Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 36
―Señora Cullen, veo que me recuerda ―respondo casual, con respeto, pero sin entrar en terreno peligroso―. Nunca la había visto por aquí.
La mujer me estudia. Su mirada me recorre y pasa de mi vientre a mi cara.
―De hecho es la primera vez que vengo a este lugar ―pronuncia―. No sabía que trabajabas aquí.
Sonrío.
―Sí. Mi compañero se hará cargo de su pedido ―señalo a Mike.
Camino rápidamente rodeando el mostrador. Soy consciente de que mi tripa llama su atención. Tengo dieciocho semanas de embarazo.
―Dirás que soy imprudente ―dice caminando a mi lado, recorriendo junto a mí la corta distancia que nos separa de la puerta, ahora sé que el Mercedes estacionado le pertenece―. Te vi solo dos veces junto a tu esposo; una fue en la gala de recaudación esa noche me acerqué a ti y te saludé. La segunda vez fue en una cena en honor a los empresarios de la ciudad, acompañé a mi hijo Edward.
Me impresiona que recuerde cada detalle.
―Sí, también recuerdo esos días ―jalo de la puerta dispuesta a salir bajo la lluvia.
―No sabía de tu embarazo ―menciona― mis felicitaciones para ti y tu esposo.
Es un golpe a mi corazón. Me detengo y le sostengo la mirada a la abuela de mi bebé.
Estoy en desacuerdo que piense que mi bebé es de Jacob, no me gusta ―mis hombros se hunden al caer en cuenta, ¿qué otra cosa puede pensar? Estoy casada con Jacob y todos pensarán lo mismo que Esme Cullen.
¡No! Grito en mi interior.
―Mi bebé no es de él ―confieso a medias. Sé que no debo explicaciones, solo que...
La mujer abre mucho sus ojos, lo suficiente para que sus orbes verde esmeralda queden atónitos.
Esme Cullen no esperaba mi sincera respuesta.
Ella recompone el semblante, me mira comprensiva. No está juzgando ni dándome un consejo, al contrario, su mano toca mi brazo.
―No te sientas avergonzada ―dice― un hijo es sinónimo de orgullo, jamás debes agachar la cabeza… mi intención, créeme, no era incomodarte.
Muerdo el interior de mi mejilla.
―Lo sé, no me avergüenzo de mi bebé ―suspiro―. Solo que me di cuenta que todos tendrán la misma idea de mi embarazo, darán por hecho qué es de él.
―Es que no tienes que ir por la vida diciendo que es el padre. No les des derecho, es tu vida y nadie tiene porque intervenir.
Era tan irreal estar hablando con la madre de Edward. Que me esté aconsejando, cuando el padre es su propio hijo.
―Gracias ―soy honesta― no imaginas lo reconfortante que es para mí escuchar tus palabras.
―De nada cariño. Nunca pensé encontrarme contigo, vivo al lado sur de la ciudad, estoy lejos de casa y mi clínica ―explica―. Fue una bonita casualidad verte. Y mira… ―saca una tarjeta de su bolso y me la entrega― ahí está mi número por si un día necesitas de mí, estaré encantada de ayudarte.
Envuelvo mis dedos en la tarjeta color blanco.
No puedo ser tan cínica. Sé que debemos ser honestos con los padres de Edward y ha llegado el momento de hacerles partícipes que serán abuelos.
Hola, el encuentro fue bueno ¿no creen? Lee agradezco mucho su entusiasmo y el apoyo a la historia, besos.
Gracias totales por leer ✨
