Capítulo 2
El reino estaba en llamas, aun no creía que la locura del rey hubiera llegado a este punto, solo esperaba que ella se encontrara bien, sabía la obsesión que el rey tenía con ella y esperaba que no le hubiera hecho algo.
Antes de llegar a la sala del trono, un fuerte dolor en su pecho causó que cayera al suelo, rodando un par de metros debido a la velocidad con la que corría.
Bell: "Carajo… Esa pócima que me obligó a beber el rey me está debilitando… estoy seguro de que no es veneno… pero me está afectando como si fuera uno…" (Pensó seriamente, mientras se volvía a levantar, para seguidamente volver a correr en dirección de la sala del trono, sin notar como las heridas en sus muñecas lentamente se cerraban)
Una vez llegó a esta, pateó fuertemente las puertas, no importando el decoro ni la educación, aunque toda valentía se cortó rápidamente al ver lo que estaba sobre el trono.
Sujetada en una enorme cruz estaba su amada, inconsciente y aunque no tenía ninguna herida a la vista, estaba llorando lágrimas de sangre.
A los pies de la cruz se encontraba su madre, derramando sangre sobre un círculo mágico negro, el cual se alimentaba de dicha sangre.
Meteora: B-Bell… (Habló débilmente, intentando levantarse y voltear hacia su hijo mayor)
Bell: ¡MADRE…! (Gritó mientras se acercaba a esta, para seguidamente comenzar a recitar un cántico de magia curativa)
Meteora: N-No l-lo hag-hagas… ayu… dala… (Hablo de forma entrecortada, dificultándole al tener la boca llena de sangre) Te a-amo… hij-o mio… (Hablo mientras usaba toda su fuerza de voluntad para poner una de sus manos en la mejilla del peliblanco, lográndolo segundos antes de morir)
Con dolor, Bell solo dejó el cadáver de su madre en el suelo, apretando fuertemente su mandíbula para no desgarrar sus cuerdas vocales con un grito.
Guilles: ¿No es hermoso…? (Preguntó mientras aparecía desde las sombras, mirando con una gran sonrisa oscura a Bell, quien le dirigió una mirada de odio puro) Al final de todo, esa perra finalmente murió como lo que es, una mera herramienta…
Bell: ¡NO TE ATREVAS…! (Grito en cólera, usando toda su fuerza de voluntad para no saltar y decapitar al anciano elfo)
Guilles: Ahora con su muerte y la tuya, finalmente ella será mía, una estirpe digna de portar mi preciado linaje… no como la asquerosa sabandija de tu hermana… (Hablo con una gran sonrisa psicópata, mirando a la chica en la cruz, para seguidamente mirar a Bell con asco) Con este hechizo me asegurare de que jamás esté en tus sucias manos, bastardo… el único lugar en el que estará será en mi cama gritando mi nom… (Grito mientras levantaba un grimorio, hecho de piel de elfos, el cual brilló junto al círculo mágico, pero antes que completara el hechizo, su cabeza fue separada de su cuerpo por una espada)
En un sonido sordo, el cuerpo y la cabeza del rey callo al suelo, mientras que el grimorio en sus manos lentamente se quemaba en fuego negro.
Durante unos segundos Bell miro a la chica que había asesinado al rey, la cual era un mar de lágrimas.
Pero antes que este le hablara, el círculo mágico oscuro explotó, lanzándolo a él hacia una pared e imbuyendo todo su ser con todo el poder reunido del círculo.
Esto lo dejó al borde de la inconsciencia, no sabía cuánto tiempo había pasado, solo sentía un gran zumbido en los oídos, además de sentir como si su cuerpo se quemara, entre todo eso logró escuchar una voz que lo llamaba.
Bell: ¿Hildr…? (Preguntó confundido, mientras lentamente su visión se aclaraba)
Hildr: ¡Hermano…! (Grito alegre, para seguidamente abrazarlo, no importándole la suciedad y sangre que lo cubrían)
Bell: Eso fue estúpido, él pudo atacarte… (La reprendió, aunque la media sonrisa en sus labios no se fue)
Hildr: Debía ayudarte, además… mi guardia personal me salvaría… (Hablo con una sonrisa, secándose las lágrimas, para seguidamente mirar en dirección de la cruz, donde un elfo blanco bajaba con mucho cuidado a la chica) Dains, ya despertó…
Dainsleif: Gracias a dios, es bueno verlo despierto mi lord… (Hablo mientras se acercaba a los hermanos, cargando a la chica de la cruz, la cual, estaba medianamente consciente)
Esto le sacó una media sonrisa a Bell, agradeciendo que ese par aun estuvieran juntos, pero esa sonrisa rápidamente cambió a una expresión dolida, lo sentía, a su amada le quedaba poco tiempo de vida, al igual que a él.
Bell: Hildr, Dainsleif acérquense un segundo… (Hablo mientras intentaba levantarse, solo para ser detenido por su hermana) Tomen esto… (Hablo mientras sacaba una gran gema de uno de los bolsillos de su ropa y se lo pasaba a su hermana) Ustedes son la última esperanza de nuestro reino… de nuestra gente… ese cristal puede abrir un portal lo suficientemente grande y estable, para que los que quedan y ustedes puedan pasarlo… la puerta los llevará a las islas Hjaðningavíg, ahí levantarán un nuevo reino… (Hablo de forma seria, sintiendo lentamente como su boca se llenaba del sabor cobre de su sangre)
Hildr: Pero hermano… (Habló preocupada y asustada por el estado de su hermano mayor)
Bell: Se bien de los sentimientos que tienen por el otro, ya no deben ocultarlo… Dains, te confió a mi hermana… sé que ambos serán unos buenos gobernantes… (Hablo con una media sonrisa, viendo como ambos se habían sonrojado y se habían quedado sin palabras) Ahora vallan, el castillo está por caer sobre la ciudad…
Esto causó que Hildr estallara en lágrimas, no logrando decir ninguna palabra, solo abrazo fuertemente a su hermano, para seguidamente levantarse.
Bell: Cuídala bien, Dainsleif… (Hablo con una sonrisa, mirando al rubio, el cual le dio un asentimiento)
Dainsleif: Con mi vida… Ha sido un honor, mi señor… (Habló en un tono serio, mientras se arrodillaba ante Bell, el cual solo guardo silencio)
Después de esto, ambos se dirigieron rápidamente a la salida, dejando al peliblanco en silencio, el cual solo miro durante unos segundos el techo, para después mirar a su amada, la cual lo miraba con una sonrisa triste.
Lefis: Después de todo… será un "hasta que la muerte nos separe…" (Habló en un tono triste, no logrando levantarse, solo mirando desde su lugar a su amado de cabello blanco, el cual, usando toda la fuerza que le quedaba, se arrastró en su dirección) Mi madre tenía razón, yo solo te causo dolor… (Hablo triste, mientras lo veía arrastrarse en su dirección)
Bell: N-No digas eso… tu no provocaste esto… (Hablo una vez estuvo a su lado, tomando fuertemente su mano) Fueron el rey y sus lacayos los que provocaron todo esto…
Lefis: Al final, jamás logramos casarnos… (Hablo de forma lenta, mientras lentamente sus ojos perdían su brillo) ¿M-Me a-amas B-Bell…?
Bell: Por la eternidad, mi alma te pertenece mi Hada del Bosque… (Habló intentando ocultar el dolor de verla morir, maldiciendo a cualquier deidad que se le viniera a la mente por darles ese destino)
Lefis: E-Eso m-me a-alegra… m-mi príncipe… y-yo también t-te a-amo… (Hablo cada vez más lento, para seguidamente finalmente rendirse, dejando caer la mano que sujetaba fuertemente la mano del peliblanco)
Esto dejó en silencio a Bell, el cual solo se arrastró más cerca, logrando abrazarla, para seguidamente soltar un fuerte grito desgarrador, ignorando como todo el castillo temblaba, para seguidamente derrumbarse.
Mientras caían entre los escombros, Bell no apartó la mirada de la elfa, la cual lentamente era separa de sus brazos por la caída.
Con una última mirada a su amada, ambos fueron enterrados por los escombros del castillo.
En la total oscuridad que ahora cubría la visión de Bell, una pequeña luz apareció, la cual fue creciendo lentamente, hasta cubrir totalmente la visión del peli blanco con un blanco puro.
Inconscientemente Bell abrió los ojos, encontrándose con un bello paisaje de una llanura, la cual tenía un gran árbol en el centro, frente al cual, una mujer de cabello blanco lo miraba con tristeza.
Bell: Eden…
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El sonido del choque de espadas era lo primero que se escuchaba en el patio de la gran mansión de Bell, quien volvía a chocar espadas con Ais, la cual temblaba cada vez que su espalda chocaba con la del peliblanco.
Ais: Eres… cruel… (Hablo cansada, una vez se alejó del peli blanco, el cual estaba fresco como una lechuga, mirando fijamente a la pelidorada con una media sonrisa)
Bell: Esto no es nada, si fuera el entrenamiento que le hice a tu padre ya estarías con un par de costillas rotas e inconsciente… (Hablo con una sonrisa que le causó escalofríos a la pelidorada, la cual apenas logró detener la estocada de parte del peliblanco) Esa espada está imbuida con una magia similar a la de Elucidator, aunque no tiene su poder, si apenas puedes controlar esa, tienes un gran camino que recorrer si quieres controlar algún día a Elucidator… (Hablo mientras continuaba con las rápidas estocadas, viendo como a la pelidorada se le dificultaba controlar bien la espada en sus manos)
En la entrada del patio se encontraba Hades, puliendo diligentemente la armadura de Ais, la cual a sus ojos estaba en un estado que no era digno de una princesa como la pelidorada, por lo que ni bien la chica se sacó la armadura, él la tomó y comenzó a limpiar y pulir.
Lentamente Delta apareció desde lo profundo de la mansión, atraída por el sonido de las espadas, aun en pijama y frotándose uno de sus ojos, todavía medio dormida.
Delta: Antorcha ¿qué está ocurriendo…? (Pregunto media dormida, viendo de reojo como el dios pulía un peto de armadura)
Hades: Una nieta de Bell apareció en la mañana, al parecer quería que la entrenara… (Habló sin mirarla, al borde de arrancarse el cabello al ver las múltiples marcas y abolladuras en el peto)
Esto causó que todo el sueño desapareciera totalmente de Delta, la cual mecánicamente dirigió la mirada hacia Bel y la pelidorada, mirando fijamente a la chica con ojos filosos, para seguidamente desaparecer en un estallido de velocidad.
Con Bell y Ais, estos se habían detenido, principalmente porque Ais estaba temblando, apenas y logrando sostener la pesada espada, cosa que ni ella misma lo creía.
Bell: Que no te frustre, esa espada es difícil de dominar para cualquiera… (Hablo en un tono cálido, mientras ayudaba a la pelidorada a levantarse) Bueno, es todo el entrenamiento por hoy, además creo que ya se despertó, me gustaría presentarte a alguien mientras estás en la mansión… (Hablo con una sonrisa, la cual rápidamente cambió a una cara de póker al ver como Ais era derribada por una mancha negra)
Delta: ¡SOBRINA…! (Grito alegremente, mientras levantaba como si fuera una muñeca a Ais, la cual no salía de su sorpresa) ¡Sobrina…! ¡Sobrina…! ¡Sobrina…! (Repetía mientras se frotaba contra Ais, quien tenía un rostro neutro, no entendiendo nada)
Ver esto le saco una carcajada a Bell, la cual rápidamente se transformó en risa al ver el rostro neutro de Ais, quien aún no lograba procesar que estaba ocurriendo.
Momentos después, Bell se encontraba en su biblioteca, acompañado de Delta y Ais, la cual, miraba con la boca abierta la gigantesca cantidad de libros de la biblioteca, la cual era el triple de grande que la biblioteca de la familia Loki y la del gremio juntas.
Bell: Esta biblioteca sólo tiene libros más actuales y algunos escritos antiguos, la verdadera biblioteca está en el sótano y créeme, es mucho más grande que esta… (Habló con una media sonrisa, viendo como la chica lo miraba como si estuviera loco) Delta, falta el libro 978 de la columna 10 ¿Tu lo sacaste…? (Preguntó mientras miraba de reojo la pared de libros, para seguidamente mirar a la distraída chica)
Delta: Estuve practicando unas cosas, lo tengo en mi cuarto… (Hablo de forma distraída, para seguidamente bostezar, no le agradaba estar en la biblioteca) Cuando lo termine lo devolveré… (Hablo mientras se paraba a un lado de Ais, quien aun la miraba medianamente incomoda)
Como respuesta Bell solo le dio un asentimiento, mientras buscaba entre las estanterías un libro en específico.
Mientras el peli blanco se adentraba entre los empolvados libros, Delta y Ais decidieron sentarse en uno de los sofás que estaban en medio de la gran sala, ambas en un silencio incómodo, el cual fue roto por la voz de Delta.
Delta: Nunca pensé que la princesa de la espada era nieta de Bell… (Habló con una gran sonrisa, mientras miraba en dirección de Ais, la cual la miro de reojo)
Ais: El crío a mi Padre y… Hace unos cuantos años que no nos veíamos… (Hablo un tanto incómoda, causando que la sonrisa de Delta creciera y que su cola se moviera con alegría) Además, no sabía que estaba en la ciudad…
Delta: Viajamos mucho, solo Hades se mantiene en la mansión la mayor parte del tiempo… (Hablo sin dejar su sonrisa, no notando como la pelidorada se había tensado)
La familia Hades, una misteriosa familia que apareció poco después de la caída de Zeus y Hera, nadie sabía nada de los miembros de la familia ni quien era su capitán, sólo se sabía su apodo, Los cazadores de sombras o Shadow Garden.
Ahora Ais lo entendía todo, el miedo que mostró Riveria cuando se encontraron con Bell y el terror que demostró Loki igualmente al verlo.
Su abuelo era el capitán de la familia Hades, era aquel que puso de rodillas a Evilus ese día en el piso 27, evitando lo que muchos conocieron como la pesadilla del piso 27 y masacrando a la mayoría de sus fuerzas él solo.
Esto era bueno, si seguía entrenando con su abuelo, conseguiría tener el poder suficiente para enfrentar al dragon negro de un ojo y conseguir su venganza.
Bell: Te sugiero dejar de lado esos pensamientos vengativos, nada bueno saldrá si sigues ese camino… (Hablo en un tono serio, mientras se acercaba al par de chicas, las cuales lo miraron rápidamente) Ten… (Hablo mientras le entregaba un antiguo libro de color verde oliva a Ais, la cual lo miro con sorpresa) Son las notas de tu madre, tienen diferentes instrucciones para que practiques tu Ariel, así como diferentes hechizos… Solo te pediré algo Ais, olvida al dragon negro, deja tu venganza y ve por ti misma, tus padres no querrían que siguieras un camino lleno de sangre como el que quieres transitar… (Habló en un tono cálido, mirando con nostalgia a la pelidorada y su parecido que tenía con su fallecida amiga, aunque eso cambió cuando le hizo saber su petición, frunciendo el ceño al ver como la pelidorada lo miraba con ira)
Ais: ¡Pero…! (Hablo alterada, sólo para ser interrumpida por la voz fría de Bell)
Bell: Solo te diré lo que ocurrirá contigo si sigues este camino… (Hablo en un tono frío, tensando a ambas chicas y causando que Ais se asustara, sintiendo claramente el peligro en las palabras del peliblanco) No niego que ganarás poder, mucho poder, pero a un costo enorme… Serás poderosa sí, pero estarás completamente sola, todos y cada uno de los que te rodeen te verán como un monstruo… El poder te ira lentamente corrompiendo y terminaras siendo un cascaron vacío, no mejor que el dragón negro, perderás todo rastro de humanidad y atacaras a todo lo que se mueva, no veras aliados, solo presas… (Hablo mientras desviaba la mirada, recordando con dolor a una de sus más queridas estudiantes) Si no me crees, puedes buscar aquí en la biblioteca o en la biblioteca del gremio sobre la bruja de la traición, Medea… Si sigues buscando venganza no terminarás mejor que ella… (Habló en un tono oscuro, mientras se volteaba y caminaba en dirección de una estantería con libros muy antiguos)
Esto dejó en total silencio a tanto Ais como Delta, una por que no sabía las consecuencias que tendría en sí misma su venganza y otra porque jamás había visto así a Bell.
Bell: Espero me disculpen, pero tengo que retirarme… Puedes llevarte el libro Ais, no te preocupes por los demás, nadie además de ti o de mí puede leerlo… ven mañana y entrenaremos con tu magia… (Habló en un tono neutro, mientras le daba la espalda a las chicas, quienes lo miraron preocupadas) Delta quedás a cargo, por favor no dejes que Hades entre a mi taller… volveré en unas horas… (Habló en el mismo tono, para seguidamente salir de la biblioteca, dejando a ambas chicas preocupadas y a Ais con los pensamientos hechos un caos)
Rápidamente Bell salió de la mansión, dirigiéndose hacia la calle principal, la cual, debido a la hora estaba un tanto más despejada.
Su mirada estaba puesta en el Dungeon, necesitaba distraerse de sus recuerdos y de todas las veces que falló a su palabra, aunque una enérgica voz lo sacó de sus pensamientos.
Al girar su mirada se encontró con dos chicas, una humana pelirroja y una elfa de cabellos dorados, ambas vistiendo ropas de mesera y ambas siendo conocidas del peli blanco, quien dio una media sonrisa.
Bell: Señoritas Lovell y Lion, hace mucho que no las veía por las calles… (Hablo mientras las veía acercarse, las cuales le dieron una sonrisa)
Alise: Y usted hace mucho que no va al bar, mamá Mía y las demás ya comenzábamos a extrañar sus historias… (Hablo con una gran sonrisa, aunque rápidamente siendo reprendida por su compañera elfa)
Ryuu: Ha pasado mucho tiempo Grand-sama… (Hablo en un tono respetuoso, inclinándose levemente, cosa que no le agrado para nada al peliblanco)
Bell: Ya se los he dicho muchas veces, sólo Bell, no tienen que tratarme de usted… y nada de peros señorita Lion… (Hablo un tanto molesto, para seguidamente mirar directamente a la elfa, la cual solo le dio un asentimiento)
Alise: Aun me sorprende lo fácil que es para ti convencerla, la mayoría de las veces es una cabeza dura… (Hablo con burla, causando que Ryuu la reprendiera, mientras un ligero sonrojo de vergüenza aparecía en sus mejillas)
Bell: Bien señoritas me despido, de seguro Mía debe necesitar estos ingredientes y yo les estoy quitando tiempo… Denle saludos de mi parte… (Hablo mientras se volteaba, recibiendo rápidamente una despedida de las dos chicas, las cuales rápidamente se dirigieron hacia el bar, sabiendo que recibirán un regaño por tanta demora)
Inconscientemente esto le saco una media sonrisa al peliblanco, ver como esas dos habían perdurado a pesar de ver morir a sus compañeras y hermanas, algo de lo que se culpaba, no fue lo suficientemente rápido como para salvarlas, aunque hace siglos había entendido que no podía salvar a todos, sus muertes seguían pesando en su conciencia.
En silencio se dirigió hacia el Dungeon, esperando que el Udaeus o por lo menos el Balor ya hubieran renacido, no quería tener que conformarse con el coliseo, algo que siempre ocurría.
Dungeon, una hora después, entrada del piso 37.
Sumido en un frío silencio, Bell caminaba de forma apresurada hacia el piso del Udaeus, si bien con su velocidad podía llegar prácticamente de inmediato ahí, estar solo y metido en sus pensamientos lo relajaba levemente.
Aunque de la nada tuvo que detenerse de golpe, sintiendo claramente las firmas mágicas de un grupo adelante, un grupo conocido para él.
Bell: Familia Freya, parece que me robaron mi presa… (Hablo viendo al grupo que se acercaba a él, quienes se detuvieron a un par de metros la mayoría mirándolo con un aire asesino, aunque había dos que se inclinaron levemente ante él)
Ottar: Grand-sama… (Hablo en un tono respetuoso, inclinándose levemente ante el peliblanco)
Hedin: Mi lord… (Habló en el mismo tono que su capitán, igualmente inclinándose ante el peliblanco)
Esto descolocó a sus compañeros, los cuales miraron sorprendidos a su capitán y subcapitán.
Berling: Cómo se atreven malditos bastardos… (Gruño mientras apretaba el mango de su hacha, molesto al verlos inclinarse ante el peliblanco, quien solo frunció levemente el ceño)
Grer: ¡COMO HOZAN MANCHAR EL NOMBRE DE FREYA-SAMA INCLINÁNDOSE ANTE ESTE SUCIO ELFO…! (Gritó con una increíble ira, mientras desenfundaba su espada)
Bell: Cuánto odio, Fianna estaría avergonzada de las palabras de las reencarnaciones de sus caballeros… (Hablo en un tono avergonzado, mientras miraba de reojo a Hedin, quien desvió la mirada)
Esto causó que ambos hermanos entrarán en cólera, dispuestos a atacar al elfo, aunque rápidamente se congelaron al sentir la pesada aura de su hermano mayor.
Alfrigg: ¡Deténganse ustedes dos…! (Hablo en un tono de mando, deteniendo a sus dos hermanos, quienes lo miraron aun en cólera)
Grer: ¡Hozas ordenar…! (Gruño molesto, aunque seguidamente fue interrumpido por la mirada muerta de su hermano)
Ambos sabían lo peligroso que era su hermano cuando se enojaba, pero lo que igualmente notaron, fue como este temblaba levemente, pasando de mirarlos a ellos a mirar al peliblanco.
Alfrigg: Lamento el comportamiento irrespetuoso de mis hermanos, Grand-sama… (Hablo mientras se inclinaba de forma tensa, no dejando el leve temblor de su cuerpo)
Bell: No hay problema Alfrigg, supongo que tendré que hablar con Freya sobre su comportamiento más tarde… (Habló en un tono oscuro, tensando a todos, exceptuando a Ottar y Hedin) ¿Supongo que ustedes eliminaron al Udaeus o tal vez al Balor…? (Preguntó mientras miraba a Ottar y Hedin, ignorando a los pallum)
Hedin: Lamento decirlo, pero aún no se han regenerado, nosotros veníamos por el Balor, pero no apareció al momento que llegamos al piso… (Hablo en un tono serio, sin dejar su respeto, recibiendo un asentimiento de parte de Bell) Lamentamos que su expedición no haya servido para nada, si quiere puede acompañarnos de vuelta…
Bell: Gracias Hedin, pero debo rechazar tu oferta, aun si no aparecen esos dos Rex, aun puedo ir al coliseo, me servirá para distraerme un poco… (Hablo en un tono cansado, mientras se cruzaba de brazos) No les quito más tiempo, de seguro Freya debe estar impaciente por su regreso… Suerte en su ascenso, Ottar, Hedin… (Hablo mientras pasaba a un lado de ambos, quienes le dieron un asentimiento, para seguidamente comenzar a caminar igualmente, siendo seguidos por unos tensos hermanos Gulliver)
Después de recorrer unos cuantos pisos, Bell suspiro cansado, mirando seriamente los pasillos del piso, solo para seguidamente tomar un desvío, alejándose del coliseo y adentrándose en los pisos profundos.
Bell: Supongo que les daré una visita a los Xenos, hace mucho que no los veo… (Hablo con una media sonrisa, recordando a esas peculiares criaturas)
Con eso en mente, continuó su camino hacia el piso 40, esperando que su aldea siguiera ahí y de paso podría bajar al piso 62, algunos de los ítems de ese lugar le podrían servir para el entrenamiento de Ais.
Fin de capítulo 2
Del 1 al 10 cuánto le dan al capítulo.
Deja tu estrellita si te gusto.
Espero sus comentarios.
Yo soy Horst y nos vemos en el siguiente capítulo…
