Recomendación de hoy

Especiales (Película): Cuenta la historia real de dos amigos de distintas creencias religiosas que, 20 años atrás, crearon una organización sin ánimo de lucro para ayudar a niños y adolescentes del espectro autista. Bruno dirige un refugio para jóvenes autistas rechazados por los hospitales, mientras que su amigo Malik asesora a jóvenes desfavorecidos que buscan empleo. Constantemente frustrados por la falta de financiación y apoyo institucional, deciden enfrentarse al gobierno. Disponible en Mubi, Apple TV, Prime Video y en algunos países en YouTube.


.

Capítulo 7 ~ Niños malhumorados y cachetadas

.

En cuanto mis labios se unen a los de Bella, sé que es mi nueva cosa favorita. La habría besado hasta que se ocultara el sol y salieran las luciérnagas, pero un carraspeo nos separa.

Me giro y encuentro a una sonriente Alice con las manos en las caderas.

—Por mucho que me duela interrumpir este pequeño momento que están teniendo, hay niños cerca y quiero tarta así que ya está bien de besuquearse, hermano. —Me despeina y le guiña un ojo a Bella.

—Bueno. —Le doy un beso más a Bella y bebo lo que me queda de vino mientras mi madre y Alice traen el postre.

La tarta de fresa de cuatro capas de Bella es muy entretenida. Jasper se refiere a ella como «la torre inclinada de algo que nunca debería haber sido». Ella se ríe con nosotros.

La tarta está realmente increíble, aunque sea casi imposible comerla y mantenerse limpio al mismo tiempo.

Mi padre y Sebastian comen la tarta en el quiosco, encerrados en su propio mundo de lechuzas y datos. Bella y yo nos acercamos al terminar, y ellos están inclinados sobre la mesa leyendo algo.

—Hola papá, ¿qué están mirando?

—Sebastian está interesado en aprender sobre el edificio en el que trabajas, y tengo aquí un viejo plano y he anotado algunos datos interesantes. —Se encoge de hombros—. Al menos a mí me parecen interesantes.

Me cruzo de brazos y sonrío. —¿Por qué no nos cuentan sobre el edificio, tú y Sebastian?

Carlisle y Seb sonríen al mismo tiempo. —De acuerdo, Sebastian cuéntale a tu madre lo que has aprendido... —dice mi padre.

Sebastian se levanta con las manos a los lados. Sus ojos miran a todos lados mientras recita, casi robóticamente, lo que ha aprendido.

—El edificio Chrysler se construyó entre 1929 y 1930. Tiene 319 metros de altura; fue considerado el edificio más alto del mundo y se mantuvo como tal durante todo un año, hasta que se construyó el Empire State un año después. —Toma aire antes de continuar.

»Es art déco y tiene setenta y siete plantas. —Se relaja rápidamente cuando termina y mira a Carlisle.

—Es increíble, Seb —dice Bella mientras le tiende un abrazo. Él no duda en dárselo.

—Gracias, mami, me lo ha enseñado el papá de Edward. ¿Lo he hecho bien? —Le pregunta Seb a mi padre.

—Perfecto, Sebastian, bien hecho. —Asiente y se inclina de nuevo hacia el plano y Seb lo imita.

Bella y yo intercambiamos una mirada de puro placer.

—Bueno, cariño, tenemos que irnos. —Bella acaricia el pelo de Sebastian, pero él no se mueve—. ¿Puedes darle las gracias al señor Cullen por todas las cosas increíbles que has aprendido hoy? —Le pone las manos en los hombros para llamar su atención, pero él está embelesado con lo que hace Carlisle.

—¿Papá? —le digo y él levanta la cabeza.

—Sí, Edward, ¿qué pasa?

Hago un gesto con la cabeza hacia Bella y Sebastian, esperando que se dé cuenta de que ella está teniendo dificultades para separar a Seb de lo que están haciendo. Ladea la cabeza y la confusión se refleja en su rostro.

—Sebastian tiene que irse, papá. —Después de un minuto se da cuenta.

—Ah, de acuerdo. —Dobla el plano—. Podemos mirar esto la próxima vez, entonces.

—No quiero ir a casa, me gusta estar aquí, ¿puedo quedarme mami?

Bella pone su cara de mamá valiente y le da la noticia. —Tenemos una casa y tenemos que irnos, pero volveremos, lo prometo.

Sebastian frunce el ceño y se cruza de brazos. —No.

—Sebastian. —Bella dice con firmeza—. Nos estamos yendo a casa, da las gracias y despídete del señor Cullen y de Edward.

Él niega con la cabeza y baja la mirada. Ella respira hondo. —Sebastian Charles Swan, no quiero enfadarme, pero lo haré si no das las gracias y te despides y te pones en marcha. —Ahora se levanta y su postura indica que está claramente enojada.

Él se cruza de brazos y le da la espalda desafiante.

—Bien, si así es como quiere jugar, jovencito, no tengo otra opción que quitarte la televisión después de clase el lunes. —Su postura decae ligeramente, pero su rostro está lleno de convicción. Está desempeñando varios papeles: madre, padre y jurado.

—Bien. —murmura Sebastian, la empuja y se marcha sin despedirse.

Bella suspira. —Gracias, Carlisle, por tu hospitalidad y por darle a mi hijo un día maravilloso.

Él sonríe y baja ligeramente la cabeza. —Ha sido un verdadero placer, Bella; tienes un buen hijo. Uhm... no te sobrepases con él.

Se ríe entre dientes. —No te preocupes Carlisle, mañana todo estará como la seda.

Carlisle levanta la ceja—: ¿Eres fan de Max Beerbohm o solo citas frases populares? —pregunta, y Bella tiene la misma expresión de confusión en la cara que estoy seguro de que yo también tengo.

—¿Perdona? ¿Quién? —pregunta inocentemente.

Mi padre juguetea con el borde del plano y sus ojos observan sus propios movimientos. —Max Beerbohm escribió un libro titulado Yet Again en 1909, y en el libro escribió la frase, «estará como la seda». —Se encoge de hombros—. Es la primera documentación de su origen.

Miro a Bella, que está radiante mirando a Carlisle, hipnotizada por sus palabras.

—Eso es fascinante, Carlisle, sabes que podría acostumbrarme a pasar el rato contigo. Aprendo algo brillante cada hora contigo cerca. —Él le devuelve la sonrisa.

—Gracias, Bella. —Prácticamente lo susurra. Luego se escabulle tímidamente del quiosco y se dirige a la casa.

Acompaño a Bella hasta el auto, y Sebastian ya no está tan indignado como hace un momento. Me inclino y le sonrío. —Gracias por venir, amigo, ¿nos vemos pronto?

Él asiente y sonríe. —Sí, Edward, y gracias por lo de hoy.

Le guiño un ojo y cierro su puerta, y luego me giro hacia Bella. —Vayan con cuidado y te llamaré mañana. Dime cuándo sería un buen momento para nuestra cita, y lo arreglaré con mi agenda.

Se pone de puntillas y me roza con los labios. Se separa más rápido de lo que me gustaría, pero sus ojos me dicen que le habría encantado besarme más tiempo.

—Lo haré, y gracias, Edward, por lo de hoy.

Veo cómo Felix se los lleva. Ojalá pudiera acompañarla, pero quería hablar con Alice sobre papá y su próxima cita.

Entro en casa y encuentro a mi madre y a Alice tomando café en la barra del desayuno. —Hola, señoritas. —Miro a mi alrededor buscando a Jasper, Katie y Carlisle pero no los veo. Conociendo a mi padre, es probable que los esté entreteniendo con alguna de sus muchas historias.

Se vuelven hacia mí y me dedican sonrisas idénticas. —¿Qué? —pregunto.

—Es maravillosa, Edward, y ese niño, es una delicia. —Mi madre está encantada.

Pongo los ojos en blanco, aunque es exactamente lo que quiero oír.

—Sí que parece dulce, hermano mayor, tiene suerte de haberte encontrado.

—En realidad, Sebastian me encontró a mí, y yo diría que el afortunado soy yo. Son simplemente increíbles. —Suspiro satisfecho y me siento entre ellas.

—¿Dónde está el padre? —pregunta mamá mientras me sirve una taza de café.

—La última vez que Bella lo mencionó dijo que estaba en Japón, pero esta noche me dijo que vuelve la semana que viene. —Las miro en busca de una reacción, pero se limitan a asentir—. ¿En qué están pensando?

Alice se encoge de hombros. —¿Sabe lo de ustedes?

—En realidad, no tengo ni idea.

Me coge la mano y me dedica una cálida sonrisa. —Sólo pisa con cuidado, podría ser difícil para el padre de Sebastian y para el mismo niño, acostumbrarse a la idea de Bella saliendo con alguien.

—¿Salgo con ella? Es decir... Eso es lo que quiero, y ella ya me aceptó una cita. —Me paso los dedos por el pelo nerviosamente—. Voy a meter la pata, ¿no?

Mi madre se echa a reír. —Oh, relájate, Edward. ¿Tienes idea de cuántas veces pensé que la había cagado con tu padre cuando salíamos?

Sacudo la cabeza. —No, en realidad nunca hablas de cuando papá y tú salían juntos.

Ella respira hondo. —No tenía ni idea de que tu padre tenía Asperger cuando nos conocimos. Sabía que era diferente, pero también que a veces era una pesadilla. Una vez, cuando paseábamos por un parque, me asusté mucho porque estaba oscuro. Había ruidos y salté cuando una ardilla pasó corriendo a mi lado, y me agarré al brazo de tu padre. —Se ríe un poco al recordarlo.

»En fin —continúa—. Me empujó y me llamó loca. Me sentí mortificada. Pensé que le daba asco, salí corriendo y me metí en el primer taxi que encontré.

—¿Qué pasó? —pregunta Alice mientras agarra su taza y se queda mirando a mi madre con ojos muy abiertos.

—No me siguió y no supe nada de él durante una semana. —Se encoge de hombros.

—¿Y qué pasó después?, vamos, mamá, necesitamos más. —Incluso yo estaba ansioso de saber.

—Cuando me recogió para otra cita, me dijo que él era una persona extraña y que no era fácil de querer. Me dijo que toda su vida la gente le había dicho que era una vergüenza, y que entendía si no quería volver a verlo. —Vi que las lágrimas empezaban a acumularse en los ojos de mi madre.

La rodeo con el brazo y ella apoya la cabeza en mí.

»Creo que esa noche me enamoré de él —susurra.

—Lo salvaste, mamá, lo creo de verdad. Amé al abuelo, pero era un idiota de mente estrecha —le digo, y Alice y ella se ríen.

—Eso era. —Levanta la cabeza y me mira—. Tómate las cosas con ellos día a día, Edward, y todo se arreglará por sí solo.

Asiento, le doy un beso rápido en la mejilla y miro a Alice—: Tengo que hablar contigo.

Veo que un atisbo de miedo cruza su rostro. —No estás en problemas. —Me río entre dientes y entramos juntos en el salón.

Después de sentarnos, empiezo. —La terapeuta de papá le ha pedido que participe en un estudio para adultos con Asperger, pero él está extremadamente aprensivo.

—Naturalmente, ¿acaso esa doctora chiflada quiere pincharlo? —suelta.

—Al, ¿me escuchas, por favor?

—Bien. —Se lleva las manos al regazo y hace pucheros como si fuese una niña castigada.

—Él está concertando una cita para que mamá y yo lo acompañemos y podamos reunirnos con la doctora Young y hablemos sobre qué consiste el estudio. —Observo su reacción y, cuando sus ojos se clavan en los míos, sé que entiende por qué le hablo de ello.

—No quieres que vaya, ¿verdad? —Entrecierra los ojos y se levanta cerniéndose sobre mí a la defensiva.

—Al, la última vez que fuiste con nosotros fue una pesadilla. —Me pongo de pie y coloco mis manos sobre sus hombros—. Te amo, pero te enfadas demasiado rápido.

—¡No lo hago! —grita.

Enarco una ceja y la miro con complicidad. —Ese técnico tiene una orden de alejamiento contra ti, y no hace ni cinco segundos has llamado chiflada a la doctora Young sin ni siquiera escucharme.

Ella resopla y su postura decae. —Tienes razón. Lo siento.

—Lo entiendo, Al, tú eres el pitbull, y no quieres dejar que nadie le haga daño o moleste a papá. Pero yo estaré ahí. —Sonrío juguetonamente—. Después de todo, soy el hijo más listo, más tranquilo y más guapo.

Me da una palmada en la cabeza. —Y el más arrogante y cómico.

Nos reímos juntos. —Te llamaré después, te lo prometo —le digo y ella acepta.

Llego a casa cerca de las once después de llamar a un taxi y darle a Félix el resto de la noche libre. Sorprendentemente por primera vez en mucho tiempo me duermo rápidamente.

~BoaB~

—Buenos días, Edward —Lauren me saluda con un café de Dunkin' Donuts y un muffin cuando entro en la oficina el lunes por la mañana.

—Buenos días, ¿y esto? —pregunto señalando el refrigerio.

Se encoge de hombros. —Pensé que lo necesitarías hoy.

—¿Por qué lo necesito hoy y no cualquier otro día, Lauren? —Acepto su amable ofrecimiento con vacilación.

—Tanya está, bueno, no de muy buen humor hoy y como que se puso en pie de guerra hace como media hora y la cafetera fue su última víctima. —Me dedica una sonrisa de disculpa.

Me apresuro a ir a mi despacho, dejo mis cosas y me dirijo por el pasillo a su oficina. Entro sin llamar. —¿Estás completamente loca? —le digo bruscamente.

Me fulmina con la mirada y gruñe suavemente. —No entres aquí sin más. Esta es mi oficina.

Doy un pisotón hacia ella y golpeo su mesa con los puños. —Cuando mis empleados sienten la necesidad de ir a comprarme un café y un muffin porque mi lunática asociada ha dañado la propiedad y les ha dado un susto de muerte, llamar a la puerta no está en lo alto de mi lista de cosas que me importan una mierda.

Me tiembla todo el cuerpo de rabia mientras la fulmino con la mirada. Estoy harto de esta mujer.

—Son tan empleados míos como tuyos. —Se levanta, entrecierra los ojos y se inclina hacia mí—. Quizá si me trataras con más respeto, ellos también lo harían.

Suelto una risita incrédula. —¿Respeto? Eso es avaricia, Tanya. Dime una cosa, ¿por qué rompiste exactamente la cafetera? —Cruzo los brazos y doy un paso atrás.

—Estaba enfadada. Pagué por la maldita cosa de todos modos, ¿por qué importa? —Se vuelve a sentar y cruza las piernas con indiferencia.

—No puedo hacer esto, Tanya; literalmente desprecio trabajar contigo. Véndeme tu parte. —Me paso los dedos por el pelo con rabia—. Al fin y al cabo, yo construí esta empresa.

—De ninguna manera. —Me lanza una sonrisa ladeada.

—Ni siquiera te gusta trabajar aquí. Nos odiamos. —Intento razonar con ella, pero su terquedad es inflexible.

—En realidad no te odio, Edward. —Se levanta lentamente de la silla y se desliza hacia mí—. Hubo un tiempo en que estábamos bien juntos, ¿no te acuerdas? —Me desliza el dedo por el brazo y yo me estremezco de asco.

—Recuerdo las peleas y estar atrapado en una relación sin amor con una mujer que no sabía lo que significaba la palabra desinterés. —Quito su mano de mi brazo.

—Recuerdas solamente lo malo, bebé. —Me susurra al oído.

—No me llames bebé y no me toques.

Se da la vuelta y veo fuego en sus ojos. —Es esa mujer, la del niño, ¿verdad? —Menea la cabeza—. Necesitas una mujer que te ponga en primer lugar; tiene un hijo que siempre será su prioridad.

Pongo los ojos en blanco. —Eso es lo que hacen las madres, Tanya. Aunque te hayas escapado del infierno, debes saber qué es el amor maternal, ¿no?

Me da una cachetada tan fuerte que literalmente veo estrellas.

Me llevo reflexivamente la mano a la mejilla ardiendo y suelto una risita.

»Sabía que no te faltaban sentimientos. —Me froto con ternura y la miro fijamente—. O me dejas comprar tu parte o te juro que iré a por ti con todo lo que tengo y saldrás de aquí con únicamente lo que quepa en una caja de cartón.

—Hazlo, Edward. No te tengo miedo. —Me mira durante un minuto antes de darme la vuelta y volver a mi despacho.

Lauren entra corriendo cuando yo entro. —¿Estás bien? —Hace una mueca al verme la cara—. Deja que te traiga hielo. —Sale corriendo.

Cuando vuelve a entrar, tiene una bolsa de hielo y dos Tylenol. —Gracias, Lauren, eres la mejor.

—¿Hola? —Miro alrededor de Lauren y veo a Bella en mi puerta, llevando una bolsa de ropa.

—¿Bella? —Me levanto e inmediatamente camino hacia ella sin pensarlo. Sus ojos se abren de par en par y se queda boquiabierta.

—¡Dios mío, Edward, tu cara! —jadea.

—¿Qué? Oh, no, no es nada. ¿Qué haces aquí?

Me da la bolsa. —Es tu traje. Estoy en la lista para subir sin cita. Le pedí a Norman que avisara de todos modos, pero nadie contestó.

Lauren se escabulle mientras hablamos. —Lo siento, Lauren me estaba atendiendo.

Bella me señala la cara. —¿Ella hizo eso?

Sacudo la cabeza—: No, esto es obra de mi socia, Tanya.

Ella asiente lentamente, y su cara se transforma en ira. —Parece una persona horrible.

Me encojo de hombros. —Estoy intentando comprar su parte, pero es un poco difícil. Parece que no nos ponemos de acuerdo.

—Ya veo.

—Ya que estás aquí, ¿has decidido la fecha para nuestra cita? —pregunto esperanzado.

Su rostro se suaviza. —La verdad es que sí. Emmett ha aceptado cuidar a Sebastian el veinticinco. Es el Día Nacional de la Pasta o algo así, y va a preparar tres tipos en mi casa con él. ¿Qué te parece ese día?

—Perfecto. —Le aparto un mechón de pelo de los ojos y lo enlazo con ternura detrás de la oreja.

Me detengo un poco más de lo normal y deslizo los dedos por su mejilla. Sus ojos se cierran y oigo su respiración entrecortada.

—Bueno, tengo que irme. El papá de Sebastian vuelve mañana y tengo que poner las cosas en orden.

Tenía algunas preguntas que realmente quería hacer. —¿Vive contigo y con Sebastian? —suelto.

Se rasca la cabeza, y puedo ver la incomodidad que le produce mi pregunta. —A veces duerme en la habitación de invitados, pero casi siempre se queda en su apartamento. Hace más de dos años que Demetri y yo no estamos juntos, Edward. —Me coge la mano y frota suavemente mis dedos.

—No quiero complicarles la vida ni a ti ni a Sebastian. —Veo cómo entrelaza sus dedos con los míos y me acerca ligeramente a ella.

—No nos complicas nada, ni a Seb ni a mí. Sinceramente, desde que llegaste, no recuerdo cuándo fue la última vez que me sentí tan relajada. —Una cálida sonrisa aparece en sus labios, me inclino y la beso suavemente.

Sus manos se deslizan por mis brazos y me acuna la cara mientras me besa con tanta pasión que siento que el corazón me va a estallar.

Cuando me arden los pulmones, me aparto con ternura y la miro a los ojos, sinceros y cariñosos.

—Creo que estamos rompiendo un millón de reglas —le digo mientras aprieto mi frente contra la suya—. Quizá debería despedirte.

Se ríe entre dientes. —Si crees que debes hacerlo, adelante.

Me aparto y empiezo a reírme mientras ella pone mala cara y mueve los ojos inocentemente.

—Al diablo, romperé las reglas con usted cualquier día, señorita Swan. —Me acerco a ella y le doy un último beso antes de que salga arrastrando los pies de mi despacho.

~BoaB~

Nota de autora: Con autismo o no, los niños son niños, y a veces hay que ser una madre e imponer disciplina.