Ercole, Guido y Ciccio se sentaron en la mesa de un restaurante, el rubio soltó un suspiro de satisfacción mientras estiraba las piernas, era el primer descanso que tenía en veinticuatro horas.
Guido, mientras tanto, trataba de entender qué demonios acababa de ver, seguía sin poder encontrar una explicación a como Luca y Alberto podían transformarse de esa manera, simplemente no podía entenderlo.
Y Ercole, por su lado, seguía pensativo, algo sobre esos dos le resultaba familiar, no sabía con exactitud qué era, solo que sentía que los había visto antes, sobre todo al moreno, esa mirada, ese odio con el que lo vio… era demasiado conocido, lamentablemente, había hecho enojar a muchas personas durante toda su vida, así que la lista era muy larga…
Sería difícil averiguar quiénes eran con exactitud.
Además, ¿Qué demonios hacían esos dos con Apestulia? Ella mencionó que eran amigos de Génova, pero habían pasado años desde la última vez que él estuvo en la ciudad, y no recordaba jamás haber visto a ese chico, ¿no era demasiada coincidencia que hiciera enojar a un tipo de la ciudad, que justamente, era amigo de su archirrival de la infancia? No, a ese otro lo había conocido recientemente, como Giulia, ¿pero de dónde demonios…?
Al principio le pareció una tontería, pero mientras más lo pensaba, más y más sentido tenía, la forma de la cabeza, el cabello, esos ojos…
¿Sería posible? ¿Acaso esas cosas podían hacerse pasar por humanos?
La mesera apareció y les preguntó si estaban listos para ordenar; Ciccio pidió una lasaña, Guido ordenó un spaghetti alla carbonara para no parecer sospechoso, y Ercole una Dorada en papillote, tenía ganas de pescado esa noche.
Guido se percató de ello pero no dijo nada.
Finalizaron la orden con un vino para los tres, y la mesera regresó a la cocina, Ercole aprovechó para ver hacia Guido, quien se puso a jugar con la servilleta para no verlo a los ojos.
—Así que… —empezó Ercole—, que raros esos chicos que vimos, ¿no?
Guido tragó saliva.
—¿En serio? A mí me parecieron normales —mencionó Ciccio mientras la mesera regresaba con el vino y tres copas.
—Sí, no les vi lo raro —le siguió Guido, quizás y pudiera desviar la conversación hacia otro tema, y así Ercole lo olvidaría.
Pero Ercole solo negó con la cabeza.
—No, había algo raro sobre ellos —vio directamente a Guido.
El biólogo tuvo que hacer un esfuerzo por no bajar los ojos, ahora más que nunca, Ercole lo tenía contra las cuerdas, él presentía que esos dos eran en realidad sus sujetos de laboratorio, pero no podía dejar que Ercole confirmara sus sospechas.
—Uno de ellos te hizo frente, Ercole, siempre has odiado a los que hacen eso, es todo —y de paso podía decirle una de sus verdades.
Ercole soltó una risa burlona.
—Tiene razón, Ercole —apoyó Ciccio tras darle un trago al vino—, solo fue un tonto que se creía mucho y ya, deja de darle vueltas al asunto, la comida ya casi está aquí.
Guido sonrió, era bueno ver que, inconscientemente, Ciccio lo estaba apoyando, quizás así consiguieran que olvidara todo el asunto.
Pero Ercole no quería desistir.
—No es solo eso, hay algo en ellos que no me huele bien.
Pero Ciccio ya no lo escuchaba, habían traído el pan y él había empezado a comer, olvidándose de Luca y Alberto, mientras que Guido le dio un trago a su copa, aparentando que no le interesaba seguir con el tema. Pero las sospechas de Ercole ya estaban al máximo, no había visto a Guido así de nervioso, le habían abierto una herida, y él debía presionarla hasta que le revelara lo que quería.
—¿Sabes, Guido? He estado pensando…
Guido bajó su copa y lo miró, era hora de tratar de aparentar naturalidad, Dios, apestaba en este trabajo.
—… jamás hemos visto cosas, como esas dos del laboratorio, ¿verdad?
—Creo que ya había dejado ese punto en claro, ¿no? De hecho, quizás deberíamos volver a enfocarnos en su búsqueda.
—A eso voy, no me interrumpas por favor —agregó Ercole levantando dos dedos, a Guido no le gustó ese gesto—, si estas cosas son así de desconocidas, quiere decir que aún no sabemos mucho de ellas, ¿cierto?
Guido asintió con la cabeza, no le gustaba a donde iba eso.
—Entonces, podría ser que, y esto es solo hipotéticamente, ¿Qué estas cosas pudieran… camuflarse?
Guido sintió un escalofrío por todo el cuerpo, era claro lo que Ercole estaba sugiriendo, tenía que deshacer esas sospechas suyas.
—¿Camuflarse en qué sentido?
—Ya sabes, cambiar para que pudieran, hacerse pasar por otro, algo que no son.
Guido suspiró antes de responder.
—Bueno, juzgando por el color de sus aletas y escamas, mi hipótesis es que deben usarlos para camuflarse con sus alrededores, entre los colores de la flora marina, o quizás entre la misma agua, como te dije, hay muchas cosas que no sabemos sobre ellos, puede que haya otras especies de monstruos marinos, depredadores, así que sería natural que desarrollaran un mecanismo de defensa contra ellos.
Ercole asintió sirviéndose más vino.
—Entiendo, todo suena bien, y tiene sentido, como todo lo que dices, Guido.
Esta vez Guido no se confió, ya sabía las artimañas de Ercole, tenía que hacer todo por desviarlo de cualquier idea que tuviera sobre Luca y Alberto.
—Pero me refiero a un cambio más… drástico, Guido, como digamos que… pudieran hacerse pasar por otra especie.
Si Guido hubiera estado bebiendo se hubiera ahogado, porque justamente había dado en el clavo.
—¿Cómo un hombre lobo? —preguntó, quizás usando un ejemplo así de ridículo lograría que Ercole se olvidará de esa posibilidad.
Ercole sonrió y movió el dedo índice de arriba abajo.
—¡Exactamente! A eso me refiero.
Guido soltó una risa, como si le acabaran de contar un chiste muy bueno.
—Vamos, Ercole —continuó cuando recuperó la compostura—, esas son puras fantasías, historias que nos cuentan antes de dormir, científicamente es imposible que una persona sufra una transformación de esa magnitud.
—¿Lo crees? Porque lo que yo veo, es que acabas de decir que estas cosas son desconocidas, ni tú has descubierto todo lo que tienen para ofrecernos, así que diría que las posibilidades son ilimitadas, ¿no lo crees?
Guido apretó los dientes, ahora usaba sus propios argumentos en su contra, como lo odiaba.
—Sí, Ercole, pero yo hablaba de cosas verídicas, el pensar que estos seres puedan transformarse en humanos es… ridículo, ninguna otra especie puede hacerlo, y dudo que ellos sean la excepción.
Parecía que lo había convencido, pues Ercole dirigió la mirada hacia las calles, a la nieve que caía sobre el suelo.
—¿Es científicamente imposible, Guido?
Guido asintió, sintiéndose más relajado, ahora parecía que Ercole iba a abandonar esas locas ideas.
—Los científicos solo creemos en lo que podemos comprobar, y en todo mi tiempo con ellos, nunca hubo nada que me indicará que pudieran realizar esa clase de cambios.
—¿Ni una prueba?
Guido negó con la cabeza.
—Bueno —Ercole se recargó en el respaldo—, supongo que la ciencia no puede ayudarme.
Guido no se confió de esas palabras, no sonaban a resignación o derrota.
—Tendré que buscar un enfoque más… místico.
Al científico no le gustaron nada esas palabras, la camarera regresó acompañada de un mesero, traía una bandeja con la comida, empezaron a repartirla entre los tres.
—Muchas gracias —agradeció Ercole mientras levantaba su tenedor, luego lo hundió en la carne y se lo llevó a la boca, lo saboreó antes de agregar—: ¿sabes? Siempre me ha gustado el pescado, es tan suave y delicioso.
Nuevamente, a Guido no le agradó el tono que uso.
…
Massimo estaba metiendo los últimos barriles cuando los chicos regresaron, iba a saludarlos felizmente, pero en eso notó que Luca y Giulia estaban sujetando a Alberto, quien venía con una mueca. Los buenos ánimos del pescador desaparecieron.
—¿Qué paso? —preguntó mientras se acercaban.
Giulia soltó a Alberto, el chico ya se había resignado, así que ni hizo el intento por regresar contra Ercole.
—¿Por qué no entras al agua? —Sugirió Luca amablemente—, eso siempre te calma.
Alberto solo asintió con la cabeza, fue un milagro que sus amigos se lo llevarán, porque si hubiera visto a Ercole por más tiempo, lo hubiera asesinado.
—Pueden usar la tina, yo los alcanzó en un rato.
Los dos asintieron con la cabeza y entraron, mientras que Giulia miró a su padre.
—Nos encontramos a Ercole —dijo con un tono de culpa, después de todo, fue su idea salir…
Massimo levantó ambas cejas y dejó caer el barril, miró hacia la colina y luego a la plaza, tras comprobar que no había nadie más, miró de nuevo a su hija.
—¿Crees que lo sabe?
Giulia se mordió el labio, no sabía que responder, Ercole sí pareció reconocerlos, bueno, no como tal, pero pareciera que le dio la impresión de haberlos visto antes, ¿sería posible que lo dedujera?
—No… no creo —respondió, aunque no estaba muy segura sí trataba de convencerse más a ella misma—, digo, ¿tú lo habrías creído si no lo hubieras visto?
Massimo miró hacia el segundo piso, y luego de nuevo a Giulia.
—Para ser honesto, no estoy seguro de creerlo del todo.
Giulia soltó una risa, era verdad, la idea de monstruos marinos transformándose en humanos fuera del agua era muy descabellada, alguien tendría que verlo con sus propios ojos para creerlo, Ercole era un cretino, no tenía imaginación, pero… sería mejor que siguieran con cuidado.
—Voy a ver si necesitan algo —dijo Giulia señalando hacia adentro.
Massimo asintió con la cabeza, Giulia entró pero la voz de su padre la detuvo.
—Giuletta —ella se giró para verlo—, por favor, tengan cuidado.
—Lo tendremos papá, te lo prometo.
Massimo asintió nuevamente, Giulia le sonrió y entró, el pescador volvió a su tarea, le agradaban los chicos, pero empezaba a tener dudas sobre sí tenerlos en el pueblo era la mejor idea.
…
Giulia subió las escaleras y fue al baño, cuando notó que, justo afuera del sanitario, estaban amontonadas las ropas de los chicos, ella las miró sorprendida, se acercó a ellas y las levantó.
—Lo siento, no sabíamos dónde más ponerlas.
Giulia levantó la vista para encontrarse con Luca, venía vestido con su short de algas; ella negó con la cabeza, restándole importancia.
—Las pondré en mi cuarto, en lo que terminan de… —no sabía si «bañarse» era una palabra que hiciera justicia.
—Sí, está bien, la verdad es que Alberto solo quiere estar un rato en el agua, nos ayuda a relajarnos cuando estamos tensos.
Ella asintió con la cabeza.
—¿Está él bien?
Luca se encogió de hombros.
—Es difícil para él controlarse a veces, en especial luego de que… bueno, tú sabes.
Ella asintió con la cabeza, vaya que sabía a lo que se refería.
—¿Puedo hablar con él?
Luca asintió.
—Sí, no es contigo con quien está enojado.
Giulia sonrió, no sabía porque, pero escuchar eso era reconfortante; Luca se hizo a un lado dejándola pasar, Alberto tenía ambas manos sobre el lavabo, y se estaba mirando directamente en el espejo, él también estaba vestido únicamente con su short.
La chica entró lentamente.
—¿Alberto?
—Ya lo teníamos —dijo él con severidad, lo que asustó un poco a Giulia—, podía haberlo vencido.
—Nadie duda de eso, ¿pero qué hubiera pasado después? —preguntó la chica acercándose más—, había nieve por todas partes, si caían sobre ella te hubieran salido las escamas, y créeme que con eso Ercole tendría más que suficiente para venir contra nosotros.
Alberto iba a responder, pero volvió a cerrar la boca, su mirada se suavizó, y miró en su lugar al lavabo, Giulia sonrió compasivamente y le puso una mano en el hombro.
—Sí nos descubrieran, no solo perderíamos la coartada para siempre, sino que hubieran tomado represarías contra Giulia y Massimo —agregó Luca—, quien sabe que les harían.
—Lo más probable es que nos encerraran en una cárcel por el resto de nuestras vidas —respondió Giulia.
Alberto soltó un suspiro y se incorporó, miró a sus amigos.
—Lo siento, de verdad, es solo que…
Giulia lo abrazo.
—No tienes que justificarte, lo sabemos.
Alberto solo suspiró antes de separarse de ella, luego la miró a los ojos y sonrió, Giulia le regresó la sonrisa.
—Gracias, a los dos, por evitar que hiciera una tontería.
—Hey, alguien tiene que cuidarlos —dijo Giulia dándole un amistoso golpe en el brazo, Alberto solo se rió.
Giulia iba a agregar algo más cuando notó algo en el pecho de Alberto, cicatrices, de la vez que Ercole lo torturó en el laboratorio, hizo una mueca, verlas le hizo recordar ese horrible día, una parte de ella deseaba dejar que Alberto consumara su venganza, quería ver a Ercole sufrir, pero no, debían ser mejores que él, y no dejarse ganar por los instintos.
—Vamos, deja te ayudó a preparar el baño —después de una experiencia como esa, sería lo mejor que se relajaran un poco.
Giulia fue a la bañera y abrió la llave, el agua empezó a salir por el grifo mientras ella ponía el tapón.
—Es una pena que no puedas nadar por ahora —mencionó Alberto colocando ambas manos sobre el borde de la tina—, me encantaría enseñarte mis habilidades.
—Sería increíble poder nadar juntos —agregó Luca.
Giulia sonrió melancólicamente, sonaba como una gran idea, pero como el moreno había dicho, bastante imposible con el clima actual, ni siquiera encontrarían una piscina…
A menos que hicieran una.
Giulia levantó la mirada, solo había una pequeña ventana rectangular a unos metros por encima de la tina, fuera de eso solo podía haber fugas por la puerta, y sí…
Giulia cerró la llave, lo que sorprendió a los chicos.
—¿Puedes cargarme en tus hombros? —le preguntó a Alberto, luego señaló hacia la ventana.
Alberto solo asintió con la cabeza, se metió adentro de la tina y luego se agachó, Giulia se sentó sobre sus hombros y Alberto se levantó.
—Trata de mantenerte estable.
Alberto soltó un bufido divertido.
—Por favor, no eres nada para estos fuertes músculos.
Giulia rodó los ojos y negó con la cabeza, ¿qué haría sin su cabeza-hueca?
Cerró la ventana, tras asegurarse de que no iba a abrirse, le pidió a Alberto que la bajara, su amigo obedeció.
—Luca, cierra la puerta por favor.
Él parpadeó antes de obedecer, no sabía a donde quería llegar su amiga, pero estaba interesado en ver el resultado.
—Gracias, ahora toma unas toallas y tapa con ellas ahí, en el espacio que hay en el suelo —señaló debajo de la puerta.
Luca volvió a asentir, fue por las toallas y luego las acomodó, Giulia sonrió, y puso en marcha la parte más importante, abrió ambas llaves y la tina empezó a llenarse.
—¿Qué pretendes? —le preguntó Alberto.
—Ya lo verás —respondió con una sonrisa mientras iba al lavabo y abrió ambas llaves, no pasó mucho para que el agua se desbordara.
—¡Wow! —exclamó Luca.
—En serio, ¿en qué estás pensando? —volvió a preguntar Alberto.
—Tranquilos —respondió ella tomando a cada uno de la mano, el agua de la tina también empezó a desbordarse—, ahora mismo solo estamos los tres, juntos.
Era una idea arriesgada, quizás esta vez hasta su papá se enojara, pero nunca volverían a tener la oportunidad para hacerlo, y después de lo que acababan de vivir, necesitaban un poco de tranquilidad.
Los chicos iban a agregar algo más, pero entonces sintieron los pies mojados, miraron hacia abajo y notaron que estaban transformándose, el cuarto empezaba a inundarse.
—¡Wow! —Luca empezaba a comprender lo que Giulia tenía en mente—, ¡estás demente, Giulia!
Ella soltó una risa.
—Lo aprendí de ustedes —se rió mientras se agachaba, extendió ambas manos sobre el agua, y usando todas sus fuerzas, los salpicó.
Los chicos se rieron mientras sus cuerpos se transformaban, luego se miraron entre ellos, sonrieron y asintieron; se acostaron y rodaron en el suelo para transformarse por completo, tras eso se levantaron, y con sus colas le echaron un chorro de agua que mojó a Giulia por completo.
—¡Oigan, eso no es justo! —respondió ella mientras les más salpicaba.
Los chicos se rieron mientras se mojaban entre ellos, el baño cada vez se inundaba más y más.
…
Massimo estaba en la cocina, preparando la cena cuando la primera gota le cayó en el hombro.
—¿Pero qué…? —Preguntó mirando hacia arriba, entonces notó que había al menos seis goteras, levantó ambas cejas, ahora que escuchaba con más atención, se oía el agua desbordándose…—, ¿Giuletta?
No obtuvo respuesta, así que se apresuró a subir las escaleras.
…
El cuarto ya estaba bajo el agua, tan solo la lámpara del techo había quedado seca, y menos mal ya que no querían electrocutarse, por suerte el agua lograba salirse por los bordes de la ventana, evitando así que llegara hasta el nivel del techo. Giulia tenía su cabeza a pocos metros de este, Luca y Alberto aún tenían sus rostros fuera para estar a la misma altura.
—¿Lista? —Preguntó Alberto.
Giulia sonrió asintiendo, tomó aire y se sumergió cerrando los ojos, volvió a abrirlos, los chicos estaban mirándola fijamente, ambos sonriendo, ella hizo lo mismo, aún no sacaba el aire, podía aguantar hasta un minuto antes de empezar a hacerlo.
El cabello rojizo de la chica flotaba, moviéndose hacia los lados, Luca sonrió al notarlo, le recordaba a los corales del océano, era bastante hermoso.
Giulia se sentía algo extraña, ya se había acostumbrado a las formas humanas de sus amigos, pero verlos nuevamente como eran en realidad, la hacía sentirse aún mejor, extrañaba las aletas, las escamas y las colas, por más extraño que sonase, simplemente amaba esa parte de sus amigos.
Alberto empezó a nadar a los alrededores, incluso si este espacio era todavía más pequeño que el de la piscina del laboratorio, aquí se sentía libre en verdad, sin cadenas ni hostilidad, además de que amaba la compañía.
Dio una vuelta alrededor de ellos, Luca se rió mientras que a Giulia se le escaparon unas burbujas, esta era la primera vez que lo veía moverse con tanta libertad, era magnifico, como ver a un nadador profesional en una piscina, estaba en su elemento.
Luca notó que Giulia seguía con la mirada a su hermano, y eso le dio una idea, nadó hasta quedar encima de ella y luego se asomó para verla, de tal modo que el quedó como si estuviera de cabeza; Giulia volvió a soltar unas burbujas de la boca cuando lo notó, a lo que Luca se rió y dio una vuelta completa por encima y por debajo de ella. Giulia trató de seguirlo pero se mareó un poco, a lo que los chicos no pudieron evitar reírse un poco.
Cuando Giulia se recuperó miró a ambos retadoramente.
«Ah, con que quieren jugar, bueno, es hora de que vean que los humanos también tenemos lo nuestro».
Sin perder tiempo, la chica fue hasta el otro extremo del cuarto, Luca y Alberto se miraron sin saber lo que quería hacer; Giulia apoyó las piernas sobre la pared, y luego se impulsó hacia el frente, braceó nadando en estilo crol, desafortunadamente, el baño no era tan grande, así que en dos braceadas ya había llegado hasta el otro muro, pero fue suficiente para los chicos, quienes nadaron por debajo de ella; Luca asombrado por su técnica, siempre se había preguntado cómo los humanos nadaban, pudo observar que, al no tener cola, se apoyaban en sus brazos y piernas para impulsarse, era interesante; a Alberto no le sorprendía tanto, después de todo, ningún humano podría jamás superarlos en el agua, pero tenía que admitir que su amiga era… buena.
Giulia se detuvo para mirarlos, señaló con un dedo hacia arriba, y los chicos supieron que quería, aún podía aguantar debajo del agua, pero quería decirles algo.
Los tres sacaron las cabezas a flote.
—Y bien, ¿qué opinan? —les preguntó.
Luca le dio dos pulgares arriba.
—Nada mal, para ser un humano —respondió Alberto.
Giulia sonrió y le salpicó un poco más de agua, Alberto se rió y volvió a sumergirse, no pasó mucho hasta que Giulia sintió cosquilleos en sus pies.
—¡Alberto!
Bajo el agua, el chico nadaba alrededor de ella, y con su cola tocaba suavemente los pies, solo que ese roce era suficiente para hacer sentir cosquillas.
—¡Ya verás!
Giulia volvió a hundirse tras de él, al estar sumergida notó que el chico estaba de brazos cruzados y silbaba, ella fue contra él y puso su brazo alrededor de su cuello, obviamente no metió presión, simplemente lo apretó un poco.
—¡Oh no, auxilio! —replicó Alberto juguetonamente mientras se movía hacia los lados—. ¡Luca, sálvame!
Luca fue con ellos, al ver la escena movió a cabeza hacia los lados, se acercó y colocó una mano sobre la de Giulia, la chica se detuvo y lo miró, a pesar del escándalo, Luca estaba sonriendo, estaba feliz de poder estar ahí con ellos.
Giulia sonrió y liberó a Alberto, pero inmediatamente tomó su mano, después de lo que pasó con Ercole, era obvio que tenían que irse, aún sin ese incidente, mañana sería la última noche en la que el cambio sería posible, después de eso sería imposible disimular, sus horas juntos estaban contadas.
Al recordar eso se entristeció un poco, estaba a nada de despedirse de lo mejor que le había pasado en la vida, era algo injusto, después de esto volvería a ser la misma niña solitaria de siempre…
No.
No debía pensar eso, quizás su separación fuera cercana, pero de nada servía preocuparse por ello ahora, debía disfrutar el tiempo que les quedara juntos; se acercó a los dos y los envolvió en un abrazo, a estas alturas se había vuelto un cliché, pero no le importaba, amaba la cercanía con esos dos.
Luca y Albero se miraron por encima de los hombros de Giulia, ambos se mandaron sonrisas tristes, sabían lo que significaba, estaban conscientes de lo mismo que la chica, pronto sería hora de decir adiós, una parte de ellos estaba feliz por volver a casa, y ver a su familia, pero la otra… se entristecía al saber que Giulia no podría acompañarlos.
—Siempre vamos a ser amigos —dijo Luca, mientras Alberto y él respondían al abrazo.
Giulia los apretó más fuerte.
…
Massimo caminaba apresurado hacia el baño, Machiavelli estaba afuera de la puerta, viendo como el agua salía por los bordes del marco y debajo de este, parecía que estaba haciendo un esfuerzo por resistir.
—¿Giuletta? ¿Giuletta? —preguntó Massimo acercándose, puso una mano sobre el picaporte y abrió.
Una catarata fue liberada, el agua salió por todas partes mojando todo a su paso, Machiavelli soltó un grito y salió corriendo.
El agua siguió corriendo, pero ya en menores medidas, cuando estuvo más controlado Massimo se asomó dentro; los chicos, en su forma anfibia, estaban dándole la espalda mientras abrazaban a su hija, su rostro estaba en medio de los dos.
Giulia sabía que un regaño la esperaba, pero no le importaba, aceptaría la culpa y el castigo, pero su padre no parecía enojado, simplemente… confundido, Massimo abrió la boca pero no se le ocurrió nada que decir, la escena simplemente era…
Extraña.
Así que solamente retrocedió lentamente, y volvió a cerrar la puerta.
