Shingeki No Kyojin no me pertenece. Mis respetos a su respectivo creador.

[MikAnnie] [18] [Yuri] [Lemmon hard]


Lírica Transversal


Alterno


La casa de dos plantas ya no era solitaria, ya no más, porque la ausencia de ruido no asfixiaba a Annie recordándole lo sola que estaba en el mundo. Ahora había una taza junto a la suya en la alacena. Habían risas y pasos que le hacían saber que ella estaba ahí, que su fantasía más irreal era una realidad y ya no podía pedir nada más.

El calor de un cuerpo contra el suyo todas las noches, los besos delicados y voraces a todas horas, el olor del cabello negro azabache impregnado en su nariz, el perfume de rosa de mayo y jazmín de grosse que utilizaba Mikasa, su manía por levantarse del lado derecho de la cama, de dejar entreabierta la ventana aunque a ella no le gustara. Annie ya la conocía como a la palma de su mano.

Llevaban seis meses viviendo juntas en la casa de la rubia. Mikasa había conseguido un trabajo estable en una empresa de economía y estaba estableciendo su propio negocio de marketing online. Cuando tenía algún día libre, hacía favores a Kenny o a Levi con algún trabajo de "guardaespaldas".

A Annie no le sorprendió cuando su novia le contó la realidad detrás de la fachada del trabajo.

—Así que eras más como una cobradora.—Apuntó a decir la rubia mientras destapaba un tarro de mayonesa para preparar unos sandwiches para ambas. Mikasa, que comía fresas en un bol en la banquilla frente al mesón, se encogió de hombros.

—Algo como eso.

—Dime una cosa. — Annie posó sus fríos ojos en su pareja, con la seriedad que demostraba en los juzgados. Mikasa sabía que venía una pregunta inusual y directa. —¿Alguna vez mataste a alguien? De tu asqueroso tío y tu maldito primo no me sorprendería, pero...

—Si— restó a decir Mikasa, con la misma frialdad en sus ojos grises.—Pero rechazaba ese tipo de trabajos.

Annie reabrió la boca ligeramente, como quien va a decir algo pero olvida las palabras en el último minuto. Mikasa no le miró, más, se levantó de su lugar y fue a lavar los platos. Annie estaba procesando lo que acababa de oír, una parte de ella no se lo esperaba. Sabía que Mikasa era capaz, oh si, pero de ahí a saber que lo había hecho era algo muy diferente.

—No te asustes —aclaró Mikasa a sus espaldas, con voz firme pero en tono bajo —Fue hace muchos años. No tomo ese tipo de trabajos. Además, solía hacerlos con Levi. Ya no importa.

Annie se sonsacó de su sorpresa, espabilándose moviendo la cabeza ligeramente de lado a lado. Despertó. No era tan grave, quiso decirse a sí misma; en su trabajo, había encubierto a clientes que cometieron verdaderos crímenes solo por la paga. Su moral no era precisamente la adecuada para juzgar a alguien.

—Oye, tienes razón, no importa—agregó Annie, girándose para abrazar a su chica y sonreírle. —No voy a enviarte a la cárcel, aunque ahora que has declarado y soy tu testigo... tengo un poco de miedo, ¿sabes?

Mikasa se giró. Era sincera con Annie porque, en el fondo, sentía que las dos eran parte de lo mismo, que habían sido cortadas con la misma tijera. ¿Quién dijera que ahora no podía imaginarse la vida sin esos mechones rubios, esa cara de pocos amigos, tan pálida y fría, los besos rosados y el tacto de Annie? Cuando antes no era capaz de verla ni en pintura.

Las dos compartieron unos cuantos besos entre sí cuando un maullido las extrajo fuera del embeleso.

A metros, mirándolas con altanería, se hallaba una gatita negra de ojos verdes.

—Carajo, Misa, casi lo olvido. — dijo la azabache, escapándose de los brazos de la abogada para ir a tomar una bolsa de alimento para gatos.

Annie suspiró.

Su padre no le había hablado desde hace dos meses, pero la cuota de pago mensual para el asilo llegaba fija a su cuenta. No iba a visitarlo porque el tajantemente había solicitado no verle la cara, pero cada día estaba más enfermo y de acuerdo a los informes de la institución para ancianos, su condición no mejoraba. Estaba considerando seriamente si ir a verlo aunque eso le causara disgusto.

—¿Qué ocurre? —Inquirió a saber Mikasa, volviendo con ella después de haber atendido a la felina, sabiendo por el semblante de Annie que algo rondaba por su mente y la preocupaba. —¿Es por tu padre?

Annie asintió casi sin querer hacerlo y la medio asiática captó el miedo en esta.

—No quiero que vuelva a verme como un pedazo de mierda —Espetó en tono bajo Annie, bajando la cabeza.

—Oye. — Mikasa evitó que la rubia decayera en su semblante, acunando su rostro entre sus manos para elevarlo hacia ella. 'Amor' fue la palabra que resonó en la mente de Annie al tiempo que observaba las pupilas oscuras de su chica.—No eres ningún pedazo de mierda, no digas eso. No quiero oírte decirlo.

Mikasa le plantó un beso corto pero lo suficientemente reconfortante.

Tres meses después de mudarse, Mikasa había decidido comprar un automóvil, un Mazda rojo y parco del año que había sido de su agrado y comodidad desde que tuvo la oportunidad de verlo. Annie también tenía un auto, un Volvo plateado que poco o nada movía de su garage porque su novia estaba atenta sus horarios para ir por ella y a decir verdad, si necesitaba de movilidad, prefería tomar un taxi.

Después de una cansada jornada laboral para ambas y de una cena de macarrones y ensalada cesar, tomaban un baño en la tina del baño privado. Charlaban un poco y si los ánimos eran los suficientes tenían sexo.

Esa noche específicamente, Mikasa estaba ansiosa. Annie había notado su mirada lasciva y pícara que le lanzaba ratos en el auto, sabía que se traía algo entre manos. Cuando estaban desnudándose en el baño y Annie se retiraba el sostén, Mikasa buscó una bolsa de compra sospechosa.

—Tengo una sorpresa—Annie notó las mejillas rosadas de su novia.

—¿Ah si? —Annie movió la cabeza de lado a lado intentando ver que estaba buscando la azabache —Me muero por saber que es.

Annie se quedó perpleja y sus mejillas enrojecieron cuando vio aquella cosa: un dildo doble, negro como la noche y grueso que le causó un escalofrío inmediato a la rubia.

—¿Me vas a meter eso? — Chistó a decir y Mikasa desvió la mirada sopesándose la situación. Annie resopló —Al menos sé gentil, ¿bueno?

En cosa de minutos, el calor se apoderó de las dos. La sesión de juegos dio rienda suelta y luego de besos y lamidas, empapadas por el agua tibia dentro de la tina, la necesidad por sentir aquella cosa penetrándolas era intensa. Mikasa la besuqueó una y otra vez, besó su torso y sus tetas mojadas y casi a la fuerza, le separó las piernas para comerle el coño como tanto le gustaba.

Mientras se lo hacía, Annie posó la mirada en el objeto y vio como Mikasa, cuya lengua no dejaba de empujar y frotar entre sus pliegues, buscaba con la mano izquierda a ciegas aquel dildo. Annie tragó grueso y cerró los ojos. Aquella cosa de material frío la hizo gemir cuando la sintió rozar entre sus piernas.

—¡Ah, Mikasa!

Sollozó apretando los hombros de su novia cuando esta comenzó a introducir el objeto en su vagina. Le dolió un poco, pero Mikasa, chupando su clítoris y empujando de a poco logró meterlo dentro. Cuando Annie se hubo acostumbrado, la azabache reguló las estocadas dentro de ella, en donde el dildo entraba y salía de ella.

—¡Si, si, si!

Chillaba ahora ahogada en placer la rubia, al ver a su chica hacer aquel acto. No se habían dado cuenta en que momento había disminuido el agua de la tina, que estaba casi seca, solo eran presas de verse en ese acto. Mikasa separó sus propias piernas, mostrando su intimidad a la rubia y aproximando esta al otro extremo del objeto que se hallaba dentro de Annie.

—¡Ahg! —Se quejó la azabache cuando lo fue introduciendo. Annie movió las caderas, instigando al movimiento y así, causar que el dildo entrara y saliera de la vagina de Mikasa.

Y poco después, los choques entre ambas y sus gemidos desenfrenados llenaban el espacio del baño, mientras las caderas se sincronizaban para follarse mutuamente con el mismo objeto de extremo a extremo. Se tomaron de las manos, para besarse nuevamente, hasta que en una última estocada las dos alcanzaron un orgasmo mutuo.

Permanecieron abrazadas minutos enteros, hasta que Mikasa se separó y con cuidado sacó el dildo de su interior, para continuar y hacer lo mismo con Annie. Se levantó poco a poco y tomó su toalla, tomó también la de Annie y se la entregó.

—¿Qué te pareció?

—Amor, ¿en qué momento te hiciste tan pervertida?

Mikasa sonrió.

—Es tu culpa.

Esta le dio la espalda y lo último que vio Annie antes de que Mikasa saliera del baño, fueron su par de firmes y bonitas nalgas.


¡Hola! Espero haberles tomado de buena gana. ¿Cuánto tiempo, verdad? Ni yo sabía que algún día iba a escribir algo más de estas dos, tal parece que cada tanto me acuerdo de ellas y de sus escenas.

Yo solo espero que les gustara, como saben, este es un fanfic explícito y demasiado sexualizado. Quería hacer algo más erótico que sexual, pero al final no me apeteció.

¡Feliz viernes!