ORGAVERSE
CAPÍTULO 14
Al final del día, no podían vivir de coger, Kuga era consciente de eso, así que estaba esforzándose por concentrarse en clase, en lugar de pensar en el maravilloso oral que le había hecho Shizuru esa mañana.
—Oye, cachorra. —Nao le habló en voz baja.
Ignoró a su amiga. De verdad creía que si se distraía no volvería a tomar el hilo de la clase. Frunció el ceño, sentía la mirada de Nao, cada vez más intensa.
—Nat. —Le tocó el hombro.
—¿Qué? —La miró de reojo—. Ay mierda.
—No me siento bien —dijo la pelirroja. Un tenue sonrojo en su cara, y el calor de su mano en el hombro de Kuga, eran mala señal.
—¿No tomaste tus supresores? —susurró Kuga.
—Es que no es mi fecha —respondió Nao, con su mano cubriendo su boca y su nariz—, contaba con mi siguiente pago para comprarlo. —Le costó decir eso último sin que su voz sonara rara.
Kuga maldijo por dentro. El que esas medicinas de uso básico fuesen caras, era una patada en el culo. Su ceño se frunció más mientras que guardaba sus cosas y las de Nao en su mochila.
—¿Cachorra?
—Andando, te llevaré al departamento. —Se levantó primero, Nao la imitó, no estaba en condiciones de poner peros.
En ese momento, en esa clase, había como mínimo diez alfas presentes. No era seguro para una omega a punto de entrar en celo. El profesor era un beta pero, cuando las vio salir a ambas, pudo imaginarse la razón por las caras de los otros estudiantes; no sabía si era más peligroso para una de esas dos o para los alfas que pretendieran algo con Kuga cerca.
—A la siguiente no seas imbécil y pídeme ayuda, araña.
—Es que desde que tienes quién te de ya no usas supresores.
—No es momento para tus bromas —gruñó—, y diablos, podría haberte prestado algo de dinero, sabes.
—A ti tampoco te sobra…
—Soy creativa, saldría de algún lado.
Natsuki sabía muy bien el fiasco que era pasar por eso. No olvidaba las veces en las que no tuvo dinero, y que de no ser por Mai, no sabría que habría hecho.
Gracias a la hora no había casi nadie en los pasillos. Avanzaron a paso rápido. A dos metros de un baño, Nao se detuvo, Kuga vio dónde estaban, apretó sus dientes.
—Araña, es mal lugar para quedarnos.
Antes de siquiera verle, Kuga olió las feromonas de un alfa. Gruñó. No iba a dejar que algún idiota se aprovechara de su amiga. Atravesó un brazo frente a ella.
—De una vez te digo, apartate de nosotras —dijo mal humorada.
—¿Delincuente? —Haruka iba saliendo del baño—. ¿Qué rayos…
La rubia por instinto, olfateó, le había llegado aquel aroma desde antes de salir del baño. Hizo una mueca al ver que venía de esa pelirroja del demonio, para colmo, amiga de la delincuente.
—Si bueno, ya nos vamos. —Kuga jaló del brazo a Nao—. ¿Ah? —Pero sintió resistencia de su parte—. ¿Estás de coña?
—Oye rubia… —dijo Nao.
—Ahhhh no. No. No. No. —Negó rápido con su cabeza y agitó sus manos—. Definitivamente no. No me van las delincuentes.
—Esto no saldrá bien —susurró Kuga, para sí misma.
—Oh vamos, solo te pido follar, no matrimonio. —La voz le salió más sugestiva de lo que ella misma quería—. Dame una mano.
—Estúpida, ya estás delirando. —Kuga quería darle un puñetazo para devolverle la razón, pero sabía como podía afectar el celo a las neuronas, bueno, a las pocas que tenía su amiga.
Nao ignoró a Natsuki, en ese momento, en efecto, pensaba con el coño y no con la cabeza.
—¿Piensas irte con eso, rubia? —Nao miró descaradamente la entrepierna de Haruka, la pobre ya había reaccionado.
—Feromonas del demonio —murmuró Haruka.
—Eso debe doler —Nao.
—Tú… —Haruka entrecerró los ojos.
Nao sonrió cínica.
—Metete al baño —dijo Haruka, de malas—, antes de que me arrepienta.
—Va, va, va. —Sin pensarlo, Nao se metió al baño en un parpadeo.
—Cuidado con tu espalda —advirtió Natsuki con una sonrisa—, esa Araña araña bastante cuando…
—¡Cachorra! —gritó, asomando la cabeza por la puerta.
—Ah sí, y le gusta de costado —agregó. No se le había olvidado lo del estilo de perrito ni lo de la empanada rellena.
—Serás… —Nao iba a salirse a pelear.
—¿A dónde crees que vas? —Pero Haruka la empujó al baño y se metió con ella.
La puerta del baño se cerró.
Natsuki solo planeaba quedar ahí un momento, para asegurarse de que dentro no estaba ocurriendo un intento de homicidio.
Por la esquina del pasillo, salió Shizuru, ella iba viendo la pantalla de su celular, pero al oler a su omega, levantó la vista.
—Ara, que linda coincidencia. —Le sonrió con coquetería—. Espérame un momento. —Iba a empujar la puerta del baño.
—Ah, ah, no. —La omega le agarró por la muñeca—. Creéme, no quieres entrar ahí.
Shizuru contuvo una risa.
—¿Acaso nos ganaron el lugar? —dijo juguetona. No se esperaba que su novia asintiera—. Ara… Mejor vámonos a…
Del interior del baño, medio amortiguado pero distinguible, se escuchó un golpe seguido de un gemido.
Ese último sonido le resultó incómodamente familiar a la alfa.
—No me digas que… —Escuchó otro gemido y estuvo segura de que esa era la voz de su amiga.
—Sí… Es culpa de la Araña —confirmó Natsuki. No le quedaban ganas de bromear con aquello.
—Pero que… —Agitó su cabeza. Apenas el día anterior Haruka se estaba quejando de la pelirroja—. ¿Segura de que ambas están de acuerdo?
—Sí, pero espera. —Kuga golpeó la puerta con su palma abierta—. ¡Oye, estúpida! Golpea una vez si se están matando y dos si solo cogen.
Desde adentró, se oyeron dos golpes secos.
Shizuru tomó de la mano a su chica y le jaló para alejarse de la escena del posible crimen. Conocía como podía llegar a pasársele la mano a su mejor amiga, y también era consciente del poco sentido como que podía tener Nao en circunstancias criticas. No quería escucharlas cuando parecieran gatos en azotea nocturna.
—Shizuru, ¿tienes algo por hacer? —preguntó Kuga, pues al final no había tenido que irse de la universidad, pero no regresaría a la clase después de algo así, de todas formas antes no se había concentrado realmente.
—Mi clase se suspendió. —La castaña sonrió sugestiva—. ¿Te quedaron ganas en la mañana?
—Es que no pude dejar de pensar en eso —contestó.
Shizuru jaló de la mano a Natsuki, se la llevó hasta un armario de limpieza. Quiso echarle cerrojo a la puerta pero, se encontró con que la cerradura estaba rota, agarró una escoba y la usó para asegurarse de bloquear el paso.
Recargó a Natsuki, contra una pared lisa. Bajó sus manos al pantalón de su chica, mientras besaba su cuello.
—Tal vez… No sea buena idea … —dijo Natsuki en un rayo de razón.
—¿Me detengo? —Apenas iba a desabrochar su cremallera—. lo sien…
—Joder no, no te detengas. —Mandó la razón a la mierda. Habían sido más impulsivas antes y habían salido bien libradas, por buena suerte, pero bien libradas.
—Lo que tú me pidas. —Desabrochó su pantalón, se lo bajó hasta los muslos junto con sus bragas que, tenían una pequeña mancha de humedad en el centro—. Sabes, siempre me gustan los conjuntos que usas.
La alfa se puso de rodillas frente a su omega, apoyó las manos en su cadera y las deslizó hacia abajo lentamente. Le dio un buen vistazo a esos ojos verdes que la enloquecían antes de meter la cabeza entre sus piernas.
—Hueles tan bien. —Ver el coño mojado de su novia la hizo mojarse también, y, sentir como apretaba su propio pantalón—. Pero sabe todavía mejor. —En ese momento pensaba solo en el placer de Natsuki.
Con la punta de su lengua, tocó su clítoris, ella gimió, lo rodeó despacio, estaba caliente, palpitaba, succionó muy despacio, la sintió estremecerse.
Pasó su lengua un poco más abajo, lamió pero no entró, así como bajó, subió besando los labios y regresó a chupar ese pequeño punto que era tan sensible.
Natsuki se movió, subió su pierna derecha sobre el hombro de su alfa, enredó los dedos en su cabello castaño, se mordió los labios.
Shizuru agarró con firmeza la pierna en su hombro, y, con su otra mano le dio apoyó al culo de su novia, no perdió la oportunidad para darle un apretón, que aunque suave, le sacó un gemido a Natsuki, ese dulce sonido fue la señal que necesitaba, la penetró con su lengua.
—Santa mierda. —Kuga gimió alto, demasiado, ella misma se tapó la boca.
—Mmm… —La alfa se estaba perdiendo en el calor que envolvía su lengua, en el liquido que corría por sus labios.
—Ahh ahh… —La omega se pegó más contra la pared.
Pero Shizuru no dejó que se alejara ni un poco.
De un momento a otro, Shizuru cambió de postura, levantó del todo a Natsuki, la hizo apoyar las piernas sobre sus hombros, a la par que mantenía la espalda en la pared.
Su entrepierna pulsaba con fuerza, pero estaba prácticamente segura de que sin ni siquiera tocarse, iba a correrse gracias a los gemidos de su omega. Lo único que hizo fue bajarse la cremallera para que su ropa no se manchara.
En cuanto Natsuki se corrió, apretó sus piernas alrededor de Shizuru, al mismo tiempo la alfa se apegó más a su coño.
Shizuru sintió el placer de Natsuki dentro de su boca y tragó.
—Ahh… —Natsuki jadeó—. ¿Estás bien? —Acarició el cabello de su novia.
—Más que bien. —Shizuru tenía su cara salpicada, pero se relamía los labios con satisfacción—. ¿Quieres otra vez? —Todavía no bajaba a su novia, estaba más que dispuesta a regresar la cabeza ahí abajo.
—¿Qué hay… —Recuperó el aliento—, de ti?
—Pues…
Natsuki pudo olerlo entonces, una sonrisa lasciva se extendió por su cara.
—¿Tanto te gusto, Shizuru?
—¿Gustar? Me vuelves loca. —Despacio, la bajó al piso. Tenía otra idea en mente.
Hasta ese momento, Kuga reparó en como había dejado la cara de su novia al correrse en ella, se acercó a ella para besarla. —Lo siento—. Mordió su labio. —Ya te limpio—. Lamió su comisura derecha.
—Nunca te disculpes por sentirte bien conmigo —susurró Shizuru—, ¿bien?
—Bien. —La besó, necesitaba hacerlo, la boca y labios de su alfa era cálidos. Gimió cuando su lengua se deslizó en su boca y se enroló con la suya.
Un celular sonó.
Reconocieron el ringtone de Shizuru.
Iban a ignorarlo pero Shizuru tuvo un mal presentimiento.
—Hola —contestó la llamada—, Mai, ¿estás bien? —Le extrañó escuchar a la chica agitada.
—Shizuru, dime que Natsuki está contigo —dijo con una preocupación que traspasó la línea, eso le provocó un escalofrío a la castaña.
—Sí, estoy con ella, ¿qué sucede? —Natsuki había cambiado de forma para parar oreja—, también está al teléfono.
—Bueno… Chicas… Es que… Mikoto y yo no estamos seguras de a quién buscaban pero… Alguien nos hizo una visita…
Aquello bastó para que de golpe, tanto a Shizuru como a Natsuki, la calentura se les cayera del cielo al suelo.
—Ya vamos para allá —dijo Kuga al celular—, no tardamos.
Colgaron la llamada. A las prisas, ambas se arreglaron la ropa. Con su manga, Natsuki le limpió la cara a Shizuru. Si bien olían a sexo, se veían lo suficientemente decentes para salir y atravesar el tramo hasta su departamento.
—Natsuki… —No le gustaba la tensión que mantenía paradas las orejas de la omega.
—Estoy bien —murmuró. No era nada contra su alfa. Por el contrario, presentía que el problema en el apartamento tenía que ver con sus propios padres.
Prácticamente iban corriendo por el pasillo, en ese momento, tuvieron el mal trago de toparse de frente con Reito y Tate.
—Pero que desagradable. —Reito arrugó su nariz.
—Viejo… —Tate sí que había visto la cara de mal humor de Kuga.
—Por lo menos búsquense un maldito cuarto —dijo Reito.
—Ahora no, Kanzaki —amenazó Kuga.
Shizuru le lanzó una clara mirada al chico. Eso no había sido suficiente para frenarlo, pero de la nada, le golpeó el olor que arrastraba consigo la omega, más allá de los restos del sexo, emanaba un olor de molestia que no le había sentido antes.
Aquello era como ser golpeado sin que lo tocaran.
Aclaró su garganta.
—Que mierda.
—Ahora, quítate del medio. —Kuga empujó al chico, no se preocupó por medir su fuerza, ni le importó el quejido que él soltó al chocar con el rubio, quién había agarrado por los hombros a su amigo.
—Joder, viejo, ya cálmate o nos patearan el culo —pidió Tate.
Ellas siguieron su camino.
—Maldita perra —susurró Reito.
Ambas lo habían escuchado, sin embargo, tenían prioridades.
Cuando llegaron al edificio, subieron corriendo las seis plantas. Lo primero que vieron en el pasillo, fue a una angustiada Mai y a una irritada Mikoto, a continuación vieron el problema.
En la puerta del departamento y en parte de la pared, había un letrero pintado en rojo.
"Ya regresa a casa, hija."
Minutos antes, cuando Mai había leído ese mensaje, dudó de si iba dirigido a Shizuru o a Natsuki, sin embargo, cuando Kuga lo leyó, enfureció, no tuvo ninguna duda de que eso era obra de sus padres, y encima, se habían atrevido a usar esas dos palabras.
Le enfermaba que se atrevieran a llamar casa a esa fría mansión. Le enfermaba que la llamaran hija después de esa mierda. Ellos le enfermaban. Por eso se había alejado.
—Natsuki. —Shizuru la agarró del brazo. Nunca había visto que sus orejas y cola se tensaran de esa manera.
—Fueron esos desgraciados mal paridos —gruñó. El cuerpo le temblaba del coraje.
Entonces, como la gota que derramó el vaso, sonó el celular de Natsuki. Ahora sí que contestó la llamada. Iban a tener que escucharla.
—Se pasaron de la puta raya —dijo con ganas de escupirles a la cara.
—¿Nosotros?, ¿Qué hay de ti? Solo así tomaste la maldita llamada —dijo su padre.
Su padre…
Él no merecía ese título.
Él no tenía ningún derecho sobre ella.
—¿Qué mierda quieren? —Se estaba controlando para no arrojar su celular al suelo y pisotearlo.
—Creo que es claro —contestó con desdén. Como si le hablase al peor de sus empleados y no a su sangre.
—No tengo ni una sola razón para pisar esa puta mansión —rechinó sus dientes.
—Oh, sí que la tienes. —Él ignoraba por completo las emociones en la voz de su hija—. Vas a venir a la mansión y traerás a esa chica contigo —sentenció.
Con su mano libre, Natsuki le dio un puñetazo a la pared, su puño agrietó el concreto.
—¡Natsuki! —gritó Mai—, Mikoto, busca el botiquín.
—¡Sí! —Mikoto se metió corriendo al departamento. El aroma de la sangre de Natsuki le había terminado de crispar los nervios a todas.
—Si yo no tengo nada que ver con ustedes, ella todavía menos —gruñó tan fuerte que eso debió lastimar su garganta.
—Si ella pretende quedarse con una Kuga...
—¡No soy una jodida propiedad! —Su paciencia ya se había ido al caño—. Y yo no pedí ser una Kuga.
—Pero lo eres —dijo frío.
—Para tu desgracia, ¿no? —echó en cara con un tono de ironía—, pero ella es mi alfa, mía y solo mía, ¿escuchaste, bastardo malparido?
—¿¡Cómo te…
—¿¡Yo!? —Su pecho subía y bajaba tan rápido que parecía que el corazón iba a explotarle, la vena de su cuello palpitaba, y la sangre en su puño no le impedía apretarlo con ganas de soltar otro golpe—. Dijiste que era una inútil para tu sangre. —Shizuru la abrazó por detrás, cogió fuerte su cintura, recargó la cabeza en su hombro—. ¿Y ahora me buscas? Patético pedazo de mierda…
—Kuga Natsuki…
—Ay, al diablo, no soy una mocosa. —Intentó concentrarse en el abrazo de Shizuru, en su tacto cálido, en su respiración en su cuello, en su aroma—. Solo déjenme en paz y aléjense de MI alfa.
—Sabes lo que puede suceder —amenazó su padre.
—Y tú sabes que yo sé más de lo que quisieras —contestó Natsuki.
Colgó la llamada.
Shizuru le quitó el celular de la mano, antes de que lo rompiera y se lastimara con los trozos. Suficiente tenía con su otra mano herida.
Con el buen oído que tenían, todas habían sido testigos de esa conversación.
Mai guardó silencio.
Shizuru pensó un segundo sus palabras.
—Supongo que esto no es denunciable —dijo Shizuru en voz baja. A sabiendas de como funcionaba el mundo para los acaudalados.
Kuga negó con su cabeza. Hacer una denuncia contra sus padres sería una de las cosas más inútiles y peligrosas que podrían hacer. A sus ojos, los padres de Shizuru estaban siendo unos imbéciles, pero los suyos… Los suyos eran crueles.
—Oye, lo arreglaremos —dijo la castaña reforzando el abrazo—, si quieren jugar sucio, no solo ellos saben hacerlo —susurró en su oído.
Ninguna había pensado si quiera en proponer una mudanza. En una situación como la suya, más se tardarían en moverse que en ser encontradas de nuevo.
Por eso la alfa estaba dispuesta a devolver fuego con fuego.
La cosa con aquellos que criaban herederos y luego los desechaban, era que lo que los desheredados sabían, no se borraba de la noche a la mañana.
—¿¡Pero que mierda!? —Nao había llegado corriendo.
—¡Lo encontré! —Mikoto salió del departamento con el botiquín en sus manos—. Oh… —Miró como las demás miraban a Nao—. Tal vez, bueno, quizá yo le avisé por mensaje —murmuró.
—Espera, ¿y a ti que te pasó? —A Mai no se le fue que la pelirroja llevaba su ropa revuelta.
—Eso no importa ahora, ¿que mierda pasó con nuestra puerta?, ¿ahora sí ya nos cargara la…
—¡Nao! —Mai le tapó la boca—. Justo ahora es mejor que ya cierres la boca antes de que a Natsuki le dé un infarto del coraje.
