Los personajes son de SM, la trama es completamente mía. NO AL PLAGIO.

Una dama de burdel

LXV

De seis a siete

«Thoughts» - Adrian Berenguer

Ella

Sábado, 20:37. En la galería de arte.

La expectativa nunca está conforme con la realidad.

Antes fantaseaba con el día en que pudiera ver mis pinturas en una galería, me imaginaba paseándome frente a mis cuadros aceptando con gusto los halagos, sonriente ante mi logro personal. Imaginé una y otra vez a mis padres orgullosos en la sala presumiendo a sus amigos el talento de su hija.

Y cuando la fantasía al fin se ha vuelto real no se siente como creí que lo haría, en las paredes están mis pinturas y las salas están concurridas de interesadas caras desconocidas, ninguna es familiar. El sonido de la música instrumental se pierde entre el ruido de las voces, conversaciones que se mezclan entre sí y a las que no presto atención.

Diana habla con los visitantes y apunta hacia mí cada tanto con una evidente sonrisa orgullosa, se lleva el crédito de descubrir mi talento, ni siquiera menciona a Edward, ¿por qué lo haría? A sus ojos esa relación se terminó y sería de mal gusto siquiera sacarlo a colación.

Me paseo entre los muros y las personas sin detenerme demasiado en ningún lugar, pero más que un paseo esto es una persecución así que mis ojos van y vienen de un rostro a otro en espera de reconocerlo.

—¿Alguna novedad? —la voz de Edward sale desde el audífono que llevo en la oreja izquierda.

—Nada.

Hace una hora Diana me sometió a una infinita serie de presentaciones con algunos de sus invitados especiales, mi nerviosismo era tal que apenas podía formular oraciones completas, por suerte, Edward al otro lado de la llamada me dictó las palabras necesarias para salir del aprieto.

Repetí como marioneta hasta que empecé a parlotear de mis cuadros sin ayuda, en algún momento tuve un círculo a mi alrededor interesados en escuchar el monólogo de cómo hice la pintura del edificio y cuál fue mi inspiración. Mentí, por supuesto. Porque no iba a ponerme a contarle a unos extraños la tragedia de mi vida.

Ahora, busco entre los rostros de los asistentes por uno que sea familiar, en vano.

Cabello negro y ojos razgados. Me muevo entre las personas que miran con atención hacia las paredes. Busco una cabeza que sobresalga entre el resto. Le sonrío a la fuerza a la mujer que me aprieta del brazo para felicitarme y continúo. Unos ojos negros risueños. Giro sobre mi eje y busco con atención entre un rostro y otro.

—No está.

La desazón que su ausencia me produce es la esperanza rompiéndose a pedazos. Eric se convirtió en una pequeña luz para mí al final del túnel. No dudé que, al llegar a un acuerdo con él para conseguir su confesión, recuperaría a mi hermano.

Excepto que sin Eric es imposible que esto resulte.

—No está —repito bajito.

—Encontraremos otro modo.

Y sus palabras no me tranquilizan, expanden las púas en mi interior, así que aprieto el paso hasta conseguir encerrarme en el baño.

La puerta se cierra a mis espaldas y una vez que me aseguro que no hay nadie más aquí puedo hablar a libertad.

—¿Por qué creí que vendría? Tuvo todo un año para arrepentirse y ni siquiera me buscó. Lo único que conseguimos con la publicidad fue anunciarle donde no estar para seguir evitándome.

—Bella, todo estará bien.

—No es así. Eric tendría que haber venido. ¿Cómo pudo hacerme eso? ¿Por qué?

—Tú sabes la respuesta.

Pero no la sé. Miro al espejo frente a mí en busca de ella, pero solo me encuentro con mi reflejo. El maquillaje sutil, el vestido azul por encima de las rodillas, mis mejillas con un falso rubor, reconozco la vitalidad en mi rostro, he recuperado el peso que perdí tras la deuda con Don. No quedan rastros de la persona que me obligué a convertirme, y estoy casi segura que estoy muy cerca de ser otra Bella, no la que fui con mis padres, ni la que perdí tras la muerte de ellos. Una versión diferente de mí misma y con la que me siento cómoda.

Pero no estoy completa, no puedo estarlo sin Charlie.

—No era tanto dinero, el suficiente para un buen año. ¿Por qué arriesgar todo por tan poco?

—Hay personas que harían lo que fuera por menos. Situaciones desesperadas.

Y lo sé, por supuesto. ¿Acaso no soy una prueba de qué tan bajo puede caer una persona con tal de sobrevivir?

Tienes que volver a la galería. Intenta disfrutar lo que queda de la noche, hoy no puedes hacer más.

Me obligo a no desmoronarme, porque necesito el dinero. Y esta noche debo conseguir que esas pinturas se vendan para tener la estabilidad económica que requiero y que necesitaré si quiero de vuelta a Charlie, porque si Eric no viene tendremos que pasar al plan B: pelear por la custodia. Y con ese último pensamiento tranquilizador salgo para fingir que todo va bien.

Cuando regreso a la sala de dibujos, Diana pasa su brazo por el mío, con una repentina familiaridad. No es que sea cálida, pero dado que esta noche ganaremos por trabajar en equipo es imposible que ella esté de mal humor.

—Vamos a dar inicio a la subasta. ¿Nos acompañas?

Miro alrededor.

Nadie podría decir que la publicidad de Edward no tuvo efecto, la curiosidad de la mayoría de los asistentes surgió por el bombardeo mediático del evento. Darle visibilidad atrajo a tantas personas que no hay manera de creer que no fue un éxito.

Diana me informa que hay algunas ofertas por los cuadros y varios interesados, me asegura que todo irá bien y se lo creo.

—Iré en un momento.

Diana eleva la voz para invitar al resto a pasar a la sala de subastas. Las personas salen siguiendo la indicación y yo voy contra la marea de humanos, adentrándome a la sala de pinturas. Camino hasta llegar a la de la pareja que mira hacia el cielo. Fue esta la última pintura que hice antes de encontrar a Edward, la pinté antes de navidad y nunca pude entregársela a ellos.

Jamás habría imaginado que el lugar que adornaría esta pintura sería una galería, y sé que pronto estará en la casa de algún extraño que pague por ella.

Por un par de minutos solo miro con atención a la pintura.

Mamá consiguió un contrato para exponer su obra, papá la llevó de viaje para conocer al interesado. Un hombre que vio una de sus pinturas gracias a las redes sociales de papá. Ese fue el regalo previo a navidad para ella. Hubiésemos ido con él, pero no querían dejarme con Charlie en el hotel y no sabían cuántos días tardarían en llegar a un acuerdo justo.

Así que me quedé en casa jugando a ser la niñera de mi hermanito y aproveché sus ratos frente a la televisión para terminar esta pintura, porque si hubo algo que admiré de ellos era que él siempre la apoyó en su arte, aunque eso no diera un centavo extra y siempre la acompañó, incluso cuando murieron.

—Lo siento, tengo que llevármela.

Doy un paso atrás para permitir que el trabajador descuelgue la pintura de la pared. A mi alrededor el resto de cuadros han sido llevados a la sala de subastas. Así que sólo quedan en las paredes las frases en latín.

Camino hacia la segunda sala donde estaban mis dibujos. Me encuentro con las paredes sin ellos, sólo la fuente con luces rojas sigue aquí.

—¿Qué sigue ahora?

En lugar de escuchar un plan detallado de lo que sigue, la línea se queda en silencio por casi un minuto.

—¿Edward?

—Heidi fue a mi oficina hace unos días.

Tardo en comprender qué tiene que ver Heidi en todo esto, ignoro el desagrado que me produce la mención de ella y me esfuerzo en buscarle sentido a que de pronto su exprometida tenga algo que ver con el plan que debemos llevar a cabo para conseguir a Charlie.

—Pensé que lo suyo con Peter había terminado —continúa.

—Eso fue lo que dijo en la llamada —recuerdo.

—Sólo quería embaucarme, la mejor moneda de cambio es ella misma.

Espero a que continúe porque no tengo ninguna palabra.

—Heidi me conoce. Si Peter estaba detrás de las grabaciones era una manera de buscar una bandera de tregua, esperaba que con eso me alejaría de él, como una advertencia.

—¿Por qué fue a tu oficina?

—Me entregó un disco duro, Jasper lo revisó en una computadora vacía. Tenía los videos, pero además traía un virus, le plantó información. Heidi es una amenaza y no va a detenerse, la estrategia contra Peter va a cancelarse.

Miro el agua caer frente a mí sin que ningún pensamiento se entrometa. Intento vaciarme de pensamientos negativos y no permitir que las púas aparezcan, pero las siento crecer fuera de control.

—¿Por qué me lo dices hasta ahora?

—Temía que apareciera Eric, pero también que no lo hiciera.

—Dijiste que tengo manera de probar que soy capaz de cuidar a Charlie y que contaría con el apoyo de tu familia para que atestiguaran a mi favor.

—Y es así. Es sólo que… si Heidi fue capaz de montar un escándalo para estropear la fiesta de aniversario de mamá y Carlisle es porque no conoce límites. Y de no ser por ti ella habría conseguido ridiculizarme frente a todos.

Jalo aire sin darme cuenta que estuve reteniendo la respiración.

—Bella.

—Ella te engañó a ti. ¿Por qué demonios…

—Porque no me case con ella. Su narcisismo es superior a la lógica. Y no va a perder a Peter, así que irá un paso adelante para mantenerme lejos de él.

—Entonces dile que vas a cancelarlo todo.

—No bastará.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—Deseaba no necesitar del plan B.

—Ayer dijiste que no querías que viniera —digo sin ocultar el tono de reproche en mi voz.

—Jasper descubrió el virus hasta esta mañana.

—Prometimos no más mentiras y…

—¿Hablando sola al agua?

Giro el rostro hacia la puerta. Además de él, soy la única persona aquí. Edward se silencia y siento mis rodillas temblar por el peso de lo que ahora sé, pero me mantengo firme porque este es el peor momento para dejarme vencer.

—Peter —más que un saludo es un aviso para Edward.

—James, envía a los hombres.

—Ya van en camino —responde James, que al parecer ha estado conectado a esta llamada desde el principio.

—Edward tiene buen ojo —mientras lo dice su mirada me recorre lenta y suciamente de mis zapatillas a mi frente. Aprieto los dientes.

—Sal de ahí —dice la voz desde el auricular, pero no me muevo. Me mantengo quieta al lado de la fuente sin despegar mis ojos del recién llegado.

—Tengo una propuesta para ti, ángel —se acerca hasta detenerse a un paso de mí. Todo mi cuerpo se mantiene en tensión, pero me resisto a moverme, no tengo intenciones de mostrarme vulnerable o hacerle creer que él me lleva alguna ventaja. Exhalo con fuerza cuando su cabeza se acerca a la mía, muevo el rostro hacia un lado, siento su aliento contra mi oreja. Aprieto los ojos con desagrado— ¿o debería llamarte diabla?

Doy un paso atrás y levanto el mentón. No es diferente a los hombres del bar, excepto que él es un idiota sin necesidad del alcohol.

—¿Qué es lo que quieres?

Frota sus manos frente a su cara como si estuviese analizando sus próximas palabras.

—Edward siempre se queda con lo que es mío. Se robó el cariño de mi padre, se entrometió en mi camino a Heidi, pretende destruir mi empresa y antes de eso intervino en mi relación con Alice.

Debe ver la confusión en mi rostro porque se ríe complacido de sí mismo.

—Al final, el karma hace lo suyo. Su padre está moribundo, me quedé con Heidi, tengo lo suficiente para hundirlo si intenta acercarse a mis negocios y yo diría que su relación con su hermana está por romperse —Chasquea la lengua con diversión mientras mueve su cabeza de un lado a otro—. Alice sólo admira a una persona, y ese es el perfecto Edward. No me sorprendió que le entregase el disco duro esa misma mañana. Aunque esperaba tener el gusto de contarle en persona sobre tu historial. Un minuto tarde y me pierdo ese espectáculo que hicieron.

—¿Estuviste ahí? —las palabras salen en un susurro, sonríe.

—Ten a tus enemigos cerca, es lo que dicen y es lo que hago. Diría que fue casi convincente, por la llamada que tuve con mi madre, ella lo creyó —da un paso a mí, mis ojos se abren al comprender.

Bella —me advierte Edward.

—Tengo pajaritos que hacen mi trabajo sencillo. ¿Cómo está Aro?

No sólo ha sabido todo este tiempo que la separación fue un engaño, sino que además sabe dónde he estado. Sus ojos recorren mi cuerpo de arriba abajo y de regreso a mi cara.

—Son buenos encontrando secretos, ¿por qué no serían buenos descubriendo engaños tan patéticos? —El desagrado es evidente en su expresión al hablar de Edward.

—¿Por qué lo odias tanto?

—Ya te lo dije, siempre se queda con lo que es mío. Y por una vez debería ser diferente. ¿Te contó que yo la conocí primero? Cometí el error de presentarlos y entonces a él se le metió por la cabeza que quería que Heidi fuera suya, se obsesionó con ella y la deslumbró con todo su encanto. Todo un caballero con armadura de billetes.

Ladeo mi rostro hacia el otro lado cuando se acerca de nuevo a mi cara, lo que es un error porque queda al descubierto mi oreja. Suelta un bufido mezclado de una risa antes de tomarme el rostro y acercar su boca al auricular.

—¿Qué tan estúpido crees que soy, Edward? —agarra el audífono de mi oído y lo lleva a su oreja, consigo liberarme de su toque y retomo una segura distancia de dos pasos—. ¿Está tu dulce hermanita contigo?

Sus ojos vuelven a mí y sonríe casi con malicia.

—¿Crees que ella se quedaría contigo si supiera lo que hiciste?, ¿de verdad? —sonríe con arrogancia—. No sabe nada de ti, el buen Edward que siempre está acompañado de sus leales perros falderos. Si sólo supieran…

Se queda en silencio, escuchando a Edward, pero lo que sea que le esté diciendo lo hace sonreír más. Lanza una mordida al aire entre nosotros.

—¿Me estás amenazando? Si ella es tan importante no deberías dejarla sola —lanza una carcajada antes de negar—. ¿Cuánto cobras la hora, ángel? ¡Al fin! Este es el Edward enojado, ya era hora de hacerte perder los estribos. Tú no estás aquí y si yo quiero voy a hacer lo que…

—Señorita, ¿se encuentra bien?

Dos hombres de traje están en la puerta, los reconozco, son los mismos que fueron por mí al apartamento de Tanya. El alivio me recorre al verlos. Peter gira la cabeza para encontrarse con el personal de seguridad de Aro.

—Haces bien en cuidarla, podría convencerla de huir conmigo si la dejas sola.

Se ríe.

—Valiosa charla, Edward. Pero estoy siendo grosero con tu gatita.

Se me entierran las uñas en las palmas de las manos al escuchar el apodo.

—Lo hablaremos otro día —se quita el audífono y me lo devuelve, no me lo pongo en la oreja, lo mantengo en mi mano como algo valioso que no estoy dispuesta a volver a perder—. ¿Quieres un secreto, ángel? Me parece que luego de que le diera esos videos tuyos te debo uno de Edward, del tipo de secreto que puede destruir un lazo sanguíneo. ¿Sabes lo que hice después de cogerme a su hermana? —se ríe de su propia broma, mueve la cabeza de lado a lado antes de mirarme de frente y hablarme directamente y no al auricular—. Tomé mi coche y viajé de regreso a la universidad para buscar a Edward. Quería contarle todo. En mi locura de enamorado pensé que Edward aprobaría lo nuestro y dejaríamos de escondernos, que se pondría de mi lado para hablar con sus padres. Viajé por carretera durante la noche como estúpido y al llegar le dije que la quería, ¿qué conseguí? Me amenazó con los abogados de su padrastro si me atrevía a acercarme a ella. No, no sabía que dormí con Alice. No fue necesario. Me advirtió que si llegaba a verme con ella le contaría a mi padre, un hijo de puta que sólo me trataba bien frente a la gente. ¿Qué habrías hecho en mi lugar? Por su culpa le rompí el corazón a Alice y ella está obsesionada conmigo ahora.

—No, él no lo sabía.

—Lo sabía. Sabía que la quería, no, él sabía que la amaba, se lo dije. ¿Y qué pasó después? Me retracté, le dije que todo era una broma y no pude volver a Alice. Le rompí el corazón porque su hermanito me amanazó con contarle a mi padre todo si me acercaba a ella. El encantador Edward que tenía dos padres y además mi padre lo prefería sobre mí —toma mi mano de la muñeca y la lleva a su boca, hago intento de alejarme pero su mano se cierra con fuerza en mi piel. Los dos hombres se acercan a mí, pero Peter no busca lastimarme, habla contra el auricular—. La próxima vez que creas que eres mejor, recuerda que tú provocaste todo lo que ocurrió con Alice después. Todos somos el villano de alguien más y resulta que tú eres el de ella.

Me suelta y esta vez pongo al menos un metro de distancia entre nosotros.

—Nos veremos pronto, ángel.

Da media vuelta y pasa entre los dos hombres de Aro.

—¿Se encuentra bien? —pregunta el hombre al que golpee hace unos días cuando sólo quiso ponerme a salvo antes de la tormenta eléctrica.

—Sí, gracias.

—Estaremos afuera.

Con la mano temblorosa consigo acomodar el audífono en su sitio.

—No hay un plan B —corroboro lo que antes él ya me dijo.

Y si me tiene tan vigilada como a Edward será imposible iniciar una demanda sin que se enteren o intervengan.

—Perdóname —estoy por decirle que esto no es su culpa cuando continúa hablando—, James se quedará contigo en la llamada.

—¿Qué?

James. Graba la llamada, necesito salir.

—Edward —lo interrumpo esperando una explicación.

—Necesito llegar a Alice antes que él.

—Edward —insisto.

—Todo lo que dijo es verdad —escucho el remordimiento en su voz.

—Alice está en casa de tu padre, él no podrá entrar —intento hacerlo recapacitar.

—Ella no está aquí.

—Está en el bar de Larry —añade James.

—Basta. No vas a irte. Es lo que él quiere que hagas.

—No puedo quedarme aquí, Eric no va a aparecer hoy, Bella. Tienes a James y a los de seguridad para ti.

—Edward estás siendo…

—Ya colgó. Necesitas relajarte, ve al baño, asegúrate de verte presentable y entra a la subasta.

—No voy a quedarme aquí.

—Vas a quedarte ahí. Aún tenemos un plan C. Sobornar a Tía, así que ve y vende esos cuadros.

No debato sus palabras y sigo al pie de la letra su instrucción. Cuando entro a la sala de subastas hay sillas negras acomodadas frente a Diana que presenta uno de mis cuadros.

Ignoro la descripción que excusa el valor inicial y cuando veo una mano a otra alzarse para pujar me pierdo en la pintura.

El cuadro de la nieve.

No le conté a Edward que ese día Eric fue a quien se le ocurrió usar tres bolas de helado como inspiración para poder hacer una versión más realista de la nieve derritiéndose.

Eric decía que me quería hasta que le ofrecieron el dinero suficiente para vender sus sentimientos por mí a cambio de solucionar sus problemas económicos, aunque al final todo fue en vano porque no terminó sus estudios y huyó por la culpa y la responsabilidad de sus acciones.

Mientras tanto me quedé sin dinero y terminé trabajando en un burdel, ¿por qué? Porque era el único modo que encontré para pagarle a Tía los gastos de Charlie, el chantaje que pensé era una propuesta honesta de una mujer que desde el principio me mintió.

Escucho el ruido de aplausos y los imito de manera mecánica, me esfuerzo en sonreír.

¿Y por qué lo hizo?

Primero fue buena para que bajara la guardia, me hizo creer que ella cuidaría de nosotros y no desconfié, no puse en duda que los medicamentos tenían un motivo más oscuro que tranquilizarme. En realidad, solo quiso embrutecerme para ignorar lo que planeaba junto a Eric, me aturdían tanto las medicinas que no podía sentir el dolor de la muerte de ellos, pero tampoco era capaz de concentrarme en nada más, e ignoré lo que ocurría a mi alrededor.

Y mientras tanto, ella planeó todo para quedarse con el dinero que me correspondía, de hacerme creer que tampoco tenía derecho a la casa y que no tenía la custodia.

Antepuse mi dolor sobre la seguridad de mi hermano y estas son las consecuencias. Yo permití que todo esto ocurriera, mi ignorancia e ingenuidad me llevaron a perderlo todo. Pude haberme refugiado en la familia de Angela que siempre fue cercana a nosotros y en lugar de eso, hui para encontrarme con Eric.

Creí cada mentira porque todo parecía verdad. Se esmeraron en hacérmelo creer.

¿Pero cómo?

—Lo normal, según James, es que se lea el testamento frente a los involucrados para evitar cualquier conflicto de interés.

Tengo el recuerdo, estoy segura, Tía estaba sentada en uno de los sillones de la sala mientras yo estaba en el otro extremo de la habitación y un hombre que se hacía llamar el abogado de mis padres nos leía el documento. Las voces están amortiguadas, como si hubieran hablado debajo del agua todo el tiempo, y yo estoy demasiado distraída pensando en lo deliciosa que están las galletas recién horneadas. Sin ser capaz de pensar en nada o nadie además del sabor en mi boca.

—Recuerdo algo como eso, pero no creo que eso sirva para ti —me mira con una ceja levantada confundido—, me la pasé un poquito medicada esos primeros días así que estuve ahí pero no estuve ahí —asiente comprendiendo de lo que hablo.

—El abogado —las palabras salen bajas mientras mis ojos se abren.

—¿Qué? —James al otro lado de la línea está perdido.

—El abogado —digo con voz más clara sin alzar la voz. Me levanto y salgo de la sala de subastas. Cierro la puerta tras de mí— ¿Quién fue el abogado que leyó el testamento en la sala?

—¿De qué hablas?

Camino a la sala donde estuvieran las pinturas y cierro la puerta para tener un momento de privacidad.

—Un abogado fue a la casa a leer el testamento. Eric y Tía estuvieron ahí. No se arriesgarían a leer el testamento real, ¿cierto? Por muy drogada que yo estuviera, ¿no sería demasiado riesgo leerme el testamento en el que yo quedaba como custodia y dueña de la casa?

—No.

—Necesitaron a un tercero para leer el primer testamento.

—¿Habías visto al abogado antes?

—Nunca. Dijiste que el notario de mis padres confirmó la modificación del testamento, y que hablaste con quien llevó el caso de la cesión de la custodia. ¿Quién de ellos leyó el testamento?

La llamada se queda en silencio y sé que tengo una ventaja, esto ni siquiera lo habíamos considerado antes, habíamos asumido que todo esto fue una mentira de Tía y Eric, y olvidé que había un tercero que lo hizo pasar a mis ojos como real.

—Yo supuse que fue el notario. Los testamentos se leen en notaría.

—Pero no fue así, lo leyeron en la sala de mi casa.

—No lo dijiste.

—No pensé que fuese importante.

—Es importante —sentencia con voz dura, ignoro su tono que me culpabiliza por esa omisión que pudo haber dado con la respuesta mucho tiempo antes.

—Todos somos el villano de alguien más —repito las palabras de Peter.

—¿Piensas que Eric no está involucrado?

—No. Lo está. Él me convenció de entregar el dinero y firmó la custodia. Tía quería a mi hermano, pero algo debió pedir el abogado.

—Dinero, si se dividió entre dos personas es posible que…

—¿Dónde pasa Tía sus tardes?

—¿Qué? —James va tres pasos detrás en esta conversación, así que detengo un poco mis pensamientos y me doy a entender.

—De seis a siete. ¿Dónde se queda ella si no es en una iglesia?

—Te lo dije antes, se queda en su casa. Ella va y riega sus plantas, nada útil, queda a quince minutos de la casa de tus padres.

Recuerdo el jardín de mi madre que dejó secar sin compadecerse de esas plantas.

—¿Y has entrado a la casa?

—No sin una orden. Nada de meternos en problemas legales, Bella.

—¿Por qué si sólo riega plantas no se lleva a Charlie? ¿Por qué si le gustan las plantas dejó secar las de nuestra casa? ¿Por qué es importante para ella su casa e insiste en vivir en la de mis padres? Charlie está controlado por ella el resto del día. ¿Pero qué hace mientras mi hermano está en la escuela?

—Quedarse en la casa. Es lo que la investigación confirmó, sólo sale de seis a siete.

—¿Por qué?

Se queda en silencio la línea.

—¿Quién es Tía en realidad? No la conocí hasta que mis padres murieron. Ellos no la querían cerca de nosotros. ¿Y por qué papá alejaría al único familiar que le quedaba? No era ese tipo de persona. No a excepción que creyera que ella era un peligro.

Miro las frases en latín de las paredes contrastando con el blanco y de pronto, sin los cuadros es más sencillo prestarles atención, estando a solas en la sala no hay distracciones ni ruido de terceros interviniendo en mis pensamientos. Cogito ergo sum, leo. Pienso y luego existo. Si hubiese pensado las cosas dos veces mi existencia no se hubiese vuelto tan complicada, y mis impulsos me llevaron a caer en la trampa sin ninguna precaución. Tanto así que por casi un año no tuve oportunidad de ver a mi hermano hasta que…

—Mi hermano estuvo aquí un fin de semana.

—Lo sé.

—¿Cuándo fue eso?

—Dos semanas antes de la fiesta de aniversario

—¿Y cuándo fue eso? —insisto— ¿en qué fecha?

—A principios de febrero.

—Ella dijo que estuvo en un retiro religioso. Pero no va a la iglesia, y si no es una devota cristiana, ¿por qué enviaría a Charlie solo en avión?

—Quería saber dónde estuviste.

—Charlie le envió fotos del apartamento, pensé que pediría más dinero y no hizo nada, no hasta que viajamos.

Inhalo despacio, sostengo el aire y exhalo.

—¿Por qué arriesgarse a perder a mi hermano? Pude haber huido con él. Si Charlie le importa más que el dinero de la herencia. ¿Para qué ponerlo en riesgo en vano?

Mi pulso se acelera al ritmo que va aumentando la velocidad de mis palabras y conclusiones. La frase Carpe diem está en la pared del fondo. Aprovecha el día. ¿Cómo lo hace ella?

—¿Por qué dejar morir las plantas del jardín de la casa en la que vive y cuidar de manera religiosa a las plantas de la casa que abandonó? ¿Por qué eso es más importante que cuidar de Charlie? ¿Por qué?

—Las llamadas llevan meses, Bella —me detiene James—. Eric está desaparecido desde febrero. Podría ser sólo una coincidencia.

—¿Dónde está el abogado?

—Necesito investigar eso, dame unos días.

Pero no hay tiempo y necesita entenderlo como lo he entendido yo.

—¿Y si Eric no huyó con el dinero? —pregunto dejando que cada palabra salga despacio de mis labios—, ¿qué si no lo encontramos no porque esté escondido sino porque no puede ser encontrado? ¿por qué nadie sabe a dónde fue?

—¿Crees que la anciana lo tiene?

—Me drogó por días para no ser consciente de lo que firmaba y quedarse con Charlie. ¿Por qué no podría hacerlo con él?

—El reporte de desaparición fue emitido en febrero. Tus llamadas llevan más tiempo.

—Piénsalo, James. ¿Por qué de seis a siete?

La línea se queda en silencio apenas interrumpida por la respiración de él.

Esse est deus, ser es Dios. Mis ojos releen una y otra vez la frase hilando las piezas que estaban perdidas del rompecabezas.

—Porque la iglesia es sólo una máscara. No hay ceremonias en las mañanas entre semana, sólo en las tardes. ¿Por qué no puede decir que va a su casa? No quiere que lo sepan. Algo hay en esa casa, James.

—Podría ir en las mañanas a la casa sin ser vista.

—Pero quiere ser vista. Quiere decirle a mis vecinos que va a la iglesia, quiere mostrarle a sus vecinos que todavía cuida de su casa. ¿Por qué? Algo hace de seis a siete, todos los días. Si no ocultara algo no dejaría solo en la casa a mi hermano. Hemos tenido la clave todo este tiempo.

Veni, vidi, vici. Vine, viví y vencí. La sangre bombea con rápidez acelerando el pulso de mi corazón.

—Todos somos el villano de alguien más. ¿Quién sería el de Eric? Es la única persona que podría delatarla. Es el testigo que hemos estado buscando, ¿no? ¿Y si ella lo encontró antes?

—Necesitamos una orden.

Pero hasta yo sé lo que conseguir una puede demorar sin evidencia mayor a mis suposiciones. Abro la puerta y salgo de la sala dirigiéndome a la puerta principal.

—Tiene a Charlie. Esa mujer tiene a mi hermano y no voy a permitir que pase un segundo más con ella. ¿Querías un trapo sucio contra ella para recuperar la custodia? Tienes un crimen frente a ti.

—Un posible crimen.

No. Si aprendí algo tras la muerte de mis padres, es que la vida puede cambiar de un segundo a otro. El presente apenas ocurre ya se convierte en pasado y aquello que esperamos puede no ocurrir nunca o tomarnos desprevenidos con un escenario inimaginado. Lo imposible ocurre a cada rato.

Me quito el auricular de la oreja, lo guardo en el escote de mi vestido y empujo la puerta con fuerza para salir de la galería, mi mano tiembla y castañetean mis dientes entre sí. No es por el frío, lo sé incluso aunque lleve un vestido corto y de tela delgada. El clima no es helado afuera, lo que me congela me recorre por dentro, son las púas invisibles las que me atraviesan, pero no permito que esta vez me detengan.

Introduzco mi mano bajo la falda y jalo de la correa contra mi muslo para tomar el celular.

—¿Dónde estás?

—Bella, vuelve adentro —ordena James.

—¿Dónde estás?

Miro de un lado a otro de la calle hasta que identifico el automóvil plateado, enciende los faros y yo camino hacia él.

—Regresa a la galería.

—Peter tiene razón. Todos somos el villano de alguien más. Edward lo jodió a él, tú a Tanya, yo a Charlie y Tía a Eric.

Abro la puerta de copiloto y cuelgo la llamada.

—Llévame al aeropuerto. Ahora —mi tono no deja lugar a réplica, azoto la puerta y me cruzo de brazos para demostrarle que no cambiaré de parecer.

Me ignora y marca al número de Edward, pero como ya sé que ocurrirá le envía directo al buzón.

—Él tiene que resolver sus problemas con Alice y yo haré lo mismo sobre mi hermano. Si no me llevas tú, me iré por mi cuenta.

Y nunca he estado más segura de algo en toda mi vida que en este momento. James debe escuchar esa seguridad en mi voz porque arranca el vehículo sin protestar otra vez.

Miro la pantalla del celular, y envío un mensaje.

Perdóname, esto es algo que tenía que hacer.


Chan, chan.

¿Te esperabas ese giro en la historia?

¿Qué crees que venga ahora?