Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son entera propiedad de Hajime Isayama. Esta obre es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos, por ErerirenPrincess (MeztliKin en otras plataformas, espero pronto cambiarme el nombre aquí también jaja).

Advertencias: Palabras altisonantes, lenguaje vulgar, boys love, yaoi, uso descarado del OOC, ERERIREN (porque yo amo la versatilidad), AU


Bajo la luz de las estrellas

Después de aquel encuentro, una semana ya había paso en la isla, se trataba de otro día más que terminado, envolvía a la isla un manto de oscuridad. Bajo el resplandor plateado de la Luna llena, fue que el tritón, se aventuró a la superficie para observar al pelinegro en su austero refugio de ramas. A pesar de sus reticencias iniciales, Eren se encontraba inexorablemente atraído por la presencia de Levi, cuya determinación y habilidades despertaban su admiración. Cuando le contó a su amigo, este último no pudo hacer otra cosa que preocuparse, era inaudito y le parecía sórdido que le hubiese perdonado la vida y todavía más, haberse interesado en conocerle, pero sabía que Eren pese a que a veces solía ser terco y testarudo, era bastante sagaz, lo suficiente para confiar en que, si no lo consideraba un enemigo, entonces estaba a salvo.

Fue de esta forma, en que esa noche, 8 días posterior a su enfrentamiento, decidió como práctica nocturna, dejar el mundo submarino, posarse a los pies de donde dormía el pelinegro e investigar una forma en la que pudiese hablarle, pero sus deseos de esfumaban al hallar su propio corazón latir desaforado cada que buscaba tocar al durmiente, era como si su cuerpo sintiera peligro si se le acercaba de más, indagar sobre su vida, y las intenciones de los suyo. Por eso, después de varias lunas, suficientes para repetirse el plenilunio, Levi a sabiendas de que era espiado mientras dormía, le sorprendió levantándose para intercambiar palabras y miradas con el castaño.

De esta forma, los encuentros nocturnos se volvieron saludos, conversaciones, risas que cesaban al alba. Levi descubrió que el nombre del sirena era Eren, que le asemejaba a rodar la R sobre su boca y terminarla suspirando, como si cada que dijera su nombre, lo sentía suyo. Que el aire les daba piernas, y que su pueblo, como la isla se llamaba Paradise. Era en todas esas noches quietas, donde se permitieron explorar la intimidad de sus corazones, bajo confesiones y lágrimas saladas. Poco a poco, en medio de las sombras y susurros del viento, la hostilidad entre ellos se transformaba en complicidad, y la curiosidad en un sentimiento más profundo. En los momentos de intimidad emocional, se desnudaban ante el otro, compartiendo sueños, temores y aspiraciones, encontrando en la vulnerabilidad la fuerza para desafiar las barreras que antes los separaban.

Se descubrieron germinando la semilla del amor entre ellos, en ese rincón perdido en medio del océano. El tacto inició con las uñas largas de Eren acariciando el cuello de Levi, quien se estremeció por el deseo de más, de que se sentía tan feliz que el otro le tocase y si quisiese, clavar sus garras en su carne se lo permitiría. Fue su boca la primera en quebrar el silencio gimiendo suave mientras los dientes salvajes de Eren brotaban sangre del espacio entre su hombro y cuello.

- ¿Qué es lo que piensas hacerme? - Profirió en un jadeo Levi, con una sonrisa ladina. - Si acaso me has prestado atención, yo soy un macho tanto como lo eres tú.

- Pienso volverte mío, pienso marcar tu cuerpo con heridas que confiera mi boca sobre tu piel, para que se sepa que eres mío. Además, no entiendo la relevancia en resaltar que ambos seamos machos.

- ¿Y quién verá que yo te pertenezco? No ves que aquí arriba solo habitan los árboles, el cielo, y yo.

- Quiero que bajes conmigo la próxima vez, hablaré con mi pueblo. Debes de saber entonces que marcar tu cuerpo como mío, te vuelve mi consorte y es mi deber mantenerte entonces siempre a mi lado.

Levi abrió los ojos tan grandes como la luna llena, se sonrojó brutalmente y bajó la mirada. Levi Ackerman, esposo de la bella criatura marina, cuando él solo se concibió así mismo como "el mejor biólogo del mundo". Tendió sus brazos hacia el contrario, y lo trajo hacia sí en un cándido beso. Sus bocas fueron el conducto por el cuál perdieron el pudor de a poco, la saliva que caía producto de sus lenguas inmiscuyéndose en la cavidad ajena, marcaron el deseo del tritón por humedecer el cuerpo ajeno con su propia boca. Viajó la lengua larga y casi morada de Eren sobre la piel blanca y escarificada, arrancando suspiros quejumbrosos de placer, la ropa sobraba en su trayecto y la quitó sin tapujos, mostrando la virilidad del más bajo palpitante y anhelante por atención.

La metió a su boca y la feló apropiadamente, reconocía su buen trabajo pues el cuerpo bajo suyo se arqueaba, temblaba y no paraba de sollozar complacido. Pasó su lengua del falo hasta lo que ideó era la entrada, la musculatura alargada de ese apéndice le permitió abrirse paso con facilidad, simuló embestidas con ella, se regocijaba de escuchar los gemidos cada vez más intensos del contrario y se deleitó hundiendo su rostro entre las frías nalgas del cuerpo ajeno. Sin dudas, para Levi, era la mejor de las atenciones que alguien le hubiese brindado en toda su vida. Debía de ser esta una experiencia sobresensorial, pues no se hallaba así mismo en medio de tanto goce.

Eren volteó el cuerpo de Levi dejando expuesta su retaguardia para sí, enfiló su hombría en la entrada y entró lentamente. Con sus manos trajo el torso de Levi, le tomó por el pecho y sus falanges se deslizaron hasta su cuello, apresándole en un dominante agarre, y al tener su cuello tan cerca de su rostro, abrió la boca y mordió el cogote del pelinegro, regalándole la marca del concubinato. Levi lloró, había sido sumamente doloroso perro, los certeros golpes en su próstata mermaban las sensaciones. Definitivamente no era normal sentir tan bien el ser lastimado a manos del moreno. Cuando los dientes afilados se despegaron de su cuello, Eren le sujetó de las caderas arremetiendo más contra su interior. Levi tomó su miembro entre sus dedos y dominado por el éxtasis se acarició hasta venirse en su mano, para que igual, con la estrechez propia del orgasmo en sus entrañas, Eren acabara dentro suyo.

- Bajo la huella de mi dentadura, con tu sangre en mi boca y mi semilla en tus adentros, somos ahora el uno del otro. - Profirió el castaño acurrucándose junto ahora su cónyuge abrazándolo tiernamente manteniendo su cuerpo pegado a su vientre, y sus brazos rodeándole.

Fue así a la luz de la luna, inspirados por la hermosura de una noche llena de estrellas, pusiéronse a hacer lo aquello que hacen los amantes, compenetrados en un íntimo gozo, tan perfecto que llegaba al embeleso, y cesaron al alba donde el sol naciente arrulló sus sueños, testigo del amor recién nacido.