"Intenciones".
Las calles del Valle de la Paz veían pasar a un mar de gente que fluía por los puestos de los comerciantes. Este día, una gran ola de turistas visitaban la aldea por ser los últimos días de vacaciones para la mayoría de ellos.
El restaurante del Sr. Ping se llenó tanto que tuvo que dar papeles con números inscritos en estos a cada uno de sus clientes para llevar el recuento de la fila que se formó fuera del restaurante (la cual parecía no tener fin). Muchos otros comercios sufrieron de esto, y lugares como el Museo del Kung Fu o el Palacio de Jade no fueron una excepción tampoco.
Por esa misma razón, los Maestros del Palacio se vieron en la tarea de mantener el orden en las calles y comercios del Valle. Mono y Víbora vigilaban el Palacio y sus alrededores, mientras el Maestro Shifu se encargaba de recibir a la gente y les daba un breve recorrido por el lugar. Grulla y Mantis vigilaban desde el cielo los comercios y las calles en busca de disturbios. Y Po y Tigresa fueron asignados a patrullar la aldea a pie por si el grupo anterior no llegaba a interceptar algo.
Cada cierto tiempo, Po se detenía por el restaurante para ayudar a su padre con la fila y Tigresa pedía tofu antes de volver a patrullar. Luego ambos seguían con su deber tras cada parada. Hasta que luego de varias horas de patrullaje, Po se detuvo en el Museo del Kung Fu y se quedó mirando a los niños que entraban saltando y corriendo, acompañados por sus padres.
"Se ven felices..." Murmuró para sí. Tigresa arqueó una ceja por el comentario y se volteó a ver al panda, quieto frente a la entrada del Museo.
"¿A qué te refieres?" La pregunta hizo que se volteara con la mirada perdida y solo atinó a rascarse la nuca.
"Sabes... Antes no había muchas oportunidades de asistir a exhibiciones de lugares como el Palacio, o el Museo que Shifu montó." Po volvió a dirigir su mirada a la entrada del Museo. "Si pudiera volver atrás en el tiempo, y pudiera visitar esos lugares de niño... No sabes cuan feliz sería."
Tigresa llegó a su lado, y sacudió la cabeza con una sonrisa de solo pensar en ello. "Puedo hacerme una idea; nadie te soportaría."
Algunas risas ahogadas se le escaparon a Po, y justo cuando Tigresa volteaba para volver a caminar, soltó un: "Sin dudas. Nadie realmente podía conmigo en esos tiempos."
La gente seguía pasando al lado de ambos, pero el comentario incitó a la felina a escarbar un poco. "¿Ni siquiera el Sr. Ping?"
Po asintió lentamente. "Él siempre tuvo una paciencia inmensa conmigo. No lo culpo por no haberme soportado todo el tiempo. Una vez casi incendio el restaurante por haberlo distraído mientras cocinaba. Todo acabó bien al final, pero me prohibió hablarle en el restaurante por una semana."
Tigresa se rio entre dientes, miró al cielo e hizo una seña a Grulla para luego dar una palmada en el hombro al panda. "¿Quieres entrar otra vez?"
Po la miró y sonrió por la propuesta, pero levantó los brazos en señal de protesta y le dijo, "No creo que sea buena idea. La última vez que pisé el Museo enfadé mucho a Shifu. No quiero repetirlo."
"Si no tocas nada, podemos ir. Ya le avisé que vamos a tomar un descanso de las patrullas." Po arqueó una ceja hacía ella.
"¿Hablas en serio?"
"Sí." Tigresa se le adelantó y paró antes de entrar para preguntarle "¿Vienes o te quedas?"
La sonrisa de Po volvió y siguió a la Maestra. Al entrar, encontraron a mucha gente leyendo las descripciones que llevaban inscritas los estantes de las reliquias y artefactos que se encontraban en exhibición. Tigresa dio una ojeada al lugar mientras Po se maravillaba por las nuevas adquisiciones que consiguieron desde la última vez que lo visitó. Pero una pata paró a Po en seco y este se giró para ver de qué se trataba.
"¡Alto ahí!" Un cerdo vestido con una armadura de jade detuvo su paso y le extendió la pata. "Todos tienen que pagar por la entra... Espera, ¡no puede ser!" El cerdo se quitó el casco que le cubría la cabeza y lo miró con atención. Po solo cerró los ojos entre risas mentales, en anticipación de lo que se le venía... "¡Eres el Guerrero Dragón! Discúlpame por detenerte."
El cerdo hizo una reverencia ante él, claramente avergonzado. Po trató de mirar a otro lado y le dijo, "¡El único e inigualable! Pero no es necesario que pidas disculpas. Voy a pagar la entrada de todos modos."
Una vez que el cerdo recuperó un poco la compostura, y extendió su pata mientras no paraba de sonreírle, Po rebuscó entre sus bolsillos. Pero alguien más se le adelantó y pagó la entrada por ambos. "Vamos, Guerrero Dragón."
El cerdo levantó la mirada y se encontró con la Maestra Tigresa. Cerró la pata, y les dijo "Pueden pasar... Pero bajo una condición." Los dos se vieron entre sí y miraron nuevamente al cerdo. "¡Por favor! ¿Podrían darme sus autógrafos?"
Ambos contestaron al unísono "No hay problema." y le firmaron con tinta un pedazo de hoja que el cerdo les pasó. Al terminar, los dos siguieron caminando y el cerdo les gritó desde lo lejos: "¡Gracias! Disfruten de su visita."
Los dos voltearon a despedirse del cerdo y se adentraron en el Museo.
"Así te veías tú hace varios años." Murmuró Tigresa cuando perdieron de vista al cerdo. Po rodó los ojos y se limitó a seguirle el paso.
"Lo sé. Todavía me cuesta creer que ahora tengo fans, como todos ustedes." Po seguía admirando cada exhibición, hasta que una en especial captó su atención. "Y... Gracias por pagar la entrada."
"¿Bolsillos vacíos?"
"Sip. Y por eso no quería entrar en primer lugar."
Tigresa rodó los ojos y dirigió su atención a lo que veía Po, al instante abrió más sus ojos cuando recordó lo que tenía frente a ella. "¿Ese es...?"
Po asintió lentamente y se acercó más a la exhibición que tenían frente a ellos. "Una pintura del primer torneo nacional que ganaste." La gente pasaba a ver la pintura con curiosidad, y murmuraban al ver que tenían a los Maestros justo ahí. Tigresa ni siquiera sabía de dónde sacaron algo así. En el lienzo estaba ella acechando a un Yak en medio de una arena de combate. Shifu se podía apreciar en el fondo, entre la multitud. En su adolescencia, participó en distintos torneos para ver qué tan bien aprendía de las enseñanzas de su Maestro. Al principio, se le complicó y quedó fuera varias veces. Pero con los años superó cada uno de sus enfrentamientos y empezó a llegar a instancias finales. El recuerdo le dibujó una sonrisa en el rostro.
"¿Lo recuerdas?"
"Pfff. ¿Recordar? Yo estuve ahí. Los vi a todos ustedes." Tigresa lo miró y se cruzó de brazos. "¿No me crees?" Ella negó con la cabeza y Po le regresó una mirada desafiante. "Pruébame."
Ella miró hacia el techo, volvió a contemplar los detalles de la pintura y le preguntó al panda: "Cuando estaba en medio del combate, ¿qué fue lo que me dijo el Yak?"
"Eres insistente, gatita." La respuesta la dejó meditativa. Po se cruzó de brazos esta vez y contó sonriente, "Tú solo le clavaste la mirada, te abalanzaste sobre él y le rompiste la defensa con una patada giratoria que acompañaste con un golpe a su abdomen. Lo dejaste sin aire, te alejaste de él usando su cabeza como apoyo para un salto hacia atrás y arremetiste a cuatro patas hasta volver a él. Todo eso pasó tan rápido, que nadie dejaba de alentarte. Y para cuando el Yak recuperó el aire, te vio a ti volando hacia él a toda velocidad con los brazos y las palmas extendidas para chocar con su cuerpo. Un estruendo fue lo último que oímos, la tierra que se levantó se dispersaba poco a poco con los segundos y la única sombra que se divisaba desde mi asiento era la tuya. Al ver que el Yak quedó tirado en el suelo con una quemadura de tu golpe en el pecho, los jueces se levantaron y detuvieron el combate. Fue bárbaro." el relato maravillo a todos los que lo oyeron.
Tigresa notó una pequeña mancha de blanco y negro en el fondo de la pintura y divisó a un panda muy sonriente. "En verdad te gustaban mis combates..."
Po también la vio, y se rio al ver la cara de asombro de Tigresa. "En un momento dónde realmente me sentía perdido y sin propósito, verte a ti me ayudó mucho a seguir adelante." La confesión dejó a la felina en un estado meditabundo otra vez. Po la sacó de este con una palmada en la espalda y le dijo "Estoy muy agradecido por todo lo que hiciste Ti. Sentía que tenía que contártelo en algún momento."
"No hay de qué. Y gracias por contarme, Po. Por cosas así, siento que al final vale la pena luchar." Ella le dio una sonrisa que fue correspondida por él, y caminaron a la salida juntos. Así ambos salieron del Museo con miradas de asombro de la multitud siguiéndolos.
Una vez fuera, los dos continuaron caminando por las calles, hasta que en un momento a solas Po murmuró con la mirada perdida, "Nunca lo había repasado antes, pero tus marcas siempre me hipnotizaban. Y lo siguen haciendo."
"¿Acaso tratas de coquetear conmigo?"
"Estoy intentando... ¿Funciona?"
Tigresa se detuvo a mirarlo y le dijo, "¿En serio quieres arriesgar tu suerte?"
Un sudor frío recorrió la espalda del panda, su habilidad para articular palabras disminuyó tanto al punto de titubear y le contestó: "N... No... No es como que no lo haga todos los días."
Cerró sus ojos, con la intención de no volver a abrirlos después de esa declaración de intenciones. Y sintió la descarga de una chispa por todo su cuerpo cuando los brazos de Tigresa lo rodearon y ella apoyó su cabeza en su hombro. La calidez del gesto lo invitó a dejarse llevar y con mucho gusto la aceptó, devolviendo el abrazo sin siquiera pensarlo. Pero tras un instante, Tigresa apartó su cabeza y rompió el abrazo lentamente. Po abrió los ojos, quedó con la respiración agitada y se congeló en su sitio sin apartar la mirada de ella.
"Espera." Tigresa se alejó, miró al cielo e hizo una seña. Volvió a dónde Po se quedó como estatua de hielo y le puso una pata en la espalda para descongelarlo. "Ven, tenemos que volver. Hablaremos luego de esto. Se acabó el descanso..." Y con eso, los dos volvieron a patrullar las calles.
El resto del día fue movido para todos en el Valle; Shifu tuvo que tratar con gente que veía con las manos en el Salón de los Héroes, un coleccionista de insectos secuestró a Mantis y Grulla lo rastreó todo el día hasta que encontró su escondite, Tigresa y Po se sumaron al rescate cuando Grulla les dio la dirección, y Víbora tuvo que interceptar a algunos visitantes que trataban de saquear pertenencias de los otros Maestros del Palacio. Mono no se quejaba de su día, hasta que se dio cuenta que alguien secuestró su tarro de galletas y no lo devolvieron... Pero la duda de antes fue despejada, y tenía que ver con el Guerrero Panzón, quien a pesar de las dificultades del día se fue a dormir con una sonrisa en el rostro.
Fin.
Y con esto, se cierra la seguidilla de Oneshots que tenía planeada. En este, le debo toda la inspiración a una escena que alguien comentó y nunca pude sacármela de la cabeza (no sé si lo leerá, pero le estoy muy agradecido a esa persona por encender la chispa que acabó en esto... Todavía tengo que hacer la otra versión).
No quise meter ninguno en la antología que ya tengo porque al final les metí mucho tiempo al escribirlos y básicamente sería hacer trampa solo por ello. Pero se vienen cositas.
Como de costumbre, quiero agradecerle a "la-perla's mermaid" por ser mi beta otra vez para el cierre de esto. No sé cuántas veces lo he comentado, pero si les entra algo de curiosidad... Pueden echarle un ojo a lo que tiene.
Espero que se hayan divertido tanto como yo lo hice al escribir esto. Y si tienen sugerencias o comentarios, siempre pueden dejar una review. Yo los leeré cuando pueda (si lo recuerdo... Las notificaciones siempre me dejan tirado).
Ya no tengo nada más que contarles, así que no olviden que Palworld fue la primera sorpresa (en cuanto a juegos) del año, los perros pueden ladrar todo el día porque se les hace tan fácil como a nosotros el hablar, los errores críticos pueden ocurrir en cualquier momento (por eso siempre hay que tener copias en la nube), y montar un servidor en Linux es más complicado de lo que parece.
Yo me despido por ahora y, ¡los leo luego!
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