Ranma ½ no me pertenece…, y todo eso.
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ENTRE SUEÑOS Y PESADILLAS.
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Capítulo 1.
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Como en tantas otras ocasiones, Akane observaba como su prometido ordenaba su mochila de viaje, antes de salir hacia un nuevo entrenamiento. Genma había insistido en dirigirse a la montaña, como ya habían hecho tantas veces antes. La periódica necesidad que tenían los Saotome de regresar a aquello que los había formado como artistas marciales, más que verdaderas intenciones disciplinarias o exigencias del arte, los había impulsado a quebrar, de esta manera, la tranquila y rutinaria vida en casa de los Tendo. Ranma, agradecido con la vida por contar con aquellas comodidades que desde siempre le habían sido negadas, debía admitir que había estado necesitando también, salir de casa.
Así que ahí estaba, guardando algunas de sus pocas pertenencias al interior de su vieja y confiable mochila.
— No olvides el botiquín —le había dicho su prometida, mientras sostenía a P-chan en sus brazos y observaba atenta los movimientos del chico. Akane, acostumbrada a estos acontecimientos, conocía cada uno de los hábitos del chico, y con ello, el orden exacto en el que ordenaba sus cosas: solo un par de sus camisas chinas, que iban hasta el fondo, el mismo número de pantalones sobre ellas, su ropa interior, en la que podría distinguir sus habituales camisetas sin manga, un juego de sus característicos zapatos dentro de una bolsa plástica, sus implementos de aseo personal, dentro de otra y un pequeño recipiente con detergente para la ropa. El resto del espacio era cuidadosamente destinado a lo más importante: la comida.
— Cierto — recuerda el chico, alegre. Ranma, no podía negar que necesitaba este viaje tanto como su padre le había manifestado, muy a su manera, que lo hacía; y su entusiasmo era evidente, por lo que no tarda en levantarse de su lugar para dirigirse a la modesta cómoda, y abrir uno de los cajones para retirar de su interior, una pequeña caja. Akane, al observar el cuidado con el que el chico la guardaba en la mochila, sonrió. Ese botiquín, se lo había regalado ella.
Era gracioso como un pequeño detalle como ese, podía llegar a significar tanto, pensó. Sabía que, pese a que su prometido se caracterizaba por ser casi un imán de sucesos inusuales que generalmente terminaban en combates, golpes o accidentes, no lo hacía, por ser precavido, el chico no solía reponer los utensilios que le permitieran curar sus heridas. Ella, al notarlo, y desde la primera vez que había acudido a curarlo, había comenzado a reunir diferentes elementos que sabía, tarde o temprano, Ranma usaría. Después de todo no podía permitir que el idiota anduviera lastimado por doquier y pese a que solía despreocuparse de sus heridas, aludiendo a su fuerza y pronta recuperación, parecía no tener problema alguno con ubicarse frente a ella y adoptar, como pocas veces, una actitud sumisa y entregada, mientras ella lo atendía. Los regaños y defensas siempre terminaban en una conversación sincera, íntima y amena que ambos disfrutaban por igual, por lo que no fue difícil, para ninguno de los dos, comenzar a atesorarlos.
Cuando ella había notado que, con bastante descuido, el chico lanzaba a su mochila una venda y un pequeño y casi vacío recipiente de alcohol entre sus cosas, cada vez que viajaba, no había dudado en solucionar ese problema adquiriendo un lindo y compacto botiquín, ya que, por mucho que le agradaba atenderlo al llegar y aprovechar ese momento para ponerse al día de los acontecimientos que mutuamente se habían perdido del otro, no podía permitir que ese bruto e insensato arriesgara una infección o lesión grave que pudiera perjudicarlo más de la cuenta.
— Solo llévalo —, le había dicho, molesta, tras escuchar las burlas esperadas, respecto a sus llamativos colores y dibujos infantiles — te será útil —, agregó, frunciendo el ceño — así no volverás a desvanecerte por no poder cerrar bien una herida como la última vez — agregó, logrando que Ranma gruñera, en medio de un gesto que le hacía saber a Akane que aceptaba por completo el regaño — ¿Cuánta sangre perdiste?, — preguntaba, con fingida inocencia — ¿Cuántos días vagaste desorientado, por el bosque? — insistió.
— Está bien… — molesto, murmuró en respuesta, retirando de un solo movimiento el objeto que su prometida le ofrecía.
— ¡Y será mejor que lo utilices! — la chica amenazó.
— Lo haré — prometió, cansinamente, mientras lo guardaba en su mochila, tal y como había hecho, tan solo hace unos momentos atrás.
— ¡Vámonos ya, Ranma! — Genma lo llamaba desde el primer piso, sacándola de sus recuerdos.
— ¡Voy! — responde al llamado, poniéndose la mochila sobre sus hombros — ya es hora — le anuncia a su prometida, antes de girar y comenzar a retirarse de su habitación. Akane lo observa por un instante, y sin entender del todo la razón, se levanta rápidamente y se apresura en llegar hasta el marco de la puerta, girando su cuerpo hacia el pasillo, para alcanzar a verlo mejor.
— ¡Ranma! — lo llama, incluso antes de percatarse de que el chico estaba por perdérsele de vista en las escaleras. Éste, retrocede un escalón para alcanzar a verla y preguntarle a través de su expresivo rostro la causa del exabrupto — y-yo… — parafrasea la chica, llevando una de sus manos al pecho y sujetar con fuerza reprimida, su suéter — s-solo… ten cuidado ¿sí? — Ranma la observa extrañado, y luego sonríe presuntuoso.
— ¿Acaso, estás preocupada por mí? — pregunta, presumido, pero al notar que la chica no había respondido a la defensiva, como acostumbraba, y que incluso, no había reaccionado en absoluto, decide agregar: — estaré bien, no te preocupes. Volveré antes de que puedas darte cuenta — asegura. Akane asintió y medio sonrió, mientras observaba cómo la trenza de su prometido, desaparecía por las escaleras.
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— Otra vez… — había murmurado la chica, antes siquiera de abrir sus ojos. Su subconsciente, nuevamente le había recordado la última vez que lo había visto. Los últimos pensamientos y sensaciones que había tenido a su lado.
Con pesadez había abierto sus ojos o volteado a ver su reloj de cabecera moviendo exclusivamente su cabeza. Cansada y desilusionada, había comprobado que aún faltaban varias horas para el amanecer. Sin pensarlo demasiado, desliza las mantas de su cama para comenzar a levantarse, ponerse las pantuflas y dirigirse hasta la puerta.
Ya era costumbre el dirigirse al baño para lavar bien su rostro y asegurarse de estar completamente despierta, antes de ir a la cocina para buscar, por medio de diferentes infusiones, el volverse a dormir. Hace varias noches que no podía hacerlo de una manera que le permitiera realmente descansar. Su mente solía jugarle malas pasadas.
— ¿Hoy tampoco puedes dormir, querida? — le preguntaba Nodoka, una vez que finalmente ingresara a la cocina.
— No — contesta la chica a través de un suspiro, llegando hasta el mesón, sentándose junto a ella en una habitual rutina que ambas habían establecido hacía un tiempo atrás.
— El agua ya casi está lista — anuncia la mujer, sacando otro recipiente de té.
— Gracias — recibe la chica, para sonreír dulcemente en su dirección, y luego soltar otro pesado suspiro, exhausta. Con ella no tenía que fingir, lo sabía, pero el hábito de mostrarse fuerte e inquebrantable desde lo sucedido, solían dominarla. Lamentablemente, ya no sabía que sentía más, pero el cansancio no le ganaba a la angustia, tristeza y desesperación, estaba segura.
Ranma había desaparecido.
En una de sus inagotables discusiones con Genma, el chico se había alejado, y no lo habían vuelto a ver desde entonces. Cuando el hombre, finalmente, había decidido ir en su búsqueda, no había logrado dar con su paradero. Pensando que el chico había decidido irse a casa, Genma se había comunicado con los Tendo, quienes, al enterarse de la situación y darle noticias negativas al hombre, no tardaron en ofrecer su ayuda para encontrarlo, por lo que Soun, Akane e incluso el maestro Hapossai, habían viajado para intensificar la búsqueda, pero tampoco habían podido encontrarlo.
Había sido Akane, quien había encontrado su mochila, días más tarde. Estaba ahí, simplemente tirada junto a un montón de rocas. Justo abajo de un enorme acantilado, abierta, con un par de cosas desparramadas, indicando, a simple vista, que había caído de una altura importante. Tras llamar a los demás, no habían tardado en concluir que la posibilidad de que Ranma hubiese caído, eran muy probables. Cuando él y Genma se hubiesen separado, era de noche, por lo que era bastante probable que el chico no alcanzara a divisar el límite y cayera finalmente por aquel barranco.
— Pero entonces, ¿dónde está? — Akane había preguntado, acomodando la mochila de su prometido sobre su espalda. Para entonces, ninguno de los cuatro, había dudado siquiera, que el chico hubiese sobrevivido a la caída. Todos estaban absolutamente convencidos que así había sido, aunque lidiaban con la posibilidad de que, desorientado, o lastimado, hubiera tratado de protegerse del frío invierno, que podía sentirse desde ya, se avecinaba. Las noches, comenzaban a ser molestas por el frío, pensó Akane, mientras sentía en su piel el viento característico de tales alturas, pero, con lo acostumbrado que estaba el chico a adversidades como estas, sabía que aquello no podía significar un problema real, para él.
Pero… ¿y si estaba herido?...
Buscaron sin descanso por los alrededores, Nabiki, desde la ciudad, había coordinado un considerable número de personas que conformaban un eficiente equipo de búsqueda, y junto a Kasumi, viajaban periódicamente para tratar de convencer a su hermana de regresar a casa, asegurándole, constantemente, que ellos se encargarían del asunto, pero Akane hacía caso omiso a cada uno de los intentos de su familia en hacerla desistir, descansar, o dejar el asunto en sus manos. Ella tenía que encontrarlo, algo no estaba bien, podía sentirlo.
Nodoka, también había decidido quedarse en aquel campamento improvisado, de manera permanente. Ella se encargaría de proporcionar los alimentos necesarios para energizar a los valientes responsables de la búsqueda de su hijo, y así, no solo podría cuidar a Akane, sino que también, estaría al tanto de cualquier noticia, información o necesidad, en torno a la búsqueda.
Por su puesto, Shampoo y Ukyo no habían tardado en incorporarse al equipo, Mousse, por consiguiente, los acompañaba también. Y Ryoga, una vez lograra llegar al lugar correcto, había acompañado a Akane en cada paso y a cada lugar, que ésta decidiera dirigirse.
Pero no había una sola señal del chico. Y poco a poco, las esperanzas de que fuese encontrado, comenzaron a disiparse.
Los rumores comenzaron a dividirse. Los especialistas comenzaban a murmurar sobre la posibilidad de que no haya sobrevivido la caída, que uno o varios animales se hubiesen alimentado con su cuerpo, o que gravemente herido finalmente haya perecido oculto en alguna cueva. De cualquier manera, estaban bastante seguros que, de acuerdo a la cantidad de días transcurridos en los que hipotéticamente estaría sin agua o algún tipo de alimento, además del clima implacable del crudo invierno que estaba cada vez más cerca, seguir ahí, significaban una gran pérdida de tiempo, por lo que habían desistido.
Aquellos que lo conocían, en cambio, comenzaban a analizar la posibilidad de que el chico, harto de todo, hubiese decidido alejarse, huir o escapar.
El primero en insinuarlo, había sido Mousse. Y Shampoo lo había golpeado tan fuertemente, que el chico había decidido regresar a Nerima y encargarse del restaurante, tal y como Colonge se lo había pedido, antes de viajar temporalmente a China. Hapossai, desde entonces, parecía reflexivo, después de todo, nunca, en ningún solo momento, había podido percibir la energía del chico en aquel lugar y, para sorpresa de muchos, el anciano realmente se había esmerado en encontrarle. Un día, simplemente, había regresado a casa y al poco tiempo, había retomado el hábito de robar ropa íntima femenina, por las noches, hasta que un día, finalmente, anunciaría un viaje de entrenamiento y nadie sabía, tampoco de él, desde entonces. Al comprender la actitud del maestro, Soun había dimitido, también. Y tras varios intentos de convencer a su hija que debía dejar la búsqueda y regresar a casa, fue solo bajo la promesa que Ryoga había hecho de cuidarla, que finalmente él había podido hacerlo regresar. Y fue allí, entonces, donde pudo llorar en paz, tanto por el corazón roto de su hija, como por el compromiso que nunca llegaría a conseguir sus propósitos, y por el Dojo, que no volvería a ser próspero jamás.
El numeroso grupo de búsqueda, se había reducido en un abrir y cerrar de ojos. El invierno había comenzado, y en aquel campamento, sólo quedaban los que no habían perdido la esperanza de encontrarlo, de aquellos que aseguraban que Ranma era simplemente incapaz de huir como un cobarde, de los que pensaban que él, no era así y de los que preocupados, se esforzaban por dar con su paradero. La apuesta, entonces, era la seguridad de que, si no había aparecido todavía, era porque algo importante, grave y peligroso se lo impedía.
Ranma, sin importar lo que pasara, o cómo se habían dado los hechos, por más extraños, desafiantes o difíciles que hubiesen ocurrido, siempre regresaba a casa. Siempre.
Así que ahí estaban: Akane, Nodoka, Genma, Shampoo y Ukyo. Esforzándose por protegerse del frío y la nieve que ya había comenzado a caer. Intentando sobrellevar los constantes resfríos que las bajas defensas, producto del agotamiento y precarias condiciones, les ocasionaba.
Y Ryoga.
Ryoga estaba bastante acostumbrado a vivir de esa manera, por lo que el estar acompañado, eran como un lindo día de campo para él. Pero si a eso le sumaba, el estar permanentemente cerca de Akane, era como un sueño, hecho realidad, del que temía despertar. Para nadie, por supuesto, había pasado inadvertidas sus verdaderas intenciones. Excepto para Akane, claro está. Ella sólo pensaba en el estúpido y cobarde de Saotome, pero, había encontrado la manera de sobrevivir a ello. Después de todo, estaba bastante seguro que Ranma, no regresaría. Y él estaba cada vez más seguro de que Akane no tardaría en olvidarse de él.
Cuando Mousse había comentado sus ideas, Ryoga no había podido estar más de acuerdo. Ranma era uno de los guerreros más fuertes que conocía. Incluso mucho más que él mismo, pero eso era algo que jamás admitiría en voz alta. Aunque, estaba seguro que el acudir a él cada vez que tenía un problema, o usarlo de ejemplo cada vez que enfrentaba un nuevo rival, le había dado, al de la trenza, una buena idea de sus consideraciones. Él sabía que era imposible que una simple caída acabara con él, de la forma en que suponían que lo había hecho. Estaba seguro que una cabeza tan dura como la suya, a lo mucho, quedaría aturdida por un breve periodo de tiempo y nada más, por lo que el que se hubiese hartado de los inagotables problemas y su intenso estilo de vida, parecía lógico.
— Cobarde…, eres un cobarde… — murmuraba, cada vez que tenía la oportunidad. Cuando Mousse le había comentado, lo que en su cabeza llevaba varios días alojado, las cosas habían tenido más que solo mucho sentido para él, y de pronto había comenzado a alegrarse. Estaba seguro de que, si el de la trenza había huido, no regresaría jamás. Su orgullo simplemente, no se lo permitiría, por lo que ahora, él sería el más fuerte, se convertiría en el mejor amigo de Akane, y ella, irremediablemente, se enamoraría de él. Estaba seguro que podría ocupar el lugar de Ranma en el Dojo y que no volvería a ser "el segundo" nunca más.
Pero, lamentablemente, las chicas lo habían escuchado y Shampoo casi lo había matado de la fuerte paliza que le había dado. Ukyo había observado atenta, conteniéndose, y Akane, no había hecho comentario alguno, al respecto. Pero, que la chica no interviniera, le había dado una buena razón para mantener su boca cerrada y fingir, que buscaba con el mismo ahínco que los demás. Sin embargo, tras aquel incidente, las chicas se habían vuelto notoriamente mucho más silenciosas. Ryoga pensaba que si bien, parecían no aceptar otra alternativa más que encontrarlo sano y salvo, las palabras del chico habían hecho consiente un hecho que se habían estado negando a aceptar. Ellas, secretamente, habían comenzado a lidiar con la culpa, vergüenza y responsabilidad.
No había sido hasta una noche, en la que Ryoga alimentaba la escueta fogata que luchaba contra el clima, cuando Akane finalmente decidió hablarle:
— ¿Tú crees… que Ranma haya decidido irse? — preguntó, desviando la mirada, tratando de controlar las lágrimas que luchaban por escapar de la prisión a la que habían sido sometidas. La pregunta, había sido innumerablemente formuladas en su mente, torturando sus pensamientos, re direccionándolos, limitando sus acciones, entorpeciendo sus movimientos — ¿tú crees que Ranma, quería alejarse de … mí? — insistió, mientras finalmente, una lágrima silenciosa caló y rodó por su mejilla, mientras lo observaba, ahora, suplicante por una respuesta. Ryoga, que al escucharla había detenido su quehacer y, acongojado al ver el estado de la chica, se concentra en articular la respuesta que varias veces había preparado en su mente, aquel discurso ensayado que sabía, lo posicionaría en el lugar que le correspondía, sin embargo, no tarda en notar el sonrojo de la chica.
— ¿Te sientes bien? — pregunta, genuinamente preocupado — Akane, ¿tienes fiebre? — insiste, acercándose.
— ¡Dime! — exige la chica, impidiendo que Ryoga, que ya había extendido uno de sus brazos para tocar su frente, le diera alcance, haciéndolo retroceder — ¿tú crees que el decidió… alejarse de mí? — repitió, afectada. El chico la observa e inconscientemente aprieta los puños, con rabia — Sé que yo… no solía ser amable con él…
— ¡Ni lo digas! — le interrumpe, furioso — siempre fuiste demasiado buena para ese idiota. ¡Que haya decidido irse no muestra más que el tipo de basura que es!, tú no tienes la culpa, Akane. ¡Ranma solo es un pedazo de mierda, que no te merece! — había gritado, siendo traicionado, una vez más, por sus sentimientos. El problema de ello era que, debido a los gritos, Ukyo se había acercado, y Nodoka, que llevaba varios días enferma, se asomara desde la tienda de campaña en la que se encontraba.
Antes de que Ryoga pudiera reaccionar, producto de la impresión que le había ocasionado el soltar lo que había guardado celosamente por tanto tiempo, además de ser escuchado por parte importante de las personas que justamente, no querían escuchar cosas semejantes, se había visto a sí mismo ser peligrosamente amenazado con una enorme espátula de cocina, demasiado cerca de su garganta.
— Será mejor que no vuelvas a hablar así de mi Ranchan, ¿oíste? — había arremetido Ukyo, mucho más seria de lo que se le había escuchado nunca — Si alguien aquí es un pedazo de mierda, como dices, eres tú. No creas que no sabemos por qué estás aquí, realmente.
— Ukyo — el chico apenas había logrado articular, sin embargo, la recién mencionada no duda en detenerlo, acortando la distancia entre su espátula y la garganta del joven que la observaba incrédulo, aplicando solo un poco de fuerza, a modo de advertencia.
Tan segura estaba Ukyo, de que Ryoga podría defenderse fácilmente de su ataque y liberarse con apenas sólo un golpe, como de que no lo haría.
— Akane es demasiado ingenua como para darse cuenta que nunca has sido su amigo, ni el de Ranchan, pero yo no voy a permitir que hables así de él. Si no estás completamente seguro de que Ranma haría todo lo posible por regresar junto a las personas que quiere, es porque no lo conoces en absoluto y en ese caso, será mejor que te vayas.
— Irte — Shampoo, que había dejado caer la madera que había estado recolectando para adoptar posición de ataque junto a su rival, se había sumado a la advertencia. No había necesitado mucha información, para comprender lo que estaba sucediendo — ahora — advierte.
— Que tengas un buen viaje, querido — había agregado una febril Nodoka, antes de volver a ingresar a la tienda. Y Ryoga, no había tenido más remedio, que asentir y aceptar las consecuencias.
— ¡Y tú!... — Ukyo había volteado a ver a Akane una vez se asegurara de que Ryoga se alejara lo suficiente — no vuelvas a permitir que alguien hable así de… ¿Akane? — pregunta de pronto al notar, recién entonces, su rostro sonrojado, sus ojos vidriosos y creciente desorientación. Al caer en cuenta de los síntomas, la chica ya estaba en el suelo, desmayada. Ella había estado cuidando a Nodoka todo el tiempo, por lo que era de esperarse que tarde o temprano se contagiara y cayera enferma, también.
Daba igual, pensaba Ukyo. Pronto comenzaría a nevar nuevamente, por lo que tendrían que estar un tiempo encerrados en las tiendas mientras durara la tormenta. No tardarían en contagiarse constantemente, los unos a los otros, sin parar — tal vez sea hora de regresar — murmuraba, resignada.
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Cuando Akane había abierto los ojos, se encontraba ya en su habitación. Había intentado varias veces regresar a la montaña, pero el paso estaba cerrado debido al clima, y ésta última vez había regresado con un severo caso de hipotermia. Nadie de su familia, había podido evitar que huyera y lo intentara una vez más. La desesperación podía sentirse en cada palabra.
— Él está vivo, Kasumi, sé que lo está — decía con evidente angustia en su voz, una vez que Kasumi tratara de convencerla de descansar y reponerse, al menos un poco más — sé que está necesitando ayuda — decía, abrazándola. Kasumi, sentía que lo único que podía hacer por ella era abrazarla de vuelta y escuchar sus lamentos. Ya se había percatado de que no había palabra, que lograra consolarla, convencerla o hacerla entrar en razón.
— Ya basta — la regañaba Nabiki, presenciando la escena, visiblemente molesta — es suficiente — La mediana de las hermanas había estado esperando que Akane finalmente despertara para intentar, una vez más, retenerla. Estaba segura que intentaría partir nuevamente y había estado demasiado preocupada por ella como para permitirle cosa semejante. La entendía, de verdad lo hacía, pero no iba a permitir que siguiera arriesgándose. Ella, no podía permitir el seguir perdiendo miembros de su familia.
— No, debo regresar ahí, si está herido no podrá sobrevivir al invierno — había dicho, alejando sus mantas.
— Ranma ha vivido toda su vida a la intemperie, Akane, sabrá que hacer. Tío Genma sigue buscándolo — Nabiki, tratando de cubrir del todo la salida, adoptando una posición desafiante, tratando de convencerla con hechos que pudieran recuperar, de alguna manera, su perdida lógica.
— Tío Genma no podrá encontrarlo solo, necesita mi ayuda — respondía la chica, mientras corría al armario, para juntar algo que pudiera servirle para su nuevo e improvisado viaje.
— Es el único que puede hacerlo. Tú, no puedes seguir haciéndote daño, serás solo una molestia — Nabiki seguía arremetiendo desde su lugar.
— Por favor, Akane… — suplicaba la mayor, tratando de interponerse en su camino, siendo rápida, aunque cuidadosamente, evitada.
— Ya es tiempo, hija — decía Soun, serio, ubicándose tras Nabiki, junto al marco de la puerta, observando la escena. Akane, al verlo, lleva su escueta mochila a los hombros, ubicándose frente a ambos, desafiante. Ya habían pasado por eso, y sabía que ninguno de los dos podía con ella — debes dejarlo ir.
— Papá, yo sé que a Ranma no lo detendría una simple caída — decía, avanzando, con claras intenciones de seguir su camino — él es demasiado fuerte como para que…
— ¡Por eso! — Nabiki la había interrumpido, impidiéndole el paso — sabemos que algo así no lo detendría…, Akane, ya es hora de que comiences a convencerte de que, si Ranma no ha regresado, tal vez sea porque no quiere hacerlo — dice, asegurando ser lo suficiente firme como para que la tozuda de su hermana lograra escuchar cada palabra.
— ¡No! — suelta, después de un momento de silencio en el que el recuerdo de la duda había estado atormentándola — sé que no es así, ¡el no abandonaría a su familia!, … el no…, él no me… no… me abandonaría, a mí… — articula, cada vez con mayor dificultad. Nabiki la había golpeado en la herida para lograr sus propósitos, lo sabía, pero, aun así, no había podido evitar sangrar. Dolía, ¡Rayos!, ¡cómo dolía!... mucho más de lo que pudiera llegar a controlar.
Kasumi había llegado a su lado nuevamente y con cuidado había retirado la mochila de sus hombros. Ella no se había dado cuenta, de cómo, ni cuando, habían logrado llevarla hasta su cama nuevamente. De pronto, había sentido el cansancio de su cuerpo y el malestar de su estado, por lo que no lograba mucho más que observar sus pies colgando de la orilla. Soun la observaba preocupado, ya sentado junto a ella como cada vez que ambos debían hablar algo importante — tú no crees que él se haya ido… ¿verdad, papá? — finalmente habló, rogando al menos un poco de apoyo en el hombre que ahora, sostenía su mirada.
— Akane — suspiró — ya no hay nada que podamos hacer. Solo queda esperar a que termine el invierno, hija — respondió, pero Akane había bajado nuevamente la mirada, evidentemente desilusionada — Nabiki tiene razón. Si está herido, sabrá que hacer y regresará a penas el hielo se derrita. Si no, tal vez sea prudente, continuar con nuestras vidas.
— Él regresara. Sé que lo hará, papá — decía, insistiendo en demostrar la fe que le tenía. Soun la observa con la duda plasmada en su expresión, sin embargo, suspira y sonríe débilmente.
— Espero que si, Akane. Realmente lo espero — había dicho, sinceramente — pero, lo único que podemos hacer ahora, es esperar. Ranma se molestará si te ve en este estado, te regañaría por ponerte en riesgo tantas veces ¿no es verdad? — le hablaba, como si lo estuviera haciendo hace ya varios años atrás y a pesar de que la chica no había volteado a verle, Soun había podido jurar, que una pequeña y diminuta sonrisa, se había formado en sus labios — que termine el invierno, y veremos qué es lo que pasa — finalizó Soun, a través de un pesado suspiro, siendo cuan sincero había podido ser. Akane le preocupaba, el, simplemente, no podía seguir viéndola en ese estado. Él no era así de fuerte.
Esperaba, por su bien, que tuviera razón.
— Ya está listo el té, querida — había anunciado Nodoka, al notar que la chica se había perdido nuevamente en sus pensamientos, y no había notado que el caliente líquido había sido servido. Akane, por un momento, había olvidado su pesadilla y el encuentro nocturno con la amable mujer, que no debía estar mucho mejor que ella, por lo que sacude fuertemente la cabeza, tratando de alejar los recuerdos que solían atormentarla, y regresar mentalmente a ella, allí, en la cocina.
— Gracias — había dicho, sin mucho esmero, rodeando el recipiente con sus manos, tratando de recuperar el calor en ellas — hace mucho frío esta noche, ¿verdad?
— Si… — murmuraba la mujer, bebiendo un poco de té. Ella era muy consciente de la crudeza del clima, también.
Akane, al ver la duda entre sus familiares, había determinado mantener la convicción de que el chico regresaría a casa, ella sola, pero lo cierto era que cada vez, era más difícil. El invierno era crudo, y el solo hecho de beber una taza de té caliente, sabiendo que Ranma pudiera no estar contando con solo un poco de calor, la llenaban de culpa y melancolía. Si él seguía en esa montaña, como ella realmente esperaba, debía estar pasándola realmente mal. Y al observar a Nodoka, sabía que aquello le ocurría también a la joven y triste mujer.
— ¿Alguna noticia del tío? — finalmente había preguntado. Nodoka había negado con la cabeza, para luego dar un nuevo sorbo de su te. El pesado suspiro de la chica dejaba entrever la enorme decepción que sentía, al escuchar sus palabras.
Su familia, había tenido el cuidado suficiente de no nombrar al chico ni nada de la situación, cuando Akane o Nodoka estaban presentes. Pero sabían que era un tópico recurrente. A veces con tristeza, y cariño, pero también con rabia o rencor, ante las posibilidades. Ellas, habían optado por no hablar del chico cuando hubiese alguien más, presente. Ninguna tenía la fortaleza mental de escuchar aquello que no querían. La una solía darle fuerza a la otra cuando lo necesitaba. Luchaban constantemente por mostrarse fuertes y convincentes en la idea de que Ranma volvería, pero, era en las noches de desvelos como esa, en la que podían manifestar libremente, sus verdaderas preocupaciones.
— Bajó al pueblo por provisiones hace poco, él me advirtió que no se comunicaría en varios días.
— Ya veo — vuelve a suspirar — de alguna manera, creo que este invierno ha tardado mucho más.
— Sé que está bien — Nodoka había dicho, de pronto.
— Sí..., el tío debe estar acostumbrado a…
— Ranma — aclara, haciéndola reaccionar — sé que está bien — repite, absolutamente llena de convicción.
— Yo…, realmente lo espero, tía — murmura, bastante menos convencida, y ya bastante acostumbrada a aquellas palabras que ella misma usaba para convencer a otros, preguntándose en cual había sido el momento exacto en el que se había hartado de ellas. Parecían guiones memorizados, palabras sin sentido…, frases que luchaban por convencer a otros, lo que no lograba convencer del todo, a sí misma.
— Él me lo dice en sueños — le explica, logrando que la chica volteara a verla, nuevamente. Nodoka, al ver su expresión interrogante, decide agregar: — antes de salir de casa, ese día, yo le pedí que tuviera cuidado, y él solo se despidió como respuesta, ya sabes, con ese gesto… — la mujer lo imitó, realizando los movimientos del saludo militar que el chico acostumbraba. Akane, al observarla, sonrió. Aquello había sido como ver a su prometido en cuerpo de mujer, comprendiendo a la perfección lo que la mujer trataba de explicarle. Ellos realmente, se parecían — Él sólo gritó un "adiós" a lo lejos, mientras golpeaba a su padre en la cabeza, quizá por qué cosa, pero… en mi sueño, él me toma la mano con cariño y me dice "estaré bien" — explica, igual de convencida que antes.
— Ya veo — comenta, enternecida. La convicción con la que ella compartía sus pensamientos, había logrado animarla, a pesar de que sabía, era imposible que algo así sucediera. Por un momento pensó en lo maravilloso que sería poder comunicarse con él de alguna manera, y preguntarle aquello que hasta ahora no había tenido respuesta. Ilusionada, había considerado la idea por un momento y había comenzado a preguntarse por las cosas que le diría, una vez pudiera asegurarse de que estuviera bien — qué lindo, tía — finalmente, contestó.
— ¿Tú no sueñas con él? — pregunta, atenta. Y la chica no tarda en sonrojarse, especialmente porque venía haciéndolo con demasiada frecuencia. Siempre recordando el último momento que ambos habían compartido.
— A-a veces — admitió, provocando una genuina sonrisa en la mujer — pero siempre es lo mismo —agrega, levemente frustrada.
—Y… ¿qué es?
— También es del día en que se van, él me dijo que no tardaría en regresar — explica, ligeramente cansada, lidiando con las imágenes que fuertemente se habían posicionado en su mente — es como si no parara de recordarlo.
— Qué curioso son los sueños, ¿verdad? — comenta la mujer, tras un delicado y silencioso sorbido de té — uno nunca sabe si es un recuerdo, fantasía o tal vez, un mensaje…, ¿te imaginas si Ranma estuviera tratando de decirnos algo?, ¿no sería maravilloso? — preguntó, con ilusión.
— No lo sé… creo que solo se trata de un recuerdo… — suspira, antes de imitar a la mujer y beber también de su recipiente.
— ¿Sí?, ¿de cuándo? — curiosa, preguntó.
— Antes de que viajaran con el tío, cuando nos despedimos — explicó, reforzando la idea, creyendo que la mujer no le estaba prestando real atención. Al observar a Nodoka, esta sonrió.
— Será de otra ocasión, querida — la mujer le contestó, manteniendo su sonrisa.
— No, fue de ahora, estoy segura. Yo lo llamé cuando comenzaba a bajar las escaleras. Le pedí que se cuidara y el hizo una de sus estúpidas bromas, luego, me dijo que regresaría antes de que me diera cuenta, y bajó. Eso es lo que sueño cada noche…, él diciéndome que regresará pronto — narra sin demasiado entusiasmo, las escenas con las que era constantemente torturada, bajo el contante deseo de haberlo detenido en aquel entonces, se repetían una y otra vez, en su mente.
— ¿Cada noche? — Nodoka repitió, y pese a provocar un nuevo sonrojo en la chica, ésta no había tardado en notar la genuina interrogación de la mujer que ahora reflexionaba en silencio.
— Pero, no fue eso lo que pasó — sentenció, segura; y Akane la observó ahora, extrañada — Ranma y tu bajaron discutiendo por las escaleras. El reía mientras tú le decías que no te preocuparías de alguien tan presumido como él. No recuerdo exactamente qué te respondió, pero estoy bastante segura de que lo golpearte fuertemente en la cabeza, aunque…, no recuerdo con qué… — parecía intentar recordar.
— ¿De… verdad? — preguntaba, incrédula.
— No se te dan muy bien las despedidas, querida — ríe la mujer.
— Oh… pero yo, estaba segura que… — parafrasea, hasta recordar de golpe, el momento exacto en el que lo había golpeado. Todo, había sido exactamente como Nodoka había descrito — cierto… — admitió, asombrada — yo le lancé uno de los floreros del pasillo — recordó. Y Nodoka asintió — ¿entonces, por qué Ranma dice eso en mis sueños?
— No lo sé querida, tal vez sea solo nuestra mente, que trata de reconfortarnos — admite, bebiendo el último sorbo de su té — pero, si me preguntas, prefiero pensar que es la manera en la que el universo me asegura, que está bien — confiesa, algo más entusiasmada, que al inicio de su encuentro. Akane la observó y admiró en silencio la resiliencia de la mujer. Quizá ella deba pensar de la misma manera, pensó, emocionada. Tal vez, de esa manera, dejaría por fin de dudar — bien — Nodoka volvió a hablar, llamando su atención — será mejor que regresemos — anuncia, levantándose, recogiendo algunas de las cosas que estaban sobre el mesón. Preguntando con un gesto si podía retirar también los de la chica quien, algo aturdida, asiente lentamente.
— Sí, creo que necesito dormir al menos un poco — más tarde, admitió.
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Una vez regresara a su habitación, y se cubriera por completo con las mantas de su cama para protegerse del frío que no había tardado en instalarse en su habitación, suspiró fuertemente. Aquella conversación la había dejado con una extraña sensación y ahora, el recuerdo de su prometido riéndose de su reacción al borde de las escaleras no la dejaba en paz.
— Pero entonces… ¿por qué sueño que…? — murmura para sí misma, tratando de darle algún tipo de coherencia a sus desbocados pensamientos — ¿será acaso, que estás tratando de decirme algo…, Ranma? — pregunta al viento, en uno de los muchos diálogos inexistentes que sostenía con el chico, para luego suspirar y acomodarse sobre sí misma — claro que no…, como si esas cosas pasaran —resopla, cerrando los ojos — solo espero que estés bien…, bobo — pensó. Y al poco tiempo, lograría quedarse dormida.
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— ¡Ranma! — lo llama Akane al llegar al pasillo, observando como el chico comenzaba a perderse entre las escaleras — ¿eres tú, Ranma? — le pregunta, como si aquello, entonces tuviera algún tipo de sentido. Él chico voltea a verla y retrocede un escalón, preguntándole silenciosamente a qué se refería — ¿Realmente estás tratando de comunicarte conmigo? — le pregunta, expectante. Ranma la observa extrañado, y luego sonríe, presuntuoso.
— Vaya sí que eres lenta, boba.
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La chica abre los ojos con urgencia, para luego incorporarse sobre la cama, agitada. Por inercia lleva una de sus manos hacia el pecho, descubriendo los agitados e intensos latidos de su corazón. Desesperada, se lanza bajo la cama y corre hasta la puerta, sale hacia el pasillo y se dirige hacia la habitación de su prometido, que ahora era ocupado solo por su madre. Sin tocar, sin preguntar, ni frenarse, desliza la puerta y observa a la mujer sentada sobre su futón, con los ojos desorbitados y la respiración agitada.
— ¡Tía! — había dicho, respirando con dificultad — ¡Ranma! — explicaba, como si aquello fuese suficiente.
— Lo sé, querida — responde la mujer, asintiendo, una vez hubiera conseguido hacerlo — también me lo ha dicho — contestaba, comprendiendo.
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Fin del capítulo 1.
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Notas:
Heme aquí, resurgiendo de entre las tinieblas, con este nuevo proyecto que lleva descansando en Drive, desde Julio del año pasado xD
No tengo remedio, mis queridos. No tengo remedio.
Pero, como siempre, ansiosa de ver quien decide acompañarme en esta nueva historia. Por favor, déjenme saber a través de sus comentarios alguna de sus impresiones.
Saludos!
