Efectivamente fue una de sus mejores noches en Ba-Sing-Se despierta, más no una de sus mejores noches en lo referido a sueño reparador. Sentía la cabeza abombada, como si un tejón-topo le hubiera pasado por encima. No sabía que hora era, pero dedujo que ya debía "despertarse" atento a los ruidos provenientes de la cocina. Zuko parecía particularmente torpe, todo sonaba estruendosamente, como si chocara a propósito con muebles y utensilios.
A duras penas, logró alistarse. Su reflejo mostraba la mella que hizo las pocas horas de sueño. Sus brillantes ojos, hoy estaban algo enrojecidos y con ojeras pronunciadas. Se arrimó lentamente por la perta al salón.
-Ya despertaste, que bien- la voz de su amigo parecía animada, pero con un dejo extraño que no supo identificar. Decidió que intentar una charla casual para iniciar la jornada sería lo más apropiado.
-Qué tal tu cita anoche?- Zuko seguía de espaldas preparando varias cosas que no supo distinguir, las tazas volaban de un lado de la mesada a la otra; la pava hervía de hace tiempo pero quedó desatendida. Pero lo más extraño de todo era la rigidez en los hombros del muchacho.
-No fue una cita, igual estuvo agradable- Ahora parecía que buscaba algo por todo el lugar. Katara había tomado un lugar en la mesa esperando que todo el frenesí en el que se encontraba envuelto su amigo cesara.-Hubo un festival anoche-
-Si, algo me comentó el señor Shuu- Katara trataba de simular cierto desinterés en el tema, mientras pergeñaba las formas de obtener más información sobre la no-cita de Zuko. -¿Fueron al festival?-
-Estuvimos allí un tiempo, no estaba en mis planes ir con ella. Regresé aquí temprano- Katara dejó escapar un simple "ahhhh", en forma de mero asentimiento, prefiriendo no ahondar en el asunto, puesto que no deseaba saber si él se había percatado o no de su ausencia casi toda la noche. -Tenía pensado ir contigo después de cerrar la casa de té, pero Jin se presentó y tuve que hacer un cambio de planes- Esa declaración dejó a la muchacha sorprendida, si él supiera lo que ella vivió la noche anterior.
Por fin Zuko se dio vuelta mientras llevaba a la mesa dos tazas humeantes con algunos aperitivos de acompañamiento. Si ella pensaba que tenía ojeras, Zuko tenía zanjas bajo cada ojo, no obstante, él le sonreía mientras servía la mesa.
-Estás seguro que regresaste temprano?- le preguntó extrañada ante la apariencia demacrada de él.
-En realidad no, regresé para buscar algunas cosas que debía llevar a la casa de té, y aproveché para fijar un cartel. Lo que sucede es, que por el festival, hoy todos los negocios abrirán más tarde.- Suspiró levemente mientras tomaba un sorbo de su taza -Repartí un par de panfletos y acomodé el almacén, mi tío dejó mucho desorden allí atrás, sin contar que no lleva un listado de las variedades de té que tiene en la reserva. Así que me quedé haciendo el inventario-
Bueno, para sus adentros Katara podía concluir que su desvelo fue más emocionante que el de Zuko. No iba a negar que esperaba otro tipo de historia, pero conociendo lo meticuloso de su amigo, tampoco era de extrañar.
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Ya alistados para salir hacia el Dragón Jazmín, y pasando frente al cuarto de Zuko, Katara pudo ver por el rabillo del ojo un objeto azul en el rincón más oscuro de la habitación. Por un momento pensó que era un plato o similar, pero algo le despertó muchas dudas sobre ese objeto.
La jornada transcurrió sin mayores sobresaltos, muy similar a la del día anterior, con la salvedad que Jin no apareció. Los comentarios de algunos comensales respecto a lo "linda pareja que serían" esta vez no incomodó a nadie. En primer lugar, porque Zuko al estar preparando los pedidos no escuchaba nada del rum-rum; y el segundo lugar, Katara seguía pensando en el enmascarado de la noche anterior.
De entre tanto cotilleo, pudo escuchar que el festival duraría unos días más, y al consultarle a Zuko del tema, éste le confirmó aclarándole que durante las festividades abrirían más tarde.
La mejor información la obtuvo de una mesa grande, llena de chicas de alta sociedad, que platicaban sobre los ornamentos y disfraces que usarían durante las noches de la celebración. Esta noche habría fuegos artificiales, varios espectáculos y en algunos sectores bailes.
Su corazón tomó un ritmo acelerado. Tal vez, y solo tal vez; podría volver a encontrarse con el enmascarado. Esa idea la llenaba de emoción, tanto así que Zuko tuvo que casi gritarle para que le prestase atención. Tenía un pedido listo para entregar de hace varios minutos y la muchacha le devolvía una cara de embobada con la mirada perdida, a la cual no le encontraba mucho sentido.
A medid que se acercaba la hora del cierre, Katara se veía más distraída o concentrada; eso dependía desde qué punto de vista se analizara. Para Zuko, ella estaba totalmente dispersa, supuso que podría ser efecto del viaje o tal vez meditaba sobre su relación con Aang.
Para ella, estaba en el pico de concentración, mientras planificaba cada detalle de lo que haría bien cerraran el Dragón Jazmín. Pese a ello, la jornada había llegado a si fin sin mayores contratiempos.
Ambos caminaron en silencio por las calles de la ciudad, mientras observaban como ciertos puesto empezaban acondicionarse para los festejos. Había más gente circulando que en un día normal en horario pico. El bullicio, las energías y vibras se apreciaban en cada esquina. La música empezaba a sonar con ritmos provocadores. Algunas canciones se quedaban en la mente de la maestra agua. Zuko la miraba divertido de reojo, hace tiempo que no veía a su amiga tan animada mientras tarareaba unas de las melodías callejeras.
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Cuando por fin lograron pasar por el dintel de la residencia, ella fue quien primero habló.
-Piensas ir al festival?- el tono de su voz estaba dos niveles de agudo por encima de lo habitual. La emoción que estaba experimentando le brotaba hasta por los poros.
-Quieres ir? Ve tranquila, sé que anoche no pudiste disfrutarlo – no quiso dejarlo entrever, pero el tono sugerente no hubiera pasado desapercibido si Katara no hubiese estado tan concentrada o distraída, depende de quién observe, con el asunto del festival – Me quedaré en casa, anoche no dormí bien, digamos- suspiró un poco mientras se dejaba caer en una silla del comedor – Tienes que ponerte?-
Katara se giró con aire resuelto -Tengo todo solucionado, cuando vayas a descansar recién saldré, arreglaré un poco el departamento antes de retirarme- le respondió caminando a su dormitorio.
Casi una hora después, pudo escuchar a Zuko cerrar la puerta de su cuarto.
En realidad, esperaba que Zuko se fuera a su dormitorio para poder convertirse nuevamente en la Dama Pintada. Supuso que si simplemente iba al festival vestida de otra manera, su enmascarado azul no podría dar con ella.
Buscó que el delineado de su maquillaje fuera simétrico en su totalidad. Se terminaba de arreglar el cabello cuando meditó si se colocaba o no el sombrero para completar su disfraz. Echó un último vistazo al espejo para aprobar la imagen que veía reflejada en él y decidió retirarse, tomando el mismo camino por el que ingresó la noche anterior, el ventanal que daba a la cocina. Rogaba no llamar la atención de Zuko que, por la hora, debería estar profundamente dormido, o eso supuso.
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Las luces, los aromas de los puestos callejeros, la música inundaban cada rincón del Ba-Sing-Se. Al igual que la noche anterior, Katara buscó probar cada manjar exótico, disfrutar cada baile, admirar cada función. Mientras, en cada vuelta, tras cada esquina, en el fondo de cada callejón buscaba a su misterioso enmascarado. Mantuvo la esperanza viva, hasta que se anunciaron los fuegos artificiales.
El espectáculo más esperado del festival ocurrirá en algunos minutos. Podría estar sola, pero tendría la mejor vista de los fuegos de artificio. Con movimientos ágiles logró colocarse en el tejado de un edificio de tres pisos. En el balcón de abajo, pudo observar gente que se agolpaba para disfrutar del entretenimiento de luces y sonidos que en poco se desplegarían.
Una suave brisa le hizo notar que la temperatura había descendido durante la noche, su piel se había erizado. Ahora su rostro se teñía de distintos colores a medida que los fuegos se desplegaban a la distancia. Verdes, azules, rojos, amarillos, en distintos despliegues de formas y sonidos se desenvolvía en frente de sus ojos. Estaba tan concentrada en las luces y colores, que se olvidó de su entorno, pues cuando decidió estirar los brazos un poco, notó que había rozado algo. Más precisamente el brazo de una persona. Una persona que estaba usando una máscara, la cual a penas parecía azul, pero era por culpa de los fuegos en el aire.
A raíz del no intencionado contacto, ambos se miraron. Con un pequeño gesto acercó un par de vasos y un botellón con algún tipo de bebida. El enmascarado sirvió con sumo cuidado ofreciendo uno de los recipientes a Katara.
Ella no estaba acostumbrada las bebidas alcohólicas, por lo que el primer sorbo supo algo intenso y envolvente, del que solo pudo resoplar luego de consumirlo de un solo trago. Él solo miraba con mucha atención, luego giró la cabeza en otra dirección, haciendo un ademán de levantar un poco la máscara para tomar de su vaso. Pudo sentir que tosía.
-Es fuerte, cierto?- el joven solo asintió, pero además del sonido de su tos, no emitió ningún otro.
Katara la quitó el botellón y sirvió nuevamente -Propongo un brindis… Por el festival y este reencuentro- levantó su vaso a la altura de sus ojos esperando que él imite sus movimientos – por cierto, está muy oscuro aquí arriba, no puedo ver nada aún te levantes la máscara- esa declaración previno que el muchacho girase nuevamente su rostro y simplemente pudiera consumir el licor con mayor tranquilidad.
Para cuando los artificios terminaros, ambos encontraron cierta dificultad en descender del techo. En realidad, la situación se volvió algo cómica, pues consideraron una brillante idea que -por seguridad- lanzarse al balcón que tenían abajo en medio de las personas que estaban en aquél departamento era la opción más segura. Fue una entrada que causó mucha impresión. Katara vió las caras de estupefacción de los residentes -todos jóvenes que evidentemente estaban celebrando de forma privada- fue algo que recordaría toda su vida.
Salieron por la puerta de entrada al edificio, habían corrido escaleras abajo, esquivando gente que gritaba, sorprendido por los dos jóvenes que parecían huir de algo o alguien. El botellón estaba sólidamente agarrado en la mano izquierda del enmascarado, mientras que en la derecha sostenía la mano de Katara, de forma firme pero suave.
Se concentró en como los hombres del muchacho se movían en la carrera mientras esquivaban gente y cruzaban calles. Todo se serenó al llega a una fuente donde las luces estaban prendidas, donde el fuego de las farolas parecían lamer las ondas del agua de la fuente. A lo lejos se escuchaba la música, una melodía suave, relajada, con ritmo pausado. El muchacho sorbió un poco del licor directo del recipiente y luego de lo ofreció a Katara. Cuando ella terminó su trago, el lo retiró, dejándolo al borde de la fuente.
Lo que nunca esperó, fue que al ofrecerle su mano, el enmascarado tirase de ella hasta acortar cualquier tipo de distancia prudente. Se miraron unos instantes, supuso que él esperaba alguna reacción adversa a su avance, pero al no haberla, tanteo en colocar su mano izquierda a la altura de su cintura mientras mantenía retenida en su derecha una de las manos de Katara.
No podía ver el color de sus ojos, las cuencas profundas de la máscara impedía que la luz llegase lo suficientemente profundo para distinguir sus iris, pero podía sentir la intensidad de su mirada sobre ella. Nuevamente distraída, no pudo notar que en todo el debate mental por el cual estaba atravesando, sus cuerpos danzaban al son de una melodía romántica. Su corazón martillaba en su pecho. Era consciente de todo lo que sucedía entre ellos. Lograba sentir el pulso acelerado en él, el calor que irradiaba su cuerpo, sus manos, como se tensaban los músculos de sus brazos y su cuello. Podía percibir que se estaba conteniendo.
Su mano libre subió hasta un lado de la máscara. Alcanzó sentir que su piel era suabe, tersa, recién afeitada. Pero había suficiente distancia entre ellos que no le permitía percibir su aroma. Levantó un poco más la máscara rozando con su pulgar los labios del muchacho para luego dirigirla hacia la nuca de él. Ambos fueron acortando distancia. El aroma amaderada de su colonia empezaba hacer estragos en su mente. Los destellos del fuego le permitieron apreciar lo anguloso de su mandíbula. Solo quería agradecerle la hermosa noche que estaban pasando con un beso en la mejilla, pero el contacto se prolongó hasta rozar los labios. Para entonces solo podía escuchar un terrible martillazo, no había música en sus oídos, solo la sangre que se agolpaba en su cabeza, corazón y cuerpo. Katara quería más, por lo que trató de sostenerse mejor lanzando ambos brazos detrás del cuello del joven.
En ese instante, la fantasía se rompió como cristal. El espíritu azul logró escabullirse lejos de su alcance, deteniéndose a unas metros de ella, sintió como, desde las cuencas oscuras de la máscara, era intensamente observada . Eso duró unos segundos, pues en menos de un parpadeo, él desapareció.
Todo el calor que sentía se esfumaba en segundos, mientras la brisa nocturna le recordaba que su embelesamiento había acabado. En mucho tiempo que no había sentido soledad y abandono. Caminando hacia la fuente, se dejó caer en el borde, tomó el botellón entre sus manos. Había decidido que regresaría a casa una vez que estuviese totalmente vacío, aunque su vacío no se llenase.
