EL VALLE DEL FIN

El valle está rodeado de árboles como una muralla. Al fondo ves una montaña que parece cortada con un hacha mal afilada; en su centro, una ruidosa cascada cae contra un lago que, por algún motivo, se mantiene casi en calma. A ambos lados de la cascada están los colosos de los que te hablé, tan grandes que si los miraras desde sus pies, y levantaras la cabeza, te daría vértigo mirarlos. A Naruto, desde luego, también le pasa. Pero no exactamente por lo que piensas.

Ahora que está parado sobre la superficie del lago y mira hacia arriba, puede verlo. Allá, a lo lejos, sobre la cabeza de Madara Uchiha, hay dos puntos rojos que son los sharingan de su amigo. Incluso desde aquí puede percibirse el rencor que transmiten. Si las miradas pudieran golpearte, ésta le habría perforado de lado a lado. Justo como a Neji Hyuga le está atravesando una flecha, en este mismo momento, sin que nadie esté allí para ayudarle.

Naruto aprieta los dientes y sube la montaña a saltos, pegándose a la piedra con el chakra de sus pies.

— No debiste venir aquí. — Es lo primero que le dice Sasuke. Está siendo sincero. Para él, la suya es una carga que ha de llevar solo. O poniéndolo de otra manera, sus problemas no son asunto de Naruto ni de nadie, sólo suyo— Lárgate. No tengo tiempo para darte una paliza.

— ¡Sasuke! ¡Tú... pedazo de imbécil... cómo puedes ser tan tonto! — Ah, Naruto nunca fue la persona más elocuente. Es de esa gente que pretende darse de cabezazos contra un problema hasta que se resuelva por arte de magia. Lo curioso es que a veces le funciona. ¿Es que algunas cosas sólo se arreglan a golpes?

Están subidos sobre los colosos de piedra: Sasuke sobre Madara Uchiha y Naruto sobre Hashirama. Claro que ninguno de los dos es capaz de sacarle algún significado a todo esto. Están demasiado centrados en sus diferencias. Ambos están seguros de que tienen la razón. Y ambos saben que el otro no cederá mientras pueda mantenerse en pie.

— Es la última vez que te lo digo, Naruto. O te largas ahora o te vas a arrepentir. — Y dándose la vuelta, Sasuke se marcha...o lo intenta. Un kunai se clava a sus pies. Y él vuelve a girarse con la rabia pintada en la cara, pillar las cosas — dice Sasuke, con una risa amarga—, que hay que metértelas en esa cabeza a golpes para que las entiendas. Muy bien. Dejaré que me hagas perder el tiempo una vez más.

Naruto suelta una carcajada que tiene que forzar.

— Hazte el chulo ahora que tienes dientes. Te voy a machacar de tal manera que no podrás protestar. ¡Y luego te arrastraré a la aldea para que le pidas perdón a Sakura!

— Así que es eso — Hay un momento en el que Sasuke pausa, cierra los ojos, y vuelve a abrirlos— Sé que te trajiste a tus amigos. ¿Vino ella contigo? — El otro le mira, pero no responde. Sólo endurece la expresión— Eres tan ingenuo. ¡No me sorprende que te tomen por tonto!

Ahora es él quien lanza un kunai. Lo ha practicado miles de veces y el filo silba cortando el la poca distancia que les separa... pero Naruto lo atrapa en el aire como si se tratara de un avión de papel. Girándolo entre los dedos, lo agarra con la punta hacia abajo. Y se prepara para luchar.

— ¡Sasuke! — grita— ¡Te vienes conmigo!

Y su amigo arruga la cara de rabia antes de responderle, simplemente, con un nombre:

— ¡Naruto! — y por su manera de pronunciarlo, pareciera que se tratase de una maldición.

Lo siguiente es un cambio de perspectiva. Vemos la montaña desde lejos y la cascada cayendo con su interminable rugir. Arriba, las nubes se han vuelto negras y descargan una de esas lluvias en las que sientes el golpear de cada gota, como si el agua pesara contra la piel. Y justo sobre la cascada, en medio de los dos antiguos shinobis, Naruto y Sasuke chocan en el aire, kunai contra kunai, haciendo saltar las chispas entre los filos de metal.

Hay un intercambio de golpes. Los puñetazos vuelan cortando el aire, y son bloqueados con dolor, esquivados por los pelos; los dos ninjas se separan y vuelven a chocar. Vuelven a saltar las chispas. Hay puñaladas que no llegan a su destino, cortes que sólo rajan la ropa, una llamarada que evapora parte del agua que tienen debajo. Naruto recibe un shuriken en un hombro que se arranca de un tirón. A Sasuke le sangra la nariz y se la limpia con el dorso de la mano. Hasta ahora la pelea va igualada. Pero la balanza está a punto de inclinarse: tras otro intercambio de golpes, los dos vuelven a chocar entre sí, y esta vez el kunai del Uchiha logra deslizarse a través de la hoja contraria.

— ¡Largo! — Sasuke desvía el arma de su amigo y, girando en el aire, lo envía a volar contra la cascada de una patada. El golpe es tan contundente que dibuja un aro de lluvia con el aire que dispersa; Sasuke aterriza sobre el agua mientras Naruto se precipita cascada abajo a tal velocidad que rompe las piedras que encuentra a su camino— Maldito idiota, ¿qué es lo que quieres conseguir? — dice para sí mismo— Tan solo te haré daño.

En un segundo Sasuke suspira de frustración y al siguiente abre los ojos como platos porque Naruto sube la cascada corriendo a través de ella, y el agua se abre en dos a su paso, tal es la presión de su chakra; y aunque Sasuke tiene tiempo suficiente para prepararse, todo sucede tan deprisa, y el puñetazo que le alcanza lleva tanta fuerza, que le atraviesa la guardia y le golpea limpiamente en el mentón, levantándole los pies del suelo... No hay tiempo para pensar. Naruto le agarra de las ropas por el pecho, y lo lanza hacia abajo; luego salta tras de él, y a medio camino, le devuelve una patada idéntica a la que recibió hace un momento.

Sasuke atraviesa el lago como una bala de cañón. Y ahora lo vemos hundirse en unas aguas que, de noche, parecen completamente negras, rodeado de burbujas y dejando atrás un hilillo de sangre procedente de su boca. Durante dos o tres segundos se deja hundir, inmóvil. Pero entonces abre los ojos, y su sharingan se enciende en la oscuridad.

Una mano sale del agua y se apoya en su superficie como si estuviera hecha de algo sólido. Y ahí sale Sasuke, empapado, pero casi ileso. Naruto le espera de pie en la orilla. Se ha quitado la chaqueta naranja, tan empapada ya como puede estarlo la tela, y la ha tirado a un lado.

— Te dije que te machacaría — dice, haciendo crujir sus nudillos— así que cuando termines de bañarte, ven aquí. Todavía falta lo mejor.

Hay algo diferente en él. Al igual que ocurre con Sasuke, sus ojos también están iluminados. Pero él no tiene un sharingan como su amigo, no: el poder que Naruto oculta es mucho más temible, y también, mucho más difícil de controlar. Su mirada azul cielo es ahora la del Zorro de las Nueve Colas: unos iris rojos como la sangre, con pupilas rasgadas en el centro.

— Pensé que te habías vuelto más fuerte — Sasuke escupe un poco de sangre y echa a caminar sobre el agua, hacia Naruto, pero despacio: midiéndole. — Veo que esperaba demasiado de ti. No sabes hacer nada sin ese monstruo tuyo, ¿no es cierto?

Es verdad que le estaba midiendo. Pero calculó mal. La velocidad con la que Naruto se lanza contra él es muy superior a la que esperaba. Su sharingan es capaz de seguir sus movimientos; su cuerpo no.

Así que el hombro de Naruto le golpea en el estómago y le arrastra diez, veinte metros hacia atrás hasta la orilla del lago y en un instante está detrás de él, abrazándole por la cintura desde la espalda; Naruto se dobla hacia atrás, levantándolo del suelo y estrellándolo contra la tierra. Sasuke cae sobre su nuca con gruñido de dolor; en la cara de Naruto hay una sonrisa cuando gira sobre sí mismo para quedar de cara a Sasuke, que sigue tirado en el suelo, y le sacude un gancho contra la mejilla con la derecha, otro con la izquierda, y el golpe que sigue es un directo, muy poderoso, que Sasuke atrapa con la mano. Su agarre es, en una palabra, doloroso: el puño de Naruto cruje bajo sus dedos.

— No eres el único que oculta algo — dice Sasuke, mientras docenas de manchas negras le llenan la piel, como si alguien se los hubiera pintado con un pincel. ¡Y fíjate en su chakra, se dispara! Naruto lo nota también. Pero es tarde. Sasuke forma un sello con la mano libre, inspira hondo, infla las mejillas— ¡Elemento fuego: gran bola de fuego! —Y con tan solo unas palabras, todo queda envuelto en llamas.

¿NO ES LO QUE QUIERES?

Naruto abre los ojos y se encuentra con su reflejo en el lago. Sus ojos vuelven a ser azules y las marcas en sus mejillas no parecen arañazos en la piel. Ha vuelto a la normalidad. Pero el mundo a su alrededor no es el que recordaba: sigue estando en el valle, pero todo lo demás ha desaparecido. El cielo es un vacío negro, el bosque es sólo oscuridad. Por supuesto, no hay rastro de Sasuke. En este mundo ilusiorio sólo hay otro ser aparte de él mismo. Tú sabes bien quién es.

La cascada que tiene en frente tiene una abertura en sus aguas, como una puerta. Tras unos momentos de duda, Naruto se cuela por ella. Dentro hay una caverna inmensa, con un techo altísimo, y al fondo una jaula tan alta como ella. Es la prisión de una bestia gigantesca. Y el trozo de pergamino que hay en uno de los barrotes es lo único que la mantiene sellada.

El Zorro de las Nueve Colas está tumbado tras la jaula y le mira directamente. Sus ojos, como siempre, están llenos de desdén.

— Así que has vuelto — su voz es grave y lenta, como el gruñido de un animal—, apaleado y con la cola entre las patas. Eres patético.

— No te equivoques — responde Naruto— no te necesito para ganarle. Tan solo envíame de vuelta.

— Ya veo — ríe el Zorro— así que no me necesitas. Ridículo. No eres más que un cachorro inútil; no sabes luchar, no sabes correr, no sabes — y aquí estrecha los ojos— morder. ¿Por qué crees que ese chico Uchiha no te ha derrotado todavía?

— Puedo con él. ¡Ya he luchado con Sasuke antes!

— ¡Y todas las veces has perdido! — Ruge el Zorro, sacudiendo toda la caverna con su voz. Una nube de polvo y piedrecillas cae del techo; las paredes crujen, se agrietan— Niño ingrato, ¿cuándo has logrado algo con tu propia fuerza?

— ¡Te he dicho que me envíes de vuelta!

— No te atrevas a exigirme nada, Naruto Uzumaki. Por mí te puedes morir como un perro en ese lago. ¿Acaso crees que levantaré un dedo? ¿Que te salvaré? Pobre ingenuo. Has venido a que te maten por esa muchacha, ¿y para qué?

— ¡Cierra el pico y déjame ir! ¡Te demostraré que puedo derrotar a Sasuke solo!

— ¿Demostrarme, tú? — El Zorro suelta un bufido de exhasperación— Qué insolente. Y qué estúpido. ¿Acaso no te das cuenta de que has perdido ya? — Y gira la cabeza hacia un lado de la caverna. Una pared desnuda en la que, como en una ilusión, aparece la imagen de Naruto en llamas, cayendo lentamente sobre la orilla del lago— Vas a morir, Naruto Uzumaki.

— Eso no... yo no...

— ¡Escúchame! — Y una vez más, la voz del Zorro sacude la estancia— Tienes una sola opción y yo te diré cuál es. Toma mi poder. Toma mi poder y mata a ese chico Uchiha.

— ¡No voy a matar a Sasuke!

— ¿Así que eliges la muerte? ¿Te rindes, como un cobarde? Me das arcadas. ¡Quién iba a pensar que el hijo de Kushina sería tan patético! — Y aunque Naruto intenta responder, no puede hacerlo. El Zorro se pone en pie y pega la cabeza a los barrotes de la jaula, mirándole con ojos inyectados en sangre— ¡Elige, mocoso! ¿Vas a morir o vivirás? ¿Te rendirás como una rata o vencerás a Sasuke Uchiha? ¿No es eso lo que quieres? ¿No es esa la promesa que hiciste? ¡Responde!

Naruto cierra los ojos y recuerda el sonido de su propia voz : "Te doy mi palabra, y ya sabes que nunca la retiro", había dicho. "Traeré a Sasuke a casa, aunque me cueste la vida."

Hay promesas que es mejor no hacer. Hay veces que es mejor mantenerse al margen. ¿O quizá no?

— Maldita sea — Naruto se muerde el labio hasta sentir dolor— ¡maldita sea, está bien! ¡Tú ganas...! ¡Si es lo que hace falta, dame tu poder! ¡Derrotaré a Sasuke! Pero no lo mataré — añade, apretando los puños— no soy como tú.

El Zorro ríe, despacio.

— Ah, pero tendrás que darme algo a cambio. — Naruto intenta protestar, pero calla cuando el Zorro chasquea la lengua, varias veces, desdeñosamente— No hay tiempo para quejas, chico. Te mueres. Elige: sí, o no.

— ¡Eso no es lo que...!

— Sí — le interrumpe el Zorro, con un brillo malicioso en la mirada— o no.

Allá, en la pared de la caverna, la ilusión de Naruto está a punto de ser consumida por las llamas.

— ¡Está bien! ¡Acepto! ¡Tú sácame de ahí! ¡Ahora! ¡Ahora, Zorro!

El Zorro vuelve a reír, esta vez en voz alta. Y toda la escena, todo ese mundo ilusorio, se sume en la oscuridad.