Descargo de responsabilidad: Stephenie Meyer es dueña de Twilight. Drotuno es la mente maestra detrás de esta asombrosa historia, yo solo la traduzco con su permiso. ¡Gracias, Deb!

Disclaimer: Stephenie Meyer owns Twilight. Drotuno is the mastermind behind this amazing story, I'm only translating it with her permission. Thanks, Deb!


Muchas gracias, Sully por tu valiosa ayuda como prelectora. Todos los errores son míos, avísame si encuentras alguno. ¡Gracias!


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Capítulo 23

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BELLA

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—¿Miau? —Sid se quejó desde su contenedor en el asiento trasero.

—Esa es la versión de Sid de «¿ya llegamos?» —Me reí, mirando por la ventana de la camioneta de Edward.

Edward se rio un poco. —Todavía no, Sid —respondió, todavía divertido con mi gato.

Edward y yo habíamos salido del hospital, ofreciéndonos voluntarios para empacar las cosas de todos en la casa de Carlisle y Esme para poder ahorrar tiempo y conducir. Esme y yo hicimos la mayor parte del embalaje porque Edward sólo podía usar una mano, aunque lo había intentado. Nunca había oído tantas malas palabras juntas en un solo suspiro. Esme casi se rio hasta morir. Claramente, sus pulmones estaban bien.

Mirándolo mientras conducía y le pregunté—: ¿Cómo está tu hombro?

Él me miró y sacudió la cabeza. —Duele muchísimo. Será aún peor cuando intente ducharme o cambiarme de ropa.

Me giré un poco en el asiento para mirarlo. —Te ayudaré. —Él estaba negando con la cabeza y yo solté una carcajada. —Eres tan terco. —Cuando frunció el ceño en mi dirección, me señalé a mí misma—. Novia. Ahora es mi trabajo ayudarte. Una ducha conmigo podría ser algo que le gustaría, detective.

Eso lo sacó de su mal humor inducido por el dolor, pero lo entendí. No ha tenido reposo desde que le dieron de alta esa mañana. Entre que Alice teniendo al bebé, hablando con Jasper, el viaje a casa de sus tíos y empacar, realmente no había descansado.

Hizo una mueca. —Lo siento, hermosa.

—No. Sé que no has parado hoy. ¿Has tomado algo para el dolor? —Le pregunté y negó con la cabeza—. Entonces... a mi apartamento primero.

Él sonrió, pero permaneció en silencio mientras conducíamos de regreso a la ciudad. Respondía a las quejosas preguntas de Sid, lo que me hacía reír. Conducía como si fuera una carrera para regresar, pero en realidad no habíamos estado en casa desde que agredieron a papá hace más de un mes. No podía entender el estado de mi tienda. Estaba intentando con todas mis fuerzas no entrar en pánico por la limpieza, la reapertura y toda la mierda intermedia.

Carmen y Eleazar no estaban en la ciudad, y no lo habían estado desde que tuvimos que cerrar las puertas no solo de mi tienda, sino también de los apartamentos. Estaban en Alaska con su familia. El señor Saunders todavía estaba en Arizona, pero una vez que regresamos a casa de Esme, les envié un mensaje diciéndoles que ya podíamos regresar a casa. Sin embargo, mi papá, Alice y Edward estuvieron fuera de servicio por un tiempo, y normalmente eran mis mayores ayudantes. No estaba segura qué iba a hacer.

Suspiré mientras nos acercábamos a Common Ground. Edward detuvo la camioneta en la acera frente a los apartamentos. Fruncí el ceño ante el comité de bienvenida que estaba afuera.

Garrett, Emmett, Rose, Tanya, Seth y Eric estaban todos frente a mi edificio, sonriendo y riendo.

—¿Por qué están…? —comencé a preguntarle a Edward, pero él sonrió—. ¿Qué hiciste?

Él se rio abiertamente. —Vamos. Dejaré que ellos te muestren. —Salió y se dirigió al asiento trasero—. Yo llevo a Sid para que no tengamos que dejarlo en la camioneta.

—No, cariño —le dije. Sorpresa o no, no quería que sufriera—. Solo dame su trasero esponjoso.

Emmett fue el primero en acercarse y nos tendió las llaves. —Estoy seguro de que estarás feliz de recuperarlas —dijo, con una sonrisa. Miró a Edward—. ¿Cómo te sientes, hermano?

—Viviré.

Sacudí la cabeza ante su terquedad, pero un poco de eso me entristeció. Edward se había visto obligado a estar bien toda su vida, sin importar lo que hubiera sentido. Sin embargo, las sonrisas cursis de Garrett y Tanya me hicieron reír.

Caminó hacia mí y me pasó un brazo por los hombros. —Vamos. Hicimos lo mejor que pudimos.

Ella me llevó a la puerta de papá y la abrí. Tirando de mi mano, me guio a su habitación de invitados, la habitación de Alice. Mi boca se abrió.

—¡Oh, Dios mío! —apenas si pude respirar.

Habían hecho todo. Habían movido un poco la cama, creando espacio para la cuna. Y no sólo estaba armada, sino completamente hecha (colchón de cuna, sábanas, juguetes), todo con el tema de dinosaurios que Alice había elegido. En el estante del armario había pañales, toallitas y más ropa de la que CJ jamás tendría oportunidad de usar antes de que le quedara pequeña. Algo de eso había sido obra mía, pero no todo.

Mantas y baberos estaban apilados sobre el cambiador que ni siquiera habíamos tenido oportunidad de abrir. Y, por último, sobre la cama había una cesta llena de biberones, chupetes, peluches y juguetes para la dentición. Incluso había ropa para Alice.

—No puedo creer que ustedes hayan hecho todo esto —dije suavemente, mirando a Tanya y luego a Rose y Emmett mientras pasaba una mano por la cabeza de Sid—. ¡Gracias!

Rose sonrió. —¿Estás bromeando? ¡Esto fue divertido! Me hace querer uno.

Emmett palideció y Edward soltó una carcajada, agarrando su hombro. —Buena suerte con eso.

—Eso no es todo, Bella —dijo Garrett desde la sala de estar de mi papá. Cuando salí de la habitación de Alice, él me hizo un gesto para que avanzara. —Vamos.

Cerramos la puerta de papá y seguí a Garrett, Seth y Eric al lado de Common Ground. Apenas recordaba cómo se había visto cuando papá había sido atacado por Laurent y Jake. Sabía que lo habían saqueado, que habían registrado todo el lugar en busca de las drogas de Maria, pero en ese momento sólo podía concentrarme en papá.

Sin embargo, todo parecía estar en su lugar mientras caminaba desde la puerta principal hasta el comedor. El mostrador estaba limpio y organizado mientras me dirigía hacia la puerta de la cocina. Sabía que aquí era donde había sucedido lo peor. Pero toda la comida, las cacerolas y los ingredientes que habían tirado al suelo habían desaparecido. Los pisos habían sido barridos y trapeados, y la mayoría de las ollas estaban en los estantes o encima de las mesas de preparación. Ni siquiera había olor a nada que estuviera mal.

—¿Cómo hicieron esto tan rápido?

Garrett sonrió. —Porque Edward se cobró muchos favores, Bella. Ninguno de nosotros sabe nada sobre comida, así que tendrás que limpiar ese enorme refrigerador. Tiramos las verduras podridas, pero…

Cuando se calló, dije—: ¡Gracias! —Me volví hacia Edward, que parecía nervioso—. ¿Los llamaste a todos?

Él sonrió, pero fue fugaz. —Prometí que te ayudaría, y luego... —Hizo un gesto hacia su hombro herido.

Oh, lo estaría besando estúpidamente tan pronto como no tuviéramos audiencia.

—¡Gracias! —le dije, asegurándome de que lo reconocía antes de caminar hacia mi oficina.

La sangre de la pared había desaparecido y mi oficina quedó limpia después de que los paramédicos hubieran atendido a Charlie. Encima de mi escritorio estaba mi computadora portátil. Lo habían hecho todo. Cuando llegara el momento, todo lo que tendría que hacer sería pedir suministros. Todas las preocupaciones que había tenido en el camino hasta aquí o mientras estuve escondida desaparecieron de repente, y no sabía muy bien qué hacer o decir.

Mis ojos se llenaron de lágrimas y se me formó un nudo en la garganta. Negué con la cabeza.

—¿Bella? —Edward llamó suavemente.

Negué con la cabeza nuevamente, finalmente enfrentándolos a todos. —No tengo palabras… por esto. —Cuando abracé a Sid más cerca, él frotó su cara contra mi barbilla mientras las lágrimas caían—. No sé... ¿Cómo puedo...?

Edward sonrió con tristeza, acercándome a él y susurrándome al oído. —No has hecho nada para merecer todo lo que ha pasado estos últimos meses, preciosa. Sólo queríamos arreglarlo. ¿Bueno? —Cuando asentí, me secó las lágrimas de debajo del ojo con una mano—. Estaban más que dispuestos a hacerlo porque les agradas.

—Te amo —le susurré, y su rostro se iluminó con la sonrisa más dulce antes de presionar un beso en mi frente.

—Y es por eso que lo hice, Bella —susurró contra mi frente—. Esa es la razón.

Sid se levantó en mis brazos para tararear contra su cara, pero lo detuve antes de que esas patas llegaran cerca del hombro de Edward.

—Sid —dije con un suspiro—, no le hagas daño. —. Miré el rostro de Edward, y aunque Sid no tocó su hombro, pude ver que estaba adolorido—. Está bien, vamos a conseguirte algunos analgésicos. Ya has hecho suficiente hoy, Edward.

Él accedió mucho más rápido de lo que esperaba, lo que significaba que ya no podía más.

Me enfrenté al grupo que se había roto el trasero para ayudarme, ayudar a Alice y mantenernos a todos a salvo. —No puedo agradecerles lo suficiente. En serio.

Emmett miró a Edward, haciendo una pequeña mueca. —Está bien, lo último que haré es ayudar a descargar la camioneta. — Le dio unas palmaditas en el hombro a Garrett —. Vamos, ayudémoslo. Está sufriendo.

Todos terminaron ayudando a descargar la camioneta, pero llevé a Edward a mi apartamento. Una vez que se cerró la puerta, dejé que Sid volviera a su casa. Necesitaba preparar su arena y comida, pero estaría bien por un minuto.

Acomodé a Edward en mi sofá. —No te muevas.

Él sonrió, pero pareció más bien una mueca. Entré al baño y rebusqué en el armario.

Al volver a salir, levanté dos botellas. —¿Lo mantenemos legal? ¿O te doy algo que puede ser motivo para que me arreste, detective?

Él soltó una carcajada. —¿Quiero saber?

Sonriendo, me encogí de hombros. —Me sacaron las muelas del juicio. Esa mierda fue una tortura.

Sacudiendo la cabeza, cogió la botella de venta libre. —Algunos de estos estarán bien, nena.

Le traje un poco de agua para que se los tragara y le dije—: Déjame preparar la caja de arena de Sid y darle de comer. Tendremos que impermeabilizarte. —Sonreí en su dirección—. ¿Mi ducha o la tuya?

Se recostó en mi sofá y cerró los ojos. —Honestamente, no me importa, hermosa.

—La mía entonces —bromeé con él, y él sonrió, manteniendo los ojos cerrados.

Me dediqué a poner en orden la vida de Sid. Una mirada a Edward, y pensé que mi ducha definitivamente funcionaría, porque parecía que estaba bastante cómodo. No estaba dormido, pero estaba llegando.

Al entrar al baño, busqué en mi botiquín de primeros auxilios lo que necesitaba. Esta no era la primera vez que lidiaba con puntos y duchas. Cuando a mi padre le dispararon durante el robo a una tienda de conveniencia, tuvo el mismo problema. Jasper había estado en más peleas y riñas de las que podía contar, así que era lo mismo.

Regresé a mi sala para ver a Edward sentado hacia adelante, luchando con el cabestrillo.

—Relájate —susurré, parándome entre sus piernas y levantando suavemente la correa sobre su cabeza y quitando el cabestrillo de su brazo—. Ponte de pie. —Empecé a desabotonarle la camisa y él se estremeció un poco—. Lo siento.

—No fuiste tú. Simplemente al quitarme el cabestrillo…

Le abrí la camisa, se la quité del hombro bueno y luego se la quité suavemente del hombro herido. El vendaje no era grande, pero iba desde la curva de su hombro hasta la mitad de su pectoral. Me alegró comprobar que no sangraba a través de la gasa.

La parte lógica de mí sabía, en el fondo, que llevaba un chaleco de Kevlar, pero si la bala hubiera estado unos centímetros más arriba, podría haberle dado en el cuello o en la cabeza. Cerré los ojos con fuerza, respiré profundamente y exhalé lentamente.

—¿Bella?

Sacudí la cabeza y dije—: Estuvo demasiado cerca.

—Estoy bien.

Asintiendo, seguí cubriendo su herida para que pudiera ducharse. Antes de que pudiera alejarme de él, su mano se deslizó en mi cabello, forzando mi mirada hacia la suya.

Estoy bien —dijo con fuerza, alzando una ceja hacia mí—. Sí, estuvo jodidamente cerca, pero viviré.

—Lo sé. ¡Lo ! —le dije, asintiendo un poco, pero me levanté de puntillas para besarlo.

Con cuidado de no lastimarlo, me acerqué más. Lo besé porque podría haberlo perdido. Lo besé porque había llamado a todos sus conocidos no sólo para mantenernos a mi familia y a mí a salvo, sino también para limpiar mi casa, mi tienda, mi puta vida. Y lo hizo simplemente porque sintió que era lo correcto.

De repente, no podía dejarlo ir. Tenía su propio apartamento justo encima de mí, su propia ducha, su propia cama.

—Quédate —supliqué en un susurro—. Solo… dame esta noche. Yo sólo... no voy a... Después de tu ducha, no me importa si simplemente me abrazas. Sé que probablemente estés listo para volver a tu propio lugar, pero…

Soltó una carcajada contra mis labios. —Creo que estás atrapada conmigo, Bella.

Sonriéndole, dejé escapar un suspiro nervioso y tomé su mano. —Vamos, vamos a darnos una ducha. Han sido un par de días muy largos.

Sabía que no había tomado una desde antes de que se fuera la noche en que estaba buscando a James, y yo estaba allí con él. Después de los hospitales, las cirugías y los bebés, lo teníamos previsto, pero también sabía que esto relajaría sus músculos y le daría a los analgésicos la oportunidad de actuar.

Y la chica egoísta que había en mí simplemente lo quería en mi ducha, en mi cama, incluso si solo dormíamos.

Edward se quitó los zapatos y lo ayudé con los calcetines y los jeans, lo que lo dejó en un bóxer. Luché contra mis deseos, porque ese hombre era deliciosamente perfecto. Cuando lo conocí, hacía que un traje y una corbata parecieran sexys, pero luego, con jeans y una camisa por fuera, parecía un maldito modelo. Ahora había visto todo sobre él, y podía ver en su rostro que no tenía ni puta idea de lo hermoso que era. Ni siquiera un punto en su radar.

Me habría reído a carcajadas, pero no lo hice. Me concentré en abrir el agua.

Estaba lleno allí con nosotros dos, pero lo hicimos funcionar. Le ayudé con su cabello y su espalda cuando su brazo no cooperaba sin causarle dolor. Y podría haber estado cansado y dolorido, pero otras partes de él estaban firmes.

Cuando encontré su mirada, él simplemente se encogió de hombros y me acercó una vez que me enjuagué. —Eres hermosa. No puedo evitarlo.

Mis labios se torcieron un poco por lo incómodo y nervioso que sonaba. —Tú…

—No —dijo entre risas, y se pasó una mano por el cabello mojado—. Si te acercas a mí, probablemente terminemos en esta maldita bañera.

Me reí, cerré el agua y cogí algunas toallas. Después de secarme y peinarme, regresé a mi habitación con Edward en mi cama, pero estaba a punto de quedarse dormido. Apagué las luces y me uní a él. Me acerqué a su lado ileso y me besó la frente. No estaba segura de que ninguno de los dos dijera nada antes dormirnos.

~oOo~

EDWARD

No estaba seguro de qué me despertó primero: la punzada en mi hombro o mi teléfono vibrando en la mesa de noche junto a mi cabeza. El sol ya había salido, pero Bella todavía estaba dormida con Sid acurrucado alrededor de su brazo. Abrió un ojo en mi dirección, pero simplemente estiró los dedos de los pies y volvió a dormirse, lo que me hizo sonreír y sacudir la cabeza. Realmente podría acostumbrarme a esta mierda. Estar con Bella era cómodo y ella había aprendido cómo detener mi personalidad irritable.

Sabía que era ansiedad. El tío Carlisle lo había señalado años atrás. A veces simplemente no podía detenerlo. Las cosas me abrumaban, me hacían vacilar y reaccionaba con ira y brusquedad. Por eso él y tía Esme me habían suplicado que buscara ayuda.

Cuidando mi hombro, me puse los jeans, fui al baño y fui en busca de ese frasco de analgésico que me había dado la noche anterior. Todavía estaba en la sala de estar, así que saqué un par y fui a la cocina a buscar agua para tragarlos.

Me apoyé en el mostrador, hojeando mis mensajes. Emmett había enviado el expediente del caso de mis padres. Mi tía y mi tío estaban comprobándome, al igual que Tanya y Rose. Les respondí, haciéndoles saber que estaba bien, porque esto había asustado a más personas que únicamente a Bella. No lo dijeron, pero así fue.

Garrett había entrado en pánico en el almacén de James, y me dijo que Emmett había dicho que los llevaría a todos al hospital cuando Garrett llamó mientras yo estaba en cirugía. Pero la reacción de Bella anoche cuando la realidad la golpeó fue lo más diciente. Estuvo muy cerca, demasiado cerca.

Salí de la cocina y regresé a su sala de estar, esperando que el analgésico hiciera efecto pronto y recordando el día que ayudé a Bella a limpiar su apartamento después de que Jacob Black y Laurent Brunelle lo saquearan. No sólo registraron el lugar en busca de drogas; Habían roto, desgarrado y destrozado todas sus posesiones. Algo de eso probablemente fue la venganza de Jake contra Bella no sólo por romper con él, sino también por cerrarle completamente el paso. Ella no le dio nada porque ya había seguido adelante.

Era la primera vez que veía de verdad a Bella. Había visto lo que la hacía ayudar a todos los que amaba. No importaba que lo hiciera con buenas intenciones o que viniera de su dulce y amoroso corazón. Recuerdo que me preguntaba cuándo ayudar la pondría en peligro, y así fue.

La bola de nieve rota estaba en el estante, ahora vacía de líquido. Me dolió ver las lágrimas que había derramado por esta simple cosita, pero las entendí. Aferrarnos a un recuerdo con los nudillos blancos y con ferocidad, aferrarnos a cosas tangibles, todo para evitar que la pérdida y el desamor nos prendan fuego o nos rindamos por completo. Conservó la bola de nieve como recordatorio de su madre.

Yo, por otro lado, mantenía una maldita casa entera porque que encontraba las putas pelotas para siquiera visitar los recuerdos de la mía.

El movimiento en mi visión periférica me hizo girar hacia Bella, quien bostezaba adorablemente mientras estaba parada allí con una camiseta de gran tamaño del Departamento de Policía de Forks. Aún mejor era Sid dando vueltas alrededor de sus piernas, tratando de acorralarla hacia la cocina para desayunar.

—Buenos días, hermosa —le dije, caminando hacia ella.

—Buenos días. ¿Estás bien?

—Sí, necesitaba algo para el dolor.

Ella miró mi vendaje. —Sangraste durante la noche. Siéntate. Te cambiaré la gasa.

Me senté a la mesa mientras ella alimentaba a Sid y luego fue al baño. Regresó con su botiquín de primeros auxilios, lo dejó sobre la mesa y se paró entre mis piernas.

Su sonrisa era suave y dulce, aunque un poco somnolienta. —Esto me resulta familiar —afirmó suavemente, apartando mi cabello de mi frente para observar la leve cicatriz dejada por mi ceja dividida, la misma que ella había limpiado en esta misma mesa. Se inclinó para darle un beso.

Me reí entre dientes. —Prometo que no siempre necesitaré que me cures, pero es el peligro de mi trabajo.

Sonrió y comenzó a quitar con cuidado el viejo vendaje de mi hombro. —¿Crees que no recuerdo a mi papá regresando a casa con los ojos morados, los nudillos rotos y uno o dos esguinces de tobillo? —preguntó con una ligera risa—. Estoy bien con tu trabajo, Edward. Estoy bien con las horas, con curarte, con todas las otras cosas que un policía trae a la mesa, por así decirlo —dijo, golpeando la mesa—. No me importaba que papá fuera policía. Fue mejor cuando se convirtió en jefe, porque no siempre estaba en el meollo de las cosas, pero aún era una posibilidad. La diferencia es... Forks era una pequeña ciudad y Seattle es enorme. Sólo necesito saber que tendrás cuidado.

—Prometo intentarlo siempre, cariño —aseguré.

Me quitó el vendaje y miramos juntos hacia abajo. Se veía bien. Puede que lo haya estirado un poco, pero no parecía que se hubiera roto ningún punto. Limpió el área con agua, aplicó otra venda y luego se inclinó para besar mis labios.

—Mañana podrás ducharte sin el traje de buceo —afirmó bromeando—. Tal vez incluso prescindir del vendaje, siempre y cuando no estés haciendo nada importante.

—¿Cómo…?

Sonrió y se inclinó. —Cualquier trabajo pesado o tarea laboriosa, Edward. —Ella inclinó esa hermosa cabeza hacia mí. —. O sexo.

Sonriendo, envolví mi fuerte brazo alrededor de su cintura para esencialmente levantarla y colocarla a horcajadas en mi regazo. —Me doy cuenta de que el sexo puede ser pesado y laborioso, pero... no siempre —le dije, sonriendo ante su risa y tarareando cuando descubrí que no había nada debajo de esa gran camisa que llevaba.

—¿Entonces quieres que yo haga todo el trabajo? —preguntó en un tono falsamente sorprendido.

—Oh, sí.

Volvió a sentarse en mi regazo y alcanzó mis jeans. Cuando ella me sacó y me tomó en su mano, dejé escapar un gemido por lo mucho que la deseaba. Tal vez fue porque las cosas habían sido muy aterradoras durante unos días, o tal vez fue porque habían pasado días desde que había estado dentro de ella. O tal vez fueron ambas cosas y el hecho de que susurraba que me amaba mientras se hundía lentamente sobre mí.

—Carajo —siseé, sacudiendo la cabeza cuando pensó que me había lastimado. —Oh, cariño, estoy lejos de sentir dolor en este momento.

Fue incómodo y perfecto, y empujé esa camisa hasta que ella se agachó para quitársela por la cabeza. Aterrizó sobre la mesa. Ella me besó hasta la mierda mientras apoyaba una mano en mi hombro bueno y la otra en la mesa para moverse sobre mí. Intenté ayudar con mi brazo más fuerte y, a pesar de que no era apresurado ni frenético, estaba a punto de perder la cabeza.

—Date prisa, nena. Estoy cerca.

Las caderas de Bella rodaron y giraron hasta que creí que me volvería loco, pero pronto, ella estaba temblando, con la respiración entrecortada en la garganta, y yo me derrumbé en la mesa de su comedor.

Los labios de Bella se pegaron a los míos mientras intentaba recuperar el aliento.

—Te amo —jadeé, sonriendo cuando todo lo que ella pudo hacer fue asentir—. ¿Esto está incluido en mi contrato de arrendamiento?

Su risa comenzó con un resoplido adorablemente feo, pero fue creciendo. —No. Definitivamente no. —Se sentó, tomó ambos lados de mi cara y me besó de nuevo antes de levantarse para ponerse la camisa—. Necesitamos comida. Y café. Pero tendremos que salir o que nos hagan una entrega a domicilio.

Mi teléfono vibró sobre la mesa y le fruncí el ceño antes de mirarlo. —Um, ¿podemos pedir algo? Yo… Emmett envió el expediente del caso de mis padres, y yo…

—¿Me quieres aquí?

—¿Quieres estar? —pregunté en lugar de responder.

—Me ofrecí a tomar tu mano. Lo dije en serio —dijo, pasando sus dedos por mi cabello—, si llega a ser demasiado, haremos otra cosa por un tiempo. Me imagino que todos volverán a casa pronto: bebés, vecinos, ese chico guapo que vive encima de mí.

Me reí. —Probablemente tenga que lavar la ropa.

—Bien. Lavaremos la ropa juntos si ese archivo es demasiado. ¿Trato?

La besé. —Trato, hermosa.


Nota de la traductora: Por si solo sigues esta traducción, te cuento. "Because of a boy" ya está completa e inicié la publicación de "Bellaria", escrita por pattyrose. Espero me acompañes.