Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son entera propiedad de Hajime Isayama. Esta obre es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos, por ErerirenPrincess (MeztliKin en otras plataformas, espero pronto cambiarme el nombre aquí también jaja).
Advertencias: Palabras altisonantes, lenguaje vulgar, boys love, yaoi, uso descarado del OOC, ERERIREN (porque yo amo la versatilidad), AU
Agua
Deslizándose de un lado el tritón, con mucha cautela y sin tocar al hombre que reposaba sobre el suelo, analiza los peligros que para ellos como especie puede representar, a su consideración, la criatura durmiente se asemejaba mucho a aquellos que le arrebataron a su madre. Eren, el tritón, cree que mientras el ente está dormido es el mejor momento para acabar con su vida, acerca sus manos a su cuello, saca sus afiladas garras dispuesto a cortar la blanca piel, pero huye al percibir en la respiración ajena que está a punto de despertar y vuelve a sumergirse.
Cuando Levi, abre sus ojos, bosteza, se estira reactivando el dolor de su cuerpo. Toca su rostro, sangre seca cae por el tacto. Se levanta y dirige su camino a la cascada más cercana, cuya agua parece fluir de abajo hacia arriba, al ponerse en esta se da cuenta que no es más que una ilusión óptica fascinante y funciona igual que cualquier otra cascada. El agua se derrama sobre su cuerpo de forma suave a la esperada, al refregar su cuerpo no puede evitar soltar quejidos lastimeros y contener la respiración para mitigar su dolor. Aprovecha y mientras se deshace de a poco de sus ropas las lava en el proceso esperando volver a usarlas cuando se sequen. Tiende sus prendas en las piedras circundantes, espera sentado en una roca y cuando lo ve oportuno vuelve a vestir su ropa ahora seca.
Las heridas se han calmado un poco y al menos ya no sangran. Consciente de que llevando la piel lastimada expuesta, decide regresar a la costa para recoger cosas de utilidad, unos cuantos metales de diversas formas, algunos filosos, ropa maltrecha que seguro terminó ahí producto de alguna maleta rota (al menos eso quería pensar antes de suponer que pertenecía a otros náufragos menos afortunados). Ayudándose de varias prendas que amarró entre sí, en su camino de regreso al espejo de agua, tomó frutas -que nunca había visto pero supuso podía comer porque las aves lo hacían- del suelo, y descubrió árboles más bajos que los titanes (así decidió nombrar a los gigantescos).
Dudando de lo amable que estaba siendo la naturaleza con él, decidió prevenirse y construir algo como un refugio, juntó ramas grandes rojas que suponía los titanes soltaban de vez en vez, y con retazos de tela se hizo de una pequeñísima choza. Luego buscaría o haría algo mejor, en ese momento lo mejor que podía hacer lo había hecho, y prosiguió a alimentarse de las frutas extrañas, que para su sorpresa no le hicieron daño. No podía creer la suerte que se estaba cargando, sentía que se estaba gastando la buena fortuna que podría depararle el resto de su vida a él y a la humanidad entera.
Se consideraba ateo, pero ahora no sabía a quien adjudicarle y agradecer el hecho de encontrarse vivo y alimentado. De esta forma caminó al espejo del agua, se hincó frente a el para admirar su quietud y a su vez su reflejo, no reconocía su estado. Estiró su diestra hacia el agua para agitar su propia imagen y volverse a ver cuándo volviera a ser inerte. Lo que recibió como respuesta fue asombroso. El color de sus ojos que él sabía, grises se tornaron verde esmeralda con el movimiento y por un momento destellaron dorados. Agitó más fuerte el agua, y su imagen se disipó por completo, un perfilado rostro moreno, de ojos grandes tintados de azul, turquesa con un brillo dorado aparecieron. Era como ver joyas en vez de ojos, como si en esa mirada habitara un cielo despejado aunado a la galantería del sol.
Sus pensamientos solo se centraron en la belleza de esos orbes y como si estuviese hechizado se sumergió al agua de inmediato, pero tan pronto como se encontró adentro, algo lo volvió a sacar. En la orilla del estanque, empapado, tosiendo un poco por tragar agua que no debía, miró como desde esa agua quita, envolviéndolo en una burbuja de tensión superficial, el torso de un ánima masculina, pero con escamas doradas en vez de piel morena que habitaba en ciertas partes, se hizo presente. El cuerpo se siguió elevando mostrando que en vez de piernas poseía cola de pescado. ¿Una sirena?
Un breve "plop" secundó a que la burbuja se rompiera y el agua en vez de caer estrepitosa alrededor, recorrió el cuerpo ajeno como si lo abrazara, dejando tras de sí dos piernas morenas con algunas escamas en su superficie y se quedó parado sobre el agua. Su intimidad era cubierta por una tela semejante a la casa blanca que mojada ceñía la idea de que la entidad presente era masculina. Levi dirigió la vista al rostro del ser que tenía en frente, de cabellos largos castaños que caían grácilmente en la cara, seguían a su cuello con embargaduras bilaterales como branquias y terminaba en los hombros, develaban unas orejas particulares de aspecto "marino", las escamas se descubrieron tornasol al estar fuera del cuerpo de agua.
Se detuvo a observar ese rostro totalmente enfurecido, la mirada destelleaba ira y magnificencia, su boca demostraba un enojo bestial exponiendo toda su dentadura con unos colmillos impresionantes, rodeada de unos labios rojizos que le hacían ver enigmático, e intimidante. Levi olvidó como respirar, juraba que si esos ojos fuesen espadas, ya lo habrían matado desde el instante uno.
- Si vuelves a entrar o siquiera tocar este estanque, te exterminaré.
Habló atemorizante, pero con voz sensual. Las leyendas decían que el canto de las sirenas hechizaba a los navegantes y de esta forma estas criaturas los mataban. Levi lo confirmó de inmediato, se sintió tan embelesado por el sonido que por un momento no sabía si se trataba de una amenaza o una invitación. Así mismo el agua volvió a ascender sobre la piel de la criatura, devolviéndole su cola y sumergiéndola, encapsulándolo. Levi inmediatamente se acercó al espejo de agua, para encontrarlo totalmente quieto y sin su reflejo en él.
