Capítulo 14: Lola

Lola Monroe

15 años

Distrito 5

"Me da terror pensar que un día no voy a estar. Me da coraje que me puedan remplazar, que puedan daros lo que yo ya no pueda dar y que mi nombre no lo vayas a recordar"

El uniforme para el entrenamiento es horrible. No sé quién lo diseñó, pero deberían despedirlo por falta de originalidad. De todos modos quejarse no sirve de nada. Ayer ya intenté que me permitieran ponerme otra cosa o al menos adornarlo un poco y lo único que conseguí fue que Felicity me gritara que dejara de ser una maldita niña malcriada. Desde entonces mi mentor es Michael, que es más simpático que ella. Felicity siempre parece estar enfadada. A mi madre nunca le ha caído bien. Dice que las vencedoras como ella dan problemas. Nunca ha pronunciado la palabra que empieza con r, pero sé que piensa que Felicity lo es, igual que el chico del ocho que le sacó el dedo al presidente. Ese chico me da miedo. Se ha juntado con la voluntaria del seis y con uno de los del tres que dicen que ha estado en la cárcel.

No soy la última en llegar al comedor para desayunar. Eso está bien porque ayer me regañó el escolta por impuntual. Es un tipo nuevo, así que no lo conozco. Antes nuestro escolta era Nigellus, que era mucho más simpático y siempre me contaba cosas del Capitolio cuando venía a vernos el día de la cosecha. He preguntado por él, pero me han dicho que me meta en mis asuntos. Aquí la gente es súper antipática.

Me siento al lado de Olivia. Ayer estuve casi todo el entrenamiento con ella. Vamos a ser aliadas. A mí me hubiera gustado aliarme también con Omar, que es un chico fuerte, pero él nos dijo que prefería ir solo. Con Patrick no me aliaría ni muerta. Todo el mundo sabe que si no lo han detenido es porque es hijo del segundo al mando de mi madre. Sus amigos y él sabotearon la inauguración del nuevo edificio de justicia pintando un grafiti enorme en la fachada. Cuando quitaron la lona y vieron aquello hubo un caos tremendo. Que se alíe con el del ocho y los otros si quiere, que yo no quiero tener nada que ver con él.

Precisamente él es el que todavía no ha venido. Llega cuando los demás estamos terminando de desayunar y no parece de muy buen humor. El escolta comienza con el mismo sermón que me dio a mí ayer, pero Patrick lo interrumpe.

–¿A quién le importa que llegue tarde al entrenamiento? Voy a morir de todos modos. Da igual lo que haga. Me van a matar. Nos van a matar a todos, escepto quizás a Omar.

–No digas eso. Si tú te has rendido es asunto tuyo, pero no nos metas a Lola y a mí.

–Venga ya, Olivia, ¿es que no te has dado cuenta? Hay un caso de corrupción en el distrito y justo después salen cosechados la hija de la alcaldesa, el hijo de su actual número dos y la hija del que lo era antes. El sorteo ha sido amañado. Es una advertencia para nuestros padres. Ninguno de los tres vamos a salir de la arena con vida.

–Eso no es verdad. El Capitolio no tiene nada que reprocharle a mi madre. Ella no es una corrupta.

Mi madre es una alcaldesa estupenda. Siempre lo ha sido. Nadie puede quejarse de ella.

–Da igual si lo es o no. Tu madre tiene mucho poder y al Capitolio no le gusta eso, así que han aprovechado esto para darle un toque, igual que a mi padre.

–No me lo creo. El Capitolio no haría eso. Mi madre es leal al presidente. Él no la trataría así.

–Joder, Lola, al presidente tu madre le importa una mierda.

–No es verdad.

–Da igual si lo es o no. Las reglas de los juegos son simples: gana el que sobrevive. Si conseguimos sobrevivir no podrán matarnos.

Olivia parece tranquila. Seguro que ella no se cree nada de lo que Patrick está diciendo. Me alegra tenerla como aliada.

–Ya se encargarán ellos de que no sobrevivamos –sentencia Patrick.

–Yo he oído que a algunos tributos les mandan mutos y trampas a propósito –comenta Omar.

–No puede ser. Eso no sería justo.

–Claro, porque los juegos son una cosa muy justa. Lola, en serio, espabila.

Patrick es un pesado. Miro a nuestros mentores, que han permanecido callados toda la escena, al igual que el escolta. Es raro que no hayan hablado. Quizá es que saben algo. A lo mejor Patrick tiene razón. Comienzo a asustarme. Olivia suspira.

–Bueno, habrá que estar preparados por si acaso –dice–. Yo no pienso dejarme matar.

–Así se habla, aliada –le respondo.

Intento sonreír, pero no me sale. Ojalá ser tan valiente como ella.

–¿Aliada? Oh, Lola, yo lo siento, pero no voy a ser tu aliada. Te lo dije ayer ¿no te acuerdas?

–No.

–Cuando Omar dijo que entraría solo a la arena yo dije que me parecía la mejor opción también.

–Pensaba que estabas hablando de él.

–Lo lamento.

No tengo fuerzas para decir nada. Olivia me ha traicionado, igual que puede que El Capitolio haya traicionado a mi madre. No puedo contener las ganas de llorar y me marcho corriendo del comedor. Pienso en encerrarme en mi cuarto, pero en el último momento decido coger el ascensor. Ahora más que nunca necesito entrenar.

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Lola viene del syot La ciudadela violeta de Alpha y su canción no podía ser otra que Lolita de Belén Aguilera. La conspiración contra los del cinco surgió por casualidad porque me di cuenta de que tenía tres tributos de ese distrito relacionados con la alcaldía, pero me gusta. Nunca había tenido una cosecha amañada.

Ya que Lola ha mencionado la alianza rebelde voy a hacer repaso de las alianzas que llevamos hasta ahora, que con tanto tributo es fácil perderse.

Profesionales: Sadfire, Taylor, Magnificent, Richard, Miranda, Claudia, Jake, Arthur, Angie, Georgina, Leo y Walther.

Rebeldes: Nick, Mercedes, Benjamin y Diego. Lola a Benjie no lo menciona porque tiene doce años y no lo considera peligroso.

Alianza secreta: Hipatia, Cami, Nate, Sky y dos personas más que veremos en el siguiente capítulo.

Como siempre gracias por los comentarios y perdón por tardar tanto en actualizar.

Ah, y al final conseguí mandar a Olivia a un syot: The last stop de Dante Aliguieri1308.