Capítulo 11. La casa del Sombrerero II.
–¿Me estás diciendo que Hien Li estuvo con mi padre justo antes de colapsar? –preguntó Sakura cuando Yue le contó la versión del encargado de mantenimiento.
–Eso parece.
–Vómitos de sangre. –reflexionó Sakura sin dejar de mirar la pared de objetivos por si veía algo que se le hubiera escapado. –Mi padre tenía la lesión de Dieulafoy, una enfermedad que lo hacía susceptible a los sangrados estomacales. Quizás Hien se aprovechó de eso y le diera alguna sustancia que le indujera el sangrado.
–¿Alguna sustancia? –preguntó Yue. Sakura fue a su mesa y miró los dos informes de cirugía de su padre.
–Esteroides, por ejemplo. Es un antiinflamatorio; o un vasopresor. Si le hizo tomar alguno de ellos no es extraño que sangrara y vomitara tanta sangre. –dijo Sakura, a la que le comenzaron a cuadrar las cifras de sangrado que marcaba el informe real.
–¿Intentas decirme que si eso fuera así, el sangrado excesivo de la operación fue provocado por Hien Li? –recapituló Yue.
–Si eso es así, Hien Li es un asesino disfrazado de médico. –resumió Sakura con frustración ante la nueva hipótesis que manejaban. Sakura intentaba resistir las lágrimas.
–Pero todo esto sólo son especulaciones. –dijo Yue al verla tan afectada, aunque sabía que en el fondo era una hipótesis bastante plausible. –Si Hien Li finge ignorancia, será el fin del caso.
–Pero…
–Tenemos que buscar pruebas que demuestren lo que decimos. –dijo Yue, que en aquel momento debía mantener la cabeza fría, ya que Sakura todavía estaba asumiendo aquella posibilidad tan cruel.
–¡¿Cómo?! –exclamó Sakura con frustración y con lágrimas en los ojos.
–Me molesta esa casa de vacaciones. –dijo Yue entonces.
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Eriol Hiragizawa esperaba a Hien Li en un restaurante que nada tenía que ver con los que solían frecuentar. Estaba lleno de gente y el ajetreo era notable. Evidentemente, era mucho más barato, pero él no estaba para dispendios. Además, ahora que había caído en desgracia ni siquiera sabía si lo dejarían entrar en un restaurante de más postín. Quizás aquel lugar también les sirviera para pasar desapercibidos.
Por fin, vio aparecer a Hien. No salió nada preocupado de su despacho cuando le ofreció venderle su residencia vacacional, porque sabía que recapacitaría y sería él mismo quien lo buscara, como así ocurrió.
–Me alegro de verte. –dijo Eriol. –Sabía que me buscarías.
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–He pensado razones por las que Eriol quiere venderle esa casa a Hien, pero no encuentro ninguna. –dijo Yue, una vez que Sakura estuvo más calmada. –Es una casa demasiado vieja y no tiene valor de reventa. Pero, ¿y si Hien Li no quiere la casa para pasar las vacaciones? ¿Y si quiere la casa porque hay algo dentro? Si no recuerdo mal, Eriol dijo quien está preparado no tiene de qué preocuparse.
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–Como dicen los viejos: quien está preparado no tiene de qué preocuparse. Dentro de la casa hay documentos que te conciernen y que he ido recopilando durante estos quince años. –dijo Eriol mostrándole la llaves de la casa. –Como soy un hombre precavido, intuí que algo podía pasar, por lo que guardé toda la documentación relativa al caso.
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–Quizás Eriol tenga almacenada información comprometida para Hien, y por eso intenta extorsionarlo a cambio de dinero. –supuso Yue, al que no se le ocurría nada con más sentido.
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–Todo está registrado en documentos. –dijo Eriol comiendo con una tranquilidad pasmosa mientras Hien se encendía un cigarro. –Todo. Incluido el caso de Fujitaka Kinomoto. Aquello no fue un simple error médico. Lo siento, pero me tomé la libertad de investigar por mi cuenta. Quien mató a Fujitaka Kinomoto fuiste tú, ¿verdad?
–¿Aceptas un cheque? –dijo Hien tras darle una calada a su cigarro.
–Cuando lo tenga en mis manos te daré la llave. –dijo Eriol.
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–Si Hien Li compra esa casa… –comenzó a decir Sakura.
–Lo primero que hará será deshacerse de todas las pruebas que le incriminen. –dijo Yue completando la frase que había empezado la castaña.
–Tenemos que encontrarlas antes que Li.
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–¿Un viaje a los baños termales? –preguntó Shaoran mientras comía en la cafetería del hospital.
–Bueno, todavía no está decidido dónde iremos, pero ¿qué piensas?¿Te apetece venir? –preguntó Meiling.
–Suena bien.
–¿Verdad que sí? –dijo Meiling con entusiasmo.
–¿También irá Sakura? –preguntó Shaoran.
–No se lo he propuesto todavía. –admitió Meiling. Lo que la enfermera no se esperaba fue ver aparecer a Sakura con un folleto.
–He encontrado un alojamiento genial. –dijo Sakura pasándole el folleto a Meiling.
–¿El Lago Kawaguchi? –dijo Meiling ilusionada, olvidándose del hecho de que normalmente había que arrastrar a Sakura cuando se organizaba algún plan. –Me encanta.
–Las casetas tienen cocina para que podamos hacernos la comida. –dijo Sakura. Tras ver fotos del folleto, Meiling se levantó y abrazó a Sakura con gran ímpetu.
–¡Oh, Sakura!¡Es genial! –dijo Meiling.
–Sé que falta muy poco, pero ¿qué os parece si vamos el sábado? –propuso Sakura.
–A mí me va bien, ¿y a ti Shaoran? –preguntó Meiling.
–A mí también. –dijo Shaoran.
–Decidido, entonces. Ya me ocupo yo de proponérselo a los demás. –dijo Meiling.
Una vez que Shaoran terminó de comer, Sakura lo abordó en uno de los pasillos del hospital.
–Shaoran. ¿Al final qué ha pasado con la residencia vacacional de Eriol de la que me hablaste? –preguntó Sakura.
–Creo que al final mi padre va a comprarla. –respondió el joven. –Dijo que el viernes firmarían la escritura. Supongo que irá este fin de semana para echarle un vistazo en cuanto acabe la conferencia académica que tiene.
–Vaya, qué pronto. –se dijo Sakura a sí misma, al adivinar que aquello entrañaría cierto riesgo.
–¿Ocurre algo?
–No, pero como vamos al Lago Kawaguchi, podríamos ir a echar un vistazo. –dijo Sakura sonriéndole y mirándolo de forma tierna e inocente.
–¿Para qué? –preguntó Shaoran.
–Porque según tengo entendido, Eriol Hiragizawa guarda allí una gran colección de arte con obras de pintores franceses y me encantaría verlas. –mintió Sakura.
–No estoy seguro de lo que dirá mi padre. –dijo Shaoran.
–Sólo será un pequeño vistazo. –insistió Sakura para intentar convencerlo y acercándose un poco más a él.
Finalmente, Shaoran no pudo resistirse a la tierna mirada de Sakura y accedió a intentar conseguir la llave de la casa.
Cuando Sakura volvió a su apartamento, colocó el mapa en la pared, trazó el camino y calculó lo que le llevaría a Hien Li ir de Tokio hasta la casa vacacional.
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–El cheque está preparado. –dijo Hien Li por teléfono.
–Bien, nos vemos esta noche en el mismo sitio. –dijo Eriol.
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Mientras Sakura miraba la fotografía en la que estaba con su padre, le llegó un mensaje de Shaoran.
Mi padre ya ha firmado los papeles de la casa. Conseguiré una copia de la llave. Shaoran.
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El sábado temprano alquilaron un monovolumen para ir al Lago Kawaguchi. Finalmente se apuntaron Naoko, Meiling, dos enfermeros, Sakura y Shaoran.
–Por fin aire fresco. –dijo uno de los chicos al salir del coche.
–Sí, mucho mejor que en el hospital, ¿verdad? –dijo Naoko.
–Te ayudaré. –se ofreció Meiling a ayudar a Shaoran a vaciar el maletero.
–No importa. Ya me ocupo yo. –dijo Shaoran con su amabilidad habitual.
–Bueno, pero déjame llevar algo, al menos. –insistió Meiling cogiendo una bolsa.
Mientras tanto, Sakura se alejó un poco para llamar a Yue detrás de un arbusto.
–Ya hemos llegado. Intentaré evitar a los demás y llevaré a Shaoran a la casa lo antes posible. –dijo Sakura mirando hacia la casa, donde Shaoran entraba cargado de cosas. –¿Cómo te va por allí?
–Hien acaba de entrar al recinto de la conferencia. –dijo Yue. –Ha venido en coche, así que probablemente haga lo que dijo su hijo. Cuando acabe la conferencia puede que se presente allí. Yo intentaré entretenerlo todo lo que pueda. Luego hablamos.
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Cuando Yue colgó el teléfono, se dirigió hacia Kaito, que en aquel momento entraba en la sala de conferencias.
–Profesor Kaito. –lo abordó Yue.
–Vaya, Yue Tsukishiro. ¿Has venido a cubrir la conferencia? –preguntó Kaito.
–Sí, pero además, hay algo que creo que debería de saber. –dijo Yue en voz baja. –¿Me concede un minuto?
Al hablar así, Kaito intuyó que era algo grave, por lo que lo siguió a un lugar más apartado. Yue sacó un documento de su portfolio y se lo mostró a Kaito.
–Verá, este informe de investigación fue presentado el mes pasado en una conferencia académica por un miembro del equipo del Profesor Li. En la parte que he subrayado está palabra por palabra lo que parece un caso de tu clase. –dijo Yue, que le llevó mucho tiempo encontrar algo sólo para poder entretener a Li.
–Tienes razón. Parece un plagio. –dijo Kaito.
–Pensé que sólo era un error, pero aún así he preferido hacérselo saber. –dijo Yue.
–Gracias. Cuando acabe la conferencia hablaré con el Profesor Li y le pediré que lo retire. –dijo Kaito.
–Sí, creo que es lo más justo. –dijo Yue, que había conseguido lo que quería, aunque deseaba en su fuero interno que se alargara todo lo posible.
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Ajenos a todo, el grupo de jóvenes paseaba y se sacaba fotografías con el Monte Fuji de fondo. A Sakura no le quedaba de otra que disimular con ellos, aunque en su mente sólo estaba la idea de ir a la antigua casa de Eriol.
–¿Quién se apunta a un helado? –preguntó uno de los chicos. Todos asintieron con entusiasmo, pero entonces, Sakura vio que Shaoran se quedó un poco más rezagado para recoger la cámara con la que se habían fotografiado y aprovechó para abordarlo, pero su plan se vio truncado por Meiling.
–Sakura. –dijo Sakura, viendo una oportunidad perdida.
–¿Sí?
–Quería darte las gracias por haber encontrado este sitio tan bonito.
–No he hecho nada. –dijo la castaña restándole importancia.
–A decir verdad, pensé que te gustaba Shaoran y que incluso que eráis novios, pero tengo que pedirte disculpas por haber pensado así. –dijo Meiling.
–No tienes que pedirme disculpas.
–Sólo espera y verás. Voy a conquistar su corazón en este viaje. –dijo Meiling con decisión.
Aunque Sakura se vio obligada a sonreír, Meiling se presentó como un nuevo obstáculo para su plan.
Después del paseo, el grupo volvió a la caseta donde se alojaban para preparar la cena. Mientras los demás ponían la mesa, Meiling se pegó a Shaoran, que estaba cortando unos pimientos en la cocina. Tras poner las copas, Sakura miró hacia él. Así sería imposible estar asolas con Shaoran.
–Naoko, ¿qué utilizas para esto? –preguntó Meiling acercándose a Naoko. Entonces Sakura se apresuró para ir donde estaba Shaoran.
–Oye, Shaoran, ¿por qué no vamos más tarde a la antigua casa de Eriol a echar un vistazo? –preguntó Sakura.
–Dejémoslo para mañana. –dijo Shaoran, que no entendía la prisa.
–¿Por qué?
–Sería terrible si nos perdiéramos. –dijo Shaoran. –Una vez que cae el sol en esta zona hace bastante frío.
–No me importa. –dijo Sakura algo apurada por convencerlo.
–Ni hablar. –dijo Shaoran con más vehemencia. –Si te pasara algo jamás me lo perdonaría.
Sakura miró su reloj, que marcaban las 17:45. Cada vez tenía menos margen de maniobra.
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Mientras tanto, en Tokio, la conferencia académica llegó a su fin. Yue vio cómo Hien Li recogió rápido sus cosas, pero cuando se disponía a irse, el Profesor Kaito lo detuvo tal y como le dijo para hablarle sobre el posible plagio. Entonces Sakura lo llamó.
–¿Diga?
–Shaoran dice que no irá hasta mañana. –dijo Sakura desde el piso de arriba.
–¿Qué? Sólo podré retener a Hien unos diez o veinte minutos como mucho. –dijo Yue. –¿No puedes ir aunque sea robando la llave?
–Si hago eso no tendré excusa si me encuentro con Hien. –dijo Sakura mientras volvía a mirarse el reloj. –Es imprescindible que esté con su hijo.
–¿Y qué vas a hacer?
–Lo persuadiré de alguna forma. –dijo Sakura.
Quince minutos después, Hien bajó al aparcamiento, cogió su coche y se marchó.
–Espero que lo consiga. –dijo Yue para sí mientras veía cómo el coche de Hien salía del aparcamiento subterráneo.
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Cuando Sakura terminó de hablar por teléfono se asomó por la escalera hacia donde todos cenaban contentos y ajenos a las preocupaciones de Sakura.
Después de cenar, se pusieron a jugar al Jenga. A Sakura no le quedaba otra que estar allí con ellos mientras pensaba a toda velocidad cómo hacer para marcharse de allí con Shaoran hacia la casa. Entonces el teléfono de Sakura sonó. Shaoran vio con curiosidad cómo se levantaba y se apartaba para hablar por teléfono.
–¿Sigues ahí? –preguntó Yue entrando a la redacción de su periódico. –Creo que Hien llegará allí sobre las 20:30.
Sakura se miró el reloj, viendo que sólo tenía una hora y media. Por su parte, el grupo seguía divirtiéndose, pero Shaoran no le quitaba el ojo a Sakura.
–Oye, Meiling. –dijo Shaoran.
–¿Sí? –respondió ella mientras ponía unos dulces en un plato.
–¿Sabes si Sakura sale con alguien? –preguntó Shaoran.
–¿Por qué lo dices? –preguntó Meiling, a la que no le acababa de gustar aquella pregunta.
–Es que está al teléfono todo el rato. ¿Sale con alguien?
–No lo sé. –respondió Meiling. –Vaya, se ha acabado el vino. Voy a por otra botella.
–Ya voy yo. –se ofreció Shaoran levantándose también.
–No, déjalo. Voy yo. –dijo Meiling. Al ver que no quedaba vino en la cocina, Meiling desapareció en la despensa. Sakura vio entonces la oportunidad perfecta para intentar sacar de allí a Shaoran.
–Shaoran, ¿puedo hablar contigo un momento? –preguntó Sakura al ver al chico solo. Cuando Meiling volvió con el vino, allí no estaba ni Sakura ni Shaoran, y el resto parecía que tampoco los echaba de menos al estar tan concentrados en el juego.
Mientras tanto, los dos castaños salieron fuera y se alejaron un poco de la caseta.
–¿Por qué no vamos a la casa de vacaciones ahora? –preguntó Sakura.
–¿Ahora?
–Sí. Tienes la llave, ¿no? –preguntó Sakura. En aquel momento, Meiling salió y se puso a mirar a su alrededor buscando a Sakura y a Shaoran.
–Sí, pero, ¿por qué ahora?
–Porque…–pero Sakura se detuvo al ver que con los nervios casi decía algo inconfesable.
–Sakura, hoy estás actuando muy rara. –dijo Shaoran con un deje preocupación. –No haces más que hablar de esa casa. ¿No será que estás preocupada por Eriol?
–No, no es eso. –negó Sakura mientras volvía a mirarse el reloj. Ya sólo le quedaban tres cuartos de hora, si es que se cumplían las previsiones de Yue.
–Entonces, ¿hay algún motivo por el que tenga que ser hoy?
Tras pensarlo y odiándose a sí misma por lo que iba a hacer, Sakura acortó distancias, puso las manos en el pecho del chico y besó a Shaoran en los labios, mientras Meiling sentía la peor traición de la que pensaba que era su amiga.
–Simplemente quiero estar a solas contigo. –dijo Sakura. –¿Te parece una buena razón?
Shaoran seguía impresionado por el beso y le costó recuperar la capacidad para hablar.
–Me parece muy buena razón. –dijo Shaoran casi sin voz.
–¿Vamos? –dijo Sakura cogiendo a Shaoran de la mano. Cuando llegaron a cierto punto, Shaoran sacó su móvil para poder encontrar el lugar exacto. Entonces llegaron a una valla que separaba la propiedad del exterior. Cuando llegaron y recorrieron el jardín delantero, entraron en la casa. –Está muy oscuro.
Shaoran le dio a los interruptores, pero la luz no se encendió. Aunque estaba oscuro, se intuía que la casa era de estilo occidental y bastante majestuosa para ser una casa vacacional.
–Voy a buscar el cuadro de luces. –dijo Shaoran. Sakura vio la oportunidad perfecta para buscar lo que fuera que Eriol guardara allí, aunque fuera con los resquicios que entraban de la luz de la luna. Entonces se dirigió a unos armarios con cristalera que había en el mueble del salón, pero estaban completamente vacíos, al igual que los cajones. Entonces, de una ventana cercana, percibió una luz muy diferente a la de la luna.
Al asomarse, sus esperanzas se desmoronaron por completo. En el jardín trasero estaba Hien Li quemando un montón de documentos en lo que parecía ser una estufa de leña o carbón.
Las luces de la casa por fin se encendieron y cuando Shaoran se reunió con Sakura, también miró por la ventana, viendo a su padre con la hoguera.
–Padre. –dijo Shaoran abriendo la ventana y saliendo al jardín.
–¿Qué haces aquí? –preguntó Hien.
–He venido a unas casetas del lago con unos amigos y me he dejado caer por aquí. –dijo Shaoran.
Entonces Hien vio que su hijo estaba con la Dra. Sakura Asumi, la cual salió al exterior y disimulando con toda la rabia del mundo, hizo una inclinación de cabeza para saludar a su superior.
–¿Qué estás quemando? –preguntó Shaoran.
–Sólo basura. –se limitó a decir Hien.
A Sakura no le pasó desapercibido que lo que estaba quemando era el archivador clasificado con el año de la muerte de su padre. Cada vez que Hien echaba documentos, las posibilidades de poder hacerle justicia a su padre iban mermando más y más.
–¿Vuelves a casa? –preguntó Shaoran.
–Sí. –dijo Hien. –Ayúdame a meter esa caja vacía.
Shaoran obedeció a su padre y juntos emprendieron el camino hacia la casa.
–Por cierto, es una lástima lo que le ha ocurrido a Eriol Hiragizawa. He oído que han encontrado su cuerpo esta mañana. –dijo Hien antes de entrar.
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–Esta mañana, el encargado de un restaurante de Shibuya llamó a los servicios de emergencia informando de que había un cliente inconsciente. Cuando los servicios de emergencia llegaron sólo pudieron certificar su muerte. Se cree que el cadáver pertenece al abogado Eriol Hiragizawa. La Policía Metropolitana de Tokio investiga si su muerte es natural o ha sido un homicidio. –dijo el reportero. Cuando Yue vio la noticia por el móvil, estaba seguro de que esa muerte no tenía nada de natural. Tras cerrar el vídeo de la noticia, llamó a Sakura, pero ésta no contestaba al teléfono.
–Gracias por la información de antes. –dijo el Profesor Kaito a Yue. Ambos se habían entretenido más de la cuenta en el recinto de la conferencia.
–No ha sido nada. –dijo Yue.
–Yue. Ya han pasado quince años, ¿verdad? –dijo Kaito. –Lo de Yukito fue realmente desafortunado.
–Sí.
–Si puedo llevarle flores, incienso o algo…
–No hace falta. –interrumpió el periodista. –Con saber que te importa es suficiente.
–Como quieras.
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Shaoran acompañó a su padre hasta el garaje de la casa, donde tenía el coche y se disponía a marcharse.
–¿Qué le pasa a la Dra. Asumi? –preguntó Hien a su hijo, pero su hijo no dijo nada. –Ven a verme mañana y me lo explicas.
Shaoran se preguntaba por qué la gente a su alrededor estaba actuando de forma tan extraña, pero al menos, con su padre, no se atrevía a preguntar nada.
Por su parte, una vez que padre e hijo desaparecieron de su vista, Sakura corrió hacia la estufa con desesperación para intentar rescatar cualquier cosa que pudiera probar el asesinato de su padre. Sakura cogió el atizador de la estufa y comenzó a sacar las brasas, pero ya sólo quedaba eso: brasas, papeles en los que no se distinguía nada, algunas cintas y cedés quemados e imposibles de rescatar. Cuando todas sus esperanzas se esfumaron, Sakura vio asomar un pequeño trozo de papel enganchado en la rejilla de la parte superior de la estufa. Estaba algo tiznado por los bordes, pero no se había quemado y se podía leer lo que ponía.
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Cuando Sakura volvió al trabajo quedó con Yue en la azotea del hospital y le entregó el papelito que consiguió rescatar de la estufa y que Sakura había protegido con una bolsita de plástico.
El Profesor Li hizo que la enfermera Kaho Mizuki preparara catecolamina.
–¿Catecolamina? –preguntó Yue.
–Es un vasopresor. La catecolamina incrementa rápidamente la presión arterial. –explicó Sakura. –Si un paciente con la lesión de Dieulafoy lo toma, la arteria cercana a la lesión se rompe y causa una gran hemorragia. Parece que Li hizo que mi padre tomara catecolamina, comenzó a sangrar y justo como lo planeó, tuvieron que operarlo de emergencia.
–Y además, ordenó intencionadamente a Madoushi y a Terada que realizaran una operación con un procedimiento complejo nuevo. –añadió Yue.
–Li mató a mi padre.
Continuará…
