- Será mejor que comiences a hablar, hermano - sonrió - Te aseguro que nadie pidió estar en este lugar, pero... cuanto antes podamos salir, mejor.
- ¿Y quién te dijo que van a lograr escapar de las manos de Magatsuhi? - su sonrisa se esfumó - ¿Quieres saber la historia? Bien, pero estas bajo tu propio riesgo.
- Sesshomaru - pronunció, sentándose frente a él - Tu maldito socio está dispuesto a todo... ¿Qué diferencia tiene con este idiota?
- Que Magatsuhi lo hará sin dudarlo - respondió con seriedad - Bankotsu sólo es un idiota.
- Bien, lo que digas... te escucho.
- Como fastidias... - gruñó, al mismo tiempo en que un imperceptible suspiro abandonaba sus labios.
Inicio del flashback
- Amor... - Kagura se acercó, sentándose en su regazo - Debes estar tranquilo... - acarició su mejilla - El negocio va bien, sólo es cuestión de tiempo.
- No es eso lo que me preocupa - respondió con seriedad, mirando sus ojos rojos.
- ¿Entonces?
En ese momento, Bankotsu ingresó a la oficina del peliplata.
- Oh, lamento interrumpirlos, tortolitos - sonrió - Sesshomaru, tengo que hablar contigo a solas.
- Puedes hablar frente a ella - ambos se pusieron de pie - Como socia de la firma, debe estar al tanto de todo.
- De acuerdo, como quieras - se encogió de hombros - ¿Consideraste lo de Magatsuhi?
- Creí que ese era un tema cerrado - ahogó un suspiro de frustración que amenazó con salir en ese momento.
- Otra vez con eso - bufó - ¿Tienes idea de cuanto nos ayudaría el dinero que nos ofreció?
- ¿Y tú eres consciente de lo que tienes que hacer para ganar ese dinero?
- ¿Qué? ¿Desaparecer algunos documentos y modificar otros? es pan comido, idiota.
- ¿Si sabes que la muerte de su ex pareja es dudosa verdad? - intervino Kagura.
- Bah... ella murió en el parto - hizo una ademán con su mano.
- ¿Entonces por qué quiere eliminar el nombre de la mujer de los documentos legales del hospital?
- Kagura... eso no me interesa.
- Bankotsu - Sesshomaru volvió a tomar la palabra - Su hija comenzará las prácticas en ese hospital el siguiente año, ¿no te parece demasiada casualidad?
- Oigan, también se dice que le dijo a su hija que su madre la abandonó y, ¿saben una cosa? tampoco me interesa.
- No hicimos esta sociedad para rodearnos de gente como él.
- Habla por ti... yo haré lo que sea necesario para que esta firma llegue a la cima.
- Entonces deberás hacerlo solo - se sentó en su escritorio - No pienso tener nada que ver con ese sujeto, espero que lo tengas claro.
- Bien, tú te lo pierdes - volteó, saliendo de la oficina.
Fin del flashback.
- Magatsuhi es una persona complicada...
- Antes de decir eso, lo mejor sería que me dijeras, ¿Quién es Magatsuhi?
- Hm... - sonrió, sirviéndose un poco más de ron - Es un bastardo.
- No me digas... ahora, di algo que no sepa.
- Magatsuhi es el hermano de un hombre llamado Kirinmaru... uno de los jefes de la mafia más grande de toda Francia, la Unione Corse.
- ¿Mafia? ¿Es mafioso?
- No, es el hermano de uno de ellos... de uno de los lideres de ellos.
- Bueno... eso explicaría el porque de sus métodos tan primitivos.
- Sólo usa sus formas... su fachada es la de un financista millonario, uno que tiene la reputación de cobrar severamente sus deudas.
- Hay algo que no comprendo... - apoyó sus codos sobre la mesa - ¿Por qué un hombre de su calibre le pediría ayuda a una firma de abogados relativamente nueva?
- Recomendación. - respondió sin titubear. - ¿Crees que este es el único trato sucio que Bankotsu tomó?
- ¿Es bueno en lo que hace?
- Sólo cuando se trata de manchar sus manos...
- ¿Tú sabías que Kagome era familia de su hija?
- ¿Acaso me estas interrogando?
- Sólo responde.
- Que no se te olvide con quien estas hablando, Inuyasha.
- Momentáneamente, estoy hablando con mi hermano.
- Si, tu hermano mayor, el que puede decidir que responder y que no - hizo una pausa - No, nunca supe, ni quise saber, quién había sido la esposa de Magatsuhi.
- ¿Esposa?
- Así se refería a ella.
- ¿Alguna vez investigaron la muerte de ella?
- ¿Qué parte de que yo nunca quise saber no entendiste? - frunció el ceño - Bankotsu decidió ayudarlo, él fue quien escuchó su historia.
- Y tú jamás objetaste...
- Estamos en dos áreas diferentes, nuestros clientes son diferentes, jamás interferí en su trabajo, así como él jamás interfirió en el mío.
- Sesshomaru - entrecerró sus ojos - ¿Qué me ocultas?
- ¿De que demonios hablas?
- Las armas, los guardaespaldas, el dinero... ¿todo eso sólo con este trabajo?
Una pequeña risa abandonó los labios del peliplata, una muy inusual en él.
- Dime, Inuyasha... - apoyó sus codos sobre la mesa - Si tienes una sociedad con alguien que hace tratos con la mafia, ¿no crees que necesitarías protección?
- No mencionaste que Bankotsu hiciera tratos con ellos...
- ¿Eso importa?
- Por supuesto que importa... eso significa que no es un simple idiota, de hecho, lo convierte en algo mucho más peligroso.
- ¿Crees que si tuviera tanta influencia no hubiera acabado conmigo hace mucho?
- Eso me genera aún más dudas... ¿por qué todos te temen? - él sonrió - Vi las reacciones de los hombres de Magatsuhi cuando llegaste.
- Porque saben de lo que soy capaz...
- ¿Matarías a alguien?
- ¿Nuestra sangre permite el asesinato?
- No lo sé, tú dime...
- Tú y yo iremos a hablar con alguien mañana por la tarde... ahí podrás aclarar tus dudas con respecto a la maldición.
- Sólo quiero aclarar las dudas sobre que tanto puedo que confiar en ti - respondió con seriedad.
- Les he salvado la cabeza a todos tus amigos, ¿Qué clase de imbécil haría eso por ti?
- ¿Me salvarías la vida en caso de ser necesario?
- Sabía que eras un debilucho, pero jamás pensé que serías una princesa en apuros - se burló - ¿Quieres un vestido también?
- Mi pregunta va enserio.
- Y mi respuesta llegará en el momento en el que tengas un arma sobre la cabeza - se puso de pie - Puedes quedarte aquí o irte, al parecer esta noche mi casa funcionará como hotel.
Se puso de pie y comenzó a caminar en dirección al living, mientras él emitía un sonoro suspiro y rascaba la parte posterior de su cabeza.
- ¿Qué mierda tenemos que hacer para alejarnos de todo esto? - murmuró.
Otra vez estoy aquí.
Pensó, encontrándose nuevamente en los pasillos de aquel hospital.
De acuerdo... si así tienen que ser las cosas...
- ¡Hikari! - gritó - ¡Hikari! ¡¿Dónde estas ?! - comenzó a caminar - ¡Hikari! Por favor... ya sabemos la verdad - murmuró la última frase.
En ese momento una luz se encendió a sus espaldas, una que provenía del interior de una de las salas.
¿Acaso es la sala en donde la vi por primera vez?
Comenzó a caminar hacia ella, quedando al frente de la puerta, en donde abrió ampliamente sus ojos, al mismo tiempo en que tapaba su boca.
Magatsuhi.
- Hola, mi pequeña - sonrió, acariciando su mejilla - ¿Cómo te encuentras?
- ¿Qué...? ¿Qué demonios haces aquí? - murmuró, abriendo ligeramente sus ojos - ¿Dónde esta mi bebé?
- No te preocupes, Kikyo está bien - dirigió sus ojos rojos a la pequeña incubadora, en donde ella estaba descansando.
- ¿Kikyo?
- ¿No era ese el nombre que querías ponerle?
- Jamás te lo dije - respondió incrédula.
- Hikari... mi hermosa Hikari, al parecer no entendías todo lo que mis palabras significaban... ¿recuerdas cuando te dije que jamás podrías escapar de mi?
- Te dije que me dejarás tranquila... te dije... que yo me haría cargo de ella - su voz comenzó a temblar - Te dije... que no quería nada de ti, tampoco voy a molestarte.
- Mi amor - su sonrisa se amplió - No me interesa lo que quieras...
- Magatsuhi...
- Shhh, ha llegado el momento en que pagues por todo... sólo voy a decirte algo y espero que lo guardes en lo profundo de tu corazón... eres la primera y última mujer que me pondrá un dedo encima.
- Sólo me defendía de tu maltrato.
- Eso no importa ahora.
Su mano se deslizó a través de su mejilla hasta quedar a la altura de su cuello. Ella intentó moverse, sin embargo el dolor del parto aún se mantenía latente, después de todo, sólo había pasado una hora desde el nacimiento de su hija.
- ¿Qué sucede mi amor? ¿No puedes moverte? - el agarre sobre su cuello comenzó a ser más fuerte - Tranquila... será rápido.
¿Qué está haciendo?
Kagome llevó sus manos a su cuello, sintiendo la misma falta de aire que había experimentado en el suelo anterior.
¿Acaso él la asesinó de esa manera? No... es imposible... no pudo ser, ¡maldición! No puedo... respirar.
Él la soltó, alejándose un par de pasos, al mismo tiempo en que metía la mano en el saco de su traje y tomaba una jeringa, mientras ella intentaba recobrar el aliento.
- ¡Ayúdenme por favor! - gritó, tratando de ponerse de pie - ¡AYUDENME!
Él la abofeteó, provocando que cayera nuevamente en la cama en el mismo momento en que la bebé comenzaba a llorar.
- ¡Mi hija!
- No te preocupes - volvió a tomarla del cuello y, con su rodilla, aprisionó su brazo contra la cama - Yo cuidaré de ella.
- ¡No! No, no, no, por favor, ¡mi bebé! - extendió su brazo libre como si aquella acción fuera acortar la distancia entre las dos.
La aguja atravesó su blanca y delgada piel con la misma fuerza en la que su mente comenzaba a comprender lo que sucedería una vez que aquel liquido recorriera la totalidad de su cuerpo.
- Mi... mi hija...
En cuestión de segundos su vista comenzó a nublarse y no sólo por sus lagrimas. Su cuerpo comenzó a experimentar un hormigueo colosal, al mismo tiempo que sus extremidades se iban haciendo cada vez más pesadas, hasta llegar al punto en el que le fue imposible moverlas.
- Bebé... mi... mi bebé.
Sus ojos se cerraron mientras sus últimas lágrimas recorrían sus mejillas, a sabiendas de que jamás volvería a abrirlos.
- Hasta siempre... mi hermosa dama - quitó la almohada de debajo de su cabeza y la colocó sobre ella, presionándola con fuerza hasta que su pecho dejo de subir.
- De acuerdo - quitó la almohada, y la regresó a su posición, acariciando por última vez su mejilla - Un problema menos.
Caminó unos pasos y se detuvo, observando a la pequeña bebé, la cual se mantenía llorando.
- Bienvenida, mi querida Kikyo - sonrió - Me presento, soy Magatsuhi, tú papá y la persona que se encargará de cuidar de ti - miró de nuevo a Hikari - Ya que mamá tuvo que irse... - sonrió - Sólo, dame un momento.
Salió de la habitación, pasando por el lado de Kagome, y se perdió por el inmenso pasillo.
- Así perdiste la vida... - sus ojos se encontraban llenos de lágrimas, mientras su mano sostenía el collar de la perla.
- Sálvala - volteó rápidamente ante la voz de ella, encontrándose con sus ojos castaños, aún llenos de lágrimas - Salva a mi bebé.
Se sentó de golpe, dando una gran bocanada de aire. Le tomó unos segundos aclarar su mente y reconocer la habitación de Rin, amén de percatarse de que su mano sostenía la perla de su collar y sus mejillas estaba humedecidas, producto de las lágrimas que había derramado inconsciente.
- Hikari... yo... lo siento tanto - murmuró, mientras su vista se nublaba - Te prometo... que haré todo lo posible por salvar a Kikyo de... de esa persona.
Por primera vez desde que había comenzado a soñar aquellas cosas, la perla no la rechazó, por el contrario, se sentía reconfortante tenerla entre sus dedos, el contacto de su piel con la fría textura del dije le producía cierta calidez, una que contrarrestaba notablemente con su estado emocional.
Rin.
Miró hacia la cama de su prima, notando que ella no estaba ahí.
- ¿Qué hora es? - se puso de pie, tomando su celular y respirando aliviada ante los diferentes mensajes que encontró - Kikyo... - sonrió.
Hola, Kag... lamento haberte preocupado, por suerte ellos llegaron a ayudarnos, aunque... Naraku está en el hospital... me quedaré en la casa de Sesshomaru esta noche, te llamaré en la mañana ¿si? apagaré mi teléfono.
- Por dios... esto es demasiado - suspiró, tecleando su respuesta.
- Kikyo... cuando puedas, llámame, necesito que hablemos.
Envió el mensaje, notando que también había un mensaje de Inuyasha, el cuál decidió responder más tarde. Se puso de pie y salió de la habitación en dirección a la cocina, en dónde se percibía un ligero aroma dulce. Se asomó a la puerta, sonriendo ante la imagen que se le presentó.
- Tía Kahori...
La mujer volteó, esbozando una enorme sonrisa, una en la que se formaban una pequeñas arrugas en la comisura de sus labios.
- Kagome - pronunció con su dulce voz - Qué alegría verte - se acercó, extendiendo sus brazos.
- Ha pasado tiempo - recibió su abrazo, apoyando su cabeza en su hombro, cerrando sus ojos. Se apartó, encontrándose con sus ojos color miel - ¿Rin ya se fue?
- Si... tenía que trabajar temprano - se paró frente a la cocina - Puedes sentarte, el desayuno estará listo en un momento.
Hizo caso, ocupando su lugar, mientras comenzaba a jugar con sus manos.
¿Debería hablar con ella sola o tendría que esperar a Rin?
Extra: Primera noche
Abrió sus ojos lentamente, mientras la tenue luz que se colaba por la ventana, iluminaba su rostro. Extendió su mano, tomando el móvil y observando la hora
Las 08:00 am.
Su mirada se expandió en el mismo momento en que notó que sus pechos se encontraban al descubierto. Se sentó de golpe y sus ojos castaños se dirigieron hacia el costado, en donde el joven aún dormía plácidamente.
- Joven Miroku - murmuró, al mismo tiempo en que sus mejillas comenzaban a arder, recordando lo sucedido la noche anterior.
Ingresaron al departamento del castaño, tomados de la mano y riendo. Ella lanzó su pequeña campera al sofá y él imitó su acción.
- ¿Te gustó la cena? - preguntó, tomándola de la cintura y pegando su frente a la suya.
- Demasiado elegante, pero... me encantó - sonrió, rodeando su cuello con ambos brazos.
- Bueno... yo opino, que te ves hermosa con ese vestido.
No mentía, la jovencita lucía un vestido rosa, con muchos brillos, el cuál delineaba perfectamente su delgado y bello cuerpo. Su sonrisa se amplió, mientras sus labios se unían suavemente a los suyos.
- ¿Esta seguro de lo que me dijo?
- ¿No era lo que querías escuchar?
- Quería escuchar eso... sólo en el momento en el que usted lo sintiera.
- Sango... - acarició su mejilla - Si no quisiera... no te lo hubiera pedido.
Finalmente, luego de tanto esperar, el joven había decidió dar un paso más allá y apostar por una relación junto a ella, algo que la hacía inmensamente feliz y, al mismo tiempo, le generaba miedo un posible fracaso, uno que no quería contemplar.
- Oye... - sus labios volvieron a curvarse - Te quiero... no lo dudes.
Lo besó, moviendo suavemente su boca contra la de él, mientras el inevitable deseo comenzaba a apoderarse de su pecho.
Sabía que Miroku había mantenido relaciones con muchas mujeres y, el hecho de que aún no lo hubiera hecho con ella, le generaba una nueva inseguridad, es decir, ¿y si no era lo suficientemente buena? o ¿Qué sucedería si no alcanzaba sus expectativas? Además, para esa altura, ya había fantaseado, en más de una ocasión, con unir su cuerpo al de él.
Separó ligeramente sus piernas, pegándose lo suficiente como para sentir su miembro en su pulso. Notó que el cuerpo del hombre se tensó ante aquella acción y sus dedos apretaron ligeramente sus caderas.
- Sango... - pronunció, intentando separarse.
- Shhh, no diga nada... déjeme elegir el postre.
- Pensé que ya lo habías elegido en el restaurante...
- ¿Acaso no me desea?
- ¿Qué dices? - deslizó sus manos por su espalda hasta la altura de su trasero, el cual apretó fuertemente.
Un leve suspiro abandonó su boca, mientras mordía su labio inferior.
- ¿Realmente quieres hacerlo? - preguntó, dejándose llevar, poco a poco, por el mismo deseo que ella profesaba.
- ¿Tiene alguna duda?
Sin responder, la tomó por sus muslos, mientras ella envolvía las piernas alrededor de su cadera y él avanzaba hacia la habitación. Podía notar levemente como el cuerpo de ella temblaba, mientras escondía su rostro contra su cuello.
Mi vida, está nerviosa.
Sonrió, dispuesto a regalarle la mejor noche de su vida.
Ingresaron a la habitación y, sin detenerse, se lanzó a la cama, cayendo sobre el cuerpo de su compañera, quién abrió aún más las piernas. Sus labios volvieron a unirse, mientras él comenzaba a moverse, restregando su miembro contra su entrada, con la ropa como único impedimento.
Llevó sus manos hacia sus muslos, acariciando su parte externa. Ella se estremeció al sentir sus cálidos dedos recorriendo su piel desnuda, lo que provocó que arqueara su espalda, sintiendo un fuego interno que quemaba cada vez más.
- Quiero sentirlo más - murmuró contra sus labios.
- ¿Quieres más? - llevó sus besos hacia su cuello y comenzó a ascender, llevándose su vestido entre sus dedos.
Se alejó levemente, contemplando la hermosa vista frente a sus ojos. Sango lucía un perfecto conjunto de encaje negro, el cuál generó que su miembro se hinchara aún más, deseoso de quitar aquella tela y adentrarse de un solo movimiento.
- Mi vida... - murmuró, posando sus manos sobre sus pechos, acariciándolos y masajeándolos con suavidad - Preciosa... - pronunció, observando como ella mordía su labio inferior, con sus ojos posados en aquella acción.
Se quitó la camisa y, posteriormente los pantalones, quedando en ropa interior y apoyando su miembro en su zona intima, deleitándose con aquel roce de mayor sensibilidad. Comenzó a besar sus pechos por sobre la tela, sin dejar de acariciar su cuerpo.
- ¿Puedo hacerte una pregunta? - pronunció contra la delgada tela.
- Dígame...
- ¿Eres virgen? - su cuerpo se tensó ante su comentario y él se alejó, mirándola fijamente - No tengas vergüenza, no voy a juzgarte.
- Bueno... - desvió la mirada, temerosa de hablar - Si... si, lo soy.
Cerró sus ojos, esperando que ese fuera el fin de ese encuentro, sin embargo, los abrió ampliamente al sentir como él quitaba su brasier, liberando sus pechos.
- Entonces... - se acercó a ellos, pasando su lengua por uno de sus pezones - Seré suave... lo prometo.
- Joven Miroku... - murmuró, observando como él hundía su boca, lamiendo y mordiéndolos levemente - Oh, por dios...
Su espalda volvió a arquearse al sentir el contacto directo de su piel sensible con uno de sus dedos.
- Oh... mi vida... estas demasiado mojada - gruñó, ingresando su dedo índice en su interior, al mismo tiempo que, con su pulgar, acariciaba su zona erógena.
- ¡No puede ser! - gritó ella, sintiendo un calor abrazador emerger en su vientre.
Ascendió sus labios hacia su cuello, quitando sus bragas y deslizando su ropa interior, exponiendo su miembro al calor que emanaba la cavidad femenina.
- ¿Estas lista?
- Por favor...
- Si te duele, sólo dime y me detendré.
- No se detenga.
Sonrió ante aquella frase, la cuál se pronunció con un cierto dejo de súplica. Mordió sus propios labios al sentir como su sexo se abría paso en su interior, siendo completamente abrazado por sus cálidas paredes, las cuales eran más estrechas de lo que hubiera imaginado.
- Sango... - gruñó contra la piel de su cuello - Esto es... delicioso.
- Joven Miroku... - respondió en el mismo tono, sintiéndose completamente llena y deseosa de más.
- Eres deliciosa.
Volvió a besarla, al mismo tiempo en que comenzaba a realizar entradas suaves, con el fin de que ella se acostumbrara rápido a su acción.
¡Maldición! Es demasiado estrecha... jamás sentí el deseo de terminar tan rápido.
Pensó, sintiendo como su miembro crecía en su interior, a sabiendas de que él era el primero en probar su cuerpo.
- Más... - un gemido resonó contra su boca.
- ¿Más rápido?
- Más... quiero... que me penetre completamente.
¡Demonios! Sango... no me pidas esas cosas...
Separó aún más su piernas, haciéndole caso e ingresando de una sola estocada, hasta que su miembro se perdió completamente en su interior. Un grito de placer fue su mayor recompensa.
- ¿Te gusta? - preguntó contra su oído, mientras sus movimientos se aceleraban
- Me... me en...encanta - su voz se entrecortaba.
Se alejó, posando sus ojos castaños en sus senos y la manera en la que estos se bamboleaban al ritmo de sus entradas.
- ¡Joven Miroku! - arqueó su espalda, provocando que él tomara sus caderas y la elevara un poco, penetrándola con la mayor fuerza que poseía.
Segundos después, sus paredes lo envolvieron de una manera en la que no pudo contenerse y debió salir, no sin antes disfrutar del delicioso calor de sus líquidos bañando su sexo. Terminó sobre la cama, después de todo, era la primera vez de ella y había cometido el error de no usar condón, no podía arriesgarse a ponerla en una situación indeseable.
- ¿Estas bien? - le preguntó, arrodillado, tratando de recuperar el aliento.
- Mejor que nunca - respondió ella con su flequillo pegado a su frente, producto del sudor del encuentro.
- Hermosa - sonrió, acomodándose nuevamente entre sus piernas y depositando suaves besos sobre sus labios.
- Es verdad... - sonrió, desviando su mirada - Él estuvo dentro de mi...
- Y no tengo problema en volver a estarlo.
- ¡Joven Miroku! - lo miró, completamente avergonzada - ¡Pensé que estaba durmiendo!
Sin responder, la tomó del brazo y la jaló en su dirección, provocando que sus pechos cayeran sobre su torso desnudo y sus labios volvieran a unirse.
- Buenos días preciosa... ¿puedes darme mi desayuno?
- ¿Desayuno?
La tomó por las caderas, posicionándola sobre su ya erecto miembro. Ella sonrió y comenzó a acariciar su pecho.
- Ya comprendo... ¿yo soy lo que desea?
Nuevamente no respondió, sin embargo, la elevó, penetrándola sin más. Un sonoro gemido abandonó los labios de ambos, a sabiendas de que el juego había comenzado de nuevo.
Extra: La historia
No pronunció una palabra en su largo camino a casa, algo que era muy inusual en su persona. Al llegar, descendió sin más, mientras su chofer se alejaba. Por primera vez, ingresó a su casa por la puerta principal, ya que no debía preocuparse de molestar a nadie.
Un sonoro suspiro abandonó sus labios y sus pasos se dirigieron, de manera casi automática, hacia los escalones. Ascendió y continuó caminando hasta detenerse frente a la puerta de aquella habitación. El contacto de su mano con el frio del pomo lo hizo dudar, sin embargo, entró.
Sus ojos rojos recorrieron el ancho y largo de aquel espacio, fijando su mirada en las fotos que adornaban el mural que ella tenía colgado en su habitación, junto al arco que le había regalado de pequeña.
El mejor padre del mundo.
Sonrió irónicamente ante el título de aquel recuadro de madera, el cual estaba adornado por las fotos que él y Kikyo se tomaron a lo largo de los años. Decenas de recuerdos lo inundaron, desde su primer cumpleaños, pasando por sus vacaciones en Francia, la primera vez que ella empuñó un arco, las diferentes graduaciones que había atravesado, sin embargo, la última foto provocó que su pecho se apretara. La misma había sido tomada ese mismo verano, en un pequeño crucero al que él, sus hombres y ella habían asistido. Kikyo lucía unos shorts y una playera sin mangas, amen de unos lentes de sol y se mostraba muy sonriente, poseía la misma sonrisa que la mujer que la había traído al mundo, algo que comenzaba a pesar en la mente del hombre.
Se sentó en su cama, pasando las yemas de sus dedos por la sangre reseca de su mejilla, al mismo tiempo en que llevaba su mirada a la zona en la que las balas habían impactado, agradeciendo internamente el hecho de no ser un humano común, sin embargo, eso implicaba que su hija había heredado su condición.
- ¿Cómo es eso posible? - murmuró - La maldición del yokai... no afecta a las mujeres - volvió a posar sus ojos en el mural - Mi pequeña Kikyo... se supone que no debías volverte de esta manera...
Se supone que nunca debías enterarte de la verdad.
- Pero... ¿Quién soy yo para ir en contra del orden natural de las cosas? supongo que sólo me queda deshacerme de quienes me presente problemas - sonrió - Aunque... deberé pedir un respaldo de mi familia.
Una nueva secuencia pasó por su mente en aquel momento.
22 años atrás.
- ¿Seguro que esto funcionará? - le preguntó, observando la jeringa.
- Relájate Magatsuhi - respondió, del otro lado de la videollamada - ¿Acaso no confías en tu buen hermano?
- ¿Desde cuando eres de confianza, Kirinmaru? - sonrió.
- Después de esta noche, dime - le devolvió la sonrisa - Si le administras la dosis completa, dormirá por días, aunque eso no es lo que te interesa que ocurra.
- Hm... supongo que, después de todo, no quiero que sufra demasiado.
- Eres un enfermo - se burló - Aunque más blando que yo... - miró hacia un costado, mientras asentía - Debo irme, avísame si fallas en el intento - cortó.
- Kirinmaru - sonrió - El buen Magatsuhi, jamás ha fallado en nada - se puso de pie - Sólo una vez fallé... la misma en la que estuve dispuesto a dejar todo por ella - el rostro de Hikari pasó por su mente.
Se puso de pie, sonriendo ampliamente al ver como ella entraba al restaurante. Su radiante sonrisa hizo que su corazón se acelerara, al mismo tiempo en que su mano entrelazaba la suya y le depositaba un dulce beso, en su suave piel.
- Magatsuhi... - sonrió, un poco sonrojada.
- Me alegra verla, señorita Hikari - se alejó, corriendo su silla para que ella se sentara - Debo confesar que, por un momento, pensé que no iba a aceptar mi invitación.
- Hm... ¿Quién iba a decir que ese sería el comienzo de los siguientes años? - salió de la habitación, marcando el número de su hermano, decidido a pedirle refuerzos para su siguiente movimiento.
