El viejo jardinero Toggam revisaba un gran arbusto en medio del camino que cruzaba la colina. Era una labor rutinaria que llevaba a cabo todos los días. Inspeccionar el tamaño de las nuevas setas, verificar posibles plagas, recoger las hojas y ramas caídas, regar y limpiar... estas eran tareas más exigentes de lo que la mayoría podría imaginar. Toggam lo sabía y se reía para sí cada vez que algún poni hacía bromas al respecto.

Después de estudiar durante varios minutos un arbusto ornamental en forma de osos que simplemente podría describirse como perfecto, procedió a cortar un par de ramitas que sobresalían de uno de sus extremos.

"¡PERFECTO!" exclamó Toggam, ahora convencido y lleno de orgullo, en medio del camino.

Pero a su éxito no hubo ninguna respuesta. No había ningún poni cerca para admirar su trabajo, y no se esperaba la llegada de ninguno por el resto de la mañana.

Toggam suspiró, agotado tras sopesar el inmenso silencio que lo rodeaba. Sabía que no era el único poni trabajando en esa mañana. Otros se habían levantado incluso más temprano que él para comenzar sus labores. La alcaldesa, el servicio de mensajería, la intachable directora Starlight... Toggam no estaba solo.

Aun así, anhelaba la compañía de alguien. Alguien a quien pudiera llamar compañero de trabajo, o incluso un aprendiz sería suficiente... alguien a quien pudiera mostrar la vida que conocía y amaba.

Otro suspiro. El solitario Toggam se ajustó el sombrero y comenzó a silbar. No tenía sentido dar muchas vueltas al asunto en sus pensamientos. Pronto terminaría sus labores de la mañana y regresaría a casa con su familia. Después de todo, era un día festivo.

Mientras el viejo jardinero acomodaba alegremente las hojas cortadas para cargarlas en costales, un tenue brillo llegó desde el otro lado del horizonte.

"¿Uh?" Toggam detuvo su silbido y miró confundido en dirección al castillo que se encontraba a la distancia. Pero no encontró nada inusual. El edificio se veía tan magnífico como siempre. Entonces... ¿Lo había imaginado?

Una brisa pasó suave a su alrededor.

Toggam, un poni terrestre ignorante en temas de magia, pero experto en plantas, notó algo inusual y se puso en alerta.

Las plantas se habían callado.

Toggam aguardó inmóvil en medio del camino, envuelto por un silencio abismal.

Pasaron segundos, pasaron minutos.

Por fin, Toggam se movió. El cielo, las plantas, la naturaleza en general parecieron recobrar su ritmo diario. Incluso el sol, que asomaba tímido entre las nubes aquella mañana, pareció recobrar su auténtico brillo.

¿Qué había sido eso? Toggam no lo sabía, pero tenía un mal presentimiento. Cosas asombrosas y peligrosas solían ocurrir en aquellos lugares.

Con una prisa redoblada, Toggam juntó las hojas y demás restos de plantas. Pero cuando se dispuso a abrir el costal donde metería todos esos desperdicios, encontró algo inusual dentro... una flor rosa.

"Oye, pequeña, ¿cómo llegaste aquí?" habló jovial Toggam a la flor, acercando su cabeza para verla más de cerca.

La respuesta de la flor fue fulminante.

El cuerpo de Toggam, que se había inclinado hacia el interior del costal, se contorsionó y comenzó a rodar por el suelo. Poco a poco, la figura del poni se hundió dentro del costal que lo devoraba hasta que finalmente desapareció entre el montón de hojas y ramas que él mismo había juntado.

Nadie oyó su último grito desesperado en medio del camino.

/-/

Era un día maravilloso para pasear a las afueras de Ponyville, especialmente si se trataba de una fecha especial como el Festival de las Dos Hermanas. Sandbar, que se encontraba admirando la bella pradera frente a él, no podía evitar pensar en cómo estaría transcurriendo la mañana para su familia, que seguramente se encontraba preparándose para viajar a Canterlot y participar en el festival.

Durante esas fechas, solía despertarse temprano para preparar los almuerzos de sus padres, tíos, abuelos y otros familiares que venían a visitarlos para realizar el tradicional viaje familiar. Siempre tenía el cuidado suficiente para asegurarse de que cada uno recibiera el alimento adecuado.

"Espero que mamá no le haya preparado un sándwich de espinacas al abuelo; él es muy alérgico a la espinaca..." recordó preocupado Sandbar mientras estaba sentado en su silla de ruedas.

De repente, una fina taza de té servido en un plato apareció frente a él, con un aroma delicioso que indicaba que estaba en su punto para ser bebido de inmediato.

"Gracias, Yona. Es muy generoso de tu parte", dijo Sandbar, más animado, tomando la taza de té. Detrás suyo, Yona sostenía la silla de ruedas en la que estaba sentado.

"Yona está aquí para ayudar al amable amigo Sandbar a recuperarse. Sandbar ayuda a amigos cuando están en mal momento. Yona no olvida y ayuda ahora", respondió Yona con una gran sonrisa.

"Realmente aprecio mucho este gesto, Yona..." respondió Sandbar, tomando el té.

"Por favor, chicos, no sigan, voy a llorar", dijo una voz detrás de ellos. Del otro lado del camino que cruzaba la pradera, venía Gallus con sus características cejas afiladas, no muy lejos se encontraba Ocellus leyendo un libro mientras caminaba.

"Yona, deberías tener más cuidado al empujar la silla de ruedas de Sandbar. Es un equipo muy delicado del hospital", reprendió Ocellus sin levantar la mirada de su libro.

"Yona emocionarse un poco al adelantarse en el paseo con amigo Sandbar", respondió Yona algo preocupada.

"Descuida, todo está bien, Ocellus", añadió Sandbar.

"¿Te preocupa más la silla de ruedas que Sandbar? Podría haberse caído de la silla, ¿sabes?" dijo Gallus, tan mordaz como siempre.

"No lo creo, Gallus. Conociendo a Sandbar, debió recordarle a Yona todas las medidas preventivas para transportar correctamente una silla de ruedas para ponis, así que estoy segura de que no se habría caído. Por otro lado, es muy lindo de tu parte que te preocupes tanto por Sandbar como lo hace Yona por él", respondió Ocellus con una sonrisita, cerrando su libro de golpe y devolviéndolo a su alforja.

"¡Gracias! Es lo que siempre hago por mis leales amigos. ¿Dónde están esas tortugas?" preguntó Gallus volteando hacia atrás.

"¡AAAAAAH!" gritó en el aire Silverstream, quien era perseguida por Smolder. Ambas llegaron volando desde atrás y empezaron a dar vueltas alrededor de sus demás compañeros. Smolder acosaba a su amiga con una varilla que tenía en un extremo un Orquídea Pulpo frito bañado en mayonesa. Silverstream, incapaz de quitarse a Smolder de encima, se escondió desesperada detrás de la gran Yona.

"¡Oh vamos, eso no vale!" protestó Smolder, incapaz de seguir persiguiendo a su amiga.

"¡Claro que no vale! ¡No estoy jugando! ¡Aleja ese monstruo de mí!" suplicó molesta Silverstream detrás de Yona.

"Ya dejen eso. Amigos asustar a Sandbar" reclamó Yona molesta, cubriendo a Sandbar en su silla.

"Solo estoy jugando con Silverstream, Yona, ¡de verdad!" respondió Smolder, agitando la varilla con el exótico bocadillo.

"¡Yo no estoy jugando contigo!" gritó molesta Silverstream.

Al ver que la discusión de sus amigas no iba a ninguna parte, Ocellus decidió intervenir.

"Smolder, deja de jugar así. Recuerda que el doctor recomendó mantener un ambiente tranquilo cerca de Sandbar", reprendió Ocellus, señalando el creciente pánico en Sandbar, que no podía apartar la mirada del Orquídea Pulpo frito que sostenía Smolder.

"Bueno, bueno, está bien, pero creo que superará más rápido su trauma haciéndole frente", dijo Smolder, dándole un buen mordisco a su crujiente bocadillo.

"¿Tienes más de esos?" preguntó con interés Gallus desde un costado.

"Sí, aquí tienes", dijo Smolder sacando otro bocadillo de algún lugar detrás de sus alas y dándoselo a Gallus, quien no perdió tiempo y también empezó a disfrutar alegre del delicioso pulpo frito.

Ocellus y el resto de sus compañeros solo ladearon la cabeza con desaprobación. A un lado, Sandbar aún temblaba.

"Yona cuidar de Sandbar. Arañas feas no lastimar nunca más a amigos", dijo Yona con una mirada decidida y golpeando el suelo con una de sus patas delanteras.

"Sí, Sandbar, ya pasó todo. ¡Todos los Orquídea Pulpo ya fueron eliminados de la escuela y el pueblo! Ya no volverán a meterse dentro de tu cabeza y obligarte a hacer cosas malas. Solo debes dejar en el pasado esos feos recuerdos de cómo se arrastraban sobre ti con sus pegajosas ventosas y cómo buscaban introducir sus tentáculos en cada uno de los orificios de tu cuerpo."

Sandbar cerró los ojos y tragó saliva. Después de unos segundos, solo atinó a responder: "Mejor continuemos ...", dijo con una falsa sonrisa de estar mejor.

"Estoy de acuerdo, debemos darnos prisa. La mañana ya termina y ya casi llegamos", asintió Ocellus hacia sus amigos. En el horizonte, ya era visible el magnífico castillo de cristal que resplandecía bañado por la luz del sol.

Sin perder más tiempo, los Young Six continuaron su camino hacia el castillo de Twilight.

/***/

El castillo de Twilight, nacido de un cofre-semilla, era un castillo con un diseño particularmente diferente a cualquier otro que se conociera. Tenía torres, ventanas, una gran puerta y muchas habitaciones en su interior como cualquier otro castillo, pero su estructura hecha de un solo cristal mágico y una base que se elevaba en el suelo como un árbol le daban un aspecto único.

Su entrada contaba con unas escalinatas, también hechas de cristal, que se elevaban poco a poco hasta su gran puerta.

Precisamente en aquel momento, Sandbar, Yona, Gallus, Smolder, Silverstream y Ocellus se encontraban subiendo esas escalinatas para reunirse con la directora Starlight.

"¿Realmente creen que está bien hacer esto?" preguntó algo preocupada Silverstream cuando el grupo por fin llego a la gran puerta del castillo.

"A qué te refieres, Silvi," respondió Sandbar.

"A pedirle otra vez a la directora Starlight que nos permita hacer un viaje de graduación..."

"¡Que nos permita, dices!" reclamó Smolder. "Somos los mejores alumnos de la primera promoción de la escuela de la amistad. Como mínimo, debería permitirnos viajar hasta el gran norte."

"¡Eso es verdad! Merecemos algo más que solo una ceremonia de graduación o un viaje. Después de todo, con lo que tuvimos que lidiar durante la plaga de los calamares come cerebros que atacaron la escuela, deberían construirnos un monumento," respondió Gallus hinchando el pecho.

"No fuimos a la escuela para aprender a convertirnos en héroes, Gallus. Fuimos a la escuela para aprender sobre la amistad," dijo Ocellus con firmeza, volteándose para ver a sus compañeros. "Pero tienen razón. Hemos pasado por muchas cosas en el último año, merecemos una auténtica actividad especial para conmemorar nuestra amistad y nuestro tiempo en la escuela. Debemos expresarle a la directora Starlight lo importante que es para nosotros este viaje y cómo nos ayudaría a concluir esta valiosa fase de nuestras vidas."

Así dijo Ocellus buscando infundir ánimo en sus amigos, pero no todos compartían el mismo entusiasmo...

"Directora Starlight no estar de acuerdo con el gran viaje de graduación de amigos", señaló Yona con una expresión preocupada.

"Lo sé, Yona. Por eso mismo estamos aquí. Creo que está cometiendo un error. El viaje es importante para nosotros y es la conclusión justa de nuestros estudios. Entiendo que la escuela esté pasando por un mal momento después del desastre reciente, pero no por eso debería privarnos de esta oportunidad..."

"Aunque ya se lo hemos pedido muchas veces desde que lo suspendió... quizá esta vez se moleste un poco más que la última vez", respondió Silverstream, visiblemente nerviosa.

Todos eran conscientes de que la última reunión con la directora Starlight había sido tensa sobre este tema. Ella misma les había pedido que no insistieran más hasta después del Festival de las Dos Hermanas. Sin embargo, los Young Six habían escuchado rumores de que la directora ya había terminado de preparar el presupuesto escolar para el próximo año, y este no incluía el tan esperado viaje.

Preocupados por lo que podría estar sucediendo, el grupo de amigos decidió reunirse y presentarse ante la directora para "solicitar" que el viaje no fuera cancelado.

Por supuesto, actuar de esta manera iba en contra de los acuerdos previos que habían tenido. Ademas que estaban actuando en base a solo rumores. Ocellus entendía muy bien esto, pero sentía que no tenían otra opción.

"Debemos asumir el riesgo" declaró Ocellus con determinación hacia sus compañeros.

En ese momento, las puertas del castillo comenzaron a abrirse de par en par.

Fue repentino; Ocellus se sobresaltó y el resto de sus compañeros, en pánico, intentaron ocultarse en vano detrás de la imponente figura de Yona. Hasta ese momento, no habían coordinado exactamente qué le dirían a la directora Starlight durante esa inesperada visita.

Pero eso ya no importaba. Las puertas del castillo terminaron de abrirse, revelando la figura de un unicornio.

La directora de la Escuela de la Amistad, Starlight Glimmer, les dirigió una larga mirada. No se veía molesta, pero tampoco feliz. Su estado de ánimo parecía tan tranquilo como un fino hielo en primavera.

"Bien, ¿qué tenemos aquí? Un changeling, un hipogrifo, un dragón, un grifo, un yak y un poni... Definitivamente no son los invitados que estaba esperando", dijo Starlight, moviendo su casco hacia ellos.

Ocellus carraspeó con un gran sonrisa, intentando mantener la calma. Era extraño que la directora los llamara por el nombre de su especie, pero dadas las circunstancias, podía intuir que la situación no era tan favorable como aparentaba.

"Buenos días, directora Starlight. Sentimos molestarla tan temprano, pero..." comenzó a hablar Ocellus, tratando de medir sus palabras lo mejor posible. "... nos gustaría conversar con usted sobre algunos asuntos de la escuela..."

"¿Qué asuntos?" preguntó Starlight cortante, con las cejas inclinadas.

Aquello no era una buena señal. Ocellus reunió todo el valor que tenía dentro de sí y se resolvió a decir lo que había venido a hablar junto a sus amigos.

"El asunto sobre el estado actual del viaje de graduación para los primeros graduados de la Escuela de la Amistad del próximo año", respondió Ocellus con firmeza.

Detrás de ella, el resto de sus compañeros parecía susurrar cosas como: "¡Bien dicho, Ocellus! ¡Así se habla!", etc.

La directora Starlight pareció captar la determinación de Ocellus y, tras unos segundos de intercambiar miradas con la changeling, finalmente apartó la mirada.

"Bueno, está bien. No es un buen momento, pero los escucharé. Entren y acompáñenme a mi la sala de reuniones", dijo Starlight con evidente desinterés y comenzó a avanzar de vuelta al castillo.

"Gracias, directora Starlight, esta oportunidad es..." respondió Ocellus agradecida pero repentinamente cortó sus palabras.

Algo anormal comenzó a sucederle a la figura de la directora Starlight. Su cuerpo, que hasta ese momento se veía sólido, empezó a fluctuar como si se tratara de un reflejo en un espejo, volviéndose translúcido por momentos. Los desconcertados Young Six intercambiaron miradas de extrañeza ante este fenómeno.

Ocellus, que había estudiado los conceptos fundamentales de la magia, comprendió rápidamente de qué se trataba.

"Una proyección ilusoria", murmuró involuntariamente.

El holograma de la directora Starlight notó entonces la sorpresa del grupo de jóvenes y se volteó con una sonrisa.

"Sí, así es, Ocellus. Esto es una proyección ilusoria. No se preocupen, como les dije antes, no es un buen momento. Ahora mismo estoy muy ocupada como para siquiera atender la puerta, así que mandé esta ilusión. Eso no les molesta, ¿verdad?"

"No, para nada, directora Starlight. Somos nosotros quienes deberíamos disculparnos por interrumpirla en un día como este..."

"¡Perfecto! Vamos, ¿qué esperan? Entren", dijo animado el holograma de la directora, y con un paso más rápido, avanzó por el pasillo principal del castillo.

Atrás, los Young Six dejaron de lado sus dudas y finalmente también ingresaron al castillo.

/***/

El holograma de la directora Starlight se desvaneció frente a una de las numerosas puertas del largo pasillo donde se encontraban los Young Six. Si alguno de ellos pensaba que el castillo era más grande de lo que se veía por fuera, ciertamente estaría en lo correcto, pero en ese momento ninguno pensaba en algo como eso.

Ocellus suspiró intentando aclarar sus pensamientos. Solía ponerse muy nerviosa antes de una reunión, y aunque había aprendido a manejarlo durante sus estudios en la escuela, aún había momentos en los que le resultaba difícil concentrarse debido a la ansiedad.

"Si tan solo tuviera una taza de té..." pensó con nostalgia Ocellus, recordando las clases de paz espiritual con la profesora Fluttershy.

Repentinamente, una milagrosa taza de té apareció frente a ella.

"¡Gracias, Yona, me leíste la mente!" exclamó agradecida Ocellus a su amiga y, sin perder un segundo, comenzó a beber el té.

"No estés tan nerviosa, Ocellus, estamos contigo", la animó Sandbar junto a Yona.

"Lo que quiere decir que solo miraremos mientras tú expones", repuso Gallus encogiéndose de hombros junto a Smolder.

Ocellus frunció el ceño ante ese indiferente comentario, pero lo dejó pasar. Gallus tenía razón en cierto modo. Dado que la reunión trataba de convencer a la directora de que no cancelara el viaje de graduación, Ocellus había planeado hacer una exposición mostrando un plan de financiamiento propio para compensar los posibles gastos del viaje. Aunque este plan lo había preparado con sus compañeros días atrás, solo ella tenía un conocimiento completo de todo lo que involucraba.

Pedirle ayuda a sus amigos para que la apoyen en la exposición probablemente solo haría más pesada la tarea e incrementaría las posibilidades de que algo se dijera mal o no se entendiera. Por otro lado, si la cancelación del viaje era por factores no económicos, entonces sería el momento de brillar para sus amigos.

"Eso no es asi, Gallus. ¡Todos estamos juntos con la marea!" exclamó entusiasmada Silverstream.

Ocellus sonrió, eso era justo lo que quería oír.

"Bien, vamos", se dijo Ocellus a sí misma y a los demás. Sin más que añadir, devolvió la taza de té a Yona y abrió las puertas de la habitación.

Una gran habitación ovalada se mostró ante los Young Six. No era tan grande como el Salón del Mapa, pero estaba ampliamente llena de estantes de libros en sus extremos, y en el centro se encontraban cuatro grandes mesas atiborradas de documentos de trabajo. Esta habitación era la biblioteca privada de la directora Starlight, la cual había sido adecuada para su uso personal poco después de mudarse a vivir en aquel castillo.

Precisamente frente a una de las mesas menos congestionadas, se encontraba la mismísima directora Starlight, recostada en un elegante sofá mientras revisaba con suma concentración unos documentos.

Ocellus y el resto de sus amigos avanzaron hacia la mesa de la directora, pero antes de que pudieran decir algo, ella habló:

"Vaya, de verdad se toman muy en serio esto de la amistad. Si querían reunirse conmigo para hablar sobre el viaje de graduación, con uno de ustedes habría bastado", dijo la directora con una extraña sonrisa sin apartar la vista del documento.

Los Young Six se miraron entre sí. Entonces, Ocellus fue la primera en responder.

"Lo sentimos si le estamos importunando, pero si desea que esté presente solo uno de nosotros..."

"No, así está bien. Solo espero que no se hagan los tontos y se pongan a cantar tomados de las colas para intentar convencer de no cancelar el viaje".

"¿Eh?" fue la abrupta respuesta de todos ante ese comentario 'inesperado' de la directora.

Un incómodo intervalo de silencio se alzó en la habitación. Desde su asiento, la directora Starlight parecía no importarle en absoluto la reacción que estaban teniendo sus invitados. Por otro lado, los Young Six, aún impactados por lo anterior, no sabían qué responder, incluso Gallus se veía sorprendido.

"¿Estará molesta o algo?" pensó Ocellus preocupada. No recordaba cuándo había sido la última vez que la directora les había hablado de esa forma; definitivamente, no era el buen comienzo que esperaba.

La directora Starlight finalmente dejó a un lado su pergamino y se acomodó aún más en su sofá. Después de darles una larga mirada acompañada de una sonrisa traviesa, dijo: "¿Qué ocurre? ¿Por qué tan serios? ¿Acaso no les gusta las bromas?"

"¡Haa, era una broma! ... buena esa, directora Starlight", respondió Silverstream de repente, como si saliera del shock en el que estaba. Lo mismo pasaba con sus compañeros, que de repente también estaban de acuerdo con ella.

Ocellus suspiró exhausta.

"Espero que eso haya roto la tensión que tenían. No tienen que ser tan formales conmigo ahora; no estamos en la escuela. Además, ya casi no son más mis alumnos..."

Los Young Six mostraron expresiones mixtas de preocupación. La escuela pronto acabaría para ellos... y después...

"... Dejando eso de lado, creo imaginar que piensan proponerme. Yo también tengo una propuesta que darles, pero quiero escucharlos a ustedes primero. ¿Bien, quién empieza?" preguntó Starlight sin rodeos.

Ocellus avanzó segura delante de sus compañeros. Tenía que agradecer el buen juicio de la directora Starlight; su anterior comentario le había ayudado a relajarse más de lo que le había ayudado el té de Yona. Ahora tenía claro lo que tenía que decir.

Las puertas del salón se cerraron, y el momento decisivo que Ocellus había estado esperando toda la mañana comenzó.

/***/

Las puertas de la gran habitación en la que se encontraba la directora Starlight se cerraron nuevamente, dejando fuera a los confundidos Young Six.

¿Habían tenido éxito o no? Ocellus miraba la puerta con una sensación de extrañeza.

"¿La directora siempre está tan ocupada en días festivos?" preguntó Silverstream.

"No realmente, la he visto holgazanear en varias ocasiones. En cualquier caso, es una buena oportunidad para nosotros, ¿no les parece?" respondió Smolder con una sonrisa a sus amigos.

El grupo de jóvenes asintió animado ante el inesperado giro de acontecimientos.

Después de escuchar a Ocellus, sobre las preocupaciones del grupo y la propuesta sobre los gastos del viaje de graduacion, Starlight dio por terminada la reunión con un gran "veremos". Esto obviamente resultó ser insuficiente para todos ellos, así que la directora les propuso algo más: estaba dispuesta a darles esa misma noche una decisión final sobre el viaje de graduación siempre que le hicieran el gran favor de cuidar del castillo por ese día. Esto se debía a que tendría una reunión muy importante con el Canciller Neighsay en lo que restaba de la mañana y necesitaba asegurarse de que nadie la interrumpiera (en especial cierta consejera estudiantil).

Era un pedido algo extraño, pero considerando que no había ningún guardia de seguridad disponible y que ninguno de ellos tenía planes para la tarde, accedieron sin pensarlo demasiado.

La directora Starlight nunca fallaba a su palabra, y la ventana para tener su gran viaje de graduación aún estaba abierta.

"Bueno, ¿qué estamos esperando? ¡Pongamos este sitio a prueba de invasiones de inmediato!" propuso Gallus de buen humor elevándose en el aire.

"¿De invasiones?" repuso Ocellus, saliendo de sus pensamientos.

"¿No escucharon a la directora? Ella no quiere ninguna interrupción, así que asegurémonos de eso. Vayamos al puesto de seguridad y activemos todas las capas de defensa del castillo", continuó Gallus claramente emocionado.

"¿Sabes dónde está? ¡Escuché que puedes colocar una barrera mágica alrededor y también trampas mortales!" dijo Silverstream también entusiasmada por la idea de Gallus.

"Eso no es todo, también tiene cámaras de seguridad implementadas en todo el lugar. Y un almacén de comida en caso de emergencia, quiza también debamos verificar cómo se encuentra..." continuó hablando Gallus, pensando en las tiras de carne seca que había visto en el almacén la última vez que había visitado el castillo. Detrás de él, el resto de sus compañeros lo seguía ansioso por conocer más.

Solo Ocellus se quedó atrás, aún pensativa por lo ocurrido...

("¿Estoy imaginando cosas...?") pensó Ocellus, recordando el inusual comportamiento de la directora Starlight durante su exposicion. ("Era como si improvisara, como si no fuera ella misma...")

"¡Ocellus, no te quedes atrás!" reclamó Silverstream.

"¡Esperen, chicos!" respondió Ocellus sobresaltada, dejó atrás sus preocupaciones y se dispuso a alcanzar a sus amigos. Quizás solo lo estaba pensando demasiado...

/-/

El cuerpo del viejo jardinero Toggam cruzaba un puente de camino a Ponyville.

Sí, únicamente se trataba de su cuerpo; el resto de su conciencia se hallaba aislada en un rincón oscuro de su mente. Una entidad hostil y parasitaria había tomado el control de él.

Un Orquídea Pulpo, pero si Ocellus estuviera presente y lo examinara con más detalle, añadiría que era un ejemplar adulto muy desarrollado y de un rango superior de su raza. Sería correcto llamarlo entonces Royalnopsis Orquídea Pulpo, también conocido como Royalinda.

A Royalinda le importaban muy poco los nombres que le dieran; ella solo tenía un objetivo...

"CEREBRO... PONYVILLE... CEREBRO... PONYVILLE..." murmuraba con espuma en la boca el zombi Toggam. Detrás de su cabeza, la cefalópodo apretaba sus ventosas contra la cabeza del poni. Pronto, su afilado pico provisto de una púa succionadora llegaría al cerebro de su presa, y se haría del control total de aquel cuerpo.

Este improvisado alimento era solo el primer paso para ella. Semanas atrás, todos sus compañeros de la colonia habían sido erradicados por los ponis durante la invasión inicial de su gente. Ella, que tenía un desarrollo más lento pero una inteligencia muy superior, se había mantenido al margen, observando desde las sombras. Ahora, que los ponis habían bajado la guardia y había recopilado suficiente información de sus líderes, era el momento propicio para iniciar un nuevo plan de invasión.

Tomaría el control de la alcaldesa durante esa noche, luego, en la semana, de Sweet Apple Acres y sus habitantes. Poco a poco, esparciría agentes encubiertos en todas las familias del pueblo mediante la venta de manzanas. En solo un mes, Ponyville estaría bajo su control; después, repetiría los mismos pasos en la capital y las ciudades cercanas. Finalmente, antes de que acabara el año, toda Equestria sería suya.

Estos eran los oscuros y ambiciosos planes que la diminuta pero maligna Royalinda había trazado.

Así, con el paso torpe pero indetenible de su cautivo anfitrión, muy pronto cruzaría el puente y llegaría a un pacífico mundo al que hundiría en una era de sombras y esclavitud.

"¡Nadie en Equestria podrá detenerme! ¡Ni los ponis, ni los dragones, ni cualquier otra raza! ¡El mundo entero se arrodillará ante su nuevo gobernante supremo! ¡Seré imparable! ¡JAJAJAJA!"

"¡A UN LADO!" se escuchó un grito de repente. Trixie, que corría veloz como una carreta sin frenos, pasó de largo por el puente arrollando todo a su paso. El zombificado Toggam se quedó atrás dando vueltas por la embestida hasta finalmente caer al río como un titere abandonado.

"¿Qué fue eso?" se preguntó a sí misma Royalinda, sin entender lo que había pasado. Un momento antes estaba en lo más alto de sus sueños de conquista y ahora se encontraba empapada debajo del puente.

Sin perder tiempo, Royalinda comenzó a revisar la mente del zombificado Toggam. La imagen de un rostro y silueta perfectamente reconocibles llegaron a sus pensamientos. De inmediato, una emoción llenó todo su cuerpo; sus capilares rosa y fucsia se hincharon en un tono azulado y púrpura que palpitaba en ondas por toda su piel gelatinosa.

Furia... mucha furia inundaba a la cefalópodo Royalinda.

El rostro de la unicornio que la había embestido era el mismo que había vislumbrado la primera vez que emergió en el mundo. Era la poni que la había cuidado con tanto amor desde que era solo un huevo. La misma poni que le había prometido un destino grandioso y jurado que ambas estarían juntas hasta el final...

La misma que la abandonaría a ella y a sus hermanos en un pantano, a merced de las bestias, el frío y la soledad.

Era esa misma despreciable unicornio...

Un chillido, que era casi un grito que solo los peces podrían oír, se escuchó debajo del puente.

Los planes de dominación mundial podían esperar.

Había un objetivo personal más importante que debía cumplir primero.

Royalinda abandonó el cuerpo de Toggam con un salto similar al de una fiera que carga sobre su presa. Atrás en el río quedó el poni, que ahora le era solo un estorbo. Siseando y con ojos inyectados de tinta púrpura que reflejaban la ira y sed de venganza que la dominaban, corrió entre las plantas haciendo uso de todas sus extremidades, del mismo modo que una araña haría con sus patas. Fugazmente desapareció en medio del follaje.

Una diminuta e insospechada sombra cruzaba por la tranquila pradera a orillas del camino rumbo al castillo de Twilight.