Devotion.
Con el silencio tan sofocante que invadía la cocina, Ashley comenzó a sentirse ansiosa. Había estado practicando una sencilla receta de pasta, mirando disimuladamente hacia Andy que yacía sentado frente a la mesa del comedor con la mirada perdida en la nada. Su hermano favorito ya no entablaba extensas conversaciones con ella pero la acompañaba gran parte del tiempo en casa, como si fuera su guardaespaldas más que su hermano, asegurándose de que no se quedara sola en ningún momento. No podía decir que no estaba feliz por su repentino interés pero simplemente lo percibía como si se estuviera obligando a ello. Hubo muchas ocasiones en las que ella quiso preguntarle si vería a la puta de su novia, si no tendría reuniones con sus amigos, más por algún motivo no lograba animarse, pues la actitud distante de Andy le hacía saber que cometería un error grave al preguntar.
Haciendo memoria se dio cuenta que él había estado actuando de esta manera desde su pelea callejera con Andrew; sin duda ese idiota le había dicho algo sobre lo que hacían a solas para alardear. Ya le habría dado un buen puñetazo en la cara o pintarrajeado su cara mientras dormía de no ser porque Andy cuidaba que no estuvieran cerca por mucho tiempo.
Si, las cosas habían estado tensas entre esos dos, a pesar de que disimulaban tan bien frente a mamá que parecía bastante exigente con Andrew últimamente también. La coordinación de Andy con la Sra. Graves de pronto la hizo hervir de rabia, por lo que apagó la estufa y fue a sentarse delante de Andy, no importándole seguir fingiendo ignorancia más tiempo. Necesitaba romper el silencio de Andy, de nada le servía que la siguiera a todos lados o llegara corriendo a casa si iba a continuar comportándose como una sombra en las paredes.
—Hey, Andy. Cuéntame algo interesante.
—…No tengo nada —respondió sin sutileza—. Y aunque hubiera algo, dudo que te molestes en escuchar por más de cinco segundos.
—Eso sólo significaría que no es interesante lo que me estás contando.
—No tiene caso, no hay manera de que algo de lo que yo diga fuese a interesarte.
—Esfuérzate entonces.
—No.
—Andy… —se quejó la hermana mayor alargando la vocal mientras tumbaba todo su peso a lo largo de la mesa con los brazos estirados hacia el aludido—. Vamos, no eres nada divertido.
—No soy tu perro para entretenerte.
— ¿No lo eres?
—Vete a la mierda, Ashley.
—Eso es algo que diría Andrew —espetó Ashley con una sonrisa maliciosa. La simple mención de su gemelo arruinó la expresión estoica de Andy, intercambiada por una mueca llena de furia—. Si estás enojado con él, es injusto que te desquites conmigo.
—Es gracioso que lo digas, después de todo llevas toda la vida haciendo lo mismo con él.
— ¿Eso significa que te estás vengando en su nombre?
—De ninguna manera. —Andy casi escupió las palabras con veneno y sus facciones oscurecidas preocuparon a la hermana menor, quien no soportaba que él hiciera esa aterradora expresión en su cara, desde su humilde perspectiva no le quedaba bien; lo prefería inocente, sonriendo sólo para ella. Lo quería de vuelta.
—Andy.
— ¿Si?
—Te amo. —Verlo avergonzarse y retorcerse incómodo por ello alimentó una masa viscosa en el cerebro de Ashley, pues como una depredadora no se perdió detalle en su reacción.
—Deja de decir eso, Leyley. Ya no es divertido.
—Nunca fue mi intención que lo fuera —espetó ella ofendida—. ¿Por qué nunca me lo dices tú?
—Porque estaría mintiendo.
—…Supongo. —La expresión de Andy se suavizó la mirar a su hermana de soslayo, ya que ésta apenas y disimuló lo mucho que le hirió su respuesta. Suspiró.
—Mira, Ashley, lo siento, ¿está bien? También te quiero pero no esperes que te lo diga cada dos minutos, los hermanos no hacen eso. Debemos poner límites, eso no…
—Andrew siempre me dice que también me ama… —El puño de Andy golpeó la mesa con fuerza, sobresaltándola e interrumpiendo el berrinche que pretendía hacer cuando esa expresión oscura de antes sólo se intensificó en el rostro de Andy.
—Andrew está equivocado, Ashley. Dudo que realmente sienta lo que dice, sólo le interesa sacar provecho de las cosas. Para él nosotros ni siquiera somos personas, así que no puedes esperar que cuando te dice que te ama, esté siendo sincero.
— ¿Es así? —Ashley apenas se contuvo de reír por la oportunidad que se le presentaba—. ¿No será que estás celoso, Andy?
— ¿Celoso de qué exactamente? No eres más que mi hermana.
—Así es, soy tu hermana. La única que tienes —dijo con orgullo—. La hermana que juraste sería tu prioridad, de la que no apartarías la mirada. Fue nuestro pacto. Yo guardaría tu secreto y tú no dejarías que otra mujer te robe la mirada, así que es natural que te sientas celoso de que alguien más intente tomar tu lugar.
—Ashley…
—Leyley —le rectificó sintiéndose inflada por su repentino brote de confianza.
—Escucha… estoy haciendo esto por tu bien, ¿de acuerdo? Ya me has demostrado que no puedo confiar en tu palabra, así que debo hacer las cosas por la fuerza si es necesario.
— ¡Me he estado portando bien! —renegó.
— ¡No! ¡No lo has hecho! —El grito de Andy consiguió su objetivo de intimidarla, así que se encogió en su silla por instinto—. ¡Me mentiste, Leyley! ¡Se suponía que sólo lo besarías una vez! ¡Una! Y sin embargo dejaste que escalaran las cosas a mis espaldas. ¡Es por eso que estoy aquí! ¿¡Eres estúpida!? ¡Deje a mi novia por ti! ¡Rechazo salir con mis amigos por ti! ¿¡Cuánto más tengo que hacer para que tu cabeza vacía aprenda a portarse bien!?
— ¿…Dejaste a esa traidora? —registró Ashley, en shock.
— ¡Lo hice porque tu culo y pechos gordos siempre me están causando problemas! Yo no tendría que estar detrás de ti si supieras distinguir lo bueno de lo malo. Siempre soy yo quien limpia tus desastres.
—Dejaste a la puta de tu novia... por mí.
— ¿¡Es lo único que vas a decir!?
— ¡Andy! —exclamó Ashley lanzándose a los brazos de su hermano favorito quien, si tuvo intenciones de luchar contra ella, se rindió al respecto y sólo dejó que ella lo estrechara entre sus brazos, su ira abandonándolo con sólo percibir el sonido de su risa—. ¡Gracias! ¡Eres el mejor, Andy! ¡Te amo, te amo, te amo! ¡Nunca cambies!
Tomando un hondo respiro, Andy correspondió al abrazo de su hermana pequeña. Su cuerpo entero temblaba, exigiendo responder aquello de forma violenta pero su corazón blando y sin voluntad lo obligó reprimir sus emociones de nuevo para corresponder al abrazo de su Ashley. Enterró el rostro en su cuello de nuevo mientras susurraba.
—No voy a perdonarte esto, Leyley. Trataremos este tema tarde o temprano.
—Sí, sí, déjame disfrutar de la noticia, Andy. En verdad la dejaste. ¡Estoy tan feliz!
—No tienes remedio —dijo Andy riendo suavemente, dejándose disfrutar del momento.
Al menos hasta que sintió una mirada asesina que lo hizo estremecerse de pies a cabeza. Y cuando entreabrió los párpados, en realidad no le sorprendió ver a Andrew en la entrada con una bolsa de plástico arrugada en su mano derecha. El mayor de los gemelos se tomó la libertad de inspeccionar dicha bolsa un momento antes de alzar la vista hacia quien sin mediar palabra se dirigió directamente al baño. Al poco rato comenzó a escucharse la lavadora trabajando.
