Capítulo 11
"Esta vez no me vas a envolver en tus juegos de palabras. Dime de una vez qué pasó," replicó el señor Darcy enojado.
"No puedo decirte porque prometí que no lo haría y yo siempre cumplo mi palabra… No me mires así, te voy a contarte todo lo que pueda." El Coronel se sentó y le pidió a su primo que se sentara y comenzó a explicar lo que había ocurrido. "Cuando venía por el sendero, vi a la señorita Bennet y me acerqué para saludarla. Ella estaba hablando con el perro que estaba con ella y dijo algo que… me pareció divertido. Entonces yo le hice un comentario y ella sonrió…"
"Y si sonrió y estaba tan contenta, ¿por qué estaba tan nerviosa cuando Georgiana y yo llegamos a su lado?"
"Si no me interrumpes, podré terminar mi historia. Además podré darte mi opinión sobre este asunto si te interesa." El señor Darcy hizo un gesto y Richard continuó. "Como te decía, yo le hice un comentario y sonrió. Luego, cuando vio que tú te acercabas a nosotros, me rogó que no te dijera nada, y que ella no debería haber hecho aquel comentario en voz alta. Yo le dije que no se preocupara y que no diría nada. En ese momento ustedes llegaron a mi lado y yo no pude decirle que nada de lo que había dicho me parecía inapropiado y que me pareció chistoso. Eso es todo lo que pasó."
"¿Y qué fue lo que escuchaste?" preguntó el señor Darcy curioso.
"Lo siento, pero prometí que no te lo diría y no te lo diré. Pero repito, su comentario fue ingenioso y divertido en mi opinión. Pero por alguna razón que tú debes conocer mejor que yo, ella se sintió muy incómoda pensando en que tú te enterarás."
"¿Me puedes decir al menos sobre qué fue aquel comentario? ¿Fue un comentario sobre mí?" El señor Darcy preguntó casualmente. Él pensó que tal vez Elizabeth había dicho algo sobre él y la atracción mutua que algún día existió entre ellos. A lo mejor, ella confesó algún sentimiento hacia él, y estando consciente de las enormes diferencias entre ellos, ella no pudo evitar sentir vergüenza de que él se enterara.
"No, Darcy, no dijo nada de ti. Habló algo relacionado con la historia de tu familia… Y no insistas porque no te diré nada más."
"Entiendo…" El señor Darcy se puso de pie y se sirvió otra copa de brandy. "Dijiste que me darías mi opinión, te escucho," dijo el señor Darcy y se sentó nuevamente.
"Lo haré, aunque sé que te enojarás conmigo. Creo, o mejor dicho, estoy convencido de que le dijiste algo a la señorita Bennet que hizo que tenga temor de expresar sus ideas libremente en frente tuyo."
"¿Miedo? ¿De qué hablas, Fitzwilliam? ¿Miedo de qué?"
"Obviamente no tiene miedo de que le hagas algo malo, de otra forma no seguiría trabajando aquí. Yo creo que tiene miedo de perder su empleo. Sé que eres un patrón justo y pagas bien, y por lo que me dijo Georgie, la familia de la señorita Bennet depende de ella."
"Si soy justo, ¿por qué entonces ella tendría miedo de perder su trabajo?"
"Porque probablemente tú hiciste algún comentario que la hizo sentir que era una empleada y tu el patrón, y ahora ella sabe que te debe el respeto que se le debe a un patrón, no al hermano de su amiga."
"¿Y qué evidencia tienes para decir eso?"
"Cuando ella está a solas con Georgiana, parece una persona distinta. Incluso, conmigo habla de una manera más relajada y casual. Georgie me contó que la señorita Bennet le dijo que cuando tú estuvieras presente, prefería llamarla de señorita Darcy. Está claro para mí, que ella prefiere no tener problemas contigo, y si te soy sincero, me parece que es mejor así. Ella está en esta casa como la acompañante de Georgiana, no como su amiga, y comprendo que ella prefiera mantener la distancia. Por esa razón, cuando Georgiana se retiró, ella sintió que no tenía nada que hacer sentada a la mesa con nosotros."
"Es un poco tarde, creo que es mejor que nos vayamos a dormir, sobre todo si te quieres levantar temprano mañana." El señor Darcy no deseaba seguir hablando de ese tema.
"Estoy de acuerdo, pero creo que diez minutos más de conversación no van a hacer que mañana no nos podamos levantar tan temprano. Tú me hiciste una pregunta y creo que tengo derecho a hacer una pregunta también."
El señor Darcy se puso muy incómodo, pero sabía que su primo era muy perceptivo y si se negaba a seguir conversando iba a crear conjeturas en su cabeza y sacar conclusiones erradas. "Está bien, ¿qué quieres saber?"
"¿Por qué te importa tanto lo que la señorita Bennet diga o piense. Sin duda alguna, ella ha cumplido de forma excelente con su trabajo de cuidar y orientar a Georgie."
"La señorita Bennet solía ser más… más vivaz y bueno, pensé que tal vez, no sé. Fitzwilliam, de cierta forma, me siento responsable por ella y su bienestar."
"Obviamente ella era más vivaz, pero perdió a su padre, perdió su estatus como la hija de un caballero, tuvo que dejar a su familia y buscar empleo. ¿Qué esperas? ¡Qué le agradezca al universo por vivir en Pemberley y se olvide de todo lo que ha pasado en su vida en los últimos meses!"
"Supongo que tienes razón… Bueno, es hora de descansar," dijo el señor Darcy cerrando el tema.
"Tienes razón, es hora de descansar," replicó Richard. Él tenía toda la información que necesitaba y tenía un poco de sueño.
Cuando el señor Darcy estuvo finalmente en su dormitorio pensó por unos minutos en lo que le había dicho su primo y llegó a la conclusión que aquel incidente en la biblioteca había cambiado la actitud de Elizabeth hacia él.
'Reconozco que mis palabras fueron duras y que tal vez podría haber manejado mejor la situación. Pero ya está hecho y estoy seguro que fue para mejor.'
El señor Darcy dijo aquellas palabras para convencerse de que había hecho lo correcto, pero en el fondo, él se sentía intranquilo pensando que Elizabeth no se atrevía a interactuar con él por miedo a perder su empleo.
Al día siguiente, Richard se despidió de sus primos y ellos acordaron reunirse en una semana más en Londres.
P&P
Jane llevaba unos días en Londres y se sentía más cómoda en su rol de esposa y madre de dos niñas. Su única preocupación en ese momento era su querida hermana Lizzy. Afortunadamente, Andrew había resuelto todos los problemas que tenían pendiente y en dos días más, ellos partirían rumbo a Derbyshire a buscar a Elizabeth. La señora Bennet, sus hijas y el señor y la señora Phillips habían viajado a Londres y ayudarían a la señora Smith a cuidar a las niñas y protegerlas en caso que Agnes apareciera en Londres de improvisto.
La señora Gardiner fue lo más temprano que pudo a visitar a su sobrina porque tenía importantes noticias que compartir con ella. Después de dar la bienvenida a su tía, Jane la invitó a pasar a la salita que usaba para conversar con sus invitados y pidió que les trajeran té.
"¿Cómo está tu madre y hermanas, querida?"
"Están muy bien. Tía Amanda ha sido tan amable con ellas."
La casa de la señora Smith y su sobrino Andrew estaban muy cercas y la señora Bennet prefirió quedarse allí para no interferir en la vida de los recién casados.
"Desde que murió su esposo, la señora Smith ha estado muy sola. Finalmente ha encontrado una familia y creo que lo está disfrutando enormemente. Ayer, los Phillips llegaron a casa y estamos todos listos para la cena de esta noche."
"Gracias, tía. Me hace muy feliz saber que estaremos todos reunidos, falta alguien muy importante para mí," dijo Jane sin poder evitar entristecer.
"Lo sé, y esa es la razón por la que estoy aquí. Sé que está planeando ir a buscarla, pero creo que no será necesario. Recibí una carta de Lizzy y me contó que al fin de esta semana llegará a Londres. El señor Darcy debe viajar a visitar a su tía en Kent, y Elizabeth y la señorita Darcy se quedarán en Londres."
"Qué excelente noticia, tía. Por fin mi querida hermana estará con nosotros y no tendrá que trabajar ni un día más para ese hombre…" Jane no pudo evitar emocionarse y abrazar a su tía.
Andrew quería avisarle a Jane que iría al club a juntarse con una amigo, pero que estaría de regreso lo antes posible. Sin querer, él escuchó parte de la conversación y decidió esperar por unos segundos a que Jane se recuperara. De hecho, él se iba a reunir en el club con una amigo que conocía bastante bien a Darcy para hacerle algunas preguntas y saber cómo enfrentarlo de mejor forma y que él accediera a dar término al contrato de trabajo de su cuñada y evitar problemas legales. Andrew pensaba ingresar al salón cuando escuchó algo que lo hizo dudar y prefirió seguir escuchando.
"¿Y cómo estás tú, querida? Yo te veo muy bien."
"Estoy contenta, tía. Andrew es un esposo muy considerado y Clara y Matilda necesitan desesperadamente alguien que las quiera y proteja. Tía, me hace mucha ilusión que ellas puedan algún día verme como a una madre."
"Lo sé querida, se nota que tu cariño por esas niñas es genuino."
Andrew no pudo evitar sonreír y sentirse feliz. Cada día su admiración por Jane crecía. Ella era muy buena y afectuosa con sus sobrinas, pero además era hermosa y muy dulce. Él nunca había sentido algo como lo que sentía por ninguna otra mujer. Al parecer, cada día se enamoraba más de su esposa.
"Me alegra mucho verte contenta con tu nueva vida," dijo la señora Gardiner y tomó la mano de su sobrina.
"Tía, últimamente he estado pensando mucho en el señor Bingley… pero…"
"Querida Jane, es imposible olvidar de un día para otro a aquellas personas que fueron importantes en nuestra vida."
Andrew se sintió como una canalla espiando a su esposa y prefirió retirarse y regresar en unos minutos. Además, él no estaba preparado para escuchar que su esposa estaba enamorada de otro hombre.
'¿Bingley? ¿Quién será ese hombre?' se preguntaba Andrew mientras caminaba hacia su estudio. Él necesitaba tiempo para pensar.
"Tía, creo que no me he expresado correctamente. Ya no pienso en el señor Bingley como antes. Pienso en él y en mí y por qué algún día pensé que estaba enamorada de él. Sin duda alguna, él es un hombre amable y guapo, pero la atracción que sentí por él no era amor, o al menos eso creo."
"¿Por qué crees eso?"
"Porque después de todo lo que he vivido, tía, creo que jamás podría admirar verdaderamente a un caballero tan inconsistente. Cuando estaba conmigo en Hertfordshire, él parecía genuinamente interesado en mí. Pero sin nisiquiera despedirse, él se fue y nunca regresó. Cuando visité a Louisa y Caroline comprendí que los Bingley eran el tipo de personas que podían fingir cariño e interés. Ahora estoy segura que lo mejor que me pudo pasar fue no verlo nunca más."
"Me alegra mucho escucharte tan segura de ti misma y de lo que quieres. Sin duda alguna, todo lo que ha pasado en los últimos meses te ha hecho madurar mucho."
"Lo sé, pero no es sólo eso. Desde que conocí a Andrew me di cuenta lo importante que es que un hombre tenga determinación y fortaleza de carácter. Mi esposo sabe lo que quiere y está dispuesto a luchar por proteger a los que quiere."
La señora Gardiner no pudo evitar sonreír al escuchar a su sobrina hablar con tanto orgullo de Andrew. Al parecer, y sin darse cuenta, Jane se estaba enamorando de su esposo.
Andrew escribió una nota para que el mayordomo le entregara a Jane. Él le avisaba que iría al club y regresaría en dos horas. Él no pensaba perder tiempo pensando en cosas que no debían ser importantes, tomando en cuenta todo lo que debía hacer.
Cuando llegó al club, su amigo Paul White estaba esperándolo. Ellos hablaron de sus vidas por unos minutos antes de que Andrew se animará a hacerle algunas preguntas sobre lo que le interesaba.
"No puedo creer que te hayas casado, Taylor. Bueno, ahora eres un Barón y tienes a tu cargo dos niñas por lo que me imagino necesitabas una esposa. ¿Pero no comprendo porque te casaste sin decirle a nadie?"
"Mi esposa perdió a su padre hace unos meses y su familia aún está de luto. No era apropiado casarnos en una gran ceremonia. Pero antes del fin de la temporada tengo planeado organizar un baile en su honor y presentarla en sociedad."
"Comprendo, es una situación difícil casarse cuando alguien está de luto. Espero pronto conocer a la Condesa, y mi esposa puede ayudarle a lidiar con las brujas de esta sociedad. Ella no ha logrado hacer amigas y creo que necesita conocer a alguien que no pertenezca a nuestro mundo." Paul White se había casado con la hija de un rico banquero que no siempre era aceptada por las mujeres de los primeros círculos. Aunque ellos recibían muchas invitaciones de los esposos de esas mujeres que necesitan préstamos del suegro de Paul.
"No me sorprende, White. Cuando era un segundo hijo esas mujeres me ignoraban. Pero en cuanto heredé el título de Barón Norton, todas deseaban conocerme," explicó Andrew riendo. "Bueno, déjame explicarte por qué te pedí venir." Andrew le contó a su amigo los problemas económicos que la familia de su esposa tuvo después de fallecer el padre, y que su cuñada había tenido que buscar empleo. "Ella trabaja como dama de compañía de la señorita Darcy. Sé que conoces a Darcy mejor que yo, por eso me gustaría saber si crees que él puede generar problemas para disolver el contrato de mi cuñada."
"No lo creo. Darcy es un hombre honorable y muy apegado a las formalidades. Ahora eres un Barón, y él no se atrevería a enfrentarse a ti por algo tan simple e irrelevante. No te preocupes por eso, y si necesitas ayuda, yo puedo hablar con él. Pero insisto, quédate tranquilo porque Darcy siempre hace lo correcto."
"Gracias, me he quedado mucho más tranquilo después de todo lo que me has dicho. Tengo una impresión muy similar a la tuya de Darcy, pero yo no lo conozco tan bien como tú."
"Taylor, ¿ves ese caballero que acaba de ingresar al club? El de frac azul," dijo Paul discretamente.
"Sí, ¿qué pasa con él?" preguntó Andrew. El observó a un joven de apariencia gentil acompañado por otro hombre bastante corpulento.
"Él es Bingley, y el otro hombre es su cuñado, Hurst. Él es uno de los mejores amigos de Darcy. Si quieres puedo presentarlos."
"¿Bingley? No… no es necesario," dijo Andrew y siguió hablando de otras cosas con su amigo.
Andrew recordó algunas cosas que Jane le había contado y llegó a la conclusión que ese era el hombre del que su esposa estaba hablando en la mañana. Al observarlo mejor, Andrew notó que el señor Bingley era muy diferente a él. Sin duda alguna, era el típico caballero que frecuentaba los salones de baile de las familias más importantes. Él era un poco más joven que él, vestido a la última moda y con la apariencia de un príncipe de cuentos. Aunque sabía que era absurdo y no tenía motivos, no pudo evitar sentir algo muy parecido a los celos.
P&P
El señor Darcy se había dedicado a observar a Elizabeth en los últimos días. Ella se veía muy delgada y aunque era gentil y amable cuando tenían la oportunidad de pasar tiempo, sin duda alguna, ella había perdido el brillo en sus ojos, y sobre todo, ya casi no sonreía.
Las mañanas estaban muy agradables, el invierno ya casi se había ido, entonces el señor Darcy salía a cabalgar todas las mañanas. El ejercicio le hacía muy bien y le ayudaba a tolerar las largas jornadas de trabajo. Él iba a estar casi dos meses fuera de Pemberley, y debía dejar todo planificado para la temporada de cosecha.
Él había notado que Elizabeth se levantaba muy temprano y que conversaba con el señor Turner por unos minutos, y luego se sentaba en la banca cerca del establo a leer, mientras un perro la acompañaba. Él usualmente seguía su camino, pero esa mañana sintió deseos de conversar con ella.
"Buenos días, señorita Bennet."
"Buenos días, señor Darcy," dijo Elizabeth, e inmediatamente se puso de pie. "La señorita Darcy está durmiendo aún y yo quise aprovechar esta linda mañana para leer… Pero pienso regresar a casa en unos minutos más para desayunar con su hermana, señor."
"Por favor, no se preocupe, señorita Bennet. Desde que Georgiana era pequeña no le ha gustado levantarse temprano. Además, la mañana está muy hermosa y comprendo que quiera disfrutar tiempo al aire libre." El señor Darcy no sabía qué decir y preguntó, "¿Qué lee, señorita Bennet?"
Elizabeth miró el libro y dijo, "Leo las cartas de mi madre y mis hermanas. Me gusta conservarlas en este libro, que era el favorito de mi padre."
"¿Y qué libro es?"
"La Odisea. Mi padre era un gran admirador de la antigua cultura griega."
"Comprendo. Bueno, iré a cabalgar por una hora. Nos vemos en el desayuno, señorita Bennet."
"Hasta más tarde, señor."
El señor Darcy se fue rumbo al establo y Elizabeth se sentó en la banca y continuó leyendo las cartas de su familia. Ella estaba cada día más triste y no sabía cómo lidiar con la pena que sentía. Si no fuera por el cariño de Georgiana, la compañía de Oscar y la ilusión que le hacía pensar que en pocos días más vería a parte de su familia, ella se hubiera quedado en cama todo el día.
"Lo siento, querido Oscar, pero es hora que regrese a casa. Georgiana debe estar esperándome. Si tengo tiempo, te vendré a visitar más tarde. Te quiero mucho," dijo Elizabeth y abrazó a su querido amigo. Luego, ella corrió de regreso a la mansión para cumplir con su deber.
El señor Darcy cabalgó por casi una hora. Luego, regresó el caballo al establo y vio al perro que siempre acompañaba a Elizabeth. Entonces se acercó al hombre a cargo del establo y le hizo algunas preguntas.
"Turner, ¿Es este perro tuyo? No recuerdo haberlo visto hasta hace poco."
"Sí, señor, Oscar es ahora mi perro. Me imagino que recuerda al viejo Peter."
"Por supuesto, mi madre siempre decía que es el mejor jardinero que conoció y que podía hacer crecer flores sobre las rocas. ¿Qué pasó con él?"
"Falleció hace unos meses, cuando usted estaba en Londres. Este perro era de él y yo y mi esposa lo adoptamos. Espero que no sea un inconveniente para usted. Él no entra en la casa, vive aquí en el establo y come restos de comida. Es un buen perro, señor."
"Por supuesto que no tengo problemas," dijo el señor Darcy. Luego se acercó a Oscar y le acarició la cabeza. "Es un perro muy simpático y he notado que pasa mucho tiempo con la señorita Bennet."
"Así es, ella se ha encariñado mucho con él. Seguramente porque tienen historias muy similares," explicó Turner.
"¿De qué hablas, Turner? La señorita Bennet es la hija de un caballero, ¿qué puede tener en común con un perro?" preguntó el señor Darcy un poco molesto.
"Lo siento, señor Darcy, no quise faltarle el respeto a la señorita Bennet."
"Entonces, ¿qué quisiste decir?"
"Cuando le conté la historia de Oscar a la señorita Bennet, ella se emocionó mucho. Verá señor, la señorita Bennet y Oscar perdieron hace no mucho tiempo a alguien que amaban y que los protegía. Ambos perdieron su hogar y tuvieron que adaptarse a una nueva vida lejos del lugar que fue su casa toda su vida. Creo que esa es la razón por la que ella se ha encariñado tanto con este perro."
"Comprendo," dijo el señor Darcy y siguió acariciando la cabeza de Oscar. Luego, se despidió del señor Turner y regresó a casa pensando en todo lo que había escuchado.
Más tarde, el señor Darcy se sentó a desayunar con su hermana y Elizabeth. Georgiana parecía tan contenta y animada planeando las cosas que haría durante el día mientras Elizabeth asentía y sonreía, pero con una sonrisa triste. Él además notó que Elizabeth comió muy poco y todas sus palabras iban dirigidas a Georgiana.
Después del desayuno, él se encerró en su estudio y aunque intentó trabajar no pudo. Él recordó todo lo que le había dicho su primo y el señor Turner y se sintió terrible. El recordó que cuando Elizabeth llegó a Pemberley, pese a estar de luto, aún mantenía su espontaneidad y buen humor. Pero después del incidente en la biblioteca, ella había comenzado a apagarse lentamente y parecía cada día más distante.
'Tal vez debería haberle hablado con más consideración. Debería haber pensado en todo lo que la señorita Bennet estaba viviendo. Pero lo hecho hecho está… Sólo debo encontrar la forma de hacerle saber que estoy contento con sus servicios y que no es necesario que sienta temor… Pero debo hacerlo de una forma en que mantengamos la distancia y que ella comprenda que nuestra relación nunca será como lo fue antes…
El señor Darcy siguió pensando cómo construir un puente entre él y Elizabeth para ayudarla y sin que ella se diera cuenta de lo mucho que le preocupaba su bienestar.
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En Londres toda la familia estaba reunida en casa del Barón y la Baronesa Norton. Andrew se sentía muy contento de poder acoger a la familia de su esposa y tenía esperanzas que su relación con Jane se consolidara. Aunque él no podía negar que el haberse enterado de la existencia del señor Bingley lo había hecho dudar un poco. Pero él no le rehuía a los problemas, y si era necesario, lucharía por el afecto de su esposa. Aquel imbécil había dejado pasar su oportunidad y él no permitiría que fuera una sombra en la felicidad de ellos.
"Les agradezco a todos por haber venido a nuestra casa. En pocas noches más podremos hacer este mismo brindis, pero con toda mi nueva familia," dijo Andrew.
"Mi querido yerno, has sido una bendición no sólo en la vida de mi querida Jane sino en la de todas nosotras. No sabes lo feliz que me hace pensar que mi niña no tendrá que continuar trabajando," dijo la señora Bennet muy emocionada. Ella no sabía que Elizabeth estaba trabajando para la familia Darcy. Todos habían acordado que era mejor que no conociera ese detalle para evitar que se preocupara más de lo que ya estaba.
"Cuando Lizzy esté con nosotros, podremos planear lo que haremos este verano. Mi esposo y yo queremos que todos ustedes nos visiten en Parkland," dijo Jane y tomó la mano de Andrew.
"Yo siempre he querido aprender a montar a caballo. ¿Crees que sea posible, Andrew?" preguntó Kitty.
"Claro que es posible, y yo mismo te enseñaré," replicó Andrew.
"Yo también quiero aprender," agregó Lydia.
"Entonces les enseñaré a ambas a montar."
"¿Por qué siempre tienes que copiarme en todo, Lydia?" preguntó Kitty enojada.
"Yo le iba a preguntar a Andrew pero tú te adelantaste," replicó Lydia enojada.
La señora Phillips intentó calmar a sus sobrinas, pero fue la señora Bennet la que muy enojada les dijo a sus hijas que dejaran de discutir. Por su parte, Mary estaba sentada al lado de la señora Smith diciendo que sus hermanas necesitaban leer más sobre cómo debían comportarse dos señoritas de su edad.
Jane estaba sentada al lado de Andrew observando a su querida familia. Ella no pudo evitar sonreír al ver que las cosas estaban volviendo a la normalidad. Sólo faltaba Elizabeth para que su vida fuera perfecta.
"Estás contenta, Jane," preguntó Andrew al ver a su esposa sonreír.
"Sí, estoy muy contenta. Gracias por todo, querido esposo," replicó Jane emocionada.
Andrew le tomó la mano, la besó y la mantuvo entre la suya mientras reía con las cosas que decían sus dos cuñadas más jóvenes.
P&P
Elizabeth se sorprendió un poco cuando la señora Reynolds le dijo que el señor Darcy deseaba conversar con ella y la estaba esperando en el estudio. Georgiana se estaba cambiando ropa y en media hora más cenarían.
"Gracias por venir, señorita Bennet, por favor siéntese."
Elizabeth se sentó y dijo con voz formal, "Dígame cómo puedo asistirlo, señor Darcy."
"No se preocupe, señorita Bennet, la he llamado por otras razones. Primero quiero agradecerle por todo lo que ha hecho por mi hermana. El cambio que ella ha experimentado desde que usted la está acompañando ha sido significativo y muy positivo. Ella sonríe más, se ha atrevido a tocar el piano en frente de personas que no son parte de su familia, y lo más importante, ha recuperado las ganas de estar en contacto con la naturaleza. Por esa razón he decidido darle un aumento de sueldo." El señor Darcy pensó que esa era la mejor forma de reafirmarle que no había peligro de perder su empleo y de subirle el ánimo.
"Gracias, señor, pero no creo que sea necesario. Usted me paga un sueldo bastante generoso y pasar tiempo con la señorita Darcy es un verdadero placer." Elizabeth sabía que no debía rechazar el dinero, pero sintió que no debía aceptarlo. Ella no deseaba que ese hombre pensara que podía comprar lo único que le quedaba, su dignidad.
"Lo siento, señorita Bennet, pero ya le envié una carta al señor Gardiner y a mi procurador informándoles el reajuste de su salario," dijo el señor Darcy sonriendo. Él se sentía feliz de poder ayudar a Elizabeth, y de que ella tuviera la modestia de no querer aceptarlo.
"¿No cree que debería haberlo consultado conmigo primero, señor, antes de notificar a mi tío y a tu procurador." Elizabeth no pudo evitar decir lo que estaba pensando después de ver la sonrisa en el rostro del señor Darcy. Ella no podía tolerar tanto presunción y autosuficiencia, y menos aún que la tratara de aquella forma, que la considerara tan poca cosa como para considerar su opinión.
"Lo siento mucho, creo que tiene razón, tal vez debería haber consultado con usted." El señor Darcy se alegró mucho al ver que Elizabeth, de cierta forma, volvía a ser la persona que él conoció y que no tenía miedo a expresar lo que opinaba. "Pero supongo que ya no hay nada que hacer. Prometo que la próxima vez que tome una decisión que la involucre, lo hablaré con usted primero. Pasando a otro tema, antes de que vayamos a cenar me gustaría mostrarle algo."
El señor Darcy se puso de pie y fue hacia un rincón donde había una caja. Por su parte, Elizabeth estaba furiosa. Aquel hombre había reconocido que se equivocó sin hacerlo y había pedido disculpas sin pedirlas.
"El otro día llegó la caja con los libros que compramos cuando fuimos a Lambton. Mañana vendrá el señor Evans y se encargará de marcarlos y ubicarlos donde corresponda. Pensé que tal vez usted querría leer este libro," dijo el señor Darcy.
Elizabeth vio que era el libro que ella había estado mirando en la librería, y aunque se sintió tentada a aceptarlo, cambió de idea. A ella no le pasó por alto que el señor Darcy se lo estaba ofreciendo para prevenir que fuera a la biblioteca.
"Se lo agradezco mucho, señor, pero no tengo tiempo para leer. Ahora, si me disculpa, debo ir a acompañar a la señorita Darcy," replicó Elizabeth mirando al suelo.
El señor Darcy quedó muy sorprendido. Él pensó que Elizabeth iba a estar feliz sabiendo que tendría más dinero para ayudar a su familia y el libro que deseaba leer. Aunque por unos minutos creyó ver a la Elizabeth Bennet a la que había llegado a admirar, muy pronto ella regresó a ser la dama de compañía de Georgiana, la que ni siquiera podía mirarlo a los ojos.
Durante la cena, Elizabeth casi no comió pensando en todo lo que estaba pasando en su vida. Ella siempre había sido una persona vivaz, llena de energía y capaz de expresar su opinión libremente. Ahora, se sentía como una prisionera que no tenía escapatoria y cumpliendo una condena de por vida.
P&P
Muchas gracias a todos los que siguen la historia con entusiasmo y dejan comentarios de apoyo. Otro capítulo largo, pero ustedes dijeron que les gustaban así que no se quejen 😂
Les comunico que este fue el último capítulo de la primera parte. Esta historia se divide en tres partes, por lo que nos quedan dos aún 😀
Finalmente, quiero darles nuevamente las gracias en nombre de mi hija por leer "Missing" by Miranda Flan en KU. Ella está reuniendo fondos para sus estudios de verano y próximamente planea publicar "I already knew you."
En el próximo capítulo, el señor Bingley viajará a Hertfordshire y Elizabeth llegará a Londres y se encontrará con muchas sorpresas.
¡Nos vemos pronto!
Saludos,
Yo
