Mientras tanto, en el pequeño balcón al aire libre en lo alto del palacio, para ser más precisos en la zona del harem, Takeru y sus hermanas, Alice y Rika, se encontraban tomando té.
—¿Dónde estuviste esta mañana hermana?— Takeru le preguntó a la pelirroja— No te vi en toda la mañana, pregunté por ti y me dijeron que saliste temprano, me preocupé por ti.
—Fui al palacio viejo...—Comentó Rika.
—¿Al palacio de lágrimas?— Cuestionó Alice.
Rika asintió.
—¿Qué fuiste a hacer ahí?— Preguntó Takeru.
—Fui a ver a nuestras sobrinas.— Respondió Rika— Esmahan, nuestra sobrina, hace unas semanas cumplió doce años.
¿Qué?
¿Doce años?
—¿Esmahan? ¿La hija mayor de Kouji?
—¿La hija de nuestro hermano?— Agregó Takeru.
Rika asintió.
Alice hizo una mueca al escuchar esto.
Era difícil hablar de aquellas personas que pertenecían a su familia y que por la pelea del trono dejaron atrás.
—¿Y?— Preguntó la rubia— ¿Fuiste solo por eso?
Rika alzó una ceja y observó seriamente a su hermana—¿No debería?
—Pues...—Alice intentó dar una razón suficiente— Son hijos de un príncipe fallecido, que no ascendió al trono, y que frente a todos no es bien visto.
Takeru se sorprendió ante esto—¿Por qué no es bien visto?
—Porque le hizo la competencia a nuestro sultán actual.—Respondió Alice.
Rika hizo una mueca— Nuestro hermano no es mal visto, Kouji siempre es recordado con buenas intenciones.—Comentó— Así como Ryouma...—No dudó en hacer mención del hermano completo de la rubia.
—Bu-bueno, tal vez no, pero ¿por qué darle tanto énfasis a sus hijas?— Preguntó Alice— Después de todo, solo son nietas del antiguo sultán, no hijas, su parentesco es bastante lejano.
—No es lejano, te guste o no, ellas son hijas de nuestro hermano...—Declaró la pelirroja— Y pertenecen a nuestra dinastía.
Takeru asintió— ¡Pues claro! Llevan nuestra sangre.
Alice hizo una mueca, verdaderamente odiaba recordar que Şehzade Kouji tenía su sangre, después de todo, él fue quien mató a Ryouma ¡Su hermano completo! Y por culpa de eso, su madre, fue exiliada al palacio de lágrimas donde no duró mucho tiempo y acabó con su vida.
—Las sultanas ya están sangres...—Comentó Tk— Por la tradición de nuestra familia, dentro de poco tendrá edad suficiente para casarse.
Rika asintió— Sí.
Curiosamente, su sobrina ya era una mujer, tenía todo para casarse y darle descendientes a su esposo.
—Supongo que, como dicta la tradición, deberán ser Bey de bajo estatus...—Comentó Alice— Después de todo, no son parientes completos de su majestad.
—Tu tampoco eres pariente completo de su majestad.—Musitó Rika— Y mírate, estas casada con Daigo Pashá, hombre de confianza de su majestad.
Alice hizo una mueca ante esto— Lo mío es diferente.
—¡No lo es!— Sentenció la pelirroja seriamente— Somos parte de una misma dinastía.
Takeru sintió la tensión entre sus hermanas.
Hizo una mueca, para nadie era un secreto que, ambas nunca llevaron bien. Pero a estas alturas de sus vidas verdaderamente esperaba que si lo hicieran. Lo mejor era intervenir.
—Hermana querida, yo sé qué hace décadas no veo a mis sobrinas, pero si vas algún día nuevamente al palacio viejo me gustaría acompañarte.—Declaró el rubio.
—Bueno, hermano...—Respondió Rika.
—Y, aprovechando.— Dirigió su mirada hacia su servidor— Ken, por favor, dile a las esclavas que me traigan joyas de plata.
Ken asintió— Sí mi príncipe.—Fue así como hizo una reverencia y salió del lugar.
—¿Joyas de plata?— Preguntó la pelirroja.
—Me gustaría enviarle algunos presentes a la sultana Esmahan, le pediré a unos sirvientes que vayan a dejarlos.
Rika sonrió y tomó la mano de su hermano menor— Ella estará feliz con tu presente.
Quizás, el destino los colocó en bandos diferentes, pero eso jamás quitaría los buenos recuerdos que tenía de su hermano Kouji y sus hijas.
Alice hizo una mueca y se levantó de su lugar— Permiso, me retiraré. Mi esposo llegará en breve y quiero tener todo arreglado para su regreso.
—Que tengas buena tarde hermana...—Musitó Takeru.
La rubia sonrió—Gracias. Tú igual.— Fue así como volteo hacia la puerta y salió del lugar.
—No puedo creer que el pueblo tenga tan mala imagen de mí.—Declaró Yamato mientras ingresaba a la sala del trono luego de su visita al pueblo.
—Mi sultán, no les haga caso, ellos simplemente son plebeyos que no saben valorar lo que usted hace por el imperio. Solo se preocupan de cosas pequeñas.— Comentó Daigo Pashá.
—No son cosas pequeñas, son varios disgustos...—Respondió Yamato mientras masajeaba su cien—Sin mencionar que, no puedo creer que el dinero que mandé a repartir por el nacimiento de Thomas ¡No fue repartido! Se supone que eran dos monedas de oro por persona, y presentes para mis hombres de confianza, pero el pueblo no recibió nada.
El esposo de Alice se mordió el labio inferior ante esto, jamás esperó que el sultán se enterara de esto, sí todos repartieron dinero entre ellos, a sus espaldas, haciendo todo lo posible por pasar desapercibidos.
—Debe ser un malentendido.— Declaró el pashá— Usted ordeno que el dinero fuera repartido para el pueblo, nadie se atrevería a desafiar sus órdenes, de seguro fue un malentendido.
—Está claro que no fue un malentendido.—Respondió Yamato— Acaso ¿no escuchaste? No fue solo en una zon del pueblo ¡Fue en varias!
—Debe haber una explicación para esto, mi sultán. Tal vez hubo algún error en la distribución o alguna interferencia inesperada en el proceso. Pero estoy seguro de que podemos rectificarlo y asegurarnos de que el pueblo reciba lo que se le prometió —propuso Daigo Pashá, intentando calmar la creciente preocupación de Yamato.
El sultán asintió, aunque su expresión seguía mostrando una mezcla de frustración y determinación.
—Debemos resolver este problema lo antes posible. No puedo permitir que el pueblo siga descontento. Necesito saber quién está detrás de esto y tomar medidas para asegurarme de que no vuelva a ocurrir —declaró Yamato con firmeza.
Daigo Pashá asintió en acuerdo.
—Entiendo, mi sultán. Haré todo lo que esté en mi poder para investigar lo sucedido y asegurarme de que se haga justicia. Pero debemos ser cautelosos y actuar con prudencia para evitar cualquier situación que pueda empeorar las cosas.
Yamato asintió, consciente de la importancia de abordar el problema con cautela.
—Verdaderamente no entiendo como esto pudo pasar.— Comentó tomando asiento en su trono—¿Puede ser que, mi orden, no se haya entendido bien?
—Puede ser.— Respondió Daigo Pashá—Taichi debería saber de esto, después de todo, todas las órdenes que usted da pasan primero por él.— Declaró— Él es quien informó al tesorero imperial, o eso creo.
—Sí.—Respondió Yamato— Pero dudo que él haya tenido algo que ver, porque, a diferencia de otras veces, la orden que di no fue en palabras, fue por escrito envié un veredicto real firmado por mí, con sello, Taichi simplemente fue a informarle al tesorero y le entregó el veredicto.
—Puede que no...—Comentó el peliverde— Pero sí me sorprende que él no supiera de esto, pero él y sus sirvientes están a cargo de las situaciones que ocurren en el pueblo, ellos debieron informarle de esto ¿no?
Sí, en eso Daigo Pashá tenía razón.
—Eso no cambia que, la orden principal no fue correcto.—Declaró el rubio— ¡No puedo creer que el oro haya sido distribuido por los pashás de alto rango? ¡Era para el pueblo!
—Lo bueno es que el príncipe Takeru se hizo presente en el pueblo, repartiendo monedas de plata, ayudando y atendiendo a sus necesidades.
Yamato hizo una mueca ante esto.
"Takeru se hizo presente en el pueblo"
—No sabía que mi hermano había realizado todas esas acciones.— Comentó el rubio.
—Han sido buenas. Aunque, disculpe, mi sultán, pero ¿no fue eso lo que dijeron los pashás?— Preguntó Daigo— Que el príncipe estaba siendo amado por el pueblo.
Yamato asintió.
—¿Qué opina de eso?—Cuestionó el peliverde.
El rubio se mordió el labio inferior, la verdad es que tenía muchos sentimientos encontrados con respecto a esto, por un lado, era bueno que el pueblo lo amara, pero por otro lado era preocupante. Takeru era un príncipe, tenía derecho al trono, si el pueblo lo amaba más que a él, podía traerle un problema con el consejo que no aceptaba que no cumpliese la ley de fratricidio.
—Prefiero omitir comentarios.— Respondió el rubio.
Con eso, Daigo supo todo, era evidente que esto le causaba controversia al sultán. Y no era para menos, si Takeru se hacía popular, sería un problema.
Alice merecía saber esto
Takeru salió de los aposentos de su hermana, Rika, en dirección a sus aposentos, pronto sería su cita con Hikari, debía estar preparado. No habrá avanzado mucho cuando justo la joven hermana de Taichi apareció frente a sus ojos.
—Mi príncipe.
—Hikari. — Pronunció su nombre, Takeru se acercó a ella y besó su mano.
La castaña observó a todos lados esperando que nadie hubiese visto eso.
—¿Estás lista para nuestra cita?
Hikari hizo una mueca— Lo siento Takeru, pero no será posible.
—¿No? — Cuestionó el rubio— ¿Por qué?
—Porque Taichi este día lo tiene libre y quiere pasar tiempo conmigo. — Respondió la castaña.
El príncipe alzó una ceja— ¿Día libre?
Hikari asintió— Salió de improviso, o algo así, lo único que sé es que Taichi quiere estar este día conmigo.
El oji-azul hizo una mueca, él había preparado un agradable pasatiempo, secreto, para ambos, al ir a la torre más alta del palacio.
—Lo lamento, sé que habíamos acordado estar juntos hoy, pero…
—No te disculpes mi hermosa Hikari. —Takeru la interrumpió— Entiendo que quieras pasar tiempo con tu hermano.
La puerta de los aposentos de Alice se abrió y en el lugar apareció Daigo Pashá.
—Mi esposo.— La rubia se levantó del sofá y caminó en dirección él para tomar su mano— ¡Al fin llegaste! Estaba preocupada por ti.
Daigo besó suavemente sus nudillos.
—Dime ¿cómo te fue con Yamato en el pueblo?
—Fue una experiencia interesante, querida. Tuvimos algunas conversaciones importantes y pudimos recopilar información valiosa sobre las preocupaciones del pueblo. Yamato está comprometido a abordar estos problemas y mejorar las condiciones para todos en el reino.
Alice asintió con atención, interesada en lo que su esposo tenía para contar.
—Me alegra escuchar eso. ¿Hubo alguna novedad en particular que destacara durante tu tiempo con Yamato?
Daigo reflexionó por un momento antes de responder.
—Bueno, hubo algunas sorpresas. Al parecer el sultán está enojado, porque se enteró que el dinero que mandó a repartir para el pueblo no fue distribuido en los plebeyos, sino que fue distribuido entre los pashás.
—¿Qué?— Preguntó Alice— Debe ser una broma.
Daigo tomó asiento el sofá y desabrochó su abrigo.
—No lo es.
—Pero ¿cómo rayos lo supo?—Cuestionó la sultana preocupada.
—Los aldeanos se lo dijeron.—Respondió Daigo mientras desordenaba su cabello.
—¿Los aldeanos?—Cuestionó la rubia— ¿Cómo es posible? Ellos no tenían idea de eso.
—Eso creímos.—Contestó el peliverde— Pero, al parecer, si lo sabían.— Comentó— Y, sin saberlo, se lo hicieron saber a su majestad.
—¡Oh no!— Exclamó la hermana de Yamato— Eso no es bueno.
—Será cuestión de tiempo hasta que, el sultán, sepa quién fue el autor de todo.
Alice hizo una mueca— ¡No podemos permitir eso!
—¡Pues claro que no! Si es así, tendríamos problemas, después de todo, gran parte del dinero esta en nuestras manos.
La rubia llevó una mano a su mentón— Mmm...Necesitamos que los pashás que involucramos en esto, se mantengan en silencio.
—Tú me mencionaste que, eran fieles a ti ¿no?
—Sí, lo son.—Respondió Alice— O bueno, eran fieles a mi hermano, Ryouma...—Comentó— Sin embargo, en esta posición que estamos, no sé si preferirán mantenerse callados por nosotros o ser leales a Yamato.
Daigo frunció el ceño, pensativo—Debemos asegurarnos de que su lealtad siga siendo para nosotros.—sugirió con una mirada de determinación en sus ojos.
Alice asintió, comprendiendo la gravedad de la situación—De acuerdo, tendremos que reunirnos con ellos lo antes posible y recordarles dónde está su verdadero interés.
La hermana de Yamato, preocupada, se acercó—Pero ¿cómo podemos estar seguros de que no traicionarán frente a Yamato?
—Debemos darles una razón para que permanezcan leales.—respondió Daigo— Una promesa de recompensa o protección adicional podría ser persuasiva.
Alice asintió, pero una sombra de duda cruzó por su rostro—Aunque eso podría aumentar nuestras deudas.—murmuró.
Lamentablemente, si ofrecían recompensa, perderían parte de lo que ganaron gracias a ese dinero que no se repartió en el pueblo.
Lo cual no le gustaba mucho, después de todo, dinero era lo que más necesita. Luego de la muerte de su hermano Ryouma en la lucha por el trono, ella quedó en la miseria, heredando deudas de su madre que intentó a diestra y siniestra ganar apoyo para que su hijo no muriera, sin embargo, no funcionó y para más remate se endeudó en triple cuando quiso construirle una tumba digna.
—Es un riesgo que debemos correr.—intervino el peliverde— Nuestra prioridad ahora es asegurarnos de que nadie nos delate.
La rubia asintió, decidida—Entonces, preparémonos para reunirnos con los pashás y asegurarnos de que entiendan las consecuencias de romper su lealtad.
Con eso, el grupo se puso en marcha, consciente de que el tiempo apremiaba y que la estabilidad de su posición dependía de su capacidad para controlar a aquellos que habían sido involucrados en sus maquinaciones.
Mimi se encontraba hecha un atado de nervios al no tener a su hijo, pensar en que estuviese lejos de ella la preocupaba en gran manera, ya que la sultana madre decía quererlo, pero ella tenía favoritismo por la sultana Sora ¿Qué ocurría si le hacía daño a Thomas?
Además, estaba molesta por las actitudes de la madre sultana y la esclava de Sora.
¡No podían tratarla así!
Ella era una sultana, dio a luz al hijo del sultán, no merecía ser tratada de esta forma.
—Mimi, por favor, deja de caminar de un lado para otro. — Rogó Airu.
—No puedo. — Respondió la castaña— Estoy preocupada por mi hijo.
—La sultana madre no le hará daño. Es su nieto.
—Es su nieto, pero ella es fiel a Sora…—Habló Mimi— ¿Qué ocurre si, le pide que lastime a mi hijo? ¿Te imaginas que Sora le haga algo a mi hijo y Natsuko en vez de defenderlo, decida, justificar a Sora?
—Mimi, entiendo cómo te sientes, pero Natsuko jamás dejará que le hagan daño a uno de sus nietos. Thomas es sangre de su sangre.
—Lo siento, pero no puedo estar tranquila…—Declaró— Solo me tranquilizaré cuando Thomas esté conmigo, yo soy la única persona con la cual estará seguro.
—Mimi, por favor, cálmate…—Rogó la rubia— Tus nervios afectara aun más el problema de tu lactancia materna.
Mimi hizo una mueca.
Odiaba esta situación
Necesitaba ver a su hijo.
Justo en ese minuto un grito se escuchó en el lugar.
—¡Atención! La sultana Rika está aquí.
Mimi alzó una ceja ante esto y rápidamente se detuvo en su lugar colocándose en posición para hacer reverencia a la hermana de Yamato.
Las puertas se abrieron en par y a los segundos apareció la sultana de extraordinarios ojos lilas.
—Sultana Rika. — Mimi pronunció su nombre.
—Mimi. — Rika observó seriamente a la joven.
—¿Qué hace aquí?
—Vengo a ver a mi sobrino. — Respondió la pelirroja— Thomas.
Mimi hizo una mueca ante esto.
—L-lo siento, mi sultana, pero no será posible.
—¿no? — Preguntó Rika y frunció el ceño— ¿Por qué no?
—Porque Thomas no está aquí. — Contestó la castaña.
¿Qué?
La hermana de Yamato observó sorprendida a la concubina.
—¿Por qué no?
Mimi suspiró— Porque la sultana madre me ha quitado a mi hijo.
La pelirroja se sorprendió ante esto—¿Qué hiciste?
—Nada. —Respondió la castaña.
—Dudo que la sultana madre te lo haya quitado sin razón algunas. — La creía capaz de todo, pero alguna razón debió darle.
Mimi suspiró— Lamentablemente tuve unos problemas con mi leche.
Rika alzó una ceja— ¿Qué? ¿problemas con tu leche?
Mimi se sintió un poco más reconfortada al ver la genuina preocupación en los ojos de Rika. Sabía que, aunque perteneciera al mismo harén, la sultana era conocida por su compasión y su deseo de justicia.
—La sultana madre, Natsuko, ha decidido que Thomas debe quedarse en sus aposentos hasta nuevo aviso. —Explicó Mimi, luchando por mantener la compostura— Dijo que mi leche no es suficiente para nutrirlo y que su bienestar es lo más importante.
Rika frunció el ceño ante esta explicación.
Mimi asintió— Es por eso que se llevó a mi príncipe para ser alimentado. Y lo alejó de mí.
—¿Y no bastó con llamar a una nodriza?
—Ella me quiso quitar a mi hijo, sultana, me dijo que no soy una buena madre. Que esto es mi culpa…—Declaró la castaña— Pero ¡yo jamás he querido hacer eso!
Quizás no, pero la sultana madre tenía a la castaña entre ceja y ceja, siempre buscaba razones para hablar mal de ella o reclamar. Esto se debía a su lealtad a Sora, algo que no compartía, y jamás compartiría.
—Déjamelo a mí. —Declaró Rika— Yo traeré a tu hijo.
—¿De verdad?
La pelirroja asintió.
Mimi sonrió ante esto y cruzó los dedos esperando que así fuera.
—¿Por qué no me habías dicho que Takeru dio dinero al pueblo?—Yamato le preguntó seriamente a su madre.
Natsuko observó sorprendida a su hijo por esta pregunta y el mal rostro que tenía—Hijo, yo te dije que, haríamos actos de beneficencia para el pueblo.
—Sí, pero me dijiste que iban a brindarle ayuda a los más necesitados, no al pueblo general.—Declaró Yamato— Para variar, dijiste que la ayuda era de comida, no de dinero o de dar animales.
—Bu-bueno...—Natsuko intentó hablar— Lo demás salió como idea. No pensé que fuera un problema, después de todo, Takeru quiere que ser aceptado por el reino.
Natsuko se encontraba visiblemente incómoda, tratando de encontrar una explicación que pudiera satisfacer a su hijo.
—Hijo, comprende que Takeru tiene buenas intenciones. Quizás sus métodos difieren de los tuyos, pero su deseo de ayudar al pueblo es genuino. A veces, en la búsqueda de soluciones, las acciones pueden tomar formas inesperadas. Takeru simplemente está tratando de hacer lo que cree que es mejor para el pueblo.
Yamato frunció el ceño, no del todo convencido por la explicación de su madre.
—Entiendo que Takeru tenga buenas intenciones, pero eso no justifica que actúe sin consultar ni informarme adecuadamente. Como sultán, es mi responsabilidad estar al tanto de todas las acciones que afecten al reino. No puedo permitir que se tomen decisiones importantes sin mi conocimiento.
Natsuko bajó la mirada, reconociendo la validez de las preocupaciones de su hijo.
—Tienes razón, hijo. Debería haber sido más transparente contigo sobre las acciones de Takeru. Pero ¿Qué más quieres que haga? Estas acciones han permitido que Takeru se sienta útil, después de todo, no tiene formación militar, ha participado en pocos consejos, no tiene una provincia, no tiene harem...—Declaró— Básicamente, no ha podido cumplir con labores de príncipe. Quiere sentir útil con algo y por eso hemos hecho esto.
Yamato analizó estas palabras atentamente.
En cierto punto su madre tenía razón.
—Pero, madre, no debe hacer este tipo de cosas.— Declaró el rubio—O no sin mi autorización.
—Tu no siempre estás atento a tu hermano.— Habló Natsuko— Como madre sultana, intento no llenarte con obligaciones, y como madre de él también, tengo derecho a ayudarla en este tipo de cosas ¿no?
Sí, eso era verdad.
—Sí, madre, pero tú bien sabes que la situación de mi hermano es crítica.
—¿Crítica?— Cuestionó la Valide— ¿Por qué dices que es crítica?
Yamato se mordió el labio inferior ante esto. Por unos momentos olvidó que decidió mantener esa situación en secreto.
—Se supone que tú le perdonaste la vida ¿no?
El rubio asintió— Sí, se la perdone.—Respondió firmemente— Él puede vivir.
—Entonces ¿por qué dices que es crítica?
El sultán se mantuvo en silencio unos segundos intentando responder de la manera más coherente y sensata posible—Es simplemente que quiero saber lo que sucede en mi reino, en mi palacio, especial en mi familia.
—Por favor, no te enojes con tu hermano, él simplemente quiere sentirse útil.
"Sentirse útil"
Repitió esas palabras en su mente.
—Para él es difícil su posición.—Explicó Natsuko— Yo cometí un error al no informarte, pero prometo que esto no volverá a suceder, intentaré hacer todo correctamente y con tu aprobación.
—Eso espero.
—Por favor...—Rogó nuevamente la Valide— No te enojes con tu hermano.
Yamato se tomó un momento para considerar las palabras de su madre. Aunque aún se sentía molesto por no haber sido informado adecuadamente, también comprendía la situación difícil en la que se encontraba su hermano.
—Claro que lo entiendo, madre. Pero, solo quiero asegurarme de que todos estemos trabajando juntos por el bien del reino.—respondió con calma, intentando controlar su frustración.
—Lo entiendo, pero, tú bien sabes que estoy preocupada por él.— Declaró Natsuko— Por favor, promete que, tendrás a tu hermano en consideración.
—No te preocupes madre.— Musitó Yamato— Me encargaré que Takeru tenga labores de príncipe.— Volteo hacia la puerta— Ahora si me disculpas. Debo irme.
Justo en ese momento, sin que lo ordenara, la puerta se abrió y en el lugar apareció su hermana.
—Rika.— Pronunció su nombre.
—Su majestad.— La pelirroja hizo una mueca reverencia—No sabía que estaba aquí.—Ingresó al lugar—Disculpe, hermano...—Declaró— Venía a hablar con la sultana madre.
—No te preocupes, Rika, ya me estaba yendo.— Respondió el oji-azul dispuesto a salir, sin embargo, justo en ese minuto un sonido extraño de afuera se hizo presente.
Bueno, en realidad, no era un sonido extraño. Era un sonido normal en el último tiempo...
El llanto de un bebé
Yamato y Rika se observaron sorprendidos.
El sonido se hizo de a poco más intenso y en el lugar apareció la kalfa Juri, quien traía en brazos al pequeño príncipe, Thomas, quien lloraba, lloraba y lloraba sin parar.
—¿Qué hace Thomas aquí?— Preguntó Yamato.
Natsuko hizo una mueca— ¿E?— Balbuceo— Ve-verás, quise tener un día con mi nieto.
El rubio pasó su mirada por el pequeño que no paraba de llorar.
—¿Sólo con él?— Cuestionó el sultán.
—¿E?—Natsuko se mordió el labio inferior— Verás, Mimi no se encontraba bien.
Yamato alzó una ceja— ¿No?
Natsuko negó— Lamentablemente, tuvo un problema con su leche, entonces estaba un poco estresada. La médica se encargó de darle unas medicinas, mientras yo cuidaba a Thomas.
—Ña~ ña~ ña~
Yamato se acercó a él y lo tomó esperando que se calmara, pero evidentemente no funcionó, ya que Thomas continúo llorando.
—¿Por qué llora tanto?— Preguntó Rika preocupada mientras acariciaba a su sobrino.
Lógicamente ya sabía más o menos cual era la razón.
—Como dije, Mimi tuvo un problema con su leche, la médica dijo que hay una posibilidad que por eso lloré.
—¿No tiene una nodriza acaso?
—Pu-pues claro que la tiene.— Respondió Natsuko.
—¿Y por qué no lo ha alimentado?
—Lo alimento.— Contestó la Valide— Juri acaba de traerlo, porque la nodriza lo acabó de amamantar.
—Entonces ¿por qué continua llorando?
Natsuko hizo una mueca— Pu-pues...—Verdaderamente no sabía que responder, exactamente no sabía que le ocurría a su nieto.
La médica le dijo que fue un problema de leche de su madre, pero ahora fue amamantado por una nodriza, así que debería estar bien ¿no?
—Supongo que debe extrañar a su madre.— Comentó Rika.
¿Qué?
Natsuko hizo una mueca ante esto— N-no creo que sea necesario ir donde su madre.
—¿Por qué no?— Preguntó Yamato—Después de todo, si ya está bien alimentado, significa que ahora necesita dormir.
—Y, generalmente Thomas solo logra calmarse en los brazos de ella.—Agregó Rika.
Natsuko se mordió el labio inferior ante esto, ya que, era verdad, aunque no quisiera admitirlo.
—Iré a dejarlo donde su madre.—Comentó el rubio.
—No es necesario, hijo, puedo llamar a una esclava.
—No es necesario una esclava.— Respondió Yamato— Es mi hijo, es válido que yo lo lleve donde su madre, finalmente también quiero ver a concubina.
La pelirroja sonrió al ver el disgusto en el rostro de la sultana madre.
—Está bien, ve hijo.— Contestó Natsuko.
Yamato asintió y se despidió de su madre y hermana antes de dirigirse hacia los aposentos de Mimi. Mientras caminaba por los pasillos del palacio, llevando a Thomas en brazos, no podía evitar sentir una mezcla de emociones: preocupación por el llanto persistente de su hijo, curiosidad por ver a Mimi y una ligera incomodidad por la situación inesperada.
Al llegar a los aposentos de Mimi, los agas abrieron la puerta y uno anunció su llegada.
—Atención, su majestad, sultán Yamato.
Mimi al escuchar aquel anunció se sorprendió, sobre todo cuando escuchó como un llanto también se acercaba. Rápidamente salió de su habitación en dirección a la sala principal de su apartamento y ahí encontró al sultán, Yamato, con el pequeño Thomas en brazos.
Mimi rápidamente bajó su mirada— Mi sultán.— Hizo una reverencia.
—Mi sultana.— Respondió Yamato.
La castaña alzó la mirada— ¿Qué hace aquí?
—Te he traído a nuestro hijo.—anunció Yamato con calma, extendiendo sus brazos para entregarle al bebé.
Mimi observó al pequeño con una sonrisa, rápidamente se acercó al sultán para recibir al pequeño, demostrando en su rostro gratitud y sorpresa. Suavemente acunó a su hijo con ternura.
—Muchas gracias, mi sultán...—Musitó— Gracias por traerme a mi hijo.
Yamato pasó su mirada por el pequeño, quien pasó de llorar sin parar a poco a poco calmarse en los brazos de su madre.
—Mi madre me dijo que tuviste un problema con la leche y que Thomas pudo haberse quedado con hambre. Sin embargo, la nodriza no paraba de llorar, Rika creyó que sería mejor traerlo de vuelta contigo.—explicó Yamato con sinceridad.
"Rika creyó que sería mejor traerlo de vuelta contigo"
Acaso ¿la sultana fue a hablar directamente con él? O, tal vez no ¡Cómo sea! Rika cumplió con su promesa, ahora tenía a su hijo de vuelta.
—Lo siento, mi sultán. No quise tener problemas con la leche que le doy a mi hijo. Pero lamentablemente dejó de fluir y Thomas estaba hambriento...—Mimi bajó su mirada— Por favor, perdóneme.
—¿Por qué te disculpas?— Preguntó Yamato.
—Porque fui mala madre al no poder saciar el hambre de nuestro pequeño.
El rubio movió la cabeza— Para eso existen las nodrizas.— Se acercó a ella y acarició suavemente la mejilla de su hijo, observando a su hijo quien se calmó gradualmente en los brazos de Mimi— Eso no te hace mala madre.
Mimi asintió con gratitud, sintiéndose reconfortada por las palabras y la presencia de Yamato.
—Lamentablemente, ese hecho no le gustó a la sultana madre, me regañó mucho al no poder alimentar a nuestro pequeño.— Respondió.
Yamato frunció el ceño al escuchar las palabras de Mimi, sintiendo una punzada de molestia ante la idea de que su madre hubiera regañado a su concubina. Sin embargo, decidió no entrar en conflicto en ese momento y en su lugar se enfocó en consolar a Mimi.
—No deberías preocuparte por lo que piensa mi madre. Lo importante es que estás bien y que Thomas está bien ahora.—declaró Yamato con determinación, mirando con ternura a su hijo.
Mimi asintió, sintiéndose agradecida por el apoyo de Yamato.
—Gracias, mi sultán. Es muy comprensivo.—respondió con sinceridad.
Yamato acarició la mejilla de su concubina.
—Siempre estaré aquí para ti y para nuestro hijo, Mimi. Somos una familia y nos apoyaremos mutuamente en todo.—declaró con determinación.
Mimi asintió con gratitud, sabiendo que podía confiar en el amor y el apoyo de Yamato.
El rubio tomó el rostro de la castaña por el mentón y suavemente besó sus labios. Juntos, se abrazaron, compartiendo un momento de intimidad y conexión mientras cuidaban de su hijo y se fortalecían mutuamente para enfrentar los desafíos que la vida en el palacio les presentaba.
Mimi no fue consciente que cuando su hijo cumplió dos meses de nacido, ella cumplió un año en ese imperio.
Sí ¡Un año! Habían transcurrido varias Lunas desde que ella llegó a ese lugar y el tiempo pasó volando. Era increíble, aunque en cierto punto triste, ya que se cumplía un año desde que perdió a su familia, su libertad, independencia y se volvió una persona sumisa a seguir una cultura completamente desconocida para ella.
Con tres meses de nacido, Thomas se convirtió en un bebé más hermoso, su cabello dorado y sedoso junto a sus ojos lo hacían parecer un pequeño ángel. Con cada sonrisa y cada gesto, llenaba el corazón de Mimi de un amor inmenso y una profunda gratitud. A medida que Thomas crecía, también lo hacía el vínculo entre madre e hijo, fortalecido por los momentos compartidos, las caricias y los cuidados.
Aunque Mimi anhelaba su vida anterior y a menudo recordaba con nostalgia su hogar lejano, también reconocía que había encontrado una nueva familia en el palacio junto a su hijo y Yamato.
Sin embargo, no podía evitar sentir una sensación de pérdida por todo lo que había dejado atrás. Cada día, recordaba a su familia y su hogar con cariño, deseando poder abrazar a sus seres queridos una vez más y volver a sentir la calidez y la familiaridad de su hogar.
Sobre todo, cuando Yamato pasaba tiempo con Sora. Sí, no era mucho, era una vez a la semana. Los días Martes, Yamato cenaba con su hijo Kiriha y su concubina principal.
Lógicamente, ella no estaba agradada con esto. Aunque, debía mencionar que un hecho muy particular.
¿Cuál?
El periodo de la sultana. Por alguna razón, Sora tuvo un fluido intenso de sangre que le impidió varias veces no poder cumplir con sus labores de concubina (Sí, era un tema personal, pero en el harem se rumoreaba de estos problemas, ya que la sultana pedía constantemente hierbas para disminuir su sangrado)
Natsuko, ante esto, estaba irritable, ya que no siempre podía enviar a Sora donde Yamato, y Yamato pasaba la noche con Mimi.
A pesar de los desafíos y las dificultades, Mimi encontraba consuelo en el amor y la alegría que Thomas le brindaba. Con cada día que pasaba, se aferraba a la esperanza de un futuro mejor para ella y su hijo, sabiendo que juntos podrían superar cualquier obstáculo que se interpusiera en su camino.
Otro día transcurría en el palacio, ya era de tarde, todas las cosas se realizaban como a diario.
Los sirvientes haciendo sus labores, Yamato en sus reuniones del consejo, Mimi cuidando a su hijo, Kiriha tomando sus clases, entre otras cosas.
Natsuko, como cada tarde, se encontraba en sus aposentos siendo acompañada por las hermanas de su hijo, Alice y Rika. Quienes se encontraban alrededor de la mesa tomando té. Bueno, en realidad, las sultanas de sangre disfrutaban del té, ya que la Valide estaba preocupada luego del último informe que le dio la médica acerca de su nuera.
—No puedo creer que Sora tenga tantos problemas.—Exclamó Natsuko mientras caminaba de un lado a otro completamente preocupada— ¿Cómo es posible que su periodo haya venido con tanta frecuencia el último tiempo?
Juri Kalfa, al escuchar la preocupación de Natsuko, se acercó con respeto y respondió con calma:
—Sultana madre, debe ser por las razones que dio la médica...—Declaró— Es posible que la irregularidad en el ciclo menstrual de Sora se deba a diversos factores. El estrés, el cambio de actividades, su alimentación o problemas colaterales de la pérdida que tuvo.
—Pero la pérdida de aquel bebé fue hace tiempo.—Comentó Alice.
—Eso mismo digo yo.—Natsuko tomó asiento en el sofá.
Rika simplemente sonrió ante la escena, al parecer la pócima que le pidió a su médica de confianza, Megumi Kalfa, era efectiva.
El periodo de Sora vino con mucha frecuencia los últimos meses. De los cuatro Martes por mes que tenía para ella, apenas pudo cumplir con la mitad, ya que su periodo llegaba con dolor y abundante.
Por sus costumbres, Sora debía apartarse, y Yamato aprovechaba esos días para estar tiempo con su hijo, pero no compartía el lecho con la madre de Kiriha.
—Este tipo de cosas ocurren en las mujeres.— Musitó Rika— No es la primera mujer que le ocurre.
—Sí, pero es la consorte principal de Yamato, de quien hablamos.— Declaró Natsuko— La madre de su primogénito. Ella tiene labores que cumplir y no puede por esto.
—Es una pena, sin duda...—Comentó Alice— Sora está muy triste por esto.
—No es para menos.—Musitó la Valide.
—¿Qué dice Yamato?— Preguntó la esposa de Daigo— Supongo que, al no tener encuentros íntimos con sus mujeres no debe estar a gusto.
—Mi hijo ha estado muy ocupado.—Respondió Natsuko— Ha ido de casería varias veces, ha tenido muchas reuniones, entrenamientos.— Declaró.
—¿No ha pedido la compañía de más mujeres?— Cuestionó Rika.
La Valide negó— Siempre que tiene tiempo va a ver a Mimi y su hijo, o pasa tiempo con Kiriha y Sora. Cuando eso no ocurre, duerme...—Suspiró— O bueno, intenta descansar.
—Últimamente el sultán se ha visto bastante cansado.—Comentó Alice— Tiene ojeras horribles, parece como si no descansara bien.
—Taichi Pashá me comentó que el sultán ha tenido problemas para descansar.— Musitó Rika.
Natsuko suspiró y asintió— Sí, lamentablemente ha tenido muchos problemas para dormir en las últimas semanas.—Declaró—He llamado a varios médicos para que le receten pócimas, pero no han hecho efecto.
—La rutina lo está consumiendo.
—Quizás, su majestad necesita nueva diversión.—Comentó la pelirroja— Necesita disfrutar de la novedad de mujeres. Después de todo, ha respetado a Mimi para que pueda recuperarse luego del parto, ahora que está sin la compañía de Sora es normal que quiera tener la compañía de otra mujer.—Habló— Además, la sucesión del trono sigue siendo algo importante.
Sí, eso era verdad, aun con el nacimiento de Thomas, todo era muy crucial, ya que lamentablemente las enfermedades amenazaban a diestra y siniestra sobre a todo a los más pequeños, tanto en el gobierno de Hiroaki como de otros sultanes, príncipes a corta edad morían.
¡Toc, toc!
La puerta sonó sacando de sus pensamientos a la sultana madre.
—¡Adelante!— Exclamó Natsuko.
Fue así como la puerta se abrió y en el lugar apareció Gennai Aga.
—Mi sultana...—Hizo una reverencia.
—Gennai Aga ¿qué ocurre?
—Vengo a informarle que el gran visir, Masami Izumi Pashá, se encuentra en la entrada del palacio esperando hablar con usted.—Respondió el hombre de ojos azules.
—¿Hablar conmigo?— Preguntó Natsuko.
Gennai Aga asintió.
Que extraño
Fue así como la sultana madre se colocó en pie.
—Permiso.
~Minutos más tarde~
Natsuko respiró profundamente, reuniendo valor para abordar el delicado tema con su hijo. Se acercó a Yamato con determinación, encontrándolo en sus aposentos revisando algunos documentos.
—Buenos días hijo.
—Buenos días madre.— Respondió el rubio.
—¿Estás ocupado?
Yamato negó— Simplemente estaba leyendo unos informes.—Señaló el papiro— ¿Necesitas algo?
Natsuko asintió—Necesito hablar contigo sobre algo importante.
El sultán levantó la vista, notando la expresión seria en el rostro de su madre.
—¿Qué sucede, madre? —preguntó con curiosidad.
Natsuko se sentó frente a él y tomó sus manos entre las suyas.
—Yamato, entiendo que el último tiempo las cosas han cambiado mucho en tu vida, tomaste una concubina nueva como favorita, te convertiste en padre nuevamente, has intentado darle tiempo a ella y su hijo, además de darle tiempo a Sora con Kiriha. Básicamente le has dado tiempo a tus mujeres con hijos, y no has querido recibir más mujeres. Porque fuiste a la guerra, has rendido en tus labores y últimamente has estado luchando con el estrés y la falta de sueño últimamente.
Yamato asintió— Sí ¿por qué me mencionas esto?
—Porque he estado pensando en una manera de ayudarte a relajarte y descansar adecuadamente.—comenzó con cautela.
Yamato frunció el ceño, anticipando lo que vendría a continuación.
—Madre, no necesito más preocupaciones en mi vida en este momento. Ya tengo suficiente en mis manos —respondió con firmeza.
Natsuko lo miró con determinación, sabiendo que esta conversación no sería fácil.
—Yamato, te pido que consideres pasar la noche con una de tus concubinas. Creo que podría ayudarte a relajarte y a conciliar el sueño —insistió, buscando el bienestar de su hijo.
El sultán sacudió la cabeza con determinación.
—No, madre. No quiero involucrar a más mujeres en mi vida de esta manera. No es justo para ellas ni para mí —respondió con firmeza—Además, tengo a Sora y Mimi.
—Y estoy feliz por eso...—Comentó Natsuko. En especial porque continuara estando con Sora— Pero creo que es necesario pensar en la sucesión del imperio. Tú bien sabes que mientras más hijos tiene un sultán, más respetado es.
Sí, eso era verdad.
—Luego de que Thomas llegó, el consejo se hizo presente con muchos presentes hacia él, y hacia ti.—Comentó— Tanto así que financiaron la construcción del mausoleo de tu padre para que su tumba quedara en las mejores condiciones.
Yamato asintió.
—Hoy Masami Izumi Pashá, me visitó y con él trajo una mujer.
—¿Una mujer?
—Para tu harem, como bien sabes, es honor para ellos traer mujeres educadas por ellos y sus familias, mujeres preparadas para ser sultanas. Y hoy ocurrió eso.— Declaró Natsuko— Me gustaría que la aceptaras.
Yamato hizo una mueca— Madre no creo que sea justo aceptar a esa mujer.
Tenía a Mimi descansando luego de dar a luz, Sora también debido a sus problemas de salud, no quería generar más estrés en el harem.
Natsuko suspiró, sintiendo la frustración crecer dentro de ella. Necesitaba encontrar una manera de convencer a su hijo de aceptar su sugerencia.
—Yamato, por favor, considera esto como un regalo de Masami Izumi Pashá, nuestro gran visir. Él ha expresado su deseo de mostrarte su apoyo y su amistad de esta manera. No sería apropiado rechazar un gesto tan generoso.—insistió, esperando que la referencia a un amigo cercano de la familia pudiera persuadir a su hijo.
Yamato frunció el ceño ante la mención del gran visir, sabía que el último tiempo las cosas habían estado tensas debido a los problemas políticos y económicos, Masami Izumi Pashá ocupaba un puesto importante. Un presente como este significaba que quería hacer las paces.
Sin embargo, aun así, debía negarse.
—Madre no estoy muy interesado.
—Deberías considerarlo, sé que las cosas no han estado bien, y tú sabes que no aceptar el presente de un visir como él puede traernos problemas y desconsiderado, después de todo, nos ha brindado su apoyo en todos los aspectos.
Sí, lo sabía.
—Mi sultán...—Justo en ese minuto Taichi apareció en el lugar.
—¿Sí? Taichi Pashá.
El hermano de Hikari hizo una reverencia— Siento interrumpir, pero el gran visir, Masami Izumi se encuentra en la entrada. Desea hablar con usted.
El Gran Visir Masami Izumi Pashá entró en la sala del trono del sultán Yamato con una expresión seria pero respetuosa en su rostro. Yamato lo recibió con cortesía, pero también con curiosidad por la visita del Gran Visir.
—Masami Pashá, ¿a qué debo el honor de tu visita? —preguntó Yamato con un gesto de bienvenida.
El Gran Visir se inclinó ligeramente en señal de respeto antes de hablar.
—Mi sultán, he venido a traerle el último informe sobre las actividades realizadas en el imperio.
El sultán Yamato asintió con seriedad, indicando al Gran Visir que continuara con su informe.
—Por favor, Masami Pashá, procede —dijo el sultán, su voz resonando con autoridad en la sala del trono.
El Gran Visir sacó un pergamino cuidadosamente enrollado de su túnica y lo desplegó con reverencia sobre una mesa cercana. Sus ojos escrutaron el contenido del informe antes de dirigir su mirada nuevamente al sultán.
—Mi sultán, me complace informar que las medidas administrativas implementadas en las provincias del este han resultado en una mejora notable en la recaudación de impuestos. Además, las reformas en el sistema de comercio han estimulado el crecimiento económico en la región —explicó Masami Izumi Pashá con voz medida y formal.
El sultán asintió con aprobación ante las noticias positivas, pero su expresión se tornó más seria mientras escuchaba atentamente el informe del Gran Visir.
—Sin embargo, también debo informar sobre los disturbios recientes en la frontera occidental. Las tensiones han aumentado entre las tribus nómadas y nuestros puestos de avanzada. Hemos desplegado fuerzas adicionales para mantener la paz y la seguridad en la región, pero la situación sigue siendo delicada —continuó Masami Izumi Pashá, su tono reflejando la gravedad del asunto.
El sultán frunció el ceño, reflexionando sobre las implicaciones de los disturbios en la frontera occidental. Sabía que la estabilidad del imperio dependía en gran medida de mantener el control sobre todas sus fronteras.
—Gracias por tu informe, Masami Pashá. Es vital que sigamos vigilantes en todas las regiones del imperio. Ordena a nuestros comandantes en la frontera occidental que permanezcan alerta y tomen todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad de nuestras tierras —ordenó el sultán con firmeza.
El Gran Visir asintió en señal de acuerdo y se inclinó nuevamente ante el sultán.
—Mi sultán...
—¿Sí?
—Disculpe mi atrevimiento, pero me gustaría comentarle que, aparte de traer mi informe mensual. Le he traído un presente, en mi nombre y de toda la corte.—anunció Masami con solemnidad.
Yamato arqueó una ceja, intrigado por la mención de un regalo de parte del gran visir y de la corte en general.
—Un presente, dices...—inquirió.
Masami asintió y, con un gesto de su mano, hizo entrar a una joven concubina, delicadamente vestida y con una expresión tímida en el rostro.
—Bueno, le pedí a la sultana madre que se lo hiciera saber...—Comentó—En reconocimiento a tus esfuerzos incansables por el bienestar del reino y tu dedicación al servicio del pueblo, yo y la corte deseamos obsequiarle esta concubina como muestra de aprecio y gratitud.—explicó Masami con solemnidad.
Yamato se quedó momentáneamente sin palabras, sorprendido por el gesto inesperado.
—Sí, mi madre me lo había mencionado... —murmuró, procesando la información— Es un gesto generoso, Masami Pashá, pero no sé si...
Antes de que pudiera terminar su frase, Masami interrumpió con respeto pero firmeza.
—Mi sultán, le insto a aceptar este regalo con humildad y gratitud. Es un símbolo de aprecio y respeto de parte mío. Será un honor para esta concubina servirte y estar a tu lado como compañía en tus momentos de descanso y reflexión.—declaró Masami con determinación— Mi esposa y yo la hemos educado de buena manera, con todas las normativas del imperio otomano, esperando que pueda realizar buenas labores si usted la convierte en sultana.— Explicó.
Yamato se mordió el labio inferior al escuchar esto, generalmente, esto ocurría y funcionaba. Curiosamente, la madre del príncipe Kouji fue un presente del antiguo gran visir, Susumo Yagami Pashá, y su hijo estuvo a punto de ascender al trono, porque su madre, como concubina, fue bien preparada, dominaba varios temas que le ayudaron a Kouji a financiar un buen ejército.
Algo similar ocurría con su madre, Natsuko, ya que ella fue preparada por la hermana del sultán Hiroaki, Izumi Fatma Sultan, y su esposo, un antiguo gobernador de Egipto que invirtió bastante dinero en su educación.
—Por favor, no menosprecie mi regalo.
Yamato reflexionó por un momento, comprendiendo la importancia del gesto y la necesidad de mantener buenas relaciones con Masami Izumi Pashá y la corte en general. Aunque se sentía incómodo con la idea de aceptar a una concubina como regalo, sabía que era importante considerar el impacto político de su decisión.
Finalmente, con una expresión seria pero decidida, Yamato asintió hacia Masami.
—Entiendo, Masami Pashá. Acepto este regalo con gratitud y lo recibiré como muestra de aprecio y respeto hacia usted y la corte —declaró con solemnidad.
Masami asintió con aprobación, satisfecho con la respuesta del sultán.
—Es un honor servirte, mi sultán.—respondió con respeto antes de retirarse, dejando a Yamato solo con su nueva concubina y sus pensamientos.
Yamato se mordió el labio inferior, verdaderamente era difícil estar en esa posición, ya que debía cumplir con deberes incluso de este tipo. Y la verdad es que no quería, porque en su corazón ya estaban sus dos mujeres. Pero, sabía que debía tener más hijos.
Mientras tanto en el harem, Mimi caminaba por el lugar junto a su pequeño hijo, quien, por lo general, solo se lograba calmar cuando ella lo sacaba a pasear. Era de tres meses, casi cuatro, pero inteligente.
Estaba caminando junto a Yoshino cuando Kiriha apareció en el lugar.
—¡Hermano!— El pequeño príncipe corrió hacia Mimi.
La castaña sonrió— Mira, Thomas, tu hermano está aquí.— Fue así como se arrodilló levemente.
—Mi hermanito, Thomas, me alegra verte.—Kiriha se acercó a él y tomó su pequeña mano.
Thomas sonrió al ver a su hermano, alzó sus manos en señal de emoción, mientras balbubceaba.
Mimi sonrió al ver a su hijo feliz con la presencia de su hermano.
Sin embargo, este momento no duró mucho, ya que Miyako apareció frente a ellos—¡Ey!— Exclamó—¿Qué estás haciendo?
Jaló a Kiriha del brazo.
—¡Ey! ¿Qué te ocurre?— Preguntó Mimi.
—¿Qué no es obvio? Alejo a Kiriha de ti. Él tiene prohibido estar cerca tuyo.
—Pe-pero, yo quiero ver a mi hermanito.— Respondió el pequeño.
—Él simplemente estaba acariciando a Thomas, no estaba al pendiente de mi.— Comentó Mimi.
—Kiriha quiere ver a su hermano, pero no tiene permiso para estar con usted.— Respondió la chica de cabello lila.
—¿Cómo es eso?— Preguntó Mimi molesta.
—¡Gennai, dile!— Miyako le exigió al aga, quien se encontraba a unos metros de ellas.
—Lo siento, mi sultana...—Gennai se apresuró a decir— Pero, esa es una orden de la sultana Sora.
¿Qué?
—Esta mujer está desafiando a la sultana Sora.
—¡Sultana Mimi!—Corrigió Gennai Aga— Que no se te olvide que es sultana. Merece tu respeto.
—¡Como sea!— Exclamó Miyako—La sultana Sora tiene todo el derecho para no ver a este niño, la sultana Natsuko le permitió prohibirle estar cerca de esta mujer, y eso no se puede cambiar.—Declaró— Así que otra esclava tendrá que tener al bebé en brazos para que esté con Kiriha.
—Sultana, entiendo que esto no sea lo apropiado, pero creo que es justo para Kiriha estar con su hermano ¿no?
—¡Pues claro! Es normal que pasen tiempo de hermanos.— Respondió Mimi—Pero Gennai, no es posible que, Kiriha esté con Thomas sin que yo esté presente. Mi hijo apenas es un bebé.
—Lo sé sultana Mimi. Pero es una orden y no solo de la sultana Sora sino de la sultana madre.
Lamentablemente Sora era la madre del primogénito, así que era muy respetada de ese harem, además la madre sultana ordenó que obedecieran todos a Sora antes que a Mimi. Él no podía desafiar a la Valide.
—Por favor, permítale al príncipe estar con su hermano, sin que haya problemas.
—¡Pero no es justo!— Exclamó Mimi molesta.
—Tranquila mi sultana...—Yoshino le habló a la castaña— Por favor, no se meta en problemas, mantenga la calma.
Mimi frunció el ceño.
—Si quiere, Yoshino puede quedar a cuidar al príncipe, mientras pasa tiempo con su hermano.—Declaró Gennai.
Yoshino asintió.
—Si Yoshino lo cuida estaré tranquila...—Comentó Mimi— Pero aun así no estoy segura...
—Mi sultana, si gusta...—Gennai le señaló a la castaña un sofá cerca—...puedo mandar a llamar a unas esclavas para que le realicen un masaje de pie o pinten sus uñas, lo que usted ordena será.
—No quiero.—Respondió— Quiero asegurarme de que Thomas estará bien.
—¡Y lo estará!— Exclamó Gennai— Yoshino se encargará que sí.
—Acepto el masaje de pies.
Gennai asintió— Si sultana.
Yamato observó a la concubina que le envió Masami Izumi Pashá.
Era una mujer joven de cabello rojo oscuro, ojos azul oscuros también, piel pálida, mentón pronunciado, labios finos de un llamativo color rosa.
La concubina llevaba puesto un conjunto de bailarina de danza árabe, que resaltaba su belleza y elegancia. Su atuendo estaba compuesto por una larga falda de tela transparente y fluida, adornada con bordados intrincados y delicados detalles dorados que destellaban a la luz. La falda estaba decorada con múltiples capas de tela, que creaban un efecto ondulante y etéreo mientras se movía.
En la parte superior, llevaba un corpiño ajustado y ricamente decorado, que realzaba sus curvas con elegancia. El corpiño estaba adornado con hilos dorados, cuentas y lentejuelas que formaban intrincados patrones geométricos y florales. Las mangas largas y transparentes se ajustaban con delicadeza alrededor de sus brazos, añadiendo un toque de gracia y feminidad a su apariencia.
Completaba su conjunto con una serie de accesorios ornamentales, incluyendo pulseras brillantes en sus muñecas, un cinturón de monedas que tintineaba suavemente con cada movimiento, y un velo transparente que cubría parcialmente su rostro, añadiendo un aire de misterio.
Fue así como la concubina comenzó a bailar mientras la música sonaba.
No era un baile que no haya visto antes, sin embargo, era aceptable.
La concubina movía sus manos y sus caderas.
Fueron varios minutos mientras la mujer estuvo bailando. Hasta que finalmente paró haciendo una reverencia.
Yamato se acercó a ella, la hizo levantarse, tomó la mano de la concubina y se acercó a ella observando sus ojos, eran azules, profundos, oscuros. No tan llamativos como los de su amada Mimi.
Sin embargo, sabía que debía cumplir con esta noche, además su labor continuaba siendo tener más hijos.
Fue así como alzó el velo de la boca y suavemente besó los labios de la mujer.
La concubina se sorprendió por el gesto del sultán, pero luego se relajó, dejándose llevar por el beso suave y gentil. Sus labios se encontraron en un encuentro fugaz pero cargado de significado, un momento que marcaba el comienzo de una noche de deber y compromiso para ambos.
Yamato se esforzó por mantener la compostura, recordándose a sí mismo que esta noche no se trataba de amor ni pasión, sino de cumplir con sus responsabilidades. A pesar de la falta de emoción en el beso, se concentró en ser respetuoso y considerado con la concubina, tratándola con la dignidad y el cuidado que merecía.
Mientras tanto, la concubina respondió al gesto del sultán con una mezcla de gratitud y obediencia, consciente de su papel en el palacio y de la importancia de satisfacer las necesidades y deseos del sultán.
Yamato jaló suavemente de su mano y la llevó a su cama.
Una vez en la cama, Yamato se sentó con solemnidad, mirando a la concubina con una mezcla de respeto y determinación. Sabía que este momento marcaría el curso de la noche, y se preparó para abordar la situación con la seriedad que requería.
La concubina se acercó a él con cautela, respondiendo a sus gestos con delicadeza y sumisión. Aunque podía sentir la tensión en el aire, se esforzaba por mostrar su mejor comportamiento y ofrecer su compañía de la manera más complaciente posible.
Ambos se sumergieron en otro beso esta vez aumentando la pasión.
En paralelo a esto, en el harem.
Kiriha se encontraba jugando con Thomas que se encontraba en el sofá recostado.
Mientras las kalfas tenían una conversación bastante crucial, pero calmadas.
—Miyako debes tener más respeto por la sultana.— Declaró Yoshino.
—¡Ella no es mi sultana!— Exclamó Miyako— ¡Mi sultana es Sora!
—Ambas son sultanas, tienen príncipes, debes respetarla, así como a Sora.—Respondió la kalfa de Mimi.
—Verdaderamente no entiendo, como puedes serle leal a esa mujer.—Declaró Miyako— Ella simplemente vino a estropear la relación del sultán con la sultana, Sora.
—No la estropeo. Mimi simplemente siguió las normas del harem.— Contestó Yoshino.
—Y de paso arruinó la relación de Sora con Yamato.
La kalfa de Mimi movió la cabeza en señal de negación— Verdaderamente no eres alguien con quien se pueda hablar. No entiendes nada.
—¡No me ofendas!—Exclamó Miyako cruzándose de brazos.
Justo en ese momento una sirviente ingresó al lugar.
—Permiso.—Musitó— Yoshino Kalfa, ven conmigo.
—¿Por qué?— Preguntó la oji-rosa.
—Gennai Aga te necesita.—Respondió.
—¿Para qué?
—No tomará mucho tiempo, creo que trata de la selección de nodrizas para el príncipe Thomas.— Contestó la sirvienta.
Yoshino hizo una mueca y dirigió su mirada hacia el príncipe.
—Me llevaré al príncipe entonces.
—¡No, por favor, no!— Rogó Kiriha— No te lleves a mi hermano.
Yoshino observó al niño— Príncipe Kiriha, no puedo dejar a tu hermano.
—No estará solo, estará conmigo.—Respondió el pequeño rubio— ¡Por favor, déjalo conmigo!
—Pe-pero...
—No te preocupes, Yoshino, yo lo cuido.— Miyako le habló.
Yoshino observó con cierta desconfianza a la sirvienta de Sora.
—No creo que sea lo mejor.
—Yoshino Kalfa.— La sirvienta que la vino a buscar le habló— Si quieres yo me quedo aquí.
Sí, esa idea era mejor.
—Está bien.— Respondió la oji-rosa.
Miyako hizo una mueca ofendida a que no aceptara su ayuda.
—Vuelvo en unos minutos...—Yoshino comentó antes de caminar en dirección a la puerta.
Fue así como Miyako y la sirvienta se quedaron cuidando a los pequeños.
Thomas se encontraba sobre el sofá y Kiriha le hacia muecas o cosas así.
No habrá pasado mucho cuando el príncipe dijo: —¡Miyako quiero comer!
—¿Comer?— Preguntó la pelilila.
El pequeño asintió— ¡Tengo hambre! Ve a buscar algo para comer ¡es una orden!
—Está bien, príncipe.— Respondió Miyako— ¿Qué quiere para comer?
—Castañas asadas.
—Está bien...—Miyako dirigió su mirada hacia la sirvienta— Megumi ¿puedes cuidar de ambos príncipes mientras yo no estoy?
La sirvienta asintió— Claro.
Miyako sonrió— Gracias. Regreso en breve.—Fue así como volteo y se fue del lugar.
La sirvienta suspiró al quedarse a solas, se sentía bastante cansada. Pasó su mirada por los niños, ellos se veían felices, al parecer disfrutaban de la compañía del otro.
Megumi decidió tomar asiento en un sofá a unos metros de ellos y cerró sus ojos. Le dolía mucho la cabeza y apenas tuvo un momento de paz para ella. Servir en ese harem era complicado.
Megumi, la sirvienta, intentó relajarse en el lugar donde estaba. Sin embargo, no fue consciente que el príncipe Kiriha a unos metros se encontraba a punto de crear un escándalo.
—Cosquillas, cosquillas...—El niño paso sus manos por las costillas del pequeño quien reía sin parar— Eres bastante cosquilloso.
Thomas simplemente alzó sus manos divertido.
—Todavía eres pequeño para jugar a la guerra, ojalá pronto crezcas para entrenar juntos...—Comentó.
Suavemente alejó sus manos del bebé. El juego de las cosquillas ya se había vuelto aburrido.
Observó el lugar— Mmm...ahora ¿qué juego podemos jugar?
A los lejos divisó una vela sobre una vasija en una mesa—¡Mira, Thomas, esto es genial!
Kiriha se acercó a ella y tomó la vasija para acercar la vela a su hermano, sin embargo, la cera cayó al suelo. El rubio al ver esto recordó que hace unos días su madre lo regaño por eso.
Hizo una mueca al recordar el regaño de su madre, después de todo, no le gustó.
Se supone que era solo una vela ¿no? ¿Qué tendría de malo jugar con ella?
Megumi a unos metros, aun se encontraba con los ojos cerrados.
—¡Mira, Thomas!— Kiriha gritó.
Megumi no le tomó mucha importancia simplemente mantuvo sus ojos cerrados intentando relajarse.
Kiriha a unos metros intentó acercar la vela a su hermano, pero no logró avanzar mucho cuando sin querer tropezó y la vela que llevaba en manos cayó sobre la cortina. Al principio, la vela tuvo intenciones de apagarse, sin embargo, al hacer contacto con la cortina rápidamente el fuego comenzó a crecer.
¡Oh no!
Pensó Kiriha.
Mientras tanto en los aposentos de la sultana madre. Natsuko, Alice y Rika se encontraban reunidas.
Mimi ingresó al lugar e hizo una reverencia frente a la antecesora de Yamato.
—Sultanas.— Musitó—Buenas noches.
—Buenas noche, Mimi.— Respondió Rika.
—Buenas noches.— Contestó Natsuko seriamente.
—Me informaron que desea hablar conmigo.—Comentó Mimi.
Natsuko asintió.
—¿Ocurre algo?
—Necesito hablar contigo.— Respondió la Valide— Pero eso no será hasta que llegue la última persona que falta.
¿La última persona que falta?
Justo en esos minutos la puerta se abrió y en el lugar apareció Sora, quien se sorprendió y disgusto al ver a Mimi en aquel lugar. Sin embargo, caminó en dirección a la madre sultana y las hermanas de Yamato para hacer una reverencia.
—Sultanas.
—Buenas noches Sora.— Natsuko sonrió al ver a su nuera.
—Buenas noches.— Respondió la pelirroja— Escuche que me necesitaba.
La Valide asintió— Sí.— Respondió— Necesito hablar contigo...—Dirigió su mirada hacia Mimi— Y con ella.
Sora alzó una ceja y dirigió su mirada hacia Mimi. Mimi también le devolvió la mirada y la tensión se sintió en el lugar.
—¿Por qué desea hablar con nosotras, sultana madre?— Preguntó Mimi.
—Verán, como ustedes deben saber, el sultán ocupa un puesto de suma importancia que...
Natsuko no pudo continuar, ya que la puerta se abrió y en el lugar apareció una agitada Juri Kalfa.
—¡Sultana madre, sultana madre!— Gritó la castaña.
—¿Qué ocurre Juri?— Preguntó Natsuko.
—¿Por qué entras de esta manera tan abrupta y sin ser anunciada frente a la madre sultana?— Cuestionó Alice molesta ante el comportamiento tan fuera de lugar de aquella kalfa.
—Lo siento sultana.— Respondió Juri— Pero ¡Hay un incendio en el harem!
—¿Qué?— Cuestionó Natsuko.
—¡Los hijos del sultán se están quemando!— Gritó la sirvienta de confianza de la Valide.
¿Qué?
Sora y Mimi observaron sorprendidas a la mujer. Natsuko, Alice y Rika se sobresaltaron ante esto.
—¿Qué dices?—Preguntó la pelirroja hermana de Yamato.
—¡Hay un incendio y los príncipes están ahí!— Contestó Juri.
¡No, esto no puede ser, claro que no!
—Kiriha.— Sora pronunció el nombre de su hijo y corrió en dirección a la salida.
—¡Thomas!— Mimi también corrió en dirección hacia la puerta.
Yamato acarició suavemente el rostro de la mujer frente a él, mientras se besaban dejó caer el vestido de la mujer y se sumergió en la desnudez de su pecho.
Los gemidos de la mujer se hicieron presente.
Sin embargo, el momento se vio interrumpido por unos gritos.
—¡Atención! ¡Atención! ¡Emergencia!—Unos gritos se escucharon en el lugar.
—¡Corran rápido!—Otro grito se escuchó.
Yamato alzó una ceja sorprendido.
¿Que estaba sucediendo?
—¡Los hijos del sultán!—Otro gritó se escuchó.
Esto lo sorprendió más.
¡Toc, toc!
—¿Quién es?
—Soy yo, Taichi Pashá.—Declaró—Disculpe sultán, necesito darle una información urgente
Fue así como Yamato se coloco de pie y arreglo su ropa para caminar en dirección hacia la puerta y abrir.
—Taichi Pashá ¿que ocurre?
—¡Sus hijos!—Respondió el pashá— Una habitacion del harem comenzo a incendiarse ¡Y sus hijos están adentro!
¿Qué?
Sora y Mimi ingresaron corriendo al harem donde el humo era máximo, personas y personas corrian, guardias gritaban por agua.
—Kiriha...—Sora colocó su muñeca en su nariz para evitar el humo— ¡Hijo mío! ¿Dónde estás?
—Thomas.—Mimi llamó a su hijo mientras observaba todo el lugar.
—¡Los hijos del sultán!—Gennai corrió hacia la habitación donde estaban los príncipes.
—¡Kiriha!— Gritó Sora corriendo hacia la habitación donde se suponía que estaba su hijo, pero fue detenida por un guardia.
—¡Thomas!— Mimi también intentó correr hacia la habitación, pero otro guardia la detuvo— ¡Suéltame!
—¡Quiero ir a ver a mi hijo!— Exclamó la pelirroja luchando por soltarse— ¿Dónde está mi hijo?
—¡Thomas!— Gritó Mimi.
—¡Kiriha!
Ambos guardias lucharon con todas sus fuerzas por mantener a las sultanas agarradas.
—¡No, esto no puede estar pasando, claro que no!— Rogó Natsuko mientras observaba las llamas— ¡Por favor! Quiero a mis nietos.— Exclamó— ¡Salven a mis nietos!— Perdió el equilibrio ante esto.
Juri sostuvo a la sultana madre suavemente.
—¡Rápido!— Gritó Natsuko.
—¡Thomas!— Mimi llamó a su hijo.
—¡Kiriha!— Sora llamó al suyo.
Fue interesante ver como algunos, mejor dicho, todos creyeron que Daigo Pashá hizo algo para que Taichi se quedara dormido. Seré sincera, la verdad es que no, Taichi si se quedó dormido, la idea era mostrar que a pesar de ser un buen guarda espalda también es humano jsjsjs ¡Sin embargo! Todos me dieron buenas ideas para el futuro ajaja así que, este es el inicio, queda MUCHO trayecto.
Adrit126: ¡Hola! jsjsjs bueno, lamento informar que no, Taichi se durmió de verdad. Estaba demasiado cansado. Entiendo que odies a esas dos mujeres, después de todo, solo defienden a Sora y nada más, pero tranqui, a una la vas a amar más adelante. Ya veremos si Mimi hace valer su voluntad o no jsjsjs Buena sospecha de la madre de Yamato, hay una gran posibilidad que ocurra eso, así como no. Ya veremos que ocure jsjsjs Espero que sigas disfrutando de la historia y que continúes participando con tus comentarios y seguimiento. ¡Un cordial saludo y espero verte por aquí de nuevo muy pronto!
TheBigParadox: Sí, Natsuko se atrevió, lamentablemente es la Valide Sultan puede hacer lo que quiera. Sí, a mi tambiién se me achica el corazón, pero estas cosas deben pasar para que ella pueda convertirse en lo que será. Buena sospecha de Daigo, le acertaste jsjs ya veremos que ocurrirá, espero que sigas disfrutando de la historia y que continúes participando con tus comentarios y seguimiento. ¡Un cordial saludo y espero verte por aquí de nuevo muy pronto!
DespinaMoon98: Hola, gracias a ti por leer jsjsjs muchos creyeron eso, pero Taichi verdaderamente se quedó dormido. Estaba cansado el pobre. Sí, es factible que sospeches de Daigo, yo también sospecharía de él jsjsjs No estás perdida, efectivamente, fue un plan de ella. Y sí, tienes mucha razón al desconfiar de ella y recordar ese detalle de la muerte de su hermano, vas por el camino correcto jsjsjs Mimi es sultana, pero aun no la reconocen, porque estas mujeres son brujas jsjsjs Aun falta para que reúna a su sequito, pero, mientras tanto Mimi debe armarse de valor jsjsjs El algún minuto veremos como aplastará a todos sus enemigos, pero antes, deben ocurrir todas estas cosas jsjsjs espero que te guste el drama y su desarrollo. Como toda madre primeriza cometió un error, sin embargo, en ese harem todo error tiene un precio (lamentablemente) ¡Sí! jsjsjs son lindos los momentos Takari jsjs ya veremos si el harem no es ciego para ese tipo de cosas (Debo señalar que Kari es bastante cautelosa) Ya veremos que pasa con ellos. Espero que te haya gustado este capitulo, ojala sigas leyendo y comentando, te envio un gran abrazo a la distancia.
BethANDCourt: Jsjsjs entiendo que cada vez caiga peor, sus acciones no son buenas, pero se debe a los celos que siente. Si, ojalá Yamato se de cuenta, pero creo que pasará mucho para que eso ocurra. Si, lamentablemente el harem (gran parte de mujeres) tiene celos por Mimi, ella solo puede confiar en unos cuantos, incluso tendria ojo con una de sus sirvientas. Todo es posible aqui. Si, Miyako es una bruja, pero juro que en un futuro la van a amar jsjsjs todos sospecharon que Taichi no se quedó dormido, pero sí, se quedo dormido. Es buena intuicion con respecto a que algo se planea dentro de palacio, vas por buen camino, ya veremos que ocurre jsjsjs Es buena tu teoría acerca de Takeru y Yamato, ya veremos que ocurrirá, de verdad tienes muy buenas teorias. Si, Natsuko no tiene limites, es la madre sultana asi qje puede hacer lo que quiera. Ojalá no pase a mayores. Lamento el capítulo corto, pero aqui intenté encomedarlo, espero que te haya gustado. Ojalá sigas leyen y comentando. Te mando un gran abrazo a la distancia.
