HETALIA PERTENECE A HIDEKAZ HIMARUYA
Ingredientes para una tortilla española: aproximadamente medio kilo de patatas, aceite de oliva, cuatro huevos, sal.
España seguía riéndose entre dientes mientras cortaba las patatas en rodajas finas. Inglaterra, a su lado, pelaba una con el ceño fruncido.
— No sé que tiene tanta gracia...
Eso sólo sirvió para que España se descojonara y reviviera la escena:
— Llamo a la policía...jejejeje...y el tío te ve ahí, tirado por los suelos, y va y dice...«¿Otra vez?». ¡Pfffft, jajajajajaja!
— Eres un crío y un mal amigo—gruñó Inglaterra—. ¿Con esto será suficiente?—preguntó, mostrándole el montón que había hecho.
— Sí, perfecto—respondió España entre las carcajadas.
Vertió una cantidad generosa de aceite a la sartén y, una vez se calentó lo suficiente, comenzó a freírlas.
— No quiero ser malvado, pero que tuviéramos que buscarnos un término para cuando te caes de los balcones..., yo creo que debería hacerte reconsiderar unas cuantas cosas.
— Mira quién habla, el que vive una vida de ensueño gracias a sus elecciones vitales—Inglaterra meneó la cabeza, con los brazos cruzados—. Trabar amistad contigo, esa es una decisión de la que a veces me arrepiento. Podría venir a tus playas sólo para tomarlas con mi flota armada hasta los dientes.
— Nunca es tarde. Pero mira lo que te perderías—dijo España, señalando con la cabeza hacia la sartén.
— Ni que fuera la fórmula secreta de la Coca-Cola. Cualquiera podría hacerlo.
— Puede. Pero a nadie le sale tan bien como a mí, y lo sabes—dijo, aplastando un poco las patatas con la paleta.
Inglaterra esbozó una sonrisita.
— Sí, eso te lo concedo...
Cuando las patatas se doraron un poco y se terminaron de hacer, España apartó la sartén del fuego y coló bien el aceite, reservando un poco para más tarde. Inglaterra, mientras tanto, cascó cuatro huevos y los batió vigorosamente en un bol.
— ¿Con o sin cebolla?—le preguntó España.
— Sin.
España mezcló bien las patatas con los huevos, espolvoreando sal con los dedos con mucho arte. Usó parte del aceite que había usado anteriormente para cocinar la mezcla.
— ¿Qué harías tú sin mí?—dijo—. ¿A quién le irías con tus quejas sobre América, quién te llevaría al hotel después de que te bebas medio bar, quién te hará paella a la una de la madrugada...?
— Bueno, quizás seas el número...tres o cuatro de mi lista—dijo Inglaterra.
— Venga ya, esto no es Eurovisión, estírate.
Usando la paleta, se aseguró de que la tortilla no perdiera su forma característica, prestando un cuidado especial a los bordes; la tortilla perfecta era redonda.
— ¿Qué quieres, que te diga que eres el amor de mi vida, que te dé un beso, o te haga el amor contra la encimera como si esta fuera una película porno mala? Eres majo y un tanto mono, pero no tanto—sonrió Inglaterra.
— ¡Ja! ¡Te he hecho admitir que soy mono!
— Oh, por favor, todo el mundo sabe que yo soy el más guapo de Europa.
— Ahora que Francia no nos oye: sí, no lo niego. Venga, dale la vuelta.
España tenía un vuelve-tortillas en alguna parte de la cocina, aunque no recordaba dónde, así que un plato corriente bastaría. Inglaterra agarró la sartén, le puso el plato encima y, con cuidado de no derramar el aceite ni la tortilla, volteó la sartén, de modo que la tortilla quedó sobre el plato. Luego dejó que se escurriera de vuelta a la sartén para que se terminara de cocinar la parte cruda.
— ¡Bien!—España aplaudió.
— Oh, venga, no soy Gordon Ramsey, pero me gusta cocinar—Inglaterra sonrió con orgullo.
— Envenenar, más bien. Tus scones deberían ser declarados un arma de destrucción masiva.
— Las lentejas que hiciste el pasado sábado sí que eran un arma de destrucción masiva.
— No me suele salir tan mal. Es que iba tan cocido que agarré el...
— Líquido lavavajillas en vez del aceite. Lo sé. Eso sí que tuvo gracia.
Unos pocos minutos más y la tortilla ya estaba bien hecha. Esponjosa y de aspecto apetitoso. Sólo faltaba un último paso.
Sentarse y disfrutarla con un amigo.
FIN
