Final imaginario del siglo XIX
En estos tiempos, las personas que poseen extraños poderes provenientes de su cuerpo o incluso de misteriosas y poderosas armas, son conocidas como ladrones, escoria de la humanidad que roba hermosas y valiosas obras de arte, estatuas o joyas de diversos museos de todo el mundo, con la esperanza de reunir los 108 trozos de inocencia perdidos.
OOOOO
-Tyki Mikk... - musitó Allen, atónito.
Kanda, sentado a su lado izquierdo, frunció el ceño, volteando sus ojos de un lado a otro. Luego de que Umiko consiguiera derrotar a los gemelos Jasdero y Debito, dos portales oscuros se abrieron.
Ella y Lavi cayeron en uno. Y ellos cayeron en otro, terminando en una gran torre blanca de cinco pisos, sostenida por columnas y rodeada por arbustos y flores. Como no había paredes, tenían una perfecta vista del pueblo blanco.
Tyki los miraba con curiosidad, teniendo un cigarrillo encendido en sus labios. Retirándolo para expulsar una nubecilla de humo, lo tiró y lo pisó con su zapato derecho.
En ese instante, el espadachín de largo cabello desenfundó a mugen una vez más y se levantó de un salto. Tyki recibió el filo de su arma con una de sus gigantescas mariposas posada en su hombro izquierdo, la cual, tenía una horrible cara que atrapó con sus dientes el filo.
Kanda se quejó, momento en el que Allen también se levantó de un salto y atacó con su garra plateada. Para este movimiento, Tyki lo eludió, antes de patearlo en el pecho, enviándolo con fuerza a una de las columnas.
El ladrón de cabello azul se quejó de nuevo, aumentando la fuerza con la que agarraba su espada para cortar en dos la mariposa de Tyki y abalanzarse contra él.
Riendo a carcajadas, el hombre invocó dos esferas de materia oscura, lanzándolas hacia el joven, saltando de un lado a otro para esquivarlas.
-Mugen... segunda ilusión. - musitó, encontrándose al revés en el aire y dividiendo su espada en dos, conectándose con un hilo; por detrás de su espalda, hecho por la luz de la inocencia en su corazón.
Al volver, deslizando ruidosamente las suelas de sus botas en el suelo, gritó y corrió una vez más hacia el Noé, defendiéndose de los ataques de sus espadas con dos esferas de materia oscura.
Allen miraba atento los movimientos de ambos, tratando de encontrar una abertura para ayudar a su compañero. Cuando ambos se separaron, saltó y lanzó varios proyectiles de luz hacia Tyki, saliendo desde los largos dedos negros de su arma.
-¡Garra de destrucción! - exclamó, viendo como su ataque solo había creado distintos agujeros en el piso.
El Noé saltó de un lado a otro, terminando en la parte superior de una columna.
-¿Está es tu decisión final, chico? - interrogó a Allen con una sonrisa. - ¿Morir por gente que nunca sabrá de tu existencia? - sus ojos apuntaron hacia Kanda. - ¿Con personas a las que ni siquiera les agradas? - deshizo sus esferas de materia oscura y extendió su mano derecha. - Todavía estás a tiempo. Vuelve con nosotros. ¡Hagamos un nuevo mundo con nuestras reglas!
-Tyki Mikk. - el peliblanco lo llamó seriamente. - A mí me gusta el mundo tal y como está ahora. Gracias a eso, pude conocer a Mana, a mi maestro, a la orden oscura y a mis compañeros. Jamás cambiaría algo tan valioso... - hizo una pausa, recordando con pesar las palabras de Lulubell. - por la herencia diabólica que se me entregó cuando nací.
-Ah... - murmuró Tyki, decepcionado. - ya veo.
Volteando su mano derecha, para que el dorso quedara arriba, creó una esfera negra en el pecho de Allen, la cual, lo absorbía en su interior y le quitaba el aire de los pulmones.
-¡Moyashi! - exclamó Kanda, moviéndose para tratar de alcanzarlo.
No obstante, Tyki no se lo permitió, golpeándolo con varias esferas de materia oscura; creadas a lo largo y ancho de su cuerpo, y haciéndolo volar y rodar fuera de la torre de cinco pisos. Lo último que Allen alcanzó a ver, antes de desaparecer en la oscuridad, fue una sonrisa siniestra de parte del Noé.
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Megumi abrió sus ojos de golpe. Hasta hace poco, había estado luchando contra Menomaru, enterándose que el verdadero motivo de su traición, siempre había sido InuYasha.
Pero ella no era ninguna ingenua, concluyendo, al momento de que el demonio les dijera la verdad, que estaba escondiendo algo más.
Si no, ¿Por qué motivo sonreiría al decir que InuYasha había sido el asesino de Kikyo?
Quejándose, intentó mover su garra plateada y trazar un círculo en el aire para crear un portal. Sin embargo, el ambiente en aquel espacio oscuro donde flotaba; junto con Umiko, Lavi y Sesshomaru, era pesado.
Tanto como para no poder invocar ninguna de sus habilidades y respirar adecuadamente. Con inquietud, trató de pronunciar el nombre de cada uno de sus amigos, sintiendo un horrible ardor en su garganta que se encargaba de cerrarle aún más la respiración.
-Es inútil, guardiana. - afirmó una voz ajena, presentándose ante ella.
Usando un elegante vestido blanco sin mangas, Road Kamelot la miraba seriamente. Por la considerable falta de oxígeno, Megumi no pudo hacer otra cosa más que analizarla en silencio, jadeando.
-Si no dejas que mis pesadillas corrompan tu corazón, entonces lo hará la habilidad de este cuarto.
La joven de cabello castaño la interrogó con la mirada.
-Todo el que entra, es inmediatamente puesto en un estado de sueño profundo. - explicó Road, volteando hacia el vacío del techo. - Pero, si existe la posibilidad de que una persona no pueda dormir... - al girar hacia Megumi, sonrió. - entonces solo le espera una agonizante y lenta muerte por la falta de aire.
La ladrona frunció el ceño y se quejó, llevándose su mano izquierda a su garganta.
-Tyki y yo hacemos una combinación mortal, ¿Verdad? - se burló Road, dándole la espalda para desvanecerse. - ¡Hasta la vista, guardiana! ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA!
Megumi se negaba a creer que ese sería el final para los cuatro. Juntando sus rodillas a su pecho, abrazó sus piernas y ocultó su rostro, cerrando los ojos e intentando pensar en una solución.
Recordó a Neah, sonriéndole mientras tocaba una canción para ella en su impecable piano blanco.
Recordó a Mana, sonriéndole mientras le afirmaba que jamás había dejado de buscarla y que era la heredera definitiva de sus poderes.
Recordó a Susan, sonriéndole y abrazándola, después de la ardua labor de haber deshecho la materia oscura de Tyki Mikk que invadía su corazón.
Abrió los ojos.
"Calidez".
"Poder".
"Voluntad".
Fue lo que utilizó para poder despertar a black crown clown. Para encontrar a Allen, para salvarlo de la oscuridad.
Apretando con fuerza los dientes, se esforzó por mover su garra plateada una vez más.
-Mi querida inocencia. - dijo en sus pensamientos, cerrando de nuevo los ojos, con fuerza. - Te lo pido. ¡Ayúdame a salvar a mis amigos! ¡A ser más fuerte!
Reaccionando, la garra plateada comenzó a brillar, envolviendo con su aura a Megumi, cuyos ojos castaños se abrieron, viendo sorprendidos las tres pulseras de luces que aparecían en su muñeca.
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Cada vez que se esforzaba por respirar, Allen terminaba escupiendo sangre, abrazándose a sí mismo en un intento por consolarse por el dolor.
De pronto, Tyki hizo acto de presencia, sonriendo por verlo sucumbir ante el inevitable vacío infinito y oscuro que había creado especialmente para él.
Cómo aquel que representaba el placer de Noé, era capaz de manipular y tocar cualquier cosa que él quisiera. Incluyendo el aire. Así como podía flotar y volar a voluntad, también podía reducir la cantidad en cierta área, tal y como lo hizo con el muchacho.
-Es insoportable, ¿Verdad? - lo cuestionó de pronto, ganándose una mirada fúrica de su parte. - Te daré una última oportunidad, chico. - advirtió, invocando una mariposa oscura en la palma de su mano derecha. - Si la rechazas, Tease se comerá tu corazón.
-No seré un Noé... - pensó Allen, aferrando su mano derecha a su garra plateada. - ...lo juro, por este payaso coronado que me ha entregado mi padre, por la confianza que he recibido de mis amigos en cada misión. - apretó los dientes. - Inocencia, te lo suplico. Dame el poder que necesito para salir de aquí. ¡Para volver con mis amigos! ¡Para proteger sus sonrisas!
Cuando la cruz en la garra plateada de Allen empezó a brillar, Tyki se abalanzó hacía él, atravesando su pecho y haciéndolo escupir sangre.
-El Conde tenía razón. - susurró. - Solo eres un pobre y triste pierrot.
Sacó su brazo y retrocedió un par de pasos, siendo testigo de cómo las pupilas del joven se nublaban, perdiendo la consciencia.
-¿Para qué tengo este poder? - la voz de Allen habló en la oscuridad. - Mana...
La sonrisa del hombre se vislumbró en su mente.
-¿Por qué has decidido darme esta responsabilidad?
Teniendo 12 años, su corazón había recibido la máscara plateada. La forma que dio como resultado, la combinación de un cubo negro y un trozo de inocencia.
Al despertar del coma en el que fue inducido, su mundo había cambiado. Ya no estaba lleno de pelotas, globos y carpas de colores. Ahora, era blanco y negro, decorado con una lápida y con la escalofriante risa de una bruja.
-Contéstame, Mana... - pidió enojado. - ¡Contéstame! ¡Quiero que me respondas o sino...!
-¿Sino qué, Allen?
Volteó hacia atrás. Mana lo miraba serio y entristecido, guardando sus manos en los bolsillos de sus pantalones negros. A pesar de que los años habían transcurrido, no había cambiado nada. Continuaba viéndose joven, solo que su piel no era blanca. Era oscura. Y la corona de estigmas que tanto representaba a la familia de Noé, se mostraba alrededor de su frente.
-¿Te darás por vencido? ¿Faltarás a tu promesa y dejarás de caminar? - poniendo un pie frente al otro, se acercó con tranquilidad al muchacho, quien no dejaba de verlo pasmado. - Decide para quién quieres usar tu poder. ¿Para proteger a los humanos o para proteger a los demonios?
-¿A los demonios? - cuestionó, anonadado.
-Tu ojo izquierdo es capaz de ver las almas que se usan para la creación de los Akuma. Sufren porque son encadenadas por los sentimientos de sus seres queridos, y se convierten en juguetes que el Conde del milenio usa para destruir. - mientras el hombre se colocaba a su lado derecho, Allen bajó la mirada. - Megumi ya tomó su decisión. Ahora es tu turno, hijo mío.
Allen recobró el conocimiento, invocando en la muñeca de su garra plateada tres pulseras de luces. Tyki no le había quitado el ojo de encima en ningún momento, sorprendiéndose por ver como su mano derecha sostenía su brazo izquierdo, atravesando las pulseras de luces.
¿Proteger a los humanos o proteger a los demonios? Era un hecho que no quería convertirse en un miembro de la familia de Noé. No quería destruir el mundo, ni a la humanidad. Necesitaba protegerla. Pero, tal y como le había dicho su padre recién, los demonios también merecían ser salvados.
Ninguno había escogido existir. Había sido la maldad del Conde del milenio lo que los obligaba a nacer y a luchar. A destruir y a evolucionar. Tenía poco de conocerlos. Primero, al explorar la India con InuYasha, tratando de encontrar el camino a la orden oscura. Luego, en el incidente de Suman.
En esa última ocasión, se frustró por no haber sido capaz de salvar a su compañero. Y el terror que sintió cuando su ojo izquierdo reaccionó a los Akuma que quisieron cazarlo; por haberse transformado en un caído, tampoco le había ayudado mucho.
Cerró los ojos. Tomó con más fuerza su muñeca y movió su mano hacia su derecha, convirtiendo su garra plateada en una gran espada con empuñadura dorada. Tyki no podía creer lo que veía. En especial, por el dibujo que se mostraba en el filo.
Una enorme cruz.
Cualquiera diría que representaba al antiguo brazo rojizo que el joven tenía antes. Cuando, en realidad, representaba lo contrario a la muerte que su padre predicaba al combatir. La cruz de Allen buscaba representar...
-Punto crítico... - susurró, corriendo hacia él Noé y atravesándole el pecho con su gran espada. - superado.
Una vez que el arma abandonó su cuerpo, con un solo movimiento de la mano de Allen, Tyki se vio horrorizado. Una serie de cruces blancas se iluminaban por encima de sus ropas, instante en el que no solo comenzó a gritar, sino que también, el espacio vacío que los rodeaba se hizo pedazos, devolviéndolos a la planta baja de la torre.
-¡¿Qué has hecho, maldito?! - exclamó enojado, retrocediendo y abrazándose.
Llegando a la conclusión de que los humanos y las almas de los Akuma necesitaban ser protegidos, Allen fijó el significado de la cruz de su espada como...
...purificación.
El humano que el Conde del milenio había usado para formar parte de su siniestra familia se salvaría. Sin embargo, el alma maligna; el pedazo que representaba a Noé, se convertiría en luz y abandonaría el mundo.
Sería Exorcizada.
Fin del capítulo.
