N/A: Doven ha creado hermosos fanarts para El Rollo Escarlata (¡Y para La Casa de los Cuervos!), y el enlace está en mi perfil, ¡así que todos ustedes deberían ir a verlos! :D

N/T: Si bien el enlace al livejournal de SilverShine todavía sirve, hay algunos trabajos a los que ya no se puede acceder debido a la marcha masiva de DevianArt.


El Rollo Escarlata

Capacidad Negativa


Sakura no sabía qué le había despertado. A través de la ventana podía ver que el cielo ya se había iluminado a un suave índigo que precedía al amanecer, y el bullicio nocturno de las calles finalmente se había apagado. No creía que eso la hubiera despertado, pero ¿tal vez se había acostumbrado tanto a la luz y el ruido que su ausencia le perturbaba?

¿O había sido la suave brisa que acariciaba su espalda?

Lentamente se giró, y la somnolienta y creciente confusión e impresión nunca tuvieron una oportunidad de tomarla por completo. En el momento en que posó los ojos en Kakashi, los recuerdos de la noche regresaron. Recordaba el gentil placer y las lágrimas, y cuán vacía se había sentido después… y limpia. ¿Cuándo se había quedado dormida? Y hablando de eso ¿Cuándo se había quedado dormido Kakashi? ¿Cómo había sido eso posible para los dos?

Pero lo que debía haber sido un supremamente incómodo momento se sentía más que ordinario, y natural en su simpleza. Kakashi todavía estaba bien dormido, estirado sobre su estómago y a una distancia algo respetable, y tal vez por su estado vulnerable, Sakura fue capaz de mirarle sin miedo o pánico ni vergüenza. Cuando él se despertara la aguda ansiedad sin duda alguna regresaría, pero hasta entonces, casi sentía contenta de descansar en sus últimos momentos de intimidad juntos. Nunca tendrían una noche como esta, pensó.

Había alivio en ese pensamiento… y algo más también. Algo que hacía su corazón golpear con fuerza contra sus costillas. Audiblemente.

No… ese sonido no era su corazón. Sakura somnolientamente levantó la cabeza de la almohada. Esas eran pisadas viniendo de las escaleras, tambaleantes y pesadas.

Una corriente de adrenalina corrió a través de Sakura, mucho más efectiva que cualquier reloj con chirriante alarma. Ella se movió para tomar el hombro de Kakashi, intentando sacudirlo, pero el ruido había penetrado en su sueño y él se movió sobre su costado al mismo tiempo en que Sakura se levantó. Ambos tenían su atención concentrada en la puerta, escuchando mientras las pisadas se detenían al principio de las escaleras al final del corredor. Esperaron. Podía ser alguien del personal, o cualquiera de los otros huéspedes.

El sonido de una maldición escurrida y ebria eliminó cualquier duda, y repentinamente las pisadas comenzaron de nuevo, acercándose con rapidez. Kakashi siseó una grosería por lo bajo, y más rápido que cualquier otra ocasión en que Sakura le hubiera visto, se movió, saliendo de golpe de la cama, tomó su ropa y se salió por la ventana -apenas medio segundo antes que la puerta se abriera de golpe y Jin se apareciera, meciéndose.

—Todavía despierta, por lo que veo… —Dijo con trabajo a través de la máscara. Y aunque no era garantía que pudiera ver bien en el estado en el que estaba, Sakura discretamente intentó moverse en el futón para oscurecer la marca en la almohada y las sábanas enredadas que Kakashi había dejado atrás. —Deberíaaaasss venir con nosotros algún día, Saku-chan. Hay bebidas gratis para las chicas en algunos sitios, sabessss. Me gustaría verte desmelenada… sacándote las panties de tu coñito.

Los labios de Sakura se torcieron con disgusto mientras él tambaleaba hacia adelante, riéndose de su propia broma. La nauseabunda peste de alcohol le cubrió. —Apestas. —Murmuró.

—¡A la mejor cerveza de las cinco naciones! —Vitoreó, levantando las manos. —¿No es el País del Fuego el mejorrrrr?

Él pisó su yukata descartado en el suelo y la miró con confusión por un momento. Entonces sus avariciosos y lujuriosos ojos vagaron de vuelta a ella y por encima de sus brazos y hombros desnudos. —¿Estabas esperando por mí?

Los dedos de Sakura apretaron las sábanas contra su pecho con tanta fuerza que estaban en peligro de romperse. —¡Largo! —Gritó, no importándole si despertaba al hotel entero. De hecho, esperaba hacerlo.

—Los tipos se aburren muy rápido del acto de hacerse la difícil, cariño. —Jin se río, acercándose al futón. —Todo mundo puede ver que estás muriendo porque un hombre de verdad te dé una lección.

Para su horror, las manos temblorosas de él estaban moviéndose a su cinturón y comenzaban a pelear para abrirse los botones. —¿Qué demonios estás haciendo? —Demandó saber, no tan alto como antes. La humillación le estaba asfixiando.

—Sólo quédate callada. —Murmuró. —Nadie tiene que saber, si la saco a tiempo…

El kunai estaba bajo su almohada. Ella se lo arrancaría si acaso se acercaba más, y cuando él comenzaba a arrodillarse al final del futón, todavía peleando con el cinturón, ella deslizó la mano detrás de sí para cerrar la mano firmemente alrededor de su arma.

Y exactamente en el mismo segundo, otro hombre entró corriendo en la habitación. Jin nunca supo lo que lo golpeó -y lo que lo golpeó fue la pared del pasillo cuando Kakashi le tomó por las correas del uniforme y lo arrojó a través de la puerta. No era la primera vez que Jin había sido dejado inconsciente de esta manera. Kakashi sólo se detuvo lo suficiente para asegurarse que estaba noqueado por completo antes de girarse a Sakura, pasando una mano por su bien arrugada camisa que con toda certeza estaba al revés. Él parecía haberse vestido con mucha prisa. —¿Estás bien? —Le preguntó.

Ella se encogió de hombros y puso los ojos en blanco. Un Jin borracho era una amenaza más para sí mismo que para cualquier otra persona. —No es nada. —Dijo.

Él levantó una ceja, casi seguro de ser capaz de distinguir entre 'nada' y 'algo'. —Está bien. —Suspiró. —Mejor me lo llevo de vuelta a la habitación.

—Por supuesto. —Sakura accedió cordialmente, observándole darse la vuelta para cerrarse la bragueta que había olvidado. —Y gracias.

Él se detuvo, tal vez para preguntarle por qué le estaba agradeciendo, pero entonces pareció decidido a dejarlo pasar. Lo cual estaba bien; Sakura no creía estar agradecida porque él le hubiera arrebatado de una buena excusa para hacer sangrar a Jin. Pero mientras lo veía levantar el brazo de Jin y arrastrarlo sin ninguna gracia por el pasillo, ella no estaba segura de qué sentía exactamente… excepto que quizás una oportunidad importante de sellar y terminar su aventura con una nota acorde se había deslizado de sus dedos.

Por eso, podía agradecerle a Jin.


Era, como lo llamaban, 'la olla madre', o 'la carga del gato', si Sai recordaba la jerga correctamente. Sólo había venido a esta tiendita para hacerle al encargado algunas preguntas sobre personajes supuestamente sospechosos que habían sido vistos merodeando por la zona (el régimen de Danzou desaprobaba mucho a los adolescentes que tenían el suficiente tiempo libre como para holgazanear cuando podrían estar inscritos en Raíz). Cuando él vio la alfombra que no combinaba con nada más en lo que sería de otra manera una librería meticulosamente decorada, se había sentido curioso. Cuando vio la puerta debajo de ella, se sintió sospechoso.

Ahora estaba de pie en el sótano, junto a un encargado preocupado que no podía dejar de torcer las manos -y por buena razón. Él definitivamente no tenía permiso de guardar este tipo de surtido. Metiendo la mano en uno de los sacos más cercanos, Sai levantó un puñado de granos de arroz de ultra alta calidad y vio como corrían entre sus dedos como arena. —¿Está consciente de que, debido a las actividades volcánicas en el sur, la producción de arroz ha bajado más que treinta por ciento, y tales variedades como esta están actualmente sujetas a estricto racionamiento?

—Tenía esto guardado desde antes del racionamiento. —El encargado dijo, en una curiosa mezcla entre desafiante y aterrorizado.

—¿Y todo esto es para su uso personal?

—Por supuesto.

—Y no está, digamos, ¿Vendiéndolo por una buena ganancia?

—Uh…

Sai se movió de los sacos de arroz a unas cajas más interesantes que contenían alimentos que habían sido prohibidos por el Concejo de Danzou ya que violaban los nuevos estándares de salud impuestos por las políticas proteccionistas. No sólo los caramelos macizos de Suna eran malos para tus dientes, no eran patrióticos. Él miró al encargado que ya estaba sudando. —El mismo Hokage me ha pedido que busque a las ratas del mercado negro y lo destruya con cualquier medio necesario, lo que incluye llevar a cabo cualquier castigo que sienta apropiado para las partes responsables. Este no es su día de suerte.

—¡Espere! —Gritó el encargado. —¡Un hombre tiene que ganarse la vida! Los libros no se venden tan bien estos días desde que los Best Sellers como Icha Icha fueron prohibidos.

—Los tiempos son difíciles para todos. —Sai respondió indiferente. —Todo mundo tiene que hacer sacrificios por el bien mayor, pero gente como usted se vuelve rica gracias al sufrimiento de otros al robarles la comida para venderla a precios exorbitantes.

—Mis precios son muy razonables. —Dijo el vendedor, traicionado por su indignación.

—ANBU estará complacido de escuchar eso. —Sai dijo, tomando al viejo hombre del codo para sacarlo de vuelta por la trampilla hacia la tienda. Definitivamente se había ganado algunos puntos en la lista de Danzou por tropezarse con esta pequeña bodega de bienes ilegales.

—¡Un minuto! ¿No podemos llegar a algún tipo de arreglo? —El vendedor rogó. —No estoy lastimando a nadie, y seguramente hay algo ahí que pueda interesarle.

Sai se detuvo. —¿Está ofreciéndome un soborno? —Preguntó, sorprendido.

—¡Por supuesto que no, señor! —Escupió el viejo. —Nunca asumiría que alguien tan respetable como usted podría ser alguien corrupto que aceptaría un soborno, ¡Y ni siquiera soñaría en deshonrarlo o a mí mismo negociando de esa forma!

Sai suspiró. —Qué pena. —El soborno hubiera sido una experiencia intrigante. Él comenzó a empujar de nuevo al hombre.

—P-pero ¿Está abierto a un regalo que muestre mi apreciación por el duro trabajo que usted hace por esta Aldea...?

Sai se detuvo en seco de nuevo. —¿Qué tiene en mente?

El hombre corrió a un armario del otro lado del sótano y lo abrió. —¡El más fino vino y sake en Konoha, de los huertos del País de la Tierra!

Sai no bebía, así que permaneció inmóvil.

—¡Revistas! —El vendedor gritó, rompiendo una caja de literatura especializada en caballeros. —Uno ya no ve chicas así en las estanterías.

Sai nunca había estado interesado tampoco en el porno, y aunque había ahí excelentes modelos que podían ser usadas como referencias, prefería hombres y mujeres proporcionados más realísticamente para su trabajo.

Viendo que una vez más había fallado en interesarlo, el vendedor lo animó a que se acercara a él. —Veo que sus manos están cubiertas en manchas de tinta y huele a óleos. ¿De pura casualidad es un artista?

Sai miró sus manos, y se dio cuenta que para otros él debía lucir como el artista estereotípico o un traficante muy sucio de bolígrafos. —Lo soy.

—Entonces, ¿Tal vez estaría interesado en esto?

Desde detrás de una montaña de granos él arrastró una caja que debía haber estado ahí un largo tiempo como para haber reunido tanto polvo. Él se la llevó a Sai y abrió las tapas para que examinara sus contenidos, y cuando Sai miró dentro se hubiera quedado boquiabierto si hubiera sido capaz de reacciones emocionales así de fuertes.

Metió la mano para sacar una botella pequeña de tinta Jet. Cualquier otro de pie ahí hubiera dicho "¡Pero Sai! ¡Hay muchísimas botellas de tinta en la papelería!", porque la calidad de esa tinta era sólo conocida para especialistas como él mismo. Esta era la tinta más fina, con un negro puro, a prueba de agua, y con la viscosidad justa para extenderse con un pincel como si fuera seda líquida. Todos los especialistas como él codiciaban tal calidad, pero la existencia era baja por las tensiones que se habían incrementado en la frontera y la tienda de artes que Sai una vez frecuentaba cerró. No había sido capaz de obtener esta tinta desde hacía meses.

Y debajo de esas botellas había paletas de pintura, todavía más raras por ser importaciones.

Sai miró al vendedor, medianamente asombrado. —¿Dónde consiguió todo esto? —Preguntó.

—No podría darle el nombre de mis contactos, pero es bien entendido que los barones del Hokage siempre tienen un pequeño sobrante de todo, y apenas notarían si uno se queda con un poco. —El vendedor empujó la caja a Sai. —Quédese todo si lo desea. Esta cosa es demasiado de nicho como para venderla de cualquier forma ya que nadie más la quiere.

Ciertamente ninguno de los barones apreciaría el tipo de fortuna que Sai tenía en sus manos. —¿En cuánto vendería una botella de tinta? —Preguntó, sosteniendo la Jet.

—Oh, un par de ryo. —Explicó el vendedor. —O menos, dependiendo de lo que el cliente pueda permitirse.

Sai parpadeó. —Pero esta caja vale cientos. —Dijo.

—Y cuesta nada liberarla de los filisteos viviendo en sus lujosas mansiones que no pueden diferenciar entre acuarelas y pintura de cartel. —Le confió el viejo, guiñándole el ojo. —Mejor que vaya a aquellos que lo necesitan en lugar de ir con aquellos que lo tienen simplemente porque pueden pagarlos.

—¿Consigue todo esto de los barones? —Sai preguntó.

—Todo. Las restricciones y prohibiciones no aplican a ellos, sabe.

—¿Y no se dan cuenta?

—Debería de ver cuánto desperdician. Los contenidos de uno de sus botes de basura podrían alimentar a una familia por una semana. ¿Qué tiene de malo sacar estas cosas antes de que las tiren?

—¿Y podría conseguir más? —Sai preguntó. —¿De esta tinta y pintura y eso?

—¡Absolutamente! —El vendedor juntó sus manos, deleitado. —Tengo algunas personas que trabajan en sus casas... Todo lo que tienen que hacer es esperar por el siguiente enorme pedido de cojines, y deslizar una botella de tinta Jet con el resto y en una semana o dos la tendré aquí, lista para ser recogida por una fracción de su típico costo.

—Increíble. —Dijo Sai, poniendo la caja bajo su brazo. Él comenzó a subir por la trampilla.

—Entonces, ¿No planea reportarme? —El vendedor preguntó esperanzado, corriendo detrás de él.

—¿Por qué? —Sai ya había sopesado sus opciones. Si entregaba a este hombre, lo máximo que obtendría sería una caricia en la cabeza de sus superiores, así que parecía que para Sai, la acción más provechosa era tomar algo de los beneficios producto de la corrupción que dichos superiores disfrutaban, y mantener esta fuente de comida barata y suplementos de arte abierta.

Danzou no podría culparlo por su amoral lógica; era la que Raíz había instalado en él después de todo.


La orilla del frío era un lugar muy tranquilo al medio día. En otras ciudades y aldeas, en un día soleado como este, tendrían que golpear con una vara a los otros si querían el parque para ellos, pero los pobladores de Otafuku Gai no podrían ser vistos fuera de la cama hasta que estaba bien entrada la tarde. Esta era la mejor parte del día para gente madrugadora como Kakashi y Sakura que habían dejado a sus compañeros de equipo y su resaca babeando en sus camas para caminar los vacíos caminos del parque. El lugar que habían encontrado junto a la ladera estaba hermosamente aislado y protegido. Mientras Kakashi leía su libro reclinado, Sakura estaba recostada en el suave pasto con los ojos cerrados, empapándose de los rayos de sol que había comenzado a extrañar.

No había nada más que hacer para ellos salvo esperar. Una semana más y Sakura sería capaz de hacerse la primera prueba de embarazo, y entonces descubrirían si sus esfuerzos habían tenido resultados. Mientras tanto, habían regresado a no discutirlo. Era demasiado sencillo regresar a los viejos hábitos, y ninguno de ellos había mencionado lo que había sucedido entre los dos en su última noche juntos, tampoco cuestionado si había cambiado las cosas entre ellos.

Sin embargo, evidentemente las cosas habían cambiado. Kakashi ya no estaba plantándose en bares para evitarla, y Sakura había dejado de encerrarse en su habitación para evitar a todos. Esto era un vasto avance para los dos, pero decir que las cosas habían vuelto a lo que eran antes sería un error. Era imposible hacer el tipo de cosas que habían hecho y no sentirse diferente alrededor del otro, incluso si se esforzaban el máximo para pretenderlo, y el pequeño titubeo o pausa, o la mirada de soslayo ocasional, mostraban que la pretensión no era tan perfecta.

Un salpicón de agua hizo saltar a Sakura. Se sentó, pero todo lo que veía era un pato flotando en el agua, haciendo ruido cada vez que se sumergía. No había razón para haberse movido así –no estaban haciendo nada malo, pero estos días ella no podía sacudirse la sensación de que simplemente estar a solas con Kakashi era una actividad ilícita. Apenas habían escapado cuando Jin casi los encontraba in flagrante, y desde entonces, Sakura estaba especialmente cautelosa con sus chaperones. Podían ser idiotas, pero ¿Y si sospechaban algo...?

Decidiendo que el pato probablemente no era un agente de Danzou, Sakura tomó el resto de la mitad de su sándwich y desmoronó el pan para arrojarlo al río. El ave se acercó con un cuack alegre, tomando los trozos de pan remojado con gusto.

—Creí que estabas guardando ese sándwich para más tarde. —Kakashi notó.

—Ese pato solitario lo necesita más. —Dijo, intentando ver si podía dejar un trozo en la espalda del pato.

—No se te olvide comer. No es saludable. —Le advirtió.

A ella no le importaba su preocupación siempre y cuando él no la hostigara hasta la muerte. —Suenas como una abuela molesta. —Replicó, dirigiéndole una mirada de enojo, que terminó deslizándose por su larga y sólida figura. No había manera de confundir a este hombre con una mujer mayor, eso era seguro.

Sakura rápidamente volvió su atención al pato, deseando que dejara de notar cosas como esas. Había intentado con mucho esfuerzo no notar que Kakashi era un hombre desde el comienzo de su corto y mecánico amorío, pero había sido mucho más difícil desde esa noche cuando, al menos por un rato, habían sido amantes de verdad.

Había estado en lo correcto cuando había querido resistirse a ese tipo de interacción. Le había preocupado que nublara sus sentimientos y su juicio, y eso exactamente era lo que estaba sucediendo. Pero la incomodidad y dolor que realmente temía no habían llegado. Cuando miraba a Kakashi, no veía a Hiroshi. Eso era todo lo que podía haber pedido.

Su sándwich se redujo a migajas, así que Sakura hizo una bola con el envoltorio y la guardó en su bolsillo con un suspiro profundo. Esa era la señal que Kakashi necesitaba. Él cerró su libro y se puso en pie. —Vamos. Si nos damos prisa alcanzaremos la matiné en el cinema.

—No voy a ver Icha Icha 3 de nuevo. —Sakura le advirtió. —Cinco veces es suficiente.

—No lo haremos. —Dijo, y mientras Sakura comenzaba a ponerse en pie agregó: —Están proyectando las dos primeras una tras otra.

Sakura hizo un sonido en su garganta que pareció un trueno, pero unas horas sentada en un cuarto a oscuras viendo una pantalla era una buena manera de perder el tiempo como cualquier otra. —Si no hay de otra. —Dijo, parecía que un peso enorme se colocaba en ella, y se giró para irse.

Se congeló cuando Kakashi movió la mano hacia ella, pasando los dedos por su cabello. Oh no, pensó. Esto era exactamente lo que temía. Él se había hecho falsas expectativas de su relación y ahora-

Pero entonces Kakashi retiró la mano y le mostró con una débil sonrisa algunas hebras de pasto muerto que se habían quedado en su cabello. —Oh. —Dijo, sintiendo como si se hubiera saltado por error un último escalón. —Gracias.

Como si fuera un perfecto caballero, Kakashi indicó con la mano que ella condujera el camino. —¿Nos vamos? —Sugirió, todo su amigo platónico.

Sakura miró su mano y recordó la manera en que se había deslizado por su cadera desnuda. Probablemente podía contar sus callos sin pensarlo mucho. Así que apretó los ojos brevemente y se giró, conduciendo el camino a través de los árboles.


La trilogía Icha Icha era un clásico. Kakashi no podía entender la reluctancia de Sakura para atestiguar tal arte en acción, pero pese a su insistencia de que no podía soportar las películas, una vez que se acomodaba con un vaso de soda en una mano y una caja de palomitas en la otra, era una clienta bastante contenta, incluso si se quedaba viendo la pantalla de la misma forma en que un perro veía a la TV -más estupefacto por las imágenes moviéndose que por la historia.

En el oscuro cine, habían elegido asientos tan cerca del frente como era posible. Kakashi sabía demasiado bien qué tipo de películas esos lugares mostraban bien entrada la noche y qué tipo de cosas las personas en la parte de hasta atrás hacía. Incluso en el medio del día podían verse algunas personas solitarias sentadas en la parte trasera del cine, aunque Kakashi estaba bastante seguro que cualquiera que fuera a ver un maratón de Icha Icha tenía un gusto impecable y una buena higiene moral.

Él echaba vistazos para asegurarse que Sakura no estuviera demasiado aburrida. Sus ojos estaban cerrados a medias y masticaba de manera constante las palomitas de maíz. Cuando ella lo notó viéndole, encontró sus ojos con cierto cuestionamiento. Le ofreció sus palomitas de maíz -de mala gana, sintió él- por sí eso fuera lo que estaba buscando. No lo era, pero aceptó un puñado y le dio una sonrisa.

Kakashi estaba a punto de volver su atención a la pantalla, donde pertenecía, cuando notó a alguien que estaba sentado donde mejor llegaban las sombras al final de la última fila. Otro de esos peculiares personajes… pero en el momento en que Kakashi lo vio, la cabeza de la figura se movió ligeramente, como si hasta ese momento hubiera estado observando a Kakashi.

Perturbado, Kakashi forzó su mirada de vuelta a la película, aunque ya no estaba prestando atención a la historia. Mientras Sakura sorbía ruidosamente su soda, Kakashi discretamente pulió el protector de metal en el dorso de su guante con la manga hasta que brilló tan claramente como cualquier espejo. Un reacomodo sutil, bajo la pretensión de cruzarse de brazos, y Kakashi podía ver la imagen reflejada en la figura del protector.

Él definitivamente los estaba observando.

Con toda probabilidad era Jin o Ari, o alguien más que Danzou hubiera enviado. Pero parecía extraño que luego de semanas sin supervisión repentinamente fueran seguidos, a menos que algo hubiera sucedido que provocara que ambos fueran sospechosos ante los ojos de sus compañeros de equipo. ¿Y si Jin finalmente había decidido que ese golpe en la cabeza no había sido causado realmente por caerse, borracho, como Kakashi continuaba diciéndole? ¿Y si alguien los había visto a él y a Sakura juntos, o dejando el love hotel?

Sin embargo, Jin y Ari no eran los únicos enemigos que tenían en este lugar. ¿Y si era Hiroshi? ¿O alguien enviado por Hiroshi?

¿Y si era un simple pervertido que estaba intentando investigar a Sakura?

Kakashi no podía estar seguro hasta que dejaran el cine. Hasta el final de la película él tenía que mantener la farsa, riéndose en los momentos precisos y robándole palomitas a Sakura cuando ella bajaba la guardia, pero checando el reflejo en el protector de metal cada tantos minutos para mantener un ojo en su admirador. Tan pronto como los créditos comenzaron a pasar, él tomó la mano de Sakura y la sacó del cine más rápido de lo que una película Icha Icha merecía.

—¿Qué te sucede? —Sakura preguntó, trotando detrás de él mientras zigzagueaban a través de las filas para la siguiente función. —¿No quieres ver la segunda parte?

—Paso. —Dijo, mirando por encima de su hombro antes de jalarla por un juego de puertas hacia el interior de otra oscura sala.

Sakura dio una mirada a lo que estaba proyectándose en la pantalla y palideció. —Um… está bien, sabes… No diría que no a ver otra película Icha Icha. No tenemos que ver… esto.

Kakashi que estaba demasiado ocupado echando un vistazo a través de las ventanas circulares en una de las puertas, miró por encima de su hombro para ver a qué se refería. —Oh. —Porno.

—¿Qué estás buscando? —Sakura preguntó, notando que él estaba más interesado en lo que estaba sucediendo en el pasillo que en lo que sucedía en la pantalla. Ella se colocó junto a él para echar un vistazo a través de la segunda ventana.

—Había un tipo ahí… creo- ahí está. Agáchate.

Ambos retrocedieron fuera de la vista mientras el hombre de cabello oscuro con capucha pasaba la entrada del cine, moviéndose hacia la salida. Fuera de visión, ambos levantaron la cabeza de nuevo.

—¿Y por qué? —Sakura preguntó. —¿No le debes dinero, o sí?

Probablemente estaba teniendo flashbacks de sus días con Tsunade. —Ese tipo simplemente salió en medio de una proyección doble de Icha Icha. —Kakashi apuntó. —Obviamente no anda en algo bueno.

Sakura le dio una mirada estupefacta. —Tal vez tiene estándares.

Él ignoró la burla. —Él estuvo observándonos todo el tiempo que estuvimos ahí, y ahora probablemente nos está siguiendo.

Sakura parpadeó, y el significante silencio que siguió mientras se daba cuenta de las implicaciones de ser rastreados fue arruinado un poco por los agudos gritos orgásmicos de la mujer en la película. Kakashi dio su mayor esfuerzo por ignorarlo.

—¿Alguien trabajando para Hiroshi? —Jadeó ella. Él imaginó que ser rastreada por ese hombre estaba en la cima de su lista de miedos justo ahora.

—Tal vez. —Dijo, intentando sonar tranquilizador. —Sólo regresemos al hotel y veremos si ha sido comprometido. Quizá tendremos que movernos, aunque probablemente sea Jin o Ari.

—Para mí no luce como Jin o Ari.

—Sí, bueno, ninguno de los dos sabe cómo se ven bajo esas máscaras. Vamos.

Cada cine tenía su escalera para incendios, y juntos se escabulleron a un callejón a través de la salida de emergencia bajo la pantalla, moviéndose de vuelta al hotel siguiendo un camino complejo por las calles más silenciosas. No vieron más figuras sospechosas acechando desde las sombras y cuando llegaron al hotel, nada parecía haber sido comprometido, aunque ni Jin ni Ari podían ser vistos.

—Creo que estamos a salvo aquí. —Kakashi dijo.

—No me gusta esto. —Dijo Sakura, sentándose sobre su futón doblado y mordiéndose la uña del pulgar sin romperla.

—Lo sé…

—Esa perra ha estado aquí limpiando. —Suspiró ella.

Él resopló. —Por un momento creí que estabas preocupada por ser seguidos.

—Oh, créeme, ¡Eso tampoco me gusta! —De manera inquieta, ella se levantó y pateó el futón para abrirlo y arrojó sus mantas creando tanto caos como fuera posible, como un hámster que no podía ser feliz con su jaula limpia hasta que no hubiera reconstruido su nido para ser tan desordenado y cómodo como fuera posible. —¿Por qué alguien nos seguiría? Quiero decir, ¿Podrían ser los dos idiotas? ¿Por qué repentinamente comenzarían a hacer su trabajo? Antes no les importaba cuidarnos… a menos, que Jin realmente nos viera y se acuerde y-

—Jin no recuerda nada. —Interrumpió él.

—¿Cómo lo sabes?

—Él sería insufrible si lo hiciera. Probablemente nos chantajearía antes de molestarse a reportarlo a Danzou.

Dejándose caer en su nido, Sakura continuó mordiéndose las uñas. —Entonces ¿Y si es alguien que trabaja para Hiroshi? Si él ha descubierto que sigo viva, puedo verlo enviando a alguien detrás de mí para finalizar el trabajo.

—¿Es así de vindicativo? —Kakashi preguntó en voz baja.

—Sí. —Dijo, con absoluta seguridad, y si alguien conocía a ese hombre, era Sakura. Probablemente lo conocía mucho mejor que su propia familia.

Kakashi suspiró y se frotó la boca a través de la máscara. —Tal vez es mejor que nos vayamos de aquí con mayor rapidez. —Dijo. —¿Cuántos días quedan hasta el final de tu ciclo?

—Como cinco. —Dijo ella, frunciendo el ceño.

—Bien. —Asintió para sí mismo. —Deberías tomar una prueba rápida de embarazo mañana.

Las manos de Sakura se retorcieron en su regazo. —Esas no son siempre precisas. —Le advirtió en voz baja,

—No importa. Sin importar el resultado, podemos usarlo como excusa para ir a casa, de vuelta a Konoha.

Él la vio parpadear con rapidez, como pensando en la posibilidad de ser capaces de irse tan pronto como mañana. ¿Quizás había comenzado a creer que nunca saldría de esta ciudad? ¿O quizás estaba temerosa por el prospecto de hacerse una prueba? Él tenía que admitirlo... No estaba tan seguro de querer saber el resultado. No estaba ni siquiera seguro de qué resultado estaba esperando.

—De acuerdo. —Dijo ella, asintiendo perpleja luego de una larga pausa. —Haremos eso.

Kakashi le sonrió de manera tranquilizadora, y pasó la mano por su cabeza, agitando sus mechones rosados pese a su calmada expresión de descontento. Tuvo que detenerse y componerse cuando se descubrió volviendo a pensar en cuán hermosos se veían esos hermosos mechones extendidos a través de la almohada cuando él finalmente la había hecho terminar.

Él levantó un mazo de cartas de la ventana. —¿Jugamos? —Ofreció.


Si era sincera, Sakura no había conseguido dormir mucho esa noche. Confiaba en que las culpables eran su cabeza y vejiga llenas, luego de que Kakashi insistiera en que bebiera al menos dos vasos de agua antes de irse a dormir. Estaba todavía despierta cuando escuchó que Jin y Ari regresaban en las primeras horas de la mañana, tropezándose como un genuino par de idiotas por el corredor. Sakura movió la mano buscando el kunai bajo su almohada y lo apretó, pero casi siempre le dejaban en paz. Dejaron atrás su puerta hacia la habitación que compartían con Kakashi.

Cómo soportaba él a tales briagos, nunca lo sabría, pero tenía el más grande respecto por la más que obvia paciencia-casi-divina de Kakashi. Sin embargo, podría ser que él durmiera pesadamente en situaciones muy concretas.

Ella había dormido poco rato después de eso. Estaba demasiado cansada como para no hacerlo. Pero antes de que el reloj marcara las siete, la insistente presión de su vejiga se había vuelto demasiado para tolerar. Se rodó de la cama como una foca hinchada y medio saltó y medio fue a puntillas todo el pasillo rumbo al baño.

Estaba casi a su alcance cuando alguien se paró frente a ella.

—¿Qué? ¿Ahora acampas en el baño? —Maldijo a Kakashi, bailando en su punto. —¡Fuera de mi camino!

—¿Necesitas orinar? —Preguntó, rehusándose a moverse.

—¡Si no te quitas, no voy a ser responsable de lo que suceda! —Le advirtió.

—Tal vez quieras esto. —Dijo, extendiéndole una cajita blanca. Sakura sabía que era sin siquiera mirarla, porque incluso en su estado de desesperación podía confiar en que Kakashi nunca olvidaría un insignificante detalle como una prueba de embarazo.

—Quizá después. —Dijo, intentando rodearlo.

—Quizás ahora. Sabes que es más preciso en la mañana.

—¡De acuerdo! Sólo no te quedes de pie afuera del baño. —Aceptando la caja, finalmente consiguió dejarlo atrás y encerrarse en el baño.

En retrospectiva, era algo bueno que estuviera muy desesperada por el baño o tal vez hubiera terminando recorriendo todo el interior del baño al menos cincuenta veces antes de considerar apenas el abrir la caja de la prueba de embarazo, así como había hecho la última vez. Era como recibir la calificación de sus exámenes para ser médico, y no querer abrir el sobre y remover cualquier duda sobre el resultado en caso de que fuera el que no quisiera. Esta vez, sin embargo, no había un resultado deseado. No había manera de 'pasar' o 'fallar' una prueba de embarazo; estabas embarazada o no, y ninguna opción le sentaba a Sakura.

La sensación de que todas sus supuestas 'opciones' convergían en un bulto de desesperación removió mucho de su titubeo. ¿Qué había ahí para temer cuando no había nada que esperar? Abrió la caja y leyó por encima las instrucciones que eran siempre las mismas. Este es un palo: orina en el palo.

Fue sólo una vez que hizo lo suyo y que comenzó el conteo regresivo de 120 segundos que Sakura comenzó a sentirse ansiosa. Acomodó la prueba en el lavamanos, lo levantó de nuevo, caminó hacia la puerta, y luego regresó, colocando la prueba con la cara hacia abajo en el asiento del excusado.

Dos minutos debieron pasar y luego otros dos más, y Sakura jugaba con las puntas de su cabello, intentando reunir el valor para levantar de nuevo la prueba. Sólo termina con esto, se decía con firmeza, y se estremeció –casi tocando la vara blanca, pero fallando. No era como si importara el resultado que obtuviera.

Ella debió haber estado esperando por mucho tiempo. Kakashi golpeó la puerta. —¿Todo está bien?

—Creí que te había dicho que no te quedaras ahí afuera. —Respondió.

—No lo estoy. —Replicó. —Has estado ahí por diez minutos. ¿Cuánto toma la prueba?

Eso le llegó. Nada le daba más coraje que la necesidad de ponerle una cara capaz y fuerte a Kakashi. Ella tomó la prueba de una y se quedó viendo el indicador por algunos segundos antes de que pudiera profundizar en su significado.

Y luego Sakura se dio cuenta de que estaba equivocada. Sí importaba, y no se había dado cuenta de cuán desesperada había estado de ver esa pequeña línea azul hasta que estaba ahí y sus rodillas estaban amenazando con derrumbarla bajo la poderosa ola de alivio. Porque de verdad no había otra palabra para describirlo. Era un alivio...

Era un alivio.

Lentamente dejó la prueba en el bote de basura y calmadamente abrió la puerta antes de que Kakashi comenzara a golpear de nuevo. —Está bien. —Dijo, notando su expresión rígida. —Funcionó. Estoy embarazada.

En el segundo en que lo dijo, el frío alivio que le había invadido voló, remplazado por una sensación que retorció sus entrañas y que se elevó como nausea. El pasillo giró y presionó una mano contra su cabeza como si fuera a prevenir la más repentina y violenta migraña de su vida. —Oh dios. —Resolló, corta de aliento de pronto. —Estoy embarazada...


Ari y Jin estuvieron escépticos al principio. Naturalmente sospechaban de cualquier cosa que Sakura dijera, pero ni siquiera ellos podían negar el resultado imparcial de la prueba de embarazo.

Jin se veía casi... Decepcionado. Su tiempo de pasarla con desnudistas y prostitutas y de atormentar a Sakura diariamente estaba terminándose, y su indiferencia cuidadosamente fingida era demasiado fría como para ser genuina. Ari, por el contrario, parecía demasiado feliz de dejar Otafuku Gai.

—Esa sirvienta... —Dijo. —Estaba comenzando a ponerse pegajosa de cualquier forma.

—Lo bueno es que era estéril. —Jin siseó hacia Sakura mientras la empujaba para pasarla. Por primera vez ella apenas reaccionó; no le vio con enojo, no apretó los dientes, no le amenazó de volverlo papilla. No era como si pudiera corregirlo y protestar que ella no había mentido sobre Hiroshi, pero esta ocasión Sakura lucía como si creyera que tal vez merecía los comentarios de Jin.

—Sugiero que todos empaquemos. Me gustaría estar fuera de aquí antes de medio día. —Kakashi dijo, y observó cómo Sakura se movía hacia su habitación como un autómata. ¿De verdad estaba así de calmada, o estaba en shock? Sabía que un buen hombre hubiera ido tras ella, para tranquilizarla o consolarla, pero justo ahora asumía que ella quería estar sola –porque era exactamente lo que él quería. Aunque había intentado prepararse por las casi inevitables noticias, todavía le golpearon como un mazo. En el estómago.

Cuando regresaron a sus respectivas habitaciones, Kakashi se escabulló buscando algo de aire. La mañana estaba fresca y recibió con humildad su frialdad en la cara, y las calles estaban lo suficientemente calladas como para darle una sensación de paz, pero no tan calladas como para que él resaltara. ¿Qué más daba otro hombre sin vida en los ojos caminando en las calles de Otafuku Gai?

Había tres cosas que decían de esta ciudad. Aquí se venía a perder la virginidad, el dinero o a uno mismo. Si te quedabas demasiado tiempo perdías todo eso, y más que eso también.

Bueno, había sobrevivido, y más importante, también Sakura. Las largas semanas de permanecer de pie sin poder hacer nada mientras su joven amiga era deshumanizada y maltratada, para convertirse en el arma que Danzou quería que ella fuera y nada más. Bueno, ahora habían engañado al sistema, y engañado al Hokage. Habían completado la misión, iban de regreso a casa, como subvertidos traidores. Su pírica victoria estaba vacía.

Pero estaban vivos, e iban de regreso a casa, y aunque seguían bailando al compás que el Hokage marcaba, un día la oportunidad de recuperar la aldea sería suya. Y el niño que naciera de esta unión nunca tendría que saber lo que era la tiranía.

El niño...

Kakashi presionó los talones de las manos contra sus ojos hasta que luces resplandecieron contra sus párpados. No podía deshacer lo que ahora estaba hecho, y tenía que enfrentar el hecho de que fue cómplice en crear a un niño por conveniencia, y sin importar si crecía o no para ver otra revolución que liberaría a Konoha, ¿A qué tipo de vida le había condenado? Incluso si un Hokage legítimo era instaurado, y la gente que había escapado regresaba, y todo volvía a como había sido antes... Nunca sería lo mismo. No para él, y ciertamente no para Sakura.

Cuando dejó caer las manos, se tomó un momento para recomponerse. Tenía que empacar cosas, aunque fueran pocas, y luego regresarían a Konoha. Se reportarían a Danzou para el final del día, y sabrían entonces si su plan realmente les había salvado. Mientras tanto, tenía que enterrar sus miedos por el futuro. Sakura tenía que ver que él tenía confianza en lo que estaban haciendo, incluso si eso estaba lejos de la verdad.

Estaba a punto de girarse hacia dirección de regreso al hotel cuando notó, demasiado tarde, que estaba siendo observado. En la boca de un callejón estaba de pie el hombre de cabello oscuro que había visto en el cine, y ya no estaba pretendiendo ser otro hombre más. Estaba viendo a Kakashi con tanta apertura como Kakashi le estaba viendo.

Un ligero movimiento de cabeza, pidiéndole que se moviera, y la figura se desvaneció de vuelta al callejón y fuera de vista.

Por varios momentos Kakashi permaneció firmemente plantado en el medio de la calle. El entrenamiento básico decía que no siguieras a tus vigilantes a lugares oscuros y cerrados donde la posibilidad de ser rodeado y sobrepasado eran altas. Pero usualmente quienes intentaban dañar no actuaban con tanta audacia.

Kakashi comenzó a moverse hacia el callejón. Sí, tal vez era una trampa, y si lo era, era una demasiado obvia, pero había caminado a otras antes y vivido para contarlo. Si este era alguien que quería hacerle daño a Sakura, podría ser la oportunidad perfecta para eliminarlo.

Pero el callejón estaba vacío. Kakashi lo siguió hasta donde terminaba –una pared alta de ladrillo en la que se apoyaban bolsas de basura bien podrida. No sentía a nadie cerca, pero miró a su alrededor con cuidado. Si su vigilante no había escalado por las paredes y volado a través de los techos, el único lugar por el que podía haber ido era a través de la vieja puerta de madera a su derecha que había sido dejada ligeramente abierta... Casi de manera invitante.

Definitivamente una trampa, pensó con un suspiro.

Eso no iba a detenerlo de atravesarla. No estaba de humor para jugar el día de hoy, de todos los días, y si alguien planeaba saltarle desde el otro lado de esa puerta él –por primera y última vez- se lanzaría con la turbulenta ira y violencia que se había visto obligado a contener desde la primera vez que Danzou se le había acercado para formar parte de sus inhumanas actividades.

Colocando algunos dedos en la gastada manija, Kakashi buscó trampas con un poco de chakra explorativo. Si había alguna sorpresa desagradable que fuera activada al abrir la puerta, como un sello explosivo, el choque crepitante de chakra le advertiría. Sintiendo nada, sin embargo, Kakashi empujó la puerta con precaución para abrirla y entró en la oscuridad-

Instantáneamente algo le golpeó en la cabeza. El golpe no había sido duro, pero sí lo suficiente como para que Kakashi se pusiera rígido y sacara un kunai de su funda para alejar el próximo golpe. No había sentido nada –ningún intento, ninguna presencia- ¿Quién o qué le había dado?

El arma atacante estaba en el suelo, y él se agachó con lentitud para levantarlo, frunciendo el ceño con confusión una vez que se dio cuenta lo que era.

—¿Un zapato...?

—¡Sigue siendo muy sencillo! ¡No puedo creer que todavía cayeras en ello!

El hombre de cabello oscuro se aproximó a la luz que venía de la puerta y golpeó un contacto en la pared para llenar la bodega con una luz rígida y parpadeante. Ahí fue cuando Kakashi se dio cuenta que no tenía cabello oscuro para nada. Era rubio. Y ahora tenía marcas de bigotes en sus mejillas...

—¿Naruto? —Sabía que era verdad, pero no podía evitar el sonar inseguro.

—¿Sabes cuán difícil fue encontrarte, Sensei? —Naruto estaba sonriéndole como un lunático, haciendo difícil de creer que él era uno de los hombres más buscados en el continente. —Tuve que sobornar al menos a tres personas en Konoha antes de tener la más vaga idea de a dónde los habían enviado, y Otafuku Gai no es exactamente un lugar pequeño para buscar. Cuando finalmente los encontré en el cinema, podría jurar que querías eliminarme de verdad. ¿Me puedes devolver mi zapato, por favor?

—¿Ese eras tú? —Kakashi dijo, dándole el zapato que Naruto había colocado sobre la puerta. —¿Por qué no te acercaste?

—Tenía que asegurarme de que estaban solos. Danzou tiene ojos en todos lados sabes, y he visto a los dos hombres enmascarados que están con ustedes. Son insoportables. —Mientras Naruto saltaba, jalando el zapato para ponérselo, Kakashi le examinó con cuidado. Si no fuera por sus rasgos distinguibles, hubiera sido difícil reconocerlo luego de todos esos años. Hubiera sido más sencillo confundirlo con su padre que con su más joven ser. —Pero no hay problema. Ahora estoy aquí.

—Sí...

—Intentaste contactarme, ¿No? Me llegó el mensaje de que necesitabas verme.

Kakashi sacudió la cabeza débilmente. —Naruto, eso fue hace meses.

—Y a mí me llegó el mensaje hace un par de semanas. —Naruto dijo a la defensiva. —Desearía haberte dado un método de contacto más directo, pero sabes cuán sencillo es para ellos rastrear ese tipo de cosas. ¿Qué era lo que querías? Sé que no tomarías riesgos como ese por cualquier cosa.

Kakashi todavía estaba falto de palabras –y pensamientos. Aquí estaba Naruto luego de que había tenido que convencerse a sí mismo y a Sakura de que contactarlo era algo tan cercano a lo imposible que ni siquiera valía el riesgo de intentarlo. Nunca había tenido esperanzas. No había creído ni siquiera en la posibilidad de que Naruto eventualmente se mostraría o nunca hubiera aceptado la propuesta de Sakura.

Incluso cuando tenía la máscara, sus estudiantes siempre habían demostrado una capacidad sorprendente para leer su cara sin tener que verla realmente. —No estás feliz de verme ¿verdad? —Naruto observó con tristeza.

—No, no es eso. —Kakashi dijo con rapidez. —Sólo... Es sólo que en verdad hubiera deseado verte aquí antes.

—¿Por qué? —La cara de Naruto comenzó a endurecerse con preocupación. —¿Qué sucede?

Era una pregunta muy sencilla, pero Kakashi no sabía cómo comenzar a explicar todas las cosas que habían sucedido y cómo la aparición de Naruto ahora las complicaba todavía más. Pero fue salvado de formular una insultante versión sanitizada que explicara la misión de Sakura cuando ambos escucharon suaves pisadas en la húmeda gravilla del callejón, acercándose.

Naruto no reaccionó. Sin embargo, Kakashi se giró abruptamente y se movió directamente frente a Naruto para protegerlo de la vista y atacar si era necesario. Si era Jin o Ari, no le importaban las consecuencias, tendría que matarlos.

Sin embargo, la mano que abrió más la puerta era femenina… Y entró Sakura.

Kakashi tal vez hubiera preferido a uno de los idiotas.

Ella se le quedó viendo, confundida, luego su mirada recorrió la habitación llena de cajas y contenedores. —¿Kakashi? —Murmuró con intriga. —¿Qué estás haciendo aquí?

Kakashi sintió el empujón de Naruto mientras él lo dejaba atrás. Ninguna pared o persona podría separarlo de su vieja compañera de equipo, y con un grito de júbilo —¡Sakura-chan! — arrojó los brazos alrededor de ella con todo el deleite que Kakashi jamás le había visto poner, totalmente genuino y de corazón como todo lo que Naruto decía o hacía.

Y mientras Kakashi veía la impresión registrarse en el rostro de Sakura un segundo antes de que aceptara el abrazo, ella no sonrió ni una vez.

Y si ella no podía sonreír por su mejor amigo, él sabía que su sonrisa entonces jamás volvería.