Te despertaste con el sonido de la alarma.
Gemiste cansado mientras estibaras el brazo para alcanzar tu teléfono, pero caíste al suelo por el borde dejando salir un grito; intentaste volver a levantarte, pero tu codo choco contra una superficie dura y sentiste como si te electrocutaran el brazo, lo acunaste contra tu cuerpo con una mueca.
Giraste para mirar al techo con un suspiro, analizaste tu alrededor y recordaste que te habías quedado dormido en la sala anoche, la habitación quedo en silencio unos 3 segundos antes de que la alarma volviera a sonar; con el cuerpo adolorido, te levantaste del suelo y fuiste a darte una ducha.
Tus músculos se sentían rígidos y el agua caliente funciono bastante a calmarlos, pero aun así sentiste esa incomodidad en tu nuca. Te miraste al espejo por un segundo e inmediatamente supiste que hoy no sería un muy buen día (debiste suponerlo cuando te caíste del sofá) suspiraste y metiste las pastillas en tu boca.
Tus ojos no se apartaron de la pequeña botella blanca en la esquina inferior del botiquín, la tomaste y la guardaste en tu mochila.
Comiste unas tostadas con jugo y rápidamente saliste de tu apartamento, el viaje hasta el Pizzaplex era de unos 25 minutos, pero gracias al bajo tráfico de esta mañana solo te tomo unos 18 minutos y disfrutaste los minutos extras de paz en el silencioso estacionamiento antes de entrar.
Ingresaste al edificio y fuiste recibido por los robots de limpieza que te saludaban felizmente (crees, aún no descubriste si pueden sentir emociones como los demás) no te cruzaste con los Glamrock como solía pasar, pero supusiste que tenían otras cosas que hacer.
Las luces de neón iluminaban los pasillos y la música baja resonaba en las paredes, todo se atenuaba lentamente mientras te acercabas a la guardería, bajaste las escaleras y viste un borrón de colores moverse rápidamente hasta las puertas, estas se abrieron antes de que tuvieras la oportunidad de tocarlas, el animatrónico hiperactivo te tomo en sus brazos y empezó a girar.
—¡Hoy llegaste 3 minutos más temprano! ¿Tantas ganas tienes de jugar?— dijo alegre mientras frotaba su rostro con la parte superior de tu cabeza.
—Buenos días a ti también, Sunny— dejaste salir una pequeña risa.
—¡Buenos días, Nova!— dejo de girar y te acomodo en sus brazos para sostenerte de las axilas como a un gato.
—¿Nova? Ese es nuevo— sonreíste mientras le dabas unas palmaditas en el brazo para hacer saber que puede bajarte.
—¡Eres igual de brillante como una supernova! Además, tus zapatos tienen el mismo color— dijo mientras te bajaba con cuidado y su placa facial giraba un par de veces.
—¿Entonces voy a explotar?— Sun se quedó cómicamente quieto por unos segundos antes de entrar en pánico.
—¡NO! No quiero que explotes, no es lo que quise decir, pero no hay nada de malo que con las supernovas, ayudan a que se formen otras estrellas, no me gustaría que explotaras como una, sería desagradable y ya no podría verte, te extrañaría demasiado, yo…— dejo de hablar y te miro a los ojos— ¿estás bien?— dijo más suave esta vez.
Por supuesto, sería el primero en darse cuenta de que algo pasaba.
—Sí, no te preocupes, dormí en el sofá anoche y eso no le agrado a mis músculos— explicaste mientras te dirigías al escritorio de seguridad.
—No deberías hacerlo, tienes que dormir en una cama para poder descansar bien o al menos en un lugar más suave— pudiste escuchar un poco del siseo de Moon y sonreíste.
—Lo sé, pero estaba tan cansado que no logre llegar, así que era el sofá o el piso— sus rayos se movieron un poco— vamos, porque no me dices que tienes planeado para hoy.
Eso pareció animarlo y rápidamente volvió a saltar eufórico; lo seguiste por la guardería mientras te contaba todas las actividades que preparo para los niños, viste una gran cantidad de papeles de colores sobre la mesa de manualidades y tomaste uno, lo doblaste un par de veces. Esperaste a que Sun terminara de hablar y se lo mostraste, el animatrónico llevo sus manos a su boca con el jadeo exagerado, lo que te hizo reír.
—¡Es hermoso!— tomo al pequeño dragón con delicadeza y lo giro de un lado a otro para ver todos los pliegues.
—Es tuyo— sonreíste suavemente.
—Muchas gracias, estrella— se acercó y roso tu frente mientras hacía el sonido de un beso.
Cuando la guardería abrió oficialmente, los niños llegaron en manada y a pesar de que hubo más de lo usual, fue bastante tranquilo.
Se supone que no deberías tener favoritos, pero no podías evitarlo cuando se trataba de Emily, una niña de 6 años risueña y juguetona, pero tranquila, no solía causar problemas y por alguna razón a ella le agradas más que Sun o Moon, prefería hacer cosas sola o junto a ti que con los demás niños, una personalidad un poco contradictoria para un niño, pero no eres quien para juzgar.
Siempre elegían un rincón un poco más apartado de los demás, pero aun en el rango de visión del animatrónico que los saludaba cada pocos minutos.
Ahora estaban jugando a las escondidas, uno de los pocos juegos que a Emily le gustaban, ya que no tenía por qué esconderse con los otros niños.
Estabas sumergido en la piscina de pelotas, escuchando los cascabeles acercarse junto a la risa de Sun y de los niños que encontraba por el camino, respiraste lo más silenciosamente que podías; de pronto, dejaste de escucharlo, dudaste un poco, intentaste acomodarte sin moverte demasiado, pero el agudo sonido de los cascabeles llevo tus oídos, las bolas sobre tu cabeza se movieron y dos grandes manos te sostuvieron de la cintura para jalarte hacia afuera de la piscina.
Y Oh.
La repentina luz no te hizo ningún bien.
Parpadeaste varias veces, escuchando a Sun hablar, pero no lograbas comprender lo que decía, reíste un poco para seguirle la corriente, a pesar de tu cuerpo se sintió pasado de un momento a otro y podías sentir la presión creciendo en la parte posterior de tu cabeza. Sun dio un par de vuelta antes de dejarte en el suelo, caminaste rápidamente hasta el escritorio sin parecer sospechoso y buscaste en tu mochila.
Abriste la pequeña botella con las pastillas y te metiste 2 a la boca, tomaste la botella de agua del escritorio, bebiendo rápidamente y suspirando una vez que terminaste de tragar. Estabas agradecido por decidir traerlo, si no puede evitar un ataque, al menos puede atenuarlo; si tienes la suficiente suerte, tal vez incluso ni siquiera Sun lo notará.
Permaneciste sentado en la silla, mirándolos a todos jugar por unos minutos mientras esperabas que el medicamento hiciera efecto, revísate tu teléfono para comprobar la hora y casi era hora de la siesta, bien, las luces se atenuarían y tal vez te sentirás mejor.
Sun te saludo, haciendo señas para que te acercaras a jugar con ellos, pero declinaste amablemente, el animatrónico casi pareció dudar de si debería acercarse a ti o quedarse con los niños, la mirada que te estaba dando definitivamente significaba que te estaba analizando, intentaste parecer lo más normal posible y parece funcionar porque Sun simplemente asintió y volvió con los niños.
20 minutos después, estabas ayudando a Sun para arropar a los niños para apagar las luces, una vez que todos estuvieron cómodos y calientes, te acercaste a la pared y cerraste los ojos antes de presionar el interruptor y dejar que todo se oscureciera, oíste un pequeño sonido metálico y cuando abriste los ojos viste a Moon en medio de los niños.
Mientras te acercabas, podías escuchar la melodía que salía del pecho del animatrónico, una caja musical; esperaron a que todos se quedaran dormidos antes de alejarse un poco y te sentaste en un puf morado mientras Moon simplemente se quedó en cuclillas. La habitación estaba lo suficientemente oscura para que Moon aparezca, pero no para tropezar con los juguetes o con tus propios pies, las protecciones de goma y algunos tapates, así como las pegatinas de estrellas en el techo brillaban suavemente de un tono verde lima o azul claro.
—¿No vas a comer algo?— la voz de Moon llego a tus oídos, suave y algo rasposa como de costumbre.
—No tengo hambre ahora, tal vez más tarde— este solía ser el momento en que comías tu almuerzo, lo tenías en tu mochila, pero de verdad no tenías hambre aún.
—Bien, pero tienes comer en algún momento— dijo el animatrónico, inclinándose para descansar su cabeza contra tu hombro, no dejo caer todo tu peso, eso te aplastaría, solo para que sientas la pequeña presión de su presencia.
Moon no era mucho de contacto físico, ese solía ser Sun, pero supones que lo del escaneo fue verdad y vio que no te estabas sintiendo del todo bien, también puede ser la razón de porque no insistió en que comieras, normalmente no te dejaría en paz hasta que comieras la mitad de un sándwich mínimo y estabas feliz de que no lo hiciera.
Sentiste tus parpados caer y tu cuerpo aflojarse ante el sueño, la caja musical se desvaneció a la distancia y finalmente cerraste los ojos para tomar una pequeña sienta también, en todo caso, si algo pasara, Moon te despertaría de inmediato.
Te despertaste sobresaltado, tu respiración era rápida y a pesar de estar en un lugar suave, tus músculos comenzaban a contraerse dolorosamente, intentaste calmarte, llevaste tu vista hasta los niños, pero no viste a Moon, giraste la cabeza buscándolo. Estás bien, no parecía que fuera tan malo, tu mente estaba clara y a pesar de que los espasmos dolían, no eran muchos ni muy fuertes; hasta que las luces volvieron a la vida dentro de la guardería.
Las luces golpearon tus ojos y te marearon, empezaste a parpadear rápidamente y respiraste pesadamente, te paraste y procuraste no tambalearte mientras ibas hasta el baño de la guardería, escuchaste el sonido metálico y cruzaste miradas con Sun, pero solo le diste una pequeña sonrisa forzada, lo escuchaste decir algo, pero la estática en tu cabeza no te permitía comprenderlo, caminaste más rápido hasta llegar al baño.
Una vez que abriste la puerta, entraste y volviste a cerrarla, esta vez con llave, sabes que no es algo que deberías hacer cuando estás teniendo una convulsión, pero no querías que alguno de los niños entrara y te viera en este estado, tampoco querías preocupar al animatrónico, una vez que el episodio terminara te lavaras la cara, respiraras profundamente, luego saldrás y te diplomarías en tu silla por el resto del día.
El baño era limpio y lo suficientemente grande para que si caías al suelo no te golpearías la cabeza contra el lavabo o algo así.
O eso pensaste.
Ha pasado un tiempo desde que te sentiste así de mal, la única otra vez que habías tenido un ataque aquí fue hace varias semanas y fueron solo unos temblores por lo que pudiste ocultarlos, el medicamento ha estado ayudando a disminuir los ataques, ¿tal vez olvidaste tomar alguno? No, estás seguro de que los tomaste todos, entonces ¿Por qué te sentías así? ¿El medicamento que tomaste antes no hizo efecto?
Tus pensamientos se volvieron borrosos y tus piernas fallaron, caíste en un montón al suelo mientras tu cuerpo se agitaba violentamente, todo dolía, desde las puntas de los dedos de los pies hasta la punta de tu cabeza, tu garganta se contraía y la saliva corría por la comisura de tus labios, escuchaste unos golpes amortiguados por la sangre que corría en tus oídos, ¿era eso tu cabeza? No los sabías.
Solo podías sentir el dolor recorrer cada centímetro de ti, no podías pensar en nada más, las luces parpadeaban mientras tus parpados revoloteaban y tus pupilas estaban dilatadas y desenfocadas. No sabes cuando tiempo duro, no tuviste tiempo de activar el cronómetro de tu reloj, solo sabes que dejaste de escuchar los golpes hace un tiempo.
Una vez que se detuvo lo sentiste todo, estabas agotado y adolorido, las lágrimas y la saliva cubrían tus mejillas, tu frente estaba empapada de sudor, tus pantalones se sentían húmedos y pegajosos, tus extremidades se sacudían cada pocos segundos, pero se iban calmando poco a poco, algo cubría las luces para que no te dieran a la cara directamente y había algo suave bajo tu cabeza, además de que estaban apartando suavemente el cabello de tu rostro.
Cerraste los ojos con fuerza e intentaste moverte, pero una mano te lo impidió, acaricio tu brazo suavemente, apenas una pluma sobre la piel, pero ayudo a que tus músculos dejaran de contraerse.
Una vez que estabas seguro de que no volverías a tener otro ataque, te sentaste lentamente, la mano sostenía tu espalda para que no volvieras a caer y froto pequeños círculos una vez que lograste enderezarte.
Estuvieron así por un momento antes de escuchar una voz suave y cálida, no entendiste lo que dijo, pero su tono calentó tu corazón, aliviando un poco del dolor, tu alrededor aún estaba borroso y decidiste mantener los ojos cerrados, las cálidas manos soltaron su cuerpo y te apoyaste por la pared, te estremeciste un poco por el frío del azulejo, pero no duro mucho. Las manos volvieron al poco tiempo, sentiste algo suave, húmedo y cálido en tu rostro, limpiando el desastre anterior.
Las manos siguieron limpiando tu cuerpo, primero fue la camisa la que se fue, el calor ayudaba a relajarte y quedaste flácido contra la pared, sentiste que levantaban tus brazos y una suave y esponjosa tela te arropaba, los siguientes fueron los zapatos y el pantalón junto con tu ropa interior, la suave tela recorría tus muslos y tu entrepierna, sabes que deberías sentirte avergonzado, incluso un poco violado por esa parte, pero no pudo importarte menos en este momento, envolvieron tu cintura y te jalaron un poco hacia arriba, sentiste una prenda similar a la anterior subir por tus piernas y descansar en tus caderas.
Te sentías tan cómodo, tan cuidado, tan cansado que lo último que sentiste fue como un brazo pasaba por debajo de tus rodillas y te acunaban.
Te despertaste por tercera vez este día.
Estabas rodeado de almohadas, peluches y mantas, la habitación donde te encontrabas estaba oscura excepto por algunas pegatinas que brillan tenuemente, estabas en su habitación; aún te dolía el cuerpo, pero estar en un lugar cálido y suave ayudo a calmarlo un poco, giraste la cabeza hasta que viste un par de tenues luces blancas.
—Hola, estrella— escuches a Moon susurrar lentamente.
—Hola— lo saludaste con una sonrisa, recuerdas las gentiles manos recorriendo tu cuerpo y descubriste que debieron ser ellos— lo siento— dijiste abatido.
—¿Por qué te disculpas? No hiciste nada malo, aunque debemos tener una seria conversación sobre esa puerta— sonó preocupado, tal vez incluso un poco molesto.
—Por causarles problemas, sé que no debería venir a trabajar cuando me siento mal o al menos decir algo, pero no creí que llegaría a tanto— recordar el sentimiento de perder el control total de tu cuerpo te hizo estremecer.
—Aun si no fuera grave, debes decir algo, ¿y si pasara algo peor?— tu pecho se contrajo con la reprimenda, era verdad, ¿Qué hubieras hecho si te golpearas la cabeza demasiado fuerte o tragaras tu lengua? Ni siquiera sabes si lo hiciste y ellos te ayudaron, no sería la primera vez que alguien te salva de asfixiarte.
—Lo siento, yo…— mordiste tu labio y sentiste las lágrimas empezar a formarse— no quería ser una carga para ustedes, pero solo terminé haciendo todo lo contrario— tu garganta se contrajo mientras contenías un sollozo.
—Ay, bebé, está bien, no estamos enojados— se acercó y te tomo en sus brazos, acostándote en su placa del pecho, uno supondría que sería frío y duro, pero era cálido y suave, no tanto como las almohadas pero aún suave.
—Lo siento, lo siento, lo siento— repetiste una y otra vez, Sun no tenía reparos con los apodos cariñosos frente a otros, pero Moon solo lo hacía cuando estaban completamente solos y siempre hacían que tu corazón salte.
Te sostuvo en sus brazos todo el tiempo, dándote pequeñas palabras de consuelo mientras dejabas salir tus lágrimas, apoyaba su rostro en tu cabello cada pocas palabras, sabes que es su forma de dar besos, ya que no pueden mover los labios y solo hacía que te derritieras más en su agarre.
Una vez que te calmaste, lo miraste unos segundos, lo veías un poco borroso por las lágrimas que aún se acumulaban en tus ojos, estaban hinchados y rojos, Moon paso sus pulgares sobre ellos gentilmente.
—¿Cómo lo supo Sun?— preguntaste con la voz ronca por el llanto.
—No te veías del todo bien, ambos supusimos que era por lo de dormir el sofá como dijiste, pero luego del escondite te veías peor y nos preocupamos, durante la siesta te veías incómodo, cuando encendí las luces ya fue el pico, estabas temblando y parecías distante, cuando entraste al baño revisamos tu expediente médico— explico lentamente, su agarre se apretó un poco, pero no te molesto.
—¿No lo habían visto ya?— preguntaste sorprendido.
—La verdad no, no vimos la necesidad de hacerlo, después de todo, tú mismo nos dijiste sobre tus alergias y las ampollas, así que no, no lo hicimos— fingió suspirar— pero olvidaste lo más importante al parecer— te dio una mirada sucia.
—No he tenido ataques por bastante tiempo, solo temblores infrecuentes, ha sido casi 1 año desde la última vez que tuve uno tan malo y entonces solo fue uno pequeño, bueno, tal vez no tan pequeño, pero no fue como el de hoy— ocultaste tu rostro con la manta.
—¿Cuándo fue la última vez que tuviste un temblor?— pregunto preocupado.
—¿Hace como una semana? Las cosas no van tan bien con mi familia últimamente y supongo que fue por el estrés— jugaste con tus dedos mientras lo decías.
—Has estado mordiendo tus uñas— señalo tu mano descubierta.
—Ah, sí, supongo que sí— la miraste un momento antes de ocultarla.
Moon movió sus manos debajo de la manta y tomo las tuyas, acaricio tus palmas suavemente y las acerco para darles "un beso", te sonrojaste un poco, pero no apartaste tus manos.
—Promete que nos dirás la próxima vez— te miro a los ojos.
—Lo haré— y lo dijiste de verdad.
Escuchaste como Moon hacía pequeños sonidos de besos alrededor de tus manos, luego paso a tu cabello y finalmente tu frente; te quedaste quieto, mirándolo por un segundo antes de acercarte y apoyas tu frente en la suya.
Un cómodo silencio se formó entre ambos, abrazaste a Moon y te acomodaste para ocultar tu rostro en su hombro, el animatrónico se reclinó totalmente para que te sea más fácil ubicarte y te rodeo con sus brazos, uno en tu cintura y otro en tu cabeza. Tu cuerpo volvió a perder la poca energía que recupero cuando lloraste antes y ahora exigía un descanso bien merecido.
—Buenas noches, hermosa estrella— escuchaste ambas voces decirlo al mismo tiempo y una sonrisa se formó en tus labios.
—Buenas noches, chicos— susurraste y finalmente cerraste tus ojos.
