¿Qué le sucede? ¿Por qué se pone de esta manera? ¡Oid! No soporto cuando se comporta como un niño.

Pensaba mientras caminaba hacia la estación de trenes con una seria expresión en su rostro.

Aunque... ambos estamos pasando por un mal momento... y... todo esto es una tontería.

- Inuyasha - murmuró, deteniéndose frente a las vías, a la espera del ferroviario.

En ese momento, su celular vibró en su bolsillo. Lo tomó, sonriendo levemente ante su mensaje.

Lo siento, Kag. Espero que podamos habla de esto más tarde... mucha suerte con Kikyo... esperaré tu llamado.

Antes de que pudiese responder, el tren se hizo presente y, gracias al horario, logró conseguir rápidamente un lugar en el que sentarse.

Te llamaré cuando termine.

Envió su respuesta, suspirando levemente, mientras posicionaba su mirada en el exterior.

Necesitamos comunicarnos mejor... sobre todo cuando hay algo que nos está molestando internamente. Necesito saber porque Inuyasha no soporta hablar de su tesis.

Cerró sus ojos, rememorando aquel libro que poseía en sus manos, la primera vez que notó la existencia del peliplata, el cual no había tenido tiempo de leer, y se perdió en la fantasía durante todo el trayecto a casa.

La caminata hacia el templo fue más corta de lo usual, debido a que su mente estuvo pensando en las mil maneras en las que debía decirle a su abuelo que Kikyo iría esa tarde.

- ¡Ya llegué! - pronunció, ingresando a la casa - ¿Abuelo?

- Aquí estoy, hija.

La morena se asomó a la cocina y lo encontró leyendo el periódico.

- Hola - sonrió, acercándose - ¿Mamá y Sota?

- Tú madre en el trabajo y Sota en la escuela, ¿Cómo se encuentra Inuyasha?

- Esta mejor, por suerte... ahora tiene que descansar - hizo una pausa - Oye... hay algo que debo decirte...

- Te escucho - respondió, sin apartar su mirada de las hojas de papel.

- Bueno... yo... - suspiró, cerrando brevemente sus ojos - Anoche estuve con Kikyo y... - sus ojos se encontraron con los del anciano - Y... ella me dijo que...

Maldición, no pensé que sería tan difícil.

- Le dije que viniera a casa... que hablaríamos con ella sobre... lo que ya sabes.

El periódico cayó sobre la mesa, mientras las manos de su abuelo seguían en la misma posición, como si aún lo sostuviera en ellas.

- Kagome - murmuró - ¿Tú le dijiste...?

- Ella sospecha muchas cosas, abuelo... de hecho, quiere saber sobre su madre y... pensé que era una buena oportunidad para... que le cuentes lo que piensas.

El hombre desvió la mirada, poniéndose de pie y comenzó a caminar hacia la salida de la cocina.

- ¿Estas bien? - preguntó, con miedo.

- Si... no te preocupes.

- Abuelo - puso su mano sobre su hombro - ¿Hice algo malo?

- No, hija - la miró, sonriendo, al mismo tiempo en que palmaba su mano - Sólo necesito ir por algunas cosas... avísame cuando tu amiga esté en casa.

- De acuerdo - le devolvió una nostálgica sonrisa.

Él se retiró y ella se dirigió a su habitación, con la intención de cambiarse y regresar a preparar el almuerzo, sin embargo, su celular sonó en ese instante.

- ¿Hola? - respondió, sin observar el número que llamaba.

- Kagome, que bueno escucharte, ¿Cómo estas?

- ¡Koga! - sonrió - Bien, por suerte, ¿tú cómo te encuentras? - colocó su teléfono el altavoz y comenzó a cambiarse.

- Bien... estoy bien, ¿el inútil sigue con vida?

- Oye - soltó una pequeña risa - Inuyasha esta bien, por suerte... la bala sólo rozó su brazo.

- No voy a mentirte Kagome, no me cae bien ese perrucho, pero me alegra que su vida no haya estado comprometida.

- Gracias por eso... y... gracias por haber ido a ayudarnos.

- No tienes que darme las gracias, Kag... dije que siempre te iba a proteger.

Un pequeño silencio se formó entre los dos.

¿Debería decirle a Koga sobre lo que sucedió con Bankotsu?

- Yo... debo irme, lo siento.

- No te preocupes... hablaremos después, ¿si? sabes que, si necesitas algo, puedes llamarme.

- Claro... gracias.

Cortó la llamada, dejando su móvil sobre la mesa de noche y se dirigió a la cocina, en donde comenzó a preparar el almuerzo. Alrededor de una hora después, la sopa de miso se encontraba lista.

- ¡Abuelo! - gritó, mientras servía los platos - ¿Vas a comer?

- Claro, hija - ingresó a la cocina - Huele delicioso.

Ambos se sentaron, frente a frente y comenzaron a comer en silencio.

- ¿Estas bien? - preguntó la joven, luego de unos minutos.

- Si... no te preocupes - sonrió.

- Si no quieres hacerlo abuelo, puedo decirle a Kikyo que venga otro día.

Sin responder, tomó una foto del bolsillo de su hakama y la deslizo sobre la mesa, dejándola frente a su nieta. Ella la tomó, volteándola y tapando su boca al encontrarse con aquella imagen.

- ¡Oh por dios! - soltó su cuchara - Ellas...

- Así es... son tu madre y Hikari, en una competencia de tiro con arco.

No puede ser... ella... es idéntica a Kikyo... sus ojos, su sonrisa, incluso la manera en la que sostiene el arco.

- Sabía que mamá había practicado tiro con arco... pero, en este poco tiempo que se de su existencia, jamás se me cruzó por la mente que ella...

- Las dos amaban ese deporte - sonrió con nostalgia - De hecho... siempre lo practicaban juntas, aún cuando ambas estaban embarazadas - dio un bocado - Me alegra saber que ustedes dos también heredaron ese don.

- Los arcos que sostienen... ¿eran suyos?

- Si... yo se los regalé cuando eran unas adolescentes, pero... cuando Hikari murió, tu madre decidió guardarlos, para siempre.

- ¿Ella jamás volvió a practicar?

- No, pero... se puso muy feliz cuando supo que tú estabas interesada en eso.

- Si, lo recuerdo - sonrió, al mismo tiempo en que las secuencias en las que su madre la alentaba en las pequeñas competencias, pasaban por su mente.

Ahora entiendo porque siempre mostró tanto entusiasmo al verme practicar, todavía recuerdo su sonrisa y el brillo en sus ojos, cada vez que disparaba una flecha.

- ¿Buscaste esta foto para mostrárnosla? - se la devolvió al anciano.

- Sólo por si estaban preparadas - la tomó, guardándola nuevamente - Y, al parecer, tú lo estas.

- Descuida, estoy segura de que ella también lo está - respondió, mientras continuaban almorzando.


Abrió la puerta y sonrió ante los brazos que lo envolvieron.

- ¡Bebé! - la dulce voz de su madre se sintió como una melodía que resonaba en su oído.

- Hola, mamá - correspondió su abrazo.

-¿Cómo te encuentras? - se apartó, acariciando su mejilla.

- Estoy mejor, no es necesario que te preocupes.

- No debes pedirle eso a una madre, Inuyasha - intervino su padre - Es lo que todas hacen.

Los tres ingresaron, mientras el peliplata volvía a cerrar la puerta detrás de él.

- ¿Y Kagome? - preguntó Izayoi, dejando su bolso sobre el sofá.

- Ella... se fue a su casa.

- ¿Esta todo bien? - preguntó Inu No Taisho, al notar el semblante en la cara del joven.

- Si, está todo bien.

- Eso no me lo creo - su madre se cruzó de brazos - Iré al baño, pero cuando salga, hablarás sobre lo que te está pasando.

La mujer se encaminó al baño, al mismo tiempo en que él soltaba un sonoro suspiro.

- Oye, aprovecha que está tranquila... porque cuando le digas que peleaste con Kagome, estoy seguro de que se molestará contigo.

- ¿Cómo sabes que peleamos?

- ¿Por qué otro motivo tendrías esa cara?

- ¿Por qué me dispararon? - señaló su brazo.

- Tu madre te visitó ayer y estabas tranquilo... ¿Cómo me explicas eso?

- ¡Feh! será mejor que no digas nada.

- Tienes razón - tomó el bolso de su esposa, dejándolo sobre la pequeña mesa y se sentó, su hijo imitó su acción - Mejor hablemos de otra cosa... dime, ¿ya decidieron que nombre van a ponerle?

- ¡¿He?! - lo miró, visiblemente sorprendido - ¿De que demonios estas hablando?

- Inuyasha - sonrió - Puede que tu madre sea inocente, pero a mi no me engañas... además, ¿Quién en su sano juicio dice ay cuando se cae? - imitó el sonido, soltando una carcajada al ver como la cara de su hijos se transformaba.

Un incómodo silencio, para el joven, se pronunció unos momentos.

- ¿Qué pasó? ¿Te quedaste mudo? - se burló.

- ¡Keh! Pensé... pensé que sólo ella estaba en el teléfono.

- Pues, pensaste mal, estaba el altavoz... tienes suerte de que ella elija no ver las cosas malas del mundo.

- Bueno... yo no nací de la nada, ¿no?

- No, por supuesto que no... de hecho, a veces, cuando veo a tu madre... me dan muchas ganas de que tengas un hermanito.

- ¡¿Y por qué me lo dices?! - gritó, provocando una nueva risa por parte de su padre.

- Ya... ya - elevó sus manos, poniéndose de pie - Sólo espero, que tanto tú como ella, se estén cuidando en esas circunstancias, de lo contrario, tendré que convertir uno de los cuartos de la casa, en uno para un bebé.

- Y tú ya no digas eso - bufó, desviando la mirada - Lo último que quiero, es un niño corriendo por aquí.

- Te doy un par de años - comenzó a prepararse un café - Luego serás tú el que le ruegue a ella por un hijo.

- ¿Eso fue lo que te sucedió a ti?

- Cómo tú dijiste, no estás aquí porque si, ¿verdad?

- No hables como si sólo tú lo hubieras deseado, Taisho - intervino Izayoi, sentándose al lado de su hijo.

- Por fin regresas... espero que al menos hayas perfumado el baño.

A modo de respuesta, la mujer tomó uno de los almohadones y se lo lanzó, golpeándolo directamente en el rostro, mientras ambos reían.

- A veces no entiendo como lo soportas - sonrió su hijo.

- Tranquilo, pequeño... a veces tampoco lo entiendo.

- Eso es porque sabes que soy el mejor esposo y padre que podrías conocer, ¿quieres un café?

- No dudes de eso - sonrió - Y si, me refiero al café.

- Touché - sonrió, volteando nuevamente hacia la cafetera.

- Bien, ahora que el hombre comedia finalizó, quiero que me digas lo que te sucede.

Él desvió la mirada, apretando ligeramente sus manos sobre sus rodillas.

- Discutí con Kagome, antes de que se fuera.

- Bien... ¿ella se fue por eso o...?

- No, ella ya tenía que irse y... peleamos cuando se estaba yendo.

- ¿Quieres decirme por qué pelearon?

Frunció el ceño, mirándola a los ojos.

- Por esa maldita tesis.

- ¿La tesis que tienes que presentar? -preguntó Taisho, entregándole el café a su esposa.

- Esa misma - se reclinó en el asiento, mirando hacia el techo.

Los ojos de Izayoi se dirigieron a su esposo, quién asintió de inmediato.

- Inuyasha... pudimos notar que, el tema de la tesis, es algo que te tiene bastante estresado últimamente - él no respondió - ¿Por qué no quieres hablar de esto?

- Porque no necesito más presiones de las que ya tengo conmigo mismo.

- Comprendo... - su madre colocó su mano sobre la suya - Estas tratando de hacer lo mejor que puedes, hijo, estoy segura de eso.

- Pues, pareciera que no fuera suficiente - sus ojos se dirigieron hacia su padre.

- Bien - dejó su café sobre la pequeña mesa y se inclinó sobre sus rodillas - Se que te estas refiriendo a mi y puedo entender porque.

- Tal vez... será porque siempre me presionaste para que sea el mejor, a toda costa... un método de enseñanza muy cuestionable para alguien que es profesor.

- Y tienes toda la razón.

- ¿He? - se sorprendió.

- Que tienes razón... fui un exagerado en el pasado.

- ¿En el pasado? En la primera cena con Kagome no tuviste problemas en ponerme en esa situación incómoda.

- Lo lamento... a veces, me cuesta cambiar ciertas cosas.

- Feh... ¿en que momento decidiste que debías cambiar?

- En el mismo momento en el que vi como otros estudiantes sufrían al no alcanzar los objetivos de la clase - hizo una pausa, reclinándose - Cuando les preguntaba el porque de sus llantos, ellos respondían que sus padres estarían decepcionados - suspiró - Entonces lo comprendí...

- Inuyasha - intervino su madre - Los dos sabemos que te has esforzado mucho durante estos años de carrera... también estamos seguros de que debes querer finalizar lo más rápido posible, pero... no habrá problemas si decides tomarte un tiempo.

- No se si lo que necesito es tiempo, más bien... no quiero hablar del tema, a menos que yo decida sacarlo.

- De acuerdo - sonrió, abrazándolo - Asegúrate de hablar de esto con Kagome y con quién sea necesario, así evitarás discusiones tontas.

- Bien - sonrió, apoyando su mentón sobre su cabeza.

- Bueno, ya que este tema esta terminado, hablemos de algo más tranquilo y agradable, ¿Qué paso con Yura?

Izayoi soltó una pequeña risa, al mismo tiempo en que Inuyasha arqueaba una ceja.


El reloj marcó las 4:00 pm y ella comenzó a acariciar el collar que colgaba en su cuello, sintiéndose cada vez más nerviosa.

¿Y si decide no venir? No podría culparla, es decir... esto es demasiado delicado.

Se asomó a la ventana de su habitación y dio un respingo, al mismo tiempo en que su pecho se llenaba de sensaciones encontradas, por un lado, el alivio de verla llegar y, por el otro, el miedo por como podría reaccionar al conocer la verdad.

- Bien... el momento llegó.

Suspiró y descendió las escaleras con tranquilidad y, manteniendo el mismo ritmo, se dirigió hacia la puerta y, posteriormente al encuentro con la joven.

- Kikyo - sonrió levemente, sin embargo, su expresión cambió al notar el morado en la mejilla de ella.

- Hola, Kag - sonrió, abrazándola, por primera vez, por iniciativa propia.

- ¿Estas bien? - preguntó en un suspiro, mientras la envolvía con sus brazos.

- Es una larga historia - se apartó - Pero... no es de lo que quisiera hablar ahora.

- Comprendo... te ves, hermosa - observo su vestimenta, la cual consistía de una blusa floreada y un jeans negro.

- Gracias, la hermana de Naraku me lo prestó.

- ¿Te refieres a Kagura? ¿La mujer de Sesshomaru?

- Bueno... creo que ya no es su mujer, pero... no es algo que haya hablado con Naraku.

- Oh... comprendo - respondió, sorprendida.

Definitivamente, tengo que hablar con Rin.

- Bien... ven, vamos, el abuelo debe estar adentro.

Comenzaron a caminar, sin embargo, fueron interceptadas por el anciano, quién se encontraba en la tienda de regalos.

- Niñas - pronunció al salir.

- Abuelo - sonrió la morena - Ven Kikyo, aquí esta.

Ambas se acercaron, al mismo tiempo en que el anciano posaba sus ojos en la otra joven, conteniendo su emoción.

- Buenas tardes, jovencita.

- Buenas tardes, señor - hizo una pequeña reverencia - Lamento mucho si lo molesto.

- No tienes que disculparte, síganme.

Caminaron unos metros, deteniéndose frente al árbol sagrado, en donde él se sentó en el banco de madera, mientras ellas se sentaban a sus pies, como niñas a la espera de un cuento de fantasía.

- Kagome me dijo que tenías un par de dudas sobre tu vida - pronunció.

- Si... bueno, verá... hace un tiempo conocí a alguien que me contó algunas cosas sobre mis padres...

- ¿Cosas como que?

- Mi padre me dijo que mi madre me había abandonado, dejándome a su cuidado - el anciano apretó ligeramente los puños - Pero... esta persona me dijo que... en realidad, ella murió.

- Entiendo...

- Comencé a observar a mi padre y noté ciertas actitudes y circunstancias que me hicieron estar alerta... ausencias injustificadas, viajes de trabajo repentinos, las marcas en su rostro, personas extrañas acercándose a la casa a cualquier hora...

- ¿Eso durante tu vida?

- Si, cuando era niña... ahora... él sólo se va.

- ¿Él fue el causante de eso? - señaló su mejilla y ella asintió - Lo siento.

- No se preocupe... yo tampoco sabía que era capaz de golpearme de esta manera, después de todo, jamás me puso un dedo encima.

- Dime Kikyo, ¿Por qué desconfías de tu padre? - las sorprendió a ambas - Cómo dijiste, él fue la persona con la que creciste, la misma persona que te protegió y cuido de ti...

- Tal vez... porque si creo que sería capaz de hacer algo espantoso.

- Entiendo - intervino Kagome - Pero... estamos hablando de quitarle la vida a una persona, Kikyo...

- Lo se - suspiró - Es por eso... que también estoy aquí... sé que tienes algo que decirme, Kagome.

- En realidad... mi hija y yo debemos ser los encargados de decirte esto, pero, ella esta trabajando, por lo que yo te contaré la historia.

- De acuerdo... lo escucho señor.

El hombre procedió a relatarle sobre la crianza de sus tres hijas, tanto como cuando su esposa estaba en vida, como luego de que ella pereció.

- Kahori es el nombre de la madre de Rin - sonrió la morena - Mi prima.

- Oh si, la recuerdo, la chica que vino a llevarnos al cumpleaños del joven Miroku.

- Así es, es ella.

- Y ellas... - metió la mano en su hakama - Son mis otras dos hijas... Nohami y Hikari - le entregó la foto.

Abrió sus ojos ampliamente, mirando a Kagome, quién, al igual que ella, poseía sus ojos llenos de lágrimas.

- La mujer que se parece a ti... es Hikari - sonrió el anciano.

Ella... ella... ¿ella es mi mamá?

Sus mejillas comenzaron a empaparse, mientras su mirada permanecía sobre el rostro de la joven.

Cada día te pareces más a tu madre...

Las palabras de su padre pasaron por su mente y, paradójicamente, una sonrisa se formó en sus labios.

- ¿Estas bien, Kikyo? - Kagome llevó su mano a la espalda de su compañera.

- Es ella... - respondió, con su voz entrecortada - Ella es mi mamá...

- Kikyo... comprendo que esto es una situación delicada, pero... no podemos afirmar eso todavía... no, hasta que hagamos alguna prueba que lo confirme.

- Si... hagan las que sean necesarias... pero estoy segura, ella es mi madre.

Hikari es mi mamá... lo siento en mi corazón... mamá... por fin puedo verte.

- Por favor, dígame como ella murió.

El anciano suspiró, comentándole lo sucedido aquella fatídica noche, en la que ella y su bebe, supuestamente, perdieron la vida.

- ¿Jamás vieron a su bebé? - preguntó la morena, visiblemente consternada.

- No... jamás nos dieron acceso... Nohami y su esposo trataron de investigar, pero... poco tiempo después, Kagome nació y tuvieron que desistir de su búsqueda.

- ¿Y el padre de su bebé jamás se presentó?

- Nunca supimos nada de él - desvió la mirada - Hikari... mantuvo su relación en secreto... incluso su embarazo, hasta que ya no pudo ocultarlo.

- Hay algo más... - intervino Kagome, mirando a la joven - Yo... he soñado con ella, en dos ocasiones... y... se siente... como si ella tratara de decirme algo...

- ¿Has soñado con mi madre?

- Y... con tu padre también - apretó el agarre en su collar - Él... estaba sosteniendo a un bebé y... su mirada, su mirada... fue, muy perturbadora.

- ¿Qué?

- Niñas - intervino el anciano - Creo... que es demasiado para un solo día, ¿no les parece? - sabía que ir un poco más allá, en ese momento, hubiera sido perjudicial para ambas.

- Bueno... siento que mi cabeza va a explotar - sonrió Kikyo.

- Si... yo también, estoy bastante conmovida - le devolvió la sonrisa.

- Entonces... supongo que lo mejor seria, que continuaran hablando de esto otro día - se puso de pie.

- Espere, por favor - lo detuvo - Si... todo esto es cierto, entonces... usted... ¿es mi abuelo?

- Bueno - sonrió - Como dijo Kagome, no podemos estar seguros hasta que no hagamos las pruebas pertinentes... sólo, relájense un poco y disfruten de la tarde.

- Claro, abuelo, muchas gracias - le sonrió su nieta, al mismo tiempo en que él se retiraba - ¿Estas bien? - volvió a mirar a su amiga, quién sostenía la foto en su mano.

- Esto es una locura - murmuró, acariciando la imagen de Hikari - Kagome... si todo es verdad, tú y yo - sus miradas se cruzaron.

- Si... somo primas, al igual que con Rin...

Antes de que pudiera continuar, los brazos de la morena la rodearon, al mismo tiempo en que sentía su respiración en su oído, la cuál le indicaba que estaba llorando.

- Kikyo - su voz también se quebró - Tranquila... todo esta bien... ahora sabes la verdad.

- Kagome... yo... estaría mu feliz si fuera parte de tu familia.

Sonrió, mientras apretaba el agarre sobre el cuerpo de ella.

- Yo también Kikyo... yo también, sería muy feliz.

Cerró sus ojos, dejándose llevar por la calidez que se apoderaba de su pecho.