Capítulo único
El Avatar Aang se encontraba de visita en la Isla Kyoshi junto a sus amigos: la maestra tierra Toph Beifong, la maestra agua Katara y su hermano no maestro Sokka; estaban ahí para que Suki, la novia de Sokka, pudiera visitar su Isla y tuviera suficiente tiempo para alistar, así como reorganizar a sus Guerreras antes de irse a la Nación del Fuego para ver la coronación de su amigo, el futuro Señor del Fuego Zuko, al mismo tiempo queél y Aang daban el anuncio oficial del final de la Guerra de los 100 años y de ese modo dieran inicio a una nueva era en el mundo.
No obstante, nada de esto había pasado todavía. Sokka y Suki estaban con las Guerreras Kyoshi, una actividad que no era del interés particular de Aang, por lo que había intentado ir con las niñas de la Isla. Sin embargo, ellas estaban totalmente fascinadas por una demostración de Metal Control por parte de Toph.
-Lo lamento Pies Ligeros pero estas niñas prefieren a ''La más grande Maestra Tierra de todos los tiempos'' que a ''El Avatar con una flechita en la cabeza'', así que ¡Adiós!- le dijo Toph de manera burlona.
Ante esto, el monje decidió ir a ver que estaba haciendo Katara, quien había mencionado que iría a ver algunas de las antiguas cosas en la Isla. De esa manera se fue a buscarla hasta que la encontró en una habitación rodeada por un montón de cajas.
-Hola Katara.- saludó alegremente el chico.
-Hola Aang,- le devolvió el saludo la morena, volteándose para poder verlo. -no esperaba que vinieras, creí que preferirías quedarte en el pueblo.- añadió con un ligero tono de reproche la chica, el cual habría pasado desapercibido si no fuera porque Aang la conocía muy bien.
-Bueno, las cosas no están tan interesantes como esperaba allí.- dijo un poco torpemente el niño- ¿Qué hay de ti? Pensé que estarías viendo artefactos antiguos de la Isla, no... bueno... papeles.- dijo Aang con un poco de miedo ya que no quería hacer enojar a la maestra agua.
Afortunadamente, esto no sucedió. Katara simplemente se rió suavemente y dijo -Verás, Aang, estos ''papeles'' contienen información de los primeros 10 años de la Isla, incluso hay algunos que fueron escritos por la propia Avatar Kyoshi.- le contó la ojiazul.
-Guau, increíble.
-¿Verdad? Es una lástima que este sitio ya no sea tan frecuentado actualmente.
-Tienes razón. En ese caso, ¿puedo acompañarte?- preguntó Aang sin poder ocultar su emoción.
-Por supuesto- le respondió Katara
De ese modo, ambos estuvieron viendo los archivos por un rato hasta que se encontraron con un extraño libro en una de las cajas. No tenía portada y parecía que llevaba mucho tiempo allí, por lo que a Katara le generaba un poco de desconfianza, aún mas al ver que Aang lo estaba sujetando y se disponía a abrirlo para ver su contenido.
-Aang, creo que no deberíamos tocar ese libro, no me da un buen presentimiento.- mencionó la chica.
-No lo sé Katara, hay algo que me parece familiar en este libro, no sé muy bien como explicarlo. Me recuerda a aquella ocasión en el Templo Aire del Sur cuando estuve con las estatuas de otros avatares. Siento esa misma especie de ''conexión''- dijo el monje confundido
-Entonces, tendremos que ver qué es eso que te parece tan ''familiar''- dijo la morena ahora un poco más segura.
Así, Aang y Katara abrieron el libro y se encontraron con lo siguiente:
...
Me llamo Asha, mi nombre representa algo muy simple pero muy valioso, esperanza. Para el momento en el que estoy escribiendo esto mi vida probablemente vaya a cambiar para siempre, por lo que antes de que eso suceda quiero contar mi historia para que nadie tenga que pasar por algo similar a lo que yo pasé, aunque conociendo la naturaleza humana, veo eso como algo poco probable.
Mis orígenes se encuentran en el Templo Aire del Oeste, un lugar que sólo era habitado por mujeres con el poder de controlar el aire a su voluntad, jugando con la gravedad como si de una broma se tratase. Allí todas nosotras éramos criadas como hermanas (incluso si no compartíamos sangre) y viajábamos a través del mundo, conociendo los sitios habitados por nuestros hermanos y hermanas, ya fueran de nuestra nación o no, de esa forma realizamos viajes al Templo Aire del Este (también habitado por mujeres), así como los Templos Aire del Norte y del Sur (habitados por hombres), en ese último templo conocí a un gran amigo, Aang, quien era un año menor que yo pero que poseía un gran talento para el aire control, la cual era una característica que compartíamos; además de eso era divertido, creativo y amable, por lo que nos convertimos en muy buenos amigos casi al instante. También conocí varios lugares (en su mayoría sagrados para nuestro pueblo) del inmenso Reino Tierra, el continente en el que los fuertes maestros tierra se las ingenian para seguir a pesar de las múltiples dificultades que encuentran en su camino, gracias a su inigualable perseverancia. Los nómadas aire somos muy alabados allí, en parte por lo diferentes que somos entre nosotros, lo cual en vez de separarnos nos une. Del mismo modo, visité las Tribus Agua del Norte y del Sur, donde habitan los maestros agua, quienes se apoyan entre sí sin importar lo que pueda pasar; sin embargo, estas tribus me sorprendieron por lo distintas que son a pesar de su hermandad, aunque más tarde aprendería que justo eso es lo bello de las diferencias. Por último, visité la Nación del Fuego, donde residen los poderosos maestros fuego, quienes se las ingenian para seguir adelante con su inigualable fuerza de voluntad, incluso si eso a veces les causa problemas. En ese lugar también conocí a Akio, un chico no maestro que a menudo recibía criticas de su familia paterna, donde todos eran grandes maestros fuego; no obstante, esto nunca lo detuvo, sino que lo motivó a cultivar sus habilidades en el uso de la espada, entrenando duro para alcanzar su objetivo, y aún así siempre me recibió con una gran sonrisa en su cara, ocultando su cansancio tanto interno como externo para brindarme acogida en su hogar.
Todas estas cosas en cada una de las naciones que visité eran hermosas y únicas, pero todo cambió ese día... Todo cambió cuando la Nación del Fuego atacó.
Hace un tiempo nos habían avisado que la Nación del Fuego estaba haciendo extraños movimientos, por lo que a las niñas nos dijeron que fuéramos al Templo Aire del Este, debido a que el del Oeste se encontraba muy cerca de la capital de la Nación del Fuego, por lo que podrían atacarnos. Esto nos había parecido extraño ya que se suponía que los maestros fuego eran nuestros amigos como el resto de las naciones, entonces ¿Por qué intentarían atacarnos? Había muchas preguntas que las monjas mayores se negaban a responder, así que dejamos de insistir y nos despedimos aceptando sus palabras. Ése sería el arrepentimiento más grande de mi vida. Un día, estábamos contemplando el cielo, que se encontraba de un inusual tono rojizo debido a un cometa que sólo pasaba una vez cada 100 años, por lo que todas lo contemplábamos maravilladas, sin saber el infierno que ese simple cometa desataría unos pocos minutos después.
En un momento determinado escuchamos una fuerte explosión y gritos que provenían del otro lado del templo, rápidamente nos volteamos a ver sólo para encontrarnos con el escenario de una auténtica pesadilla. Una de las torres del templo se encontraba en llamas y las maestras aire que estaban allí escapaban aterradas, mientras que entre las cenizas aparecían un montón de maestros fuego montando dragones e incendiando todas las cosas y personas que encontraban en su camino.
Todas las chicas que momentos antes veíamos el cielo maravilladas ahora corríamos hacia todos lados para intentar escapar desesperadamente de los maestros fuego. Mi hermana y mejor amiga, Tevy, me tomó de la mano y corrimos juntas hacia quien sabe que lugar, ignorando los escombros y... Los cuerpos quemados.
Corrimos y corrimos hasta que chocamos con una túnica naranja que reconocimos como la de una de nuestras mayores, quien rápidamente nos llevó junto con un grupo de niñas menores que nosotras, poniéndome al frente con una simple orden: Volar. Volar hasta que viera una pequeña cueva debajo de las montañas donde nos pudiéramos esconder. Pero, sobre todo: no detenerme ni ver hacia atrás bajo ninguna circunstancia, sin importar lo que yo escuchara o viera, tenía que seguir volando hasta llegar al lugar. Tenía que hacerlo... Pero no lo hice. En un momento escuché una explosión por lo que no pude resistirme y giré, delatando nuestra posición, lo que causó que uno de los dragones disparara a mi lugar, por lo que Tevy se interpuso, recibiendo el impacto que quemó su pecho totalmente, casi cayendo si no fuera porque yo la sujeté y sacando fuerzas que desconocía la llevé conmigo hasta la cueva, donde la recosté e intenté hablarle entre lágrimas, decirle que todo estaría bien y que la curaría... Pero ya era muy tarde. Tevy se me acercó con dificultad y... Me besó. Me contó que me amaba desde hace un tiempo pero que nunca me lo dijo, y entonces yo me di cuenta de que correspondía sus sentimientos, así que le devolví el beso mientras tomaba su mano, iniciando un momento hermoso... hasta que terminó. Pude sentir el momento exacto en el que el agarre de la mano de Tevy se debilitaba y sus labios se despegaban, dedicándome una débil sonrisa empañada por nuestras lágrimas antes de que muriera al igual que todo nuestro pueblo.
Me aferré a su cuerpo toda la noche, cuestionándome cosas como: ¿Por qué? ¿Por qué la Nación del Fuego nos había atacado? Éramos personas pacíficas después de todo. -El Avatar.- penséde repente.- El Señor del Fuego nos mandó a matar para deshacerse del Avatar y asíllevar a cabo lo que sea que quiera hacer.- En esemomentoparecía como si todas las piezas de un rompecabezas calzaran perfectamente. Pero entonces me surgió otra pregunta: ¿Qué sucedió con el Avatar? Se suponía que había nacido entre los Nómadas Aire y las monjas habían dicho que era un niño al que ya estaban empezando a entrenar; entonces, ¿Qué le sucedió? ¿Acaso también murió? Era el Avatar, después de todo; la persona más poderosa de las Cuatro Naciones, ¿No había alguna manera en la que pudo haber sobrevivido como yo hice? ¿O acaso ya toda la esperanza del mundo estaba completamente perdida? Esas preguntas me atormentaron hasta el amanecer, cuando enterré improvisadamente el cuerpo de Tevy. Después de eso hui hacia el Reino Tierra ya que estaba cerca del Templo del Este, tomando unas ropas ''prestadas'' para hacerme pasar por una campesina más, lo cual no fue muy difícil ya que todavía no tenía el tatuaje de flecha que representaba a los maestros aire, por lo que la gente no se fijaba en mí, lo cual era justo lo que necesitaba.
Allí me encontré con mi amigo Akio, quien al igual que yo estaba muy cambiado. Me contó que el Señor del Fuego Sozin había acabado con su familia paterna por no estar de acuerdo con su ideología de supremacía, por lo que él y su madre escaparon al Reino Tierra utilizando sus habilidades con la espada para entrar a un barco como polizones. Ninguno de nosotros sonreía como antes. Era imposible. Akio planeaba ir a un lugar llamado ''Isla Kyoshi'', el cual estaba apartado por lo que él y su madre podrían vivir tranquilamente, o eso esperaban; yo no tenía un rumbo fijo así que fui con ellos. Las mujeres que habitaban esa isla tuvieron dudas sobre Akio al principio, pero finalmente lo aceptaron como hicieron con nosotras, así que ahora somos ''Guerreras Kyoshi''. Guerreras, casi me hacía querer reír amargamente por la ironía de que antes era una monja pacifista y ahora me llamaban guerrera; no obstante, entendí que no puedo aferrarme al pasado, tengo que dejar todo atrás para tratar de ser feliz, eso es lo que ella hubiera querido.
Es por eso que escribo este diario para cerrar esta etapa de mi vida, planeo dejarlo en un lugar que casi nadie visita: la habitación donde están los archivos que contienen registros de los primeros años de la Isla Kyoshi, dentro de una de las muchas cajas que se encuentran ahí, así que no espero que alguien lo encuentre en el futuro cercano, sólo deseo que, si en el futuro lejano alguien lo encuentra, las cosas sean mejores que ahora. Realmente lo espero.
Escribe con esperanzas de un mejor futuro:
Asha, una nómada aire en el pasado y Guerrera Kyoshi en el presente y futuro.
...
Katara no podía decir con claridad cual había sido el momento exacto en el que empezó a llorar, todo lo que sabía con seguridad en ese momento era que se estaba cubriendo su boca por el impacto de la triste historia que acababa de leer, con lágrimas cayendo irremediablemente por sus mejillas.
Sin embargo, consiguió calmarse un poco después, por lo que volteó a ver a Aang. Al verlo estuvo a punto de volver a llorar. El joven monje estaba destrozado, encontrar el diario de una antigua amiga suya y descubrir que había pasado por eventos tan desgarradores fue más de lo que el chico pudo soportar; la morena no había visto a su amigo tan triste desde que habían perdido a Appa en el desierto. Sus ojos estaban mirando fijamente la última página del diario; o al menos eso parecía, ya que en realidad su mirada estaba perdida, derramando lagrimas incontrolablemente sobre la contraportada del libro.
-Aang...-intentó hablarle la maestra agua
-Es mi culpa Katara.- dijo el monje con voz débil - Todo lo que pasó Asha y todos mis hermanos y hermanas es mi culpa, yo les fallé en todos los sentidos. Les fallé como Avatar, como amigo, como monje, como pupilo, como maestro aire.
-Aang, ya hemos hablado de esto, nada fue tu culpa, tú no podrías haber cambiado nada...
-¡¿CÓMO LO SABES?! ¡Si yo hubiera estado ahí tal vez podría haber entrado en el Estado Avatar y detener a esos maestros fuego!- gritó Aang revelando heridas que había ignorado pero que nunca había sanado realmente. La culpa por el genocidio de los Nómadas Aire.- Pero en vez de eso yo desaparecí por 100 años mientras el mundo estaba sumido en una guerra con todos los inocentes, como Asha, que perdieron a seres queridos muy probablemente preguntándose donde estaba su Avatar, quien había escapado por un capricho infantil, dejándolos morir sin obtener jamás una respuesta.- el niño se derrumbó y Katara vió como se empezaban a formar bolas de aire a su alrededor, por lo que se agachó para estar a su altura, preocupada de que todo esto pudiera causar que entrara sin control en el Estado Avatar.
-Escucha Aang, sé muy bien como te sientes. Crees que pudiste haber hecho las cosas de manera distinta si hubieras sido más grande, más fuerte, más poderoso. Crees que si te hubieras quedado a luchar en lugar de huir podrías haber salvado vidas. Te comprendo muy bien porque eso es justo lo que pienso a veces sobre la muerte de mi madre.- En ese momento el brillo tenue que amenazaba con aparecer totalmente en los tatuajes y ojos de Aang desapareció por completo y el niño levantó la cabeza ligeramente con una expresión aún triste para ver directamente a los ojos azules de la chica, sólo para encontrar en ellos la misma tristeza oculta en lo profundo que guardaban los suyos y que trataba de ocultar desesperadamente. Al percatarse de esto la chica continuó casi en un susurro.- A menudo me reprocho a mi misma por haber salido de la tienda en la que estaba mi madre en vez de quedarme para enfrentar a ese maestro fuego. Pienso que si hubiera intentado desarrollar técnicas de combate con Agua Control podría haber detenido a ese hombre o al menos hacer tiempo para que los guerreros de la Tribu llegaran. Pero luego me doy cuenta de que ya no tiene sentido pensar esas cosas; lo que sucedió en el pasado ya no se puede cambiar por mucho que queramos, el hecho de pensar en lo que hubiera sido diferente si tú no hubieras escapado o si yo me hubiera quedado en esa tienda no hará que las cosas cambien mágicamente; Lo único que nos queda por hacer es aceptar nuestro pasado por más doloroso que pueda ser y seguir adelante con esperanzas en el futuro, como las que tenía tu amiga cuando escribió este diario. Estoy segura de que ella estaría muy feliz si viera como finalizamos la guerra ¿No lo crees?- dijo Katara con lágrimas que ya ni siquiera sabía si eran de alegría, tristeza, nostalgia o simplemente una mezcla de todas las anteriores cayendo por sus mejillas, al igual que Aang.
-Tienes razón Katara, gracias y... lamento haberte gritado hace un rato.- dijo el chico apenado por eso último.
-Está bien Aang, te comprendo, yo tampoco tiendo a ser muy amable que digamos cuando se trata de un tema sensible.- dijo Katara.
De esa manera ambos se siguieron mirando el uno al otro en silencio por unos momentos. Pero no era uno de esos silencios incómodos, era un silencio agradable, en el cual se fueron acercando el uno al otro cada vez más hasta que sus caras estaban separadas por pocos centímetros, a la par que sus labios se acercaban y sus ojos se cerraban, estando a punto de besarse...
-¡Hey, aquí están!
...al menos hasta que oyeron la voz de Sokka, por lo que rápidamente se separaron y se sentaron el uno al lado del otro como si no hubiera pasado nada.
-Los hemos estado buscando por una eternidad cabezas huecas ¿Qué hacen aquí?- preguntó Toph disgustada.
-Oh, bueno... estábamos...- balbuceó Aang nervioso.
-Estábamos viendo antiguas cosas de la Isla.- dijo Katara.
-Vaya, les debe gustar mucho la historia, ni siquiera los mayores suelen venir por aquí.- comentó Suki.
-Eh, sí... Nos gusta mucho la historia, jeje- dijo el monje aún nervioso
-Sí, se nota.- dijo Sokka extrañado por la actitud de Aang- Como sea, en unas horas tendremos que partir a la Nación del Fuego así que vayan empacando sus cosas- finalizó el chico del Boomerang.
-Lo que tú digas chico amargado- comentó Katara para molestar a su hermano.
Esto comenzó una de sus clásicas discusiones, lo cual permitió que Aang tomara el diario que estaban leyendo y lo guardara en el bolso de Katara. Muchas más personas tenían que conocer la historia de su amiga Asha para que quedara como una advertencia de algo que no debía volver a repetirse jamás. Él se encargaría de que así fuera.
Fin
Nota de la autora: Bueno, si llegaron hasta esta parte sólo quiero decirles gracias por animarse a leer, espero que les haya gustado.
Esta historia está planeada para ser mucho más extensa, quiero profundizar en la historia de Asha, su infancia, su relación con Tevy, su escondite de la Nación del Fuego y todas esas cosas, pero por ahora esta es una especie de "prueba", ya que había un concurso de cuentos en mi escuela y pues escribí la historia del diario y vique podía sacarle contenido Kataang, así que decidí subirla primero a Wattpad y luego aquí, por lo que espero que les guste, déjenme su opinión, cosas que creen que puedo mejorar y así.
Ahora sin más me despido, tengan un bonito día, tarde o noche.
Bye 3
