ENTRE PROMESAS ROTAS

¡Hola! Nueva actualización.

- Cbt1996: ¡Hola! ¡Entiendo totalmente tus emociones! El enfrentamiento entre Kagome y Kagura fue intenso, y las bofetadas añadieron un toque de satisfacción jeje Las revelaciones sobre Kikyo, Naraku y el riesgo en el que está Moroha han elevado la tensión al máximo. Y sí, la recta final está llena de giros emocionantes y estoy emocionada de que estés disfrutando de la historia. ¡Gracias por tu apoyo constante y tus reviews! :3 ¡Nos leemos en el próximo capítulo para más emociones!

- Ferdy Arevalo: ¡Hola! ¡Tus emociones son contagiosas! :D La angustia y la expectación están en su punto máximo, y me alegra saber que estás disfrutando de la historia. No te preocupes, el capítulo ya está aquí y espero que sirva para aliviar esa incertidumbre. ¡Gracias por tus palabras tan amables y por seguir la historia con tanto entusiasmo! ¡Nos vemos en el siguiente capítulo! Saludos.

- MegoKa: ¡Hola! ¡Tus reflexiones son muy acertadas y en verdad las aprecio! Sí, este capítulo ha tocado fibras emocionales profundas, explorando las pérdidas y los intentos de redención. Sesshomaru y Inuyasha enfrentan sus propios demonios y buscan una forma de sanar y seguir adelante. Y Kagome, en medio de toda esta complejidad, muestra una fortaleza admirable. :3 Gracias por compartir tus pensamientos y emociones. ¡La historia continua, así que nos vemos en el próximo capítulo para más emociones! ¡Hasta pronto!

- kcar: ¡Hola! ¡La lealtad de Sango hacia Kagome es realmente conmovedora! Y sí, Kagura se une a la trama de una manera interesante. ¡Y sí! la tensión está en su punto más alto, ¡y pronto descubriremos qué depara el destino para nuestro querido InuKag! ¡Gracias por tu entusiasmo y apoyo! Nos leemos en el próximo capítulo.

- Karii Taisho: ¡Hola! Primero que todo, entiendo que hablar de esos temas puede evocar emociones difíciles y aprecio que compartas parte de tu experiencia y que encuentres un espacio para aquí para hacerlo :3 Respecto al capítulo, sí, Kagura y Kag tuvieron un encuentro bastante impactante y lleno de emociones fuertes. Kagome sigue demostrando su fortaleza al ser comprensiva incluso en medio de su propio sufrimiento. El destino de Moroha sigue siendo una incógnita, y la impotencia de InuYasha es palpable. Sin embargo, veremos qué sucede en este capítulo. Gracias por tus palabras y por seguir la historia con tanto interés. Nos leemos en la próxima actualización ¡Abrazos!

- IzunaRove: ¡Hola! :D ¡Muchas gracias por tus palabras! Me alegra mucho que estés disfrutando de la historia. Estoy trabajando en el siguiente capítulo, así que pronto habrá más. ¡Gracias por seguir la historia y darle una oportunidad! :3 ¡Nos leemos pronto!

- Annie Perez: ¡Hola! ¡Sí, la situación está bastante tensa! Estamos llegando a momentos cruciales, y las decisiones que tomen nuestros protagonistas pueden tener consecuencias importantes. Gracias por seguir la historia y espero que sigas disfrutando de ella. ¡Nos leemos pronto para descubrir cómo continúa la trama!

- Rocio K. Echeverria: ¡Hola! ¡Vaya emociones fuertes, ¿verdad? :D La interacción entre Kagome y Kagura fue intensa, y estoy contenta de que hayas disfrutado de la dinámica entre ellas. Sango siempre dando ese toque de valentía y apoyo, ¡es una amiga increíble! Jeje El misterio y la intriga siguen creciendo, y esperemos que nuestra pareja pueda enfrentar los desafíos y superar esta difícil situación. ¡Gracias por tu review y por seguir la historia con tanto interés! Ya no falta nada, así que nos leemos pronto para descubrir cómo se desarrollan los acontecimientos. ¡Un abrazo!

- Rosa. Taisho: ¡Hola! ¡Sango fue definitivamente la voz de muchas en ese momento! jeje Es comprensible que Kagome se sienta frustrada por no poder participar directamente en el rescate de su hija, pero al menos Inuyasha está dando pasos para enfrentar a Naraku. La revelación sobre Kikyo añade más complejidad a la trama, ¿cuál será la verdad? ¡Y sí, Kagura está viva por ahora! Pero veremos qué pasará en este capítulo ¡Gracias a ti por seguir la historia y por tus reviews emocionantes! Nos leemos en el próximo capítulo para descubrir qué sucede a continuación. ¡Un abrazo!

- Kayla Lynnet: ¡Hola! ¡Entiendo completamente tus sentimientos contradictorios! La situación es intensa, y las emociones de los personajes están a flor de piel. Kagura está atrapada entre la desesperación de su pérdida y las acciones impulsadas por Naraku. Es comprensible sentir desconfianza y preocupación, dada la naturaleza de los eventos, sin embargo, la trama está llegando a su clímax, y cada detalle cuenta. Esperemos que las acciones de Kagura contribuyan positivamente a la resolución de la situación. :D Agradezco mucho tus palabras sobre la historia. ¡Es un placer tener lectores tan involucrados y apasionados! Estoy emocionada por compartir el desenlace, así que sí, ya llegó el final. ¡Nos leemos en el próximo capítulo! Saludos

- Lin Lu Lo Li: ¡Hola! ¡Qué alegría que te sorprendiera la evolución de Kagura en el capítulo! Sango es, sin duda, una amiga leal y valiente. El golpe que le dio a Kagura fue una expresión de la frustración y el enojo acumulado. Por otro lado, la reacción de Kikyo parece sugerir que ha tomado conciencia del peligro que representa Naraku. El miedo por su seguridad y la de la bebé podría ser un factor crucial en su percepción de la situación. La maternidad puede despertar instintos protectores y cambiar perspectivas. Jeje gracias por seguir la historia y por tus emocionantes reviews. ¡Estoy ansiosa por compartir el próximo capítulo!

El próximo capítulo será el último. Sí, la historia llegó a su fin, después de 30 capítulos ya era hora.

Este capítulo en particular es un poco más largo de lo normas, y es que quería plasmar muchas cosas en él, tal vez más emociones, así que espero lo disfruten mucho.

Por cierto, desde mañana vuelvo a la universidad (mi último año ¡Aún no puedo creerlo!) Así que tengo que ver mis horarios y ajustarme a ellos, será toda una locura, pero prometo traer el último capítulo lo antes posible.

¡Nos leemos muy pronto!

Atte. XideVill


Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.


CAPÍTULO 30.

INUYASHA

Solo necesitaba una oportunidad, solo eso. Debía recuperar a mi hija sana y salva, pero mientras más reconsideraba la situación, menos oportunidades tenía.

–¡Kikyo! ¿Qué estás esperando? –soltó Naraku– ¡Tráeme a la bebé! Ahora.

–Ss… sí… –balbuceó nerviosa.

–Espera Kikyo –intervine y ella se detuvo– Por favor, no lo hagas, no…

–¡Silencio!

Naraku dio un paso hacia mí sin dejar de apuntarme con el arma.

–¿En serio crees que tienes el derecho de venir aquí y empezar a dar órdenes? –increpó– No, idiota. No tienes ese derecho, no después de la forma en la que trataste a esa mujer.

Dirigió el arma hacia Kikyo, vi cómo ella cerraba los ojos conteniendo el aliento, y tuve que resistir la urgencia de correr hacia Moroha.

–¿O qué? ¿Ya se te olvidó?

–¿Por qué haces esto? –cuestioné– ¡¿Qué es lo que quieres de nosotros?!

Lo vi sonreír mientras se giraba dándome la espalda.

–Lamentablemente para ti –comenzó–, desde que llegaste a Tokio no fuiste más que una completa molestia. Siempre tan perfecto, el mejor en lo que haces –dijo burlón– ¡La clínica estaba bien hasta antes de que tú llegaras!

Lo vi sentarse sobre el sofá mientras jugaba con el arma.

–Te odié, y ese sentimiento se intensificó cuando la conocí a ella. Tan perfecta, tan delicada como un ángel –Volvió a apuntarme con el arma– ¡Pero tenía que ser tu esposa!

–Kagome no… ella no tiene la culpa de lo que está pasando.

Naraku rompió en risa.

–La tiene, ¡claro que la tiene, por haberte preferido a ti antes de a mí!

Se formó un profundo eco en las paredes del lugar y entonces volvió a mirar a Kikyo.

–Kikyo, la bebé.

–¡No Kikyo! –Alcé la voz.

–No… –musitó Kagura a mi lado.

–No se la entregues, sé que cometí muchos errores y te lastimé, pero por favor… –Trataba de recuperar el aliento a medida que la mujer avanzaba hacia Naraku– ¡Tú también tendrás hijo!

Entonces se detuvo en seco.

–También serás madre, entonces puedes imaginar el dolor de perderlo.

–No lo escuches Kikyo, ¿no ves que solo busca confundirte? –Naraku se puso de pie– Entrégame a mi hija ahora…

–Olvida lo que te dije hace días, ¿Sí?, si me entregas a Moroha yo… prometo ver por ti y por el hijo que llevas.

Kikyo volteó a verme y vi en su mirada un brillo de esperanza.

–Inu… –musitó con la voz temblorosa– ¿Lo dices en serio?

El silencio se instaló y entonces asentí lentamente con la cabeza.

–Sí…

–¡Kikyo! –gritó Naraku cuando ella se dio la vuelta y empezó a caminar hacia mí.

Cuando la tuve enfrente tuve que resistir el impulso de tomar a Moroha y salir corriendo.

–¿Qué pasará con esta niña y con Kagome? –preguntó con voz baja.

–Se la entregaré y…

–Y entonces estaremos juntos –Se adelantó–, ¿verdad, Inu? Dime que será así…

No podía pensar con claridad y menos al ver a mi hija tan cerca de mis brazos.

–Sí… Sí Kikyo. Pero por favor –pedí estirando los brazos– Dámela.

La mujer dio unos pasos más, hasta que por fin pude sentir el peso de mi hija en brazos, tenía los ojos cerrados y probablemente a causa de tanto llanto. No pude evitar acariciar sus mejillas tratando de secar el rastro de lágrimas anteriormente derramadas. Dios, era tan bonita, era un pequeño angelito caído del cielo, era mi hija, mi pequeña Moroha…

Me aferré a ella cuando un disparo rompió con todo. Lo único que pude escuchar, aparte del llanto de mi hija, fue el desgarrador grito que soltó Kagura cuando el cuerpo inconsciente de Kikyo se desplomó frente a mis ojos.

–¡NOOO, KIKYO! –Kagura se arrodilló junto al cuerpo y la movió varias veces– ¡MALDITO! ¡¿QUÉ FUE LO QUE HICISTE?!

–¡Fue ella la que se lo buscó! –soltó Naraku con la voz oscurecida.

–¡PERO ERA TU HIJO, MALDITO BASTARDO!

–¡Yo solo tengo una hija! –sentenció.

Moroha lloraba, y yo solo me quedé en silencio, observando lo que acababa de escuchar. ¿El hijo que esperaba Kikyo era de Naraku? Pero… ¿cómo? ¿De qué me había perdido?

–Kikyo… hermanita ¿me escuchas? –Kagura trataba de hacer reaccionar a Kikyo– Abre los ojos… por favor… –dijo entre sollozos– Por favor… sin ti yo… me quedaré completamente sola…

Naraku comenzó a reír mientras se acercaba.

–No seas patética Kagura. Acaso no ves que ya está muerta, nadie sobrevive a un disparo en la cabeza.

– ¡ERES UN DESGRACIADO!

La vi intentar lanzarse sobre él, pero Naraku lo impidió apuntando con el arma.

–Ni siquiera lo intentes –Lanzó su advertencia– Y tú –Volvió a apuntarme– Creo que tienes algo que me pertenece, entrégamela antes de que mate.

–Pues tendrás que matarme, porque no pienso entregarte a mi hija.

Puso un dedo en el gatillo y entonces me miró a los ojos.

–No digas que no te lo advertí Taisho…

–¡Inuyasha! ¡ABAJO!

Cuando Sesshomaru apareció, todo se alteró. Varios de sus hombres irrumpieron por la ventana, y los disparos desataron el caos. Obedecí y permanecí agachado, aferrándome a Moroha, mientras él y sus hombres se encargaban de Naraku.

–¡Sáquenlos de aquí! –demandó Sesshomaru.

De inmediato, un par de hombres vinieron por nosotros, pero cuando llegaron a Kagura, ella escupía sangre completamente aterrada.

–¡Estás acorralado Naraku! Será mejor que dejes de resistirte –soltó Sesshomaru mientras le apuntaba con el arma.

En sus ojos se podía ver la confusión, confusión por no ver a sus hombres, confusión porque su plan no salió como él quería y confusión porque estaba completamente perdido. Cuando salí de aquella habitación, solo podía escuchar mi respiración agitada y el llanto de Moroha en mis brazos, la mecí deseando que se calmara, pero comprendía completamente su llanto, estaba asustada al igual que yo, porque estaba a punto de perderla.

A un lado pude ver a un equipo de enfermeros atendiendo a Kagura, uno de ellos ejercía presión en un costado de sus costillas, mientras que la otra enfermera le proporcionaba oxígeno.

–Inuyasha…

Miré a Sesshomaru cuando salió de la habitación.

–¿Qué pasó?

–Mis hombres se encargarán de él, ya le quitamos el arma, pero…

–Bien, supongo que eso es todo.

–Sí…

–¡NO CREAS HABER GANADO TAISHO! –Se escuchó el grito de Naraku del otro lado de la habitación– ¡SABES PERFECTAMENTE QUE MIENTRAS YO VIVA TU FAMILIA NUNCA ESTARÁ SEGURA! –Soltó una carcajada– ¡RECUPERARÉ A MI HIJA Y JURO QUE IRÉ POR KAGOME! ¡¿ME ESCUCHASTE?! ¡KAGOME SERÁ MÍA!

–Inuyasha…

Sesshomaru puso una mano en mi hombro.

–Vámonos de aquí – sugirió– Volvamos con Kagome, ella te está esperando.

–Sesshomaru quiero que me hagas un favor –pedí mientras le entregaba a Moroha.

–Sí… claro, pero...

Él la tomó con timidez y sin entender lo que pasaba me miró a los ojos.

–Inuyasha ¿qué pretendes?

–Por favor… –dije mientras dejaba un beso en la frente de mi hija– Cuídalas mucho…

–¿Qué?

En un rápido movimiento le quité el arma que guardaba en el cinturón y me dirigí hacia la habitación en la que estaba Naraku.

–¡No inuyasha, no lo hagas!

Pude escuchar la advertencia de Sesshomaru, sin embargo, preferí ignorarlo.

–¡HERMANO!

Cerré la puerta tras de mí y miré a Naraku directamente a los ojos. Los hombres de Sesshomaru me miraron sin entender lo que pasaba mientras le quitaba el gatillo a la pistola y le apuntaba en el pecho a Naraku. Este me sonrió casi con sorna y en un movimiento rápido sacó otra arma de su espalda y me apuntó. Probablemente estaba en desventaja, ya que nunca había utilizado un arma, pero en ese momento no lo pensé. Alguien iba a morir aquí, y ese no sería yo.

Dos disparos resonaron en la habitación y el silencio se volvió profundo.


KAGOME

La angustia que sentía en el pecho no se me quitaba con nada. Hace muchas horas que habíamos llegado a la casa en Tokio, y aún no sabía nada de Inuyasha o de mi hija.

–Kag…

Salí de mi disociación y miré a Sango.

–Has estado así desde que llegamos –comentó.

–Es que ellos se fueron en la mañana y ya es de noche –afirmé– ¿Y si les ha pasado algo? ¿Y si algo salió mal?

–Kagome, amiga –Sango se sentó a mi lado– Tranquila ¿sí?, no te hará ningún bien estar tan preocupada.

–¿Y cómo quieres que esté? –Solté algo exaltada– No sé nada de mi hija y de Inuyasha, y con cada minuto que pasa siento que un pesado muro estruja mi corazón –Me puse de pie– Siento que el aire se me escapa y no tengo el control.

Solo el sonido del reloj nos hizo compañía. Mi amiga se incorporó y buscó mis manos para envolverlas con las suyas.

–Kag… todo saldrá bien, si hubiera pasado algo malo ya lo sabríamos –Me regaló una sonrisa para calmar mi ansiedad– Recuerda que las malas noticias vuelan.

Sí, tenía razón. De alguna forma, sus palabras me tranquilizaron un poco, si hubiera pasado algo malo ya nos habríamos enterado. Tal vez solo estaba exagerando, y lo único que tenía que hacer era tranquilizarme, respirar y pensar en cosas buenas. Sí, solo eso.

Llené mis pulmones de aire y cerré los ojos, pero todos mis intentos de tranquilizarme se fueron al tacho cuando el sonido del timbre irrumpió en la sala.

–Son ellos… –solté yendo hacia la puerta.

–Kag, espera…

No escuché a Sango y abrí la puerta de par en par. Mi sorpresa fue máxima cuando vi un pequeño bulto rosa en brazos de Sesshomaru.

–Moro… Moroha… –musité conteniendo un sollozo– Mi bebé…

Sesshomaru me la entregó, y cuando al fin la tuve en mis brazos, no fui capaz de contener el llanto. Al fin tenía a mi bebita, mi hija. Acaricié sus suaves mejillas y de inmediato sus preciosos ojos se abrieron. Por Dios, eran tal y como los recordaba.

–Hola mi amor –Le dije con una sonrisa y con lágrimas en los ojos– Hola mi niña hermosa.

Dejé un beso en su pequeña frente y permití que su dulce aroma me envolviera.

–Por fin estás aquí… –susurré– Ahora estamos juntas y nada te alejará de mí otra vez –La besé de nuevo– Te lo prometo… Tu papá y yo lo prometemos.

Con una sonrisa volví a mirar a Sesshomaru.

–Inuyasha… ¿Dónde está Inuyasha? –pregunté.

Lo vi compartir una mirada con Sango, y aquello no me gustó, porqué a pesar de tener a Moroha de vuelta, ellos no sonreían.

–¿Qué pasa? –solté perdiendo la mía– Sesshomaru, ¿qué pasa? –insistí– ¿Dónde está Inuyasha?


¡No! ¡Esto no podía estar pasando!

Corrí por los pasillos de la clínica mientras el llanto me invadía, y de no haber sido porque conocía al detalle ese lugar, probablemente habría chocado con alguna pared.

No me detuve, incluso cuando escuché que alguien me reprendió por correr en un hospital. Pero simplemente no podía aceptar esta realidad. Inuyasha no podía dejarnos. ¡No ahora! ¡No después de todo!

–¿Señora Kagome?

Me acerqué a Leya apenas mis ojos la vieron. Ella me ofreció su ayuda y me tomó del brazo para que no me desplomara.

–Señora…

–Leya –solté agitada– Inuyasha… por favor, dime dónde está.

La mujer me miró, y en sus ojos pude percibir compasión. Algo que por mucho no me gustaba.

–Dime… –dije con dolor– Él, ¿está bien?

–Señora yo…

–Está bien, Leya –intervino la voz de un hombre mayor– Deja que no me encargue.

–Como usted diga, doctor Totosai.

Leya se alejó y me dejó a solas con ese hombre, no sin antes dejar una palmada de apoyo sobre mi hombro.

–Kagome…

–Usted… ¿Usted me conoce?

El hombre me sonrió amablemente.

–Tuve el placer de conocerte en una de las tantas ceremonias que organizó la clínica. Tal vez tú no me recuerdes, pero yo nunca olvido una cara –Me ofreció un pañuelo y lo tomé sin mucho ánimo– Pero fue tu esposo quien nos presentó, él tan solo era un muchacho cuando llegó, y creo que nunca olvidaré el brillo en sus ojos cuando lo hizo.

–Inuyasha… ¿él…?

–Está delicado –afirmó– Acaba de salir de una operación llena de complicaciones –Buscó mis manos, y a modo de consuelo dejó un par de palmadas– Me temo que no resistirá.

–¡No! –Lo aparté– ¡Él tiene que estar bien! –increpé– Acabamos de recuperar a nuestra hija, no puede dejarnos ¡No puede!

–Kag…

Escuché la voz de Sango a mis espaldas.

–Por favor doctor… –pedí entre sollozos–, tiene que salvarlo. Por favor.

–Ahora no depende de nosotros, mis colegas y yo ya hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos. Es tu esposo el que tiene que aferrarse a la vida.

Sentí la mano de Sango sobre mi hombro.

–Puedo verlo… por favor –supliqué con los ojos empañados– Quiero verlo, solo una vez más…

Cuando entré a la habitación sólo se escuchaba la máquina que marcaba los lentos latidos de su corazón. Mi pecho dolió cuando lo vi echado en la camilla conectado a un montón de tubos y agujas traspasando su piel. En mis ojos se acumularon lágrimas cuando tomé una de sus manos y me senté en una silla junto a él, acaricié su rostro con mucha delicadeza y comencé a llorar sin poder evitarlo.

–Mi amor… –musité con dificultad– Inu abre los ojos…

Me aferré a su mano.

–Por favor, te lo suplico… mírame. Inu… Moroha y yo te necesitamos –Sequé mis lágrimas– Yo te necesito mi amor… no puedo… no puedo hacerlo sin ti… por favor Inuyasha, no nos dejes…

Recargué mi cabeza sobre su brazo y me dejé llenar de su aroma.

–Te amo…

Entonces sus latidos se intensificaron y lo vi convulsionar al punto de tener los ojos en blanco.

–¡DOCTOR! –Corrí al pasillo envuelta en pánico– ¡POR FAVOR NECESITO AYUDA!

Un par de enfermeras se aproximaron a la habitación.

–Señora, por favor salga de aquí.

–No, yo quiero estar con mi esposo…

La desesperación y el llanto me asaltaron de inmediato.

–Señora –La otra enfermera me tomó del brazo– Venga conmigo por favor.

–No…

–¡Desfibrilador!

Todo se detuvo en ese momento, vi como luchaban por recuperar los latidos de Inuyasha, vi la forma en cómo actuaban a toda prisa, sin ni una sola duda en sus acciones y a medida que las veía, la otra enfermera me sacó de la habitación y cerró la puerta tras de ella.

–Señora…

Di media vuelta y me apoyé sobre la pared, empecé a caminar tratando de recuperar el aliento y a medida que avanzaba lo perdía un poco más.

–¡Kagome!

Podía escuchar la voz de Sango, pero solo como un eco lejano.

–Kag… aquí estoy –Me tomó del brazo, pero muy difícilmente podía prestarle atención– Kag, reacciona por favor.

–Inuyasha… –musité.

–Tienes que ser fuerte Kagome, hazlo por tu hija –Hizo que la mirara– Moroha te necesita.

Moroha…

Cómo podía verla a los ojos si sus ojos eran idénticos a los de Inuyasha, ¿cómo podría aguantar tanto dolor? ¿Cómo? No sería capaz.


Me quedé despierta, esperando a algún doctor que me dijera el estado de Inuyasha, pero al parecer nadie era capaz de hacerlo. Nadie se dignaba a darme la cara y hacerle frente al dolor que estaba sintiendo.

–Hija, ¿por qué sigues así?

Miré a Totosai y me levanté de inmediato.

–Doctor por favor, dígame cómo está él.

El anciano me miró con lástima y me invitó a que me sentara junto a él. Lo hice, solo porque no tenía más opción.

–Tuvo un colapso –empezó–, y temo decir que entró en estado de coma.

–¿Qué dijo…?

Llevé una mano al pecho, mientras sentía mis ojos arder nuevamente.

–Ve a casa hija –Puso una mano sobre las mías– Dijiste que tienes una hija, ve con ella. Por lo pronto aquí no hay nada más que se pueda hacer, solo pedir por su recuperación.

–No puedo dejarlo solo, yo no…

–Hija –habló–, te prometo que estaré al pendiente de tu esposo y te llamaré si algo sucede, pero debes de tener en cuenta que, en su estado, no se sabe exactamente cuándo recobrará la conciencia, con suerte tal vez sean días, pero también podrían ser meses o incluso años.

–No sé si podría resistirlo… –solté conteniendo un sollozo.

–Lo harás, claro que lo harás. Y tu hija será tu soporte.


(Cinco años atrás)

–Kagome…

–Mmm…

Su risa vibró en su pecho y yo sonreí al sentirlo en mi rostro.

–¿Qué? –Le dije levantando la cabeza para verlo– ¿Por qué te ríes?

–Porque te estás quedando dormida.

Me hice la ofendida y entrecerré los ojos.

–Eso no es cierto.

–¿Ah no? –Me miró a los ojos– Entonces cómo explicas el hecho de no haber respondido a mis anteriores tres llamados.

Me escondí en su pecho, rehusándome a responder.

–Eres increíble –soltó divertido–, hacemos un gran viaje de más de ocho horas para visitar los templos más antiguos de todo Tokio, y tú te quedas dormida en el primero.

–Eh, sí… –solté volviendo a ver sus ojos– Será porque estoy cansada después de haber hecho un gran viaje de más de ocho horas para visitar los templos más antiguos de todo Tokio –dije a modo de burla.

Agachó la cabeza y me dejó un beso en los labios.

–Muy graciosa –comentó pellizcando mi mejilla.

La brisa se sentía cada vez más fresca en el lugar donde estábamos. Inuyasha había propuesto ver el paisaje desde uno de los templos más altos del lugar, pero no contaba con la comodidad de su pecho, el calor de su cuerpo y la paz del lugar que sin querer me había quedado dormida sobre él. Y ahora me estaba reclamando por lo ocurrido. Sonreí.

–¿Qué pasa? –cuestionó– ¿Por qué sonríes?

Deslicé mi mano por su pecho y pegué mi rostro un poco más.

–No es nada –dije sin quitarle los ojos de encima– Solo estaba pensando en, qué te parece si tú y yo… –Seguí deslizando mi mano por su pecho– Regresamos al hotel y sudamos un poco.

–Kag…

Detuve mi mano sobre el cinturón de su pantalón.

–Estamos en un templo… –susurró mirando hacia todos lados– ¿Qué crees que haces?

–¿Qué, qué hago? –Ejercí presión sobre su entrepierna– Solo quiero amarte…

–Por dios Kag… No…

Me detuvo cuando lo volví a hacer. Sonreí triunfante al conseguir lo que quería, ver la pasión en sus ojos.

–Eres un demonio… –susurró sobre mis labios mientras me besaba.

–Ya me conoces –dije entre el beso.

Liberé mi mano y entonces recorrí su pantalón en busca de mi objetivo principal, hasta que sentí algo duro, y no era precisamente la dureza que esperaba sentir.

Rompí el beso y bajé la mirada.

–¿Qué es eso? –solté.

–¿Eh?

Inu bajó la mirada al igual que yo y por algún motivo lo sentí tensarse.

–Ah… –soltó una risilla nerviosa antes de llevar una mano al bolsillo– No es nada.

–Inu…

Se levantó del piso y me dejó con la palabra en la boca.

–Uff… qué calor ¿no crees?

–Inu… –Me puse de pie al igual que él y fui a su encuentro– Inuyasha ¿qué ocultas?

–¿Yo? –Sus ojos tenían un brillo especial– Nada amor.

Lo tomé del brazo cuando quiso alejarse.

–Inu, ya dime ¿qué es? –insistí viéndolo suplicante.

–No los ojos de cachorro Kag –pidió.

No dejé de mirarlo y aquello lo sobrepasó, porque terminó atrayéndome hacia él de la cintura.

–Bien… tú ganas.

No pude evitar sonreír de felicidad.

–Pero para eso te voy a pedir que cierres los ojos y que no los abras hasta que yo te lo diga.

–¿Qué piensa hacer? –cuestioné cerrando los ojos y sintiendo cómo él se alejaba de mi cuerpo– No estarás pensando en empujarme ¿verdad? porque si lo haces te advierto que…

–No amor, no es nada de eso. Aunque, no sería mala idea.

Abrí la boca indignada.

–Inuyasha.

Lo escuché reír a medida que mi curiosidad crecía.

–¿Ya los puedo abrir?

–Aún no…

Respiré hondo.

–¿Ya? –No respondió– Inu…

–Ábrelos.

Lo hice, y cuando ejecuté aquella acción, vi a un Inuyasha hincado frente a mí, sosteniendo una pequeña cajita de terciopelo negro con un hermoso anillo dentro de él. Me llevé la mano al pecho sin creer aun lo que estaba pasando.

–Inu…

–¿Sabes? He estado pensando en esto desde hace mucho tiempo, y sí, estoy nervioso y probablemente termine enredándolo todo –Sonreí nerviosa– Pero aquí va –Se aclaró la garganta– Kag ¿Quieres ser mi compañera de vida? Quieres, construir metas juntos, reír en el camino y, por supuesto cariño, compartir un montón de amor.

Sentí cómo se me acumulaban lágrimas en los ojos.

–Kagome, prometo estar para ti cuando me necesites, prometo ser tu aliado en las risas y el soporte en las caídas.

Me extendió una mano pidiendo la mía y yo se la di sin dudar.

–¿Qué dices? ¿Aceptas este anillo como señal de que estaremos juntos en esto, y la promesa de construir un futuro?

Asentí con la cabeza al darme cuenta de que había perdido la voz por la sorpresa. Entonces Inuyasha me sonrió.

–¡Kagome Higurashi! ¡¿Aceptas ser mi esposa?! –gritó con determinación y terminó llamando la atención de varios turistas en el lugar.

Reí y me lancé hacia él.

–¡Sí, Inuyasha! –exclamé cuando me tomó por la cintura y me atrajo hacia él– Acepto ser tu esposa.

Lo besé y él me sonrió.

–No habrá marcha atrás después de esto –advirtió.

–Eso es genial, porque no pienso dejarte ir.

Reclamó mis labios, pero antes de separarnos mordió mi labio inferior.

–Ahora sí, mi amor, vayamos al hotel –susurró cerca de mi oído– Vayamos a sudar un poco.

Sonreí cuando sus dedos jugaron con mi abdomen desnudo.

–Primero el anillo, futuro esposo.

Aquellas palabras intensificaron su sonrisa. No hizo falta decir más, Inuyasha puso el anillo en mi dedo y después devoró con hambre mis labios. Las palabras sobraban cuando el amor era todo lo que podíamos sentir.

Amaba a Inuyasha, y lo amaba más que a mi propia vida…


(Actualidad – Tres meses después)

–Mi niña ¿Ya tiene todo listo?

Miré a Kaede y asentí con la cabeza mientras tomaba a Moroha en brazos.

–Creo que sí –Respondí con una sonrisa al ver a mi hija– ¿Verdad, mi amor?

Jugué con ella hasta provocarle una sonrisa.

–Sí, hoy iremos a ver a papá –Me sonrió– ¡Sí, mi amor! Veremos a papá.

–Señora, el señor Sesshomaru acaba de llegar.

–Gracias, Kaede, enseguida bajo –le dije.

La mujer asintió y me dejó sola. Miré a mi hija y no pude evitar sentir un nudo en la garganta al verla usar el vestido que Inuyasha le había regalado cuando ella aún no nacía.

–Qué bonita… –susurré antes de limpiarme un par de lágrimas y bajar hacia la primera planta.

Rin me sonrió apenas me vio.

–Kag, estás hermosa.

–Gracias –respondí con una sonrisa.

–¿Lista?

Escuché la voz de Sesshomaru a mis espaldas. Asentí.

–Sí…

Habían dejado a sus hijas al cuidado de un familiar de Rin, y ambos habían venido a acompañarme en este día. Moroha se quedó dormida en el camino, entonces la arropé y traté de no despertarla hasta que llegáramos al lugar. Esto sería difícil, y más aún porque era su cumpleaños, y desde hace más de doce años, Inuyasha y yo lo habíamos pasado juntos. Rin me ayudó a colocar los globos mientras que Sesshomaru era el encargado de conectar la computadora para realizar la videollamada con Sango y Miroku desde Yufuin. Ellos habían tenido que regresar por sus trabajos y aunque fue muy duro para mi amiga dejarme sola, de alguna forma la convencí de que todo estaría bien. Mamá, por su parte, insistía en venir a apoyarme, pero por su estado temía que su salud empeorara si venía. Así que la convencí de permanecer en Yufuin y por su tranquilidad le dije que yo iría a verla un día de estos. Pero simplemente se me hacía difícil dejar a Inuyasha atrás, porque sentía que, si dejaba Tokio, también lo estaría dejando a él, y no, no podía hacerlo.

–Bien, ya todo está listo –dijo Rin –Mirando de reojo a su esposo– Cariño, qué tal si vamos al auto por el pastel.

–Pero, aún falta que instale el…

–Cariño, lo haces después –Entrecerró los ojos– Ven conmigo.

Sesshomaru dejó de hacer lo que estaba haciendo y asintió.

–Sí, vayamos…

–Kag, ya volvemos ¿sí? –dijo Rin.

–Está bien.

Ambos se fueron, y solo me quedé con Moroha. Mi hija se entretenía, sentada en la carriola, con uno de sus tantos chupones. Le sonreí y la tomé en brazos escuchando sus pequeños quejidos de bebé.

–Mira, Moroha, dile hola a papá –La mecí– Hola papá.

Sonreí cuando la escuché reír, pero de inmediato se me borró la sonrisa cuando la realidad cayó como un bloque de concreto sobre mí. Acerqué una silla y me senté junto a él tomando una de sus manos.

–Hola Inu… –comencé tratando de no romperme, pero me fue imposible.

Llevaba así unos tres meses, y tal parece que nunca me acostumbraré a verlo en ese estado. No había día en el que no viniera a visitarlo, pero hoy, particularmente hoy me sentía más susceptible de lo normal. Tal vez porque hoy era su cumpleaños y no tenerlo a mi lado y ver su sonrisa era muy difícil.

–Te extraño mucho, pero extrañarte no es lo más difícil ¿sabes?

Miré a nuestra hija y peiné su cabecita.

–Moroha tiene algo que siempre me recuerda a ti –Me sequé las lágrimas– Sí, son sus ojos –Volví a mirar a Inuyasha– Tus ojos…

Me levanté y dejé un beso sobre sus labios como de costumbre.

–Te amo, pero por favor… –pedí sintiendo un nudo en la garganta– Déjame verlos una vez más… solo una vez más.

La puerta se abrió y provocó que me sobresaltara.

–Oh, Kag, los siento ¿Te asusté?

–Tranquila Rin, no fue nada.

Sesshomaru apareció por la puerta con un pastel y velas.

–¿Dónde lo pongo?

–Aquí – Señalé.

Cuando todo estuvo listo, llamamos a Sango y Miroku.

–¡Kagome! –chilló Sango– Qué felicidad verte otra vez. ¿Cómo has estado? ¿Cómo está mi sobrina?

–Ya amor –intervino Miroku apareciendo en la llamada– No la aturdas.

Traté de sonreír para que no se preocupara.

–Está bien, yo estoy bien y Moroha crece cada día un poco más.

–¡Qué emoción! Ya quiero que regreses a Yufuin para tener a mi sobrina y mimarla como se merece.

La sonrisa se me esfumó del rostro y al parecer todos lo notaron, porque comenzaron a hablar de otras cosas, sin embargo, yo no dejaba de pensar en aquella posibilidad, pero aquello significaba dejarlo, y yo no podía dejar a Inuyasha, no podía simplemente olvidarme de él y rehacer mi vida como si nada.

–¿Listos? –soltó Rin acomodando la cámara– Llegó el momento de la foto. Kag, tú y Moroha siéntense al lado de Inuyasha. Cariño, ven conmigo, estaremos del otro lado.

Sesshomaru asintió sin dejar de mirarme. Detestaba aquella mirada, aquella que se mezclaba con lástima y pena. Los ojos se me nublaron y sentí la incomodidad de Moroha al estar en mis brazos, ella simplemente no quería quedarse quieta para la foto.

–Ya mi amor –pedí– Moroha, por favor… quédate quieta.

–Kag ¿Quieres que te ayude?

–No, Rin –respondí– Yo puedo sola…

–Sí, pero…

Tal parecía que Moroha se rehusaba a quedarse quieta, y la desesperación me invadió. Yo solo quería terminar con esto, quería salir de este lugar y tomar aire porque todo esto me estaba asfixiando y era demasiado para mí. De pronto, Moroha comenzó a llorar, y aquello fue el detonante. Me puse de pie y le entregué a mi hija a Rin.

–Tenla, por favor.

–Kagome… –soltó mientras la recibía– ¿Te sientes bien?

–¡No! –exclamé– Lo siento, pero solo necesito aire.

–Kag…

Salí de la habitación sintiendo un profundo dolor en el pecho. Solo quería escapar un poco de aquella realidad; ya no quería sentirme así, tan sola y sin amor. Me senté sobre uno de los bancos en la terraza de la clínica y desde ahí pude ver todo Tokio. La caótica ciudad, con gente sumida en sus propios problemas y preocupaciones. Y, sin embargo, aquí estaba yo, sumida en recuerdos y promesas sin cumplir.

–Kagome.

–Por favor, Sesshomaru, quiero estar sola.

–Lo sé –dijo mientras se sentaba junto a mí– Pero le prometí a mi hermano que te cuidaría, y eso hago.

Lo miré por unos segundos.

–No me lanzaré al vacío si eso es lo que piensas.

Él me sonrió con tristeza.

–No pensaba en eso, pero tal vez pensabas en lanzarte sin paracaídas al profundo hoyo de la desesperación.

Llevé mis manos al rostro.

–Ya no puedo más… –musité– Cuando pienso que podría mejorar, solo son alucinaciones mías y todo sigue igual que hace tres meses. Nada ha cambiado desde entonces, Inuyasha no… –solté aire por la boca– A veces pienso que él no quiere regresar.

–Hey, no. No vuelvas a decir eso –increpó– Conozco a mi hermano y sé muy bien que él está luchando para regresar con ustedes.

Se escapó un sollozo de mis labios.

–Me siento culpable –solté– Por mi culpa él está así, por mi culpa mi hija no tiene a su padre a su lado.

–Kag…

–Antes de que todo esto pasara ¿sabes lo que dije? –Lo miré y él negó– Dije que lo odiaba.

Comencé a llorar y sentí su mano sobre mi hombro.

–¡Qué tonta! ¿Por qué lo dije? ¡¿Por qué?!

–Deja de castigarte, Kagome, no lo dijiste a conciencia.

–¡Así sea! –Limpié mis mejillas– Nunca me perdonaré el haberlo dicho, y tampoco me perdonaré el ser la responsable de que Inuyasha acabara así.

–No fue tu culpa.

–Lo fue, si tan solo yo no me hubiera ido a vivir con ese hombre, tal vez nada de esto estuviera pasando.

–Eso no lo sabremos, Kagome. Pero si buscas un culpable, entonces cúlpame a mí.

Sus ojos brillaron y dejé que el viento soplara.

–¿Por qué…? –musité.

–Sí, yo soy el único responsable. No pude proteger a mi hermano y nada de esto hubiera pasado si tan solo yo no hubiera actuado mal hace once años.

–¿Hablas de Kagura? –cuestioné.

–Así es, yo fui el responsable de su odio y por eso ella incitó a su hermana a que sintiera odio por Inuyasha. Si yo hubiera actuado de otra manera, nada de esto estaría pasando, e Inuyasha estaría aquí con nosotros.

–Eso no lo sabremos –Utilicé sus mismas palabras.

–Creo que no te he pedido perdón.

–¿De qué?

–Por haber sido una mierda con Inuyasha y contigo hace años –soltó.

–Creo que hay alguien más a quien le debes una disculpa –sugerí.

Sesshomaru miró al cielo y suspiró profundamente.

–Sí, pero a ella ya le pedí perdón.

Abrí los ojos con sorpresa.

–Lo hice el mismo día que traje a Inuyasha a la clínica, y mientras él estaba en cirugía el doctor me dijo que Kagura no resistiría mucho más –Bajó la cabeza y negó– Tenía un pulmón perforado y lamentablemente ya no había nada que hacer. Pero pude hablar con ella en sus últimos momentos, después de todo ella… me perdonó.

–Al menos pudo descansar en paz –comenté.

–Lo hizo, me dijo que al fin sería libre y que estaría con nuestro hijo en el cielo.

Aquello me conmovió.

–Estoy segura de que hubiera sido una buena madre.

–Sí… –musitó y me miró– Así como tú lo eres para mi sobrina. Sigue siendo así de fuerte, Kagome, llegará el día en el que ella te lo va a agradecer.

Sonreí y sequé mis lágrimas. ¡Sí! Tenía que ser fuerte por mi hija, porque ella era el producto del inmenso amor que nos teníamos Inuyasha y yo. Ella era nuestra estrella, nuestro sueño más grande y sobre todo era una gran promesa que sin querer habíamos decidido cuidar.

–Regresemos, no creo que Rin resista otro rato sin probar ese pastel –soltó bromeando y yo sonreí.

Bajamos por el elevador y cuando llegamos al piso, todos corrían de un lado al otro. Escuché el llanto de mi hija y corrí hacia donde estaba Rin.

–Rin ¿Qué pasó? –solté al verla en el pasillo.

–¡Kag…! ¿No vas a creerlo?

Tomé a mi hija en brazos y de inmediato se calmó.

–¿Qué ocurre? –cuestioné envuelta en desesperación– ¿Le pasó algo a Inuyasha? Dime ¿Tuvo otra convulsión? ¡Rin por favor! ¡Habla de una vez!

–Kag… Kagome.

Me sujetó del brazo.

–Él... Inuyasha despertó…

Continuará...