Ranma ½ no me pertenece…, y todo eso.
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ENTRE SUEÑOS Y PESADILLAS.
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Capítulo 2.
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Justo después de calzarse, Akane había tomado el paraguas para salir de casa y cubrirse así de la lluvia. El cielo parecía querer caerse a pedazos en lo que se había transformado en una fuerte tormenta que amenazaba con desbocar los ríos e inundar las calles, pero ya no podía esperar más. Debía saber. Necesitaba al menos un poco de información.
Tras su reciente descubrimiento, habían decidido, junto a Nodoka, manejar el tema con extremada precaución. Necesitaban saber si el chico podía llegar a aparecer en los sueños de algún otro miembro de la familia, y ver si alguno de ellos pudiera llegar a pensar de igual modo que ellas o si sus pensamientos pudieran representar algún nuevo nivel de locura. Ambas sabían que el umbral de sucesos poco usuales en la familia Tendo era bastante amplio, flexible y en constante crecimiento, pero, al mismo tiempo, eran muy conscientes de que los ánimos respecto a la desaparición del chico, tan confusos, conflictivos y cambiantes, por lo que debían ser lo más precavidas que su creciente ansiedad les permitiera.
— Soñé con él — había anunciado Nodoka, de pronto, durante la cena. Ella y Akane habían acordado hacerlo, por lo que su anuncio, había sorprendido a todos los demás, que inevitablemente habían volteado a observar a la mujer. Ranma, hace varios días, había dejado de ser tema de conversación, especialmente durante las comidas — decía que estaba bien, que regresaría a casa — explicaba, atenta a cada una de las expresiones de los comensales presentes. Akane, bajó la mirada. Nodoka no había sido tan sutil como habían planificado, sin embargo, se reconocía a sí misma que ella no habría conseguido hacerlo mucho mejor. Resignada volteó a verla nuevamente y reconoció en la mujer la ilusión con la que esperaba algún tipo de respuesta, aquel brillo en sus ojos azules que tantas veces había visto en su prometido cuando la curiosidad lograba dominarlo, y melancólica, medio sonrió en su dirección.
— Qué lindo sueño — comentaba Kasumi, empatizando con la información entregada, liberando un poco la tensión que se había formado en el ambiente. La mirada de Nabiki había cambiado de dirección, para poder concentrarse en Akane, esperando su reacción, o algún tipo de respuesta, estudiándola, pero, al no recibir nada de ello había optado por guardar silencio y estudiar un poco más, su falta de sorpresa. Soun en cambio, se había aclarado la garganta.
— ¿Saotome, está bien? — preguntaba genuinamente preocupado, aprovechando que las condiciones se habían dado. Extrañaba a su amigo y compañero de aventuras, pero, preguntar por él, resultaba infructuoso. Recordarle a la mujer los motivos que generaban la estadía de Genma en la montaña, podía desbocar sus frágiles emociones.
Mientras acampaban en la montaña, Soun había podido acompañarlo y aunque éste no le hubiese dicho una palabra, como cada vez que enfrentaba un problema de seriedad hacía, sabía que la culpa lo carcomía lentamente. Lo conocía bien. El que estuviera allá pese a las adversidades, era prueba fidedigna de ello. Sabía que su condición de panda lo ayudaría a sobrellevar el frío y las diferentes condiciones climáticas, sin embargo, preocuparse resultaba inevitable
Nadie le había reprochado nada. Todos conocían la estrambótica relación entre padre e hijo, y no lo culpaban realmente. Ranma sabía muy bien cómo cuidarse, por lo que Soun se encargaba periódicamente de recordárselo.
— Le ha enseñado bien, Saotome. Lo ha preparado lo suficiente… — siempre le decía, pero el hombre de los anteojos, no hacía más que guardar silencio.
Genma, sin embargo, le había prometido a su mujer que no regresaría sin su hijo. Que, si él estaba ahí, lo encontraría, pues no había otro modo de convencer a la mujer, de regresar a la ciudad.
Y a veces, sentía rencor. Porque, si Ranma hubiese decidido irse…
— Está bien — afirmó, segura y llena de convicción. Soun la observó y asintió, conforme.
— Tú también has soñado con él, ¿no? — preguntaba Nabiki, que no había despegado la vista de su pequeña hermana ni por un pequeño segundo. Pero, para la sorpresa de la menor de las hermanas, no había burla en sus palabras, por lo que responder no había sido extremadamente difícil, como pensó.
— Constantemente — admitió, sonrojada, a pesar de que estaba bastante segura de que durante sus arrebatos en los que era dominada por la angustia y desesperación, había realizado confesiones mucho más comprometedoras que esa. Sus hermanas mayores habían intercambiado miradas, mientras que Soun había tratado de reprimir su gesto preocupado. Sin éxito, por supuesto.
— ¿Ustedes… han soñado con él? — finalmente pregunta Nodoka, como había querido hacerlo desde el inicio, mientras Akane observaba los gestos que pudieran entregarle al menos, un poco de información respecto a sus familiares, pero sus hermanas, extrañadas, negaban con la cabeza, mientras que Soun solo se encogía de hombros, como respuesta.
— ¿Ni una sola vez? — insiste Akane, expectante.
— ¿Por qué? — preguntaba Nabiki, mientras Kasumi y Soun volvían a negar con la cabeza, aun sin comprender — acaso, ¿tiene alguna importancia?
— Eso no quiere decir que no nos interese… — había comenzado a excusarse, Kasumi.
— Por supuesto que no — concordaba su padre, pero Akane y Nodoka ya no les prestaban atención.
— ¿A qué cree que se deba? — le preguntaba Akane en voz baja.
— No lo sé, tal vez… — murmuraba también, Nodoka, reflexionando.
— ¿Qué están tramando? — preguntaba Nabiki, interrumpiéndolas.
— Akane, no regresarás a la montaña — Soun advirtió, preocupado, pero la chica tan solo voltea a verlo enfadada, para luego, volver a concentrarse en la mujer.
— Debemos seguir averiguando — afirmó Nodoka, y Akane, asintió. No le agradaba del todo el siguiente paso de su investigación, sin embargo, sabía que las opciones, en realidad, no eran muchas.
No había remedio, debía preguntarles.
Así que ahí estaba, caminando bajo la lluvia, dirigiéndose al Uchan's. Dividiéndose entre las posibilidades.
Al deslizar la puerta de entrada, Akane había sentido de inmediato la mirada de Ukyo clavársele en el cuerpo. La interrogación era desesperada, aterrorizada y sin aliento, por lo que Akane, comprendiéndola, se había preocupado de negar con la cabeza antes de comenzar a retirar sus implementos para la lluvia, dando la oportunidad de que Ukyo recuperara el aliento.
Las prometidas habían establecido algún tipo de tregua que rápidamente se había convertido en una especia de hermandad. La preocupación por el chico las unía, por lo que las discusiones y batallas entre ellas había perdido cualquier tipo de sentido, si es que alguna vez lo había tenido, en realidad. Después de todo, las tres lidiaban con aquel confuso y conflictivo estado en el que la esperanza y el sentimiento de abandono, pesaban por igual. Las personalidades eran distintas, y cada una se enfrentaba a la situación a su manera, pero, estaban seguras que no todos lidiaban con el hecho de saber que por mucho que deseaban que el chico estuviera bien, tal vez fuese mejor que no lo estuviera tanto. Solo la idea de ello les rompía el corazón.
Pero, ninguna tregua pactada había preparado a Akane para algo semejante.
— Sin noticias todavía, ¿no? — suspiraba Ukyo, tras recuperar sus estribos, y conseguir moverse lo suficiente como para alcanzar un par de toallas, mientras Akane finalmente se acomodaba en la barra y comenzaba a secar su cabello con ellas.
— No…, nada todavía — reitera, notando como los hombros de Ukyo caían abruptamente, resignada. Sabía que, debido a Genma y alguno de los contactos de Nabiki, Akane sería la primera en recibir algún tipo de información, por lo que sus visitas conseguían ponerla nerviosa — pero…
— ¿Qué?
— ¿Has soñado con Ranma? — directamente preguntó, una vez acomodara la toalla alrededor del cuello para evitar seguir mojando sus ropas. Por supuesto que la pregunta había logrado desconcertar a su interlocutora, que no hacía más que observarla, absolutamente extrañada, y entonces, la chica resopló. Había sido tan sutil como Nodoka.
— Te… ¿encuentras bien? — finalmente preguntó.
— ¿Lo has hecho, Ukyo? ¿has soñado con él? — Akane insistió, reduciendo drásticamente la distancia existente entre ambas, y muy consciente de lo invasiva que estaba resultando ser, consiguiendo que la cocinera comenzara a sentirse, nuevamente, nerviosa. Pero es que ella, no podía ya, con la falta de respuesta. Simplemente, necesitaba saber.
— B- bueno, yo… — comenzó a parafrasear, sin embargo, guardó silencio, avergonzada. Claro que lo hacía, pensó. Constantemente soñaba con distintas maneras en que el chico finalmente le declaraba su amor, pero, no podía decirle eso, ¿verdad?…
Tampoco podía decirle que aquella versión, y desde que el chico hubiese desaparecido, se había transformado en que Ranma llegaba a su local, evidentemente cansado y cubierto de nieve, anunciándole que todo esto había sido un truco, para que ambos pudieran huir juntos, casarse y construir una familia.
Ukyo siempre se había imaginado rodeada de varios niños idénticos a su padre, que, sin duda, era Ranma, por lo que varias veces, soñaba también con ellos, pero… ¿era eso a lo que se refería la chica?, ¿por qué demonios le preguntaba algo así?, ¿por qué Akane querría saber algo como eso?, se preguntaba, cada vez más sonrojada.
— Sueño con él casi todas las noches — Akane afirmó, tomando distancia, molesta. Cerrando los ojos, producto de la frustración que le generaba el seguir observando el estado de la chica, además de tener que confesarle a ella, algo como eso. Sin embargo, y con lo poco que estaba avanzando la conversación, no le quedaban muchas otras opciones. Ukyo, ante la confesión, la observó en silencio. Sabía que Akane no era del tipo de chicas que compartiera fácilmente, sus sentimientos, por lo que debía estar intentando decirle algo importante, pensó — siempre es el mismo sueño — agrega, abriendo los ojos lentamente, asegurándose de haber captado su atención — es del día en que comenzaron el maldito viaje — continúa, maldiciendo a su prometido mentalmente, por ponerla en ese tipo de situaciones — Ranma se despide de mí en la escalera del segundo piso. Él promete que volverá antes de que me dé cuenta. Él trata de calmarme...
— Será mejor que tengas un punto, Akane.
— El punto, Ukyo, es que eso no ocurrió. Él y yo comenzamos a discutir ese día. Yo le quebré un florero en la cabeza, justo antes de salir de casa, pero, había soñado tantas veces lo otro que, lo había olvidado.
— ¿Qué es lo que intentas decirme?
— Anoche, volví a soñar. La misma escena, la misma situación, pero esta vez Ranma me hacía saber, que… había estado tratando de decirme algo.
— Ya veo… — medita la chica, observándola atentamente, sin lograr distinguir algún gesto que le generara desconfianza, sino, más bien, todo lo contrario — me estás diciendo que Ranchan, ¿está tratando de comunicarse contigo? — pregunta, finalmente, provocando que Akane asintiera lentamente, muy atenta a cualquier reacción, pero Ukyo solo parecía reflexionar.
— Tía Nodoka piensa que él pudiera estar intentando decirnos algo — explica — a ella le ha ocurrido lo mismo.
— ¿D-de verdad? — pregunta, sorprendida, y absolutamente interesada — pero… ¿cómo es eso, posible?
— No lo sé, nadie más en casa ha soñado con él, por lo que no hemos podido tener mucha información al respecto — vuelve a explicar.
— Y supongo que quieres saber si ha intentado comunicarse conmigo — concluyó, logrando que la chica asintiera, desviando ligeramente la mirada. Aquello le estaba resultando difícil y bastante incómodo, la verdad.
— Pues…, no lo sé…, yo… — parafraseo, sin saber del todo, como continuar aquella conversación para luego inhalar y exhalar, intentando recuperar el control — yo, no me di cuenta de inmediato — finalmente, agregó — no fue hasta que comentamos esta posibilidad con tía Nodoka, que el sueño inicial cambió y aquello, entonces, tuvo sentido. Cuando le pregunté a Ranma, en el sueño, si estaba tratando de decirme algo, lo afirmó — explicó y la cocinera asintió, comprendiendo — yo sé que puede ser, tan solo un sueño, pero…por favor, Ukyo. Si sueñas con él, y algo de lo que te digo, cobra sentido, házmelo saber — solicitó, mientras intentaba adivinar las impresiones de una inexpresiva Ukyo.
— Claro que sí, cuenta conmigo — la chica aseguró, finalmente, y Akane, aún preocupada, suspiró.
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— No regresar — Shampoo protestaba, obstinada, al chico de grandes anteojos que se encontraba frente a ella.
— Shampoo… — pedía este, con paciencia, y ya bastante acostumbrado.
— No moverme de Japón, hasta tener noticias de àirén — volvía a sentenciar, cruzando sus brazos por sobre su pecho, para luego girar sobre sus talones y darle la espalda, notando recién entonces que Akane se encontraba en la entrada, con su cabello y ropas empapadas. Shampoo la observa expectante y estática, pero Akane niega con la cabeza, comprendiendo al instante su desesperada y silenciosa interrogación. Últimamente, cada vez que llegaba a algún lugar, debía asegurarse de entregar tan importante y silenciosa exigencia.
— Nada aún — aclara. Y Shampoo relaja, entonces, su postura, para luego soltar una palabra en chino que Akane, por la expresión de Mousse, pudo adivinar que se trataba de un fuerte insulto — ¿Todo bien? — pregunta finalmente, notando la irritación de ambos.
— Ser abuelita, insistir en deber volver a China — resopla la chica, cansada, llegando hasta una de las redondas y enormes mesas del restaurante para sentarse en una de las sillas. Akane la sigue, sabiendo que aquel gesto era lo más cercano a una invitación.
— Pero Shampoo, la vieja momia no hace más que insistir en que… — insistía Mousse.
— ¡No decirle así! — lo interrumpe, lanzándose un servilletero de metal en medio del rostro — ya dije que no ir hasta tener noticias de àirén. Ir y decirle — ordenó.
— ¿Puedes al menos ir y decírselo tú misma?
— No ir — afirmó. Y el chico no hace más que apretar los puños y girar, enfadado y frustrado con la chica, para luego retirarse del vacío salón. Mousse sabía que seguía enfadada con él, que la preocupación por el idiota de Saotome no ayudaba, y que la chica no contaba, en estos instantes, con muchos motivos como para demostrar la alegría que la caracterizaba, pero ¡Dios!, sí que estaba insoportable, pensó.
— Tormenta no ser buena para restaurante — resopla la chica, apoyándose sobre la mesa, pesadamente, mientras pensaba en que al menos, no tendría que hacer entregas a domicilio transformada en gata, gracias a la ausencia de Colonge — ¿qué ocurrir? — inquiere al notar que Akane no dejaba de observarla expectante. Y tal y como le había explicado a Ukyo, y después de un enorme y pesado suspiro con el que, resignada, maldecía su suerte, le había narrado a Shampoo, sus impresiones.
Y, si pensaba que explicarle a Ukyo había sido difícil, era porque no había intentado hacerlo con Shampoo. No era fácil, después de todo, confesar algo tan íntimo a su peor enemiga, pero al parecer, Shampoo también se había estado esforzando en no demostrar lo mucho que le había afectado escucharla. Ella, simplemente detestaba la cercanía que tenía con Nodoka, y que fuera ella la que tuviera siempre la última información, pero, el que le fuese a refregar en el rostro que Ranma la prefiriera para comunicarse, era una idea que simplemente, la superaba. Sin embargo, ambas habían estado tratando de comportarse adecuadamente frente a la situación que vivían. Sabían que lograrían mucho más transformándose en un equipo, especialmente ahora que contaban con cada vez menos personas que las apoyara, pero, era innegable el recelo que siempre había existido entre las dos. Y, la verdad era que Shampoo, siempre había logrado exasperarla, y esta, no era precisamente la excepción
— No sé cómo esto podría ser posible… pero, estoy segura que…
— Poder serlo — Shampoo meditaba seriamente, tras escucharla — con energía.
— ¿De qué hablas? — Akane interrogó, sabiendo, también, que, pese a su constante rivalidad, ambas harían lo posible por cooperar y traer al chico de regreso. Ya luego, podrían volver a odiarse y continuar sus vidas maldiciéndose mutuamente, pero ahora, debían poder sobrellevarse.
— Creer que ser posible comunicarse, con energía — explica, con paciencia, logrando un pequeño gruñido por parte de Akane — abuelita explicarlo una vez — agregaba, bastante seria y segura de sus palabras — deber ubicar energía de combate y conectar mentes.
— Tú, ¿sabes hacerlo?
— Shampoo ser veloz y ágil en combate aéreo. Armas ser habilidad importante. No energía — admite, sin que los halagos pasaran desapercibidos — además…
— ¿Qué?
— Shampoo ser más fuerte, ser fácil contactar. Tú, en cambio… — meditó, mientras Akane resoplaba y volteaba los ojos producto de la frustración que le generaban sus constantes ataques — pero, no saber si, al dormir… — agregó, captando la atención de Akane, nuevamente.
— Cierto, es poco probable… — reflexionó — ¿Sabes cuándo regresa la abuela?, quizá ella pueda ayudarnos.
— No pronto. Ella querer que yo regresar, pero no hacerlo hasta que…
— Sí, si…, lo sé — la interrumpe.
— Tal vez, viejo asqueroso saber.
— Seguro — resopla — pero ni idea de dónde estará ahora. Se fue en uno de sus viajes — suspira nuevamente — por una vez que pudiera servir para algo… — resopla, molesta.
— Yo soñar — dice Shampoo, sorprendiéndola, después de un breve momento de silencio y reflexión — ahora saber. Tener sentido. Él aparecer y hablar con Shampoo.
— ¿D-de verdad? — pregunta Akane, sorprendida por la repentina información, aunque ligeramente decepcionada. No podía negarse a sí misma que, la posibilidad de que Ranma prefiriera, por sobre sus otras prometidas, comunicarse sólo con ella, la entusiasmaba, pero, al parecer, debía olvidarse de ello. Por otro lado, el que Shampoo también soñada con Ranma confirmaba su teoría y renovaba sus esperanzas, por lo que rápidamente decide hacer a un lado sus absurdos y egoístas pensamientos para volver a prestar atención.
Shampoo asiente con una enorme y segura sonrisa, sintiendo plena satisfacción al notar el cambio en la expresión de su interlocutora. Sabía que, con su respuesta, no había hecho más que mortificarla.
— ¿Y qué es… lo que te dice?
— No decir donde está — admite, pensativa — yo poner más atención desde ahora. Estar atenta. Intentar averiguar — asegura, logrando que Akane asintiera agradecida por la cooperación, sin que pasara desapercibido para ella, el hecho de que Shampoo omitiera cualquier tipo de detalles de los sueños que mencionaba — seguro no tardará en decirlo — agrega.
— Genial — emite, irónica.
— Yo avisar novedades.
— Bien — afirma poco antes de ponerse de pie — creo que será mejor regresar a casa — anuncia, con repentina urgencia — se hace tarde y la tormenta no parece apaciguar — agrega, alcanzando el abrigo, poniéndoselo rápidamente.
— Avisar también si abuelita conocer técnica — Shampoo la observaba desde su lugar. Akane asiente en su dirección, para luego terminar de acomodarse su abrigada vestimenta, y deslizar la puerta. Shampoo la observa en silencio, sin moverse de su lugar, esperando que la chica de corta cabellera cerrara tras de sí, para relajar su postura y soltar un sentido suspiro cargado de tristeza y melancolía.
— Àirén… — murmura.
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— Ingrato — refunfuñaba la chica, mientras lanzaba la ropa sucia al canasto que habitualmente se encontraba en el baño — infiel — volvía a gruñir mientras caminaba pesadamente hasta la ducha — así que también apareces en los sueños de Shampoo, ¿no? — protestaba para sí, mientras abría la llave y se ubicaba bajo el chorro de agua caliente — de las dos, tenía que ser precisamente ella ¿verdad? — murmuraba entre dientes, mientras recordaba el rostro de satisfacción de la chica, mientras se lo decía.
— Claro que no, solo se trata de un malentendido — casi escuchó decir, al chico.
Y lloró. Silenciosamente, y bajo el agua de la ducha, lloró.
Cuánto daría por volver a escuchar una de sus estúpidas explicaciones, pensaba, melancólica. Cuanto daría por escuchar nuevamente su voz, por ver su estúpida cara…, por golpear su dura cabeza — bobo… — suspiraba, nuevamente angustiada — eres un bobo…, Ranma… — murmuraba, lavando fuertemente su rostro, tratando de quitar las lágrimas que seguían confundiéndose con el agua que caía por la regadera. Luego, y en silencio, lava rápidamente su cabello para acabar con su tarea, salir de la ducha, secar su cuerpo y vestir su pijama.
Al llegar a su habitación, había realizado lo mínimamente indispensable, antes de acostarse y cubrirse por completo. No había sido capaz de contarle a Nodoka el cómo le había ido con las chicas y la verdad, es que pocos deseos tenía de hacerlo en ese instante. Necesitaba un momento a solas, donde pudiera lidiar con sus alborotados pensamientos, y desbocados sentimientos, por igual. Necesitaba imaginar libremente que su prometido cruzaba la ventana de su habitación para regañarla por ser tan celosa, infantil y agresiva, por la paliza que ella le hubiese propinado, aludiendo además a sus nulas habilidades empáticas con las que, estaba segura, discutirían arduamente, para luego reír de los estúpidos que ellos eran y terminar conversando hasta altas horas de la noche.
Lo extrañaba. Extrañaba todo de él. El caos que siempre lo envolvía, sus entrenamientos, sus bromas, su riza. Extrañaba sus alegatos, sus celos y gruñidos. Extrañaba sus ojos, sus miradas y aquellos sutiles contactos. Extrañaba su protección, su compañía y su voz.
Dios, cómo lo extrañaba.
Pero, al mismo tiempo, también, lo odiaba.
Odiaba que no estuviera allí, que se hubiese ido de viaje, que la preocupara así. Odiaba que no fuese claro, que se comunicara con Shampoo y que no pudiera hacer nada, para ayudarlo.
Si, Akane, también, lo odiaba.
Rendida, finalmente, decide apagar la luz para luego girar su cuerpo y tratar de conciliar el sueño, cerrando finalmente los ojos. Poco a poco, el calor comenzaba a abrazarla y el cansancio a provocar un sueño profundo.
— ¡Ranma! — lo llamaba desde el marco de la puerta de la habitación de su prometido, notando como éste comenzaba a desaparecer por las escaleras — eres un idiota ¿lo sabías? — pregunta retórica, cuando éste se había girado y retrocedido un escalón, interrogándola con la mirada — ¡idiota! — ella había repetido, con rabia.
— ¿Me hablas a mí? — el chico había preguntado, extrañado, observándola.
— No veo a ningún otro idiota por aquí — respondió, aún enfadada, una vez se recuperara del desconcierto provocado por su extraña actitud — No es el momento — se reprochó mentalmente, y re direccionó su desesperación. No tenía tiempo que perder. Necesitaba saber. Ya luego, cuando lo tuviera realmente en frente, podría reprocharle por irse, por perderse, por abandonarla, por ser un idiota, y todo por cuanto quisiera. Y él, no tendría más remedio que cerrar su enorme bocota y escucharla, asumir y darle la razón, porque vaya sí que la tenía. Era su culpa. Todo era su culpa. Que no pudiera dormir. Que estuviera todo el tiempo preocupada por él. Que no pudiera disfrutar de una mísera taza de té caliente. Que no pudiera pensar en otra maldita cosa, que no fuese tenerlo de regreso — ¿Dónde estás?, ¿dónde puedo encontrarte? — preguntó, con la voz quebrada, intentando darle alcance, sin que pudiera moverse con libertad, imposibilitada a divisar aquello que su memoria no había sido capaz de retener.
— ¿Dónde estoy…? — repetía el chico, confundido.
— Vuelve a casa, Ranma… — Akane, pidió, llevando ambas manos hasta su pecho, sujetando su propio suéter con fuerza, imposibilitada a hacer otra cosa.
— Ésta…, es mi casa — afirma, como si aquello resultara evidente.
— Debes regresar, Ranma ¡debes volver a mí! — le explica, desesperada, mientras observa que el chico sonreía levemente, antes de girar sobre sí mismo, y perderse una vez más, por las escaleras — ¡no! — gritaba la chica, deseando estirar sus manos — no te vayas — pedía, al borde de las lágrimas — ¡Ranma! — insiste, llamándolo, pero era inútil, pues el chico ya no estaba ahí. Ya no podía ver ni un solo rastro de él — ¡Ranma!
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— No lo entiendo — resoplaba la chica, frustrada. Bajo la atenta mirada de Nodoka.
— Tampoco yo — admitía, suspirando — él no se ha presentado en mis sueños esta vez — confiesa — ¿te dijo algo más?
— No… — suspira — y no pude lograr conciliar el sueño nuevamente, así que…
— Entiendo — comenta, lastimosamente, para luego envolverse en el silencio que ambas habían provocado — desearía volver a soñar con él. Verlo, aunque sea en sueños…— suspiró, entristecida.
— Lo sé.
— No me importaría dormir una semana o dos, si con eso pudiera lograr reencontrarnos nuevamente… — agrega, perdiéndose en la nada del espacio que compartían. Akane no pude hacer más que observarla con atención. Ella entendía su sentir. Vaya sí que lo hacía.
— ¿Qué ocurre? — pregunta Nabiki al acomodarse junto a la mesa del comedor, lugar en el que Nodoka y Akane se encontraban, para ver un poco de televisión. Ninguna de las dos había reparado en su presencia y parecía que estaban demasiado perdidas en sus pensamientos como para notar algo más, en realidad — Akane, ¿qué te ha pasado?, luces terrible.
— Gracias — responde irónica, tras la insistencia de su hermana. Nodoka vuelve en sí, sonríe y se retira en silencio del lugar, dejándolas a solas. A veces, era mejor no inmiscuirse.
— ¿Y bien?
— No dormí muy bien, es todo.
— No me digas que volviste a soñar con Ranma.
— No te interesa.
— Akane, debes dejarlo ir.
— No empieces Nabiki.
— Pero, Akane… — iba a comenzar con las mil y un razones que le repetía siempre.
— ¡No! — la interrumpe, golpeando la mesa, provocando un pequeño sobresalto en su hermana — no quiero escuchar absolutamente nada de lo que tengas que decir, ¡nada!
— Está bien…, está bien… — responde Nabiki, sacudiendo las manos, rindiéndose — pero qué genio — ríe la chica, acomodando su cuerpo en dirección de la pantalla, pero mirándola de reojo aún interesada. Akane al saberse examinada, decide ponerse de pie y retirarse del lugar.
Con paso apresurado decide dirigirse hasta su habitación, pero una vez que se encontrara en ese lugar, éste, se le hizo pequeño. El aire, y pese a que la ventana estaba muy abierta, le faltaba, y de pronto, no era agradable permanecer allí. Caminó en círculos un par de veces, hasta que finalmente tuvo que salir, pero, al hacerlo, vio de golpe el final de las escaleras, lugar que no hacía más que atormentarla.
¿Qué es lo que no estaba viendo?, se preguntó, caminando lentamente hasta el borde. Recordando las apariciones que el chico hacía allí, en sus sueños. Él solía verse tranquilo, confiado, y tan alegre como siempre, pero…, la última vez…
— ¿Qué es lo que tratas de decirme? — murmuró, mientras apoyaba una de sus manos en la baranda, para luego dirigir su mirada a la puerta de la habitación del chico — ¿realmente… estarás tratando de comunicarte conmigo? — le preguntó al viento. Y suspiró.
Derrotada, retrocede un par de pasos y comienza a caminar por el pasillo, pensando en que tal vez un buen baño lograría calmar sus ánimos. Llevaba varias noches sin dormir lo suficiente debido a la preocupación y estaba bastante irritable, reconoció. Dudar de sí misma no la hacía feliz y si bien, a veces deseaba tener un poco más de esperanza, a veces, también deseaba tener un poco menos para lograr descansar al menos un poco, sin embargo, Akane sabía que la indiferencia era una palabra que ella no podría usar. No cuando se trataba de Ranma y algunos de sus estúpidos asuntos — ni hablar — resopló, mientras, con pesadez, cerraba la puerta para apoyarse en ella por un instante.
Tras un momento que usara para intentar calmarse, decide dirigirse hasta el extremo y abrir la llave de agua caliente de la tina. Acomodó un par de toallas, retiró sus ropas y comenzó con su habitual ritual de higiene — supongo que lo único que puedo hacer, es esperar a que vuelvas a aparecer en mis sueños… — suspiró, iniciando, nuevamente, uno de los diálogos imaginarios, con su prometido — a ver si así, me dices de una buena vez, que es lo que pasó contigo — agregó, disgustada — y para eso, solo tengo que dormir — murmuró, mientras observaba como la tina acumulaba el agua, deteniendo brevemente su conversación, para escuchar atentamente el sonido del agua, que resonaba con fuerza en el lugar — dormir… — repitió, lentamente, mientras el eco del lugar la envolvía completamente — como si fuera tan fácil — finalmente resopló, pensando en las ironía que significaba el contar, desde un punto a esta parte, con uno de los silencios más abrumadores de su existencia. Todas las condiciones ambientales estaban dadas. Las noches eran cada vez más tranquilas y silenciosas, prometiendo el sueño profundo a cada uno de los integrantes de su familia o a cualquiera que deseara descansar, pero ella, cada vez presentaba mayores dificultades para poder hacerlo — Ranma… — suspiró — Si realmente tratas de decirme algo…, yo… estaré ahí para escucharte — murmuró, recorriendo el baño con la mirada, deteniéndose, por un instante, en el botiquín.
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— ¿Akane? — Kasumi la llamaba, absolutamente preocupada.
— Traeré un poco de agua — la chica podía escuchar a lo lejos, una voz que no había sido capaz de identificar. Sentía su cuerpo pesado, cansado y tan somnoliento que no era capaz de abrir sus ojos para averiguar quién la acompañaba en lo que, por lógica, debía ser su habitación.
— Ser estúpida — otra voz, y pese a escucharla tenuemente, y Akane sabía perfectamente a quien pertenecía.
— ¿Cuántas se tomó? — preguntaba otra voz, mucho más dura y severa que las demás.
— No lo sé — contestaba preocupada Kasumi, sosteniendo aún el paquete de relajantes musculares que Akane había tomado del baño — pero no despierta.
— Ten — había oído, antes de sentir el frío líquido en su piel.
— ¡Ey!, ¡tener cuidado con eso! — protestaba Shampoo, que, debido a la cercanía, había recibido un par de gotas, también.
— ¿Estás bien? — preguntaba Ukyo, acercándose para ayudarla a incorporarse, una vez que Akane abriera los ojos gracias al agua que le habían lanzado al rostro.
— ¿Qué ocurre?, ¿qué hacen todas aquí? — preguntaba ésta, confundida.
— No conseguíamos despertarte — le explica Kasumi, extremadamente aliviada.
— ¿Intentar matarte? — pregunta Shampoo, sin escrúpulos, mientras cruzaba los brazos por sobre su pecho y la observaba con superioridad. Sin poder creer que aquella chica fuerte y obstinada, se diera por vencida tan fácilmente.
— ¡Shampoo! — Ukyo la regañaba. No es que la idea no le hubiese pasado por la mente, es que sabía que las hermanas Tendo no estaban acostumbradas a las maneras tan bruscas, de la amazona. O eso creía.
— Claro que no, no digas tonterías — respondía Akane, justo antes de bostezar — yo solo… quería dormir un poco — confiesa, prudente. No era necesario entrar en detalles, pensó — no es para tanto.
— Dormiste casi dos días — le aclara Kasumi, perdiendo un poco la dulzura en su tono de voz.
— ¿De… verdad? — Akane se veía sorprendida. No pensaba que aquellos medicamentos, que esporádicamente consumía después de algún pesado entrenamiento, la tumbara de esa manera. Ella realmente, lo único que necesitaba, era dormir y comunicarse de esta manera con su prometido, sin embargo, no lo había conseguido, y la desilusión se había apoderado por completo de su expresión, al ser consciente de ello — dos días… — repitió en un murmullo, entristecida.
— ¿Y qué esperabas?, te tomaste casi toda la caja — arremetía Ukyo, molesta.
— No estaba completa cuando… — comenzó a defenderse, muy poco animada. Ella solo había tomado dos o tres píldoras, no era tonta. Y, a pesar de que no sabía muy bien qué había pasado, tampoco le interesaba demasiado, la verdad. En lo único que podía pensar era en que, si Ranma había tenido cuarenta y ocho horas para presentarse en sus sueños, cuál había sido la razón por lo que no lo había hecho. Y meditó.
— ¿Crees que no sé lo que intentas hacer? — hablaba Nabiki, molesta. Tan molesta, que todas las demás, habían decidido guardar silencio.
— Ya les dije que no he tratado de hacerme daño… — resopla Akane, fastidiada, interrumpiendo sus pensamientos para hacerle frente ¿Es que acaso no la conocían?, ¿Cómo podían siquiera pensarlo?
— Ya lo sé. Eres idiota, pero ni siquiera tu harías algo tan estúpido como eso. Me refiero a que intentabas soñar con Ranma ¿no es así? — preguntaba, amenazante. Inevitablemente las miradas se habían concentrado en la menor. Akane sabía que todas las chicas presentes esperaban, por distintas razones, una respuesta. Pero, finalmente, y después de un rato, había bajado la mirada, simplemente — ¿realmente crees que se está comunicando contigo? — preguntaba, burlesca, provocando que su hermana pequeña comenzara a apretar los puños en un desesperado intento por contener la ira creciente, que había comenzado a sentir — vamos, Akane, sabes que es imposible. En el fondo sabes que él ha decidido marcharse lejos de aquí…
— ¡No! — Akane había gritado, furiosa — yo sé que no es así. Yo sé que Ranma nos necesita, que hay algo que el intenta decir. Nosotros debemos ayudarlo — había dicho con notoria dificultad. Sus ojos habían comenzado a cristalizarse y había tenido que inhalar y exhalar profundamente para evitar llorar y demostrar con ese acto, lo vulnerable que en realidad se sentía — tú me crees, ¿verdad Kasumi?
— Realmente nos preocupaste, Akane — ésta simplemente, había dicho, provocando que la chica ocultara el rostro, nuevamente.
— Yo te creo, Akane — había dicho Ukyo, segura, llamando la atención de todas en la habitación — soñé con Ranchan, también…, me ha dicho que necesita nuestra ayuda. Es lo que he venido a decirte.
— Soñar también. Àirén decir que desea regresar — decía Shampoo orgullosa.
— Lo que faltaba — resopla Nabiki, para luego esbozar una sonrisa que distaba mucho de mostrar algún tipo de felicidad — el equipo despechado alentando las locuras de mi hermana — se burló, llamando entonces su atención — ¡claro que no! — aclaró fuerte, al saberse dueña de la atención — ¿es que no escuchan lo que dicen?, ¡es una locura! — protestó.
— ¡Ser cierto!, ¡Yo soñar! — arremetía la amazona, de manera desafiante.
— No tienes que creernos si no quieres, Nabiki, pero eso no impide que tengamos razón — había dicho Ukyo.
— Tal vez si sea una locura — había dicho Akane, sorprendiéndolas — pero, tal vez no. Y si esto tuvo, por un instante, solo un poco se sentido para nosotras, entonces, me aferraré a ello sin que tú, ni nadie pueda impedirlo — afirmó, convencida.
— Bien — resoplaba Nabiki, derrotada — como quieras — pero si vuelves a hacer una estupidez como ésta, le diré a papá. Estoy segura que encontrará la solución para evitar que tía Nodoka siga llenándote esa cabeza hueca que tienes, de sus absurdas ideas — había dicho, igual de severa que antes — no creas que no sé de donde viene todo esto — aseguró. Y al observar la cara de espanto con la que su hermana había reaccionado, sabía que había logrado su cometido — hablo en serio — sentenció, antes de salir de la habitación.
— ¡Nabiki! — Akane se había levantado para seguirla, llegando sólo hasta el marco de la puerta, observando desde ese lugar, como su hermana cerraba la suya, de un solo golpe — ella no haría algo como eso, ¿verdad Kasumi? — desesperada preguntó, girando su cuerpo para observar a la mayor de sus hermanas, pero Kasumi se había levantado lentamente para dirigirse hacia el escritorio y tomar el medicamento que, en medio de la desesperación, ella misma había dejado en aquel lugar.
— No puedo apoyarte en esto, Akane — finalmente habló — si quieres dormir, vas a tener que hacerlo naturalmente — hablo con la tranquilidad y amabilidad que la caracterizaban.
— Pero, Nabiki, ella no puede hacer que papá… — se interrumpió, reorganizando sus ideas — la tía Nodoka. Ella no tiene la culpa de que yo… ¡Ella ya ha sufrido lo suficiente…!
— Entonces, estoy segura de que serás mucho más prudente a partir de ahora y así, tía Nodoka no tendrá que sufrir las consecuencias… ¿no crees?
— Pero, Kasumi, yo solo quería dormir…
— Lo sé… — asegura, para luego acariciar su cabeza en un gesto maternal, lleno de cuidado y cariño — tú, a diferencia de otras personas, que deciden abandonarlo todo, no eres una cobarde — agregó sonriendo, para luego alejarse y caminar hacia la salida, cerrando la puerta tras de sí.
— Vaya…, eso no ha sido para nada incómodo — comenta Ukyo, tras un breve momento, mientras Shampoo, incrédula, apuntaba hacia la puerta, sin poder creer aún las insinuaciones de la siempre amable mayor de las Tendo. Akane, molesta, había lanzado un fuerte gruñido que había terminado ahogado en una de sus almohadas.
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— Entonces, ¿no conseguir? — preguntaba Shampoo, abrumada.
— No… — suspiraba Akane, frustrada — no apareció — aclara — así que podríamos decir que todas estas horas desperdiciadas, dos hermanas creyendo que he tratado de acabar con mi vida, y una amenaza de por medio, no han servido para absolutamente nada — resopla.
— Supongo que no funciona si estás drogada — comentaba Ukyo, después de un breve momento — quizá de ese modo, no seas lo suficientemente receptiva.
— Tal vez… — concordaba Akane, recordando que, si Shampoo tenía razón, y se trataba de alguna técnica de energía como habían especulado, era bastante probable que, gracias a los medicamentos, ésta, estuviera demasiado baja como para ser alcanzada. Tal vez Ranma no había podido encontrarla.
Quizá, era esa la razón por la cual el chico había tenido que recurrir a sus otras prometidas para intentar decirles algo — ¿qué fue lo que te dijo Colonge? — Akane preguntaba a Shampoo, pero esta negaba con la cabeza.
— No decir. Abuelita no dar detalles. Ella estar molesta con Shampoo por no ir a China. Ella no querer explicarle a Mousse al enterar que yo preguntar…
— Genial… — resopla — los únicos dos seres en el mundo que han vivido lo suficiente como para saber algo, y ayudarnos, se niegan a hacerlo.
— ¿Tampoco hay noticias del maestro?
— Nada. Supongo que sin Ranma aquí ya no le parece tan divertido quedarse… — comenta, provocando un pesado suspiro en las demás.
— Shampoo buscar entre objetos de abuelita, algo tener que poder encontrar — anuncia la amazona, después de un momento.
— Buscaré también, entre los pergaminos del maestro — anuncia Akane.
— Bien, avísenme si necesitan ayuda — secunda Ukyo — estaré pendiente — agrega, poniéndose de pie, anunciando así su retirada. Shampoo y Akane la imitan y asienten con renovada convicción, sellando de esa manera el pacto de un nuevo plan de acción.
Sin decir otra palabra, Shampoo y Ukyo salen por la ventana de su habitación. Akane agradeció su apoyo en silencio, y con energía renovada, caminó hasta situarse frente al espejo.
— Bien — se habla a sí misma, alentándose — tu y yo tenemos trabajo que hacer — agregaba, tras abrir uno de los cajones de su cómoda para retirar su viejo traje de entrenamiento — si debo dormir naturalmente, como dijo Kasumi, entonces, será mejor que pongamos manos a la obra.
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— ¿Dónde estabas? — preguntaba el chico, tras retroceder un escalón y girarse para observarla mejor.
— Ranma, no tenemos mucho tiempo, debes decirme dónde estás — se apresuraba en explicar la chica, desde el pasillo del segundo piso, junto a las escaleras.
— ¿Dónde estoy? — repite el chico, desorientado.
— Debes decírmelo Ranma… ¿dónde estás?, ¿estás herido? — preguntaba desesperadamente. Ranma sonreía de lado, presumido
— ¿Acaso, … te preocupas por mí?
— ¿Dónde estás, Ranma? — repetía la chica, tratando de mover una de sus manos para darle alcance, sin conseguir otra cosa más que llevarla hasta su pecho y apretar su suéter como había hecho tantas veces ya, en sueños anteriores — ¿estás en la montaña? — insiste.
— Ven… — decía el chico, girando nuevamente, aun sonriendo, llamándola.
— ¿A dónde, a dónde debo ir?, dímelo por favor, iré a donde haga falta — le respondía la chica, pero, su prometido comenzaba a perderse por las escaleras, una vez más.
— Ven… — volvía a llamarla, pero ella era absolutamente incapaz de moverse y seguirlo como en realidad eran sus intenciones.
— ¡Ranma, no te vayas! — pedía, aún sin poder moverse — ¡no vayas a ese viaje Ranma, quédate conmigo!… — suplicaba — necesito más tiempo…, un poco más…, solo un poco más — murmuraba, una vez lo hubiese perdido ya de vista.
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— ¡Maldición! — gruñía la chica, al despertar.
Enfurecida decide incorporarse para quedar sentada sobre su cama y sacudir con fuerza su cabeza, acabando de despertar — ¡maldita sea, Ranma Saotome! — refunfuñaba, apretando los puños con ira contenida, para luego comenzar a golpear el colchón de su cama, justo al lado de sus piernas. Volver a soñar con él, confirmaba de una buena vez, aquello que la había estado atormentando. No eran recuerdos, no eran deseos de bienestar ¡era Ranma!, estaba segura.
Pero, era tanto sobre lo que tenía que averiguar. Era demasiado lo que tenía que comprender, aunque ahora, al menos, la duda no volvería a ocupar, nunca más, un lugar — ¿por qué no puedes ser, tan solo un poco más claro? — pregunta al viento, para luego tirar las mantas, levantarse por completo y alcanzar su traje de entrenamiento.
El ejercicio del día anterior había estado bien, pero no había sido suficiente según parecía, pues no había tardado en despertar. Debía estar más cansada, debía dormir más, si quería soñar más tiempo con Ranma, tendría que intensificar su entrenamiento y volverlo a intentar, porque ese maldito idiota no volvería a desaparecer sin darle al menos una respuesta, pues, así, simplemente, lo había determinado — vas a decirme dónde estás, … ¡¿me oíste?! — hablaba enfurecida, mientras acomodaba las prendas sobre su cuerpo — ¡Voy a saber dónde estás y te traeré de regreso a casa, quieras o no! — afirmaba, mientras con fuerza, amarraba el cinturón de su traje — ¡vas a regresar conmigo! — decretó, y, con paso firme, se dirigió al Dojo.
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Fin del capítulo 2.
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Notas:
Por aquí vamos. Tardada, pero presente.
Preguntándome también, qué habrá pasado con el muchacho…
Nah!... Esta historia está casi totalmente escrita (notad el "casi"), pero es que corregir, a veces, me da una flojera enorme xD
¡Lo siento!
Intentaré, realmente intentaré, no tardar tanto con el siguiente capítulo.
Mientras tanto, ojalá, pudieran ir escribiendo sus impresiones. Siempre es interesante leer teorías y posibilidades. Averiguar a través de ello si realmente se entiende, lo que quiero se entienda. O si pasa desapercibido, lo que aún no debe saberse. Así que digan… ¿qué opinan?
Ayúdenme, por favor, a seguir mejorando.
Agradezco, por supuesto, el apoyo y compañía respecto al capítulo anterior ¡L s adoro!
¡Muchas gracias!
Saludos!
