Las probabilidades de que ella hubiese coqueteado con alguien en la vida eran más que bajas. El ser, la heredera de los Hyuga la hacía intocable, y los hombres sabían que no debían acercársele. Por un momento sintió simpatía por ella, era una posición difícil en la cual estar, y era algo que no envidiaba en lo más mínimo. Todos sabían que a ella le gustaba Naruto, pero era tan tímida, así que no sabía si alguna vez le había dicho o hecho saber sobre sus sentimientos. ¿Tal vez? ¿Tal vez no? Sea como fuere el caso, de algo estaba seguro, ella era valiente. Y valentía era lo que necesitaría como heredera del clan, y un clan tan grande y tradicional como el de ellos, le daría voto nulo en su vida amorosa. Todos sabían que su matrimonio sería arreglado bajo las leyes actuales y podría terminar casándose con alguien de la rama principal.
Suspira.
'Shikamaru tiene razón, esto es problemático'. Esperaba que a ella le gustase. Todavía podía recordar el agudo e irritante chillido de Ino al momento de decirle que necesitaría de sus servicios para un arreglo floral. El sabía que lo que hacía era territorio no explorado, era una impertinencia, escandaloso e inapropiado. Las cosas debían hacerse de forma sutil. No podían ser vistos juntos, y fuera de sus sesiones de entrenamiento no solían pasar tiempo en la compañía del otro, especialmente desde que había sido nombrado jounin. Pero hoy era un día especial, y él quería hacerlo.
Los fríos vientos de febrero no cedían, y las bajas temperaturas de inicio de año seguían presentes. Podía ver las nubes formarse con la condensación de cada exhalación. Y el frío del viento era todavía más presente a las afueras de la villa, cerca de las áreas de entrenamiento, donde él la esperaba.
— ¿Lista para ir a casa?
— Solo necesito recoger mis kunais y estaré lista.
— ¡Apúrate! Está helando, ya Shino ni puede hablar, todos sus bichos han comenzado a hibernar y está empezando a afectarlo.
— ¿Por qué no vas con él? Además, mi distrito queda en el lado opuesto y él podría empeorar en un instante. Cuídalo — Hinata guiño un ojo a Kiba.
— ¿Estarás bien?
— No te preocupes. Buenas noches.
— Bu-bu-eanas n-n-no-ches Hi-na-tah — dijo Shino entre el castañear de sus dientes.
Ella les sonrió antes de caminar hacia el tronco que había estado usando para práctica de tiro. Se inclinó y tomó el primer y el segundo kunai como si nada; pero al momento de tomar el tercero, el kunai Hyuga, sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo a través de su sistema de chakra, ayudándola a registrar otro sistema, alertándola de sus alrededores. Tomó el arma firmemente, ya que había reconocido de quien se trataba.
Pudo sentir como se acercaba. Había sentido el momento en el que lo había reconocido, se estaba tomando su tiempo y no podía culparla, especialmente cuando los últimos años habían sido tan tumultuosos y difíciles. Habían comenzado a pasar más tiempo juntos desde que habían vuelto a entrenar juntos, pero este tiempo no era realmente significativo a nivel personal.
— ¿Neji-onisama?
— Buenas noches, Hinata-sama.
— ¿Pasó algo? — Por supuesto que ella reaccionaría de esa manera, ya que ellos no solían verse durante estas horas de la noche.
— Yo… Yo…. — ella se acercó, notando el brillo en sus ojos y sorprendida de ver el color de sus mejillas. Tratando de ganar compostura, inhaló profundamente, estirando su brazo, un ramo de flores fue revelado lentamente.
El girasol había sido combinado con otras flores blancas y algunas hojas para hacerlo ver más abundante y exquisito. Era una ventaja saber que a Hinata le gustaban los girasoles, la cual coincidentemente era la flor oficial del clan. Su esperanza era que nadie se fijara en el ramo, ni causara ningún tipo de sospechas. Pero no era algo de lo que el pudiese estar seguro, especialmente dentro de los confines del distrito.
Sus ojos se agrandaron ante la sorpresa, claro que le habían gustado, no necesitaba preguntarle, una sonrisa grande y sincera adornaba su rostro, y la felicidad radiaba de sus ojos.
— ¿Qué es esto?
— ¿Flores? — una risa se escapó de ella.
— Ya sé que son flores, pero ¿por qué? — su cara se tornó más vivida en color, acentuando el rojo de sus mejillas, los nervios carcomían sus entrañas, Mientras ella lo miraba cuestionante.
— Es… San Valentin
Pudo sentir como sus brazos abrazaban su cuello, trayéndolo hacia ella. El sonido de su aliento entrecortado resonando en sus oidos.
— Nunca había recibido flores por San Valentin, gracias.
