Inicio de la ruta: Ingeniería Social

Satou Kazuma tenía un problema. Bueno, en realidad, tenía 3 problemas. Por fin había iniciado su carrera como aventurero e incluso había logrado cierto éxito, pero su grupo era un desastre. Tenía a una masoquista pervertida de paladín, a una maga chunibyo lunática y a una diosa inútil. ¿Pero que podía hacer el? Sólo estaba calificado para ser un Aventurero, y no era como si tuviera una manera de resolver todos los problemas de su grupo por su cuenta.

¿O sí?

Era el momento de sentarse y pensarlo a fondo. Finalmente, a Kazuma se le ocurrió lo que creía que era una solución factible. El único problema era que esto lo convertiría en 'Perverzuma' por el resto de su vida. Por otro lado, probablemente también le aseguraría tener una vida para empezar. Además, podría incluso abrir una de las rutas de las chicas. Se puso manos a la obra.

Lo primero es lo primero, necesitaba algunas provisiones. Se dirigió al pueblo, dejando a los demás en la mansión y caminando hasta la tienda de artículos de Wiz. No había manera de que esto pudiera funcionar si las chicas supieran lo que había planeado.

—¡Oh, hola Kazuma! ¿Vienes a comprar o a ojear? ¿Podría interesarte algunos productos nuevos que tengo?

Dijo Wiz, sonriendo y saludando mientras Kazuma se acercaba al mostrador.

—¡Acabo de encargar estos cepillos de dientes especiales que brillan en la oscuridad! Perfectos para cuando te aventuras en una cueva oscura, ¡pero aun así necesitas cepillarte los dientes!

—No gracias, Wiz.

Kazuma dijo, miró a su alrededor, asegurándose que la tienda de artículos estuviera vacía, bajó la voz de todos modos, inclinándose sobre el mostrador hacia Wiz.

—Mira, necesito algunos... artículos especiales. Estoy dispuesto a pagar más por ellos. Si puedes conseguírmelos, incluso compraré uno de esos cepillos de dientes raros. Pero tienes que, y esto es muy importante, no decirle a absolutamente nadie que me has vendido estas cosas.

Wiz pareció desconcertada, pero bajo su voz y se acercó a Kazuma.

—Um, esto no es nada ilegal, ¿verdad? No quiero empezar a vender cosas que podrían causarme problemas con la ley...

—Oh, no, nada de eso. Es solo... mira. Esto es lo que necesito. —Metió la mano en su bolsillo y con cuidado sacó el papel doblado, alisándolo sobre el mostrador—. ¿Puedes conseguirlo? Recuerda, sin preguntas, y sin decirlo a nadie.

Con cuidado, Wiz tomó la lista, sus ojos se abrieron de par en par a medida que leía. Cuanto más avanzaba, más se sonrojaban sus mejillas. Finalmente levantó la vista, cautela llenando sus ojos.

—¿Qué... qué vas a hacer con esto, Kazuma? No irás a hacer una locura, ¿verdad? Algunos de estos artículos... bueno, no son ilegales, pero...

—Son por una buena causa, Wiz. Si puedes hacerlo, tendrás una gratificante recompensa. Tendrás el suficiente dinero para comprar todos los cepillos de dientes que brillen en la oscuridad y el papel higiénico reutilizable que quieras. Y esto me ayudará mucho. Te deberé una.

—No lo sé...

—Incluso convenceré a las chicas para que vengan y compren cada una un cepillo de dientes también. Además, si esto funciona, seremos un grupo exitoso. Me aseguraré de que siempre patrocinemos tu tienda.

Eso pareció convencer a Wiz

—Bueno, está bien. Y no te preocupes. No le diré a nadie que te los estoy consiguiendo. Y realmente no quiero saber lo que vas a hacer con ellos.

Una semana después, Wiz llamó a Kazuma a la tienda para recoger su encargo. Fue al anochecer, acercándose sigilosamente a su tienda, donde ella le pasó una gran caja por la puerta trasera.

—Uf, esto es pesado —gruñó Kazuma—. Pero me las arreglaré. Aquí tienes el dinero, Wiz. Gracias, eres un salvavidas. Literalmente, quizás.

—Ni lo menciones —susurró Wiz—. En serio. No le digas a nadie de dónde lo has sacado. Si Vanir se enterara...

—¿Quién es Vanir? No importa. Me voy de aquí.

Kazuma regresó sigilosamente a la mansión, utilizando su habilidad de Lurk para esquivar a cualquiera que se encontrara en el camino. Entró por una puerta trasera y regresó de puntillas a su habitación. Dejó la caja sobre la cama y la abrió, asegurándose de que todo estaba allí.

Perfecto. A la fase 2.

A la mañana siguiente, Kazuma decidió empezar con la que esperaba que fuese la más sencilla. Encontró a Aqua tumbada en el sofá, comiendo unos bocadillos, que era su pasatiempo habitual cuando no estaban en una misión.

—Oye, Aqua, tengo un trato para ti, dijo Kazuma, acercando una silla.

—¿Qué? Lo juro Kazuma, eres el NEET más inútil que he visto, se quejó Aqua, con la boca aún llena de comida. ¿Es esta una manera de salir de toda esta deuda que tenemos?

—Podría serlo —estuvo de acuerdo Kazuma—. O al menos, una forma de que salgas de la deuda. Cada vez que hagas algo útil, te daré una recompensa.

Aqua arrugó la nariz.

—¿Pero qué dices? ¡Soy superútil! ¡Soy una diosa! Deberías estar agradecido por toda mi maravillosa ayuda, ¡estarías perdido sin mí! ¡Fui yo quien desterró a todos esos fantasmas y nos consiguió esta mansión!

El único problema con esa lógica era que Aqua había sido la causante del problema de los fantasmas. Pero no era el momento para eso. Kazuma tenía algo de ingeniería social que hacer.

—¿Te gustan las calcomanías?

Preguntó Kazuma, sacando dos de los objetos que Wiz le había conseguido.

—¡¿Qué?! ¡Esa es una pregunta estúpida! ¡No soy una niña, soy una Diosa! Las calcomanías son p-

—Verás —dijo Kazuma, hablando por encima de la perorata de Aqua—, cada vez que hagas algo útil, te daré una para tu libro de calcomanías. Toma, tengo uno especial para ti.

—¡No quiero un libro de calcomanías! —protestó Aqua—. Esas son- ohhh, ¡Ey, todas son fotos mías! Pero son todas en blanco y negro, y parezco tan triste en todas ellas... ¿y qué pasa con la botella de vino espumoso al final de cada página?

—Toma, ya que eres mi mejor amiga, te daré una calcomanía gratis.

Dijo Kazuma, y sacó una calcomanía de la página que tenía, pegándola con cuidado en el libro.

—¡Eh, esta me gusta! Ahora parezco toda feliz, ¡y pone 'Diosa #1'! ¿Qué dicen los demás? ¡Tienes que enseñármelas, Kazuma!

Exigió Aqua, que ahora parecía ansiosa y emocionada, alzando la mano y agarrando las calcomanías.

—Tendrás que ganártelas para averiguarlo.

Le dijo Kazuma, echándose hacia atrás y guardando de nuevo las calcomanías.

—Además, como un extra, tengo escondidas varias botellas de tu licor favorito. Cuando termines una página, te daré una, y podrás quedártela para ti sola.

Aqua lo consideró.

—¿Lo dices en serio? ¡Pues más vale que esas calcomanías sean geniales! Quiero muchas pegatinas, ¡con más cosas que hablen de lo asombrosa que soy!

—Los tendrás —prometió Kazuma—. Cuando termines el libro, tengo un Libro para Colorear de Aqua especial con lápices de colores, sólo para ti. Además, incluso te daré una medalla. Puedes llevarla puesta, o ponerla en tu pared, y todo el mundo sabrá que eres la mejor diosa del mundo. Incluso mejor que Eris.

—Bueno, esta bien. Pero, ¿qué se consideraría como algo útil? —preguntó Aqua, luciendo suspicaz.

—Me alegro de que hayas preguntado —dijo Kazuma, dándole a Aqua una gran sonrisa.

Recuerda, refuerzo positivo.

—Para empezar, ayudar en las misiones cuenta como ser útil. Cada vez que cures a uno de nosotros o nos des un buff útil o uses bien algún otro hechizo, ganarás una calcomanía al terminar la misión. Pero si te ríes de mí o causas problemas, perderás una calcomanía. Nunca perderás las que ya tengas, así que si sigues intentándolo, al final conseguirás todas las calcomanías. Hazlo lo suficientemente bien, y te conseguiré otro libro especial de calcomanías.

—Hmm. Esto parece un truco, pero... realmente quiero esas calcomanías. Y el burbujeante, y mi libro de colorear. ¡Especialmente esa medalla! Eris estará tan celosa. ¡Bien, trato hecho, Kazuma!

—Genial. Ahora ayúdame a convencer a Megumin y a Darkness para ir a hacer esta misión. Debería ser bastante fácil, solo es eliminar un nido de kobolds, pero la paga es bastante buena y necesito el dinero. Acabo de gastar un montón de dinero en tus calcomanías y algunas... otras cosas.

Eso irritó a Aqua.

—¿Qué? Los kobolds son aburridos, yo no-

Kazuma levantó una calcomanía que mostraba a una animada Aqua con la frase "La diosa más hermosa del mundo". Aqua se levantó de un salto, corriendo por la mansión y gritando entusiasmada.

—¡Darkness! ¡Megumin! ¡Nos vamos a una misión! Vamos, ¡será genial!

Horas más tarde, Kazuma despegó con cuidado tres calcomanías y se las entregó a Aqua, que las pegó con entusiasmo en su libro mientras él le explicaba su puntuación. Los libros de ingeniería social que había leído dejaban muy claro que el refuerzo positivo funcionaba mejor cuando el sujeto sabía por qué estaba siendo recompensado.

—Hiciste un buen trabajo, Aqua. Me gustó mucho cómo te aseguraste de curar a Darkness cuando atacaron los kobolds, y yo también agradezco mucho la curación extra que recibí. También fuiste muy útil cuando nos proporcionaste esa luz para que pudiéramos ver en la cueva. Y te aseguraste de darnos a todos un montón de buffs antes de la batalla. Sin embargo, no fue muy útil que te fueras a explorar secciones aleatorias de la mazmorra y que casi te comiera ese imitador. Podrías haber conseguido cinco calcomanías, pero te llevas tres. Sigue así, ¡eres una diosa increíble!

—¡Miren esto, chicas! —rió Aqua, acercándose a toda prisa a Darkness y Megumin y mostrando orgullosa la página—. ¡Kazuma me ha dado tres calcomanías por lo increíble que soy! ¿Le oyeron decirme lo maravillosa que soy? ¡Creo que soy el miembro más útil del grupo!

—Um, qué bonito, Aqua —dijo Darkness, frunciendo el ceño ante el libro de calcomanías, y luego dirigiendo a Kazuma una mirada de reojo perpleja.

—¿Por qué te importan tanto las calcomanías? —preguntó Megumin sin rodeos—. ¿No ves que está manipulándote?

—¿Qué? No, no lo hace. ¡Sólo me está diciendo lo increíble que soy! Mira, si consigo 10 calcomanías, ¡me dan una botella de vino espumoso! Y si puedo llenar todo el libro, ¡me darán una medalla! ¡Él me la mostró, es realmente brillante, y dice 'Mejor Sanador' en ella! Apuesto a que si termino varios libros, ¡incluso me dará más! Vamos, Kazuma, ¡volvamos a buscar más misiones!

—¿Para qué? Ni siquiera pude usar mi magia Explosión para este —se quejó Megumin—. ¿Por qué he venido siquiera? Pueden ir a la siguiente misión sin mí.

—Pensé en eso —dijo Kazuma, sacando otra carta de búsqueda—. Hay una guarida de ogros salvajes cerca. Si la haces explotar, deberías conseguir un montón de XP.

—¿¡En serio!? ¡Pues démonos prisa para allá! Ya puedo sentir mi nuevo nivel, ¡y hará que mi Explosión sea incluso más poderosa! —declaró Megumin.

No estaba lejos la guarida de los ogros, y Megumin felizmente la hizo explotar después de otro ridículo cántico.

—Buen trabajo. Solo no gastes tus puntos todavía —le dijo Kazuma a Megumin mientras la ponía en la espalda de Darkness—. Tengo un plan especial para ellos.

—¡Ja! ¡Mis puntos siempre van a la magia Explosión! Pero esperaré, ¡aunque sólo sea para que sea más dramático cuando vuelva a subir de nivel mi hechizo! —se jactó Megumin.

—Eso funciona. Vamos, Darkness. Volvamos. Estas dos misiones fueron bastante buenas. ¡Si seguimos así, puede que nos libremos de las deudas!

—No lo sé, esta misión no ha sido muy emocionante —suspiró Darkness mientras volvía a la ciudad—. Los kobolds no me pegan lo bastante fuerte como para que merezca la pena mi tiempo, y aunque los ogros habrían sido divertidos, Megumin los mató a todos antes de que pudieran arrastrarme y maltratarme durante horas, ¡usándome como saco de boxeo personal!

—Haré que merezca la pena tu tiempo —prometió Kazuma—. Eso sí, no gastes los puntos de habilidad que tengas. Tengo planeado algo especial para ti si esperas un poco.

Darkness frunció el ceño y miró a Aqua, que seguía admirando sus pegatinas.

—No creo que un libro de calcomanías me satisfaga, Kazuma.

—Las calcomanías son patéticas —coincidió Megumin.

—Lo sé —suspiró Kazuma—. Pero no te preocupes. Tengo algo solo para ustedes dos.

—Hmph. Más vale que tenga que ver con Explosión. —murmuró Megumin.

Cuando volvieron a la mansión, Kazuma hizo que Darkness acostara a Megumin. De paso, se aseguró de robarle su tarjeta de Aventurera, para que la pequeña maga chuni no volviera a malgastar todos sus puntos.

—Muy bien, Kazuma —dijo Darkness, cuando estuvieron en el vestíbulo—. ¿Qué es lo que ofreces? No necesito una armadura nueva, ni una espada nueva, y no me van a comprar con simples baratijas.

—Es algo especial. Ve a tu habitación y quítate la armadura. Te la mostraré —le dijo Kazuma.

—¡Tú, canalla! No permitiré que me violes de esa manera. Protestó Darkness, pero se sonrojó al decirlo. ¿Tomaste algún tipo de habilidad horrible, que me pusiera a tu merced, una en la que pudiera luchar todo lo que quisiera, pero aun así me forzaras? No creía que fueras tan brutal, Kazuma.

—No, no, nada de eso. Vamos a seguir las reglas. Puedes decir que no si quieres. Pero creo que te interesará —dijo Kazuma.

Darkness frunció el ceño, pero se encogió de hombros.

—Me parece bien. Pero si no es de mi gusto, voy a poner más puntos en HP. ¡Aqua fue demasiado rápida al curarme esta vez! ¡A la próxima, tiene que dejar que los monstruos me golpeen un poco más!

—Confía en mí, Aqua no estará involucrada en esto. Jamás. Sólo ve a tu habitación.

Darkness se marchó, y Kazuma volvió a la caja que había escondido en su armario. Con cuidado, sacó varios objetos, envolviéndolos en un paño. Realmente no necesitaba que Aqua viera esto. A continuación, activó su habilidad Lurk y se escabulló hasta la habitación de Darkness. Abrió la puerta con cuidado y la encontró sentada en la cama con su uniforme negro, con el aspecto reprimido y ansioso de siempre.

—De acuerdo —dijo Kazuma, abandonando su sigilo mientras cerraba la puerta a sus espaldas—. Quiero dejar esto claro: puedes echarte atrás en cualquier momento. Si dices que no, terminaré con esto y me iré, aunque si se te ocurre otra cosa que te guste más, dímelo. Estoy dispuesto a intentarlo si eso te convierte en un mejor tanque.

—Ya soy, con diferencia, el miembro más resistente de este grupo —dijo Darkness, frunciendo el ceño con suspicacia al ver el bulto de Kazuma—. No estarás a punto de intentar algo pervertido, ¿verdad? Debo informarte, Kazuma, de que si esto es un intento de robarme las bragas o algo así, te lo haré pagar.

—Oh no, como dije, tienes que estar a bordo para esto —Kazuma depositó cuidadosamente el paquete en el suelo, y lo desenrolló, revelando el contenido.

Cuando vio lo que había dentro, Darkness soltó un grito ahogado.

—¡¿Kazuma?! ¡¿Qué es esto?! ¡Yo, yo no soy esa clase de chica! Quiero decir, realmente no-

—Oh, yo creo que sí —dijo Kazuma, cogiendo un palo de madera grande y plano destinado a golpear la ropa sucia—. Este es el trato. Te he traído algunos juguetes. Si haces lo que te pido, jugaré contigo. Y lo que quiero es muy, muy simple.

Darkness miró el palo en las manos de Kazuma, sus ojos bailando.

—¿Oh? ¡¿Me harás cosas indescriptibles contra mi voluntad?!

—No, desde luego que no. —La expresión de Darkness decayó, así que Kazuma continuó—. Vamos a mantener esto seguro, sano y, lo más importante, consentido. Incluso antes de empezar, tienes que elegir una palabra segura. Si alguna vez dices eso durante nuestros pequeños juegos, me detendré inmediatamente. Nunca vamos a intentar nada que pueda hacerte daño. Aunque considerando que eres tú, ese es un umbral bastante extremo de todos modos. Para que quede claro: aquí mandas tú.

—¡No! —protestó Darkness, jadeando ahora con fuerza mientras se inclinaba hacia el conjunto de objetos que Kazuma le había traído—. ¡Eso no es lo que quiero! Quiero que alguien me maltrate, que sea su juguete, que me obligue a hacer-

—Sí, no, no vamos a ir por ahí —dijo Kazuma. Sacó un folleto titulado "El BDSM y tú: Una relación sana" y se lo entregó a Darkness, luego volvió a dejar el bastón en su sitio y empezó a guardar las cosas—. Lee eso. Si estás de acuerdo, firma al reverso y tráemelo. También tendrás que aprender la habilidad Espada de dos manos para empezar. Sé que no quieres aprender ninguna habilidad ofensiva, pero-

—¡Kazuma, Kazuma! —Gritó Darkness, lanzándole el folleto y su tarjeta de Aventurero a la cara antes de que pudiera terminar de guardar las cosas.

—Ese es mi nombre —estuvo de acuerdo Kazuma. Cogió el panfleto, con la tinta de la firma de Darkness aún húmeda, y examinó su tarjeta de Aventurero. Sonrió. Había puesto en ella los puntos justos para la Habilidad básica Espada de dos manos, aunque le sobraban un par. Se levantó despacio, suspirando—. Entonces, ¿entiendes lo que has leído en el folleto?

—Sí. La palabra segura es 'Lalatina', ¡pues no hay palabra que tenga menos probabilidades de pronunciar jamás! —dijo Darkness, ahora inclinada sobre su cama y con un aspecto positivamente extasiado. Su voz se volvió ronca y ronroneó—. Ahora, creo que he sido una chica muy mala, ¿no crees?

—Oh, has sido muy mala —asintió Kazuma, cogiendo la paleta y golpeando su mano experimentalmente unas cuantas veces. Se preguntó si su habilidad de Espada de 1 Mano le ayudaría con esto—. Y creo que es hora de tu castigo.

Al cabo de unos 15 minutos, Kazuma se cansó, para decepción de Darkness. Si esto iba a continuar, Kazuma se dio cuenta de que probablemente tendría que poner unos cuantos puntos en Resistencia y tal vez algunos más en Armas de 1 Mano (Improvisadas). O tal vez conseguiría que uno de las súcubos lo hiciera. Pero no lo mencionó.

—Creo que es suficiente por ahora —dijo Kazuma, cogiendo el bulto y guardándolo en el armario de Darkness. DEFINITIVAMENTE no lo quería en su habitación. Sacó un cuaderno de él, escribiendo en él mientras caminaba de vuelta hacia Darkness.

—¡No! ¡Apenas acabamos de empezar! ¡Necesito más! suplicó Darkness, con la cara sudorosa y el pelo revuelto. Por una vez, parecía medio satisfecha.

—Tendrás más, no te preocupes —prometió Kazuma—. Por ahora, esto es una simple recompensa. Cada vez que lo hagas bien en una misión, ganarás puntos. He anotado en este papel lo que cuestan las distintas actividades. Ahora mismo, la única actividad que has desbloqueado son los azotes. He escrito una lista de habilidades que quiero que tomes, y qué actividades desbloquearás si lo haces.

—Le entregó el cuaderno a Darkness, que lo leyó rápidamente. ¿¡Qué!? ¿¡Tengo que aprender Espada de 2 manos avanzada para conseguir la venda!? ¡¿Y para las cadenas, tengo que aprender Carga?! Eso me costará docenas de puntos.

—Entonces, será mejor que los ahorres y te asegures de hacer muchas misiones. Aunque los enemigos sean patéticos y no puedan hacerte daño, recuerda que ganarás puntos de tiempo de juego. Te he dado diez puntos extra por hoy, que valen para una sesión de azotes de una hora más tarde. Ahora mismo, estoy agotado.

Ansiosa, Darkness asintió, apretando el cuaderno contra su amplio pecho.

—Lo haré, Kadzuma. Oh, de verdad, ¡eres un hombre perverso, perverso!

—Pero no vayas divulgando esto por ahí, ¿me oyes? ¡Y no me llames Kadzuma! Piensa en otra cosa. Son -50 puntos si me llamas así en público, -10 aquí!. Y -100 puntos si le dices a alguien lo que estamos haciendo juntos, ¿entendido? Especialmente no a Megumin y Aqua.

—¡Cumpliré! Um, Maestro. Vale un punto extra si te llamo así, ¿verdad?

Kazuma lo consideró. Luego se encogió de hombros.

—Claro, pero sólo cuando estamos solos. Puedes darte un punto. No intentes añadir extras, yo también guardaré una copia de ese cuaderno y lo comprobaré con frecuencia para asegurarme de que las cosas cuadran. Buenas noches, Darkness.

Después de eso, Kazuma suspiró y volvió a su habitación. Tenía sus propias necesidades de las que ocuparse. A él realmente no le interesaban este tipo de cosas, pero bueno, a Darkness obviamente sí. Sus reacciones habían sido... interesantes. Aún así, se aferró a su calcetín especial. No quería profundizar demasiado en esto. Ojos en el premio, después de todo.

Al día siguiente, Kazuma encontró a Megumin desayunando sola. Se sentó frente a ella, con un bulto envuelto a su lado.

—¿Qué es esto? —demandó Megumin—. ¿Piensas sobornarme con baratijas tontas como Aqua, o con tus travesuras pervertidas como Darkness? No creas que no sé lo que hicieron ustedes dos anoche, ¡asqueroso pervertido! ¡Si intentas eso conmigo, me iré de este grupo, después de volar esta mansión por los aires!

—No, no, nada de eso —prometió Kazuma—. Sabes, los he visto a ti y a Yunyun compitiendo para ver quién tiene las poses más geniales. ¿Qué te parecería si no sólo la vencieras a ella, sino que fueras capaz de demostrar al resto de tu grupito que eres sin duda la Demonio Carmesí más chunibyo de todos los tiempos?

Eso llamó la atención de Megumin, que le frunció el ceño.

—¿Quién te ha contado la importancia de posar en el clan de los Demonios Carmesí? Debo decirte que yo ya era famosa por mi habilidad para posar. Siempre obtenía la mejor puntuación en mi clase y ganaba muchos puntos de habilidad. Además, aunque no sé qué es eso del 'chunibyo', me has intrigado, y te has ganado un respiro de mis poderes oscuros. Por ahora...

—Estupendo. Chunibyo es, en mi tierra natal, una forma de vida para algunos. Similar a lo que es para ustedes los Demonios Carmesí, creo. De hecho, yo mismo fui una especie de chuni cuando era más joven —dijo Kazuma, sacando varias cosas del saco.

De hecho, estaba impresionado de que Wiz hubiera conseguido encontrarlas, y eso que eran caras. Sin embargo, si esto daba resultado, valdría la pena.

—Ser chunibyo es estar obsesionado con crear la imagen de uno mismo más "genial" posible. Yo era un experto.

—Pff. Es imposible que los extranjeros y forasteros puedan competir con el clan Demonio Carmesí en nuestra habilidad para posar y en nuestros increíbles hechizos y cánticos. Pasamos años estudiando cómo hacer las cosas más asombrosas y geniales, ¡para que nuestro poder se desate en el campo de batalla! —se jactó Megumin.

—Cierto, cierto. Pero... ¿has oído hablar alguna vez de los temas musicales? ¿Y de las poses de equipo?

—¿Temas musicales? —preguntó Megumin, frunciendo el ceño—. No lo entiendo.

—Pues. Entonces deja que te lo enseñe.

Respirando hondo, Kazuma se puso en pie. Buscó en lo más profundo de su ser, sacando una parte de sí mismo que había encerrado y escondido en la vergüenza, para no volver a recuperarla jamás. Pero ahora lo necesitaba. Abrió los ojos y pulsó el botón de reproducción del reproductor de música que Wiz había conseguido.

—¡Reúnanse! Fuerzas de élite aventureras, ¡Konosuba! —gritó Kazuma, adoptando una pose que recordaba con cariño, la de Recoome de las Fuerzas Ginyu.

Luego empezó a cantar al son de: ¡Sanjou! ¡Ginyu Tokusentai!

"Me llamo Kazuma,

soy el Aventurero del grupo

¡Tengo la mayor cantidad de habilidades! (¡Konosuba!)

Voy a robar las bragas de las chicas ¡con mi ultra Técnica de Robo!"

"¡Si nosotros somos! ¡Acabamos de llegar!

¡El Escuadrón de Aventureros más elitista!

¡Salvaremos el día cada vez!

¡Somos las Fuerzas de Élite Aventureras!

¡Te mostraremos nuestra pose especial de combate!

¡Konosuba! ¡Yeah!"

Lentamente, Kazuma salió de su pose, y luego paró la música. Si hubiera estado actuando para cualquier otro público, Kazuma habría esperado risitas, o tal vez un movimiento de ojos. Megumin parecía como si acabara de tener una experiencia religiosa, con la cara enrojecida, los ojos brillantes, los puños apretados y la boca ligeramente abierta de puro asombro. Era hora de morder el anzuelo.

—Ahora, lo que estaba pensando era, cada uno de nosotros en el grupo necesita su propia introducción especial. He planeado poses para Darkness y Aqua, y te ayudaré a crear la tuya propia. Cada uno de nosotros debería tener su propio verso en la canción, y cantaremos juntos el coro. Creo que tú y yo podemos hacer una lluvia de ideas para algunos versos más. ¿Qué te parece?

Megumin tragó saliva.

—Eso... si volviera a la Aldea del Demonio Carmesí, con un grupo de Aventureros que tuvieran poses tan asombrosas y una canción que las acompañara...

Los ojos de Megumin empezaron a brillar, y se puso en pie, extendiendo los brazos, con una sonrisa maníaca en la cara.

—¡Sería declarada la genio más destacada del Clan de los Demonios Carmesí! No, ¡sería alabada como la mayor Demonio Carmesí de todos los tiempos! Iniciaría un nuevo renacimiento cultural para mi pueblo. Los niños aprenderían de mis increíbles poses y se les enseñaría canciones temáticas como la mía en la escuela por el resto de la eternidad. ¡Kazuma, tenemos que hacerlo!

Me alegro de que te guste —dijo Kazuma—. Sacó la tarjeta de aventurero de Megumin y se la deslizó por la mesa. He visto que has estado ahorrando puntos. Tienes los suficientes para Magia Intermedia. Tómala y acepta usarla, yo te daré la música y haré que los demás canten y posen con nosotros.

Con manos temblorosas, Megumin recogió lentamente su tarjeta, con expresión conflictiva.

—Pero la Magia de la Explosión... ¡es mi único amor verdadero! Si no puedo usarla, ¡ni siquiera merezco el título de Señora de las Explosiones! No dije que no pudieras usar la Magia de Explosión.

—De hecho, cuento con que la uses cuando inevitablemente luchemos contra otro jefe como Beldia. Pero piensa en lo de ayer: Hubiera sido muy útil si hubieras podido usar algo de Magia Intermedia simple contra los kobolds. Habrías podido hacer explotar la guarida de los ogros, pero no habrías tenido que quedarte sentado en la retaguardia haciendo el tonto bajo tierra. Además, piensa en toda la XP extra que habrías conseguido.

—No lo sé —dijo Megumin, aún dudando—. Renunciar a centrarme exclusivamente en la Magia de Explosión...

Necesitaba más. Kazuma metió la mano en la bolsa y sacó los cuatro últimos objetos.

—¿He mencionado que cada uno llevaría unas gafas de sol especiales a juego mientras hacíamos las poses y la Aventura?

Tenían la forma de las gafas de Kamina de Gurren Lagann, y estaban tintadas en verde, rojo, amarillo y azul a juego con cada uno de ellos, con monturas especiales amarillas.

—¡Contempla! Ahora soy una maestra tanto de la Explosión como de la Magia Intermedia —declaró Megumin, clavando el dedo en su tarjeta de Aventurera—. ¡Ahora, dame esas gafas! Bien, ahora vuelve a poner esa música y enséñame cuál crees que debería ser mi tema musical. ¡Luego tenemos que practicar nuestras poses juntos! ¡Ja! ¡Yunyun se va a poner muy celosa!

Kazuma sonrió, y junto con Megumin empezó a descender de nuevo a las profundidades del chunibyoismo. Pero era por una buena causa.

Durante las siguientes semanas, el índice de éxito del grupo de Kazuma se disparó. Tras mucho trabajo, incluso saldó su deuda y se planteó tomarse un tiempo libre. Y lo que es mejor, Kazuma entró en su fase de popularidad con las chicas. La única pregunta real era, ¿qué ruta iba a tomar?

Nota del autor: Así que sí. Eso sucedió. De todos modos, si te interesa, deja un comentario diciendo qué ruta crees que debería tomar Kazuma. Si hay suficientes respuestas, quizá haga más de una, quién sabe.

La votación está cerrada, cabrones cachondos. Cuidado con lo que desean.

El eterno NEET (Final del calcetín)

¿Las novias también reciben pegatinas? (Final Aqua)

¿Seguro y consentido, pero cuerdo? (Final Darkness)

¡El amor es una EXPLOSIÓN! (Final Megumin)

Pervezuma (Harem Ending)