Hola. Sorry por la ausencia. He andado muy mal de salud estos últimos tres meses, metida en estudios y tratamientos al tiempo en que intentaba seguir con el resto de mi vida (trabajo y familia), que cuando tenía algo de tiempo para mí me sentía tan cansada que prefería dormir o ver series 🙈 ya ni leer, que es otra de mis pasiones, me llamaba la atención...

Pero bueno, felizmente he estado mejor y por fin pude terminar este capítulo el cual llevaba literalmente estos tres meses tratando de terminar.

¡Enjoy!

Disclaimer: ¡La historia es mía!


"Los secretos que guardamos: Koishijirou"

Junio, 1865

El mundo a su alrededor se había vuelto pesado, con los bordes gruesos como si se hubiese sumergido en agua. La miko se había levantado en principio sin prisa, mas tan pronto había estado de pie -y tras haberse soprepuesto al mareo que le siguió-, había salido corriendo lejos de la planicie donde se llevaba a cabo el banquete.

Era como moverse dentro de un laberinto.

Ni siquiera la voz de Hikari por detrás de ella consiguió detenerla.

Sentía pesado el corazón, éste brincaba en su pecho y retumbaba en sus oídos. Necesitaba respuestas. Las palabras de Tomoe se repetían y hacían eco continuamente.

"Durante nuestra estadía en Edo, residimos en la mansión Kamiya."

Viendo sin ver, Kaoru se movía entre los árboles y el follaje como si estuviese huyendo de algo o de alguien. Lejanamente la sensación de deja vú la envolvió al reconocer el miedo de la huída tan parecido a la caza que le había dado el anterior Guji.

"Mientras estuvimos ahí, mi esposo, Akira, descubrió el secreto de vuestro nacimiento."

No podía llorar. La desesperación que sentía era un sentimiento completamente adverso a la tristeza. Porque mentiría si dijiera que no lo había sospechado antes, que no lo había visto... Pero aún así...

"El clan desea usar esto en ventaja para asegurar que la unión sea un hecho. No habrá forma de escapar tal arreglo."

¡Quería ir a casa!

No a la estructura del santuario, ni a sus jardines ni al bosque de bambú donde se reunía en secreto con Kenshin durante su estadía. No. Quería ir a su mansión en Edo, donde su padre tenía su lago de koi (pez dorado) y el dojo donde entrenaba su hermano se encontraba. Quería regresar.

...porque tenía miedo. Mucho miedo.

¡Ella siempre lo había sabido...!

Aún más tras escuchar los murmullos en el santuario.

"Es extraño... Nunca imaginé que el padre de Kaoru fuese tan mayor, ni que su hermano le llevase tantos años de diferencia."

"Será cosa de nobles. Tal vez decidieron esperar para evitar descuidar al primogénito."

Comentarios hechos sin malicia, pero que llevaban el peso de un secreto. En su corazón siempre había sentido que algo faltaba; consciente además de la peculiaridad de su familia.

Y ahora además con la amenaza que el secreto representaba para su clan, no podía evitar tener el trágico desenlace.

"Una vida puede pagar por otras." Le había dicho el anterior Guji.

¿Pero sería lo suficiente para salvar a todos los que amaba? ¿Todos aquellos que eran importantes en su vida?

"Vivimos para servir. Nuestras vidas no nos pertenecen."

Recordó. Y sólo entonces pudo detenerse.

-Por un momento pensé que no te alcanzaría. -Escuchó a alguien decir al frente de ella, a un par de metros de distancia.

La miko levantó la mirada con sorpresa y un atisbo de esperanza.

-¡Yumi sama...! -Exclamó mirando con incredulidad la figura de su anterior mentora.

Yumi vestía un kimono sencillo, con una capa encima que le cubría hasta el rostro. Había entonces bajado la capucha y miraba a su anterior aprendiz con añoranza.

-Es bueno volver a verte, Kaoru dono. -Le sonrió.


Edo

En la residencia del maestro Genzai las discusiones habían estallado tras recibir el mensaje sobre la involucración del shinchogumi en el arresto al clan Kamiya. Aquel movimiento era claramente uno político; pero descubrir quién estaba detrás sin terminar en armas era el verdadero problema.

-No podemos quedarnos de brazos cruzados o matarán a Kamiya sama. -Declaró Masato, un hombre en sus treintas que era primo del líder del clan Kamiya. -Si intervenimos ahora todavía se pueda hacer algo.

Se levantaron más voces.

-Si intervenimos ahora no hay forma de que se nos escuche sin llegar a un enfrentamiento. -Refutó Kurama, un estudioso de la segunda rama de apenas 20 años.

-Quizá sea el momento de levantarnos en armas -Propuso uno de los generales, líder de la cuadrilla de samurai; su nombre era Touji y tenía bastante experiencia en combate.

-¡No seas imprudente! -Gruñó Kurama.

-¿Imprudente? -Exclamó el general ofendido.- Somos los únicos que seguimos neutrales en la región. ¡El sur nos lleva la delantera!

-No tenemos un ejército que pueda hacerle frente al shinchogumi. -Les recordó Masato, a sabiendas de que sus tres cuadrillas de samurai serían insuficientes para una guerra.

Más y más voces se hicieron notar; con el grupo dividido en dos y unos cuántos neutrales, incapaces de tomar una decisión. Sus voces generaron un escándalo, un remolino de ruido que acabó por exasperar a Kenshin

-¡Suficiente! -Gritó.

La sala se sumió en silencio, los presentes quedaron congelados ante el poder que la voz del joven samurai -sumado al peso de su ki- ejercía sobre ellos y la tensión que generaba en el ambiente.

La mirada de Kenshin se afiló.

-Mientras permanecemos aquí discutiendo sobre qué camino conviene seguir estamos perdiendo valioso tiempo. -Declaró.

Touji fue el primero en atraverse a hablar.

-Es lo que he dicho necesitamos actuar ahora.

-¡Sería un levantamiento! -Volvió a negar Kurama, se notaba irritado.

-No del todo. -Negó Kenshin. Y ante su declaración, los demás volvieron a mirarle atentos -Permítanme recuperar la mansión Kamiya, soy capaz de infiltrarme y permitirles el acceso desde dentro.

Mutismo.

Cada hombre en aquella sala tenía sus dudas al respecto y un montón de cosas por refutar; sin embargo, más de uno habían sido testigos de la habilidad del joven samurai, además de que no podían negar la presencia del mismo.

Fue Masato quién, al ser él mismo residente de la mansión Kamiya, le contestó entonces.

-Incluso si logras entrar, eres sólo uno. Si hablamos de un rescate tal vez podríamos cambiar la balanza, pero seguiríamos actuando en contra del shinchogumi.

Kenshin le miró directo a los ojos.

-Aunque sea sólo uno. Puedo recuperar el castillo. -Prometió.

El mayor admiró la determinación del muchacho frente a sí, y tuvo que recordarse que era apenas poco más que un niño y lo que éso representaba.

-¿Hablas de que tú solo acabarás con todos? -Inquirió.

Kenshin fue pronto a negar.

-No. -Dijo. En sus ojos no hubo duda. -Únicamente retomaré el castillo.

El contacto visual entre ambos no se rompió. Masato continúo analizando al chico. Mientras esté último parecía entender la preocupación del hombre.

-No pelearé a menos que sea estrictamente necesario.-añadió Kenshin. -Únicamente necesito saber quién es leal dentro de la mansión.

Aquello acabó por convencer al mayor.

-Te ayudaré con éso. -Declaró.

El resto de la sala estuvo de acuerdo con el plan.


KIOTO

Kaoru sentía que el mundo se había vuelto inestable, tenía la sensación de que el suelo a sus pies se mecía. Hacía más de un año que no veía a su anterior mentora, que verla de pronto ahí resultaba más que increíble.

-Yumi sama -Dijo sobrecogida. -¿Por qué está aquí?

La mayor suspiró con algo parecido a tristeza, antes de avanzar hacia su excompañera. Llevaba cerca de seis meses moviéndose de prefectura a prefectura; armando planes que pudiesen apoyar a sus antiguos compañeros de santuario, en especial a Kaoru.

Había sido una tragedia la muerte del Guji, pero para ella aún más al encontrarse entonces demasiado lejos de Kioto.

-Lamento mucho el tener que presentarme de esta manera, pero era necesario. -Explicó.

-¿Hikari y Sato? -Cuestionó Kaoru, dejando que la mayor admirara los cambios en su persona.

-Están al tanto de este encuentro. -Asintió Yumi.

Kaoru agachó la mirada.

-Por supuesto. -Murmuró con aire de derrotado.

La castaña se apresuró a sostenerle el rostro, consiguiendo que le mirara.

-No te decepciones, lo hacen por tu seguridad -Le dijo.

Por un instante Kaoru miró a la mujer frente a sí buscando algo en los ojos de ésta sin saber realmente qué. Sus ojos se llenaron de lágrimas, recordando las palabras de Tomoe.

-Yumi sama, yo...

-Lo sé. -Le cortó Yumi abrazándola.

La pelinegra se aferró a ella con fuerza; aliviada de poder sentir que había tocado al fin suelo seguro. La había extrañado terriblemente, al tiempo en que había buscado hacerle honor a través de su trabajo de miko principal en el santuario.

Kaoru entendió entonces que -dado la probabilidad de que Yumi no se quedaría por mucho tiempo - aquella era su única oportunidad para aclarar las dudas que tenía.

-Mi padre y mi hermano... -Empezó, alejándose lo necesario para ver de frente a su compañera. -¿Alguna vez dijieron algo sobre mis orígenes?

Yumi parpadeó confusa, dándose cuenta al fin del malentendido.

-Me parece que hablamos de temas diferentes, Kaoru dono.

La menor se afligió.

-Entonces ¿No lo sabe?

Yumi negó con la cabeza.

-Lo lamento.

El corazón se le oprimió en el pecho. De pronto se sintió avergonzada.

-No. Soy yo. -Admitió pesadumbrada. -Ha venido a verme después de tanto tiempo de no vernos y yo sólo puedo pensar en mí.

Yumi le dedicó una mirada significativa antes de palmearle ambas mejillas con fuerza.

-¿No has aprendido nada, Kaoru dono? -Le regañó, la menor apenas si se quejó. -Debes ser egoísta.

La menor tembló.

Aquellas palabras las había escuchado tantas veces de tantas personas diferentes durante los últimos meses; más aún resultaba difícil el encontrar el balance, pues el peso de sus obligaciones, de su responsabilidad como representante de Inari tendían a ahogar cualquier deseo de su corazón. La miko se dejó envolver por la emoción que bailaba en las orbes castañas de Yumi.

Las lágrimas resbalaron con el estallido de sus corazones.

-¡Yumi sama!

Kaoru volvió a aferrarse a su compañera, tomándole la palabra y dejándose por una vez tras un año de seclucion de sí misma, el llorar como la niña que aún era.

-Oh, Kaoru dono... -Respondió Yumi con pena, correspondiendo al abrazo. -Te he extrañado como no te imaginas. Pero no puedo quedarme por mucho tiempo.

Yumi se obligó a separarse de la miko. La mujer buscó en la manga de su kimono hasta sacar un talismán pequeño, una tablilla con el kanji de fuego grabado en la madera. La menor lo miró al instante sintiendo la energía que de éste emanaba.

-¿Qué es? -Cuestionó con interés.

-Un memento, de nuestro anterior Guji. -Contestó Yumi, ante esto su anterior protegida le miró con angustiosa sorpresa. -Hay una última visión en éste, un pequeño presente en agradecimiento hacia ti.

-No pude salvarlo. -Se lamentó al tiempo en que aceptaba el objeto en sus manos.

-Lo hiciste Kaoru dono, lo hiciste. -Refutó Yumi. -Y en todo caso, su perdición no fue tu maldición sino Momijis. E incluso al final, sé que fuiste capaz de verla.

La morena no pudo negar aquello. Aún a pesar del triste desenlace, ella había podido ser testigo del alma de la anterior miko esperar por el Guji; sabía que las almas de éstos debían descansar, pero era justamente esto lo que la consternaba.

-¿Por qué ahora? -Cuestionó.

-Antes no era seguro.

Kaoru arrugó el gesto.

-¿Y ahora?

Yumi sonrió dejando salir una risa corta.

-Niña lista. Aunque ya no del todo una niña. -Remarcó. Sus manos acariciaron el rostro de la joven. Había tanto que hacer todavía, se dijo. -¿Deberé llevarte al santuario? ¿De vuelta con tu compañía? ¿O volverás por tu propio pie?

La joven miró a su superior y luego hacia el pequeño talismán en sus manos. Algo le decía que las respuestas que buscaba estaban literalmente en la palma de su mano.

...

Hikari y Sato esperaban a las afueras del bosque al que Kaoru se había adentrado. Sumidos en silencio y ansiedad, ambos saltaron tan pronto su anterior superior salió al claro con ellos.

-Yumi sama. -Exclamaron ambos.

La mujer asintió.

-Está hecho. -Declaró.

Ambos adolescentes arrugaron el gesto en algo parecido a la pena.

-Hemos cumplido con nuestra parte también. -Le informó Sato.

-¿Sasaki? -Cuestionó Yumi.

Su plan no funcionaría sin el apoyo de la exmiko.

-Ni siquiera tuvimos que convencerla. -Contestó Hikari para sorpresa de Yumi. Ésta asintió.

-Bien. Las cosas se han ralentizado demasiado, de seguir así corremos el riesgo de que la guerra se vuelva interminable. -Lamentó. -Todo lo que debió ocurrir un año atrás, deberá suceder en los meses siguientes.

-Desearía poder decirle a Himura kun -dijo Hikari.

-Éso evitaría de lleno lo que debemos provocar. -Le recriminó Yumi tal pensamiento, la menor tuvo a bien verse contrita. -Por ahora nuestro objetivo será evitar el compromiso. Me he hecho de un par de aliados que podrán ayudarnos con espías en las facciones enemigas.

-¿Y la familia de Kaoru? -Inquirió Hikari.

Mutismo.

La mayor desvió la mirada con pena en sus orbes castañas. Aunque no lo diría en voz alta, era fácil entender que no habría forma de evitar que el clan cayera.

Hikari bajó la mirada, manos en su pecho, las lágrimas no tardaron en hacerse presentes.

-Dejo el resto a ustedes. -Les dijo Yumi antes de retirarse.

-Hai. -Asintió Sato.

Éste último sostuvo a Hikari en su camino de regreso al carro que los llevaría de vuelta al santuario.


EDO

Tras terminar la reunión donde le fueron dadas a Kenshin las instrucciones sobre cómo moverse en la mansión Kamiya, se procedió a decidir cómo procederían para conseguir la entrada al joven samurai. Tras una ardua hora discutiendo, al final habían podido dar con una resolución.

En ése momento Kenshin, Sanosuke y Megumi, se encontraban en una sala alterna, fuera de la mansión principal en compañía de Masato y el maestro Genzai, y un pequeño grupo de tres sirvientes, éstos últimos se encargaban entonces de vestir a Kenshin con una armadura nueva -debian proteger el torso dónde la herida aún sanaba-.

La mente de Sanosuke comenzó a hacer preguntas mientras admiraba los movimientos de los sirvientes.

-Hay algo que no me queda claro. -Dijo de pronto.

Megumi le miró con interés, dejando de momento de lado su tarea de preparar una caja de medicinas.

-¿Qué es? -Preguntó.

-¿Por qué atacar al clan Kamiya? -Cuestionó Sano.- ¿No se supone que es una de las casas fuertes del shogunato?

Masato, quién había estado revisando unos documentos, dejó salir una risa corta, casi como una burla.

-El clan Kamiya es bastante extenso. -Les dijo. -Es uno de los clanes más antiguos y tiene varias ramas. Lamentablemente eso es un factor para que se formen oposiciones. -Suspiró con cierto pesar.

Se sentía asfixiado por la situación actual, deseaba poder recuperar a su familia a salvo, y sabía que estaba teniendo un deseo casi vano. En ése punto, nada evitaría el enfrentamiento.

-Aunque probablemente no tenga nada que ver con el problema actual, lo más seguro es que su interés esté en controlar a la princesa de Kioto.

-¿Jouchan? -Inquirió Sano.

Megumi puso los ojos en blanco.

-En serio... me pides que me dirija a ella con respeto y tú la llamas 'jouchan'. -Se quejó.

Sano se cruzó de brazos.

-Es diferente, somos cercanos.

-¿Ah sí? ¿Tanto o más que Himura kun? -Retó Megumi.

Silencio.

La mirada del luchador al final no fue contrincante para la mirada de la joven aprendiz de médico.

-De acuerdo, tienes un punto ahí. -Cedió el muchacho. -Igualmente sigo sin entenderlo. Si son un clan a favor del shogún, ¿no sería más fácil pedirles el apoyo directamente en el respecto a jouchan?

-No si el padre de ésta se niega a usarla como el medio para un fin. -Declaró Masato, su mirada se veía distante.

-Algo me dice que ése fue el caso. -Supuso la pelinegra.

-¿Por qué lo dices? -Preguntó Sano.

Más Megumi no contestó, por el contrario, mantuvo su mirada fija en el hombre que seguía a uno de los escritorios. Éste último, tras la presión ejercida, acabó por rendirse y suspirar.

-Desde que el emperador perdiese su poder político, el clero ha hecho hasta lo imposible por seguir involucrado en los asuntos políticos. -Explicó. -Esto no había sido del todo fácil y menos aún ahora con la intervención americana y todos los misioneros cristianos y budistas. Pero la vidente de Inari vino a cambiar esto. Sus visiones y la asertividad de éstas han vuelto a dar peso al clero en los asuntos del pueblo. Bajo el precario equilibrio en el que se encuentra el shogunato, hacerse de la miko como estandarte puede darle la carta ganadora.

-Lo mismo ocurre por nuestra parte entonces -Concluyó Sano, recordando sus propias palabras a Katsu cuando recién habían conocido a Kaoru. -Pero, Jouchan ha expresado su deseo sincero de ayudar al pueblo de Japón. Ni siquiera creo que ella misma se deje dominar.

-Lamentablemente no es tan sencillo. -Fue Kenshin quién contestó, completamente listo para la batalla. -Basta con una amenza certera hacia lo que ella valora, para que termine cediendo.

Nadie dijo nada entonces. Todos, especialmente Sano y Megumi entendían el peso de las palabras del pelirrojo, pues habían presenciado de primera mano lo mucho que éste trataba por todos los medios de evitar el que lo vincularan con Kaoru.

-Él mapa está listo -anunció Genzai entonces.

Kenshin se dirigió junto con Genzai y Masato hacia una segunda sala para abordar el plan.

Megumi y Sano quedaron atrás.

-Entiendo tu punto. -Dijo Megumi de pronto a Sano, sin dejar de mirar en dirección hacia donde los tres hombres se habían ido. -Me pregunto cuál será ese secreto del que se hicieron.

Sanosuke no dijo nada, pero mentiría si dijese que no sentía la misma curiosidad.

...

Camino a la sala donde se encontraba el resto de los miembros del clan, Kenshin se atrevió a preguntar a Genzai.

-¿Fue debido a nosotros?

El médico sonrió comprensivo, después de todo, había sido él el que les había dado refugio y atención médica a la fracción del Sekihotai.

-No. -Le dijo. -No debes preocuparte en este respecto. Se podría decir que nos hemos causado ésto nosotros solos. -Admitió.

Masato, que había escuchado la pregunta del chico también respondió.

-Genzai tiene razón. -Le dijo al joven. -En un mundo donde la espada determina el valor de un hombre, el clan entero decidió seguir los preceptos del hijo mayor, nuestro heredero. La espada puede ser usada para proteger en vez de matar. Debimos resultarles cínicos. -Mofó.

-Tal vez, pero no tiene porqué ser un absurdo. -Dijo el joven samurai.

Aún no había hecho las paces con Kaoru, y el peso de su propia hipocresía le hacía sentir culpable. Quizá era por eso que deseaba ahora con fuerza el creer aquella utopía.

-No eres el único que piensa así. Mucha gente de Edo comulgó con las ideas de Koishijirou sama, la escuela estaba creciendo. Pero supongo que éso representó la primera amenaza para un gobierno que se sirve de la espada. Y ahora con el secreto de Kaoru dono-

-Masato. -Genzai le cortó con fuerza. Reprimiéndolo con la mirada, se había detenido en su andar, haciendo más evidente la impertinencia de sus palabras.

Tanto Masato cómo Kenshin se detuvieron también.

-Perdóneme. -Dijo el hombre. -No creo que deba ser un secreto para el joven Himura. Aunque entiendo que no es mi secreto para contar.

Hubo un tenso silencio, un espacio de tiempo en el que ambos hombres parecían tener una conversación con la mirada.

Kenshin se removió incómodo. Sabía que no era su lugar el decir nada, más su cercanía con Kaoru y el cariño que le tenía le gritaban descubrir el significado de aquellas palabras no dichas.

Los tres entraron en la sala después.

Los planes se explicaron. Se corrigieron errores y se vislumbraron otros caminos.

Al final, justo antes de partir, Genzai se dirigió a Kenshin.

-Iremos al frente como distracción. -Le dijo. -Una vez dentro me temo, estarás por tu cuenta.

El samurai apretó el agarre en su katana.

-Entiendo. -Dijo.

Y el grupo salió en dirección a la mansión Kamiya.

...

La mansión estaba rodeada por los miembros del shinchogumi, samurais de bajo rango que fungían como guardias; mientras que únicamente dos capitanes se encontraban a las puertas de la mansión. El grupo tenía un total de seis cuadrillas, cuatro menos de las que contaba el shinsengumi, pero mayores en número. Durante el último mes, con la caída de Jineh, el grupo de samurais al mando del shogún había aprovechado para recuperar sus filas. Lo que muchos no decían, era que la mayoría de estos nuevos reclutas se habían unido bajo amenazas; y ésa sería una de las debilidades que el Sekihotai usaría a su favor.

-Crearemos un disturbio tras otro -señaló Masato, al frente de la carreta donde se movía el grupo de Kenshin escondidos. -Obligaremos a varios de ellos a abandonar sus puestos. Cuando esto suceda deberán buscar un punto ciego por el que puedan acceder. Aunque las murallas son altas, no es difícil saltarlas con la ayuda adecuada.

-¿Qué pasará si hay guardias del otro lado? -Cuestionó Sano.

Masato arrugó el gesto, mas fue Kenshin quien contestó.

-En tal caso deberé asegurarme de eliminarlo antes de que pueda dar alarma.

Masato asintió.

-Con algo de suerte, para entonces no habrán muchos todavía en su guardia.

-Hemos llegado, Masato dono -informó el hombre que hacía de cochero.

-Todos a sus puestos -ordenó.

El grupo de Kenshin permaneció escondido mientras el primer grupo se separaba para crear la conmoción a un par de cuadras de donde se encontraba la mansión. No pasó mucho, antes de que se diera reporte de los disturbios. Sanosuke agradeció mentalmente el que las tropas de sekihotai estuviesen de acuerdo en atacar incluso sin el capitán Sagara. Era una movida arriesgada pero si querían salvar al clan Kamiya sin involucrar a los miembros del clan mismo, sólo tenían aquella opción.

El capitán a cargo de cuidar las puertas dispuso de un grupo de samurais para ir a resolver el conflicto, mas tan pronto el grupo estaba por avanzar otro disturbio estalló en la dirección opuesta. Aquello causó alarma entre las tropas del shinchogumi y los dos capitanes presentes se debatieron en una discusión antes de decidir cómo moverse.

Kenshin esperó con impaciencia. Su mano izquierda apretaba con fuerza el mango de su katana. Sus ojos permanecían atentos de la escena frente a él mientras al tiempo buscaba un punto ciego desde el cual acceder.

Cuando se decidió al fin que uno de los capitanes iría al otro grupo, Masato dió la orden a su tercer escuadrón de moverse, esta vez en dirección al este de la mansión.

En medio del caos, Sano fue quien vio la oportunidad entonces.

-Kenshin -le llamó a su compañero en un susurró, indicándole con un movimiento de la cabeza hacia dónde éste debía mirar.

El pelirrojo entendió tan pronto vio lo mismo que su compañero.

Era una procesión de carretas que por lo que se veía surtían de insumos a la mansión. Ambos jóvenes se escurrieron entre el descuido de los samurai bajo la alarma. Por ese instante, Kenshin dejó la máscara dentro de su gi y se mezcló entre el grupo que avanzaba hacia la entrada. Sano hizo algo parecido, hasta que se decidió a robar parte de la mercancía justo cuando los carros llegaron al frente, y los guardias se encargaban de revisar el primer carro.

-¡Ladrón! -Gritaron varios.

En medio de la confusión, Kenshin fluyó entre el grupo.

Sanosuke por su parte esquivó a sus perseguidores usando parte de su entrenamiento de luchador; brincando sobre las carretas y obligando a más de uno a clavar su atención en él.

-Aw, vamos, hay suficiente para todos -se burló, mientras se hacía de distintas prendas de los carros de insumos.

En este punto, Kenshin había quedado en segundo plano; moviéndose con agilidad y aquella velocidad celestial de su técnica, se movió por detrás de Sano y luego de los perseguidores de éste, no sin antes destrozar una de las ruedas de la carreta del frente, haciendo que ésta cayese hasta derramar su contenido sobre el suelo. El estruendo fue tal que incluso los que perseguían a Sano se olvidaron de él. Cuando hasta el capitán restante bajó la guardia ante esto último, el joven pelirrojo dejó que le pasara de largo escondiéndose en las sombras, para luego entrar a la mansión.

El muchacho se permitió una última mirada por detrás suyo para asegurarse el que Sanosuke hubiese escapado. Este último le sonrió como agradeciéndole aquel último apoyo antes de echar a correr lejos de la mansión.

"Sin duda mejor que escalar las murallas." Pensó Kenshin tras haber conseguido volver a ocultarse en los jardines tras la entrada; sacó la máscara y se la puso, pues no podía arriesgarse a ser reconocido después.

Ahí, oculto en las sombras, bajo el follaje y el resguardo de los árboles de cerezo, Kenshin redibujó el mapa de la mansión en su mente. Tanto el maestro Genzai como Masato habían sido claros en el camino que debía seguir si deseaba evitar la mayor cantidad de enfrentamientos. Sin embargo, ni siquiera ellos podían saber la cantidad de samurai enemigos ni mucho menos la posición de éstos. Era Kenshin, una vez dentro, quien debía determinar si podía o no seguir con el plan.

La mansión contaba con un edificio principal, con una sala de visitas intermedia, el cual se extendía hacia un lado en caminos de puentes para luego dividirse en dos. Éstos llevaban a una sala de empleados y al dojo respectivamente. Cada edificio era de dos plantas, salvo el primero que contaba con tres. Ahí era a donde debía de ir, se recordó.

"Kaoru dono." Pensó Kenshin para sí, mano sobre la espada. "Salvaré el honor de tu familia. Te lo prometo."

El muchacho analizó el espacio frente a él. Desde su posición sería fácil alcanzar el edificio principal y acceder al acceso a las habitaciones principales. Sin embargo, quedarí expuesto; dado los samurai apostados al frente, lo ideal sería rodearlos para evitar la mayor cantidad de enfrentamientos.

Por otro lado, no tenía mucho tiempo...

Kenshin tomó una decisión entonces. Inspiró hondo y dejó salir el aire por la boca con fuerza.

Echó a correr al siguiente instante.

-¡Intruso!

Con la alarma dada los demás enemigos le miraron de inmediato y desenvainaron sus espadas. Mas de uno corrió en su dirección. Kenshin, mano izquierda en la saya, llevó su mano derecha sobre el mango de la katana, corriendo aún y a un par de segundos de encontrar a su primer enemigo.

Y entonces la voz de Hiko Seijuuro habló en su cabeza.

"Un buen maestro es capaz de pelear sin necesidad de desenvainar la espada."

¡Clash!

En el último instante Kenshin había acabado por sacar la espada enfundada, el seguro todavía sobre ésta, bloqueando el ataque de su contrincante.

-¡No vine aquí a pelear! -Declaró, ojos todavía claros. -Pero no planeo quedarme sin hacer nada si te rehusas a cooperar.

-¡Insolente! -Gritó su contrincante, quien volvió a asestar el golpe.

Kenshin vio el ataque mucho antes de que su agresor decidiera siquiera darlo, dando una breve vista por el rabillo del ojo.

"Basta con ver las debilidades de tu contrincante para determinar qué ataque es más certero."

Kenshin dio un salto hacia atrás para derrapar después hacia su izquierda, apoyando su peso en el pie izquierdo dio un giro a su derecha, espada en mano. El samurai que había vuelto a atacarle recibió el golpe justo a la altura de la nuca; su cuerpo al irse al frente, además, colisionó con el segundo samurai que había intentado atacar a Kenshin por la derecha. Este último, sorprendido porque su enemigo "desapareciera" y luego ver a su compañero frente a él, perdió el balance y chocó que frente con su compañero quien había quedado inconsciente.

"Lo importante es no malgastar energía con un oponente que es débil."

-Te lo advertí. -Murmuró Kenshin.

La espada seguía reclusa dentro de la saya. Había prometido hacer hasta lo imposible por no tener que matar. No ahí al menos, cuando se sabía que muchos de los nuevos soldados eran jóvenes de su misma edad obligados a pelear bajo amenaza.

Kenshin sintió el tercero tan pronto se irguió.

Dio un salto en el aire para sorpresa de sus tres atacantes y se preparó para su segundo golpe al caer de vuelta. Los tres samurai, menos que niños, apenas y consiguieron seguirlo con la mirada.

El primero cayó tras ser incapaz de responder a la fuerza del ataque de Kenshin, quien seguía peleando básicamente con la funda. El pelirrojo entonces, ojos afilados, había mirada a uno y luego a otro, antes de decidirse a irse sobre el que tenía a la izquierda.

Aquel enfrenteamiento, al que más y más samurai se sumaban, duró cerca de siete minutos antes de que fuera evidente el que ninguno de ellos sería rival para Kenshin.

-No hay necesidad de luchar -volvió a intentar razonar. Esta vez los jóvenes parecieron escucharle, pues más de uno soltó su espada.

Apenas kenshin había vuelto a colocar su espada en saya en su lugar, amarrada tanto por el obi como por la cinta de Kaoru, cuando un nuevo grupo salió al jardín.

-¿Quién está ahí? -Cuestionó el que iba al frente, quien se notaba tenía más experiencia que los anteriores samurai.

Kenshin se irguió, hombros atrás.

-Vengo en nombre del líder del clan Kamiya, tengo el encargo de recuperar la mansión. -Declaró.

-¡¿Pero qué tonterías dices?! -Se mofó el hombre con molestia, y la locura de sus ojos revelaba su obsesión con matar. -Será mejor que te identifiques antes de que sea tarde.

La mirada de Kenshin se afiló, su color había comenzado a cambiar. Un último pensamiento de su anterior maestro reverberó en su mente.

"Jamás debes darle tu nombre a los muertos."

El seguro de la katana se deshizo. Ambos samurai se dispusieron a pelear.

Mas el agresor cayó entonces inconsciente al suelo tras recibir un severo golpe a la cabeza.

Kenshin parpadeó por la sorpresa, su postura se relajó incluso.

-Bien. Ya me estaba hartando de tener que esperar. -Dijo una voz.

El muchacho se reveló entonces dando un paso al frente, y el resto del grupo que venía con ellos también bajo la guardia, como si en realidad fuese a él y no al hombre inconsciente a quien seguía. El pelirrojo entendió entonces de quién se trataba.

-¿Eres Kamiya Satoshi? -Cuestionó con cautela.

El aludido, un hombre en sus veintes de melena negra e impactantes ojos azules, tan parecidos a los de Kaoru asintió con solemnidad.

-Lo soy. ¿Mi tío realmente te envió? -Cuestionó éste.

Kenshin volvió a poner el seguro en su katana.

-Alguien más lo hizo, pero no puedo decir quién. -Respondió.

-Entiendo. -Dijo, analizando al samurai frente a él. Para fortuna de Kenshin, Koishijirou había informado a sus miembros más cercanos sobre el samurai de pelo rojo que era el guardaespaldas de su anterior heredera, Kaoru; aunque se había reservado el mencionar el genio que era en el uso de la espada. -Mi primo se encuentra en el tercer nivel, es custodiado por dos oficiales del shinchogumi, pero sólo uno de ellos representa un problema.

Kenshin arrugó el gesto.

-¿Sólo dos?

-No te confíes. -Le dijo Satoshi con ira en su voz. -Su fuerza es de temer.

Kenshin dedujo entonces que Satoshi debió de haber enfrentado ya a tal samurai y que había perdido terriblemente. Cerró los ojos un instante, recordando la sonrisa de Kaoru, y al abrirlos nuevamente sus ojos habían perdido aquella mirada de asesino.

-Recuperemos primero los dos niveles faltantes, y luego guíame con él.

Satoshi asintió.

...

La batalla tomó cerca de media hora antes de que consiguieran dejar fuera de combate a todos los samurai juramentados al Shogun, aquellos pocos que se consideraban veteranos y que a diferencia de sus compañeros se habían unido por convicción. Satoshi explicó a Kenshin que debido a la lealtad de los miembros del clan hacia su líder, todos habían cedido al control momentaneo de las fuerzas del shogun, secretamente esperando por la orden contraria. Por lo que su presencia era más que bienvenida. Con su ayuda, Kenshin consiguió recuperar la mansión desde dentro.

Con los samurai enemigos amarrados y encerrados en una sala especial, el resto del grupo se dedico a atacar a los que seguian apostados en el derredor del castillo. Sería cuestión de tiempo antes de que el resto se diese cuenta del engaño. El pelirrojo apresuró el paso por el pasillo que lo llevaría a la sala donde el líder del clan estaba retenido, secretamente sorprendido de que los oficiales que lo tenían retenido no hubiesen salido a apoyar a sus compañeros. Aunque entendía que la misión de éstos era otra, el muchacho había esperado otro tipo de respuesta.

Sólo cuatro samurais más se encontraron frente a Kenshin, uno de ellos parecía luchar en contra de los otros tres. Analizando sus ropas, Kenshin se decidió a ayudar al primero al ser frente al que había estado por atacarlo por la espalda. El hombre al que había salvado a tiempo se giró para verlo. Sólo al tenerlo tan cerca, Kenshin reconoció quién era.

-¡Kiyosato san! -Exclamó sorprendido.

-¿Quién...? -cuestionó el aludido.

Pero entonces los samurai restantes atacaron, ambos jóvenes se giraron a hacerles frente. Kenshin, sintiendo que se le agotaba la paciencia, decidió usar una técnica batou de dos pasos, con la que acabó primero con uno y luego el otro.

Akira se quedó anonadado viendo a los hombres que, sin bien habían caído inconscientes, seguían con vida.

-No esperé encontrarlo aquí, Kiyosato san -le habló Kenshin atrayendo su atención.

En ese momento el pelirrojo se retiró la máscara que a su vez, era una protección más de la armadura que llevaba sobre el pecho.

-¡Himura kun!

Si Shinji había pretendido mantener oculta la participación de Himura Kenshin en el movimiento, tales esfuerzos habrían sido inútiles en ese momento, se dijo Akira. Viendo ahora a detalle, le resultaba fácil identificar el rojo de su cabello, el cual en la oscuridad se veía igual de negro que el de sus compañeros.

-Debí suponer que vendrías a ayudar -dijo el moreno.

-Fue una suerte que me encontrase en Edo -explicó Kenshin. -De otro modo no me habría enterado de lo que estaba ocurriendo.

Akira sonrió comprensivo. Él también había estado a nada de quedarse en la oscuridad sobre lo que ocurriría con el clan, de no haber recibido la carta de Tomoe.

-Lo justo es que te diga entonces mi razones -dijo Akira para sorpresa del menor. -Soy un doble agente, pretendía permanecer como espía hasta el juicio de mañana. Pero me alegra que hayas llegado, de esta forma puedo actuar y asegurar el que mi identidad se mantenga oculta. Supongo que es algo que tenemos en común.

Kenshin miró entonces la máscara. Ciertamente compartían circunstancias.

-Supongo. -Asintió antes de volver atarse la máscara. -¿Es ahí? -Cuestionó mirando a las grandes puertas de madera, a diferencia del resto de la mansión ésta era una sala de entrenamiento después de todo.

-Un. -Asintió Akira. -Su nombre es Nishiki Niimi, es el líder del tercer grupo, Okita Rintaro está a su cargo.

-¿Okita?

-Aa, es el cuñado de Okita Soji. Aunque su habilidad no es tan buena como su familiar, sí es un buen estratega.

Kenshin deshizo entonces el nudo del listón de Kaoru, no podría esta vez permitirse soltar la espada; ató la cinta en su mano derecha.

-¿Es él el segundo oficial? -Cuestionó.

-No. Desconozco la identidad del oficial que acompaña al capitán -respondió Akira. -Y algo me dice que su habilidad es tanto igual o mejor que su superior.

El muchacho notó la duda en la voz del mayor. Incluso si nunca lo había visto luchar, gracias a las enseñanzas de Hiko le era fácil determinar que su habilidad no era extraordinaria; sin mencionar que de haberlo sido, no sería un simple guardaespaldas. Por otro lado, era una persona importante para Kaoru, alguien más a quien debía proteger.

-Seguiré solo a partir de aquí. -Declaró avanzando.

Akira iba a refutar, pero tras echar una mirada a los samurai inconscientes en el suelo y recordar la habilidad del muchacho frente a él, no pudo más que asentir.


KIOTO

La ceremonia había terminado. Los novios se habían retirado, y los pocos que quedaban disfrutaban del banquete antes de que poco a poco comenzasen también a retirarse.

Mas Kaoru seguía sin volver.

Tomoe se removió con preocupación en su sitio, preguntándose si debía o no ir en busca de la joven sacerdotisa. No había querido tener que revelar tanto tan deprisa y en tales circunstancias, pero algo la había llevado a confesar entonces. Ella sabía que mientras más esperara por un momento ideal, menos éste vendría. E incluso si se consideraba una traición lo que había revelado, no podía sentirse culpable. Mucho menos ahora que había involucrado también a Akira.

Aprovechándose del cariño que su esposo aún albergaba por la miko de ojos azules, Tomoe lo había convencido de ir a Edo como representante del clan en lugar del oficial que en principio se había seleccionado. Debía confiar en que Akira actuaría en base a sus sentimientos y no en base a su deber. Pero por cuánto tiempo más permanecería a salvo, no podía saberlo.

-Kiyosato dono.

Tomoe levantó la mirada hacia Sato, quien la veía con una sonrisa. La morena no era tonta sin embargo, y podía identificar que el sacerdote estaba todo menos contento.

-Permítame escoltarla de regreso a la ciudad. -Le dijo él.

-¿Kaoru miko sama? -Cuestionó ella en su lugar.

Por un segundo la fachada de Satocasi se deshace.

-Su excelencia ya ha regresado al santuario. -Le dijo. -Un asunto importante le impidió quedarse con nosotros, espero lo entienda.

Ella sintió deseos de gritar.

-Por supuesto. -Dijo en su lugar.

Se puso de pie y siguió a Sato en dirección a los carruajes que los esperaban. Lanzó una última mirada en la dirección en la que se había ido Kaoru y rezó internamente por haber hecho lo correcto.

...

A kilómetros de distancia Shinji lidiaba con sus propios problemas.

Había recibido la misiva de que el Sekihotai se había estado escondiendo en Edo, con el reporte de que Battosai estaba en el grupo; aunque el mensaje no decía en qué condiciones, días después los rumores se extendieron por la ciudad. Había estado convaleciente al igual que la sacerdotisa de Inari. Sería cuestión de días antes de que los rumores no sólo estuviesen entre los involucrados directos y los bandos del conflicto, sino también en boca del pueblo mismo.

Sin embargo, eso no era lo que lo tenía en jaque en ese momento. Sino las acciones de su querida hermana política.

-¿De verdad seguirás con esto, hijo mío? -Le reclamó su padre, el general tras haber entrado sin anunciarse en la sala de reuniones.

Shinji no se había demorado en perder el tiempo negando lo obvio. En su lugar había ordenado a todos que se retirasen y los dejasen solos, sirvientes incluidos. Sólo hasta que se hubo quedado con nadie más que su padre se dignó a contestar.

-La unión se hizo de acuerdo a lo pactado, sin embargo, no ha rendido frutos. -Declaró. -Es tan simple como eso.

En otras palabras, a pesar de los meses que llevaba en matrimonio y compartiendo cama con su actual esposa, ésta no había quedado encinta.

-Te arriesgas demasiado con un bastardo. -Le gruñó su padre.

-¿No lo hemos hecho ya? -Refutó Shinji, pasando su mano por su melena negra en un intento de contener su frustración. -Fuiste tú quien aceptó primero el recibir a Akira.

-Aquello fue diferente. -Bramó el hombre. -Incluso si era de otra rama, su sangre era del clan por ambos padres.

En un principio Akira había sido aceptado para tomar el papel de heredero y permitir el que Shinji creciera sin amenazas a su vida. Se podría decir que el moreno había fungido como un cebo o carne de cañón, para permitir el que el verdadero heredero no tuviese que enfrentar amenazas. Aquello había resultado de maravilla, tanto que este último había incluso podido terminar su preparación con años de ventaja.

Sin embargo, lo que Shinji pretendía era algo totalmente distinto. Pues en este caso el bastardo era suyo.

-Bien, lo que falte para igualar el peso se compensa con el hecho de yo ser el heredero y el líder actual. -Refutó.

El general sintió ira y pena dominar su corazón.

-Estás cavando tu propia tumba. -Le advirtió. No hacía falta decirlo, más de uno dentro del clan se opondría, y la familia de la actual esposa sin duda se revelaría también sin importar que el fallo haya sido por parte de ella, después de todo aún era pronto para declararla infertil.

-¿¡Qué quieres que haga entonces?! -Bramó Shinji. -El clan necesita un heredero.

-Inténtalo, por al menos un mes más. -Contestó su padre, en su voz quedaba clara la desesperación que sentía. -Si aún no hay frutos para entonces, yo mismo te ayudaré. -Prometió.

Su hijo no pudo más que desviar la mirada con molestia y algo de vergüenza. Amaba a su padre y sabía que éste tenía razón. Por lo que acabó por asentir. Su padre suspiró con alivio, luego volvió a enseriarse.

-En cuanto a Kaoru dono -continuó y la atención de Shinji volvió a caer sobre él-, no pienso formar parte de tu engaño, ni de la treta que traerá la caída de su clan.

El general Kiyosato abandonó la sala entonces, el siseo de las puertas al cerrarse cortó el último hilo que sostenía a Shinji, quien se giró para golpear la mesa con ambos puños en medio de un grito corto de frustración.

No había contado con que su padre se enterase de sus planes secretos. La única que había estado cerca de descubrirlos había sido Tomoe, pero incluso el secreto que le reveló sobre el compromiso de Enishi alcanzaba la situación del clan, a menos...

Shinji gruñó.

-¡Enishi! -Gritó.

El menor salió detrás de la pantalla frente a la mesa de reuniones, en donde había permanecido oculto. Éste miró atento al mayor con ojos firmes que parecían de hielo.

-Tu hermana me temo, ha hablado fuera de tiempo. -Se quejó Shinji. -Arréglalo. -Ordenó.

Enishi asintió una vez, antes de hacer la debida reverencia.

-Hai, Shinji niisan. -Respondió y luego abandonó la sala.

Tan pronto se hubo quedado solo, Shinji suspiró, dejándose caer sobre el cojín. Sus ojos sostenían una añoranza que bailaba en tristeza.

-Kana... -susurró. -Hallaré el modo de traerte a mi lado. Lo juro.

...

Kaoru sostuvo el talisman en ambas manos.

De pie en medio de aquél bosque, se obligó a serenarse hasta alcanzar un estado de meditación alto. Sus ojos perdieron aquél brillo firme y se nublaron con la energía que aun envolvía aquel talisman.

Pronto éste reaccionó hasta despedir una luz tenue, la cual fue creciendo y creciendo hasta envolverla por completo y transportarla a un plano blanco. Un área vacía donde sólo sombras habitaban y la única luz era la que salía de sí misma. Allí la figura del hombre que la había guiado como si fuese su propia familia se dibujó frente a ella.

-Guji Sama -Exclamó en una voz contenida.

El corazón se le estrujó en el pecho al estar presente del hombre que había sido su guía en sus años de aprendiza. Jineh sonrió con evidente cariño en sus ojos.

-Pequeña avecilla -le dijo.

La joven sabía que no tenía modo de acercarse más de la distancia permitida, a un paso de distancia intento sobrellevar el cúmulo de emociones que bullían en su interior, mas fue incapaz de retener las lágrimas.

-Qué gusto verlo... -susurró.

Jineh extendió su sonrisa, y luego tendió su mano derecha hacia ella.

-Tengo un presente para ti. -Le dijo. -Sé que tienes dudas. Y si me lo permites, puedo mostrarte las respuestas.

Dudando tan solo un instante, la miko extendió su mano hasta tomar la del anterior Guji.

Cuando lo hizo una voz conocida se escuchó en su mente.

"Si alguien merece un deseo así..."

-Kenshin. -Dijo de inmediato.

El Guji asintió.

-El deseo fue sugerido Kaoru dono. Mas quien lo sugirió no fue quien lo pidió para sí. -Declaró. -Alguien más hizo la elección. Debes recordarlo.

La menor negó con la cabeza, confusa.

-No entiendo. -Dijo. -He visto estas imágenes antes. Son distintos caminos, algunos han prevalecido y otros.

Una espada atravesándole el pecho. Ojos de hielo.

Kaoru se retrajo en sí misma, aquella pesadilla todavía la visitaba ciertas noches, y ciertos días en los que visitaba alguna visión por parte del santuario; eran como una especie de advertencia. Brillaba con fuerza cada que estaba por decidir algo que acabaría por alterar el curso que debía seguirse. Como previniéndola de tomar el camino equivocado.

-Otros... -continuó Jineh por ella -Aún está por verse si se cumplen. Pero Kaoru dono, sabes aquellos que deben cumplirse.

Lo sabía por supuesto.

-Kenshin... -susurró con pesar.

El Guji asintió.

-Mi vida como bien sabes, ha sido cortada antes de tiempo pero no sin una razón -Le dijo. -Tomé una decisión, Kaoru dono. Igual que Momiji, en mis últimos días vislumbré una salida distinta de la que estaba destinada para mí. Y he de decir que ha sido mucho mejor de lo que originalmente me esperaba. Sin embargo, tal tiempo debe ser usado a provecho.

-La visión de Akira san sigue desvelándose. -Refutó Kaoru. -Quizá sea imposible usar el tiempo acorde a nuestros deseos.

Jineh negó entonces.

-Pequeña avecilla, no ha sido la vida de Kiyosato dono por la que he pagado.

Kaoru saltó ante esto.

-¿Entonces quién?

La sonrisa del Guji se desdibujó un tanto. Sus ojos se oscurecieron hasta recordar más al asesino de sus últimos momentos que al sacerdote que había sido la mayor parte de su vida.

-Primero lo primero -sentenció. -Deja que te muestre lo que está en juego.

La luz se intensificó entonces. Las sombras fueron barridas por ésta hasta desaparecer. La fuerza de esta hizo que una fuerte corriente de aire se desatara desde donde ellos se encontraban. La sacerdotisa apenas y tuvo tiempo de cubrirse con las manos antes de que la luz la cegara y el viento la arrancara del suelo.

...

Instantes después, cuando Hikari la encontró en compañía de las dos nuevas aprendices, Kaoru yacía incosnciente -pero sana y salva- en el suelo. Las tres jóvenes levantaron a su superior y la llevaron hasta donde el carruaje aguardaba.


EDO

Kenshin abrió las puertas con fuerza; ambas se abrían hacia afuera, de modo que tuvo que abrirlas y moverse rápido para esquivar un ataque. Si no fuera por sus habilidades para detectar la presencia de sus contrincantes, éstos habrían conseguido lastimarlo. Mas debía de tener cuidado. La herida de su torso había estado sanando, pero a pesar de no haber sido profunda todavía no cerraba por completo. Aquello no sólo representaba el peligro de volver a abrirse de nuevo por completo, sino una debilidad física que no le permitía tener la misma resistencia de siempre.

Debía reservar sus fuerzas hasta el final y no usar ninguna técnica celestial sino hasta que fuese estrictamente necesario.

Dos más se lanzaron a atacarlo. Un segundo que aprovechó para mirar de reojo a los dos oficiales apostados a cada lado de Koishijirou, quien permanecía sentado con la espalda recta.

Consciente de que no podría pelear sin desenfundar su espada, esta vez Kenshin optó por resignarse a pelear a muerte. Se movió aprisa todavía en postura battou, esquivando los dos ataques y luego propiciando el suyo. Un desenvaine tan rápido y certero que ambos samurai cayeron al suelo; el primero con una herida a la altura del estómago, y el segundo con una herida en la espalda, ambas de gravedad.

El movimiento había sido tan rápido que por poco Okita Rintarou no consigue verlo. E incluso así lo considera algo asombroso, casi hasta imposible. Kenshin había desenfundado a prisa, haciendo un corte en el vientre del primer samurai cuando éste todavía tenía la espada elevada; después había regresado la espada a la funda con la misma velocidad y girado a la derecha para quitarse de la línea de ataque del segundo y conseguir darle el golpe a la espalda. Tras este último, el pelirrojo había sacudido la espada de la sangre de sus enemigos -aunque había sido poca la que había conseguido anclarse al metal- y vuelto a enfundarla en la saya.

-Así que finalmente nos visita. -Declaró Rintarou, el segundo oficial en aquella sala. -El demonio Battousai.

El muchacho no dijo nada sin embargo, sus ojos estaban fijos en quien fuera el hermano de su amiga, Koishijirou, quien seguía con la mirada clavada en el suelo, negándose a reconocerlo. Parecía incluso resignado.

Kenshin afiló la mirada y se preparó para la pelea.

...

-Cuidado Okita san -le advirtió Nishiki. -Éste no es como los demás. Puede que no tenga el aura entera de un asesino, pero se le parece bastante.

-Hmm -rio su compañero. -Por algo le llamaran demonio.

-Preferiría tener que evitar el tener que recurrir a matar -habló Kenshin entonces.

-Dices eso tras eliminar a mis compañeros -gruñó Rintarou.

-Aún están vivos -refutó Kenshin, logrando con esto sin querer que Koishijirou saliese de su trance con un parpadeo. -Es cierto que sus heridas son graves pero no irreversibles. Si se rinden aquí podrán ser atendidos y salvarse. Nadie tiene que morir.

Rintarou gruñó. Y luego sonrió. Su sonrisa creció hasta liberar sendas carcajadas.

Koishijirou levantó la vista entonces, mirando por fin al samurai que había ido en su búsqueda. Algo en su figura le resultó familiar. Notó su cabello bajo la luz de las lámparas y los reflejos rojizos que brillaban en éste.

-No... -susurró, tan bajo que nadie lo escuchó. -Imposible...

-No me hagas perder el tiempo -refutó Rintarou. -Incluso si han logrado controlar el resto de la mansión es solo cuestión de tiempo antes de que el resto del shinchogumi se presente aquí y los papeles vuelvan a invertirse. Sin mencionar, que el verdadero líder que buscas rescatar no está aquí.

Kenshin arrugó el gesto. Sabía que el padre de Kaoru estaba en otra celda, fuera de la mansión, pero creía que primero debía salvar al hermano de ésta. Después de todo si el líder del clan caía, el siguiente en la línea era Koishijirou.

-No hay opción entonces. -Se dijo a sí mismo Kenshin.

-Suficiente -gruñó Rintarou, y se lanzó al ataque.

Kenshin desenvainó la espada en el último segundo, agachándose al tiempo para atacar con un Ryusyousen, atacando de abajo hacia arriba la espada enemiga -tan de cerca, el golpe casi le hiere el rostro a Rintarou, quien sorprendido no pudo contener la fuerza del golpe- y luego de arriba hacia abajo, con un giro de la mano; en respuesta el enemigo cayó al suelo y apenas consiguió mantenerse sobre los tobillos.

El pelirrojo se alejó después con dos pasos hacia atrás, listo para el siguiente ataque. Rintarou se recuperó al instante, esta vez analizó mejor a su oponente. Por algo le decían Battousai, se dijo, y se preparó para contrarestar la respuesta de su oponente. El castaño se lanzó al frente con un ataque que Kenshin desconocía pero que parecía similar al gatotsu. Kenshin esquivó el primer golpe, mas la espada enemiga saltó por debajo de su katana y volvió atacarle. El pelirrojo apenas y pudo contrarestar este segundo ataque, el cual siguió a un tercero y luego a un cuarto. Consciente de que acabaría por gastar energía al estar a la defensiva, Kenshin se arriesgó a dejar caer el ataque de su enemigo, mas antes de recibir el golpe dio un salto hacia arriba para volver a ejecutar la técnica anterior, o al menos el primer paso de ésta.

Esta vez consiguió herir a su contrincante, pero no pudo evitar estirar de más el músculo del hombro herido.

Los dos cayeron lejos del otro respirando con dificultad. Kenshin sosteniéndose el hombro izquierdo y Rintarou cubriendose la herida en el torso. El ultimo fue el primero en recuperarse. Su oponente ya no tenía duda, aquella técnica había sido la misma que la de Okita Souji aunque la fuerza había sido menor y la habilidad estaba por debajo de este último.

La oscuridad de la noche había comenzado a disciparse. Kenshin maldijo, se le estaba acabando el tiempo, y todavía quedaba un oponente. Enfundó su espada entonces y se dispuso a esperar a su enemigo.

-Veo que ya lo entiendes -dijo éste.

Un segundo apenas y volvieron al ataque.

...

Koishijirou había pensado que de nada serviría el que lo rescataran. Por años había lamentado el tener que nacer en una era donde matar era la forma de hacer justicia; y había crecido la mayor parte de su vida buscando cambiar la ideología de su mundo empezando por la de su clan. Aquello había rendido frutos, especialmente con la llegada de Kaoru y aún más con la revelación de su don y su aceptación dentro del santuario.

Bajo la fama y poder de ésta, la escuela había crecido considerablemente, al grado de tener allegados que habían aprendido su estilo hasta casi perfeccionarlo por encima de las técnicas básicas del kendo.

Sin embargo, tras la aprehensión de su padre y el veredicto de éste, se había sentido en una jaula. Una jaula sobre un precipicio, de modo que aún si escapaba de ésta no habría a dónde correr. Lo que menos deseaba era que se derramara sangre por su causa y ahí estaba, aceptando el destino del peso de su papel en aquella guerra.

Mas cuando su salvador había llegado y declarado que prefería no tener que matar a nadie, una esperanza había brillado en su centro. Ahora, al verlo pelear, esa esperanza había crecido considerablemente. Y al mismo tiempo, Koishijirou podía comprender la letalidad de tal estilo y de lo mucho que le costaba a su usuario el contener la fuerza de sus ataques. El muchacho además, se veía cansado. ¿Sería posible que él hubiese estado peleando sólo?

Sintió que debía hacer algo. Si su clan se había movilizado, quizá todavía había una esperanza se dijo.

Pero entonces, la espada de Rintarou consiguió herir al joven, ahí donde éste se había sostenido anteriormente. Aunque la armadura redujo la fuerza del ataque, la katana había conseguido dañar la carne. Sangre manchó el frente de la armadura.

-Va a morir -murmuró para sí mismo. Y si el joven era quien él creía que era... -No puedo dejarlo morir...

...

Kenshin consiguió alejarse con un salto, poniendo considerable distancia entre él y su agresor. Quedando cerca de uno de los pilares, se permitió descansar sobre éste. Durante su danza, aquel espacio había sido aprovechado en su favor. Su enemigo estaba un tanto más maltrecho que él, pero era evidente que le quedaba mucha más energía.

-Acabemos con esto de una vez -dijo Rintarou, adoptando una postura diferente.

Kenshin apretó los dientes y respiró hondo hasta conseguir soportar el dolor punzante de su hombro izquierdo. Cuando lo consiguió sus ojos eran oro líquido. Él también adoptó una postura diferente.

Rintarou entonces desenvainó también la wakizashi y se dispuso atacar con ambas espadas. Corrió hacia Kenshin quien ya había adoptado la postura del Ryusuzen, mas cuando estuvo apunto de alcanzarlo, Niimi se interpuso en su camino.

Tanto Kenshin como Koishijirou se sobresaltaron, mirando confundidos la escena. En un fluido movimiento, el hombre había cortado la mano derecha de su compañero y lastimado la izquierda hasta que acabó por soltar la espada pequeña.

-¡Aah! -gritó Rintarou en dolor.

Acto siguiente, Niimi lo golpeó con fuerza en la cabeza.

-Con esto hemos ganado -dijo.

Rintarou cayó inconsciente al suelo.

...

Tras un tenso momento en el que tanto Kenshin como Koishijirou miraron con cautela al que creían miembro del shichogumi, éste les explicó que en realidad era un espía del clan Chosu, enviado por Katsura a formar parte desde hacía casi ya dos años. Tras mostrar evidencias de que lo que decía era cierto, ambos bajaron al fin la guardia.

No pasó mucho antes de que entrara el resto de los miembros del clan y declararan libre la mansión y a su heredero. Kenshin tuvo que conformarse con un mensaje de uno de los miembros quien le aseguraba que Sano y el resto estaban a salvo y que milagrosamente no habían tenido bajas. Los miembros del Sekihotai habían conseguido escapar, mientras que los miembros del clan habían vuelto a entrar en la mansión y aprisionado a los anteriores captores.

Genzai había entrado entonces, justo cuando otros miembros habían por fin dado un respiro a su heredero. Sólo entonces Kenshin se permitió descansar. Koishijirou se acercó entonces.

-Quisiera llamarte por tu nombre pero no sé si será prudente -le dijo.

Kenshin le miró desde su posición en el suelo, suspiró y luego deshizo los amarres de la máscara revelando su rostro.

-Es bueno verlo otra vez, Koishijirou san -saludó con una pequeña sonrisa, se veía exhausto.

Sorprendido aún a pesar de haberlo sospechado, Koishijirou cayó entonces de rodillas al suelo para el desconcierto del pelirrojo. Tenía lágrimas en los ojos.

-Sabía que eras tú -murmura entre lamentos. -Pero temía tanto que no lo fueras -confesó.

Por ese instante Kenshin no supo qué hacer, no entendía el actuar del mayor.

Genzai entonces con el rostro apesadumbrado pidió a todos que abandonasen la sala. Tan pronto se hubiesen quedado solos, el médico se acercó hacia Koishijirou y le puso una mano en el hombro, éste al sentirlo le miró aún llorando y asintió después con solemnidad. Genzai entonces miró a Kenshin.

-Deja que te revise la herida.

El muchacho se dejó hacer.

Mientras el médico trabajaba en silencio y Kenshin se permitía aquel descanso, Koishijirou ponía en orden sus pensamientos. El joven samurai presentía que había algo más que pesaba en el ser del hermano de su amiga y temió lo que pudiese ser.

-Lamento el que hayas tenido que involucrarte en todo esto -habló Koishijirou al fin, tras un tenso silencio.

-Quise hacerlo -dijo Kenshin. -Tuve la suerte de estar aquí cuando se me informó de lo que ocurría. Sé que entiende lo que me mueve a ser parte.

Kaoru.

Koishijirou asintió.

-Ojalá fuese tan sencillo -lamentó, Kenshin le miró aún más confundido. -Mi padre sigue recluso, y aunque entiendo el por qué el clan se ha decidido en mi favor, mucho me temo que aún con su muerte nos será imposible defender el honor de Kaoru sin levantarnos en armas contra el shogún.

-¿Tanto ha escalado el problema? -Cuestiona Kenshin.

Incluso si no es letrado, él es consciente de que ciertos enfrentamientos pueden resolverse por medio de diplomacia para evitar el tener que adoptar una postura en contra. Edo todavía es un terreno de guerrillas, y aunque en el sur la rebelión ya se ha disparado, que Edo caiga en favor de uno u otro bando sería un determinante en el destino de la guerra. Ambos bandos lo saben y por lo mismo el enfrentamiento ha sido frío en su totalidad.

Koshijirou dedica una mirada insegura hacia Genzai, éste vuelve a asentir. El moreno desiste.

-Himura kun -le habló- ¿Entiendes que en nuestra sociedad es un crimen la unión entre individuos de castas diferentes?

El muchacho sintió una punzada en el pecho al escuchar aquello. Claro que lo entendía. Era el principio por el que él y Kaoru no podrían aspirar a una vida honorable si deseaban unirse en su actual estatus. Incluso sabía que ningún santuario ni registro consentiría el siquiera casarlos.

-Lo sé. -Respondió con la voz baja.

Quiza todas esas veces en las que Koishijirou había intentado juntarlo con Kaoru habían sido meras bromas al final, se dijo con pena. Koishijirou por su parte, continuó, sus ojos estaban llenos de pena.

-Si mi padre no confiesa a tal crimen se le negará el sepukku y morirá como un criminal.

Kenshin se sobresalta.

-¿¡naze?! (por qué) ¡No hay razón para tal acusación!

Tanto Genzai como Koshijirou fruncen el cejo en pena. El muchacho entiende que aquella acusación es en realidad cierta.

-Uso (mentira).

-Como el clan se negó a entregar a Kaoru, se nos amenazó con revelar el secreto. Como insistimos en nuestra postura a negarnos, se nos dio la amenaza. -Explicó el moreno. -Una vez mi padre caiga, seré yo quien tenga que hacer frente al secreto.

Tras esta revelación Kenshin tenía un montón de preguntas. ¿Por qué mencionar a Kaoru? ¿Por qué el revelar una unión con alguien de una clase diferente podría representar un problema en ese punto? Entonces entendió que se refería a un matrimonio... Pero los padres de Kaoru ambos eran de sangre noble. Entonces, ¿sería Koishijirou?

Este último al entender la duda en los ojos del joven samurai volvió a guiarle.

-Dime Himura kun, ¿cuántos japoneses conoces que tengan los ojos azules?

El corazón se le fue al suelo, los ojos se abrieron como platos.

-Pero éso significa...

Koishijirou asintió.

-Kaoru no es mi hermana. -Dijo. -Es mi hija.

El tiempo pareció haberse congelado entonces.

-Una bastarda de acuerdo a la ley del clan.

Todo se volvió distante y pesado entonces. Incierto. Porque las implicaciones de tal secreto abrirían un mar de posibilidades, en su mayoría política, si la verdad se llegase a saber; sin mencionar que aquel omiai con la casa Kiyosato sería lo único que podría protegerla en un escenario así. Él entendía lo precario de aquél asunto... Y sin embargo, fue incapaz de negar aquella pequeña parte de sí mismo que se alegraba con tal verdad; porque entonces Kaoru y él no eran tan diferentes...


A/N: En vista de lo casi imposible que me ha resultado encontrar nombres de líderes de clanes, ejércitos y/o facciones, todos los nombres de guerreros y o soldados mencionados serán completamente inventados por mí xD So, don't try to find ANYTHING accurate in here! xD LOL