Capítulo 4. Política de la verdad.
Por un momento, todo fue oscuridad, no se podía ver ni escuchar nada; hasta que, repentinamente, una luz reveló a la mujer conocida como la Cazadora Roja. La pelirroja parecía ser iluminada por algún reflector, aunque no logró distinguir la fuente de la poderosa luz que contrastaba con todo un mar de oscuridad que la rodeaba. Fue entonces que comenzó a escuchar una voz muy familiar, demasiado familiar quizá.
—¿Ya olvidaste lo que te juraste alguna vez?
—¿Perdón? ¿Quién habla? —cuestionó al aire, volteando en todas direcciones, tratando de encontrar la procedencia de aquella voz que resonaba en todo el lugar.
—Apoyar a tus amigos... —respondió la voz al mismo tiempo que, a unos pasos de la Cazadora se encontraban Nora y Ren, cabizbajos, separados y dándose la espalda.
La pelirroja trató de avanzar hacia sus amigos cuando la voz de un niño la impulsó a girarse en la dirección opuesta.
—¿Pensé que me protegerías? —era un pequeño Jaune, triste y atemorizado, igual al que Pyrrha había encontrado cuando, junto con Nora y Ren, ayudó al rubio a liberarse del grimm Nightmare.
—Lo siento, yo... —la Cazadora se inclinó hacia el niño de pijama azul cuando un agudo grito la distrajo. Al voltear vio a la pequeña Perla Glasto, temblando en el suelo, abrazando sus rodillas y tratando de cubrirse el rostro para evitar ver a la mujer causante de la muerte de su padre.
—Proteger a quienes lo necesitasen... —exclamó la voz misteriosa, petrificando por un momento a la pelirroja.
—Y-yo lo s-siento, de verdad lo siento mucho... —musitó la Cazadora intentando extender su mano a la pequeña fauno que aterrada se cubrió y lanzó un grito aún más potente que el anterior, tan potente que su imagen se desquebrajó en cientos de fragmentos que, al caer al suelo, se hicieron polvo que se disipó con el viento.
Desconcertada, la pelirroja retrocedió y trató de dirigirse a sus amigos pero éstos ya habían desaparecido.
—¿Acaso te cansaste de seguir tu destino? ¿Así como te cansaste de ser tú misma?—cuestionó la voz, la cual se escuchó más cerca, detrás de la pelirroja, que al girarse una vez más, encontró ante ella a la Cazadora Roja, altiva y con una sonrisa altanera.
Instintivamente, la pelirroja dirigió la mirada hacia sus manos y al resto de su cuerpo que portaba una vez más su habitual atuendo, con los guantes oscuros y la armadura. Pyrrha Nikos había vuelto a ser ella misma.
—Pensé que te habías cansado de ser tú, así como yo me harté de ser yo... —replicó otra voz, se trataba de HuntsMan, que caminaba hacia Pyrrha.
La pelirroja trató de detener al rubio pero éste continuó caminando, siguiendo de largo sin siquiera inmutarse al pasar junto a Pyrrha, quien sólo pudo girarse para ver cómo su compañero y amigo se detenía ante la Cazadora Roja.
La criminal recibió a HuntsMan con los brazos abiertos para luego besarlo apasionadamente mientras le quitaba la capa y el antifaz rojos. Posteriormente el rubio se giró mientras la Cazadora le colocaba una gabardina blanca y un bombín negro con cinta roja.
—¿Jaune? —musitó Pyrrha, sin comprender realmente qué estaba pasando, y comenzó a caminar lentamente hacia la pareja.
Jaune miraba con desdén a Pyrrha, mientras rodeaba con un brazo la cintura de la Cazadora que abrazaba al rubio a la vez que le dirigía una sonrisa altanera a la joven Nikos.
—Sino quieres preocuparte por tu destino, nosotros te elegiremos uno —sentenciaron la Cazadora y Jaune al unísono, mientras el rubio levantó un bastón, presionando el pecho de Pyrrha y jalando el gatillo antes de que la joven Nikos pudiera hacer algo al respecto.
Pyrrha sintió un incandescente dolor seguido instantáneamente de un gélido pesar en su corazón. El suelo se rompió cual cristal mientras la joven Nikos caía de espaldas, viendo cómo el rubio dejaba de observar a su víctima para volverse hacia la Cazadora que comenzaba a besarlo intensamente.
Pyrrha Nikos continuó cayendo en un inmenso abismo que contrastaba con la estela de polvo luminoso en la que comenzó a transformarse el cuerpo de Pyrrha hasta que finalmente se apagó. Y una vez más, todo fue oscuridad.
—¡Nooooo! —gritó Pyrrha Nikos, levantándose agitada y empapada de sudor, colocando sus manos sobre su pecho como si continuara sintiendo ese frío pesar en su interior. Todo a su alrededor estaba oscuro, aunque no era el mismo tipo de oscuridad abismal que había presenciado hace apenas unos momentos, sino que era la oscuridad de la noche desde el dormitorio del equipo JNPR.
—Pyrrha, tranquila, ya estás a salvo... —la pelirroja sintió cómo alguien la abrazaba para confortarla.
—¿Ren? —exclamó Pyrrha entre sollozos, sujetando con fuerza a quien la estaba consolando.
—No, soy yo, Nora —contestó la joven Valkyrie quien trataba de no perder la respiración ante el fuerte agarre de Pyrrha—. Ren... está... allá... —señaló Nora hacia su compañero que estaba a unos pasos de la cama de Pyrrha, sujetando un tazón con agua y un par de trapos húmedos, a la vez que saludaba sutilmente con su otra mano.
Ren aún portaba parte de su atuendo como chofer y guardaespaldas de la Cazadora Roja, por lo que Pyrrha reaccionó soltando a Nora y apartándose un poco para observarse a ella misma. La joven Nikos llevaba su pijama mientras que la ropa de la Cazadora se encontraba sobre una silla a lado de su cama.
—No iba a dejar que te durmieras vestida así. Si este descarado no se ha quitado su disfraz es porque hemos pasado un largo rato "debatiendo" sobre lo que ha pasado esta noche —explicó Nora, señalando con un pulgar a Ren, sin dejar de observar a Pyrrha.
—Más que "debatir" yo diría que discutimos —masculló Ren, quien recibió inmediatamente una mirada fulminante de Nora.
—¡Tú mejor ni digas nada, que aún sigo molesta contigo! —ordenó la joven Valkyrie con voz imperiosa mientras apuntaba con su índice flamígero a un intimidado Lie Ren—. Lo que me lleva a preguntarte, Pyrrha: ¿cómo pudiste hacerme ésto?
Perpleja, la joven Nikos sólo pudo abrir por completo sus ojos color esmeralda y al no poder pronunciar ni una sola palabra, Nora continuó.
—Primero Juanelo habla de vestirse como un payaso con mallas para impresionar a la Reina de Hielo, al siguiente día comienzo a ver que tú y este otro bobo comienzan a pasar más tiempo juntos ¡Los encuentro hablando a mis espaldas, solos en la habitación! ¡Luego Ren prefiere quedarse solo contigo después de clase en lugar de ir a comer conmigo! —la joven Valkyrie sonaba más y más alterada conforme continuaba—. Y cuando se supone que nada más iban a comprar ropa ¡misteriosamente se desaparecen toda la tarde y noche!
—Nora, lo siento, yo no... —Pyrrha no comprendía del todo la molestia de su compañera ¿acaso estaba celosa?
—¡Los compañeros de equipo no pueden guardarse este tipo de cosas! —replicó la joven Valkyrie—. ¿Cómo pudieron ocultarme Ren y tú que ustedes dos...?
—Nora, escucha por favor, Ren y yo no...
—¿¡Cómo pudieron salir a pelearse contra mafiosos y criminales sin mi!? ¡Pensé que éramos amigas! —recriminó indignada Nora, tomando una almohada de la cama para arrojársela a Ren que terminó tirando el agua del tazón encima de él—. ¿¡Y tú que me conoces mejor que nadie, no pudiste confiar en mí para incluirme en esta locura en la que se metieron!?
—¡Lo sentimos mucho, Nora! No quisimos ponerte en peligro —se excusó Pyrrha mientras Ren se limitaba a secarse lo mejor posible.
—No quisieron ponerme en peligro... —masculló la joven Valkyrie— ¡Poner en peligro a los maleantes, dirás! ¡Se merecen que les rompa las piernas por guardarse la diversión para ustedes 2! —sentenció Nora levantándose de la cama, cruzándose de brazos y dando la espalda a sus 2 compañeros—. Aunque, por otra parte, me alegro un poco que todo esto no se tratase de otro tipo de "diversión" entre ustedes 2... —murmuró pensativa la joven Valkyrie—. Y, en todo caso, fueron 3 los que decidieron divertirse sin mi, si contamos al "heroico" Juanelo —agregó Nora con ironía.
—¡Cierto! ¿Jaune dónde está? —interrumpió intranquila la joven Nikos.
—Ahora mismo está durmiendo en la otra habitación. Nora por poco lo deja sin cabeza allá en la vieja fábrica y desde entonces ha permanecido inconsciente —explicó Ren, mientras le colocaba en la frente a Pyrrha el único paño húmedo que no se le había caído.
—¡Uy, pues perdón! Necesitaba liberar mucho estrés después de pasar horas sin saber de ustedes 2 —replicó Nora mostrándole la lengua a Ren—. Quizá hasta me terminen agradeciendo, si resulta que con ese golpe le reinicié el sistema operativo a Juanelo y así ya no recuerde que Pyrrha es su sexy archivillana.
—G-gra-gracias... —la joven Nikos se ruborizó por un momento pero no tardó en adoptar una expresión más seria—. Sin embargo no creo que sea suficiente con eso. Me temo que Jaune ahora está seguro que soy la Cazadora Roja y que además soy la culpable de dejar viuda a una mujer y huérfana a una pequeña fauno, ambas inocentes —explicó con pesar Pyrrha cubriéndose el pecho y apretando los puños con demasiada fuerza ante la impotencia que le provocaba recordar el destino de Frederick Glasto.
—Le he contado a Nora lo que sucedió con Glasto y ambos lo lamentamos mucho —comentó Ren mientras se sentaba en la cama y apoyaba una mano sobre el hombro derecho de Pyrrha.
—Ren y yo estamos de acuerdo en que no deberías de cargar con la culpa de lo que le pasó a ese señor —agregó Nora sentándose del lado izquierdo de la cama para abrazar a Pyrrha.
—Gracias, chicos —pronunció la joven Nikos, recargándose por un momento en el hombro de Nora—. Pero no puedo ni eludiré mi responsabilidad. Quizá no le hice nada a Glasto directamente pero, por culpa de mis acciones, terminé llevándolo a donde sería atacado —afirmó Pyrrha irguiéndose y extendiendo sus palmas—. Mis manos ahora están teñidas de rojo por la sangre de alguien que, aunque no era del todo inocente, estaba dispuesto a corregir lo último que había hecho para el White Fang; por lo que es mi deber evitar que ese grupo y Roman cumplan con su objetivo.
—Ok, eso suena muy bonito pero ¿tienes alguna idea de cuál exactamente es el plan de estos tipos? —cuestionó Nora un poco cansada de escuchar el mismo discurso de "detener a Roman y al White Fang".
—Más que eso, antes de fallecer, Glasto me entrego su... —Pyrrha había comenzado a buscar discretamente debajo de su pijama hasta que no pudo simular su inquietud al no encontrar nada.
—¿Acaso buscas ésto? —exclamó Nora, sacando un scroll de la abertura en forma de corazón que tenía su top blanco a la altura del pecho, dejando estupefactos tanto a Pyrrha como a Ren.
—¿Todo el tiempo traías eso en...? —cuestionó un incrédulo Ren.
—¡Hey! ¡Yo solamente seguí el ejemplo de Pyrrha! —el señalamiento de Nora hizo que la cara de la joven Nikos enrojeciera tanto como su cabello—. Agradezcamos que Roman no haya sido un pervertido o este aparato ya estaría en manos de ese criminal.
—Pues no es como que no haya querido comportarse como un cerdo —masculló Pyrrha encogiéndose de hombros—. Nada más porque estuvo presente su compañera, cómplice o pareja, no intentó inspeccionar más a "fondo".
—Como sea, intenté ver qué tenía este scroll pero está bloqueado —explicó Nora entregándole el dispositivo a la joven Nikos.
El scroll de Fred Glasto efectivamente estaba bloqueado por una contraseña de 5 caracteres. Al inspeccionarlo, Pyrrha notó inmediatamente que la pantalla ya marcaba 2 intentos fallidos de 5 para desbloquear el scroll.
—Perdón, tenía que intentarlo —exclamó inmediatamente Nora, encogiéndose de hombros apenas sintió cómo era juzgada por los ojos color esmeralda de su compañera.
—¿Más de una vez? —cuestionó Ren con sarcasmo.
—¿Acaso no dicen que no hay que rendirse tan fácilmente? —reclamó ofendida la joven Valkyrie provocando que su compañero se golpeara la frente con la palma de su mano, para luego dirigirse a Pyrrha.
—¿Glasto alcanzó a darte la contraseña cuando me fui? —cuestionó Ren, dando un vistazo a la pantalla del dispositivo.
—No, solamente alcanzó a decir algo sobre"mañana" al parecer, además de un "muelle" quizá —explicó la joven Nikos encogiéndose de hombros.
—¿Sabes cómo se llama la esposa de ese señor? —interrumpió Nora, tomando de vuelta el scroll mientras hacía cuentas con sus dedos y murmuraba nombres de 5 letras.
—No, lo desconozco... ¡Pero sé que su hija se llama "Perla"! —agregó Pyrrha con ímpetu.
Sin perder un segundo, Nora tecleó "PERLA" en el dispositivo y éste... marcó "3 intentos fallidos de 5".
—¡Carajo! —masculló la joven Valkyrie.
—¿Y si intentas con "Pearl"? —Nora siguió la sugerencia de Ren pero al teclear "PEARL" en la pantalla, solamente apareció el mensaje: "4 intentos fallidos de 5. El sistema de protección de datos personales está activado. De no acertar al siguiente intento, toda la información del dispositivo será eliminada de éste."
—¡Ahhhgggg! ¡Maldita porquería! —explotó Nora, sujetando con fuerza y agitando intensamente el scroll de Glasto como si intentase asfixiar el aparato.
—¡Aguarda, Nora! ¡No vayas a romperlo, por favor! —intervino Pyrrha tratando de quitarle el dispositivo a la furiosa joven Valkyrie mientras que Ren rápidamente rodeaba la cama para sujetar a Nora e intentar calmarla—. Quizá si cambiamos unas letras por números...
La joven Nikos comenzó a teclear poco a poco 5 caracteres que, al mostrárselos a sus compañeros, decían: "P34R1"
—¿R1? —exclamó Nora, inclinando un poco la cabeza, remarcando su confusión.
—¿Estás segura que funcionará así? ¿Por qué pusiste un "1" en lugar de la "L"? —cuestionó Ren aún sujetando a Nora.
—En algunos códigos suele usarse el 1 para evitar confusiones con la letra "L", además Glasto guarda algo muy importante en este scroll, algo por lo que el White Fang, y la gente que está trabajando junto con ellos, se han atrevido a eliminar personas. Si sólo lo dejo como "P34RL" sonará muy obvio de descifrar, mientras que la forma en que lo he escrito parece una contraseña más robusta —argumentó Pyrrha, dejando a sus compañeros sin más que decir... aunque la joven Nikos no sabía si se debía a lo sólido de su argumentación o porque no entendieron nada de lo que había dicho.
Habiendo dejado los caracteres como "P34R1", Pyrrha con sumo cuidado se dispuso a pulsar el botón de "Enviar". Ren mantenía fija la mirada en el dispositivo mientras que Nora se había vuelto un mar de nervios y abrazó con fuerza a Ren, recargando su rostro contra el torso de su compañero para evitar ver lo que sucedería.
—Lo siento... —musitó la joven Nikos cuando finalmente pulsó la opción de enviar la contraseña escrita. A continuación, la pantalla del scroll de Fred Glasto simplemente se apagó... pero tras un par de segundos volvió a encenderse, mostrando ya el menú principal del dispositivo.
Nora abrazó emocionada a Ren que, por su parte, se quedó sin aire para poder felicitar a Pyrrha quien, a pesar de la emoción por haber acertado la contraseña, se enfocó en revisar la mayor cantidad de documentos posibles y así esclarecer aquello en lo que había trabajado Glasto.
Entre imágenes de planos, cartografía, rutas marítimas, fotografías de Glasto en el puerto, además de documentación como bitácoras y manifiestos de barcos cargueros, horarios y registros de embarques y desembarques, Pyrrha y compañía concluyeron que: Fred Glasto, trabajaba como guardia de seguridad en el puerto de Vale y, aprovechándose de su puesto, filtró todo tipo de información útil al White Fang. ¿Cuál era el objetivo del White Fang? Atacar un barco que atracaría en el puerto de Vale , pero no cualquier barco. ¿Con qué propósito atacarían una nave? Eso aún era desconocido pero la Cazadora Roja estaba dispuesta a averiguarlo.
—Supongo que está más que claro que la Cazadora Roja debe impedir el ataque que muy probablemente realizarán mañana el White Fang y Roman —exclamó con convicción Pyrrha Nikos, captando por completo la atención de Nora y Ren—. Sin embargo, está el detalle de que Jaune hará todo lo posible por estorbar e intentar capturarme.
—De hecho, aunque no lo crean, tengo un plan para convencer a Jaune de que la renombrada señorita Nikos no es la infame Cazadora Roja —afirmó orgullosa Nora dirigiéndose a la puerta de la habitación—. Seguramente te preguntarás, Pyrrha ¿cómo es que los trajimos a Jaune y a ti hasta aquí? Pues mientras este tonto que tienes por guardaespaldas te llevó en sus brazos, yo no iba a cargar con el bulto que tenemos por líder de equipo; así que alguien más me echó una mano para llevar al Juanelo. Y esta personita está más que puesta y dispuesta a apoyarnos —exclamó Nora abriendo la puerta—. Por supuesto, sólo si la Cazadora Roja está lista para salir una vez más a las calles a patear traseros y acabar con la competencia criminal en Vale.
Pyrrha Nikos, se sorprendió y sintió algo de alegría al ver a la "personita" que estaba en la puerta. Acto seguido, la joven Nikos volteó a ver a Ren quien sólo se encogió de hombros y, posteriormente, observó las prendas de la Cazadora.
—¡Chicos! —pronunció Pyrrha con firmeza—, tengan por seguro que Roman Torchwick, el White Fang y aquellos que osen interponerse ¡sentirán la Estocada de la Cazadora Roja!
Horas más tarde, Jaune Arc finalmente despertó, sentía una enorme jaqueca que sólo se agravó al ver entrar la luz del sol por la ventana. Tratando de revisar la hora en su scroll, el rubio encontró varias notificaciones de mensajes, la mayoría de ellos de Nora, además de una notificación de un video nuevo de Lisa Lavender. Jaune se dispuso a ver el video titulado "La Cazadora Roja Ataca de nuevo. Criminal escarlata presuntamente implicada en la muerte de otro fauno."
—¿Por qué, Pyrrha, por qué tenías que ser tú...? —murmuró el rubio mientras escuchaba el reportaje en el cual se mencionaba que la policía había abierto una carpeta de investigación tras haber encontrado anoche sin vida el cuerpo de Frederick Glasto, fauno que trabajaba como vigilante en el puerto de Vale. Por otra parte, la familia de Glasto decidió no emitir ninguna declaración a medios. Además de que varios vecinos afirmaron haber visto a la Cazadora Roja en los alrededores así como dentro del edificio donde vivía la familia Glasto.
—¡Jaune, ya levántate holgazán! —repentinamente interrumpió Nora, gritando y golpeando con fuerza la puerta de la habitación—. ¡Ya es hora de ir a clase! Pyrrha y Ren se adelantaron para tratar de apartarnos lugares así que no te tardes mucho.
Antes de poder contestar, el joven Arc escuchó cómo la puerta del dormitorio del equipo JNPR se cerraba con fuerza, por lo que tuvo que dejar el video para otro momento. Jaune trató de apresurarse lo más posible pero terminó llegando alrededor de 10 minutos tarde a la clase del profesor Oobleck, quien detectó inmediatamente al rubio apenas éste cruzó la entrada al salón.
—¡Señor Arc! Por lo visto, no le preocupa llegar a tiempo a esta clase ¿será que se siente seguro de manejar a la perfección los conocimientos de esta asignatura? —comenzó a hablar rápidamente el profesor Oobleck provocando que el rubio se paralizara—. En ese caso, podría explicarle al resto de sus compañeros ¿cuál ha sido la importancia de las relaciones diplomáticas entre los reinos de Remnant? —Jaune apenas pudo balbucear tras la pregunta del profesor quien velozmente se paró frente a él.
—Dígame, señor Arc, ya que decidió tomarse su tiempo para llegar a mi clase ¿tan siquiera trajo algo de café? —cuestionó Oobleck, acomodándose sus gafas con el indice derecho e inclinándose de forma intimidante para ver directamente al despistado alumno.
—Disculpe profesor, no tenía idea... si gusta le puedo traer un...
—¡Sentido del humor, señor Arc! Veo que carece de ese sentido así como de el de la puntualidad —sentenció el profesor Oobleck girándose para caminar hacia el pizarrón—. ¿Qué espera para tomar asiento, señor Arc? A menos de que quiera pasar el resto de la clase de pie.
Jaune trató de ubicar a su equipo entre la mayoría de los lugares que ya estaban ocupados. Mientras se sentaba en una esquina de la parte trasera del aula, el rubio alcanzó a escuchar cómo reían y murmuraban Cardin Winchester y sus compañeros de equipo. Sin embargo, en ese momento, las burlas de Cardin y compañía eran lo que menos le preocupaban al joven Arc. Necesitaba hablar seriamente con Pyrrha a raíz de lo sucedido la noche anterior.
Inconvenientemente para el rubio, Pyrrha Nikos estuvo acompañada el resto de la mañana no sólo por Nora y Ren sino también por las chicas del equipo RWBY. Jaune se sintió (o realmente era) el tipo raro que intentaba saludar a la hermosa chica popular de la escuela, la cual siempre estaba protegida por su grupito de amigas. Entre Weiss que hizo más que evidente su rechazo hacia el rubio, además de que Yang y Blake no dejaron de acoger a Pyrrha, Jaune no pudo apartar a la pelirroja para hablar con ella.
La situación del rubio empeoraría durante la última clase del día. Esta vez, Jaune había decidido sentarse en la tercera fila de atrás hacia adelante, del lado izquierdo del salón, guardando un poco de distancia de Pyrrha, quien estaba en la primera fila, con Yang a su izquierda y Blake a su derecha, mientras que Weiss estaba a lado de Blake, un poco separada de la joven Belladonna pero más cerca de Ruby. Nora y Ren por su parte estaban detrás de la joven Rose.
A lo largo de la clase del profesor Port, Jaune no dejó de observar ensimismado a Pyrrha, quien evidentemente lucía muy incómoda por el acoso de su compañero de equipo. El rubio no dejaba de dar vueltas al hecho de que su amiga y compañera de equipo fuese una criminal desalmada. Le parecía imposible que una de las personas más nobles y gentiles que conocía, pudiera haber cometido un crimen tan horrible la noche anterior.
—¿Qué tanto miras, Jauney Boy? —cuestionó Cardin Winchester, quien había decidido sentarse justo detrás del joven Arc.
—Ahora no, Cardin ¿por qué no vas a fastidiar a alguien más? —murmuró Jaune, molesto por haber sido interrumpido repentinamente por Winchester.
—Esta clase ya me aburrió, así que preferí averiguar qué es lo que ahora te tiene con cara de idiota —masculló Cardin dirigiendo su mirada hacia la primera fila—. Interesante... ¿no me digas que ya te aburriste de acosar a la "tablita de plata" y has preferido enfocarte en alguien con más "personalidad"?
Jaune comenzó a irritarse y apretó los dientes mientras Cardin continuaba hablándole.
—Esa rubia boba no está nada mal pero siendo tú igual o más idiota, seguro que entre los dos no no resultará nada que sea brillante. Por otra parte está su amiguita, la mustia que siempre está leyendo o seguramente finge ser intelectual para impresionar. Ya me la imagino, te apuesto a que se ha de mover como una pantera, grrrr... —La propia Blake se molestó al alcanzar a escuchar a Cardin y su intento de onomatopeya, que Winchester acompañó con un ademán, simulando un zarpazo con la mano izquierda con el que empujó la cabeza de Jaune tan solo para fastidiarlo más.
Por su parte, el rubio comenzó a apretar sus puños con más fuerza, pues Cardin seguía restregándole su monólogo.
—Pero eres tan torpe que no sabrías cómo manejar a una chica así —exclamó Winchester rodeando con su brazo izquierdo el cuello de Jaune, apretándolo al grado de apenas dejar respirar al rubio—. En ese caso sólo nos queda... ¡oh, jojojo! ¡Eres un pequeño bastardo, Jauney Boy! ¿Así que preferiste por fin hacerle caso a esa presumida de Pyrrha? —comentó con tono burlón Cardin, apretando aún más el cuello de Jaune—. No te creas la gran cosa sólo porque ella te dirige la palabra. Lo que sucede es que todo mundo la tiene en un pedestal, tanto así que los demás idiotas tienen miedo de hablarle porque no se sienten "dignos". Pero yo sé que sólo es una engreída sobrevalorada... aunque viéndola bien, quizá podría disfrutar mucho el quitarle lo arrogante por ti...
—¡Suficiente! —explotó Jaune ante el último comentario lascivo de Cardin, empujando a éste para liberarse de la sujeción y tratando de golpear a Winchester en el rostro.
—¡Señor Arc! ¡Señor Winchester! ¡Suficiente! —exclamó enérgico el profesor Peter Port—. Como veo que les importa más analizar a sus compañeras de clase, que el prestar atención al tema de hoy, me veo obligado a castigarlos—. Pyrrha y las chicas del equipo RWBY solamente se sintieron más incómodas por el comentario del profesor—. Así que ustedes 2 realizarán un trabajo de investigación que deberán entregar la próxima semana, además de que pasarán a exponerlo frente a toda la clase.
—Profe, por favor ¿es en serio? —replicó Cardin mientras se ajustaba su uniforme tras su riña con Jaune.
—¡Silencio! Esto es muy en serio señor Winchester —respondió con firmeza el profesor Port—. Deberán investigar acerca de 2 de las criaturas grimm más icónicas de la cultura del reino de Mistral. Estoy hablando del Sea Feilong y el Nuckelavee; ambos presentes en muchos mitos, leyendas, relatos populares así como en reportes de avistamientos. Sus trabajos escritos los quiero de forma individual pero como veo que se llevan taaan bien, pueden realizar su investigación y la exposición en equipo —por el particular tono de voz del porfesor Port, Jaune no logró identificar si lo de llevarse tan bien con Cardin era sarcasmo del profesor o lo había dicho en serio—. ¿Alguna duda?
—No profesor... —respondieron Cardin y Jaune al unísono y con desánimo.
—Eso sería todo por hoy, jóvenes. Nos vemos la próxima semana —apenas el profesor declaraba el fin de la clase, la campana comenzó a sonar y el aula se vació casi de inmediato.
—Bravo, idiota —masculló Cardin, levantándose de su asiento y golpeando con su mochila la nuca de Jaune—. Ni pienses que trabajaré en equipo contigo.
El joven Arc no tuvo tiempo de responder pues se había dado cuenta que Pyrrha y los demás ya habían dejado el salón, por lo que se levantó estrepitosamente y se dirigió al corredor, donde alcanzó a ver la cabellera escarlata de Pyrrha sobresaliendo sobre un mar de alumnos que abarrotaban el pasillo. La joven Nikos seguía acompañada de las chicas del equipo RWBY. Y antes de que Jaune pudiese alcanzarla, las chicas entraron a los sanitarios de mujeres, por lo que el rubio se limitó a esperar afuera. Antes de que Jaune pudiese recargarse contra la pared, un voz enérgica resonó por todo el pasillo.
—¡Jaune Arc! Precisamente a usted lo estaba buscando —exclamó la profesora Glynda Goodwitch quien reflejaba molestia en su rostro—. Acabo de recibir un reporte de su pésima conducta por parte del profesor Port. De igual forma, el profesor Oobleck me ha comentado que usted llegó tarde a su clase ¿Tiene algo que decir al respecto, señor Arc?
Antes de que Jaune pudiese responder, fue interrumpido por...
—Profesora Goodwitch, buenas tardes, si me permite —Weiss Schnee había salido de los sanitarios y alcanzó a escuchar cómo Jaune era abordado por la profesora—. Los últimos días, Jaune Arc ha mantenido una conducta de acoso hacia mí y, por razones que desconozco, hoy ha preferido enfocar sus energías en acosar a mi querida compañera Pyrrha Nikos quien, en este momento, se encuentra adentro en los sanitarios, acompañada por mis amigas, porque las miembros del equipo RWBY hemos decidido apoyar a Pyrrha en esta situación.
—Esperen un momento —intervino Jaune, tratando de defenderse—, yo no... en realidad lo que yo...
—¿Tú? ¡Tú no tienes razones para estar afuera del sanitario de damas asechando a Pyrrha! Podrás ser su líder de equipo pero eso no te da ningún derecho sobre ella —increpó enérgicamente la peliplateada a Jaune.
—De acuerdo, ya he escuchado suficiente. Muchas gracias señorita Schnee, tenga por seguro que este tipo de conductas en contra de las alumnas, no serán toleradas en la Academia Beacon—afirmó la profesora Goodwitch—. En cuanto a usted, señor Arc, vendrá conmigo ahora mismo a mi oficina; debemos hablar seriamente sobre su comportamiento y su actual desempeño académico.
—P-pe-pero... p-profesora, yo...
—No lo estoy invitando a mi oficina, señor Arc, le ordeno que me siga ahora mismo —espetó molesta la profesora golpeando enérgicamente su fuete contra una de sus manos—. Por si no le ha quedado claro, está en serios problemas —sentenció Glynda Goodwitch girando y avanzando con paso firme, seguida de un cabizbajo Jaune Arc.
Weiss Schnee, por su parte, se paró firme y, apoyando sus puños sobre sus caderas, adoptó una pose de victoria. Mientras que Pyrrha y las demás miembros del equipo RWBY se acercaron a felicitarla por su papel contra Jaune. Particularmente la pelirroja le agradeció a Weiss su ayuda y solidaridad.
Esa misma tarde, tras haberse asegurado de que Jaune Arc, alias HuntsMan, no podría intervenir con sus planes, la Cazadora Roja y Lee, se dirigieron al puerto de Vale. Al llegar al embarcadero, la criminal escarlata y Lee buscaron algún bote que pudiesen "tomar prestado". Después de elegir la embarcación "ganadora" y evitando levantar mayores sospechas en la gente que pudiese estar en los alrededores, la Cazadora desató los amarres mientras Lee encendía el motor. Finalmente zarparon hacia mar abierto.
La Cazadora había transferido a su scroll, copias de algunos de los archivos del dispositivo de Fred Glasto, principalmente imágenes de cartografía y de las rutas marítimas que utilizaban los grandes barcos que atracaban en el puerto de Vale. Contrastando los datos con la aplicación de localización global de su scroll, la Cazadora Roja pudo indicarle a Lee la ruta para interceptar el barco que Roman y el White Fang, con ayuda de Glasto, habían planeado atacar.
Durante el trayecto, la Cazadora y Lee no intercambiaron palabras, más allá de indicaciones puntuales para mantener el curso del bote. Después de más de media hora de navegar, Lee y la Cazadora pudieron divisar una enorme embarcación dirigiéndose hacia su pequeño bote.
—¡Lee, fija el curso del bote y prepárate! —indicó la Cazadora, mientras guardaba su dispositivo y se alistaba para el siguiente paso de su plan.
Por su parte, Lee, con lo que tuvo a la mano, amarró el pequeño timón del bote y fijó la palanca del motor para que éste no se detuviese. A su vez, la gran embarcación estaba cada vez más cerca que el oleaje comenzó a sacudir el bote, por lo que la Cazadora se colocó a lado de su guardaespaldas, rodeándole el cuello con un brazo mientras que la pelirroja era sujetada de la cintura. Fue entonces que Lee sacó su arma, la cual en esta ocasión estaba sujeta a una larga cinta oscura, y la arrojó hacia el gran barco. La pareja logró saltar del bote y columpiarse lejos de éste antes de que la enorme embarcación lo destrozara.
Tras una difícil escalada por el casco del barco, la Cazadora Roja y Lee consiguieron subir a cubierta donde había miles de contenedores, gran parte de ellos con el logotipo de la Schnee Dust Company. Sin perder el tiempo, la Cazadora y Lee avanzaron sigilosamente a través del mar de contenedores de la cubierta.
Mientras tanto, en el puente de mando, el capitán Blackmore daba instrucciones a su tripulación y se mantenía al corriente de la situación de la nave. Lewis Blackmore era un tenaz marinero formado en la Armada de Atlas, de 1.79 m. de altura y con más 70 años de edad, los cuáles no aparentaba no por su aspecto físico sino por lo enérgico y proactivo que era. Sin embargo, sus cuantiosos años de experiencia serían puestos a prueba por lo que dentro de poco cruzaría la puerta de acceso al puente.
—¿Alguna novedad de la señal detectada por el radar? —cuestionó Blackmore con una voz aguardentosa.
—Nada capitán, es como si hubiese desaparecido poco antes de entrar en contacto con nosotros —contestó uno de los tripulantes.
—Como si hubiese desaparecido... —gruñó el capitán a causa de la "brillante" hipótesis de su subordinado—. ¡Den aviso a cubierta, que estén alerta por cualquier polizón que haya osado abordar esta nave!
—Eso no será necesario, capitán —exclamó la criminal escarlata mientras apuntaba con su arma directamente hacia Blackmore—. Me presento: soy la Cazadora Roja y a partir de este momento tomaré el mando de esta nave.
Ofuscado, el capitán Lewis Blackmore se abalanzó contra la intrusa, al mismo tiempo que un par de tripulantes intentaron tomar sus armas, pero éstas fueron repelidas por Lee quien, al arrojar su pistola con hoja afilada a manera de boomerang y tirando de vuelta de su cinta oscura, desarmó a los marineros. Con su arma de vuelta, Lee apuntó hacia cualquier otro marinero que intentase ser un héroe. Mientras tanto, el capitán trató de someter a la Cazadora, que ágilmente lo esquivó y le propinó un golpe en la base del cuello, usando el extremo del mango de su arma. Pero eso no bastó para derribar a Blackmore, por que la Cazadora selló su ataque con una patada giratoria que conectó en el pecho del capitán Blackmore, arrojándolo contra una de las paredes del puente y finalizando con una patada más con la que la Cazadora, levantando su pierna derecha, presionaría con su botín el cuello del capitán, quien seguía consciente pero respirando con dificultad.
—Será mejor que no aparte sus ojos de aquí, capitán —indicó con firmeza la pelirroja, señalando los lentes de sus goggles, con su índice y el dedo medio derechos mientras que, con la mano izquierda apuntaba su arma hacia el capitán—, ni siquiera piense en bajar un poco la mirada o me veré obligada a usar ésto; cosa que no deseo ya que lo necesito consciente.
—Podré atacar a una mujer y pelear contra ella como si se tratase de otro hombre, con tal de defender esta nave, pero no soy ningún pervertido —masculló Blackmore tratando de contener su furia.
—No se imagina lo mucho que me tranquiliza saber eso —comentó la Cazadora con un marcado sarcasmo que sólo irritó más al capitán, quien comenzó a toser en cuanto la pelirroja retiró el pie de su cuello.
—Niña irrespetuosa... ¿acaso tienes una jodida idea de dónde estás parada? —espetó el viejo capitán mientras se sobaba el cuello.
—¡Oh, pero por supuesto que la tengo! —respondió la pelirroja adoptando un tono jovial—. Estamos en el puente de mando del Nicholas, el principal buque carguero del reino de Atlas; nombrado así en honor a Nicholas Schnee, otrora patriarca de una de las familias más poderosas y ambiciosas de todo Remnant —como todos dentro de la cabina estaban atentos a su explicación, la Cazadora Roja continuó—. En sus últimos años de vida, Nicholas Schnee tenía la visión de fortalecer las relaciones entre los cuatro reinos de Remnant, así como impulsar su progreso. Pero en lugar de recurrir a los típicos acuerdos político-económicos cupulares, Nicholas optó por el intercambio cultural a través de la gente de los 4 reinos. Fue así como se le ocurrió construir un barco, una nave lo suficientemente grande y segura que pudiese navegar hacia todos los reinos, desde Atlas hasta Vacuo. El sueño de Nicholas Schnee era que su embarcación, además de ser un buque que transportarse mercancía, fuese también una especie de paraíso flotante donde la gente, de todas partes de Remnant, conformasen una gran comunidad global itinerante. Por supuesto, la idea del viejo Nick era demasiado ambiciosa y utópica que jamás pudo concretarse. Al empeorar la salud de Nicholas, su yerno Jacques Gélé tomó el mando de la Schnee Dust Company, convirtiéndose así en el nuevo oligarca de Atlas. A diferencia de Nicholas, Jacques tenía una visión empresarial radicalmente opuesta, por lo que el proyecto del viejo Nicholas terminó siendo lo que vemos ahora, un enorme buque de carga al servicio de solamente 2 clientes: la Schnee Dust Company, por supuesto, y el Ejército de Atlas. De manera que el sueño de prosperidad e intercambio cultural que tenía Nicholas Schnee, pasó a ser el símbolo del expansionismo económico-militar del reino de Atlas. Y, como cereza del pastel, fue idea del propio Jacques Schnee nombrar a este barco "Nicholas". Irónico ¿no les parece?
—Muy bonita lección de historia... —masculló con sarcasmo el capitán Blackmore—. Ahora dime ¿Qué carajo quieres?
—Sé de muy buena fuente que este buque es más de lo que aparenta. Debajo de la cubierta hay una planta ensambladora al servicio del Ejército de Atlas, preparando los nuevos juguetes del General Ironwood —la declaración de la Cazadora provocó que algunos de los tripulantes del puente de mando comenzaran a murmurar, en contraste, el capitán Lewis Blackmore sólo miraba fijamente a la criminal escarlata—. Así que, lo que quiero, capitán, es que me comunique ahora mismo con el General Ironwood, para notificarle los cambios en el envío de algunos de sus "paquetes".
—Estás loca, niña... —gruñó el capitán Blackmore.
—Nooo... —contestó con sorna la pelirroja—. Simplemente estoy harta de ver cómo los poderosos hacen negocios manejando el mundo a su antojo, mientras que los demás debemos conformarnos con las sobras.
—Y ahora quieres un tajo del botín —ironizó Blackmore.
—Sólo comuníquenme con el general —indicó la Cazadora, sin dejar de apuntar con su arma al capitán.
—¿Qué esperan? ¡Ya la oyeron! —exclamó el capitán alzando su voz aguardentosa, poniendo en alerta y activos a las y los operadores de las comunicaciones del barco. Y, en menos de lo esperado, la voz del General Ironwood se pudo escuchar a través del sistema de sonido del puente de mando.
—Aquí el General James Ironwood.
—General, le habla la Cazadora Roja. Si ha estado atento a las noticias locales de la ciudad de Vale, probablemente haya escuchado de mí. De no ser así, no importa. Lo importante, general, es que me encuentro a bordo del Nicholas y si no quiere perder sus preciados paladines Elysium, será mejor que me escuche atentamente.
—¡Qué caraj...! ¿Cómo es que sabe de los paladines? —cuestionó Ironwood alterado.
—Yo sé muchas cosas, general, así que preste mucha atención a las siguientes instrucciones porque no las repetiré.
Quien definitivamente no quería repetir lo que había sucedido esa tarde, era Jaune Arc, alias HuntsMan. Ya que había pasado poco más de 2 horas en la oficina de la profesora Glynda Goodwitch, siendo sermoneado y cuestionado por su actitud más reciente hacia sus compañeras y también por su irregular rendimiento académico. Apenas había tenido tiempo para comer algo rápido y recoger su antifaz y capa rojos. Habiendo caído ya la noche, HuntsMan se encontraba en el puerto de Vale, siguiendo la pista del empleo de Fred Glasto que había escuchado en el video reportaje de Lisa Lavender.
El justiciero novato decidió buscar actividad sospechosa cerca de los muelles donde atracaban los barcos grandes. Si la Cazadora Roja anda tras los planes de Roman y el White Fang, y estos a su vez buscan dar un golpe grande, un buque carguero sería la mejor opción... o al menos eso esperaba HuntsMan.
Su idea pareció ser acertada cuando el encapotado divisó a un par de tipos sospechosos acercarse sigilosamente. Eran 2 miembros del White Fang, ambos armados, probablemente enviados para explorar el terreno antes de dar el gran golpe, cual sea que fuese éste. Al escuchar el ruido de los pasos más cerca, HuntsMan se ocultó en un espacio entre unos contenedores.
—Oye Zack ¿estás seguro que es por aquí? —murmuraba uno de los faunos.
—¡Ya te dije que sí, que es el muelle 14! Ahora cállate y... —el otro miembro del White Fang se detuvo al escuchar un ruido proveniente de entre los contenedores más cercanos—. ¿Escuchaste eso?
—¿Qué cosa? ¡Ya deja de perder el tiempo o nos van a ejecutar a los 2!
—¡Shhh! Aguarda aquí —ordenó el fauno de nombre Zack y luego avanzó hacia los contenedores. Después de desaparecer de la vista de su compañero, se escuchó el ruido de un tubo golpeando algo.
—¡Carajo! ¿Y ahora qué? — espetó el miembro del White Fang aproximándose a los contenedores mientras apuntaba su arma.
—¡Hey! ¿Qué te pasa? ¡Baja eso! —reclamó Zack, que había alzado ambas manos al ser apuntado con un arma. Cuando su compañero se dio vuelta, Zack se acomodó su careta y luego se abrochó un botón suelto de su uniforme.
Finalmente ambos soldados del White Fang llegaron al puesto de vigilancia que les habían asignado en el muelle 14 donde, alrededor de una hora más tarde, atracó el buque carguero Nicholas.
—¿Vamos a asaltar ese barco sólo nosotros 2? —cuestionó Zack.
—¿Qué? ¡Claro que no! Sólo tenemos que dar aviso al otro grupo cuando la carga haya sido desembarcada. Ya ellos se encargarán de lo demás.
Minutos después, la grúa del muelle descargó del buque 2 contenedores, con el emblema de la Milicia de Atlas, en un par de trailers. Los 2 vigías del White Fang dieron aviso por radio a sus compañeros y se movilizaron a través del muelle, siguiendo el convoy de camiones. Apenas salieron del puerto, los camiones fueron escoltados patrullas del Departamento de Policía de Vale, sin embargo, al doblar en una esquina, fueron emboscados por un comando armado del White Fang.
Viéndose superados en número, los elementos de seguridad no ejercieron resistencia y permitieron que el White Fang se apoderara de los camiones. Zack y su compañero llegaron a tiempo para abordar uno de los camiones y se dirigieron a la guarida desde donde Roman Torchwick, en confabulación de los faunos radicales, habían estado operando las últimas semanas.
El convoy de camiones entró a un almacén a las afueras de la ciudad de Vale, donde fueron recibidos con los brazos abiertos por Roman Torchwick y más miembros del White Fang que celebraban la exitosa operación.
—¡Compañeras y compañeros, éste ha sido nuestro último gran golpe de la primera fase de nuestra operación en Vale! —exclamó Torchwick, sintiéndose como si fuese un político o algún gran líder sindical recitando un discurso para sus seguidores-agremiados, mientras que Neo, a lado de Roman, sólo se cruzaba de brazos sin darle demasiada importancia—. Con lo que hemos conseguido hoy, muy pronto alcanzaremos nuestro objetivo final ¡Y aquellos que han intentado oprimirlos por años, pagarán caro! —todos los faunos del White Fang, presentes en el almacén, aplaudían y vitoreaban tras escuchar el breve discurso de Torchwick.
Posteriormente Roman se dirigió hacia la parte trasera de uno de los camiones y ordenó abrir el contenedor para que todos pudiesen admirar el botín.
—¡Hola de nuevo, Roman! —saludó la Cazadora parada, junto con Lee, en el borde de un contenedor completamente vacío.
—¿¡Qué carajo!? ¿¡Cómo es que tú...!? —balbuceaba Torchwick desencajado y lleno de rabia al ver que su gran botín eran solamente su rival escarlata y su guardaespaldas.
—También me da gusto verte, Roman... —comentó la Cazadora con tono burlón—. Bueno, en realidad no. Lo que sí me da gusto es verte así. Creíste que te habías salido con la tuya pero ahora lamentarás haberte metido conmigo.
—Tú eres quien se arrepentirá de lo que acabas de hacer... —masculló Román tronando los dedos, haciendo que todos los miembros del White Fang desenfundaran sus armas y apuntaran hacia la Cazadora Roja y Lee.
La Cazadora hizo un ademán con su mano, indicándole a Lee que se calmara y pusiera las manos detrás de la cabeza. Posteriormente, un par de elementos armados del White Fang, uno de ellos Zack, pusieron de rodillas a la pelirroja y a Lee.
—No te conviene acabar con nosotros, Roman —afirmó con aplomo la Cazadora—. Si quieres saber dónde están tus paladines Elysium, deberás mantenerme con vida.
—¡No me salgas con juegos ahora! —espetó colérico Torchwick, caminando en círculos, gruñendo y finalmente apuntando directo hacia la Cazadora, con su bastón Melodic Cudgel.
—¡Anda! Dispara, Roman —ordenó altanera la pelirroja—. Dispara y lo pierdes todo.
—¿Qué carajo estás haciendo, Pyrrha? —masculló Zack, nervioso de terminar siendo daño colateral de las locuras de los 2 criminales.
—Me confundes con otra persona... ¿HuntsMan? —murmuró la pelirroja tratando de entender cómo es que Jaune había logrado infiltrarse en el White Fang.
—Te dije que no descansaría hasta atraparte, Pyrrha —continuó Jaune, alias HuntsMan, alias Zack—. Pero no puedo atraparte si este otro loco nos termina volando en miles de pedazos.
—Chico, acosar a una mujer no es la forma de conquistarla. No me halaga y ni siquiera me agrada que sigas insistiendo en perseguirme, mucho menos si proyectas en mi la imagen de otra persona que claramente no soy —espetó la Cazadora, tratando lo mejor posible de sonar convincente para quien era su compañero de equipo, procurando también no perder la concentración ante la situación hostil y riesgosa en la que se encontraban.
—¡Suficiente! —gritó Roman, sin dejar de apuntar a la pelirroja.
—Es lo que digo, Roman, suficiente de esta charada ¿Vas a dispararme o vamos a sentarnos a negociar? —exclamó sarcástica y engreída la Cazadora.
—¡Eres una...!
—¡Ahora, Lee! —indicó la pelirroja mientras empujaba a un lado a HunstMan-Zack para esquivar el disparo de Roman. Lee por su parte golpeó a su custodio con un codazo en la entrepierna para doblegarlo, arrojarlo al suelo y comenzar a moverse y abrir fuego contra los demás faunos del White Fang que respondieron el ataque. La Cazadora arrastró a HunstMan al costado del contenedor vacío, tomando el arma del falso White Fang para disparar hacia Roman y sus esbirros.
—¡Pyrrha, ya basta por favor, tenemos que salir de aquí! —exclamó HuntsMan—. Si temes hacerle frente a la policía por el asesinato de Fred Glasto, yo te apoyaré. Pero por favor ya para este asunto de la Cazadora Roja y yo dejaré de pretender ser HuntsMan. Soy Jaune Arc y me doy cuenta que no sirve de nada pretender ser otra persona si eso provoca que pierda a alguien que me importa mucho —tras su declaración, Jaune se quitó la careta y la capucha del uniforme del White Fang que le había quitado al verdadero Zack; a su vez, se retiró su antifaz rojo de HuntasMan que portaba debajo.
—¡Ay qué lindo! Me da mucho gusto que seas honesto contigo mismo, que te valores mejor y todo eso —la pelirroja trató de fingir lo mejor posible un tono de desinterés aunque las palabras de su compañero la habían conmovido realmente—. Pero, 2 cosas: la primera, yo no acabé con la vida de Glasto, de hecho lo necesitaba para que me revelara todo este plan de atraco al Nicholas. Y la segunda, yo no soy Pyrrha.
—¡Deja ya de mentirme! ¡Sé que eres tú, Pyrrha! —espetó Jaune.
—¿Estás seguro? —cuestionó la Cazadora cuando por los ventanales del almacen entraron de golpe Nora, Ren y... Pyrrha Nikos.
Los miembros del equipo JNPR comenzaron a combatir contra los soldados del White Fang, a su vez que Lee se abría camino hacia el otro contenedor que Roman aún no había abierto.
—¿¡Y estos chicos entrometidos de dónde salieron!? —reclamó Roman mientras veía cómo todo el almacen comenzaba a volverse un caos.
Por su parte, Jaune Arc no podía creer ver a Pyrrha en acción, peleando con su escudo y su espada al mismo tiempo que frente a él tenía a la Cazadora Roja. Desde su anterior encuentro con la Cazadora, la noche anterior, el rubio estaba seguro que la criminal escarlata era su compañera Pyrrha Nikos y, por lo tanto, que el guardaespaldas de la Cazadora pudiese tratarse de Ren, pero sus dos compañeros de equipo se encontraban en puntos distintos a los de la Cazadora y su secuaz conocido como Lee.
—Como supongo que la pelirroja de allá es tu dichosa Pyrrha, te dejo por tu cuenta, chico, debo acabar mis asuntos con Roman —se despidió la Cazadora devolviéndole el arma a Jaune y corriendo en dirección hacia Roman.
—¡De nada te servirá haber involucrado a estos chicos, Cazadora! Seguimos siendo más —espetó Roman Torchwick, recobrando un poco el control de sí mismo y disparando el gancho de su bastón que lo elevó hacia uno de los corredores superiores del almacén.
—No estés tan seguro, Roman ¡Lee, el contenedor! —ordenó la cazadora mientras se abría paso por las escaleras para alcanzar a Torchwick.
—¡Estoy en eso, carajo! —respondió Lee en plena refriega contra un grupo de faunos que resguardaban las puertas de segundo contenedor.
—Tal vez yo pueda ayudar con eso... —comentó Nora corriendo hacia su compañera de equipo—. ¡Pyrrha, escudo!
Pyrrha Nikos, se aproximó lo más posible y se incó colocando su escudo encima de ella. Nora tomó varios cartuchos de polvo de aire, los cargó en la cabeza de su mazo y se arrojó sobre su amiga, golpeando el escudo de Pyrrha, provocando una poderosa onda de choque que en esta ocasión fue amplificada por el escudo de la joven Nikos. La mayoría de los soldados del White Fang fueron repelidos, mientras que Roman, la Cazadora y Lee desde sus posiciones se cubrieron lo mejor posible y se aferraron de algo para no resultar tan afectados por la onda de choque. Por su parte, Neo sólo tuvo que cubrirse con su sombrilla.
Finalmente, Lee abrió el segundo contenedor de donde salió una tropa de caballeros Elysium, las nuevas unidades automatizadas de la milicia de Atlas. Los autómatas comenzaron a atacar y a capturar a los faunos del White Fang, quienes comenzaron a replegarse y huir del lugar.
—Se acabó, Roman, no tienes a los paladines, tus subordinados están siendo derrotados y en cualquier momento llegará el resto del ejército de Atlas a quien intentaste robar —argumentó la Cazadora mientras sacaba su arma y caminaba hacia Torchwick.
—Déjame adivinar: ¿hiciste un trato con esos cerdos de Atlas? ¿a cambio de qué? —cuestionó Roman, sacando un puro, tomándose su tiempo para encenderlo con un cerillo.
—Dinero —exclamó desvergonzada la pelirroja—. De nada me servía arpopiarme de todo ese montón de fierros. Preferí venderle la información del golpe al mismo General Ironwood y, de paso entregarle a los criminales que han fastidiado la ciudad de Vale las últimas semanas.
—Eres una chica muy astuta —es una lástima que estuviésemos en bandos opuestos, podríamos haber hecho muchas cosas juntos, evadir impuestos, controlar esta ciudad y otras cosas más... deliciosas, en fin ¡Neo! —la compañera de Roman apareció, colocándose entre Torchwick y la Cazadora quien estaba segura que lo que tenía frente era una ilusión, por lo que respiró hondo para concentrarse y con ayuda de su semblanza detectó el metal del arma de Neopolitan... justo a sus espaldas.
Neo se abalanzaba contra la Cazadora, con la daga de su sombrilla desenvainada. La Cazadora alcanzó a esquivar el filo del arma y, accionando su pistola, roció de vapor rojizo a Neopolitan quien instantáneamente recibió una poderosa descarga que la dejó fuera de combate.
—¡Neo! —gritó Roman reflejando una enorme preocupación en su rostro.
La Cazadora se incorporaba tras la maniobra cuando tuvo que esquivar lo mejor posible los disparos de Torchwick, quien enfurecido arremetió contra la pelirroja hasta quedarse sin munición, por lo que recogió el cuerpo inconsciente de su compañera y usando una vez más el gancho de su Melodic Cudgel, escapó por uno de los ventanales superiores.
—¡Oh no, no escaparán esta vez! —exclamó Lee, arrojando su arma hacia el techo, usando su cinta para elevarse y perseguir a Roman Torchwick.
La Cazadora Roja por su parte, trataba de recuperarse y al ponerse de pie para ir tras Torchwick se encontró con Jaune Arc bloqueándole el paso.
—Ahora que sé que no eres Pyrrha, me siento totalmente libre para detenerte y llevarte ante la justicia —sentenció el rubio.
—Ay, por favor... ¿es en serio? —masculló con pesadez la Cazadora.
Jaune se arrojó al ataque contra la Cazadora quien desvió sus puñetazos, lo sujetó del cuello de su ropa y le robó un largo beso que desconcertó al rubio, haciéndolo bajar por completo su guardia tan solo para ser emujado por la criminal escarlata quien disparó su arma contra él. Tras emitir un agudo grito, Jaune quedó inconsciente.
—Lo siento, Jaune... —musitó la cazadora Roja, dejando caer un par de cápsulas de polvo vacías para cargar su arma mientras corría hacia la dirección por donde había escapado Roman Torchwick. Al subir al techo del almacén se encotró con...
—¡Éste es el ejercito de Atlas! ¡Deje sus armas! —una tropa de soldados de la milicia de Atlas habían acordonado el edificio, respaldados por una unidad aérea que iluminaba con un reflector a la criminal escarlata. Frente a ella se encontraba el general Ironwood.
—Debo admitir que... no estoy impresionado —exclamó serio el general, que portaba en una mano un maletín—. Esperaba que cumplieras con la parte de tu trato, sin embargo me acaban de notificar que Roman Torchwick ha escapado.
—Hola de nuevo, general —respondió jovial la Cazadora a pesar de la situación en la que ahora se encontraba—. Es cierto que Roman ha logrado escapar pero, por otra parte, usted no perdió sus preciados paladines, además pudo estrenar y poner a prueba sus nuevos autómatas deteniendo y capturando una cédula del White Fang que había operado bajo el mando de Torchwick y también podrá recuperar el polvo robado que se encuentra en este almacen. Yo creo que ha sido un resultado satisfactorio.
—Satisfactorio... tal vez... —pronunció Ironwood extendiendo el maletín hacia la Cazadora que al intentar tomarlo con ambas manos fue atrapada con unas esposas—. Mas no suficiente. Las imágenes que nos han mostrado las cámaras de los caballeros AK-200 revelan que el cargamento de polvo en el almacen no es ni la cuarta parte de lo reportado en los robos, así que... aguarda... —el general levantó el índice derecho mientras que con su otra mano presionaba su oído para poder escuchar mejor su auricular—. Me están informando que el escuadrón de naves que habían sustraído los paladines del Nicholas, fueron atacadas; 2 paladines resultaron destruídos, 3 fueron robados y el único que recuperamos necesita serias reparaciones ¿A esto llamas un resultado "satisfactorio"?
—¡Oh, general! Lo siento mucho... Tal vez podamos llegar a un... conscenso —exclamó con un todo dulce la Cazadora, mientras con ambas manos sujetaba suavemente la solapa del abrigo del general.
—Guarda esos ridículos trucos para los adolescentes inexpertos —espetó el general Ironwood, apartando bruscamente las manos de la Cazadora con un movimiento de su brazo derecho.
—¡Vaya! Así que es cierto, el "Hombre de Hojalata" no tiene corazón —afirmó con tono burlón la pelirroja—. En ese caso... ¡Lee, ahora!
Desde una chimenea cercana, Lee saltó y arrojó varias cápsulas de polvo que al hacer contacto con el techo del almacén, generaron una neblina que limitó la visibilidad del Genral y los demás soldados presentes. Inmediatamente Lee disparó hacia el reflector de la aeronave que ya se disponía a descender para dispersar el polvo, pero que tuvo que replegarse ante el ataque.
El general, adoptando una posición de combate, sólo pudo escuchar las detonaciones de las armas de sus hombres, además de cómo éstos eran atacados y derribados. Cuando finalmente la nube de polvo se dispersó, James Ironwood sólo encontró a sus soldados derribados, unas esposas en el suelo y el hecho de que el maletín con el dinero había desaparecido.
