Disclamier: Los personajes son de S. M, la historia es de mi autoría.
Sumary: Bella ha regresado después de ocho años a su pueblo natal. A ella no le agrada la idea de su regreso hasta que conoce a los vecinos de sus padres: Una niña de cinco años de edad y su apuesto padre.
¿Qué pasará con estos tres?
pov Bella
Estamos de camino a su casa. Renée no para de hablar sobre los cambios notorios que ha habido en el pueblo durante el tiempo que he estado fuera. En algún momento de la conversación, me he desconectado y sumergido en mis propios pensamientos.
Mi estómago gruñe de hambre; no he comido nada en todo el día y ahora mismo daría lo que fuera por conseguir una dona glaseada y un Au Lait.
— ¿Bella?— Renée me llama para hacerme regresar a la vida real.
— Uhmm ¿Qué? —pregunto, dirigiendo la mirada a ella.
— ¿Estás escuchando, Bells?— cuestiona.
Asiento un par de veces con la cabeza.
— Sí, sí— miento.
Renée se rie y gira la cabeza para poder mirar hacia atrás.
— ¿Entonces qué dices?— cuestiona.
Frunzo el ceño y la miro sin comprender.
—¿ Acerca de qué?— cuestiono.
— Sobre ir a Carlo's a desayunar.
—Ah, sí. Claro — digo.
Ahora mismo no tengo ni una mierda de idea quien pueda ser Carlo's .
Renne asiente, entusiasmada.
— Oh, Bella. Te va a encantar. Hacen unos desayunos verdaderamente deliciosos, ¿ cierto Charlie?
Charlie va concentrado en la carretera, sin embargo asiente ante las palabras de su esposa.
— Entonces vayamos— digo.
Renne se acomoda nuevamente en su lugar y mira a delante, satisfecha porque he cedido.
Luego de algún tiempo en carretera, ella vuelva a hablar.
— ¿Recuerdas la cafetería de Sue?— vuelve a preguntar.
Asiento un par de veces.
— Sí— respondo. Y esta vez me esfuerzo en ponerle atención.
— Hace dos años lastimosamente Sue murió de un infarto, los hijos de Sue no quisieron hacerse cargo de la cafetería y la pusieron en venta. Dos meses después un hombre muy apuesto, por cierto, la compró. Así fue que se convirtió en Carlo's. Cómo dije antes, hacen deliciosos desayunos , y por si fuera poco el mismísima dueño atiende personalmente a sus clientes. ¿No crees que eso habla bien de él.
Me encojo de hombros.
— Supongo que sí— respondo.
Renée continua.
—Todo el pueblo va ahí por lo menos una vez por semana. Aunque, se debe admitir que algunas de las chicas solteras del el pueblo van a la cafetería más de una vez por semana sólo para verlo, Edward es muy apuesto.
No sé el porque , pero inmediatamente la imagen de unas hienas peleandose por un pedazo de carne viene a mi cabeza
Mis labios se curvan en una sonrisa.
Me acomodo sobre el asiento y me inclino hacía delante.
—¿Qué tan guapo es?— pregunto por mera curiosidad. Quizá sea porque me siento aburrida por lo que esté preguntado por el aspecto físico de un hombre extraño.
Renée mira a Charlie de reojo.
—Muy guapo— dice ella.
Charlie suelta un bufido.
— ¿Es casado? ¿Tiene novia?— Eso sale de mi boca antes de que pueda si quiera pensarlo. Si el tipo lleva más de dos años por acá y no tiene novia o alguna esposa... ¿No sería Gay? Y no es que tenga algo de malo serla, cada quien vive su propia vida. Pero, ¿ para que atosigar al hombre?
¡Carajo!
Estoy pensando cosas que no me corresponde.
Renee menea la cabeza, negando.
— No la tiene— confirma— mirándome sospechosamente.
Charlie vuelve a bufar.
— Renee— dice Charlie a forma de advertencia.
Cómo es de esperarse, Renee ignora su advertencia y continúa.
— ¿Te gustaría conocerlo?— cuestiona.
Voy a decirle que en realidad no me interesa. No me interesa conocer a nadie en este pueblo... Aunque debo admitir que me resulta tentador echarle un vistazo , más que nada para comprobar si realmente es tan guapo para que las mujeres de este pueblo estén dispuestos a pelear
por él.
— En realidad... —comienzo a decir, pero Renne interrumpe lo que voy a decir
—Ya lo veras cuando vayamos a desayunar a Carlos y lo veas por ti misma. O también puede que lo veas en casa, es nuestro vecino de al lado—dice complacida.
Hago una cara ante las palabras de Renne y me quedo callada para no agregar más.
Después de quince minutos, Charlie se detiene frente a una casa blanca. Giro la cabeza y observo a detalle. Me sorprendo al reconocerla la casa de la abuela Marie. Me sorprendo al verla pintada de color blanco en lugar de aquel verde oscuro horrible que le gustaba a ella. También el jardín ha cambiado. Ahora, hay una cerca blanca que rodea la casa, incluso, hay un rosal que adorna la cerca de madera.
—¡ Guau!—exclamo con verdaadero asombro.
— ¿Te gusta?— pregunta Renée.
Asiento.
— Se ve muy bien— comento.
Renée mira a Charlie y ambos se sonríen.
Salimos del carro y me paro frente a la casa para mirar sus cambios por otro par de segundos más.
— Nos alegra que hayas vuelto y eso nos hace muy felices — Charlie pasa un brazo sobre mis hombros y me da un ligero apretón sobre estos.
Sonrío con sinceridad y giro mi cabeza para verlo.
— ¿De verdad?—nuevamente hablo sin pensar.
Charlie asiente.
— Es verdad, hija— responde.
Aquello hace que algo dentro de mí se remueva, y los recuerdos de la abuela postrada en una cama de hospital llegan a mi mente. Ella me suplico que no me fuera de Foks, al menos no sin antes arreglar las cosas con Charlie y Renee. No lo hice, en cuanto pude me fui de aquí para alejarme de ellos e ir a la universidad. Sin embargo prometí que algún día regresaría para cumplir mi promesa a la abuela; mi regreso no tenía nada que ver con eso. Aún no al menos.
— Vayamos dentro— dice Charlie. Se separa de mí, no sin antes acercarme un poco más a él y depositar un beso sobre mi frente; aquello me hace sentir algo extraña
—. Iré por tú equipaje— dice y se aleja.
Renee se acerca con Liam en brazos.
—Entremos, Bells— me anima, pasando a mi lado.
Niego y me alejo en dirección a Charlie.
— Sé que no podrá con todo mi equipaje, así que iré a ayudarle.
—Bien— acepta y sigue adelante.
Me dirijo a donde esta Charlie y tomo maleta que está más cerca.
Charlie gime por cargar algo pesado.
—¡Cielos, Bella! ¿ Segura qué no traes una rocas dentro de ellas?—bromea y hace una cara graciosa al bajar una de las maletas.
Me rio de su mal chiste.
—Ahora que lo mencionas...— suspiro dramaticamente—. Fueron unas cuantas.
—¿Enserio?— cuestiona siguiéndome el juego.
—No— rio — Solo son mis cosas, pero para la próxima me encargaré de ponerle un par de ella.
¡¿Porque he dicho eso?
Charlie me mira y sonríe ampliamente mientras asiente.
Cuando mi equipaje se encuentra en el suelo, Charlie se asegura de cerrar el coche. Un minuto después, nos dirigimos a la entrada de la casa.
*Inesperado Amor *
