestran su gran impacto y temor de aquellas palabras, las cuales poseen gran peso en ella. A los instantes, una pregunta que quiere hacerle a Alfred, inundan con demás enigmas asociados. ¿Cómo sabe eso? El sujeto solo tiene aspecto de vagabundo y delincuente, aunque su vestuario parezca viejo como barato, dan esa imagen, ¿cómo alguien como él sepa eso? Ella junto a sus hermanas lo están ocultando, aún cuando no le agrada la idea, prefieren decirle a sus padres o podría llevarlo a la policía por abuso sexual con penetración, aunque esto último no esté confirmado.
—¡Ohh! Así que es cierto. Su familia es un desastre con muchas sorpresas —exclama con excitación Alfred, hasta las risas nacen de los labios malolientes del hombre, unas discretas pero sin ocultar el descaro. Cortando su diversión, se agarra el pecho al sentir como una oleada de tos lo ataca sin avisar, llamando la atención de Luna, quien esta observando con rabia al sujeto que tiene delante.
—¿Qué? —la ligera voz de Luna suelta la pregunta con una sensación de opresión en sus cuerdas vocales, su volumen de voz es diminuto, como si de un quejido proveniente de una ardilla se tratara. Hasta que el hombre recupera el aliento, le responderá.
—¿Eh? ¿Acaso no sabes? Bah, es una pregunta estúpida, seguro que no sabes —la voz de Alfred está llena de sarcasmo, devorando cada segundo de la expresión que hace Luna. Teniendo a espalda recostada por la pared, desecha su cigarrillo al tener poco tabaco a su disposición. Dejando que en el suelo siga elevando su humo junto a la chispa de su exterior. La mano con hedor al tabaco, es llevada al bolsillo de su pantalón oscuro, sin color claro por la falta de luz—. Ustedes, toda su familia, cada uno de ustedes sin excepción. Tienen rumores.
—¿Qué? —la confusión crece en Luna, sin notar su expresión arrugada y llena de intriga, reacción que le da gracia a Alfred, que para él algo lamentable. Dejando que su risa no sea contenida.
—Sí, es obvio que ustedes no saben, no sé por qué hice una pregunta tan estúpida. En fin, todas de ustedes tienen rumores, de todo tipo. Me sorprende muchas veces de lo que dicen, de amenaza, acoso, relaciones no bien vistas, trafico incluso, fraude y sexo, y yo me pregunto, ¿cómo unas menores de edad pueden hacer eso? Algo horroroso a mi parecer, pero al ya estar acostumbrado a todo eso por ser de Royal Forest, las cosas no son tan sorprendente —el hombre sigue su relato, sin apresurar la palabra para ver el rostro de Luna, mirando con los ojos abiertos temiendo cada descubrimiento, sin siquiera parpadear por varios segundos—. Pero, el rumor más fresco, es que tu hermanito, el albino loco que con seguridad será castrado, se ha tirado con tu hermanita. La verdad, si no fuese alguien tan cuerdo, tendría envidia a los jueces de sus certámenes —como si fuese un chiste, las carcajadas aumentan de frecuencia y de volumen. Solo bastan unos segundos para que Luna capte todo, y con un gruñido como que sale por el calor en su interior se acerca al hombre, poniendo todo su cuerpo rígido al caminar sin temor, posiciona su mano derecha detrás de su cintura con una separación de la misma, para dar una bofetada al rostro de Alfred.
—¡¿De qué mierda estás hablando bastardo?! Mis hermanas nunca harían eso ¡Lola nunca haría algo así! Y ¡Lincoln…! —los gritos nacidos por el fervor de su pecho por las palabras del fumador, decaen a la confusión cuando intenta defender el nombre de su hermano albino—. Lincoln… Él no… ¿No lo haría? —las palabras de Luna decaen de poder, sonando más débiles al presentarse la confusión en ella, dejando quieto su cuerpo al perder el deseo ardiente de cuidar el nombre de Lincoln.
—¿No? —pregunta el hombre sacando una tonalidad muy seria, tornando con lentitud una recta posición, tocando sus mejillas palpitantes con un suave tacto de sus dedos, su sonrisa con intenciones de querer fertilizar las llamas de la intriga y enojo en la hija Loud, es dibujada en su rostro para luego reír. Un gesto que solo le trasmite asco a Luna, aunque ella está concentrada y perdida en sus pensamientos—. Niña, tu confirmaste que es verdad, con solo ver tu reacción es más que obvio.
Los ojos confusos e impactados por la perspicacia del hombre, se mezclan en sus rasgos faciales. Los ojos marrones de distintos tonos chocan en la oscuridad, sin percatarse la aproximación de una manta de luz a la lejanía, con su color anaranjado robando territorio en la azul casi negra noche. Relajando el rostro, adopta su indiferente expresión que al principio mostró, el fumador suspira con un cansancio que confunde de más a Luna.
—Te diré esto, Loud, y no lo tomes como algo ligero. Si es verdad, lo cual eso parece, lo del rumor del abuso, no lo dejes esperando para que alguien más se dé cuenta y lo detenga. Solo harás que el abusador deje más dañada a tu hermana, y te digo que es más que seguro, atacará a otra de tus hermanas. La pregunta, ¿será otra de las menores, o irá a las más desarrolladas? —pregunta Alfred sin mostrar que esta jugando con sus palabras, sin opacar la seriedad de la situación, sigue conectando sus iris con los de la joven, absorbiendo toda la atención de ella.
Para Luna, el peso de las palabras oprimen su confuso interior, como consecuencia un palpitar en los territorios inferiores de su cerebro arrasan. Sus brazos tiemblan por el miedo que ni ella sabe de que se origina, sus piernas se flexionan aún más para abajo al dejar de poner fuerza para no caer al suelo, siendo la acción que hace volver a poner su consciencia en su entorno, tomando solo unos segundos para que tenga la capacidad de contestar, alivianando sus confusiones, pero no quitando el peso de tales.
—Él… no, Lincoln. Nunca haría eso —cada vez que intenta ocultar la declaración, cada vez que intenta dejar entre la familia tal atrocidad, que incluso la víctima afirma con fiereza que sí, que su hermano sí lo hizo, le es más difícil ocultar el enojo que crece en ella, el repudio que siente al mirarlo. Aún cuando está confundida, estando en su interior la pizca de querer más pruebas para que muestre la inocencia de Lincoln, inocencia que espera que sea cierta.
—No lo repetiré niña, un abusador, cuando ya tiene en su mente que es intocable en su territorio y que no será castigado por sus placeres, es imparable. Toma provecho en todo momento, deja su marca y hace mentalmente débil a sus víctimas. Evita eso, Luna, se ronda rumores que eres una rebelde, problemática y mucho más, pero evita que tu hermano arruine aún mas tu familia.
«¿Es verdad? ¿Lincoln hará todo eso? Sé que es el hombre de plan pero, ¿es tan perversamente desgraciado para hacer todo eso? ¿Lo hará?» En los pensamientos de Luna, recuerda la escena de Lola en la junta de hermana llorando, cuando la llevó en su cuarto y le volvió a mostrar su belleza, con el mismo procedimiento de la primera vez, siendo por suerte y éxito pero, no borra el desagrado que le da las acciones de su hermano en contra de Lola.
Alfred mantiene su mirar al cuerpo congelado de Luna, capaz de observar por la tenue luz de los faroles lejanos, el constante movimiento repetitivo de sus ojos, moviendo en diferentes direcciones al azar. Hasta que, con rapidez y sin previo aviso levanta su mirada, señalando con sus ojos el pecho de Alfred por la altura superior de este, al ver al frente es lo primero que encuentra. Sin decir nada, empieza a correr a la dirección que en el principio quiso ir, pero por la curiosidad y la entrometida aparición del fumador, fue retrasada.
—Qué lastima lo del chico, se decía que es muy buen chico, estúpido pero bueno. Las cosas buenas de la vida son escasas, o se pudren por la relaciones de otras personas ya putrefactas —son las palabras que dice Alfred al ver como se borra en la lejanía Luna, prendiendo otro cigarrillo para luego salir de las paredes estrechas del callejon.
Las calles son largas, pero la ciudad no es tan extensa, aunque para Luna, al tener una resistencia entremedia y un cansancio en su cuerpo, a solo pocas calles y esquinas son cuestión de tiempo para tropezarse con sus propios pies. Caída que daña las rodillas izquierda como la derecha, pero el dolor se concentra más en la primera mencionada. Cosa que dificulta el mantenerse parada, y más al querer caminar, teniendo que recurrir a la ayuda del apoyo a las paredes cercanas. Su falda al solo cubrir poca parte de sus piernas, expone sus heridas que comienzan a enrojecer todo el entorno.
—Mierda.
En un intento de querer avanzar, el quejido provoca el insulto lanzado al aire de Luna. Levantando su cabeza, abre sus ojos de sorpresa al ver como el amanecer es cercano, siendo más visible que antes.
—A mi nadie me engaña. Los minutos nocturnos parecen más cortos que los diurnos —es la respuesta que encuentra Luna entre jadeos, observando como la luz comienza a verse más extenso que antes—. Debo llegar, aún cuando tenga esta maldita herida.
Desprendiendo enojo por su debilidad ante un golpe superficial, sigue su caminata lenta y precavida, desplazando su mano en las paredes, apoyándose para pedir el equilibrio que a ella le falta. Las calles que aún le falta rebasar, son bastante al estar al casi el límite de la ciudad, mientras que su hogar está al otro extremo.
