Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son entera propiedad de Hajime Isayama. Esta obre es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos, por ErerirenPrincess (MeztliKin en otras plataformas, espero pronto cambiarme el nombre aquí también jaja).
Advertencias: Palabras altisonantes, lenguaje vulgar, boys love, yaoi, uso descarado del OOC, ERERIREN (porque yo amo la versatilidad), AU
Danza peligrosa
Eren, volvió ascender imponente frente a Levi, elevándose verticalmente sobre el agua, y mientras ésta caía de vuelta al espejo de agua, borraba las escamas de sus piernas, dejando ve a saber cómo, una tela húmeda y traslúcida que rodeaba la anatomía del tritón de piel morena. Levi se fue de espaldas, desde abajo miraba aún más grande al moreno y tal cual relato bíblico, le vio caminar sobre el agua, el vaivén de sus largas piernas morenas le pareció hipnotizante, la belleza de aquel ente era desorbitante, podía jurar por su vida que no existía persona en el mundo que le equiparara, y aquel cuyos ojos destelleaban en dorado, se veía con intenciones de arrebatársela, las leyendas de antiguos marineros no mentían al decir que las sirenas eran realmente la muerte encarnada en hermosura pues tan pronto como pudo, Levi esquivó rodando en el suelo, un certero zarpazo encaminado a abrir la carne de su pecho.
La belleza del tritón estaba tenida de un aura de peligro, una advertencia silenciosa de las fuerzas que se habitaban bajo el agua. Levi en esos orbes de oro, vislumbró la sombra de la muerte, esa que no lo alcanzó en el accidente aéreo ahora se manifestaba frente a él. El zarpazo del de cabellos marrones, cortó el aire con ferocidad, si no fuera por los reflejos afilados como cuchillas evitó por escaso margen el impacto mortal que se cernía ante él. Esto marcó el inicio de una danza peligrosa, donde la adrenalina fue el mejor aliado para la supervivencia del pelinegro, un juego de fuerzas opuestas que amenazaba con consumirlos. En el fragor del conflicto, se entretejían los hilos de la desconfianza y el temor, alimentado aún más por el odio del joven tritón fundamentado en sus traumas pasados.
Sin embargo, en medio del caos y la incertidumbre, surgió la compasión del ente acuático, al ver a su oponente sin afán de pelear, sólo esquivo y evidentemente cansado, el aire entraba a sus pulmones a bocanadas forzadas y mientras sus ropas caían en retazos salpicados de la sangre que Eren lograba sacarle con sus garras, observó una infinidad de cicatrices. Se detuvo en seco cuando vio al contrario caer como un costal, sin poner manos, inconsciente en el suelo. Se mantuvo dubitativo, y se arrodilló frente el cuerpo que consideraba enemigo. Fue el estado inerte del otro lo que le permitió pensar con calma lo que debía de hacer. Ya había descartado que fuese una posible amenaza, ningún ataque fue lo suficientemente bueno para macerar su piel, o rozarle algún cabello. Optó por marcar una tregua (así mismo), y como su espíritu lo dictaba, mejor investigar pacíficamente, era innegable que desde que le miró por vez primera, se vio presa de una terrible curiosidad, se reconcilió sólo con su pasado y el dolor que aún sentía, para explorar con cautela al individuo.
...
El despertar de Levi fue gradual, como el retorno de la conciencia después de un sueño profundo. La luz filtrada por el dosel de hojas danzaba sobre su rostro, pintando el paisaje entre amarillo y verde. La brisa susurraba entre los árboles, llevando consigo el aroma fresco de la vegetación y el mar. Se pensó muerto, por la pelea anterior, o quizá loco y estaba alucinando, era obvio que no estaba haciendo buen uso de su ración de alimentos para encontrarse en ese estado. Cuando abrió bien los ojos, se encontró con la mirada profunda del tritón de ojos de sol, brillaban con una intensidad que desafiaba las sombras del bosque. Levi se alertó de inmediato y retrocedió, la figura estática de la gandarva*, ahora pacífica y contemplativa, despertó en Levi una curiosidad que ardía como brasas apunto de reformar el fuego. Eren se mantuvo en silencio, observando con cautela al náufrago que yacía a escasos metros de distancia. Ver al titán, vulnerable y herido le provocaba compasión y le indagaba aún más, nacía creciente un deseo de entender a ese ser que, por ahora, compartía su mundo.
- ¿Estás bien? - Preguntó Eren, su voz resonaba suavemente en el aire, como si el mismo viento hablara. Recibió como respuesta un asentimiento, seguido de una mueca de dolor, seguro apenas estaba sintiendo el peso de sus heridas y el cansancio posterior a la descarga adrenérgica previa.
- Gracias por... parar, por... permitirme vivir - murmuró lo último Levi. Por el contrario, Eren asintió con solemnidad, sonriendo en un gesto de paz que había marcado el final de su enfrentamiento.
- No eres lo que esperaba. - Admitió el tritón.
Levi sonrió débilmente, reconociendo su propia debilidad y agradeciendo internamente no hallarse en las condiciones para pelear, porque, de cualquier forma, aunque así fuese, no habría ganado.
- Mi nombre es Levi, ¿cómo debo de llamarte? - inquirió.
- Cuando seas de mi confianza tendrás mi nombre, por el momento, solo he concluido que tu existencia no amenaza la mía ni la de los míos.
- ¿Hay más como tú? - Eren quiso actuar con calma, no se había dado cuenta del error garrafal que acababa de cometer, pero su rostro demasiado expresivo para su gusto le delató. Fue suficiente respuesta para Levi, quien rio por lo bajo y se incorporó para tenderle la mano al tritón quien se hallaba en el suelo en flor de loto. Cuando Eren vio la mano blanca tendida hacia sí, comprendió el gesto y se levantó, no quería tocarlo a menos que fuera necesario, él no era un inútil que no pudiese levantarse por su propio pie. - Dime entonces, ¿qué puedo hacer para ganarme tu confianza?
El ademán de preguntar le hizo a Eren bajar todavía más la guardia, era inesperado que el joven sirena renegara a su impulsividad, pero había algo en el contrario que le llamaba la atención, quería saber más, quería saber.
- ¿Tú cómo has llegado al dominio superficial de mi pueblo? - Cuestionó Eren, deseoso de descubrir los secretos que habían llevado a Levi a su orilla. Recibió de vuelta un suspiro, el pelinegro comenzó a desentrañar los recuerdos que habían marcado su cuerpo y un reciente pasado, mientras se deshacía de los trazos de tela rota, esas cicatrices moldeaban al hombre frente a él, aún sin entender lo suficiente sobre "biólogos y premios", supo que sus acciones nacieron del sentimiento de la autosuperación, y era ciertamente injusto, verse tan maltratado, pero verle ahora junto a los avances que había hecho por sí mismo para sobrevivir, comprendió el gran anhelo que tenía el ajeno de encontrar su "hogar" en medio de la adversidad.
La charla se tornó en risas y confesiones, lágrimas y susurros al viento, Levi se esforzó en forjar un vínculo, y a Eren no podía parecerle menos entretenidas las hazañas del titán que bien ahora sabía se llamaba "humano". Un lazo apenas débil, desafiando las fronteras que imponía la diferencia de especies, tuvieron camino hasta que casi ponerse el sol en el horizonte.
- Es imperativo que me marche, ha sido provechosa para mí la charla y puedo dejar que continues tu existencia aquí, pues he visto en tus palabras, el reflejo de tu alma, que a mi juicio es noble.
Eren se apresuró apartándose del lado de Levi, dispuesto a retornar al espejo. El otro, movió sus pies para no verse lejos de la criatura.
- Por favor, hazme compañía, verás que me siento terriblemente solo, no sé cuándo ha sido la última vez en que mi voz llegó a las orejas de alguien que no fuese yo, y que mis oídos percibieran un timbre distinto al mío. Te suplico no te marches, o mínimo me visites con frecuencia.
El castaño volteó sobre su hombro, le dedicó una mirada y una risa tan suave como el aire que mecía sus cabellos. Acaso le vio mover la cabeza en lo que interpretó como un leve asentimiento, sus caderas en un vaivén cadencioso le condujeron para posarse sobre el cuerpo de agua, y descendió dándole la espalda. Levi en su lugar quedó perplejo, se sentía sumamente afortunado y bastante confundido por lo acontecido, quizá si estaba muerto, pero sabe que no ha sido nunca un buen creyente para ser bendecido con la presencia de tan magnífica criatura.
