Capítulo 7. El Sombrerero II.
Eriol y Yue brindaban en un bar por el artículo que había escrito el periodista. Gracias a Yue y su artículo, Eriol se encontraba en una posición inmejorable en las encuestas de intención de voto de cara a su candidatura como gobernador, aunque para ello hubiera tenido que filtrar información escandalosa sobre otro personaje público del país.
–Has trabajado duro. –dijo Eriol, sorprendido con la rapidez con la que escribió su artículo, a pesar de haber tenido tan poco margen desde que realizaran el intercambio de favores. Además, al salir del hospital, habían ido a una residencia de mayores para que el abogado se prodigara, momentos que Yue inmortalizó con una cámara de fotos.
–Tú también. –dijo Yue chocando sus vasos. Yue sacó la cámara y comenzó a pasar fotos de la residencia. –Parece que le has estrechado la mano a centenares de abuelos.
–Sí, es algo que tengo que hacer para ganar. –dijo Eriol. –Después de todo, a día de hoy, las personas mayores son los que más fuerza tienen en las urnas.
–Hasta los ricos abuelos excéntricos sonreían cuando apareciste. –dijo Yue. –Es increíble la habilidad que tienes para hacerte con todos. En la mañana del día de la declaración de las candidaturas publicaré un artículo. Le pondré todo mi corazón de periodista.
–No espero menos de ti. Cuento contigo. –dijo Eriol.
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Llegó el día de la despedida de Eriol. Al día siguiente habría una conferencia de prensa y el día posterior tendría lugar el gran día para Eriol. La despedida era muy discreta y al ser un hospital, tan sólo había un picoteo en el despacho del Profesor Li con los médicos de su departamento. Tras el picoteo, le entregaron un ramo de flores de despedida.
–¡Diga unas palabras! –pidió Yamazaki.
–Está bien. Sólo puedo daros las gracias por todo el apoyo que me habéis brindado durante tantos años. De ahora en adelante, me embarco en un nuevo reto para mí, un terreno tan pantanoso como la política, pero seguiré adelante teniendo en mente la justicia y la igualdad, tal y como viene grabado en nuestras insignias de juristas. –dijo Eriol.
Por su discurso, para Sakura era evidente que tenía madera de político, porque aunque su candidatura todavía no era oficial, ya hablaba como ellos. Estaba claro que su experiencia como abogado y sus éxitos convenciendo a pacientes y familiares para abandonar sus denuncias habían contribuido a que el pelinegro adquiriera bagaje y tablas. Al fin y al cabo, su trabajo no sería tan diferente: convencer a la gente de lo que pregonaba.
Tras el discurso, todos aplaudieron y Eriol se dirigió a Hien.
–Volveré de visita cuando haya salido electo. –dijo Eriol.
–Y yo te visitaré en el ayuntamiento. –dijo Li.
–Oh, Dios no lo quiera. –dijo Eriol bromeando. –Bien, me marcho. Gracias por todo y buena suerte.
Cuando se despidieron y Eriol emprendió su camino por el pasillo, Sakura se acercó a él antes de que se marchara.
–Eriol. –lo alcanzó Sakura.
–¿Sí?
–¿Tienes un minuto? –preguntó Sakura.
–Lo siento, pero tengo planes. –dijo Eriol mirándose el reloj de pulsera.
–Es algo que quiero que sepa sobre el caso de Tomoyo Daidouji. –dijo Sakura, que al pronunciar el nombre de la morena captó su atención. Eriol accedió y entraron en una sala de reuniones para tener más privacidad. –Verá, quería decirle que Tomoyo ha venido al hospital otra vez esta mañana.
–¿Puedes ir al grano, por favor? –dijo Eriol un poco impaciente.
–Sí, lo siento. La cuestión es que me dijo que tú eres el padre del bebé. Ella estaba bastante inquieta y me dijo que quería abortar a estas alturas del embarazo. Entonces me dijo que si tenía el bebé destrozaría tu familia, me denunciaría a mí y que no pararía de causarnos muchos más problemas. Siento que todo ha sido porque la hice enfadar. Lo siento mucho. ¿Piensas reconocer a ese hijo?
Eriol se había quedado sin palabras mientras su mente iba a toda velocidad pensando en qué hacer. Todo aquello le había sobrevenido en el peor momento posible, a las puertas de su candidatura.
–Pues…, –empezó a decir Eriol, pero realmente no tenía ni idea sobre qué hacer al respecto.
–Si no quieres que tenga ese hijo, hay una manera. –dijo Sakura. –Tengo una amiga ginecóloga. Alguien que puede guardar un secreto. Pienso que si le pagas, podrá hacer algo.
–Pero, ¿por qué estás dispuesta a llegar tan lejos por ayudarme? –preguntó Eriol.
–Como le he dicho antes, Tomoyo sigue dispuesta a denunciarme si tiene ese bebé. De esta forma quizá pueda persuadirla para no hacerlo. Yo sólo acabo de empezar a trabajar en este hospital y no quiero problemas. Tan sólo quiero ejercer mi profesión. –dijo Sakura.
–Está bien. Vamos a hacerlo. –dijo Eriol tras pensarlo unos segundos. Al fin y al cabo, sin ese bebé, se acabarían los problemas para todos.
–Bien. Te llamaré en cuanto consiga hablar con mi contacto. –dijo Sakura.
–Gracias. Bueno, debo irme. Si me disculpas. –se despidió Eriol.
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Al salir del hospital, Eriol no tenía tiempo ni de pasar por casa a cambiarse, por lo que se marchó con su maletín hasta el puerto. Por suerte, su mujer la esperaría allí. Cuando llegó, se subió al barco-restaurante donde cenaría con su esposa para celebrar su aniversario de boda. Al entrar, los pasajeros brindaban con copas antes de que el barco zarpara por la bahía de Tokio. Tras buscar a su mujer, sonrió al verla sentada picoteando algo en una mesa. Ruby sonrió de vuelta. Lo que Eriol no esperaba era que estuviera acompañada por Tomoyo. Ambas se levantaron sonrientes para recibirlo.
–Eriol, has llegado a tiempo. –dijo Ruby.
–Buenas noches, Eriol. –saludó Tomoyo con una sonrisa.
–Hola. –saludó él todavía impresionado.
–Tomoyo me ha dicho que solía trabajar en tu oficina. –dijo Ruby.
–Sí. La he reconocido por las fotos de tu despacho, y también por las fotos de las redes sociales. Así que he decidido venir a saludar. –explicó Tomoyo acomodándose el bolso de mano para que Sakura pudiera escuchar todo.
–Entiendo. –dijo él.
–Se suponía que tenía que venir con mi novio, pero no ha podido llegar a tiempo por su trabajo. Y como ya tenía la reserva, he decidido venir a disfrutar de la cena, aunque fuera sola. –dijo Tomoyo.
–Pero estando sola te vas a aburrir. ¿Por qué no te unes a nosotros? –le ofreció Ruby.
–Ruby, podría sentirse incómoda. –dijo Eriol intentando evitar que Tomoyo cenara con ellos.
–Me encantaría. –dijo Tomoyo sin reparos. –Formáis una pareja tan ideal que me encantaría estar presente para teneros de referencia y que me deis consejos.
Sakura, que llegaba en aquel momento al barco, pensó que Tomoyo era una gran actriz.
–¿Has oído Eriol? Piensa que somos una pareja ideal. –dijo Ruby. –Me voy a sonrojar de la vergüenza.
–Eriol, ¿quieres tomar algo? –preguntó Tomoyo.
Tras varios minutos, el barco zarpó y los comensales se encontraban en medio de la deliciosa cena. Finalmente, Eriol no pudo evitar que Tomoyo cenara con ellos, por lo que su rostro mostraba una gran incertidumbre por lo que Tomoyo pudiera decir o hacer.
–¿Y cómo te va el embarazo? –preguntó Ruby.
–Este bebé está lleno de energía. Está dándome patadas constantemente. –dijo Tomoyo.
–¿De verdad?
–Sí. Me alegro de haber nacido mujer para poder experimentar esto. –dijo Tomoyo.
–No sabes cómo te envidio. Nosotros no hemos sido bendecidos con niños. –se lamentó Ruby. –Eriol siempre ha querido tener un hijo.
–Pues este de aquí es niño. –dijo Tomoyo tocándose el abultado vientre.
–¿En serio?
–Sí. Pensándolo bien, quizás lo llame Eriol, para que crezca siendo una persona tan maravillosa como tú. –dijo Tomoyo mirando a Eriol.
–¿No crees que eso es demasiado? Además, ¿no crees que Eriol está pasado de moda? –dijo Ruby. Ambas mujeres rieron.
–Eriol, ¿te encuentras bien? –preguntó Tomoyo. –Estás un poco pálido.
–Tomoyo tiene razón. Y apenas has probado la cena. –dijo Ruby.
–Quizás esté un poco mareado por el barco. –dijo Eriol antes de beber agua.
Con la excusa de ir al baño, Tomoyo salió a cubierta con una sonrisa de oreja a oreja, donde estaba Sakura. La verdad es que la morena lo estaba disfrutando mucho, consciente de su gran actuación.
–Voy a enviarle un mensaje a Eriol. –dijo Sakura mientras Tomoyo se retocaba los labios. –Sácalo de ahí y procede según el plan.
–Entendido. –dijo Tomoyo volviendo a entrar.
Mientras tanto, a Eriol le sonó el teléfono con el tono de mensaje mientras Ruby intentaba decidir el postre con el camarero. Por fin Eriol recibía una buena noticia. En el mensaje, Sakura le decía que la ginecóloga amiga suya había accedido a practicarle el aborto a Tomoyo.
–Eriol, tengo un favor que pedirte. –dijo Tomoyo llegando a la mesa. –Se trata de mi novio. Lo siento Ruby, ¿me prestas a tu marido cinco minutos?
–Claro, adelante. –dijo Ruby.
Eriol y Tomoyo subieron a la semicubierta, donde encontrarían más privacidad, puesto que todo el mundo estaba cenando.
–Al final he decidido tener este bebé. –dijo Tomoyo. –Quiero dar a luz a tu hijo.
–Tomoyo. –dijo Eriol. Entonces decidió sacar a relucir su capacidad de convicción. –Ser madre soltera es más duro de lo que imaginas, tanto física como económicamente.
–Pero…
–Si renuncias a este hijo, te ayudaré tanto como pueda. –dijo Eriol.
–¿Me ayudarás? –preguntó Tomoyo, sin esperarse aquella propuesta. –¿Pero dónde voy a encontrar un médico que me practique un aborto? –preguntó Tomoyo. Eriol la sujetó por los hombros para transmitirle tranquilidad.
–Ya he encontrado uno. –dijo Eriol. –Deshazte del bebé. Al final es por tu propio bien. Confía en mí. Te pasaré la referencia para que vayas mañana mismo.
Lo que Eriol no sabía era que Sakura estaba grabando todo ocultada en la escalera.
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–Estamos en la víspera de la presentación oficial de las candidaturas para la elección de gobernador. Entre todos los candidatos, destaca Eriol Hiragizawa, que hoy mantendrá una rueda de prensa. –decía la presentadora de las noticias en la gran pantalla que presidía un edificio.
Muy cerca de allí, Eriol estaba con Sakura en un coche.
–Me ha dicho mi amiga que el aborto ha ido bien y sin complicaciones –dijo Sakura entregándole un informe falso.
–Realmente me has salvado. Y tú te has librado de la denuncia. –dijo Eriol.
–Gracias. Buena suerte en la conferencia de prensa. –dijo Sakura.
–Gracias. Ahora sí puedo ir tranquilo. –dijo Eriol. Sakura se bajó del coche y Eriol se dirigió al lugar donde tendría lugar la conferencia.
Entonces, recibió un correo electrónico. Cuando lo abrió en su tablet, volvió a helársele la sangre al leer el mensaje.
Prueba la inocencia de Fujitaka Kinomoto en la rueda de prensa. Si no lo haces, subiré el vídeo a internet.
Cuando Eriol abrió el vídeo adjunto, se vio a sí mismo y a Tomoyo en el barco pidiéndole que abortara al hijo que esperaban.
En un último archivo adjunto, volvió a ver el mismo naipe que ya le fue enviado en el primer correo electrónico que recibió.
–Me niego a perder ahora que he llegado tan lejos.
Entonces, de repente supo qué hacer.
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Llegó la hora de la rueda de prensa y Eriol salió con su impoluto traje oscuro hacia la mesa donde se situaban los micrófonos. Tras realizar una inclinación en forma de saludo a los medios se sentó a esperar a que acabaran de presentarlo.
–La razón por la que he convocado esta conferencia de prensa es para contaros la verdad sobre un incidente que ocurrió hace quince años. –comenzó diciendo Eriol.
Los periodistas comenzaron a murmurar entre ellos confundidos. Realmente su conferencia iba a versar estrictamente sobre su candidatura, pero dada la amenaza anónima que había recibido, se vio obligado a cambiar el rumbo de la conferencia. Yue, que estaba entre los periodistas, también se sorprendió de aquel cambio, aunque comenzaba a intuir el por qué de ese drástico giro.
–Se trata de un caso de robo y venta de medicamentos del Hospital Universitario de Tomoeda. Dicho hospital identificó al pediatra Fujitaka Kinomoto como el culpable. Sin embargo, después de haber realizado una exhaustiva reinvestigación, he podido probar que la acusación del hospital no tenía fundamentación alguna. Debido a la desinformación provocada por el hospital, el honor del Dr. Fujitaka Kinomoto, que realmente era inocente, fue pisoteado. Como abogado del hospital que he sido durante tantos años, me siento profundamente avergonzado y buscaré siempre la verdad. Aprovecho esta oportunidad para pedirles disculpas desde lo más profundo de mi corazón a los familiares y amigos del Dr. Fujitaka Kinomoto.
Eriol se levantó y realizó una reverencia de disculpas.
–¿Qué piensa hacer en relación a su candidatura a las elecciones? –preguntó un periodista.
–He pensado mucho al respecto. Pero he decidido continuar para hacerle justicia a Fujitaka Kinomoto, sirviendo públicamente desde la política. –dijo Eriol Hiragizawa.
Eriol se sintió orgulloso de sí mismo. Al final no le vino mal aquel cambio de planes.
Desde su despacho, cuando el Profesor Li vio por la televisión lo que Eriol estaba haciendo apartó con furia las cosas que había en la mesa. Aquel abogado lo había traicionado no sólo a él, sino a todo el hospital en el que trabajó durante tantos años.
Sakura tampoco quedó demasiado contenta con la conferencia de prensa. De cara a la palestra era cierto que había limpiado el nombre de su padre, pero aborrecía que Eriol se hubiera aprovechado de su memoria y de aquel escaparate que le proporcionaba su tirón mediático en su propio beneficio. No debía de haberle extrañado. Al fin y al cabo era abogado y un experto en poner toda clase de situaciones a su favor.
–¿Te piensas que te vas a ir de rositas? –dijo Sakura mientras miraba la pantalla desde la calle, donde Eriol seguía en pantalla.
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Sakura estaba en una habitación de un hotel con Tomoyo. Mientras la castaña preparaba un ordenador portátil, Tomoyo, sentada en la cama veía el vídeo que Sakura grabó en el barco.
–Tomoyo, si descartas tener al bebé, una vez que suba el vídeo a internet, Eriol estará acabado. Será el fin de nuestra venganza. –dijo Sakura que extendió la mano. –Pásame la cámara.
Entonces, ella bajó la cámara como apartándola.
–Es que, si subes el vídeo Eriol perderá toda su posición y no podremos sacarle dinero. ¿No crees que si cuelgas el vídeo saldríamos perdiendo? –preguntó Tomoyo, que con el vídeo recordó que Eriol le había ofrecido todo su apoyo si se deshacía del bebé, cosa que ya habían hecho creer al abogado.
–¿Qué quieres decir? –preguntó Sakura, que en ningún momento tuvo motivación económica.
–Ya me he gastado todo el dinero que tengo. Pero si seguimos chantajeándolo con el vídeo podremos sacarle todo el dinero que queramos siempre que queramos. –argumentó Tomoyo.
–¿No me dijiste desde el principio que el dinero no era el motivo por el que querías vengarte de él? –preguntó Sakura.
–¡No quiero saber nada más de venganzas! –exclamó Tomoyo, que intentó salir corriendo. Al adivinarle las intenciones Sakura fue tras ella y estuvieron forcejeando.
–¡Devuélveme la cámara! –exclamó Sakura en el forcejeo.
–¡Tú eres médico y no tienes nada que perder, pero yo no tengo nada!¡Sólo puedo depender de su dinero! –respondió Tomoyo, con tanto ímpetu que logró tirar a Sakura, momento que aprovechó para huir.
Aunque Sakura fue tras ella, Tomoyo consiguió subirse a un taxi.
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Una vez acabada la rueda de prensa, Eriol se sintió mucho más aliviado. Entonces recibió una llamada de Tomoyo Daidouji.
–He conseguido un vídeo un tanto comprometedor para ti. –dijo Tomoyo.
–¿Quién lo tenía? –preguntó Eriol.
–Diez millones. Ese es el precio del vídeo. –dijo Tomoyo. –Te lo daré a cambio del dinero, pero en un lugar que esté lleno de gente. Si nos reunimos a solas, a saber qué me harías.
Un rato después y tras haber acumulado el dinero que pedía Tomoyo, llegó al punto de encuentro que ella había establecido. Eriol no sospechó que Tomoyo seguía embarazada gracias a la ropa que llevaba. Y de haber dicho algo, le diría que la barriga no desaparecía de la noche a la mañana. Sin más, él le entregó un sobre lleno de fajos de billetes y ella le dio la cámara.
–Gracias. –dijo Tomoyo marchándose después de haber comprobado el contenido.
–¡Dime! ¿Quién grabó el vídeo? –preguntó Eriol.
–¡Eh!¿Ese no es Eriol Hiragizawa, el abogado de la rueda de prensa? –dijo un transeúnte que pareció reconocerlo.
–¡Sí, últimamente no para de salir en la televisión! –respondió otro peatón. La gente comenzó a pararse y a mirarlo, momento que aprovechó Tomoyo para marcharse sin haberle respondido a la pregunta. Eriol no la siguió por no montar un revuelo innecesario que pudiera perjudicarlo.
–Adiós, Eriol. –dijo Tomoyo. Sabía que había traicionado a Sakura, pero sin ella y su plan no habría conseguido todo ese dinero. Por eso evitó responderle. Al final, ella sólo intentaba sobrevivir.
–Bueno, no importa mientras el vídeo esté en mi poder. –se dijo Eriol.
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Sakura fue al apartamento de Tomoyo, pero no había nadie. Astutamente parecía haberse mudado. Tomoyo había pensado en jugársela desde la grabación del vídeo y fue entonces cuando le vino a la mente la advertencia de Yue.
Flashback.
–¿Tienes un plan?
–Sí.
–¿Ah, sí?¿Cuál?
–Hay una antigua trabajadora de Eriol que podría utilizar. Según tengo entendido no está muy contenta con él por algún conflicto del pasado. –dijo Sakura.
–No lo hagas. –le advirtió Yue. –Ni si quiera sabes qué clase de persona es. ¿Me equivoco? Es demasiado peligroso involucrar a gente que no conoces.
Fin del flashback.
Tras recordar aquello, Sakura se dejó caer al suelo derrotada.
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–Mañana es el gran día. –le dijo Eriol a Yue mientras tomaban algo en la barra del bar que últimamente estaban frecuentando.
–Estarás deseando leer mi artículo de mañana. –dijo Yue.
–La verdad es que sí. –reconoció el futuro político.
–Gracias a ti, voy a poder escribir una buena historia por primera vez en mucho tiempo. –dijo Yue, refiriéndose a la primicia que él y el Profesor Li le pasaron en el coche aquella noche en que lo citaron. –Es por cosas así que se me hace difícil dejar el periodismo.
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A la mañana siguiente, Eriol estaba preparando algunas cosas en su despacho para marcharse, cuando Ruby entró rápidamente al despacho.
–Lee esto. –dijo Ruby.
–¿Qué pasa? Incluso has entrado sin llamar. –dijo Eriol cogiendo el periódico. Al ver el titular, los ojos casi se le salen de las órbitas.
Abuso en el sistema de bienestar social. Eriol Hiragizawa ha estado malversando fondos de las residencias de mayores.
En el artículo básicamente decía que Eriol hizo de las personas mayores su población diana y que se había aprovechado especialmente de cuatro ancianos de renombre en los últimos cinco años. El artículo venía acompañado de fotografías que mostraban la identidad de esos mayores, de entre 70 y 84 años y cómo parecía haberse ganado su confianza.
Eriol vio que el artículo venía firmado por Yue Tsukishiro. Esta vez, Eriol supo que estaba acabado. Yue se la había jugado.
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Cuando Sakura leyó en el hospital el artículo del periódico firmado por Yue, lo buscó por todas partes. Después de dar un montón de vueltas, lo encontró admirando el cerezo del patio, que ya había perdido su característico color rosa.
–Esa es mi venganza. –dijo Yue al ver que Sakura llevaba el periódico en la mano.
–¿Qué?
–Hace quince años, la persona que me filtró la información sobre tu padre fue Eriol.
Flashback.
–El Dr. Kinomoto fue el pediatra de tu hermano, ¿verdad? –le preguntó Eriol a un jovencísimo Yue en una sala de reuniones. –¿No has notado nada extraño en su comportamiento?
–¿A qué se refiere con comportamiento extraño?
–A decir verdad, sospechamos que el Dr. Kinomoto está robando medicamentos del hospital y vendiéndolos en el mercado negro. –dijo Eriol.
–No puedo creerlo. –dijo Yue, que conocía a Fujitaka lo suficiente como para saber que no era un médico sin ética.
–Incluso existe una posibilidad de que él mismo sea adicto a las drogas. –dijo Eriol, pasándole una carpeta con información.
Fin del flashback.
–Yo mismo me creí la información que escribí en aquel artículo. A día de hoy es obvio que aquella carpeta contenía información fabricada. No me di cuenta de que fue una trampa para deshacerse de las culpas por la negligencia médica hacia tu padre y esconderlo todo bajo la alfombra. –explicó Yue. –Yo era nuevo e ingenuo. Al aprovecharse de mi posición como periodista, ahora he querido devolverle el favor, también como periodista.
–¿Por qué has actuado solo? –preguntó Sakura.
–No importa lo que diga porque va a sonar a excusa, pero lo cierto es que te traicioné a ti y a tu padre. Eso es algo que no puedo borrar. –dijo Yue.
–Gracias. –dijo Sakura.
–¿Qué? –preguntó Yue, que no se esperaba un agradecimiento de la nueva Sakura.
–Por escribir ese artículo. –dijo Sakura. Yue por fin pareció verle un atisbo de sonrisa a Sakura. Aquello supondría el principio de su colaboración.
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–Así que otro miembro relacionado estrechamente con tu departamento ha caído. –dijo Yuna D. Kaito.
–Sí. –dijo Sakura, que acudió a su oficina para informar de las novedades en su departamento.
–Parece que había más garbanzos negros de los que pensábamos. –dijo el Profesor Kaito. –Te pido que sigas atenta. Es importante para poder limpiar este hospital.
–De acuerdo. –dijo Sakura antes de marcharse.
Cuando la castaña se marchó, Kaito sacó una fotografía del cajón. En ella aparecía Tomoyo y Sakura a las puertas del apartamento de Tomoyo.
Continuará…
