Capítulo 20: Un duro golpe del destino.

Pasadas unas semanas tras el cumpleaños de Severus, todo parecía ir sobre ruedas. La carta que envió Elvira a sus padres tuvo respuesta muy pronto, en pocos días. Caliope, la madre de Elvira, les envío la dirección de la sanadora autora del artículo y la investigación, su amiga Naomi Greenland, ella misma habló con ella por floo y le explicó lo que sabía de la dolencia de Severus, estaba bastante interesada en conocer el caso más en profundidad, así que le dijo que Elvira le escribiera y se lo explicara todo, que estaría esperando su carta. Le escribieron en cuanto pudieron y empezaron a cartearse, Naomi dijo que según los informes que le enviaron, Severus era un candidato perfecto para usar su nueva poción, ya la habían probado en varios pacientes con lesiones similares con gran éxito. Le preguntaron si sería posible enviar la poción de Nueva York a Inglaterra, pero no era posible, para un mejor efecto debía tomarse lo antes posible después de elaborarse y dejarla enfriar durante 3 horas exactas. Así que quedaron en que Elvira y Severus viajarían a Nueva York en las vacaciones de Semana Santa, ya tenían permiso del director, Albus se mostró tan ilusionado como ellos, pero le pidieron que aún no dijera nada del objetivo de su viaje a nadie, sólo a Poppy y Minerva, no quería que si era un fracaso el resto del personal lo mirara con lástima, algo que le había pasado demasiadas veces.

Hacía pocos días que habían llegado a un acuerdo con Naomi, ya era 17 de febrero, habían pasado el día de San Valentín celebrando las buenas noticias que recibieron esa mañana desde Estados Unidos, como era un día entre semana no pudieron hacer otra escapada, no podían abusar tanto y escaparse por segunda vez en poco más de un mes, se regalaron una velada en la que se dedicaron a cubrirse algunas zonas erógenas con nata y sirope de chocolate y a limpiarlas completamente con la lengua, además Elvira cumplió su promesa y le puso una película porno en su televisor… fue una gran noche. Tres días después de esa noche tan estupenda, Elvira estaba dando clase a sus alumnos de primer año, a esa hora le tocaba con los Slytherin y los Gryffindor. En ese momento los chicos estaban haciendo una poción revitalizante sencilla. Todo iba bastante bien. Entonces Elvira se fijó en algo mientras vigilaba a los niños y es que su mejor alumna, Morgana Fox, estaba bastante distraída, lo que era muy raro en ella, se quedó en más de una ocasión con la mirada ausente, como si estuviera muy preocupada por algo más que la poción que preparaba. Elvira decidió estar atenta a ella porque era algo completamente anormal.

Entonces sucedió, mientras Elvira atendía las dudas de uno de los chicos, el caldero de Morgana explotó. Cubriendo a varios de los alumnos y a Elvira con una especie de moco verde viscoso, afortunadamente, no era tóxico, sólo asqueroso, Severus llegó corriendo a ver lo que había pasado, estaba en el despacho cuando escuchó la explosión, Elvira lo tranquilizó y le contó rápidamente lo que había pasado, Severus comprobó rápido que el moco verde no era tóxico y que nadie estaba herido, Elvira dio por terminada la clase y Severus acompañó a los niños que se habían ensuciado de mejunje verde a que los revisara Poppy, sólo por precaución, y luego a lavarse, a sus habitaciones, Elvira les dijo a los niños que fueran a la sala de estudios o a la biblioteca a terminar la tarea que les puso antes de la práctica hasta la hora de su siguiente clase, Elvira le dijo a Morgana que se quedara en la clase con ella, quería que hablaran a solas. Elvira la ayudó a limpiarse, después se limpió a si misma, y antes de que la niña fuera a buscar algo para limpiar el desastre que se había organizado la detuvo. Empezó a hablar con ella bastante enfadada.

-Espere señorita Fox. Antes de limpiar quiero que hablemos. Eres la mejor alumna de primer año, ¿Cómo es que te ha pasado ésto? Te he visto distraída toda la mañana, ¿Qué te pasa?

Entonces la niña empezó a llorar desconsoladamente. Elvira se acercó a ella y la abrazó, la niña lloró aún más fuerte y Elvira no sabía que hacer con ella, decidió dejarla desahogarse por un rato, a esa niña le pasaba algo grave y tenía que conseguir que se calmase un poco si quería saber qué le pasaba. Llevaba unos veinte minutos con esa niña llorosa aferrada a su cintura cuando llegó Severus, que la miró sorprendido, creyó que encontraría a Elvira echándole una bronca terrible a la niña como ocurría siempre que algún crío metía la pata en su aula y la encontró abrazando a esa niña y acariciando su pelo tratando de consolarla. La niña, en medio de su llanto, repetía

-Lo siento. - Una y otra vez. Elvira lo miró y le dijo:

-Profesor Snape, si nos disculpa, la señorita Fox y yo tenemos que hablar a solas un momento. - Él las miró y le dijo a Elvira que mejor hablaran en otro momento, que dentro de diez minutos empezaría la siguiente clase y tenían que limpiar ese desastre y que la niña tenía que prepararse para su siguiente clase, todo esto con su simpatía habitual, lo que hizo temblar a la niña, que aún estaba en los brazos de su maestra. Elvira le dijo que volviera al aula de pociones tras la cena, que tendría con ella dos semanas castigada, la tranquilizó diciéndole que el castigo sería con ella, que el profesor Snape no estaría allí. La niña pareció tranquilizarse, por lo menos dejó de llorar y solo dijo que volvería puntual a su castigo y volvió a pedirles perdón a los dos.

Cuando Elvira se quedó a solas con Severus lo miró furiosa.

-¿Por qué hiciste eso? - Él la miró con sorpresa, nunca la había visto tan enfadada con él.

-¿El qué? - Elvira estaba muy enfadada.

-Llevaba casi media hora tratando de calmar a esa niña, estoy segura de que le pasa algo grave y estaba a punto de conseguir que parara de llorar y empezara a hablar y lo estropeaste todo. - Entonces él le dijo:

-Eso se puede posponer hasta después de la cena, seguro que no será nada importante. Es sólo una cría, es normal que se distraiga por cualquier tontería, lo que pasa es que tienes debilidad con esa niña y te dejas manipular por ella. - Elvira empezó a gritar:

-¡Eso no es cierto y lo sabes! Te he hablado de ella, sabes que es la mejor de su curso y que nunca comete errores, es una buena alumna, no se distrae con tonterías. Esta noche cuando venga aquí con ella ni te acerques por aquí, lo que dure el castigo harás las rondas de vigilancia nocturna tú sólo y como esta noche te vea por aquí y nos vuelvas a interrumpir, te juro que haré que te quedes impotente un mes…y sabes que no es sólo una amenaza. - Él tragó saliva, sabía que hablaba en serio.

-Está bien, después de la vigilancia, me quedaré con Poe en nuestra habitación hasta que vuelvas. - Elvira limpió el desastre que había en el aula y se fue un momento para calmarse, seguía muy enfadada con Severus.

El día pasó con Elvira lanzándole miradas de furia a Severus, nadie entendía lo que le pasaba, nunca pasaba mucho tiempo enfadada con él y Severus, estaba particularmente malhumorado, intentaba disculparse con ella y Elvira le decía que solo se le pasaría el enfado cuando él entendiera que no podía desautorizarla delante de los niños y que no debía interrumpirla si estaba intentando tener una conversación privada con alguno de los chicos.

Llegó la hora de la cena y Albus les preguntó por lo que pasó esa mañana en el aula de pociones. Todos los profesores se sorprendieron mucho, Morgana era una de las alumnas más aplicadas del colegio, los profesores que tuvieron clase con ella ese día la vieron distraída ese día y ahora lo achacaban al incidente en clase de pociones. Elvira sabía que había algo más y en cuanto terminara la cena iba a averiguar lo que le pasaba a esa niña.

Cuando terminó la cena, los niños se fueron a sus salas comunes, sus dormitorios o a la biblioteca para buscar algún libro para terminar los deberes del día siguiente, ninguno remoloneó por los pasillos esa noche, el profesor Snape tenía ronda de vigilancia y estaba de un humor de perros, nadie quería que pagara su mal humor con ellos. Severus fue a su habitación antes de que llegara la hora de la ronda de vigilancia. Elvira fue al aula de pociones. Pocos minutos después alguien llamó tímidamente a la puerta, al abrir se encontró a Morgana cabizbaja y con los ojos llorosos de nuevo. Elvira la hizo pasar. La niña seguía un poco asustada.

-Buenas noches Morgana, no te preocupes que esta noche no vendrá por aquí el profesor Snape, está vigilando los pasillos. - La niña pareció tranquilizarse.

Cuando entró la niña lo primero que hizo fue preguntar por sus tareas de esa noche pero Elvira le dijo que antes de eso tenían que hablar. Elvira hizo que Morgana se sentara en una silla del aula y ella hizo lo mismo a su lado.

-Morgana, sabes que eres mi mejor alumna, sé que sabes que puedes confiar en mí, si tienes algún problema cuéntamelo, un error así en ti no es normal, debe pasarte algo muy grave para que tú estalles un caldero. Sé que tienes mucho talento para las pociones, el profesor Snape opina lo mismo que yo, le he enseñado tus trabajos y las muestras de tus pociones y dice que no ha visto un trabajo de primer curso así nunca, incluso le recuerdan a los trabajos que él hacía a tu edad, dime, ¿por qué la alumna de primer año más talentosa en pociones desde Severus Snape se ha distraído de esa manera? - La niña estaba impresionada, sabía que Elvira tenía una opinión muy positiva de su trabajo, sus compañeros de clase le pedían ayuda con sus tareas y bromeaban con que era la "favorita de la profe", lo que no sabía es que el profesor Snape valoraba tan bien su trabajo.

-Siento haberla decepcionado señorita Elvira. - Se le volvieron a saltar las lágrimas, Elvira se acercó a ella y le levantó la cara sujetando suavemente su barbilla, le secó las lágrimas con delicadeza.

-No, pequeña, tú nunca podrás decepcionarme, sé que recuerdas cuando nos conocimos, desde entonces me he encariñado contigo, no sólo eres mi mejor estudiante, sé que eres una buena chica y muy inteligente. Así que por favor, dime lo que te pasa, me interesa de verdad, yo quiero que estés bien. - La niña volvió a abrazarla, y esta vez puso su cara en el hueco del cuello de Elvira.

-Muy bien, pequeña, ahora cuéntamelo todo. Te escucho. - Entonces la niña se separó de ella, Elvira cogió su mano y la niña empezó a hablar.

-¿Recuerda que le conté que mis padres murieron y sólo tengo a mi abuela? - Elvira asintió, la niña siguió hablando. - Esta mañana me escribió y me dijo que estaba en una clínica de reposo por recomendación del sanador al que suele consultar, dice que así mejorará su presión arterial. Creo que me está engañando y está más grave que lo que me dice, cuando era pequeña me ocultaron lo enferma que estaba mi madre para que no sufriera y ahora me está haciendo lo mismo, pero estoy aquí en el colegio y no puedo estar con ella. - Elvira entonces tuvo que aguantarse las lágrimas, esa pobre niña era demasiado pequeña para haber sufrido tantas pérdidas. - Si le pasa algo a mi abuela, ¿Qué será de mí? Yo no quiero ir a un orfanato.

-Y no lo harás, yo no lo permitiré, ¿Confías en mí, pequeña?

-Por supuesto. - Entonces Elvira acarició su mejilla.

-Yo estoy aquí para lo que necesites, cuando estés preocupada o necesites hablar con alguien, búscame. ¿Qué te parece si me ayudas a ordenar los ingredientes y las cosas para mañana y lavas los calderos de hoy. Se supone que estás castigada y me vendría bien tu ayuda, además mientras podemos seguir charlando si quieres. - La niña parecía un poco más tranquila.

Estuvieron ordenando el aula y Morgana estuvo limpiando los calderos como le ordenó Elvira. Tardaron alrededor de hora y media en terminar el trabajo de esa noche, cuando acabaron Elvira acompañó a la niña a la puerta de su sala común, Morgana antes de despedirse volvió a abrazar a Elvira y le dio las gracias por ser tan amable con ella. Elvira le dio las buenas noches y un beso en la mejilla. La niña la volvió a abrazar y le devolvió el beso. Se sonrieron y la niña entró a su sala común para irse directamente a su dormitorio.

Elvira volvió a su habitación, estaba muy preocupada por la situación de esa niña. Minerva le contó que conocía a la abuela de esa niña, coincidieron en Hogwarts de estudiantes y seguían siendo buenas amigas, decía que era una de las pocas personas decentes que había en Slytherin en aquella época, le preguntaría a Minerva si sabía lo de la clínica de reposo y si le podía conseguir sus señas, de todas modos se lo tuvo que comunicar a la dirección del colegio porque, como tutora legal de una alumna, debía estar localizable por si hubiera una emergencia. No quería preguntarle a la niña, no vaya a ser que se preocupara más de la cuenta.

Elvira llegó a su habitación pensando en lo que le había contado esa niña. Abrió la puerta y Severus estaba en el sofá esperándola, Poe se acercó a ella pidiendo atención, ella lo recogió del suelo y empezó a acariciarlo. Miró a Severus aún con resentimiento. Dejó al gato en su camita con una golosina, sin dirigirle aún la palabra a Severus. Entonces Severus le preguntó:

-¿Qué pasaba al final con la niña?

Parecía interesado de verdad por lo que pasaba a esa niña. Elvira se sentó en el sofá a su lado. Ella suspiró y le contó lo que le pasaba a Morgana. Severus se sintió fatal, no debió interrumpir su conversación esa mañana, daba igual si se retrasaba la siguiente clase y si Morgana tardaba en llegar a su siguiente clase tampoco sería una tragedia, esa niña no estaba distraída por ninguna tontería, estaba preocupada porque su única familia era muy probable que estuviera gravemente enferma y se lo estaban ocultando. Severus se pasó las manos por el pelo.

-Ok, ¿Y ahora qué hacemos? - Elvira lo miró extrañada.

-¿Hacemos?

-Sí, los dos, sé que me he comportado como un cabrón insensible, pero sigo siendo el jefe de Slytherin y es mi responsabilidad cuidar de los alumnos que pertenecen a mi casa. ¿Has pensado algo? - Elvira asintió.

-He pensado en escribir a la abuela de Morgana para preguntarle por su salud, me preocupa que esa niña tenga razón, no es la primera vez que le ocultan algo así de grave y esta vez no es tan pequeña y le puede afectar mucho. Además está aterrada con la idea de ir a un orfanato.

-Elvira, siento mucho lo que pasó esta mañana, no tenía ni idea, espero que esa niña esté equivocada, no sé qué será de esa niña de aquí en adelante si su abuela muere. - Elvira le dijo:

-Sabes, he estado pensando que si eso ocurriera buscaré la forma de que no acabe en un orfanato ni en una casa de acogida, si no hubiera otra solución me ofrecería a adoptarla si fuera necesario. No puedo permitir que se quede sola. - Severus la miró muy sorprendido.

-¿Estarías dispuesta a adoptarla?

-Es muy buena chica y sabes que es una estudiante muy aplicada, has visto lo que hace en pociones, además nunca ha habido queja de ella por parte de ningún profesor, sé que es una gran responsabilidad, pero en cuanto acabe de estudiar en Hogwarts será independiente, sería una solución temporal tan sólo mientras sea menor de edad, además si sigue siendo tan buena en pociones podría darle trabajo si es lo que quiere y sé que es algo que le gusta mucho. - Severus estaba asombrado.

-Sabes, como último recurso no me parecería mal y te ayudaría a conseguirlo, sería horrible que esa niña acabara en un sitio horrendo cuando no esté en el colegio, sabes que no soy tan insensible, pero nos estamos adelantando a los acontecimientos, aún hay que confirmar que esa mujer está tan mal como sospecha su nieta.

-Tienes razón, sabes, estoy agotada, me voy a dormir ya. - Vio que se marchaba a la que era su antiguo dormitorio, seguía allí su cama, por si les apetecía usarla.

-¿A dónde vas?

-A dormir, aún sigo enfadada contigo, no me dejaste hacer mi trabajo como quería hacerlo. Así que por esta noche dormiré aquí yo sola. - Él corrió a abrazarla cuando se dio la vuelta para entrar en la habitación.

-No, por favor, perdóname, lo siento mucho, te juro que jamás volveré a meterme en tus conversaciones con los alumnos, no estoy acostumbrado a que busquen consuelo en mí, supongo que debo acostumbrarme en que lo busquen en ti, como lo hago yo. Por favor no me dejes sólo esta noche, ni ninguna otra noche. Te necesito a mi lado siempre. - Elvira lo miraba, sabía que era sincero.

-Sólo iré a dormir contigo si cumples con dos condiciones, primero debes cumplir tu promesa y dejarme hacer las cosas a mi manera cuando se trate de manejar los asuntos emocionales de los niños, y segundo, hoy sólo quiero dormir, que me abraces y no hagamos nada más.

-Está bien, no volveré a portarme como un capullo, lo intentaré de verdad. Y haré lo que tú quieras, dormiremos juntos y nada más. Te quiero y, sea como sea, soy incapaz de dormir si no te abrazo.

Se dieron un beso suave en los labios. Elvira fue con Severus a su dormitorio, cerraron la puerta, se desnudaron y se quedaron en ropa interior. Se acostaron y apagaron las luces, Severus la abrazó y le volvió a decir que trataría no volver a decepcionarla. Ella se acurrucó contra él y pronto se quedó dormida, estaba agotada, fue un día muy intenso.

Al día siguiente, se levantaron y vistieron rápido, querían llegar lo más pronto posible al comedor, Elvira le preguntó a Minerva si podían hablar en privado tras el desayuno. No quería que nadie más se enterara. Severus se fue a dar una clase a los de último año. Cuando llegaron al despacho de Minerva, Elvira le contó el problema en que se encontraba Morgana Fox, la mujer sospechó que algo pasaba cuando un par de semanas después de las vacaciones de Navidad llegó una carta con un cambio temporal de domicilio de la abuela de Morgana.

-No me sorprende que Glenda esté intentando ocultarle su estado a esa niña, haría todo lo que fuera para evitarle sufrimiento, es lo único que le queda.

-¿Me podrías dar su dirección? Querría hablar con ella sobre Morgana, esa niña no es tonta y que la intenten engañar sólo la está haciendo sufrir.

-Claro, dile que si lo necesita también puede escribirme a mi cuando quiera.

-Gracias, Minerva.

Elvira se fue rápidamente a escribir a Glenda Fox. Tras enviar la carta el día transcurrió con normalidad. Elvira tampoco podía pasar mucho tiempo enfadada con Severus, pero le advirtió que a la próxima lo mandaría a dormir al sofá.

Tras dos días, su carta tuvo respuesta. Elvira leyó la carta en el sofá de su habitación mientras esperaba a Severus que estaba en el aula de pociones vigilando un castigo, tenía a Poe echado en su regazo. Glenda le agradeció su preocupación por su nieta, la niña no paraba de hablar de Elvira cuando estuvo de vacaciones de Navidad, le contó el incidente del primer día con el gatito y lo compresiva y cariñosa que fue con ella. También le dijo que Morgana la admiraba mucho y que notó que era su profesora favorita. Después le dijo que tenía razón, que su nieta es una niña muy inteligente, que había heredado la habilidad para las pociones de su difunto abuelo, era un maestro con mucho talento y gracias a ello, ellas heredaron los beneficios de sus patentes, lo que le permitió tener ingresos para mantener a su nieta, se sentía muy orgullosa de saber a través de Elvira que la niña había heredado ese talento de su abuelo. También le dijo que Morgana no sólo era una niña brillante, era muy intuitiva, tenía razón, estaba muy enferma del corazón, había ido a una clínica de reposo en la que estaba probando un nuevo tratamiento, pero no tendría solución, buscó tratamiento también en médicos muggles, pero no había solución, en unas pocas semanas moriría y no se podía hacer nada. Le pidió que no le dijera nada a Morgana que no quería que sufriera por ella. Y le pidió que intentara cuidarla cuando ella no estuviera. Elvira se echó a llorar desconsoladamente cuando terminó de leer la carta, así la encontró Severus al llegar. Se quitó la capa dejándola de cualquier manera cuando escuchó sus sollozos. Se acercó al sofá, apartó al gato y la abrazó.

-¿Qué te pasa? - Ella se secó un poco las lágrimas y le dio la carta para que la leyera. Cuando la terminó, él también tenía una expresión muy triste.

-¿Qué hacemos ahora? - Ella lo besó en la mejilla.

-No lo sé, quiero ir a verla a la clínica, quiero intentar convencerla de que me deje contarle la verdad a Morgana, también quiero convencerla de que cuando se lo cuente me deje llevar a la niña a verla, debe poder despedirse de ella si quiere hacerlo. ¿Tú que crees? ¿Es buena idea? - Él la estrechó en sus brazos y besó su sien.

-Ya sabes que soy un inútil emocionalmente hablando, pero yo te apoyaré en lo que decidas que pueda ser bueno para esa niña, es mi responsabilidad ocuparme del bienestar de todos los alumnos de mi casa. Así que si quieres puedo acompañarte allí cuando Albus nos dé permiso para ir.

-Gracias. Sabes, no eres tan inútil con las emociones como crees. Por lo menos conmigo.

-No te preocupes, ya meteré la pata y verás lo imbécil que puedo llegar a ser.

Consiguió hacerla sonreír. Decidieron que el día perfecto para ir a verla a la clínica sería al día siguiente que tenían su tarde libre, hasta la hora de la vigilancia no tendrían mucho que hacer.

Al día siguiente madrugaron más de lo habitual y fueron al despacho de Albus y le explicaron la situación y lo que pretendían hacer, no les pudo negar el permiso, le dijeron donde estaba ingresada la señora Fox y les dijo que conocía al director, fue alumno suyo en Hogwarts, le escribió una carta urgente, le contó la situación y le pidió que abriera el floo de su despacho para que fueran allí esa tarde Severus y Elvira a visitarla, antes de la hora del almuerzo tenían la respuesta y no les puso ningún problema. Estaba preocupado por ella, sabía que no le quedaba mucho y estaba allí sola llorando a todas horas mirando las fotos de su nieta. Estaba decidido, tras el almuerzo irían los dos a verla.

Llegó la hora y los dos fueron despacho de Albus. Llegaron por floo a la clínica, el director les contó lo que debían saber sobre su estado. Los llevó a su habitación, era realmente un sitio agradable, parecía más un hotel de campo elegante en vez de una clínica. Llamaron a la puerta y escucharon una voz femenina que los invitó a pasar. El director abrió la puerta.

-Señora Fox tiene visita.

La mujer estaba sentada en un cómodo sillón al lado de una ventana con un libro en su regazo, tenía una cálida manta cubriendo sus piernas. Era una mujer alta y delgada, ya mayor de pelo blanco bien peinado en un moño bajo, sus ojos eran oscuros como los de su nieta. Los miró extrañada.

-Buenas tardes, lo siento, pero no os conozco, ¿Quiénes sois? - El director dijo:

-Señora Fox, vienen de Hogwarts, son el profesor Severus Snape y la señorita…

-¡Elvira! - Exclamó la anciana cuando se dio cuenta de que era ella.

-Sí soy yo. - Dijo acercándose a ella y dándole la mano, la mujer la agarró y tiró de ella para abrazarla.

-Gracias por preocuparte por mi niña, gracias por cuidarla. - Elvira le devolvió el abrazo.

-De nada, es un placer, es una niña muy especial.

En este punto, el director de la clínica se disculpó y los dejó solos a los tres. Una vez superada la emoción de ese primer contacto. La mujer reparó en Severus que estaba un poco apartado, ligeramente incómodo.

-Buenas tardes, profesor Snape. Me disculpo por no saludarlo antes. Me parece increíble conocerlo, mi marido lo admiraba mucho, pensaba que tenía mucho talento, no en vano fue el profesor más joven de la historia de Hogwarts.

-Buenas tardes, señora, no es necesario disculparse, lo entiendo. Gracias a usted por sus palabras.

-¿Quieren tomar un té?

-No es necesario, gracias. No podemos quedarnos mucho tiempo. - Dijo Elvira.

-Está bien, ¿A qué se debe una visita tan agradable? - Severus se acercó a Elvira que se había sentado en un pequeño sofá y se sentó a su lado, cogió su mano y la apretó animándola a hablar. Elvira empezó:

-Señora Fox.

-Por favor, llámame Glenda, querida. - En ese momento agarró la mano de la mujer mayor que la miró agradecida. - Creo que tienes razón, querida. Hay que decírselo, pero yo no soy capaz.

-Yo puedo hablar con ella, pero también me gustaría que pudiera venir a verte si lo desea, quiero que tenga la oportunidad de verte una última vez y que esté tranquila y vea que estás en un buen sitio. Cuando le dijiste que era una clínica, creo que pensó que era un sitio frío y horrible. Puede que sí viene a verte le consuele un poco.

-Está bien, si crees que mi pequeña puede estar preparada. - Elvira la abrazó.

-Creo que sí. He pensado que esta noche tras la cena, en lugar de un castigo conmigo la llevaré a mi habitación y a solas hablaré con ella.

-Gracias Elvira, mi niña tiene razón, eres alguien muy especial.

-De nada, sabes tenemos que irnos ya, espero volver pronto a verte con Morgana, me ha encantado conocerte, ojalá lo hubiera hecho en otras circunstancias.

-Yo también estoy encantada de conocerte, y ojalá te hubiera conocido en la graduación de mi niña. - Glenda se echó a llorar.

-No llores. Lo siento. No quería alterarte así.

-Lo sé, es que estoy muy sensible. - Severus permanecía callado observando la escena.

-Tranquila señora, Elvira y yo cuidaremos bien de su nieta. Mañana le contaremos cómo ha ido todo con ella, espere a nuestra lechuza.

-Gracias profesor.

-Que no lo sepa nadie más, pero llámeme Severus.

La mujer lo miró cariñosamente y le pidió que se acercara a ella y le dio un abrazo breve. Se despidieron hasta el día siguiente y regresaron a Hogwarts.

Albus y Minerva los esperaban en el despacho del director, les contaron que la pobre mujer estaba bastante delicada y no le quedaba mucho tiempo y que accedió a las peticiones de Elvira. Después de cenar Elvira hablaría con la niña. Ninguno de los tres se pondría en su lugar. Fueron a cenar y cuando acabó la cena, Severus se fue a hacer tiempo a la biblioteca, Elvira, en esta ocasión, fue a buscar a Morgana a su mesa cuando vio que terminó de cenar. Le dijo que la acompañara. Cuando entraron a la sala de estar que compartía con Severus, Elvira se quitó la capa y la colgó, Morgana lo miraba todo fascinada, le llamó la atención la cantidad de libros que había allí y el televisor, en su casa había uno, su madre era muggle y le contagió a su padre y su abuela el gusto por ver películas. En ese momento Poe se acercó a la niña que lo miró embelesada y se agachó a acariciarlo.

-¿Éste es Poe? - Elvira asintió. La niña lo cogió en brazos y le hacía carantoñas.

-Es precioso, seguro que mi Lestat y él serán buenos amigos. - Elvira le sonrió.

-Seguro que sí, pero ahora no hemos venido aquí a ver a Poe. Hemos venido a hablar.

Se sentaron en el sofá con el gato entre ellas y Elvira le habló brevemente sobre el estado de salud de su abuela. La niña se quedó momentáneamente en estado de shock, pero pocos segundos después empezó a llorar y a decir que quería ir a verla cuanto antes.

Elvira la abrazó, Poe saltó al suelo y las miraba con curiosidad.

-¿Cómo te sientes?

-Muy mal…y lo peor es que ahora tengo que volver a mi dormitorio… no quiero explicarle a mis compañeros lo que ha pasado… no creo que ahora pueda disimularlo bien. - Elvira le acarició el pelo.

-Ojalá te pudieras quedar aquí sólo por esta noche, pero va contra las normas del colegio, ¿qué te parece si te acompaño al dormitorio? Es bastante tarde, probablemente tus compañeras de habitación estarán ya dormidas. No hace falta que disimules, pensarán que has llorado porque el profesor Snape te ha torturado. - Morgana se quedó pálida por un momento. Elvira la tranquilizó.

-Tranquila pequeña, eso pensarán ellos, pero, que quede entre nosotras, el profesor Snape no es tan malo como aparenta. No te va a torturar si se encarga de tus días de castigo, yo no lo permitiría, él no le tiene miedo a nada, salvo a mi furia. - Morgana estaba ya más calmada.

-Sé que no debe ser muy malo, porque si lo fuera alguien como tú no lo querría.

-Ves, pero eso lo sabemos tú y yo, los demás alumnos es mejor que sigan teniéndole miedo. - Elvira le guiñó el ojo. Morgana volvió a acariciar a Poe, que estaba restregándose contra sus pies.

-Señorita Elvira, voy a escribirle mañana por la mañana a mi abuela, ¿Podríamos ir a visitarla el próximo sábado o el domingo? - Elvira le dijo:

-Había pensado que podríamos ir el próximo sábado. Escríbele mañana si quieres, yo hablaré con el director Dumbledore tras el desayuno para pedirle permiso para usar el floo de su despacho y visitar a tu abuela.

-Está bien. Señorita Elvira, ¿has hablado con mi abuela sobre qué pasará conmigo si ella…? - No pudo terminar la frase, empezó a sollozar de nuevo.

-Pequeña, no llores de nuevo, te prometí que no permitiré que vayas a un orfanato y le he prometido lo mismo a tu abuela, yo siempre cumplo mis promesas. –

La niña volvió a abrazar a su profesora favorita. Elvira la volvió a abrazar y le dijo que ya sí que era hora de irse a la cama, la niña se despidió de Poe. Cuando salían al pasillo llegó el profesor Snape de la vigilancia nocturna. Morgana se escondió detrás de Elvira, él las saludó y la niña sólo miraba al suelo con timidez. Elvira le dijo que iba a acompañar a Morgana de vuelta a su dormitorio, el castigo pendiente se pospondría unos días, él asintió.

-Está bien, haz lo que consideres oportuno. Te veo cuando vuelvas de acompañar a la señorita Fox. - Él entró en su habitación y ellas caminaron por el pasillo hasta llegar a la puerta de la sala común de Slytherin.

-Sabes antes de despedirnos hasta mañana, te voy a contar algo para que le pierdas un poquito el miedo al Profesor Snape, pero es un secreto, me acompañó a ver a tu abuela, ella lo abrazó y él se dejó y le dijo que ella podía llamarlo Severus.

-¿Mi abuela se atrevió a abrazarlo? - Parecía impresionada.

-Sí, y no le molestó, para que veas que no es tan malo, pero tienes que prometer que será un secreto entre nosotras.

-Lo prometo, claro que no contaré nada, de todas formas nadie me creería. - Elvira se reía y Morgana sonreía tímidamente. Se despidieron y Elvira se aseguró de que entrara a su dormitorio.

Cuando volvió a su habitación, Severus la esperaba en su sala de estar leyendo un libro. Poe ya estaba dormido en su camita. Elvira le contó toda la conversación con Morgana y que le pediría a Albus usar el floo de su despacho. Severus estuvo de acuerdo con su plan. Se fueron a la cama, al día siguiente querían madrugar, querían hablar con Morgana y ver qué tal había pasado la noche antes del desayuno.

Cuando se levantaron Severus y Elvira no alargaron su ducha conjunta habitual, ya tendrían tiempo para esas actividades… llegaron a la puerta de la sala común de Slytherin a tiempo de ver a Morgana saliendo de allí para ir a desayunar. Severus le dijo a Elvira que la esperaba en el comedor, sabía que ella quería hablar con la niña un momento a solas antes de ir a desayunar. Morgana se acercó a Elvira en cuanto la vio, la mujer la observó, vio que aún tenía los ojos un poco enrojecidos y una expresión triste. La niña le contó que había dormido un poco mal y que se levantó muy temprano para escribirle a su abuela, no podía dormir y decidió que mientras llegaba la hora del desayuno le escribiría, después del desayuno iría a la lechucería para mandársela. Elvira le dijo que se fuera a desayunar, que hablarían luego.

Severus y Elvira fueron a desayunar y después se reunieron con Albus en su despacho, le explicaron toda la situación y le preguntaron si sería posible usar su floo de nuevo para ir a la clínica, ésta vez con Morgana. Les dio permiso a condición de que Severus también las acompañe. Acordaron la visita con el director de la clínica para el día siguiente, sábado. Fueron a dar sus clases y cuando se la encontró por un pasillo, Elvira le dijo a Morgana cuando sería la visita. La chica se mostró muy agradecida con su maestra.

Al día siguiente, Elvira y Severus se despertaron abrazados, como cada mañana, esa noche durmieron un poco peor, estaban un poco nerviosos, afortunadamente no era algo habitual tener que acompañar a un alumno a ver a un familiar enfermo. Se levantaron y arreglaron rápidamente, usaron un hechizo para disimular sus ojeras, quedaron con Morgana en recogerla tras el desayuno para ir al despacho de Dumbledore. Durante el desayuno observaron a la niña, apenas probaba bocado. Elvira decidió que antes de ir al despacho del director trataría de convencerla de ir a su habitación para que coma algo más. Cuando terminó el desayuno, fueron a buscarla y la vieron triste y más ojerosa que el día anterior, se notaba que había dormido poco. La convenció de comer unas galletas y un poco más de té en su habitación, Polly se los sirvió y la niña comió un poco más. Después Elvira le dijo que haría un hechizo para disimular su mala cara, le dijo que si su abuela la veía así se preocuparía. Morgana aceptó y Elvira la ayudó a mejorar un poco su aspecto, esa niña apenas había dormido y no quería que su abuela la viera así. Una vez arreglado ese punto, fueron los tres al despacho de Dumbledore, los niños que se cruzaban los miraban preguntándose en qué lío se había metido esa pobre niña para que la acompañe al despacho del director el murciélago de las mazmorras y su ayudante.

Cuando llegaron Albus saludó cariñosamente a la niña, ella aún se sentía un poco tímida y no soltaba la mano de Elvira a la que se aferraba con fuerza. Fueron por turnos primero Elvira y luego Morgana seguida de Severus, cuando llegaron allí fueron recibidos por el director de la clínica con mucha amabilidad. Elvira le dijo que Morgana quería ver a su abuela cuanto antes mejor. Los acompañó a la habitación que ocupaba la señora Fox. Entraron los cuatro y la niña corrió a besar y abrazar a su abuela, los adultos las miraron por un momento y se disculparon y las dejaron a solas, tenían mucho de lo que hablar.

Severus y Elvira esperaron en la puerta, Dumbledore les dio permiso solamente para 2 horas así que prefirieron que aprovecharan el tiempo las dos juntas. Pasada una hora y media salió Morgana, buscó a Elvira y le dijo que su abuela quería hablar con ella a solas. La mujer entró para ver a la anciana, que la recibió con una sonrisa y le dio las gracias por haber podido traerle a su nieta. Le dijo que hablando con ella, la niña estaba muy agradecida con su profesora y que había sido muy amable con ella, quería agradecerle de nuevo todo lo que había hecho por su niña hasta entonces.

-También quiero pedirte un favor, pero no sé si estaré abusando de tu bondad.

-Para nada, por favor, pídame lo que quiera, yo haré lo que esté en mi mano para ayudar.

-Gracias, sé que no me queda mucho, y quiero pedirte que por favor cuides a mi pequeña, por lo que me cuenta, sé que te quiere mucho y noto que tú también la quieres y sé que Severus llegará a quererla, sé que es un buen hombre a pesar de su carácter, sé que de lo contrario no se hubiera ganado el corazón de alguien como tú.

-Te prometo que la cuidaré lo mejor que pueda y sepa, es una buena niña, muy madura para su edad, yo también he llegado a tenerle mucho cariño y, como sabes, es mi mejor alumna, estoy muy orgullosa de ella.

-Gracias, me quedo mucho más tranquila.

-No es ninguna molestia, ahora creo que es hora de irnos, le diré a Morgana que vuelva para que se despida, adiós Glenda. - Se abrazaron con cariño.

-Adiós, querida, siempre te estaré agradecida. - Entró de nuevo Morgana que se despidió cariñosamente de su abuela, la cual le hizo llevarse el álbum de fotos de la familia, quería dárselo ella personalmente. Glenda le pidió a Severus que se acercara a ella de nuevo, lo volvió a abrazar y esta vez le dio un beso en la mejilla el hombre se levantó rápidamente y un poco sonrojado, Elvira y Morgana se miraron un momento y la niña soltó una risita viendo al profesor así de avergonzado y que lo consiguiera su abuela le hizo bastante gracia. Cuando salieron de la habitación Severus se apresuró a decir que de ese momento no dijera nadie ni una palabra. Elvira enlazó su brazo con el suyo y dijo:

-No te preocupes cariño, nadie nos creería.

Consiguió que la niña se riera de nuevo, aunque volvió a entristecerse al llegar a la chimenea del despacho del director de la clínica, sabiendo que tendría que volver a Hogwarts y que, probablemente, no volvería a ver a su abuela con vida.

Cuando volvieron al colegio, Morgana fue a su habitación, quería estar sola y ver el álbum de fotos que le dio su abuela. Severus y Elvira la acompañaron a su habitación. Después volvieron a la suya. Elvira estaba aún preocupada por su alumna, Severus y ella estaban sentados en su sofá con Poe buscando su atención, pero ellos estaban hablando sobre la mañana que habían pasado en esa clínica, Elvira le contó la conversación que había tenido con Glenda, después de eso le dijo a Severus que, con su apoyo o sin él había decidido adoptar a la niña si a la mujer le pasaba algo. Él la miró y le dijo:

-No te preocupes por eso, si quieres adoptarla te ayudaré, he estado hablando con ella mientras tú entraste a ver a su abuela, sorprendentemente no es tan tonta como los niños de su curso, es bastante madura para su edad, seguro que podría soportarla, además cuando termine de estudiar en Hogwarts querrá estudiar en algún lado o prepararse para trabajar en el ministerio, ella vivirá durante el curso en su dormitorio, así que supongo que no será tan terrible tenerla en vacaciones, además sólo es una, no es que quieras adoptar a 20 niños de una vez. - A Elvira le sorprendió gratamente su buena disposición.

-Sabes, me sorprendes, nunca hubiera imaginado que estarías dispuesto a aceptar que adoptara una niña de cerca de 12 años.

-No voy a perderte por comportarme como un imbécil egoísta, además, cuando su abuela mencionó a su difunto marido, me acordé de donde había escuchado el apellido Fox antes, era un maestro de pociones muy conocido aquí en Inglaterra, si ni su abuela ni tú os equivocáis, es probable que considerara tenerla como aprendiz, pero bueno quien sabe, quizá pueda jubilarme pronto y dejarle a ella mi puesto, sería algo completamente egoísta, con el único objetivo de comprar una casa lejos de aquí con una enorme cama, me pasaría el resto de mis días contigo allí. - Elvira empezó a reír.

-Sabía que no podías ser tan dulce y desinteresado sólo porque sí, sospechaba que tendrías algún plan oculto.

-¿Te parece mal que busque la manera de pasar el mayor tiempo posible contigo en la cama? - Él empezó a besar su cuello. Elvira casi ronroneaba.

-No me parece nada mal, pero eres casi tan manipulador como Albus… - Él la miró con fingida indignación.

-Eso me ofende. Pero creo que te perdonaré o esta noche no tendré sexo, llevamos unos días sin hacer nada y estoy deseando volver a hacerle el amor a mi adorada bruja. - Se besaron lentamente. Cuando se separaron para coger aire, ella le dijo:

-Tienes suerte, yo también echo de menos tenerte entre mis piernas… pero éstos últimos días he estado muy preocupada, sabiendo que me apoyarás en lo que decida, estoy mucho más relajada, así que esta noche pasaremos un buen rato… ¡Joder! Ayer me debería haber tomado la poción anticonceptiva, menos mal que no hicimos nada anoche, sería muy probable que ahora estuviera embarazada. - Severus y Elvira suspiraron aliviados.

-Sabes, brujita, me alegro que por ahora no estés embarazada, te lo dije en serio, no lo descarto, pero más adelante quizás, además si en poco tiempo nos hacemos cargo de una niña de 11 años, sería mejor esperar un tiempo. Qué te parece si duermes un poco, mientras te prepararé una poción anticonceptiva de seis meses, después iremos a almorzar. - Se besaron y Elvira se echó un rato en el sofá.

Severus fue a su laboratorio personal, le preparó la poción, no tardaría mucho, había perfeccionado la fórmula y tardaba menos en preparase con ingredientes más baratos y fáciles de conseguir. Cuando llegó la hora de almorzar dejó en reposo la poción, cuando terminara el almuerzo estaría lista para que se la tomara.

Durante el almuerzo observaron atentamente a Morgana, comió poco y seguía triste y cabizbaja, esa mañana por fin le contó a su mejor amiga lo que le pasaba, era una niña llamada Charlotte Tomlinson, ambas compartían dormitorio y se llevaban muy bien, vieron que Charlotte intentaba convencerla para que comiera. Así que después de almorzar fue a hablar con las dos niñas, Elvira le pidió a Charlotte que cuidara de su amiga, que ahora la necesitaba. Charlotte le aseguró que lo haría, Morgana dijo que no era necesario, pero Elvira le dijo que sí y que descansara el resto del día y procurara comer bien, que no quería que se enfermara. Las niñas se fueron a su dormitorio, después de unas noches de dormir poco, la niña necesitaba dormir un rato. Después de hablar con las niñas, Elvira fue a su habitación y Severus le tenía preparada su poción anticonceptiva, se la tomó y esa noche volvieron a hacerlo sin preocupaciones.

El día transcurrió normalmente. No es que durmieran muy tranquilos, ni Severus ni Elvira ni tampoco Morgana, pero durmieron un poco mejor. Pero al día siguiente con el correo de la mañana llegó una lechuza para Dumbledore, el pájaro llevaba una carta que dejó al director con una expresión de consternación en su rostro. Les dijo a Elvira y Severus que quería verlos en su despacho. Cuando llegaron allí Albus les dijo que se sentaran, algo les decía que lo inevitable pasó antes de lo previsto… y no se equivocaban. Cuando Morgana estuvo sola con su abuela le dijeron al director de la clínica que si algo pasaba se comunicara con Dumbledore, que estaba todo hablado, que ellos se encargarían de comunicárselo a la niña, que en pocos meses se sentía ya muy unida a su profesora. Y, en fin, que la carta había llegado, la señora Fox falleció mientras dormía esa noche. También les informó que el día anterior, en cuanto se fue su nieta, la señora Fox hizo llamar a su abogado con urgencia, estuvo hablando con él durante unas horas, según el abogado poniendo sus asuntos en orden, les dijo que al día siguiente tras el funeral tenía que hablar con la nieta de la difunta y que si alguien pudiera acompañar a la niña a su oficina, teniendo en cuenta su edad era mejor que no estuviera sola. Elvira y Severus le dijeron inmediatamente a Albus que ellos la acompañarían, por eso no debería preocuparse.

Siendo domingo fueron inmediatamente a buscar a Morgana que estaba en el jardín charlando con Charlotte y otras de sus amigas. Elvira se acercó las niñas estaban mirando con algo de recelo a Severus, así que ella le dijo a Morgana que fuera con ella un momento a su habitación. Cuando llegaron a la sala de estar, Severus se fue a su dormitorio y le dijo a Elvira que le avisara si necesitaban algo. La niña se sentó en el sofá con Elvira y la miró a los ojos y de pronto agachó la cabeza.

-¿Ha pasado ya, verdad? La abuela ha muerto. - Elvira le limpió una lágrima de la cara de la niña. De verdad que esa chiquilla era muy intuitiva y difícil de engañar.

-Me temo que sí, anoche se acostó y esta mañana cuando fue a verla una de las enfermeras había fallecido mientras dormía, no sufrió nada. - La niña sollozaba, Elvira la abrazó y le dio un pañuelo. Morgana se secó un poco las lágrimas.

-¿Y ahora qué voy a hacer? - Elvira siguió abrazándola y le acarició su suave melena oscura, llamó a Polly y le pidió una taza de chocolate caliente con nubes de azúcar, no sería un gran consuelo pero seguro que la niña agradecería una bebida caliente, por si no le apetecía le pidió a la elfa que trajera también una tetera y unas galletas.

-Tranquila, pequeña, mañana es el funeral, el profesor Snape y yo te acompañaremos allí, si quieres, no te dejaremos sola, cuando termine el funeral iremos contigo a la oficina del abogado de tu abuela, te ha citado allí para hablar contigo, estaré contigo en todo momento si así lo quieres.

-Sí, señorita Elvira, por favor, no me deje sola.

-No lo haré, pequeña. ¿Te apetece tomar un poco del delicioso chocolate que te ha preparado Polly? No hará que estés menos triste pero su calor puede ser muy agradable en este momento. - La niña tomó un poco de chocolate, no le hizo sentir más tranquila pero le resultó agradable. Cuando tomó como media taza la dejó en la mesa de café.

Elvira volvió a abrazarla y la niña seguía sollozando suavemente, en ese momento salió Severus, como no escuchaba nada salió sólo vestido con sus pantalones y su camisa blanca, la niña levantó la vista y se sorprendió, como todos los alumnos de Hogwarts pensaba que Severus jamás se quitaba su capa y su levita, por un momento dejó de llorar. Elvira le dijo:

-Siempre impresionas a los niños, lo que nunca me imaginé es que lo harías sin tu capa y tu levita. - La niña viendo al Profesor Snape sonrojarse no sabía si reír o llorar.

Pero de pronto empezó a llorar de nuevo al recordar cómo el día antes su abuela lo besó y lo hizo incomodarse, era algo que siempre le divirtió del carácter de su abuela, se divertía incomodando a ciertas personas, sin mala intención, lo hacía de forma tan divertida y tenía un sentido del humor tan peculiar que nadie se sentía ofendido.

Morgana pasó el día allí en la sala de estar, Elvira se quedó con ella, consolándola, no fueron al comedor en ninguna de las comidas del día, estaban disculpadas, Severus fue allí a la hora del almuerzo y la cena y les dijo a los otros profesores lo que había pasado, ellos se mostraron comprensivos y le pidieron que le diga a Morgana que no se preocupe por las clases, si necesitara ayuda cuando volviera a clase, podría ir a tutoría con ellos cuando lo necesitara. Cuando volvió a su habitación tras el almuerzo, encontró a la niña dormida con la cabeza apoyada en el regazo de Elvira con ella acariciando su pelo, su frente y sus mejillas.

-Está agotada la pobre. ¿Qué tal el almuerzo?

-Bien, me han dicho que le diga a Morgana que lo sienten mucho y que no habrá problema con las clases, que se puede tomar un par de días libres si lo necesita. ¿Has conseguido que coma algo?

-Está bien, sí ha comido un poco, espero que para la cena coma un poco más, no sé si te parecerá bien, pero estoy pensando en que esta noche podría quedarse en mi antiguo dormitorio, quizás no sea buena idea que el resto de niños la atosiguen con preguntas. Durante la cena, podrías pedirle permiso a Albus, no creo que se niegue.

-No te niego que no me resulte extraño tener a una alumna durmiendo allí, pero creo que será mejor para que duerma un poco más tranquila y mañana puede ir a su habitación a vestirse para el funeral.

-Gracias, eres un encanto, dile a Charlotte cuando la veas que le traiga un pijama, su cepillo de dientes y sus cosas de aseo, dale mi bolso expandido, que lo guarde todo ahí. También dile que le traiga a Lestat, su gatito, seguro que le consolará tenerlo con ella.

Severus pensó que era mejor ir a ver si veía a Charlotte en ese momento, le dijo que con permiso de Albus o sin permiso, la niña no se iría de allí esa noche. Elvira estuvo a punto de besarlo en la boca, se contuvo, no quería despertar a la niña que dormía un poco inquieta en sus rodillas.

Quedaron en eso, pocos minutos después Morgana se despertó y Elvira le hizo tomar un poco de té y algunas galletas, había almorzado poco y no quería que se pusiera enferma. En ese momento Severus salió a buscar a Charlotte, la encontró rápido, la niña venía por el pasillo buscando a su amiga, Severus le contó brevemente lo que había pasado y le dio el encargo que le había encomendado Elvira, ella estaba encantada de ayudar a su amiga, fue corriendo al dormitorio y recogió lo que Morgana pudiera necesitar y a Lestat, el gato se mostró un poco receloso con Severus, pero se dejó coger. Cuando Severus volvió a su sala de estar Morgana acababa de terminar de comer y se puso muy contenta cuando vio que el profesor Snape traía a su gato, abrazó con cariño a su gato y le dio las gracias al profesor con timidez. Poe se acercó a ellos y, como dijo Morgana, los dos empezaron a jugar y la niña se distrajo un rato observando sus juegos. Severus y Elvira se apartaron un momento para hablar.

-¿Le has dicho que sólo por esta noche se puede quedar aquí?

-Aún no, pero creo que viendo aquí a su gato, se lo debe estar imaginando. - Sin que se dieran cuenta, Morgana se acercó a ellos cuando escuchó su conversación.

-Entonces, ¿esta noche me puedo quedar aquí? - Severus habló:

-Sí, sólo por esta noche. - La niña lo sorprendió abrazando al hombre por la cintura y dándole efusivamente las gracias. Él le acarició levemente el pelo, cuando Morgana se dio cuenta de lo que había hecho, se apartó un poco bruscamente de él, completamente sonrojada, y fue a seguir jugando un poco con su gato, Elvira les puso comida a los gatos y le enseñó la habitación donde dormiría esa noche y el baño que podría utilizar. Severus se quedó en la sala de estar aún consternado, nadie solía abrazarlo, sólo Elvira, por razones obvias, Minerva, Pomona o Poppy y sólo porque sabían que lo fastidiaban, pero nunca un alumno agradecido. Elvira tenía razón, esa niña no era como las demás.

Cuando llegó la hora de cenar, Severus fue al comedor y Elvira se quedó con Morgana en la habitación, sabía que si alguien conseguía que la niña comiera algo sería ella, le encargó a Polly que les trajera la cena para las dos y le pidió que le trajera algo de postre que sea especial, esa niña se merecía un pequeño capricho, después de todo no le había pedido nada en todo el día, tampoco le apetecía comer mucho. Severus fue al comedor y, en lugar de pedir permiso como había pensado hacer, se limitó a informar a Albus que Morgana dormiría esa noche en el dormitorio de Elvira y que al día siguiente ellos la acompañarían al funeral. Como supuso, Dumbledore no prohibió que se quedara allí, Minerva le dijo que quería asistir al funeral también, recordaba a Glenda con cariño de sus años de estudios y aunque no se veían tanto como hubieran querido solían escribirse a menudo. Severus no puso ningún problema, saldrían directamente por el floo de la oficina del director y llegarían directamente a la casa de la familia Fox, no muy lejos estaba el cementerio donde sería enterrada la mujer, cerca de las tumbas de su marido, su hijo y su nuera. Estaba todo arreglado para la mañana siguiente.

Cuando terminó la cena, Severus fue a su habitación, Dumbledore lo eximió, sólo por esa noche, de sus obligaciones de vigilancia. Al llegar encontró a Elvira en la puerta de la habitación donde dormiría la niña, observaba a Morgana que ya se había acostado, llevaba varios días sin dormir bien y estaba agotada, los dos gatitos se habían echado a dormir a su alrededor como si la estuvieran protegiendo. Severus se acercó a Elvira y pasó su brazo por su cintura, ella se abrazó a él y, sin hablar, se fueron a su dormitorio, no sin antes cerrar la puerta y ponerle protecciones especiales que los avisaría si Morgana los necesitaba. Cuando entraron a su dormitorio Severus empezó a hablar:

-Sabes, nunca me hubiera imaginado que fueras tan maternal, has pasado todo el día cuidando de ella y ahora la estabas mirando dormir de forma muy tierna.

-Yo tampoco me he considerado nunca muy maternal, los niños no me disgustan y se me dan bien, por lo general suelen hacerme caso y les caigo bien, pero no había pensado en tener hijos propios, no es lo mismo pasar un rato con ellos o cuidar al bebé de una amiga para hacerle un favor, que tener y educar un hijo propio, además no encontré a nadie que me gustara tanto como tú. Pero esa niña se ha quedado muy sola y he prometido cuidarla, quiero ayudarla. No es sólo por obligación o por cumplir una promesa, les tengo cariño a muchos de mis alumnos, pero ella es especial, quizás porque ha sufrido muchas pérdidas, otros han perdido a sus padres, pero tienen tíos, primos, hermanos, más de un abuelo que pueden cuidarlos, pero ella ya no tiene a nadie. Creo que verla tan desvalida ha hecho que se despierten mis ganas de protegerla.

-Entiendo lo que quieres decir, yo también pasé por algo parecido a lo que le ha pasado a ella, pero no era tan pequeño, estaba acabando mi quinto año, estuve un poco perdido, luego llegaste tú en mi séptimo curso y me hiciste muy feliz, debí haber seguido mi instinto en aquella ocasión, me decía que me olvidara de esos imbéciles y que debería irme contigo, como recordarás, me perseguían para que me uniera a Voldemort, cuando estabas conmigo los ignoraba, pero cuando te tuviste que ir me dejé seducir por sus promesas de gloria… sé que no es comparable, ya no hay psicópatas megalómanos que puedan ponerla en peligro. Pero creo que sabes a lo que me refiero.

-Sí, bueno, mi amor, buenas noches. Será mejor que tratemos de dormir, mañana nos espera un día de muchas emociones. - Severus la besó, luego ambos se acostaron y trataron de dormir.

Al día siguiente se levantaron y Elvira fue a ver qué tal había dormido Morgana, se había levantado durante la noche a ver qué tal estaba aunque las protecciones no la habían avisado, supuso que la infusión de valeriana que le dio antes de dormir y que había pasado muy malas noches los últimos días la hizo dormir, quizás un poco inquieta, pero por lo menos había dormido casi toda la noche. Cuando Morgana se despertó fue al baño mientras Elvira le pedía a Polly desayuno para los 3, ese día Severus no fue al comedor a desayunar, fue la primera vez desde que estaban juntos que Severus y Elvira se ducharon por separado, mientras la niña se aseaba Elvira se duchó rápido y mientras Polly dejó el desayuno en su sala de estar. En poco tiempo los tres estaban desayunando, la niña parecía no tener muchas ganas de comer, pero cuando Severus notaba que no comía lo suficiente, con sólo mirarla, Morgana empezaba a comer. Cuando terminaron de desayunar, Elvira acompañó a Morgana a su dormitorio para que se vistiera adecuadamente para el funeral. La pequeña recogió sus cosas y a su gato, Elvira le dijo que siempre que quisiera ir a visitarla a su habitación podía traer al gato con ella, Poe y Lestat habían hecho muy buenas migas. Al llegar a la sala común, los alumnos ya sabían lo que había pasado y los chicos que había allí se mostraron muy comprensivos y le dieron muchas palabras de ánimo y cariño. Elvira, mientras Morgana fue a su habitación, les dijo a los chicos que se fueran a clase, les contó que ese día no habría clases de pociones, que se reanudarían al día siguiente.

Cuando volvieron a la habitación de Elvira y Severus, él ya tenía puesta su capa, Elvira sólo tuvo que ponerse la suya, coger su varita y su bolso y encargarle a Polly que cuidara a Poe en su ausencia. Fueron al despacho de Dumbledore donde ya estaba todo arreglado y los esperaba la profesora McGonagall. Normalmente, Minerva no era muy afectuosa con los alumnos, pero cuando vio a la nieta de su buena amiga se acercó a ella y la abrazó diciéndole que si necesitaba algo en lo que pudiera ayudarla no dudara en pedírselo, Morgana sabía que su abuela era amiga de la profesora McGonagall, pero le sorprendió que la abrazara así. La niña empezó a llorar en brazos de su profesora de transformaciones, cuando se calmó un poco usaron el floo para ir a la casa la familia Fox. Al llegar la niña vio la que era la casa de su abuela y volvió a emocionarse, Elvira rodeó sus hombros con su brazo y Morgana la abrazó. Cuando se tranquilizó un poco se aparecieron en el cementerio de la ciudad, era una zona mágica y podían hacerlo sin temor a que los vean los muggles. Elvira hizo una aparición conjunta con la niña, Minerva no necesitó que Severus la apareciera con él, ella había estado allí antes en el funeral del marido de su amiga.

Se celebró el funeral, estaba más concurrido de lo que Elvira había imaginado, Glenda no tenía más familia que su nieta, pero tenía muchos amigos. Tras el entierro, todos hablaron muy cariñosamente a Morgana, que se mostró agradecida. Minerva volvió a Hogwarts tras el funeral, les dijo que los vería pronto. Fueron a la casa de nuevo, por si Morgana quisiera buscar algo para llevárselo a Hogwarts, la niña prefería revisar las cosas de Glenda durante el verano. Elvira llevaba su bolso mágicamente expandido para ello. Sólo quiso llevar consigo unos libros que le encantaba leer con su abuela y una foto enmarcada en la que salían juntas en el último cumpleaños de la niña, en ella Morgana y Glenda estaban muy sonrientes con una feliz Morgana con su gatito Lestat en sus brazos.

Cuando terminaron allí, Severus las llevó a almorzar a un restaurante cercano, después tendrían que ir al despacho del abogado de la señora Fox que los esperaba sobre las 4 de la tarde. Mientras hacían tiempo fueron a pasear por los alrededores, era un pueblo mágico muy agradable, era un barrio muy bonito con casas bastante bonitas y jardines bien cuidados. La propia casa de los Fox era amplia y bonita y tenía un bonito jardín, bastante grande, con flores y un pequeño invernadero con ingredientes, la niña decía que ese invernadero era de su abuelo allí plantaba sus ingredientes y que la abuela, aunque no fabricaba muchas pociones, lo mantenía muy cuidado, decía que si no el abuelo la asustaría por las noches si lo descuidaba.

Llegó la hora de ir al despacho del abogado, era mago y el director de la clínica les facilitó la dirección para que fueran por floo a la hora acordada. Llegaron a una oficina llena de papeles, archivadores y estanterías con libros gruesos encuadernados en cuero. Una recepcionista los hizo pasar a la oficina del abogado de la señora Fox, era una oficina grande con un mobiliario elegante, con libros y algunas carpetas y papeles en el escritorio. El señor O'Halloran, el abogado, le dio sus condolencias a Morgana e invitó a los 3 a sentarse en las sillas frente a su escritorio. Les contó que el sábado fue llamado urgentemente por la señora Fox que quería cambiar algunas cosas en su testamento, había dejado como heredera a su única nieta, eso no había cambiado, ella heredaría su casa y los intereses que recibía cada mes de las patentes que creó su marido, con lo que no tendría problemas económicos y podrá pagar sus estudios, en cuanto cumpliera la mayoría de edad podrá vender la casa si lo deseaba o reformarla como le viniera mejor. Después dijo que ella no pensaba que moriría antes de que la niña fuera mayor de edad y que, nombraba como tutora legal de Morgana y administradora de sus bienes mientras sea menor de edad a Elvira O'Hara. Los tres se quedaron muy sorprendidos, especialmente Elvira, no podía creer que esa mujer a la que sólo había visto dos veces en toda su vida le hubiera dejado la tutela de su nieta. La mujer le preguntó al abogado si era correcto, el señor O'Halloran se lo confirmó. También les dijo que la señora Fox le dijo que notó que su nieta estaba muy encariñada con su profesora y que cuando Elvira la visitó le dio la sensación que era recíproco y que se preocupaba por su bienestar. Llevaba tiempo pensando en quien podría cuidar de su niña y cuando la conoció supo que era la mejor opción, también dejó escrito que Elvira podría adoptar a Morgana pasado un tiempo, si ése era su deseo. Morgana se quedó impresionada y empezó a sollozar suavemente, no se esperaba que su abuela hiciera algo así. Una vez el abogado les informó de todo lo necesario y tuvieron que firmar algunos documentos, se despidió de ellos que volvieron a la que ya era oficialmente la casa de Morgana, la niña apenas había hablado. Cuando llegaron a su casa lo primero que hizo fue preguntar a Elvira si era para ella una molestia cumplir con la última voluntad de su abuela, no quería ser una carga para nadie. Elvira la abrazó y le dijo que por supuesto que cuidar de ella no será una carga, además ya había considerado adoptarla en caso de que su abuela no hubiera estipulado su custodia. Morgana la miró anonadada.

-¿De verdad estaba pensando en adoptarme si la abuela no le hubiera nombrado mi tutora?

-Claro que sí, te tengo mucho cariño, además le prometí a tu abuela que te cuidaría y te dije que nunca permitiría que te mandaran a un orfanato o te pusieran bajo la tutela de alguien que no te gustara. Antes de que lo preguntes, el profesor Snape estaba de acuerdo con ello y me dijo que me apoyaría con ello. - Severus observaba la escena sin decir nada, pero en ese momento habló con la niña que lo miraba como si de pronto se le hubiera puesto el pelo de color rosa fucsia.

-Es cierto, no me iba a negar a que Elvira te salvara de vivir durante las vacaciones en un orfanato o con una horrible familia de acogida, supongo que sabes, como todo el mundo, que estuve en una situación similar, no soy tan desalmado como aparento, además, mi felicidad depende de Elvira, no soportaría perderla.

La niña se soltó de los brazos de Elvira y volvió a abrazar a Severus, él le devolvió tímidamente el abrazo, eso sí, le advirtió que no tenía problema en que lo considerara su tutor, igual que a Elvira, pero que no lo ande diciendo por ahí y que se abstuviera de abrazarlo en público, él tenía que mantener su imagen de cabrón desalmado. Morgana sonrió aún entre lágrimas, ya no estaba tan triste, su abuela le había dado una familia, poco convencional en el mundo mágico, pero por lo menos no iría a un orfanato. Elvira y Severus le dijeron que en privado podía llamarlos a ambos por su nombre de pila, eso sí delante de sus compañeros siempre debía llamarlos "Profesor Snape y Señorita Elvira". La niña estuvo de acuerdo.

Volvieron a Hogwarts, Morgana estaba deseando llegar a su habitación y contarle las novedades a Charlotte, omitiendo lo que le dijo Severus y que podía tutearlo, no quería estropear su imagen de cabrón, como él decía. También quería guardar en su baúl los libros que se había traído para leer esa noche y poner su foto en su mesilla de noche. Severus y Elvira se quedaron con Albus para contarle las novedades, ahora Elvira era la responsable de Morgana. A Albus le sorprendió que Severus no se mostrara enfadado y contrariado por ello…y eso lo hizo enfadarse:

-De verdad Albus, ¿Qué clase de desalmado piensas que soy? ¿De veras crees que voy a negarme o a montar un escándalo porque mi pareja acoja a una huérfana? Creía que tenías mejor concepto de mí.

Albus se sintió avergonzado por, como casi todos, prejuzgar a ese hombre, lo conocía desde que tenía 11 años, conociendo su historia no debería haber pensado eso de él. Albus mantendría esa conversación en privado.

Los dos salieron de allí, el día transcurrió con normalidad, al llegar la hora de dormir Severus y Elvira fueron a su habitación y ella le dijo que aunque sólo había pasado allí un día, echaba de menos a Morgana, él la miró con una ceja levantada y una sonrisa malvada.

-Yo no la echo tanto de menos, ahora te tengo para mi sólo.

Entonces la cogió en sus brazos y la llevó a su dormitorio besándola con pasión, la metió en su cama y le hizo el amor intensamente como deseaba desde hace días. Finalmente cayeron dormidos y agotados, sus vidas habían cambiado, ahora tenían una niña a la que cuidar, pero eso no les impediría nunca ser tan apasionados como siempre.