Capítulo 19

Aomine fue a buscar a su futuro suegro, si lograba salirse con la suya, contándole sobre el percance con Haizaki y sus intenciones para con Ryuta, cosa que obviamente encantaron al señor Kise. Aomine tenía un puesto en el senado y una fortuna cuantiosa de la que era único heredero, eso era mucho más de lo que esperaba conseguir para su seco hijo.

-¡Pero, padre! -gritó Haizaki - Ryuta es un doncel mayor... no puede casarse así como así -protestaba ante la noticia.

-Porque es un doncel mayor es que debe casarse -le silenció el señor Kise-. Que sea la última vez que te presentas borracho en la casa de alguien -le advirtió.

Haizaki apretó sus manos mirando con odio a Aomine, mientras que Miyaji si bien estaba preocupado estaba más "tranquilo" en cierta forma, ya no tendría que estar siempre en alerta constante. Podía decir, con sólo mirarlo, que el moreno peli azul sentía por Ryuta lo que él por su Kotaro.

-¿Entonces me acompaña a buscar a Ryuta para que vuelva aquí con usted? -le solicitó Aomine con una sonrisa sin ningún remordimiento por haber tentado al señor con la gloria de su apellido y fortuna.

-Por supuesto -asintió el señor Kise con entusiasmo.

Haizaki estaba enojado y vio como el vendido de su padre se iba con Aomine, maldijo bajo y fue a encerrarse a su habitación. Aomine sonrió satisfecho al llegar a su hogar y ver a Ryuta con sus niños. Ryuta estaba jugando con los niños y ellos se enredaban alrededor del doncel completamente fascinados por este.

-¿Padre? -preguntó Ryuta confundido, no entendía que hacía su padre allí.

-Sí, tu padre me acompañó para escoltarte a tu casa -le dijo Aomine con una sonrisa amable.

-Ven, hijo, es tiempo de volver a casa, mañana podrás volver a jugar con estos encantadores niños -le aseguro el señor Kise sonriente.

A Ryuta se le hizo extremadamente rara la sonrisa amable de su padre y dejó a Aphrodi en el suelo.

-Con permiso, niños, debo retirarme.

-No, papi, no te vayas -le rogó Sendo haciendo pucheros.

-Volverá mañana a desayunar -le prometió Aomine a sus hijos besando la mano de Ryuta mientras Aphrodi se echaba a llorar al entender que Ryuta se iba y se agarraba a las ropas de este para evitar que se fuera.

-Mi corazón... debo irme -le dijo Ryuta besándole las mejillitas. Se le rompía el corazón al tener que dejarlo llorando-. Mañana vengo, mientras tanto -se quitó la coral del brazo y esta se enredó en los rubios mechones de Aphrodi casi como un accesorio para el cabello-. Ella te cuidará por mí -le prometió al rubiecito.

-Creo que deberías quedártela tú... por protección, Ryuta -le dijo Aomine serio, después de lo que había visto no se confiaba en Haizaki .

-No, seguro cuidara a Aphrodi. Además dejo de llorar -dijo Kise de forma autosuficiente.

-No me gusta que te vayas sin ella, te cuida -suspiró Aomine, pero asintió viendo a su rubito tocarse la cabeza para sentir a la serpiente con fascinación, la serpiente se portaba mansita con el niño.

-Sí, pero Aphrodi no llora, mañana vendré por ella –prometió Ryuta besando la frente de todos los niños y haciendo una reverencia a Aomine, para subir al carruaje con su padre, viendo a Kuroko salir y despedirse con la mano de él. Un solo día sin su serpiente no podía ser tan malo- Padre - regresó su atención a su progenitor- ¿Por qué estás tan contento? -preguntó receloso.

-Mañana te compraras túnicas y togas nuevas antes de venir... ese hombre está loquito por ti, Ryuta, lo has hecho bien -felicitó a su hijo satisfecho.

-¿Padre? -preguntó procesando sus palabras- Oh no, por Jupiter. Has aceptado su propuesta -no era una pregunta- ¡Yo ya le había dicho que no!

-No seas tonto, no le dirás que no -le aseguró con dureza- y él solo ha dicho que quiere pretenderte con mi bendición, pero que depende de ti aceptarle o no. Dijo que no te obligaría. Pero tú vas a cerrar el pico, vas a ser todo sonrisa con él y le vas a decir que sí o te arrancaré la piel a tiras -le juró.

-Es menor que yo, padre -dijo mirándolo molesto aunque exageraba, apenas era mayor que Aomine- ¿Me estas vendiendo como vendes a tus esclavos?

-¿Alguna vez he vendido a un esclavo para que sea el esposo de un importante señor romano? No digas estupideces, te he mantenido por algo, Ryuta y esta es la ocasión perfecta. Ese chico babea por ti y justamente algo como tú es lo que necesita -aseguró.

-No puedo creerlo padre -apretó sus manos- ¿"Algo" como yo? ¿No "alguien como yo"?

-Alguien como tú, como sea. Deja de ser tan sensible, es tu oportunidad perfecta. Además está lleno de críos, no le importa si estas tan seco como el desierto. Babea por tu belleza y no le importa tu vientre -le dijo enojado- ¿Donde más crees que conseguirás un partido tan bueno? Además a ti te gustan los críos ¿No? Ahora un montón te llamaran "papi".

Ryuta tenía los ojos llenos de lágrimas, mas no soltó una. No era culpa de Aomine, era culpa de su padre, era culpa de él.

-Si tengo el vientre seco es por tu culpa -le dijo con la voz llena de veneno-. Tu dejaste que el veneno de los escorpiones de Haizaki hicieran efecto... Tú que no quisiste llamar al médico cuando esos bichos me atacaron por ahorrarte unos centavos, el veneno me destrozó y fue tu culpa, padre. Si Miyaji no hubiera ido por el médico él mismo, habría muerto. Así que no te quejes de no haberme encontrando esposo antes.

-Pero eso no importa ahora, te he encontrado el esposo perfecto y no lo arruinaras -le advirtió el señor Kise duramente.

Ryuta miró por fuera del carruaje alzado por esclavos, al fin y al cabo era otra mercancía más al parecer. El señor Kise se dio por satisfecho y ayudó a bajar a su hijo al llegar a la casa.

-Anda a dormir, debes estar hermoso para cuando él te vea.

Ryuta le soltó la mano violentamente y se fue a su habitación. ¡Diablos! Ahora le hacía mucha falta Kuroko, le hacía falta alguien con quien hablar y desahogarse.

Continuará...