¿QUÉ TANTO VALES?
Kakashi saca un libro de alguna parte de sus ropas y lo ojea perezosamente.
— Como ya sabéis —dice— la vacante en el equipo la cubrirá Tayuya. Te ahorraré los detalles porque es un asunto que ya discutimos antes de que vinieras. Por su parte, Sakura está entusiasmada de mantener su puesto — y levantando la vista del libro, mira a la chica, y sonríe con su ojo visible—, así que todo lo que nos queda es saber qué hacemos contigo, Naruto.
— La aldea me salvó la vida — responde el chico— así que me parece bien quedarme en el equipo. Ya se lo dije a Jiraiya en su momento.
— Lo sé — Kakashi vuelve a sonreír, frío— pero quien decide si te quedas o no, soy yo. Y resulta que soy un profesor de lo más estricto. Vas a tener que demostrarme que sigues siendo válido para mi equipo. Pero no te preocupes: ya lo hiciste una vez. Tan solo quiero saber si no has... cambiado en exceso.
— Y yo ayudaré con ello.
Hay un remolino de viento y alguien aparece en escena. Es un joven de cabello castaño al que Naruto ha visto antes, en el hospital. A juzgar por la reacción que tuvo al verle con vida, debió de ser alguien importante en su pasado. Pero la verdad es que ahora mismo le cuesta recordar su nombre.
Por suerte Kakashi hace el trabajo por él.
— Iruka fue tu profesor en la Academia, y es el hombre más indicado para evaluar si tus habilidades básicas siguen donde tienen que estar. Te enfrentarás a él en un combate de entrenamiento, y si te da el visto bueno — hay un intercambio de miradas entre Naruto y el jonin— entonces te tocará ganarte el mío.
— Empezamos ya mismo. ¿Qué haces ahí parado? ¡Vamos, hombre! — Iruka parece un tipo simpático. O a lo mejor lo que le pasa es que está de buen humor. Vete tú a saber. En cualquier caso, Naruto le sigue hasta que los dos quedan más o menos en el centro del claro. — La cosa es sencilla, vamos a tener un combate a cinco puntos. Eso es, el primero que golpee al otro cinco veces gana. Tienen que ser golpes limpios, ¿eh? Y nada de salir de este claro, no queremos que te nos pierdas por ahí. ¿Cómo lo ves, alguna duda?
— No.
— Pues muy bien. Tú tómatelo con calma al principio, ¿de acuerdo? Según los médicos estás recuperado, pero no te olvides que casi, bueno, te mueres. Así que si en algún momento te notas que te estás forzando...
— Iruka — le corta Kakashi, a unos metros de ellos— ¿tienes pensado echar aquí el día?
— Vale, vale. Tan solo quería... da igual. En fin, Naruto, ¿empezamos? — Iruka se pone recto y hace un sello con una mano a modo de saludo, que su ex-alumno imita torpemente— Eso es, a la de una.. a la de dos... ¡tres!
Es uno de esos momentos en los que el tiempo pasa de manera extraña. Nada más Iruka empieza a contar, se pone en guardia. "A la de una...", saca un kunai, y lo agarra cabeza abajo en la mano derecha. "A la de dos...", Naruto todavía no se ha movido, sino que le observa ladeando la cabeza. La mirada del chico ya no brilla con tanta intensidad, pero sigue siendo roja como la del Zorro. Aquí Iruka empieza a sentir que algo va mal. Que algo no está yendo como debe. Llámalo intuición, experiencia, como quieras. Pero pese a que dijo que se lo tomaran el calma, el veterano chunin hace acopio de todo el chakra que puede reunir en el pequeño intervalo entre la segunda cuenta y la siguiente...
"A la de tres" hay un borrón, una corriente de aire, y Naruto recorta la distancia entre ambos antes de que Iruka pueda reaccionar. Es un puñetazo simple, directo, y totalmente amateur, que sin embargo le vuela la guardia como si estuviera hecha de cristal. Desde el punto de vista de Iruka, es como si le hubieran golpeado con un ariete en el pecho; desde fuera, lo que se ve es un segundo borrón siendo propulsado cinco, diez, veinte metros hacia atrás. Entonces el tiempo vuelve a la normalidad, e Iruka está ahí tirado en la hierba, apretándose el pecho, sin aliento, y completamente aturdido. Lo único que se le pasa por la cabeza, lo único que puede pensar, es esto: "si no hubiera defendido con todas mis fuerzas", se dice, aterrado, "no sé qué habría pasado."
A unos metros de ellos, Kakashi levanta la mano.
— Eso es un punto— dice, imperturbable— Ahora empezaré a contar hasta diez. Uno... dos... tres... Por favor, Iruka. Levántate ya.
Por su parte, Sakura mira la escena con los ojos muy abiertos. ¿Desde cuándo Naruto tiene esa fuerza? ¿Siempre fue... así de rápido?
— Ja. Le ha sacudido una buena — Tayuya suelta una risotada y se cruza de brazos— lo que no quita que siga siendo un payaso. ¿Tú que miras? — La otra chica, que la miraba de reojo, ahora finge no haberla oído.
Pero volvamos a donde estábamos antes. Ahora que Iruka ha tenido el tiempo suficiente, se ha logrado levantar. Mira cómo se toca el pecho como si fuera a darle un infarto. Vamos, Iruka, eres un ninja de grado medio, un profesor, y todo eso. Muestra un poco de orgullo. Es es, bien erguido. Eso me gusta más.
Iruka esboza una sonrisa que no se cree ni él mismo y levanta el pulgar como diciendo que todo está bien, no, fenomenal.
— Sí que has crecido— dice, poniendo su mejor cara de póker— no recordaba que fueses tan rápido. Ni tan fuerte. Ni...
— Oye, podemos parar si quieres— le responde Naruto— la verdad es que no creo que esto tenga ningún sentido.
— ¿Por qué no? — Iruka se pone en guardia otra vez. Al menos ya no le tiemblan las piernas— ¿No crees que tu viejo sensei pueda ganarte?
— No.
— Bien, continuamos — les dice Kakashi— Una, dos... ¡tres!
Ahora es Iruka quien carga hacia adelante, y siendo justos con él, es bastante más veloz de lo que uno esperaría. Si lo eligieron como profesor en la Academia no es solo porque sea bueno con los niños: pese a su apariencia, sería capaz de tumbar de espaldas a la mayoría de shinobis de su mismo rango.
Su ataque es un directo de derecha que Naruto desvía con un sencillo gesto de la mano. Pero todo era un plan, una distracción; ahora, Iruka inicia una combinación de golpes muy estudiada, muy precisa, que incluye ataques de todo tipo. Puñetazos, patadas, codazos, todo muy fino, muy medido. Y ahora al chico le está costando mucho más el asunto: ante semejante despliegue de medios, sólo puede bloquear. Es el poder de repetir los mismos movimientos mil y una veces. De entrenar todos los días. ¡El poder de la práctica!
No ha hecho más que coger el ritmo. ¡De pronto se agacha y de un rápido barrido giratorio, tira a Naruto al suelo! Es verdad que el chico se levanta al instante de un salto, pero ahí está Iruka otra vez, pegado a él, con una combinación de puñetazos tan rápida que... no surte ningún efecto. Los bloqueos de Naruto son cada vez mejores. Es como si anticipara cada ataque antes de que éste se efectúe, ¿es esto lo que llaman instinto? ¿O acaso sus combinaciones le parecen... obvias? Iruka no lo sabe decir. De hecho, lo único que sabe es que una mano le acaba de agarrar del chaleco, que tira de él hacia adelante. Que una frente muy dura se acaba de estrellar contra su nariz con la fuerza de... da igual.
— Punto — vuelve a decir Kakashi. Mientras tanto, Iruka se limpia la sangre de la nariz con el dorso de la mano. Y por primera vez en todo este rato, se pone serio.
— Veo que estás en plena forma — dice, de pronto bastante molesto— Muy bien. Muy... bien. — Iruka forma un sello. Kakashi vuelve a iniciar su conteo.
— Una, dos, tres.
Y el chunin desaparece. La velocidad que demuestra ahora no tiene nada que ver con la de antes. Iruka acaba de subir varias marchas de una sola vez. En un momento está ahí y al siguiente detrás de Naruto, que se gira, pero falla con su codazo hacia atrás; Iruka le atrapa el brazo, tira de él, y de una llave lo lleva al suelo. Luego le pone un kunai al cuello.
— Punto — y esta vez lo dice él—, dos a uno.
— Vaya — dice Tayuya, que sigue cruzada de brazos— y yo que pensaba que era un inútil.
— El sensei Iruka tiene mucha experiencia — le replica Sakura— claro que... ¿qué vas a saber tú? Chica del Sonido.
— Hablas mucho para alguien a quien le partí la cara. — Y Sakura, una vez más, elige no responderle.
No mucho después, Naruto e Iruka vuelven a estar frente a frente.
— Yo que tú me prepararía, Naruto. A partir de ahora, tu sensei va en serio.
Kakashi levanta la mirada de su libro.
— Unadostres. — Luego vuelve a su lectura.
Ahora el combate es algo más igualado. Iruka utiliza sus kunais, sus shurikens, y su experiencia en el cuerpo a cuerpo. Todas las habilidades que ha refinado a lo largo de su carrera ninja van haciéndose evidentes en lo que ambos intercambian golpes. Es bueno atacando, bueno esquivando, y bueno bloqueando. El problema es ese. Simplemente es "bueno." Nada más.
Hay un momento en el que uno de los golpes de Naruto atraviesa su guardia y él retrocede varios metros lanzando shuriken. Sólo para que su alumno los desvíe con las manos desnudas. "La manera con la que cubre su cuerpo de chakra es muy natural", piensa Iruka, "mucho más de lo que recuerdo de él." Lo mejor será probar otro acercamiento. Está claro que en el cuerpo a cuerpo, es Naruto quien tiene la ventaja.
Así que en el siguiente choque, tras una serie de golpes, Iruka forma sus sellos hábilmente a mitad de una combinación y tras desviar tres puñetazos seguidos, finalmente junta las dos manos, eleva su chakra, y desaparece en una nube de hojas verdes.
— Ilusión demoníaca — la voz de Iruka resuena desde alguna parte—: vista del infierno.
El genjutsu es algo que siempre se le ha dado bien. Y al mismo tiempo, una opción por la que nunca se debió decidir.
2
El claro desaparece. Ahora está en una caverna. Es grande y es honda y es oscura. El aire huele a algo desagradable. No sé si a viejo. No sé si a muerte.
Naruto parpadea para acostumbrarse a la falta de luz. ¿Qué es lo que ha pasado? Hace un momento se estaba peleando con aquel tipo tan simpático y tan débil. Le había resultado difícil no hacerle más daño del necesario, pero, ¿de qué habría servido, de todos modos? No era más que una absurda prueba. Le bastaba con pasarla y ya está.
"De todos modos, este lugar me resulta familiar." Se trata de un pensamiento interesante, teniendo en cuenta su falta de recuerdos. "Este sitio es... es..."
— Eh — dice alguien— ¿qué es lo que haces aquí? — La voz es masculina, joven, y viene del fondo del lugar. Naruto estrecha los ojos, tratando de distinguir algo, pero las sombras son demasiado profundas. Demasiado oscuras.
Pero hay un destello. Algo se enciende. Es una luz rojiza, que crece, flota, como niebla. Al fondo de este lugar hay una prisión, pero no una cualquiera. Es inmensa. Como si lo que quisiera contener fuera muchas, muchas veces más grande que un ser humano.
— No deberías de estar aquí — dice la voz—, vete.
— ¿Quién demonios eres?
— No lo entiendes. Cuando más tiempo estés aquí, más peligro correrán.
— No sé de qué me hablas, pero me estás tocando las narices.
Y aunque Naruto trata de acercarse a él, parece que cuanto más avanza, más se aleja la jaula. Es como si se moviera al mismo ritmo que él, no, más deprisa.
— Vuelve ya — dice la voz. Y ahora, al fondo, aparece algo. Son dos pequeñas luces de color azul, casi ocultas entre la niebla roja— le estás haciendo daño.
Algo recorre la espina dorsal de Naruto. Un escalofrío. Una realización. Si el está aquí, y esto no es real, ¿qué está ocurriendo fuera? De pronto la caverna se empieza a desvanecer, y las luces que lo miraban al fondo, con ella, también.
