Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.

Capítulo 14

La semana pasó absurdamente lenta. Desde el momento que me quedé al cuidado de los niños, parecía que cada día duraban setenta y dos horas. No es que ellos estuvieran portándose mal o fueran esquivos, solo que era complicado estar sin Edward.

Estábamos tan complementados en esta nueva etapa, que estar sin él por unos días era como quitarme un brazo. Era difícil, demasiado. Tenía el tiempo casi medido.

Mi mente divagaba por algunos minutos. Hoy más que nunca comprendía la vida de los padres, era cansina. No había un solo momento para respirar, todo se trataba de correr de un lado a otro, porque las clases extracurriculares no podían fallar.

Entonces, cuando llegas a casa quieres tumbarte en el primer sofá y olvidar todo por unos minutos, tal vez, era una forma de cargar energía. Estaba en proceso de averiguarlo.

Cerré los ojos un momento.

A lo lejos escuché los murmullos de los niños. Estaban hablando y compartiendo risas traviesas, incluso también escuchaba el ruido de sartenes en la cocina.

Me acomodé de costado en el sofá y me deshice de las altas zapatillas.

Fue un instante, tan solo un par de segundos cuando escuché cristales chocar contra el piso y después el grito de Olivia.

Ignoré el vértigo que me provocó salir corriendo.

Llevé las manos a mi boca al ver mi preciosa jarra de cristal en pedazos cubriendo los pies de la niña.

― ¡No te muevas! ―pedí al ver sus pies descalzos.

Olivia encogió suavemente los hombros y su vista cayó hacia el piso donde estaba el desastre.

― Mi hermanita solo quería hacerte un té ―musitó Bree. Tenía la mirada llena de culpa―. Pensé que ella podía hacerlo.

Al momento quería hacer todo a la vez. Necesitaba consolar a Bree, cargar a Olivia y evitar que se lastimara.

Caminé de puntas evitando pisar algún vidrio y llegué a la niña. La cargué en brazos y ella ancló sus cortas piernas en mi cadera.

Benjamín empezó a limpiar el piso sin que le pidiera ayuda. Fue un acto noble.

― Me haré cargo ―mencionó siendo el chico grande y de carácter fuerte―. Soy el hombre y me toca lidiar con esto. ¿Están bien?

Las niñas asintieron en silencio.

― Ben, no hace falta ―necesitaba que se alejara de esos vidrios― puedo hacerlo yo.

El chico levantó su mirada y meneó la cabeza con resignación.

― Estoy acostumbrado ―murmuró tímidamente― cuando mamá se ponía mal me tocaba hacer esto ―alzó sus hombros y continuó en lo suyo― era mejor hacerlo, a que lo hicieran mis hermanas.

Me dolió descubrir que ellos no tuvieron una vida distinta a la que tuvo Edward. También les tocó lidiar con una madre alcohólica que ellos mismos se empeñaban en proteger.

Me desmoronaba el saber que podían acoplarse con facilidad a las calamidades porque ellos habían crecido de esa manera, no tenían guardadas memorias divertidas de ningún momento en especial, solo cuando Olivia llegó a sus vidas y prácticamente se tuvieron que convertir en sus padres para cuidarla.

Empecé sintiendo un terrible odio hacia Elizabeth. Deseaba que donde quiera que estuviera, siguiera retorciéndose de dolor por todo el daño que había causado a sus hijos.

Entonces ¿qué haríamos por ellos? No solo podíamos ayudarlos y darles su derecho a la educación, deberíamos empezar por lograr que tengan buenas memorias, recuerdos divertidos que el día de mañana puedan hacerlos sonreír.

― ¿Conocen los bolos? ―me escuché decir―. ¿Por qué no vamos?

Olivia seguía anclada a mi cadera y Bree estaba al lado mío. En cambio Benjamín había terminado de limpiar el piso y me observaba algo contrariado.

No les di tiempo de hacer preguntas. Tomé el bolso, las llaves y salimos fuera de casa, me había prometido que hoy tendrían una noche divertida y especial.

Cantamos canciones de Justin Bieber y de Olivia Rodrigo mientras Benjamín protestaba por nuestros feos gustos, él también tuvo su turno cuando sonó Hotel California, había descubierto que tenía predilección por el rock clásico.

Cuando llegamos a los bolos. No tenían idea qué debíamos cambiarnos los zapatos, tampoco sabían de qué iba el juego. Me tocó explicar cada paso, fue solo una vez para que los tres entendieran, por supuesto que Benjamín era un chico competitivo, lo demostró al ganarnos.

― ¡No se vale! ―Gritó Bree con un puchero―. Benjamín nos gana siempre.

Bree se dejó caer en la silla. Estaba haciendo berrinche porque su hermano nos había ganado, me recordó tanto a Seth como a mí cuando éramos niños.

― ¿Bella? ―escuché mi nombre en una voz familiar. Era mi hermano―. ¿Qué haces aquí?

Seth mantenía el rostro lleno de incredulidad. Corrí hacia él, de inmediato estuve envuelta entre sus fuertes brazos. Era la ventaja de ser bajita.

― Salí a divertirme con los chicos ―respondí, dándome el tiempo de presentarle a cada uno.

Mi hermano no había tenido la oportunidad de conocerlos. Él y yo poco nos veíamos, suponía que era porque teníamos vidas distintas, él siendo un chico soltero acostumbraba solo estar con amigos.

Seth y yo elegimos una mesa luego de que sus amigos se fueran. Los niños decidieron seguir jugando mientras mi hermano y yo nos ponemos al día con nuestras vidas.

― Te ves distinta ―pronunció al verme sentar frente a él.

Era la tercera que me atrevía a interrumpir nuestra conversación para hacerme cargo del cuidado de los chicos, no quería perderlos de vista.

― ¿A qué te refieres?

Seth volteó hacia los chicos. Benjamín seguía obteniendo el mayor puntaje y las chicas estaban enfurruñadas por la misma razón.

― A ellos ―dijo―. Ahora luces distinta, no vistes tus trajes suit ni de diseñador, ni siquiera traes el cabello ordenado ―señaló sonriente― te veo feliz entre todo el estrés que puede ocasionar andar detrás de tres niños.

Medité sus palabras. Era verdad; por las mañanas ya no ocupaba el mismo tiempo para mí, sino que trataba de que mi tiempo fuera priorizado para los chicos.

― Estoy viendo la vida de una forma distinta ―verbalicé― menos superficial.

Seth mantuvo una sonrisa en sus labios mientras sus ojos marrones se entrecerraban.

― Me gusta está nueva Bella ―confesó― ahora eres más real y no la muñeca de aparador en la que te habías convertido.

Le lancé una servilleta de papel en la cara. Seth empezó a reír cuando la atrapó con su mano derecha. Estábamos bebiendo coca-cola, ni siquiera podía recordar cuánto tiempo tenía sin beber una gaseosa.

― Oye… ―me quejé burlonamente― siempre he sido real.

Seth mantuvo la servilleta en sus dedos, la hizo una pequeña bola y jugaba con ella.

― Lo digo honestamente, hermana ―suspiró―, me gusta la nueva mujer que eres hoy.

Mis ojos estaban en los niños. Olivia y Bree saltaban en su lugar, celebrando haber ganado a su hermano.

― Los niños le han traído otro sentido a mi vida ―reconocí.

― Eso significa que ya no eres esclava del trabajo.

Fruncí los labios. Si Seth supiera que en el ámbito laboral continuaba siendo exactamente igual.

Terminamos la noche cenando pizza junto a Seth. El prometió visitarnos y pasar tiempo con nosotros.

No sabía si cumpliría su palabra.

.

.

Llegué puntual a la oficina.

Era viernes y Edward llegaría por la noche, mi humor era más relajado que los días anteriores.

Había cumplido al pie de la letra con los chicos. Nos divertimos, nos enfadamos y también cocinamos juntos, podría decir que tuvimos una semana normal.

― ¡Buenos días, Rose! ―saludé cuando mi amiga entró en la oficina―. ¿Cómo estuvo tu noche?

Ella hizo una mueca y caminó hacia su escritorio. Se deslizó en la silla y en ningún momento me dedicó una mirada.

― ¿Tienes algún problema? ―inquirí― ¿discutiste con Emmett?

Rosalie resopló poniéndose de pie.

― Me molesta tu actitud, Bella ―señaló―. Detesto últimamente tu forma de ser.

― Reconozco que muchas veces soy pesada. Pero si me explicas que te hice te entenderé.

― ¡Nos dejaste plantadas! ―Exclamó―. Estuvimos esperando por ti, ¡una maldita hora y nunca llegaste! Ni siquiera respondiste nuestras llamadas.

― Oh, lo siento. Tuve tarde con los ni…

― ¡Lo sé! ―me interrumpió―. Estás tan enfocada en esos niños, que están olvidándote de nosotras, era nuestra tarde de spa, habías prometido acompañarnos porque de ahí iríamos a comprar algunos muebles para la habitación de mi bebé.

Fui paciente. En verdad estaba apelando al último grado de paciencia para no irme contra Rose, estar embarazada complicaba las emociones, lo sabía porque lo había vivido en carne propia.

Intenté sonreír. Busqué que su mal humor se esfumara, inclusive quise cambiar de tema.

― Rose, hoy tenemos que ir a la subasta.

― Eres una egoísta, Bella ―espetó.

― ¿Egoísta? ―me incorporé. Sus palabras habían rebasado mi paciencia―. ¿Me llamas egoísta por qué estoy al cuidado de unos niños? Te recuerdo son los hermanos de mi esposo.

― Una vez nos prometimos vivir los momentos más importantes de nuestras vidas, juntas. ¿Lo recuerdas? Dijimos que nunca nos separaríamos y que nos apoyaríamos en todo. Fueron mentiras, Bella, desde que salí embarazada te has ido alejando de mí.

― Mis prioridades cambiaron, Rose ―asevere―. Ya no voy por la vida planeando días de spa ―al menos no con ustedes quise decir― tampoco busco noches de chicas, no tengo el tiempo suficiente para salir con ustedes. Estoy realmente enfocada en los niños.

Por unos segundos puso los ojos en blanco.

― Por qué mejor no me dices la verdad ―refutó―, que me tienes envidia y por esa razón no sales conmigo.

Sacudí la cabeza. Ella no podía estar hablando en serio, no podía acusarme de envidiosa cuando vivió mi dolor.

― No tienes una maldita idea de lo que estás diciendo ―le dije, conteniendo mis lágrimas― no puedes acusarme de tenerte envidia.

― Lo estoy haciendo y lo sostengo ―increpó con su barbilla en alto.

― Si eso piensas de mí, no seré yo quien te saque de tu error.

― De ahora en adelante nuestra relación será estrictamente profesional ―puntualizó y señaló la computadora―. Iré a la subasta y no necesito que me acompañes.

― Lo haré yo ―sujeté su brazo antes de que saliera de la oficina.

Tomé mi bolso y me adelanté caminando escaleras abajo. Era un edificio pequeño que compartíamos con varias compañías y aseguradoras.

Escuchaba detrás de mí el repiqueteo de las zapatillas de Rose.

― Déjame ir a mí ―gruñó.

No volteé, tampoco me detuve al salir al estacionamiento. Estaba dolida con ella y lo último que deseaba era ver su cara.

Anduve más deprisa hacia mi coche. Fue cuando un rechinido de llantas taladró mis oídos.

― ¡Bella!

El grito de Rose fue lo último que escuché antes de que todo se volviera negro.


Hola. Hoy llegué un día antes, estaba ansiosa porque leyeran el capítulo y vieran el contraste o percepción de quienes rodean a Bella. ¿Opiniones?

Aquí los nombres de quienes comentaron el capítulo anterior:NarMaVeg, Pepita GY, Lizzye Masen, Cary, Mabelli Masen Grey, Mickky, Cassandra Cantu, Rosemarie28, Daniela Masen, Antonella Masen, Gabby352, Ary Cullen 85,Car Cullen Stewart Pattinson, Flor McCarty-Cullen, jupy, Verónica, Adriu, Dulce Carolina, Dani, Lily Pattinson Stewart, mrs puff, Lizdayanna, patito feo, Valeria Sinai Cullen, solecitopucheta, rociolujan, yesenia tovar 17, Smedina, The Vampire Goddess, Noriitha, miop, Gigi, saraipineda44, Maryluna, ALBANIDIA, Mapi13, kasslpz, marisolpattinson, Lili Cullen-Swan, Cinthyavillalobo, Lore562, Jane Bells, wendy andino, Diannita Robles, aliceforever85

Para imágenes pueden unirse al grupo de Facebook *

Gracias totales por leer 💥