Saturno

Emma (POV)

La noche en el Rabbit Hole se desvanecía en una neblina de música y conversaciones entrecortadas, pero mi mente estaba en otro lugar, perdida en un mar de recuerdos y posibilidades que nunca se materializarían. La presencia de Hook había sido una distracción bienvenida, pero no suficiente para borrar la imagen de Regina entrando al bar, su mirada encontrándose con la mía por un breve momento antes de desaparecer en la multitud.

Después de que Hook y yo compartiéramos un baile, me había retirado a un rincón del bar, observando la puerta como si esperara que Regina volviera a entrar y todo entre nosotros se resolviera mágicamente. Pero la noche avanzaba, y ella no aparecía.

Ruby y Snow intentaban mantener el ánimo, contando historias y compartiendo risas, pero yo apenas podía fingir interés. Mi corazón estaba en otro lugar, atrapado en un limbo emocional del cual no sabía cómo escapar.

Fue entonces cuando mi teléfono vibró en mi bolsillo, una distracción inesperada en medio de mi ensimismamiento. Esperaba que fuera algún asunto del trabajo, algo que me diera una excusa para dejar el bar y la pesadez de mis pensamientos atrás. Pero al ver la pantalla, mi corazón dio un vuelco. Era un mensaje de Regina.

"No pude decirte esto en persona, pero necesitamos hablar. ¿Puedo verte mañana?" decía el mensaje, simple y directo, pero cargado de un significado que me dejaba sin aliento.

Por un momento, me quedé mirando el mensaje, incapaz de formular una respuesta. ¿Qué podía decir Regina que no hubiéramos ya intentado comunicar en nuestras miradas y silencios incómodos? ¿Había algo más que decir después de todo lo que había pasado?

"¿Todo bien, Emma?" preguntó Snow, notando mi súbito cambio de actitud.

"Sí, todo bien," mentí, guardando el teléfono de nuevo en mi bolsillo. "Creo que voy a necesitar algo más fuerte para beber."

Mientras me dirigía a la barra, mi mente giraba en torno al mensaje de Regina. Parte de mí quería ignorarlo, cerrar esa puerta de una vez por todas y tratar de seguir adelante con mi vida. Pero otra parte, la que aún se aferraba a los recuerdos de los buenos momentos compartidos, quería saber qué tenía Regina para decir, quería entender si había alguna posibilidad de redención o siquiera de amistad después de todo lo que había ocurrido.

Pedí un whisky doble y me apoyé en la barra, dejando que el bullicio del bar me rodeara. La música, las risas, el sonido de las botellas y vasos, todo parecía amortiguar el tumulto de mis pensamientos.

"¿Segura que estás bien?" preguntó Ruby, uniéndose a mí en la barra con una mirada preocupada.

"Honestamente, no lo sé," admití, tomando un sorbo de mi bebida. "Regina me envió un mensaje. Quiere hablar."

La expresión de Ruby cambió a una de comprensión y apoyo. "Sea lo que sea, Emma, sabes que estamos aquí para ti. No tienes que pasar por esto sola."

Asentí, agradecida por la presencia constante y el apoyo de mis amigas. Sabía que, sin importar lo que decidiera hacer con respecto al mensaje de Regina, no estaría sola. Pero también sabía que, en última instancia, la decisión de enfrentar a Regina y escuchar lo que tenía para decir era mía y solo mía.

La noche terminó sin más incidentes, y me despedí de Ruby y Snow, prometiéndoles que les informaría sobre cualquier desarrollo. Mientras caminaba de vuelta a casa bajo el cielo estrellado de Storybrooke, el mensaje de Regina seguía girando en mi mente.

¿Qué significaría esa conversación para nosotros? ¿Era el cierre que necesitábamos o el inicio de algo nuevo? No tenía las respuestas, pero sabía que, para bien o para mal, tenía que descubrirlo. Porque, al final del día, el no saber era peor que cualquier verdad que Regina pudiera tener para mí.

La caminata de regreso a casa bajo el cielo nocturno de Storybrooke me brindó un momento de calma, una pausa necesaria para ordenar mis pensamientos. La ciudad, con sus calles tranquilas y sus suaves luces, parecía ajena al tumulto de emociones que me agitaba por dentro. La idea de enfrentarme a Regina al día siguiente, de escuchar lo que tenía que decir, me llenaba de una mezcla de ansiedad y una curiosa esperanza.

Llegué a casa y me dejé caer en el sofá, el silencio del lugar envolviéndome. El mensaje de Regina seguía en mi mente, palpitante como una herida abierta. ¿Qué tan diferente sería nuestra conversación esta vez? Las veces anteriores, cuando intentamos hablar, las palabras siempre se quedaban cortas, incapaces de abarcar la complejidad de lo que había entre nosotras.

Me permití un momento para reflexionar sobre todo lo que había pasado, sobre cada elección que nos llevó a este punto. A pesar del dolor y los malentendidos, no podía negar la importancia de Regina en mi vida. Ella había sido mi adversaria, mi aliada, y en los momentos más inesperados, mi amiga. La conexión que compartíamos, forjada en el calor de la batalla y en la vulnerabilidad de la confianza, no era algo que pudiera descartarse fácilmente.

Con un suspiro, saqué mi teléfono y redacté una respuesta. "Está bien, hablemos. Mañana en Granny's." Enviar ese mensaje fue como liberar una mariposa en mi estómago, un torbellino de nervios y expectativas revoloteando en mi interior.

Intenté distraerme con un libro, pero las palabras se mezclaban sin sentido en la página. Mi mente estaba con Regina, preguntándome dónde estaría ella en este momento, si también estaría sintiendo esta misma inquietud, esta misma necesidad de resolución.

Al final, me rendí al insomnio y me dirigí a la cama, aunque sabía que el sueño sería esquivo. Me quedé mirando el techo en la oscuridad, dejando que los recuerdos de Regina y yo fluyeran libremente. Las risas compartidas, los desafíos enfrentados juntas, los momentos de silencio cómplice. Cada recuerdo era un hilo en el tapiz complejo de nuestra relación, un tapiz que aún no estaba completo.

Mientras la noche se deslizaba hacia la madrugada, una determinación tranquila comenzó a asentarse en mí. Independientemente de lo que Regina tuviera que decir, estaba lista para enfrentarlo. Porque, al final, lo que más necesitábamos ambas era claridad, una comprensión de dónde nos situábamos la una con respecto a la otra.

Cuando finalmente el sueño me reclamó, lo hizo con la promesa de un nuevo día, un día de respuestas y, con suerte, de nuevos comienzos. Quizás, después de nuestra conversación, Regina y yo podríamos encontrar el camino hacia adelante, ya sea juntas o por separado. Pero lo que fuera que nos deparara el futuro, sabía que enfrentarlo con honestidad y valentía era el único camino hacia la verdadera paz.