Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 44
Entierro las uñas en la piel desnuda de sus hombros mientras sus caderas continúan balanceándose entre mis piernas.
―Ahhh ―acallo mis gemidos en su piel transpirada.
El placer me mantiene con los ojos fuertemente cerrados, me desplomo hacia la superficie del escritorio, mi espalda caliente y sudada se estremece ante lo duro y frío de la madera.
Edward se encorva hacia mí sin dejar de moverse y dejando espacio entre su cuerpo y mi vientre redondo.
Mis piernas están fuertemente ancladas en su cadera. Empujando mis talones en sus nalgas desnudas.
Abro los ojos tan solo para apreciar al hermoso hombre que me está poseyendo; tiene su frente perlada de sudor y su rostro enrojecido por el esfuerzo.
―Di que eres mía ―exige posesivo.
Mis labios se mantienen entreabiertos, sin embargo las palabras no salen. Estoy tan absorta en sentirlo de nuevo dentro de mí, que no puedo pensar en nada más.
―¡Dilo! ―repite―, quiero escuchar que eres mía.
Sus embistes se aceleran y mi cuerpo está a su merced. Mis tetas rebotan libres de ropa, mis manos van a mi vientre, estoy tratando de que mi barriga no se mueva con tanto ajetreo, pero es imposible. Su cuerpo no da tregua al mío, tampoco quiero que baje el ritmo.
Me gusta la fuerza. Lo duro. Y la forma en que me ama.
―Soy tuya, Edward ―susurro entre jadeos.
Noto la felicidad en su cara. Está satisfecho al escucharme y es que no puede ser de otra manera cuando estamos haciendo el amor en su oficina, encima de su escritorio. En su lugar de trabajo.
―Bella ―gruñe―, voy a venirme.
Su boca empieza a repartir besos en mi cuello y senos.
Sus dedos hurgan en mí, pellizca mi clítoris y mi vientre se contrae, la sensación de abandono se apodera de mí, acabo de alcanzar el más grande orgasmo y siento una ligereza que bien puede levitar mi cuerpo.
Edward ríe y me trae al presente.
Acaba de salir de mí y empieza a vestirse, al menos con su bóxer. Me tiende una mano y me ayuda a sentarme.
Besa mis labios.
Sonrío al ver nuestra ropa esparcida en el piso. Hemos estado demasiado calientes como para ser sutiles.
Cubro mi boca.
―¿Ves mis bragas? ―pregunto.
Edward pone los ojos en blanco y rodea el escritorio. Se inclina a buscar entre nuestras prendas, levanta su mano y muestra encaje blanco, asiento.
Al acercarse me ayuda a deslizar la tela de encaje por mis piernas, hasta que él mismo sube mis bragas, que llegan bajo mi vientre.
Deja un suave beso en mi barriga y me sonríe petulante.
―Así que querías sexo ―alardea― me hubieras dicho con toda confianza, Bella. Te aseguro que puedo ser el mejor aliado de tus hormonas.
―Eres un presumido.
―Lo soy ―me besa― y así me quieres.
―Lo hago.
Empieza a vestirme con calma y suavidad, dejando un reguero de besos en mi cuerpo conforme pone las prendas de ropa.
Sus dedos están ahora cepillando mis cabellos largos.
Estoy relajada, feliz y me siento mimada.
Mi móvil vibra.
Edward mira hacia todos lados, buscándolo. Está en el piso; bajo el sofá, lo toma, dejándolo en mi mano.
―Es el señor Molina, mi abogado.
Edward me observa expectante.
―Hola ―respondo alarmada.
―Señora Black ―mi estómago se revuelve al ser nombrada con ese apellido―. El abogado de su esposo se comunicó conmigo y dice que su cliente no firmará la demanda de divorcio, porque asegura que están esperando a su primer hijo. El señor Black está demandando la paternidad de su bebé.
¡Sorpresa! Les dejo un capítulo extra debido a lo poco que actualicé en la semana. Solo les digo que el siguiente capítulo es narrado por Jacob. Les agradezco mucho su entusiasmo y apoyo, besos a cada quien, saludos.
Gracias totales por leer ✨
