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Alastor colgó el teléfono; se esperaban nevadas intensas en las siguientes dos semanas y al parecer la Anhenerbe había decidido pausar las investigaciones hasta que las tormentas menguaran. No es que el clima impidiera la investigación, pero necesitaban a Alastor y su conocimiento, y el hecho de que su hogar de encontrara en medio de la nada no ayudaba a la situación. Por supuesto, todavía se habían ofrecido a ayudarlo a acomodarse en una casa en la ciudad, pero Alastor pidió unas pequeñas vacaciones, argumentando que emocionalmente no se sentía muy bien. Herman Wirth lo había entendido a la perfección, a sabiendas de que últimamente no se le veía tan enérgico como antes, por lo que no solo autorizó su descanso, le pidió animosamente que tratara de relajarse. Sin duda, Herman Wirth se estaba comportando como un buen amigo, y Alastor lo agradecía debido a sus circunstancias non gratas, aunque nunca consideraría a esa rata siquiera como un colega.
Después de llamar al señor Wirth, Alastor marcó el número de Alesteir Crowley. Siendo honesto consigo mismo, el caníbal realmente no quería hacer esa llamada, pero realmente necesitaba a alguien que hiciera algunas cosas por él, y el único en el que podía confiar por el momento era el señor Crowley.
Además, pensó que era momento de aprender la magia espacio-temporal que el anciano había creado, simplemente porque era necesario.
Charlie, por su lado, seguía observando el rostro del wendigo que decía amarla, desde la cocina; las palabras que él le había rogado que ella le dijera todavía flotaban por su cabeza, y la hacían sentir como si la estuvieran hirviendo, haciendo que sus mejillas rebosaran en color.
No es que ella realmente no sintiera algo por Al, pero, vamos que realmente no le gustaba mentir.
Tenía miedo a lastimarlo, porque él la amaba. Y la amaba tanto que la desconcertaba.
No es que ella no supiera lo que era el amor, el amor verdadero como el que se profesaban sus padres, pero a ella su pareja en realidad nunca la amó.
No cómo el amor gentil de Alastor.
Alguna vez alguno de sus maestros que Lucifer le había conseguido le dijo algo que todavía le rondaba por la cabeza.
"Tenemos el amor que creemos merecer."
Entonces, ¿ella merecía el amor que le profesaba Al? Esa pregunta rebotaba en su cerebro, mientras escuchaba la voz tranquila del wendigo hablar por teléfono con quiénes debía hacerlo.
En otros tiempos, tal vez ella estaría intentando gritar para que alguien la sacara de aquella casa, pero en ese momento, ella estaba bien.
Sabía que no podía volver con los humanos. No cuando su parte súcubo había renacido en ella.
No cuando Alastor la necesitaba.
Ella de verdad no quería lastimarlo, pero también no quería alejarse; le gustaba la idea de ser amada por el, a pesar de todo.
Y ella, ella sólo quería verlo feliz, porque lo merecía.
Cuando Alastor por fin dejó el auricular del teléfono descansando sobre el pedestal, ella le sonrió y luego desvió la mirada.
El rostro del wendigo no había cambiado mucho, pero ya no parecía humano. Cierto era que en realidad nunca lo fue, al menos no completamente según su explicación previa.
Sus ojos estaban en diferentes tonos de rojos, tanto el iris como la esclerótica, dejando sólo sus pupilas oscuras en contraste; con los párpados pintados también de un rojo más oscuro. El cabello le había crecido lo suficiente como para estar cerca de los hombros y las puntas del mismo eran oscuras como un ala de cuervo mientas que lo demás era carmesí. Su sonrisa ahora estaba adornada por dientes afilados, y aún así parecía amable y educado; pero lo que más llamaba la atención de tal transformación a parte de las garras de sus manos, eran las orejas.
Sí, a Alastor le habían nacido un par de orejas grandes sobre su cabeza, de un tono rojo como el de su cabello, e igual que el mismo, tenían una parte color negro. Negro como sus astas que habían crecido un poco más de lo que ella recordaba.
De alguna manera, Charlie pensó que él se veía mejor con ese aspecto demihumano que con la suavidad y el encanto de su figura humana.
Aunque claramente a Alastor el cambio lo había no solo consternado, probablemente le era contraproducente.
—"Chèrie, el señor Crowley vendrá más tarde, espero no te moleste."
Ella negó con la cabeza al ser interrumpida en sus pensamientos. Si bien ella estaba completamente bien con el nuevo cambio de Al, su instinto de súcubo superior a veces le aquejaba con impulsos que ni siquiera había experimentado con Seviathan.
Tal vez era porque en la tierra, ella estaba al borde de la inanición.
Charlie estaba consciente de que su existencia en el mundo humano era peligrosa, porque la energía espiritual en el mundo era mínima, y eso la mantenía enferma, casi al borde de la muerte, según palabras de Alastor.
Era por eso que ella debía de rodearse de objetos malditos llenos de energía, cualquier tipo de energía.
Alastor le había dicho que normalmente las maldiciones tenían mucho poder, así que ella estaría bien mientras él y Crowley cazaban objetos para ella y redirigían esa energía al colgante que Alastor le había dado.
También le dijeron que, a veces necesitaban hacer rituales, pero que usarían cerdos para ellos. Nada de lo que preocuparse.
Tal vez era porque la casa de Alastor estaba llena de cosas extrañas, probablemente malditas, que allí se sintió con mejor ánimo. Y después de las dos veces que ella y él habían tenido eso… ella se sentía bastante bien, aunque no lo suficiente como cuando estaba en el infierno.
Y pensó que esa era una de las causas por las que su mitad súcubo imploraba por estar con Alastor.
Porque Alastor era un platillo que necesitaba en su menú. Picante, dulce, incluso un poco salado; el amor y la pasión de Al era demasiado sabroso para ella.
Charlie miró la taza de café con leche que había estado bebiendo mientras el caníbal hacia sus llamadas. Sentada en un banco, usando la encimera como mesa, ella había esperado ahí al wendigo mientras hacía lo que tenía que hacer.
Su ropa era una blusa de cuello alto con botones en color melocotón y una falda larga, negra. Ella se sentía más cómoda con esa ropa sencilla que Alastor le había conseguido que con todo el lujo que la había rodeado el partido gobernante de Alemania en la embajada de Agartha hasta hacía un par de semanas.
—"Siempre es bueno tener visitas…" —Dijo ella como respuesta. —"La última vez fui un poco grosera, así que me gustaría hacer las pases… ¡Aunque tenía mis razones para actuar así!" —Charlie se enfurruñó; recordar ese día de su vida en el mundo humano todavía la hacía enojar. Ya hablaría con su padre al respecto.
—"No lo niego, sweetheart. De nuevo te pido perdón por semejante trago amargo que te hice pasar."
—"Bueno, realmente no es tu culpa, ¿sabes? Papá es el culpable en dado caso… aunque tampoco es que pueda echarle toda la culpa en realidad…"
La princesa soltó un suspiro cansado; desde aquel día en el que se volvió un ave enjaulada, ella no había podido hablar con su padre.
Era algo típico de Lucifer, en realidad, huir de los temas espinosos que surgían entre ellos.
No es que ella fuese mejor, de hecho ni siquiera tuvo el valor para explicar que ella no quería la relación con Seviathan hasta que ya era muy tarde.
Y tampoco es que les haya dicho el motivo exacto de su desagrado con esa unión que hasta unos meses antes del anuncio parecía un cuento de amor perfecto.
Ella simplemente se congelaba cuando creía que podría defraudar a sus padres, como si su vida dependiera de la aprobación de ambos.
Incluso si sabía que ellos la apoyarían en casi cualquier cosa.
Alastor colocó una de sus garras oscuras sobre la cabeza de la princesa, acariciándola como si fuese un niño travieso. Los ojos del wendigo irradiaban calor hogareño, tal sensación a la que ya se había acostumbrado.
—"Oh, chèrie, tal vez en este asunto no haya culpables realmente… Fue todo un golpe del destino que los humanos te trajeran aquí en primer lugar. ¡Ni siquiera tu padre podría haberlo adivinado!"
Alastor alejó su mano delicadamente; tomando uno de los mechones dorados entre sus dedos y observándolo. Charlie y él estaban separados por la encimera de la cocina, pero ella sentía que no había nada entre ellos. Su corazón latió con fuerza cuando ese mechón viajó hasta los labios del wendigo y finalmente fue liberado.
Hubo un momento de silencio, mirándolo fijamente a los ojos, hasta que ella se aclaró la garganta y continúo.
—"Si… si, lo tengo. ¡Pero eso no significa que deba quedarme callada, Al! No soy una niña a la que simplemente pueden obligar a hacer lo que quieren sin siquiera explicar nada. Y eso también va para ti…
El caníbal demihumano sonrió inocentemente, si es que se podría describir de esa manera su mueca en el rostro; se alejó de la encimera con dirección a la cocina.
—"Sweetheart, yo nunca haría algo para lastimarte. Lo juro."
Ella volteó su cuerpo hacia donde ahora Alastor estaba; el caníbal parecía estar buscando algo en uno de los compartimentos superiores de la cocina. Cuando encontró el bote de cerámica con tapa y la abrió olfateó el contenido.
—"No me preocupa que me lastimes, Al. Me preocupa lo que podrías hacer para mantenerme segura…. No quisiera que tuvieras problemas con el cielo por mi culpa. ¡Mucho menos que me ocultes cosas! Vale… Aunque parece que el cielo ni siquiera se ha dado cuenta de que no estoy donde debería…"
—"Creéme, lo hacen." —Le respondió tajante. Para ese momento Alastor había acercado un pequeño tazón y lo había llenado con el contenido del contenedor de cerámica. Los granos de café enteros parecían dulces dispuestos como un pequeño refrigerio. Alastor tomó uno de esos granos y lo llevó a su boca, masticando lentamente. —"Por eso te trajimos aquí."
La cara de Charlie se llenó de preocupación. Si bien ella pensaba generalmente bien del cielo, sabía qué tan severos podrían llegar a ser por desobediencia ante sus designios.
Alguna vez su madre intentó parar el exterminio, y eso sólo logró que lo hicieran más seguido, hasta que Lucifer intervino para negociar.
De esa negociación al menos se obtuvo el perdón para los nacidos en el infierno, porque a los exterminadores parecía no importarles quiénes caían bajo sus lanzas.
Y eso había pasado simplemente por protestar. Cambiar el exterminio que se hacía cada cinco años a una vez al año.
Ella todavía era una niña en ese entonces, y observó como su madre se había deprimido a causa de lo ocurrido.
Tal vez era una de las razones por las que a ella no le gustaba preocupar a sus padres, porque sabía qué tanto tenían que soportar siendo gobernantes del infierno.
—"Pero, my dear, ¡no pongas esa cara! Ninguno de esos mojigatos alados podría poner un pie en esta casa… ¡Te lo aseguro!"
—"¡Eso es lo que menos me preocupa, Alastor! Lo que quiero es que me prometas que, pase lo que pase, no vas a matar a ninguno de ellos, y que tampoco te vas a arriesgar a que te hagan daño…"
—"¡Oh! Chèrie, ¿te preocupa mi seguridad?" —La sonrisa de Alastor se mostró extasiada. Simplemente no pudo evitar que su corazón se acelerase como cuando experimentaba la emoción de la cacería.
—"Bueno… ¡Si! No es que quisiera que te pase algo… Tú y yo somos… bueno… estamos saliendo y… ¡Ese no es el punto! Simplemente no quiero que haya motivos para que cuando termine todo esto tú seas cazado por los exterminadores. Ellos… ellos no son amables y yo..."
Alastor se acercó a ella, dejando el tazón lleno de granos de café en la encimera en cuanto llegó al destino. Luego, tomó las mejillas de su amada entre sus garras, obligándola a sonreír y a mirarlo. Los ojos rojos del wendigo parecían cansados. Charlie pensó que tal vez ella se había sobrepasado con la energía que había tomado de él y la culpabilidad llenó su mirada.
—"No sé en qué estás pensando, Charlie, pero ellos son la menor de mis preocupaciones cuando se trata de mi seguridad. Charlie, yo no puedo morir, incluso si está vasija mortal se rompe… Ahora mismo lo único que importa eres tú, y no pienso permitir que absolutamente nadie te dañe, ¿entiendes?"
La voz del wendigo se había oscurecido y estaba tan baja que apenas ella podía escucharlo. Ella pareció escuchar un sonido como la estática de radio mientras Alastor hablaba. Charlie no pudo evitar sentir escalofríos en su columna vertebral al escucharlo hablar; y algo en sus entrañas de revolvió en un sentimiento discordante y contradictorio.
Sin pensarlo, la mano blanca de la princesa infernal viajó hasta el rostro sonriente de Alastor y le brindó una caricia. El wendigo fácilmente se volvió un cachorro necesitado que restregó su mejilla en esa mano suave y cálida, empujándola suavemente con su garra libre hacía sí, apresando con ello su mano blanca entre la mano izquierda y la mejilla de Alastor para luego besarla.
—"No deberías preocuparte por mí. No estoy hecho para caer fácilmente, igual que mi padre." —Añadió. Los ojos de Charlie lo miraban como una cierva a un faro de luz, y eso lo hizo estremecerse. A él le gustaba cuando ella le temía y cuando lo deseaba. Le gustaba hacerla sentir emociones fuertes, sólo por él y para él.
—"De cualquier manera…" —Charlie replicó dubitativa con su voz dulce y sus ojos acuosos. —"Prométeme que no matarás a ningún ángel, que sólo vas a defenderte si algo pasa, sin usar tus poderes raros y terroríficos… Que vas a huir antes de ser lastimado."
Charlie estaba consciente de que Alastor podría ser algo que fácilmente mataría a un ángel exterminador, pero no estaba segura si podría contra una legión de ellos. Además, él se había metido en los asuntos de los ángeles por ella, y lo que menos quería era que el cielo supiera que Alastor era uno de aquellos que habían encerrado en un sueño eterno, porque si eso ocurría… ni siquiera negociar con su propia existencia como el anticristo podría salvarlo de ser cazado y, tal vez, ¡oh! Ni siquiera quería pensar en eso.
—"¿Lo prometes, Al? ¿Que no vas a matar a ningún ángel ni vas a meterte en problemas con el cielo por mí?"
Alastor suspiró; ya era demasiado tarde para prometer no usar sus poderes ni meterse con el cielo, pero podría prometer no matar a ninguno de los cretinos alados. Además, siempre había una puerta trasera.
—"Mmmm… Está bien." —Dijo él, levantando los hombros como si no le importase mucho. —"Es una petición razonable."
Charlie sonrió como una niña a la que se le permitió quedarse con la suya, y eso ante los ojos de Alastor estaba bien.
Porque él no se había metido con el cielo por ella, lo hizo simplemente porque estaba molesto. Lo hizo para desahogarse.
Y tampoco es que hubiera matado al ángel, de hecho.
Cumplir las peticiones de Charlie no sería difícil, por el momento.
†******†
Alesteir Crowley se teletransportó a unos veinte metros de distancia de la casa de Alastor; su magia era bastante conveniente pero tenía limitaciones, y un par de ellas eran que no podía llegar a un lugar no conocido ni atravesar barreras, mucho menos una como la que se erigía en torno a la casa del caníbal.
La capa de nieve era demasiado gruesa, tanto que sus piernas se sumieron hasta la rodilla en ella; Alesteir bufó, demasiado trabajo era aquel para su edad.
Lanzó un suspiro pesado como si con él juntara sus ánimos y empezó a prepararse para caminar.
Llevaba una mochila que apenas aguantaba llena de víveres; el clima seguiría mal esas semanas y Alastor le había solicitado algunas cosas para que la princesa y él pudiesen pasar las tormentas invernales a salvo.
La nieve seguía cayendo desde el día anterior, aunque era una nevada ligera. La carretera seguía sumida en nieve, y seguramente el paso se abriría hasta unas semanas después.
El anciano sintió que su alma volvía a su cuerpo cuando al fin llegó al pórtico; vio la sombra de Alastor deslizarse por debajo de la puerta, como una serpiente voraz. Recordó cuando lo observó usarla por primera vez y se le hizo la cosa más interesante del grupo de habilidades que ostentaba el joven Alastor. No es que la codiciara, pero realmente pensó que tenía bastantes usos prácticos.
Tristemente aquella habilidad no podía ser aprendida. No si querías continuar siendo un humano común y corriente.
El señor Crowley atravesó la barrera fácilmente ya que el creador de la misma le había dado una "llave", un amuleto hecho especialmente para el anciano , el cuál respondía a su propia aura, por lo que nadie más que él podría usarlo.
La puerta se abrió inmediatamente se acercó a ella; la sombra de Alastor lo recibió con un a sonrisa. Crowley pudo escuchar el sonido de la música proveniente de la sala, dos voces cantando alegremente I don't want to set the world on fire a coro; las risas de una chica, nadie más que la princesa Charlotte, amenazaban el estribillo que la voz masculina repetía.
El viejo Crowley dejó la mochila en el pasillo, descansando de su carga, y luego caminó hacia la sala donde los habitantes de la casa parecían divertirse.
No era de extrañar que ambos se entretuvieran de esa manera; durante el tiempo en el que la princesa y Alastor convivieron en la embajada de Agartha, ambos disfrutaban de números musicales auxiliados por el piano que Himmler le había obsequiado a Charlotte.
Cuando llegó a la sala, Alesteir Crowley se quedó en silencio lo suficiente como para tratar de procesar lo que veía.
Dos seres sobrenaturales estaban cantando y bailando; aquello no sería tan impactante para él si no fuese porque uno de ellos, se supone, era humano.
El rostro angelical de Charlie, pálida y sonriente era algo que podría esperar, pero no así el aspecto de su acompañante. Astas negras, rostro humano, ojos sobrenaturales, orejas…
—"Por todos los infiernos… ¿Alastor?"
Los amantes salieron de su trance musical en cuanto escucharon la voz conmocionada del anciano.
Ciertamente tenían mucho que decir.
†*****†
Nuriel se contorsionó sobre sí mismo, tocándose la cabeza con la única mano; uno de sus ojos había cambiado del dorado al negro con rojo sanguinolento enfermizo como si se hubiera reventado y había vetas alrededor de este en un verde extraño que parecían palpitar.
La saliva salía de su boca, como si tuviera rabia; se estrelló una, dos, varias veces contra la barrera transparente que Sera había levantado alrededor del camastro dónde lo había dejado.
Los gritos ininteligibles podían escucharse atenuados por la barrera, ocultando del cielo la verdad vergonzosa y terrible del depredador que podía corromper lo divino; esos gritos que como un canto hereje celestial se alzaban de una garganta frenética.
—"¡Sera!" —Imploró Azrael nuevamente. Nuriel había despertado no hace mucho, demostrando que no podía luchar contra la corrupción de los inefables. —"Por favor… ¡Por favor!"
La serafín de piel oscura miró tranquila al ángel corroído, sin establecer contacto con Azrael.
—"Imposible, hermano mío." —Sentenció. —"Está en un punto insalvable. El único que podría acabar con su corrupción ahora es Lucifer, siendo él el único casi inmune a tal abominación de los durmientes. Nuriel debe ser exterminado."
—"¡Sera!" —Volvió a pedir casi al borde de las lágrimas Azrael. —"Yo sé que hay otro camino, por favor, ayúdalo. Él merece ser salvado. ¡Podría ir y hablar con padre! Estoy seguro él…"
—"¿Quieres sacrificar el alma de humanos inocentes por Nuriel, Azrael?" —La voz de Sera se escuchaba con trazos de ira. —"Cuidado con tus palabras…"
—"¡Estoy seguro que Padre podría rescindir de un puñado de ellos por el bien de uno de nosotros!" —Espetó, con esperanza y miedo siquiera de expresarlo. Nadie en el cielo lo habría pensado antes, usar las almas de los justos.
—"¡Esas almas sólo pertenecen al creador! ¡No permitiré tal blasfemia!"
—"¡Nosotros somos su creación más amada, Sera! Estoy seguro que un poco de la energía que recibe de ellos no la va a echar de menos. ¡Estamos hablando de salvar a uno de nosotros!"
—"Incluso si fuese yo, Azrael, el alma de los justos no será exterminada para salvarnos. Ellos dan energía al cielo con sus alabanzas y su fe. ¿Qué crees que pase si se enteran de la verdad? ¿Qué crees que pase si ellos saben que el cielo es todo esto gracias a ellos y su fe?"
—"Sera… yo."
—"¡Basta!" —Gritó, furiosa. —"No puedes tocar las almas de los justos para curarlo. Como piedad, les daré tiempo para despedirse y ver si Nuriel puede luchar contra la eso… Si para entonces permanece de esta manera, será exterminado a manos de Lucifer."
La serafín estaba molesta. No quería hablar con el ángel caído así como no le gustaba hablar de asuntos secretos con sus hermanos del mismo rango. Azrael se había encariñado demasiado con Nuriel, probablemente de la misma manera en la que ella se había encariñado con Emily, pero a veces se tenían que tomar decisiones difíciles.
Dejó a Azrael, quien permaneció pegado a la barrera observando al ángel corroído por los durmientes gritar y retorcerse; tenía pena por ellos.
Ella no debía darles esperanza.
Ella no debía romper las reglas.
—"Si encuentras a un justo antes de morir, y logras tomar su alma antes de ser juzgado, podría funcionar. Pero no debes intervenir en su muerte, o caerás como Lucifer. Aunque no creo que sea suficiente con una."
Ella rompió las reglas. Le dio esperanza.
Se había ablandado.
Azrael la volteó a ver con ojos llorosos.
Sabía qué hacer ahora.
—"Gracias, Sera." —Dijo él, pero no lo escuchó. Sera sólo podía oír a su cerebro reprochando sus acciones. Nunca debió darles esperanza.
†******†
El viejo Alesteir limpió el sudor de su frente con un pañuelo que Charlie le había extendido; si bien, sabía que Alastor era uno diferente, nunca se había imaginado cuánto.
Cierto era que Charlie y el wendigo habían acordado no decir toda la verdad, pero tampoco mentirían tan descaradamente. Para Alesteir Crowley, Alastor sería un ente cercano a los dioses antiguos, no un semidios.
—"Bueno, eso explica por qué tu sombra es tan peculiar." —Bromeó; en otros tiempos, más joven, Alesteir tuvo la oportunidad de encontrarse con algo parecido a Alastor, un profeta de esos dioses durmientes, que si bien eran extraños, no eran del todo desconocidos. —"Y aunque entiendo por qué tu hermetismo, muchacho, creo que hubiese sido mejor que me lo confiaras antes. ¡Vaya impresión que me has dado!"
Alastor soltó una risilla mientras Charlie cerraba los ojos y hacía un ademán de disculpa. Realmente lo que ella menos quería es que al señor Crowley le diera un infarto.
—"Oh… ¿Cómo podría ser, amigo mío, posible? Dudo mucho que mi aspecto sea lo más extraordinario que hayas visto en todos tus años metido en el círculo al que ambos pertenecemos."
—"Eso es cierto… en verdad. Sin embargo no olvides que ya soy un viejo y mi corazón ya no está para estos trotes…" —Alesteir Crowley se dejó caer en el sofá en el que estaba sentado, recostando su espalda, tratando de descansar su viejo cuerpo. —"Nunca pensé que encontraría a otro de los tuyos."
La atención de Alastor se centró en la última frase del anciano; si bien, el wendigo sabía que no era el único hijo de los inefables, no estaba seguro de que hubiera otros parecidos a él en la tierra. Tampoco sabía si eran exactamente como él o sólo eran profetas.
—"¿Otro?" —Charlie intervino sin querer. Ella realmente no sabía qué tan comunes eran los seres asociados con los dioses del caos y el abismo.
—"Fue hace mucho tiempo, en las montañas del Himalaya; yo estaba buscando el Shamballa… todavía no había terminado de investigar mi magia espacio/temporal y nos perdimos. Muchos de mis compañeros murieron, y la noche en que lo hicieron, lo conocí. No era exactamente como tú, muchacho, pero era parecido… Sin rostro, con astas en la cabeza y sus ojos en sus manos… Él se comió a todos, usando su cola larga para atraparlos y llevarlos a sus fauces, me miró con sus ojos, acercando las manos a dónde deberían estar. Ese día pensé que iba a morir, pero no lo hice. Él simplemente me miró y me dijo que no era mi turno. También me dijo otras cosas que no recuerdo muy bien, pero lo que se me grabó en la cabeza fue su nombre…"
—"No lo digas." —Alastor interrumpió presuroso. —"Bien sabes, amigo mío, que los nombres son poderosos… Si lo nombras, estarás invocando algo que no necesitamos aquí. Por algo a esos dioses nunca se les llama por su nombre, si no por su título."
Crowley asintió; había sido descuidado. Tal vez la ancianidad lo estaba volviendo débil.
—"Creo que la conmoción me hizo olvidar…"
—"Te entiendo amigo mío… ¿Tal vez un poco de té alivie tu shock mental?"
—"Lo agradecería, sin embargo… necesito hablar contigo a solas sobre otro asunto importante…"
Charlie miró a Alastor, y él le devolvió la mirada. El viejo Crowley parecía preocupado y serio.
—"Creo… yo iré a preparar el té. ¡Al me enseñó cómo hacerlo! ¿Cierto?" —La princesa se levantó del sofá doble donde estaba sentada y se volvió hacia la cocina.
—"Oh… gracias, querida." —Crowley dijo, sonriendo. Era extraño que aquel viejo hiciera tal gesto, ya que siempre se veía solemne aunque se vistiera a veces de manera un tanto ridícula.
Alastor sólo pudo mirarla, anhelante. Ya no se esmeraba en esconder nada al respecto de lo que sentía por ella. Aquello preocupó al viejo Crowley.
Cuando Charlie salió del ambiente, Alesteir se acercó al demihumano de astas oscuras con una cara de pocos amigos.
—"¡¿En qué estás pensando, muchacho atrevido?!" —Empezó el anciano; los ojos de Alastor se cerraron un poco con disgusto. A él no le gustaba que lo tratasen de aquella manera.
—"No sé de qué estás hablando, amigo mío."
—"¡Por todos los infiernos, Alastor, ella es el anticristo! ¿Estás consciente de qué es lo que Lucifer hará si se entera de que ustedes dos..?" —El anciano juntó sus manos para apoyar sus ideas, haciendo una clara seña que significaba "estar juntos".
—"No seas tan exagerado…" —Desestimó Alastor. —"Dudo mucho que Lucifer siquiera se de cuenta hasta que Charlie decida si decirle o no…"
—"¡Por todos los dioses, muchacho, se nota a leguas lo que pasa entre ustedes dos!" —Suspiró luego. —"Si yo me di cuenta, él también lo hará. Además… ¿Sabes el caos que puede desencadenar si mantienen su relación? Dudo mucho que los dioses a los que sirves no la deseen para ellos… llevo mucho tiempo en la tierra y sé más o menos en qué tipo de cosas se meten los de tu congregación."
—"No soy como esos muñecos ignorantes, Crowley, ¡no me insultes por favor! No, no, no. Trabajo solo y hago lo que quiero. Charlie está en buenas manos."
—"Tu contrato con Lucifer no te va a salvar si ellos te reclaman, Alastor." —La voz de Crowley era un susurro, pero tenia fuerza.
—"No lo harán." —Respondió con confianza.
—"Eso no lo sabes, muchacho. ¡Son dioses! Un simple mortal no puede oponerse, aún si has acumulado poder."
A esas alturas el caníbal ya estaba claramente irritado; si bien no respondió a las palabras del viejo, sus ojos ardían en enojo y su sonrisa forzada irradiaba molestia.
—"Sólo piénsalo, Alastor. Todavía estás a tiempo de evitar una catástrofe." —Añadió el anciano.
—"Gracias por tu preocupación y tu ayuda, Crowley, pero creo que en ese asunto los únicos que podemos decidir cómo actuar somos Charlie y yo." —Alastor fue amable; si bien estaba molesto, entendía un poco a Crowley. Por supuesto que el viejo tenía razón, si Alastor no fuese un semidios. Además, pronto sería libre, ya estaba trabajando duro para eso, incluso ya había planeado el itinerario de su vida sexual con su preciosa Charlie para poder cumplir con su objetivo.
El anciano negó con su cabeza; sabía que Alastor era impulsivo, pero nunca creyó que fuese tan irresponsable. Y aunque él podría hacer la vista gorda, no quería. Suspiró.
—"Sólo, ve con cuidado. Sabes que te aprecio, muchacho." —Terminó de decir el anciano; Alastor sonrió amigablemente. Sí, el wendigo lo sabía y no le importaba demasiado. Crowley era alguien de quién podría aprender, y eso es lo que más le agradaba de él.
†*****†
Hacia tres días de la visita del anciano Crowley; Charlie estaba echada en el sofá doble de la sala. Ella no tenía últimamente mucho tiempo en común con Alastor; él se había encerrado en el sótano (su estudio) para aprender de las investigaciones del señor Crowley.
Si bien, él salía todavía de su encierro para cocinar, comer, ducharse y dormir con ella, Charlie todavía se sentía solitaria.
Además, aunque Razzle le hacía compañía, no era un buen conversador.
Miró el calendario de mesa que estaba sobre la chimenea; había una fecha remarcada en rojo, el 24 de diciembre. Faltaban unos pocos días para eso.
Charlie recordó lo que vivió el año pasado por esas fechas; en ese momento, ella todavía creía que había llegado al mundo humano por algún motivo especial, se sentía como en un sueño, tratando de salvar almas humanas antes de que murieran. También se sentía completamente feliz por saber sobre las costumbres de los humanos vivos y comunes.
Todos los que la rodeaban cuando ella era el ángel de Agartha parecían muy dispuestos a ayudar con sus proyectos y eso la hacía pensar que eran buenas personas que seguramente irían al cielo. Cierto era que algunos no actuaban como tal, pero Charlie veía potencial para que no cayeran al infierno luego de morir.
Alastor le había comentado que en navidad normalmente la gente con mucho dinero que gustaba de hacer caridad se ponía más espléndida, por lo que sería buena idea organizar un baile. Por supuesto que ella accedió a la idea con mucho gusto.
Aunque el baile al final lo terminó organizando el partido político que reinaba sobre el país en ese momento.
Ella realmente admiraba en cierta forma a los dirigentes del país al que llegó; las dificultades que se encontraron, siendo acosados por otros países con exigencias de dinero exageradas. También parecían tener problemas con un grupo de extranjeros que se habían apoderado del sistema bancario y que ahogaban a los ciudadanos.
Ellos hicieron lo que tenían que hacer. Dejaron de pagar las extorsiones que los países más grandes les exigían y deportaron a todos esos extranjeros aprovechados luego de incautar sus bienes.
Habían sido decisiones duras, pero Charlie los entendía.
Por supuesto, ella sólo conocía la versión endulzada de toda la situación política y social que los miembros del partido, Alastor y Crowley le habían dado. También había comparado las cosas con sus vivencias en el infierno y le parecía que realmente estaban luchando por la supervivencia de su pueblo.
Ella nada sabía de la parte oscura. Incluso cuando declararon la guerra, Charlie pensó honestamente que era simple autodefensa.
Volviendo al tema del baile, ella tenía buenos recuerdos de aquel día. Nochebuena, era la festividad que los humanos celebraban con gran emoción.
Charlie recordaba que se intercambiaban regalos y brindaban por la felicidad y la prosperidad del país. También había algo llamado "muérdago" que parecía ser una especie de ritual en el que debías besar a alguien que se quedara debajo de una rama.
Tristemente, pensó que este año no vería la felicidad de los humanos al celebrar. Se puso a imaginar a Dazzle festejando por ella, camuflado en una imagen perfecta de lo que Charlie representaba. Realmente la princesa esperaba que Dazzle no tuviera contratiempos suplantándola, pero confiaba en que el señor Crowley lo ayudara.
La última vez que el anciano los había visitado al menos le prometió que cuidaría de Dazzle y esperaba que cumpliera su promesa.
La princesa suspiró nuevamente; ya era hora de que le recordara a Alastor que debía hacer la cena. Se levantó del sofá y se desperezó, dándose unas pequeñas palmadas en sus mejillas luego.
Sonriente, caminó hacia la puerta del sótano.
†*****†
Notas de autor:
Cada que escribo sobre ellos dos, mi corazón se siente tan bien, aunque sé que hay bastantes secretos y mentiras entre Charlie y Alastor todavía.
El venado parece ser que está completamente advocado en embarazar a su chica, aunque no sea por buenas razones.
Ahhh, el siguiente capítulo será todo fluffy porque se me ocurrió meterle relleno navideño jajajaja.
Gracias por leer este delirio mío.
