Hola, mis amores. Vaya, se me ha ido de las manos la espera. Muchas gracias a todas las personas que siguen leyendo mis historias y apoyándome, os amo mucho


Capítulo 57

Harry y Ron se movían por los pasillos de Hogwarts como si se encontraran en un campo de batalla. Empuñaban sus varitas del mismo modo que si fueran cuchillos mientras bajaban a las mazmorras en el más absoluto de los silencios. Sabían lo que iban a hacer y no tenían más dudas. Estaban solos, convencidos de que Draco Malfoy tenía a Hermione en su poder.

Fue entonces cuando los dos Gryffindor comenzaron a escuchar los pasos acelerados de otras personas acercándose a ellos en los pasillos. Siguieron caminando, sin dudar, con rapidez y, tan pronto como giraron en una de las esquinas de los oscuros corredores, se chocaron de bruces con cuatro alumnos de Slytherin: Pansy, Astoria, Blaise y Theodore.

Ni Ron ni Harry dudaron un instante en alzar sus varitas en un gesto amenazante.

—Te dije que no lo avisaras —gruñó Ron.

El pelirrojo no tardó en darse cuenta de que Draco Malfoy no estaba ahí, entre ellos. Aun así, no bajó la varita.

—¿Dónde está Malfoy? —exigió saber Harry.

Ninguno de los Slytherin se movió y tampoco sacaron sus varitas para defenderse, lo que podía interpretarse como una señal de paz. Fue Pansy quien decidió actuar como mediadora.

—No está aquí, no sabemos dónde demonios se ha metido.

—Claro que sí —bufó Harry una vez más—, ¿y pretendes que te crea?

—Es la verdad, Potter. Lo hemos buscado, pero no estaba en su cuarto. —Pansy lo miró con perspicacia, entornando los ojos al comprender un detalle—. ¿Y dónde está Granger?

—Malfoy se la ha llevado —intervino Ron—. Decidnos dónde están y no os haremos daño.

—No hay necesidad de hacer esto. —Blaise Zabini se adelantó un par de pasos, levantando las manos con aire tranquilo, mostrándose desarmado—. Creo que todos queremos evitar una desgracia aquí. Draco no está, pero Granger tampoco. Es evidente que se han ido juntos y me inclino a pensar que ninguno de los dos ha forzado al otro a hacerlo, Granger se ha ido con él por voluntad propia.

—¡Malfoy es un asesino! Ha matado a mi hermana. —Ron se giró hacia Astoria, mirándola con intensidad—. Díselo, Astoria, diles lo que nos ha contado Paul.

—Ya lo saben, se lo he dicho todo. Pero algo... algo no encaja, eso no ha podido suceder. Draco nunca haría algo así...

A su lado, Pansy apretó los labios.

—A no ser que no le quedara otra opción —opinó en voz alta, cruzándose de brazos. Después le lanzó una mirada despectiva a Harry—. El Lord Tenebroso quería destruirte, Harry Potter, sé que planeaba encargarle una misión importante a Draco Malfoy con el fin de debilitarte.

—¿Y cómo sabes tú eso?

—Porque yo también he sido parte de los mortífagos —confesó Pansy sin amedrentarse, alzando la cabeza como si decir algo así fuera una muestra más de valentía—. El Señor oscuro quería acabar contigo, Potter, derrumbar uno de tus pilares fundamentales.

—¿Y por eso le encargó a Malfoy asesinar a Ginny? —preguntó Harry con la desesperación tiñendo su voz.

A su lado, también los Slytherin observaban a Pansy con la boca abierta, pues no tenían ni idea de lo que ella estaba diciendo. Jamás habrían soñado que Draco pudiera tener algo que ver con la desaparición de Ginny Weasley. Para sorpresa de todos, Pansy negó con la cabeza.

—No, Potter —contestó, tomando aire—. Le ordenó matar a Hermione Granger.

A su alrededor se hizo un silencio sepulcral. Ninguno de ellos supo qué decir ni cómo actuar al respecto. Se miraron, confundidos y Pansy compuso una sonrisa amarga.

—Imagino que... dados los sentimientos de Draco por vuestra amiga... —Se aclaró la garganta, algo incómoda—. No fue capaz de hacerlo y decidió elegir a otra víctima que le resultara más... indiferente. —El modo en el que Parkinson arrastraba las palabras era más que digno de una buena Slytherin y tanto Ron como Harry se quedaron estupefactos con el cruel razonamiento al que había llegado ella.

—¿Y por qué ahora se ha llevado a Hermione?

Pansy chasqueó la lengua.

—¡Por Merlín, Weasley! —exclamó alzando los brazos de forma teatral—. Despierta de una vez; ¡Draco no se ha llevado a vuestra amiga a ningún maldito lugar! Seguramente... no sé, se han escapado juntos del país para poder vivir alejados de todo esto. Se han enamorado, aunque ni vosotros ni, ciertamente, nosotros entendamos qué demonios han visto el uno en el otro.

Y eso fue como un jarro de agua fría en la cabeza de Harry y Ron. Era como si comprendieran de pronto que Pansy Parkinson tenía razón, que ellos llevaban ciegos demasiado tiempo, ignorando la magnitud de la relación que Draco y Hermione tenían desde hacía meses. Había sido más fácil para ellos ignorarla, fingir que no existía o que era pasajera. Pero ahora se percataban de cuán lejos había llegado.

—Hermione jamás perdonará a Malfoy si averigua que él ha matado a Ginny —dictaminó Harry—, puede que esté enamorada de él, pero nadie puede estar tan ciego.

—Quizás nunca se entere —susurró Blaise.

Era difícil para Harry y Ron aceptar lo que estaba sucediendo, pero, en esa nube de confusión, Astoria habló:

—Tenemos que llegar hasta Dumbledore cuanto antes. Estamos perdiendo mucho tiempo aquí, debemos detener a quien vosotros sabéis. Si ataca el Ministerio de Magia y no estamos preparados, probablemente hayamos perdido la guerra.

Los Slytherin asintieron con la cabeza y comenzaron a caminar de nuevo, en dirección al despacho del director de Hogwarts. Harry y Ron permanecieron parados allí, confusos y sin saber qué hacer. No fue hasta el último momento cuando Astoria Greengrass se dio la vuelta, antes de girar una esquina y perderlos de vista. Se quedó observándolos unos segundos desde la distancia y de pronto habló.

—¿No venís o qué?

Y la respuesta, aunque tardó unos segundos, por fin llegó. Ron golpeó con suavidad el hombro de su amigo, haciéndole un gesto para que siguieran a los Slytherin. Aunque Harry vaciló, terminó aceptando. Un segundo después, solo quedó el ruido de los pasos en esos pasillos.

OoOoOo

Se separaron de Leah en ese mismo restaurante. Ella prometió visitarlos en Inglaterra en cuanto acabara la guerra y ellos le aseguraron que se mantendrían en contacto con ella, pues todo el mundo querría conocerlas a ella y a Adhara. Hermione sabía que para algunas personas, como Harry, por ejemplo, encontrarlas sería como recuperar a una parte de esa familia que había perdido.

Era curioso pensar que, si no hubiera sido por Voldemort, Harry habría conocido a Leah y la habría tratado siempre como si fuera una tía. Del mismo modo, Adhara habría sido como una prima para él... y también lo habría sido para Draco, si su familia no le diera más importancia a la pureza de la sangre de las personas que a la naturaleza de su carácter.

Draco y Hermione entraron en el lavabo público del centro comercial en el que se encontraban. Se habían despedido de Leah en ese mismo edificio y tenían miedo de salir de allí, pues era muy probable que esos dos aurores que los habían perseguido por el campus universitario se encontraran más cerca de lo que parecía. Ningún auror dejaría escapar a dos magos que habían irrumpido en propiedad privada, paralizado a una muggle y, más tarde, organizado una pelea mágica en mitad de la carretera. Si los encontraban, estaban perdidos.

—Este sitio es repugnante —comentó Draco, echándole un vistazo a ese baño cuya higiene era más que cuestionable.

Por suerte, no había casi nadie ya en ese centro comercial, pues era de noche y estaban a punto de cerrar.

—Nos queda una hora antes de que el traslador se active —comunicó Hermione—. No sabes lo cansada que estoy, tengo muchas ganas de regresar a la tranquilidad de Hogwarts y poder descansar en mi cama.

—Te entiendo. Ha sido un día duro. —Los ojos grises de Draco se entrecerraron—. ¿Cómo estás?

—No lo sé —susurró ella—, confundida... contenta, ya que Leah está viva. Pero, Merlín, no puedo creer que ella... que pensara que Sirius llevaba muerto dieciséis años. Ha sido muy duro tener que decirle la verdad.

Él se mostró de acuerdo con ella.

—Es curioso cómo funciona todo, ¿no? Un día estás convencido de algo y... de pronto, en solo un segundo, te das cuenta de que todo ha sido una mentira.

Hermione suspiró. Lanzó una mirada a las puertas de esos baños, completamente cubiertas de grafitis por todas partes. Draco tenía razón, ese lugar era repulsivo incluso para ella, que había estado en un millón de lavabos públicos. Imaginaba que la experiencia debía de ser casi un trauma para Draco, que antes de ese día, casi no había salido de su burbuja de mago rico. Debía tener en cuenta que la normalidad para Draco era vivir en una mansión con veinticinco habitaciones. ¿Qué pensaría si algún día pisaba la casa de sus padres? Nunca se había preguntado algo así hasta ese momento pero, si su relación con Draco seguía evolucionando como hasta ese momento... ¿hasta dónde llegaría? ¿Cómo podría siquiera llevarlo a su casa durante un fin de semana? Draco Malfoy en su casa de Kilburn, que probablemente le parecería una ratonera comparada con Malfoy Manor. Y con sus padres muggles. Suspiró al pensarlo. Iba a ser difícil, muy difícil.

—¿Qué sucede? —preguntó él, sabiendo que algo iba mal en la mente de Hermione.

—Nada, estaba pensando.

Draco se acercó a ella despacio. Su cabello rubio platino se mecía, despeinado, alrededor de esa cara de ángel. Por un segundo, Hermione olvidó todas las cosas que acababan de llegar a su mente. No podía dejar que ese tipo de pensamientos afectaran a lo que sentía por él, a las cosas que él le hacía sentir. Era Malfoy, sí, pero ahora eso significaba muchísimo más de lo que ella podría haber llegado a imaginar.

La besó sin siquiera preguntar. Lo hizo porque ella estaba tan pensativa que sintió la necesidad repentina de desconcertarla, de probar sus labios.

—¿Y esto? —susurró Hermione entre risas.

—Has dicho que tenemos una hora por delante, ¿no? —preguntó con una sonrisa torcida—. Se me ocurren un par de cosas que podemos hacer en una hora...

El tono ronco fue seductor y Draco comenzó a besar su cuello. Aun así, Hermione abrió mucho los ojos y se apartó de él unos centímetros.

—¿Aquí? Draco, tienes que estar de broma, podría entrar alguien...

—Venga, Granger, no seas cobarde.

—¿Cobarde? Yo no soy cobarde, es solo que...

Draco no la escuchaba. Tan solo besaba su cuello de un modo que la hizo gemir, a pesar de que se resistió más de lo que cualquier mujer en su sano juicio habría conseguido. Dejó de luchar segundos después, ¿de qué le servía darle un montón de razones para no hacerlo? Si en realidad se moría de ganas.

Hermione se desabrochó los pantalones rápidamente y se los quitó, después enredó sus piernas alrededor de la cintura de Malfoy y él la tomó en brazos a pulso, apoyándola sobre la pared de azulejos blancos. Ella se estremeció con el contacto de la pared fría, que contrastó con el intenso calor que sentía en todo su cuerpo. Cuando notó que él colaba un dedo por el lateral de sus braguitas, ahogó un grito de placer. Draco se adelantó a esto, cubriendo su boca con la suya y besándola con intensidad. Sus dedos jugaban con ella, entraban y salían con un ritmo que solo consiguió excitarla cada vez más. El roce de sus labios en su cuello le puso la piel de gallina, más aún cuando Draco la mordió ahí, donde latía su pulso, cada vez más desbocado.

Lo excitaba pensar que aquello que tenía con Granger era solo de los dos, tan íntimo como increíble. Una historia como la suya no se vivía todos los días.

Colando un dedo por su entrepierna con suavidad, al tiempo que Draco mordía su barbilla, Hermione alcanzó un orgasmo en menos de un par de minutos. Draco se deshizo de sus propios pantalones un instante después, procediendo a entrar en ella con movimientos lentos y lánguidos, provocando que ella se estremeciera, le rogara que, por favor, no la hiciera sufrir más. Se moría de ganas de sentirla, de volver a hacerle el amor. Jamás habría creído que pensaría unas palabras como esas. ¿Él? ¿Draco Malfoy? Un Slytherin que jamás antes se habría acercado a ella, que la había odiado con todas sus fuerzas. Y ahora estaba ahí, entrando en su cuerpo sin ningún tipo de pudor, recreándose en cada uno de los gemidos que Hermione dejaba escapar entre sus labios.

—Te quiero —susurró ella.

Y él no supo si lo decía porque de verdad lo sentía o por cómo él la estaba llevando hasta el límite una vez más. Draco mordió su cuello, quería oírla gritando su nombre, necesitaba sentirla ahí con él.

Ambos cuerpos se unieron incontables veces, de forma violenta al principio, aunque más suave después. Era como si se necesitaran cerca, como si la presencia del otro actuara como un bálsamo para sus heridas y no se hubieran dado cuenta hasta los últimos días. Draco gruñó, entrando en ella una vez más. Estaba muy cerca de correrse y lo sabía, así que intentaba controlarse para disfrutar aún más el momento. Fue entonces cuando reparó en que Hermione le apretaba el brazo izquierdo de tal modo que había movido la manga de su camisa y la había subido hasta prácticamente el codo. En ese preciso instante, mientras se dejaba ir con un gemido ronco, Draco se percató de que esa terrible marca tenebrosa que llevaba en su brazo más de medio año, ya no estaba allí. En su lugar, una especie de sombra grisácea que parecía difuminarse a cada minuto. Se había desvanecido y no podía decir cuándo, exactamente, pero sí sabía que ya no era como antes, en absoluto. La negrura de la Marca había sido terrible antes, cada vez que la observaba, parecía que esa calavera estuviera viva, que tuviera un relieve real y terrorífico. ¿Dónde había quedado ahora eso?

Hermione lo besó de nuevo, abrazándolo estrechamente. No se había dado cuenta de lo que Draco acababa de descubrir y él decidió no decírselo en ese momento. No era necesario, en realidad, pues la marca siempre había sido suya, llevaba meses en su piel, acompañándolo a todas partes. Pero no la extrañaba, en absoluto. No entendía bien qué había sucedido, pero su mente no dejaba de funcionar en una dirección: parecía estar cerca de obtener su libertad. La sorpresa aún poseía a Draco, aunque era capaz de besar a Hermione mientras pensaba en lo que había sucedido en su blanca piel.

Le devolvió los besos de inmediato, sin dudar ni un instante. Notó los labios suaves de Hermione bajo los suyos y se estremeció de placer al saborearla una vez más. Cerrando los ojos, Draco se sintió colmado una vez más por todos esos sentimientos que ella le regalaba.

No sabía cuándo le había comenzado a desaparecer la marca tenebrosa del antebrazo, pero tampoco necesitaba hacerlo. Si algo tenía más que claro en su mente era que la razón de que la marca se estuviera disipando también encontraba entre sus brazos en ese momento y se llamaba Hermione Granger.


Hola, amores. ¿Qué os ha parecido este capítulo? Espero que os haya gustado. No tengo la historia terminada, como ya imaginaréis, pero estos días la releí entera y no quería dejar pasar más tiempo sin actualizar.
A lo largo de estos años muchas de vosotras me habéis escrito para decirme que echabais de menos esta historia o para mandarme cositas relacionadas. Muchísimas gracias por seguir aquí. A las que habéis leído ya «Nunca le hagas cosquillas a un Dragón herido», hola de nuevo
. A las que no lo habéis leído, ¡id a por él! (Lo encontráis en mi perfil).

Aprovecho también para ser super pesada y, si queréis ayudarme un MONTÓN como escritora, podéis encontrar todas mis novelas originales en Amazon bajo el pseudónimo V.M. Cameron. Muchas de ellas podéis leerlas gratis si tenéis Kindle Unlimited y me ayudaríais muchísimo si me apoyáis por ahí.

Nos vemos en el próximo capítulo, ¡mil besos!