Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada. Los personajes originales extras así como la trama entera del fanfic sí son de mi pertenencia y de hecho les saque derecho. Disfruten el fic. La letra es una traducción de la canción hecha por mí, así que no es la letra original, no estoy infringiendo los derechos de autor de ninguna canción. Y lo aviso porque luego fanfiction se pone quisquilloso, pero aquí no tienes reclamo FF. Fic Protegido por SA, DMCA e INDA.
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LA VERDAD TRAS LA ROSA
Caballero: La verdad tras esta rosa.
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…
Artemis se dirigía sigiloso a su despacho con un paquete, el cual pretendía ocultar. Era un regalo de cumpleaños, la semana entrante Afrodita cumpliría once años, seguro le iba a encantar lo que había comprado para él. El danés abrió la puerta y entró sonriendo sin percatarse que ya había alguien ahí, pero al levantar la vista…
- Maestro Arles… -exclamó sorprendido el danés quien no esperaba encontrarlo ahí -que sorpresa. ¿A qué debo el honor de su visita? –dijo con todo el respeto y protocolo que se le debía al patriarca.
- Patriarca, maestro Artemis, Patriarca. Aunque te cueste más trabajo…
- Perdóneme su ilustrísima, no es eso, es la costumbre. Le ofrezco mis más sinceras disculpas, no volverá a ocurrir.
- Vamos pero si sólo estaba jugando Artemis, prácticamente nos criamos juntos, bueno, yo los crie junto a Shion… ¿Por qué esa pose tan estoica? Anda relájate estamos entre amigos. Desde hace un tiempo ya no me tratas con la cercanía de antes. ¿Ya no me aprecias?
- Usted ahora es el patriarca señor, no puedo tratarle como antes, hay un respeto que debemos demostrar a la figura más importante del santuario.
- Me alegro que lo veas así, no cabe duda que Afrodita tiene un buen maestro que le enseña los modales propios de un digno caballero dorado. –sin pedir permiso siquiera Arles se sentó en la silla principal del escritorio de Artemis y desde la máscara lo miró –Artemis ¿cómo está tu salud?
- Bien, su ilustrísima.
- Bien… me alegra oírlo. Porque, te enviaron esto desde Dinamarca–dijo mostrando un sobre blanco que tenía el símbolo del caduceo – Venía dirigido a ti, pero un error con el mensajero hizo que llegara directo a mi oficina. Pero como sabes yo no entiendo el danés. ¿Podrías traducirlo para mí? Digo, si es que me concedes el honor de tu confianza.
- Siempre he confiado en usted, Patriarca Arles, con gusto lo traduciré para usted. Permítame –dijo acercándose y tomando el sobre de las enguantadas manos.
Cuando Artemis tuvo el sobre en sus manos se dio cuenta que este ya había sido abierto y pegado de nuevo con cuidado, Artemis que era rápido de mente y en notar cada detalle supo que de seguro ya lo había mandado traducir antes de entregárselo así que supo que sería inútil mentir. Fingiendo que todo estaba bien, tradujo cada palabra de forma gentil y natural, desde el exterior del sobre, hasta los papeles que guardaba en su interior, como no dándole mayor importancia a que Arles se enterara.
- Así que estás delicado… ¿por qué no me lo habías dicho?
- Su ilustrísima como ve, sólo es una nimiedad producto de la edad. Ya estoy viejo y mis venas se han debilitado por la edad, como nos pasa a todos –dijo fingiendo que incluía a Arles –debo cuidarme es cierto, pero eso es todo.
- Nada de emociones fuertes ¿Verdad?
- Exacto pero, nuestros días de emociones fuertes ya pasaron ¿verdad su ilustrísima? –dijo sonriéndole con picardía, haciendo que Arles se confiara con su actitud.
Arles sólo rio suavemente bajo la máscara.
- Esa risa me hace saber que aún recuerda, y ya que estamos a solas me permito romper un poco el protocolo y recordarle que el de la idea de tener emociones fuertes en Torino fue usted. Shion fue rezongando todo el camino pero al final lo disfrutó igual.
- Cierto.
- Y gracias a Dohko terminamos en la cárcel ¿recuerda?
Arles asintió.
- Pero valió la pena. Ah… -Artemis suspiró como dejando ir con resignación aquellos buenos tiempos –pero esos días quedaron atrás, ahora sólo nos queda una mecedora.
- Harías bien en retirarte a pasar tus últimos años en Dinamarca amigo mío.
- Sí lo he pensado, pero aún no. Cuando mi hijo cumpla quince años, volveré a casa, para entonces habrá aprendido lo que aún le falta por aprender.
- Falta mucho, deberías irte de una vez, pues con lo que has leído aquí para mí, entiendo que el santuario es un lugar con muchas emociones. Si te preocupa Afrodita yo cuidaré bien de él, lo tomaré bajo mi protección personal así podrás estar más tranquilo, y le permitiré ir a verte una vez cada mes, viajando a la velocidad de la luz, bien puede pasar un fin de semana cada mes contigo en Dinamarca.
- Su oferta es muy tentadora su ilustrísima. Pero como su maestro es mi deber completar su educación antes de retirarme.
- Ese niño es un prodigio Artemis, obtuvo su armadura a tan corta edad y posee un gran poder. Afrodita de piscis está destinado a la grandeza. No creo que necesite aprender mucho más.
- Sí, y yo estoy muy orgulloso de él, pero… aún es un niño –dijo como desdeñando la cualidades que Arles alababa, en función de su edad –necesita un adulto que lo guie.
- Me ofrezco a ser ese adulto. Por tu bien maestro Artemis. Ambos somos unos ancianos, y sé que debes estar agotado. Escucha mi recomendación, cuídate, para él. Vuelve a Dinamarca. Afrodita estará bien aquí y tú…
Arles hizo silencio de repente, se quedó quieto, sin dar señales de nada y Artemis sintió que algo extraño pasaba pero no lo supo discernir.
- ¿Su ilustrísima? ¿Está usted bien?
-… ¿Eh? Sí, yo… lo siento recordé algo importante, eso es todo. Pero como te decía Maestro Artemis, sería bueno que te marcharas a Dinamarca, por tu bien. Lleva a Afrodita contigo, digo, para que te ayude a instalarte, despues podrá regresar.
Por alguna razón a Artemis le pareció que la voz de Arles se había vuelto gentil y verdaderamente sincera.
- Y si completar su entrenamiento es lo que te preocupa, llévalo contigo, te permito que termines su entrenamiento en Dinamarca.
- ¿Su ilustrísima? Si me lo llevo para completar su entrenamiento pasaría unos años allá y la casa de piscis quedaría sola.
- Hay otras casas solas, estamos en tiempos de paz, está bien. Si lo necesito lo mandaré llamar. Llévalo contigo te doy permiso de sacarlo del santuario, váyanse los dos.
Artemis lo miró desconcertado, hacía un momento parecía querer persuadirlo de que se fuera y le dejara a Afrodita a su cuidado y ahora, le daba permiso de sacar al niño del santuario por varios años.
Ante el desconcierto de Artemis Arles dijo –Es que me quedé pensando en esto –dijo señalando el sobre del hospital –quizá no sea conveniente que estés solo en Dinamarca estando delicado.
- Puedo quedarme en la casa de piscis como hasta ahora, Afrodita estará pendiente de mí y no descuidará sus deberes para con el santuario.
- Ya te dije que está bien Artemis, no pasará nada si se va unos años, igual se irá en el futuro si pide permiso para estudiar una carrera y los términos de paz lo permiten. –Arles se levantó del escritorio intempestivamente haciendo que Artemis hiciera lo mismo –Piénsalo Artemis. A-ahora tengo cosas que hacer, me retiro. –dijo atropellando las palabras.
Y a paso apretado rodeó el escritorio para salir del lugar pero justo al pasar al lado de Artemis el patriarca trastabillo y se tomó de la frente enmascarada con una mano mientras Artemis tomándolo del brazo era quien lo mantenía estable y evitó que cayera al suelo. Su brazo se sintió… ¿fibroso? Arles tenía una gran complexión física para ser un anciano pero acaso ¿se había estado ejercitando últimamente?
- ¿Su ilustrísima, está bien? –dijo preocupado.
- Sí… sólo un mareo por levantarme tan aprisa. No lo tomes en cuenta maestro Artemis tú ya lo has dicho, ambos estamos viejos, debemos descansar. Por eso… –dijo irguiéndose nuevamente aparatando de inmediato su mano de su brazo, y a Artemis le pareció que su voz se tornaba sutilmente ronca. –Te irás del santuario.
- ¿¡Qué?! Pero, su ilustrísima-
- Serviste muy bien a nuestra Diosa, es mi deber asegurarme que las reglas del santuario se cumplan así como del bienestar de los integrantes de este ejército. Tú ya te has jubilado mereces descansar y además un caballero sin casa ni armadura no debería estar en el santuario. De la antigua generación de Caballeros Dorados sólo tú sigues aquí, Leonid y Cerber ya se han marchado a su nuevo hogar. Va siendo tu hora de seguir su ejemplo. Vuelve a Dinamarca Artemis–más que una sugerencia, casi había sonado a una orden.
- Pero su ilustrísima, no es necesario, hasta ahora he permanecido en mi templo y no ha causado problemas, puedo seguir así.
- ¡Tu lugar ya no está en el santuario! –exclamó demandante girándose de pronto para encarar Artemis, sobresaltando al viejo caballero por su brusco cambio de actitud. Arles notándolo se recompuso y con taimada amabilidad dijo –Oh perdona maestro Artemis, no ha sido mi intensión asustarte, pero comprende que tu bienestar me preocupa y tu terquedad me enerva… ¿No ves que es todo por tu bien? Shion me lo demandaría si cuando yo muera no le entrego cuentas justas. Es por tu seguridad… si hay un enfrentamiento, tú, sin armadura y con tu delicada salud, correrías peligro y serías un estorbo para tu hijo, comprometiendo su seguridad y la del santuario. Debemos ser sensatos... Tú más que nadie maestro Artemis, que siempre muestras una admirable sensatez aun cuando los necios dicen tonterías, como yo hace un momento. Tienes toda la razón, Afrodita no debe abandonar su casa ni el santuario, tiene obligaciones que cumplir como el sagrado caballero dorado de Piscis. No sé en qué pensaba cuando te propuse llevártelo contigo a vivir a Dinamarca. Tengo que admitir que soy un viejo sentimental que a veces se deja dominar por la emoción, pero por eso y nuestra amistad de décadas, mantengo en pie la oferta que te hice. Que te visite una vez al mes, si te cuidas será más que suficiente. Entenderás que conforme crezca y tenga más responsabilidad esas visitas serán cada vez más escasas, sé que comprendes. Tú mismo fuiste un caballero de oro y sabes lo absorbente que esto puede ser. Pero mientras ambos se quieran no importara el tiempo y la distancia ¿verdad?
- Tiene razón su Ilustrísima –admitió obediente y aparentemente dolido por las duras palabras de Arles–Mi lugar ya no está aquí… no quiero ser un estorbo para el santuario ni para mi hijo, no deseo ponerlos en riesgo. Pero, no es fácil…
- Lo comprendo maestro Artemis. Por favor piénsalo, verás que es lo mejor. Espero tomes la decisión correcta, no quiero verme obligado a ordenarte que te retires por tu propio bien.
- Lo entiendo, y agradezco su preocupación por mí. Le prometo que lo pensaré.
- Bien.
Arles se retiró y Artemis lo acompañó hasta la salida en Piscis. A lo lejos, Arles subía por las escaleras hacía el templo del patriarca y Artemis entró en la casa.
Arles siempre fue un hombre juicioso, responsable, formal y en palabras de Dohko, demasiado santurrón, nunca fue del tipo de buscar emociones fuertes… Shion, Dohko, Arles y él jamás habían estado juntos en una misión en Torino, mucho menos en la cárcel… ¿Cómo podía Arles admitir y recordar algo que jamás pasó? Algo estaba retorcidamente mal con el hermano de Shion. Artemis lo había dicho con toda la intención de hacerle una broma de las que Arles sabía responder, pero la broma no sólo no fue comprendía sino que resultó en un giro extraño de eventos para él, así que sin aclarar había dejado hablar a Arles, y había fingido sumisión y congoja para que Arles se confiara…
…Semanas después Arles y Artemis caminaban lado a lado por el coliseo supervisando a los aprendices y conversando.
- Me alegra mucho escucharlo maestro Artemis, será lo mejor para ti. Aunque a decir verdad, se te va a extrañar mucho.
- Y yo los extrañaré su Ilustrísima pero como bien lo dijo, es lo mejor para todos, y creo que me gané este descanso.
- Definitivamente.
- Además el saber que mi hijo podrá visitarme me llena de alegría.
- ¿Cuándo te vas?
- En un mes, creo que será suficiente para dejar todo en orden aquí y preparar mi llegada allá.
- ¿Ya se lo comunicaste a Afrodita?
- Sí. Se lo dije luego de celebrar su cumpleaños.
- Y ¿cómo lo tomó?
- Está algo triste pero lo entiende y por otro lado está tranquilo de saber que me voy a dedicar a descansar.
- ¿A dónde iras?
- Como debe recordar, tengo una casa en las afueras de Silkeborg, es un lugar tranquilo y está rodeado de naturaleza, creo que me hará bien a la salud. Debe recordarla porque ahí pasamos una noche antes de volver al santuario.
- Ah sí, lo recuerdo. Entonces buen viaje Maestro Artemis, espero que tengas una buena vida.
- Se lo agradezco mucho su ilustrísima.
- Me retiro, tengo muchas cosas que hacer.
- Vaya con bien.
Arles dejó el coliseo y Artemis clavo su azul mirada en la espalda de aquel hombre, definitivamente algo no ¡…! ¿Cabellos azules? ¿Qué Arles no estaba ya del todo canoso?. Y es que en la espalda del hombre que salía del coliseo, Artemis descubrió en la larga y gris cabellera unas hebras que manchaban de azul ese gris manto. Arles en su juventud había tenido una lustrosa cabellera zafiro pero… si no le fallaba la memoria desde hacía más de 32 años Arles lucia orgulloso su totalmente encanecido cabello, igual que Shion.
- No… creo que esté usando algún tinte para las canas ¿o sí?. ¿Desde cuándo se volvió tan vanidoso?... Arles… Me alegra que aun recuerdes Silkeborg… porque jamás estuvimos ahí. O tienes demencia senil, o ya no eres tú…
Dos semanas después…
Afrodita recién llegaba de entrenar en el coliseo, los rayos del sol poniente recortaban la silueta enorme de su templo y en la entrada del templo se encontró con su maestro esperándolo ansiosamente.
Cariñosamente lo recibió en un abrazo y le preguntó -¿Qué tal el entrenamiento mi niño? ¿Vienes muy cansado?
- No mucho padre. Sólo que me encantaría darme un baño.
- Y ya veo porqué ¿Angello? –dijo reparando en el estado en que venía su niño.
- No, los menores. –bufó cansado el chiquillo.
- Jajaja ¿Los menores? ¿Fue acaso una emboscada? –bromeó Artemis despegado con cuidado algunas mechas azules pues el lodo que se comenzaba a secar los apelmazaba.
- Al terminar los entrenamientos Milo y Aioria comenzaron a jugar luchitas de lodo con los demás.
- Pues qué raro que por fin aceptaras a jugar eso mi capullo. Creí que te molestaba.
- Me molesta –aseguró enfurruñado. –Por eso ni Camus, ni Shaka, ni yo quisimos jugar, ya nos retirábamos pero entre todos nos atraparon y nos lanzaron al charco de lodo.
- ¿Por qué?
- Dijeron que por snobs y estirados –bufó.
- Jajajaja Entonces fue ataque a traición jajajaja.
El hermoso chiquillo frunció el ceño enfurruñado con sus hermanitos menores y anunció –Me voy a dar un baño.
- Bien pero primero tienes que comer algo, seguro estás hambriento luego de tanto ejercicio.
- No mucho, creo que podría esperar hasta la cena. Prefiero bañarme ahora. Además así no me puedo sentar a la mesa.
- Sí puedes, anda vamos.
- Pero tú siempre dices-
- Ya sé lo que digo sobre los modales y la etiqueta de la mesa, pero te doy permiso hoy, anda –dijo llevándolo al comedor ignorando las protestas del refinado chiquillo –yo también comeré algo.
Ambos caballeros se sentaron a la mesa a comer, Afrodita en verdad no tenía mucha hambre pero su maestro insistía en que comiera algo y así lo hizo. Luego de comer Afrodita anunció que iría a darse un baño y Artemis le dijo que se diera prisa, puesto que lo iba a invitar a caminar por la playa para relajarse un rato luego de un arduo día de entrenamientos. Afrodita se animó con la idea puesto que le encantaba pasar tiempo con Artemis fuera del santuario. Así que el niño se apresuró a estar listo.
- No te tardes mi capullo que la luz del sol se va. –le urgió cuando el niño salió hacia la ducha.
Afrodita subió al tercer piso de la casa y Artemis se quedó a esperarlo en la sala. El hermoso ex caballero frotaba sus manos ansioso.
Tarde se le hacía para poner pie fuera del recinto. Hoy se marcharían de este maldito santuario para no volver jamás.
Drage Hjelm, la empírea propiedad que por cientos de años había pasado de heredero en heredero en la noble casa Rosenørn-Lehn como orgullo y prueba de su ilustre estirpe, había sido vendida a un hombre de negocios de América, un inculto tejano pagado de sí mismo y sus millones que no tenía más intención con la dignísima propiedad, que reformarla y convertirla en un vulgar Hotel Boutique. ¡Drage Hjelm! ¡Una propiedad patrimonio de la casa de la nobleza Danesa! ¡Más de trecientos años de historia y cultura!... ¡Convertida en un hotel que cualquier plebeyo podría pisar!. Sus sobrinos nietos habían pegado el grito en el cielo pero para cuando se enteraron ya era tarde y el tío Artemis no pudo ser contactado por ningún medio.
No le importaba, aunque una vez esa propiedad había sido también su orgullo, no le importaba, nada importaba con tal de salvar a su hijo.
- No sabes cuánto te entiendo ahora Maximillian….
Pese a sus recelos del pasado por sus celos de padre, ahora se podría asegurar con rotundidad que Artemis Rosenørn-Lehn se había reconciliado con el alma de Maximillian Vasaborg, al haberse enterado de sus razones y al compartir el mismo amor por la misma persona. Ahora entendía por qué los Vasaborg habían huido, y ahora Artemis en sus zapatos, planeaba hacer lo mismo. No había forma en que los mortales escaparan del alcance del santuario, pero él no era un simple mortal y de hecho él era parte de ese endemoniado santuario.
Conocía los secretos y debilidades que Maximillian nunca conoció de esta organización, y él sí sabía cómo escapar y ocultarse de los Dioses y esta asociación que más que ser un santuario para la protección de la humanidad, era otro devocionario de sangre.
Estaba sumamente alterado, había descubierto aquello que fue la gota que colmó su vaso, y ahora con la verdad en las manos, no seguiría fiel a una Diosa traicionera que sabiendo el precio que su hijo y la humanidad pagaría por sus caprichos, no dudo en manchar la Tierra de sangre.
- "Athena nos ama" Claro, como el granjero ama los puercos que enviará al matadero. Ni Afrodita ni yo seguiremos en este camino de sangre y muerte. No permitiré que mi hijo sacrifique su vida ni viva un infierno como yo.
Había descubierto que aún ni Dohko ni el pequeño Mu tenían ni idea que Arles estaba en el trono y no habían sido notificados de la muerte de Shion, creyendo que este seguía en el trono. Cuando Artemis se lo comunicó a Dohko este casi se va de espaldas por la cascada. Ambos tenían terribles dudas sobre Arles, así que Dohko decidió que haría sus investigaciones y cuidaría de Mu, sin informarle la muerte de su maestro al niño hasta que no estuviera seguro de lo que ocurría el santuario. Artemis se fue recomendándole tener cuidado y desconfiar de todos hasta no estar seguros, y Dohko le pidió que se cuidara también. Aunque Artemis no le mencionó que últimamente había estado pensando en abandonar el santuario junto a su hijo, pues Artemis aún tenía dudas sobre Arles y lo que haría. Pero esas dudas se desvanecieron ayudándolo a tomar la drástica decisión cuando su amigo Liban murió.
Había enterrado a su viejo amigo hacía unos días… el ex caballero de plata, Liban de Delfos. Había ido a visitarlo a la fuente donde era atendido. Ya era un hombre muy viejo, no tanto como Artemis sin embargo, su cuerpo estaba cansado y achacoso y debido a esto había tenido un accidente que ya lo tenía en las ultimas, una caída cuando estando en Rodorio, se le había ocurrido subirse a unos cajones de verduras para alcanzar guayabas de un árbol cercano para el desayuno, pero los cajones mal puestos perdieron la estabilidad y lo hicieron caer. Que desafortunado accidente.
Nada más ver entrar a Artemis en su habitación, Liban pidió que le dejaran sólo con él para poder despedirse. Los dos sanadores se retiraron y dejaron solos a ambos caballeros.
- Amigo mío –dijo tomando la mano cansada de Liban –Mírate, por fin puedo decir que ya eres un hombre maduro.
- ¿Por qué?
- Porque ya te caes del árbol.
Ambos caballeros rieron aunque esa risa le costó una oleada de dolor al viejo Liban. En verdad que se veía terrible. ¿Tan mal estaba que una simple caída de un guayabo lo había puesto al borde de la muerte?
- No amigo mío…. No me caí de un árbol.
- ¿…? Pero, eso fue lo que me dijeron –dijo muy extrañado.
- E-eso fue lo que yo… les dije –finalizó quejumbroso.
Con las fuerzas que le quedaban, Liban tomó el brazo de Artemis y le jaló como dando a entender que tenía que decirle algo importante, algo que no quería que oyeran los demás.
- Artemis escucha. Debes saber que… muchos de los viejos maestros no están de acuerdo con la forma en que Arles ha estado gobernando últimamente.
- Lo sé –dijo con seriedad.
- Como sabes Arles fue uno de mis más cercanos y queridos amigos, y no pude estar con él el día de su nombramiento como el nuevo Patriarca. Porque este cuerpo cansado ya no está para correr el mundo a la velocidad del sonido. Sabes que cuando me retiré inicié un pequeño negocio con mis huertos en Patras. Así que… -hizo una pausa para descansar y tomar aliento pues se notaba que le costaba hablar-… en cuanto tuve suficiente dinero y tiempo para dejar el lugar en manos de mis ayudantes… ah… compré un boleto de autobús para Atenas y luego renté los transportes necesarios para llegar a Rodorio…. Sabes que… para un humano común no es… nada fácil llegar al santuario.
- Tú no eres un humano común. –le dijo animándolo.
- No era un humano común jeje… pero con estos achaques he vuelto a ser uno… Y siendo este el caso, para llegar al santuario o tienes poderes, o… cof cof… suficiente dinero… En fin, logré llegar al santuario y pe-pedí audiencia con Arles, sin embargo para mi sorpresa… me apercibieron que no podía mo-molestar al patriarca y… pre-pretender que se me atendiera sin una cita previa. –el viejo hizo otra pausa y una mueca de dolor.
- Amigo no deberías esforzarte.
- Déjame ha-hablar es-es… importante.
Artemis calló y lo dejó proseguir.
- Lo comprendí, ahora Arles, no era un simple caballero de plata ni la mano derecha del patriarca, sino su santidad en persona, no… no podía…. pretender que… me atendiera de inmediato. Al final tuve que hacer lo que cualquier subordinado y que me quedé… u-u-unos días en Rodorio esperando que mi petición… de… una audiencia… fuera aceptada. Rogando porque los… mensajeros le dieran a Arles la carta que envié junto con ella…. Al parecer, nunca entregaron esa carta… sin embargo ocho días despues me concedieron la audiencia y te-te lo digo Artemis… Ese no era Arles.
- ¿Cómo dices?
- No era Arles. Ni siquiera me reconoció… Me pidió saber la razón de haber pedido audiencia con él, y… cuando le dije que sólo quería felicitarlo por… cof cof… su nombramiento, apenas había dicho eso –acotó contrariado –cuando se molestó bastante… dijo que…. Dijo que podía haber estado presente en la celebración como todos los demás, y que no era razón para quitarle su tiempo… Esperaría esa reacción de cualquier otro a quien yo no conociera y hubieran nombrado patriarca, y hasta lo e-entendería, te lo juro A-Artemis, pero ¿de Arles?... –el hombre hizo otra larga pausa y haciendo acopio de fuerzas continuó –Le pregunté si acaso había hecho algo para molestarlo… y me dijo…. que si…. no me parecía poco el pe-pedir una audiencia para semejante tontería…. y le dije "No, no como patriarca, sino como amigo ¿hice algo que te ofendiera Arles?" …dudó antes de hablar y dijo que no… que no comprendía a qué me refería y… le dije "Entiendo que puedas estar molesto porque no vine a visitarte… en los últimos años… y porque no estuve presente en tu nombramiento, pero Arles, ya soy viejo…. sabes que no es fácil llegar al santuario, no pude hacerlo en su momento… pero ahora estoy aquí, perdona por favor, pero no me desprecies así, fuimos hermanos… por muchos años" Te lo juro Artemis… e-e… ese hombre… no sabía qué responder, podría decir que se quedó de piedra…. Si había algo que Arles tenía era elocuencia, nunca se quedaba sin algo para decir… Shion bromeaba constantemente diciendo que el problema era callarlo una vez que co-comenzaba a hablar. Por eso Arles y el pequeño Aioros se… llevaban tan bien…. Pensé que… que definitivamente estaba enojado conmigo cuando, noté algo terrible en el ambiente...
- ¿Algo terrible? ¿qué cosa amigo?
- No-no sé… describir… yo… Siempre tuve ciertas… capacidades especiales, bien sabían todos ustedes que… si no… si no… hubiera sido un caballero de plata… ha-habría vivido de echarle la fortuna a la gente.
- Vaya que lo sé, tus predicciones y premoniciones eran asombrosas. Te hiciste fama por ellas. Tu don para percibir energías residuales o supernaturales a los sitios donde ibas era algo que siempre fue de gran ayuda.
- Amigo… Arles, el que tú y yo conocimos no es el mismo…. que ahora se sienta…. en la silla del patriarca.
- Viejo amigo… esa… es una aseveración muy seria. Te puedes meter en problemas si vas por ahí repitiéndola.
- Ja… Artemis, no creo que… me queden más que… unos minutos de vida…. Qué im-importa… ya…
- No seas tan pesimista, por todos los cielos. –pidió el otro angustiado.
- Por todos los cielos dices… ¿Qué paso con aquello de… "por la Diosa"? Artemis… hace un par de años que… no lo mencionas ni por equivocación.
- Es-es un decir…
- Jum… el caballero del buen decir… ¿ahora usa frases al azar?... Perdóname… si lo dudo…. Artemis, tú no has sido el mismo desde hace un tiempo… pero no te lo reprocho, seguro tienes tus dudas como yo las tuve…. pero no desconfíes de nuestra Diosa… ella es… todo amor y benevolencia, de quien debes desconfiar… es del Patriarca Arles. Porque no es él.
Artemis no quiso debatir con su amigo en su lecho de muerte sobre las cosas que había descubierto, sobre todo en los últimos meses, no tenía caso pues Liban era devoto hasta los huesos, no entendería, no creería, y sería un shock final para él. Así que sin tratar el tema, preguntó con mucho interés.
- ¿Por qué tan seguro? Liban quizá Arles… bueno ya es anciano también, seguro algunas cosas se le olvidan. ¿Qué te hace estar tan seguro?
- Qué vi su cadáver…
- ¡¿Cómo dices?!
- Es verdad… no-no porque estuviera molesto conmigo o quizá… se le hubiera subido a la cabeza el puesto… algo que sabemos no pasaría… yo me atrevería a decir algo así pero, lo que sentí en aquel salón del trono… no Artemis, ese no era mi amigo… Dejé la cámara del patriarca desolado cu-cuando mandó a que me echaran… y bajé… alicaído a Rodorio. Francamente no me entraba en la cabeza que… el poder…. o el rencor… lo hubieran trans… transformado en esa… clase de hombre. Incluso su gentil timbre de voz…. Puede que… esté viejo pero no tanto para olvidar… ni para estar en este estado para haber caído de un… simple árbol…
- ¿Entonces –inquirió preocupado –no fue una caída? ¿Tuviste algún enfrentamiento?
- No, sí fu-fue una caída, pero no caí de un árbol...
- Entonces ¿qué pasó?
- La colina estrella… es una larga caída… incluso si caes ya cerca de su base.
- ¿¡Me estás diciendo que te caíste desde Star Hill?!
- Jaja ah… diablos, que dolor… -dijo tratando de contener la risa –si me hubiera caído desde el pico no hubieran… encontrado ni mermelada de mi cuerpo… pero sí, tuve un accidente…. No es fácil llegar, ni aún para el patriarca… ima… imagina a un viejo caballero de plata… Subí con dificultad pero incluso estuve orgulloso de haberlo logrado a mi edad… pero la bajada… fue exhaustivo Artemis… mis músculos fallaron cuando estaba a unos veinte metros, y lo que no se rompió dentro de mí… se hizo remolacha…
- ¡¿Pero que estabas haciendo ahí?! –preguntó escandalizado -¡fue una imprudencia!
- Tuve una visión… oh sí, una de mis visiones de cristal… Cuando estaba a punto de dormir en mi cuarto de la posada… tuve una visión, y lo vi claramente… el cadáver de Arles de Altar estaba ahí, tendido en el suelo del devocionario en Star Hill... –el hombre acelero su ritmo al hablar doblando esfuerzos, tratando de concretar frases más largas, pues sentía que no le quedaba mucho tiempo –Me levanté de la cama de un brinco. No podía ser, no podía ser pues yo había tenido una audiencia con él esa mañana... Sé que no debo ignorar esas visiones. Ah, Con el miedo que algo pudiera haberle pasado, y necesitara ayuda, yo ah, fui hacia el santuario. Más nadie me cre-creyó, me llamaron… Ah Ah Ah… vi-viejo loco y me echaron del recinto. Te lo digo yo Artemis, las… las nuevas generaciones de caballeros y soldados van en decadencia… la educación en ese santuario está decayendo a pasos agigantados… cof cof… En tiempos de Shion ¡Jamás se habría visto semejante trato a un anciano! Ah ah ah –el anciano hiperventilaba acompasado tratando de recobrar el aliento –Las personas en Rodorio incluso, han comenzado a quejarse de los malos modos que los habitantes del santuario han comenzado a mostrar… Y eso es por el de-de-de… demonio que se sienta en el trono…
- Amigo tu cuerpo no resiste, déjalo descan-
- ¡¿Escuchas lo que… te digo?!
- Sí te escucho, pero no comprendo de qué hablas… Arles no-
- ¡No es Arles! –el repentino grito lo hizo encogerse de dolor.
- Liban por favor no te esfuerces. Quizá-
- ¡No! E-escucha…. Yo… yo subí… a Star Hill esa noche… -el viejo se estiró con dolor sobre su cama para tratar de aminorar los dolores e insistió en hablar –Arles era… a pesar de todo…. Un… un… un gran amigo y hermano de armas, cuando más… jóvenes… yo salve su vida y él la mía… no iba a abandonarlo ahora por una desavenencia…. Qué si había sido grosero conmigo, él era mi amigo… Ah ah ah… Así que me atreví, subí impulsado por la fuerza y el deseo de salvar a un amigo… cof, cof, cof… pero… cof, cof, cof… pero lo que encontré… Oh Artemis… Ese cadáver tiene mínimo dos años.
- ¡No es posible!
- Yo tampoco lo podía creer… Me hinqué a su lado para comprobar… que mis ojos no me engañaban, era él… sobre sus restos, los remanentes de un cosmos gentil… y… amable… aún… quedaban como un fantasma, como brisa… era él. Era él… Y cuando lo toqué, tuve una visión sobre cómo murió, alguien… una sombra negra, lo atacó por la espalda.
- Una sombra dices ¿Un espectro? ¿Un demonio?
- No, era humano… cof cof cof… al menos en apariencia, no pude verlo bien, puesto que atacó a traición… pero era un hombre, fornido, joven, de la-largos… cabellos… bla-blancos, o pudieron se-ser rubios también… la-la luz no era… de ayuda… Ah, ah, ah… no se percibía…cof, cof… casi nada a la luz de las estrellas, pero… pero pude distinguir… claramente una bota ro-romana… como las que usan los soldados y apre-aprendices… cof cof… yo… e-ese hombre… era… pa-parte del santuario Aaahh –el anciano comenzó a arrancar el aire del cuarto, en una bocanada desesperada pues comenzaba a tener problemas para hablar y respirar.
- ¡Liban aguanta llamaré a – Liban detuvo a Artemis por un brazo con brusquedad con la fuerzas que le quedaban y lo atrajo hacia sí tumbándolo sobre su pecho, quedando cara a cara, y boqueando, arrancándole fuerzas a la vida y tiempo al tiempo sólo alcanzó a pronunciar…
–S-star hi-hill, sube a Star-Star aaah- la boca del hombre se abrió completamente en una terrible mueca mientras de su garganta un sonido agudo y desesperado clamaba asfixia y sus ojos se iban hacia atrás de sus cuencas cuando su cuerpo comenzó a convulsionar.
Alterado Artemis llamó de inmediato a los sanadores quienes entraron y sacaron al ex caballero de piscis mientras dentro hacían esfuerzos titánicos para salvar al anciano caballero de Delfos.
Unos minutos despues los sanadores salieron con condolente expresión para avisar a Artemis, el deceso del caballero Liban.
Artemis suspiró cansado lamentando mucho la pérdida de su viejo amigo, puso una mano en su frente y se dejó caer en la silla en el salón de espera.
Dos días despues todos los habitantes del Santuario acudían a rendir honores y el último adiós al caballero de plata Liban de Delfos.
Artemis estuvo unos días cavilando y haciendo acopio de fuerzas, aunque también era anciano había sido un dorado, y seguro que tendría las fuerzas suficientes para subir y bajar pero lamentablemente ya no era cuestión de fuerza física… ya no tenía una salud estable, si no fuera por la delicada condición de sus vasos cerebrales… No… aunque de verdad lo deseaba, no aguantaría subir y bajar de Star Hill, sería una sentencia de muerte.
Había estado acumulando tensión en esos días, lo pensó, lo analizó y sí, todo coincidía… las fechas, la actitud de Arles. Liban era famoso por sus dones, nunca se equivocó, y jamás mintió, incluso Shion y él lo llegaron a hacer, mentiras blancas, pero Liban jamás… El somalí creía profundamente en su otra religión, y el Islam prohibía la mentira. Siempre sirvió a Athena en la creencia de que ella era una enviada de Alá, no era poco común que varios caballeros ahí hicieran un sincretismo de sus creencias natales con el culto a Athena… pues la mayoría de las veces eso en lugar de hacerlos dudar, los hacia más leales a la Diosa, quizá por eso Athena lo permitía…
Artemis se impacientó, Afrodita se estaba tardando, mejor iba a apurar a ese niño. Artemis caminó fuera de la sala de Piscis y justo cuando giraba por el marco del portal…
- Artemis –dijo Arles saliéndole de la nada al paso, quedando ambos frente a frente y a punto de chocar.
Artemis brincó instintivamente y luego suspiró llevando una mano a su pecho - Su Ilustrísima… disculpe, no lo esperaba. Bienvenido.
-¿Te asusté?
- Eh –sonrió lo más natural que pudo –un poco, estaba distraído, lo siento.
- No, yo lo siento, en tu condición, un buen susto bien podría matarte… debo ser más cuidadoso… Mil perdones mi querido amigo.
- N-no hay de qué preocuparse. ¿En qué puedo ayudarlo? –dijo con esa melódica voz y esa entonación gallarda y educada que lo caracterizaba.
- He venido a verte porque un caballero de plata huyó del santuario.
- ¿Un caballero huyó? Pero eso es imposible.
- Bueno… quizá sólo olvidó avisar que se marchaba por algún asunto personal… y en unos días se reporte. O quizá sí lo informó pero nadie me lo notificó a mí. Aunque dicen que la última vez que lo vieron fue hablando contigo… me preguntaba si puedes ayudarme.
- ¿De quién se trata? –dijo ocultando lo mejor posible el nerviosismo en su voz pues, sabía a quién podría Arles estarse refiriendo.
- El chipriota.
- ¿Atreo de Cefeo?
- Ese mismo. ¿A caso te mencionó algo o… te pidió algún permiso?
- Su santidad sabe que no soy quien para otorgar permisos, ya ni siquiera soy un caballero dorado y cuando lo fui, toda clase de permisos debían consultarse con el patriarca primero. Sigo apegado a esa ley y conozco mis límites.
- Claro, claro… pero quizá, dijo algo… ¿mencionó que tuviera intenciones de salir?
- No –dijo de forma honesta y casual.
- ¿Sabes que hay rumores sobre Atreo?
- ¿Rumores?
- Sí…. Pero deben ser sólo eso… uno jamás podría creer que un simple caballero plateado como Atreo de Cefeo, pudo haber subido a Star Hill.
Cuando Artemis escuchó eso sintió que la sangre se le iba a los pies y tuvo un violento mareo el cual con grandes esfuerzos pudo disimular.
- ¿Subió a Star Hill? ¿Ese flacucho? Perdone su ilustrísima pero yo no lo creo –dijo con ese carismático buen talante que lograba engañar al propio Shion. El habla y la expresión en todos sus aspectos eran cualidades extraordinarias de los piscis, parte de su arsenal.
- Yo tampoco lo creo posible… pero, dime Artemis –dijo acercándose a paso lento al ex cabalero haciendo que irremediablemente este retrocediera pues estaban a menos de un paso de distancia, si Artemis no lo hacía chocarían. Y para Artemis fue claro que este acto tan casual no era otra cosa que amenaza e intimidación, pero Artemis no borró su afable sonrisa. -¿De qué hablaron?... quizá alguna palabra suelta me pueda ayudar a dilucidar qué pasaba por la mente de ese hombre cuando decidió irse sin avisar –dijo sin dejar de caminar hacia el caballero, hasta que lo arrinconó en una columna.
Sin embargo Artemis fingió no darse por aludido.
- Pues verá, a pesar de ser buen guerrero es algo inseguro.
-¿Inseguro?
- Como maestro. Como debe saber le habían asignado a dos aprendices e iba a ser su primera vez con alumnos a su cargo. Se le veía nervioso y agobiado, y su autocritica no lo dejaba ver claro, así que decidí ayudarlo, aconsejarlo sobre cómo tratar con niños y la disciplina, y como ya sabe, tengo paciencia para esas cosas, despues de todo fui yo quien ayudó a Saga a dominar el séptimo sentido y otras de sus técnicas. Atreo necesitaba consejos "pedagógicos" y algo de guía y se la brindé, de eso hablamos toda la tarde.
Al parecer Arles dejó de prestar atención despues de "fui yo quien ayudó a Saga" el aura intimidante se desvaneció y el hombre tras la mascará pareció notar lo invasivo e irrespetuoso que estaba siendo con el Maestro Artemis, y de inmediato retrocedió, carraspeó y agregó, con una voz más amable.
- Ya veo… sí…. Bien… sólo quería saber sobre… ese asunto ¿dices que no mencionó nada más?
- Nada relevante su ilustrísima, sólo me pidió ayuda y consejo. Luego se fue a descansar a su cabaña, no lo he visto desde entonces, como usted sabe, no bajo todos los días al coliseo debido a mi salud.
- Sí… -comenzó con un timbre que se parecía a la timidez, como respeto por un mayor… –sobre eso… ¿Cómo sigue maes… cómo sigues Artemis?
A Artemis le extrañó el repentino cambio de formalidades, pero se avino a contestar.
- Bien santidad, en lo que cabe, aunque he estado algo cansado.
- Debes estar pendiente de tu salud. Quizá, deberías pensar en irte a Dinamarca, aquí no estás teniendo el debido descanso, los aprendices y bueno… siempre hay algo que hacer.
¿Decía que debería pensar en irse?... ¿Acaso Arles no recordaba que ya habían hablado sobre eso en el coliseo? Arles debería estar consciente que Artemis abandonaría el santuario en un par de semanas. Sin embargo… decidió seguirle el juego.
- Creo que moriré aquí, esta fue mi casa durante toda mi vida –dijo viendo con cariño la edificación.
Y a pesar de eso, Artemis no tenía ninguna intención de hacer tal cosa, ni de morir, ni mucho menos seguir aquí. Pero quería hacer creer a Arles que jamás abandonaría el santuario para saber cuál sería su reacción ante su abrupto cambio de planes.
- De-deberías irte, por tu bien, sólo por eso lo digo. Llévate a Afrodita contigo, ¡e-es decir, los primeros días –aclaró atropelladamente –para que te ayude a asentarte en tu nuevo hogar! Luego que regrese… sí…
Este Arles que tenía enfrente… ¿quién era? ¿¡Acaso estaba demente?! ¡¿Se le olvidaban tan rápido las conversaciones?! Un patriarca en semejante estado mental sería un desastre para el Santuario. Aunque ya no es que le importara. Pero, además su actitud… ¡No era el de hacia un momento! ¿¡Quién o qué estaba tras la máscara?!
Francamente lo confundía, hacía unos momentos parecía tan amenazante y ahora, era un hombre ¿inseguro? Que apelaba por su bienestar. E insistía en que se llevara a Afrodita con él, no era la primera vez que lo hacía. Parecía sincero, pero… ¡No, no podía serlo! Ni siquiera era el verdadero Arles, era un impostor, que seguramente quería que Artemis se confiara.
¿Por qué insistía tanto en que se llevara a Afrodita con él? Quizá… ¡Quizá ya sabía lo que Artemis planeaba hacer y sólo estaba jugando con él! Como gato que juega con su comida.
¡Igual que cuando fingió interesarse en su salud!
Había bajado a amenazarlo por lo de Atreo y Star Hill, no cabía duda, lo sabía, Arles ya lo sabía, sin duda. Artemis comenzó a sudar frio, quizá Arles sólo había bajado hasta piscis para ajusticiarlo. Tenía que buscar la forma de quitárselo de encima. Artemis no tenía fuerzas para pelear contra él, lo sabía, porque por su caminar, por sus movimientos… No, este Patriarca no era un anciano como Arles, este hombre bajo la máscara y la túnica, era joven y vigoroso y por lo poco que la túnica delineaba se adivinaba fornido, como… ¡Como el asesino que había descrito Liban antes de morir! Y su cosmos era poderoso, ya que ahora se presentaba como una copia del cosmos de Arles, pero si podía crear semejante ilusión cósmica, era seguro que el hombre tras la máscara no tenía un poder despreciable. Todo lo contrario.
La presión en su corazón se había elevado, sentía peligro, algo tenía que hacer pero….
- Bien, me voy, avísame si sabes algo más.
Evidentemente apurado, el patriarca no esperó ninguna respuesta y caminó veloz hacia la salida de piscis, y a lo lejos por el pasillo, Artemis lo vio trastabillar un par de veces y tomar su cabeza con una mano mientras se perdía en la oscuridad del largo pasillo.
Artemis sintió que la presión estallaba hacia su cabeza y de nuevo tuvo una punzada bastante fuerte, dentro podía escuchar un fuerte zumbido en su cabeza. Comenzó a hacer los ejercicios de respiración que los doctores le habían recomendado y estuvo así un par de minutos, sosteniéndose contra la columna.
En cuanto se sintió un poco mejor comenzó a caminar en dirección de las habitaciones de Piscis.
Artemis sintió otro fuerte mareo y se sostuvo del marco de la entrada conopial que subía hacia unas de las muchas escaleras del gran templo. Respiró profundamente varias veces para estabilizar su presión sanguínea, sabía que no debía alterarse, un poco recuperado comenzó el ascenso y a medio camino se detuvo de nuevo, subir escaleras no le estaba haciendo ningún bien, pero prosiguió su camino, debía ir por su niño e irse de una vez.
Al llegar, entró a la habitación de Afrodita quien ya estaba vestido y peinaba un poco sus cabellos que ya le legaban a media espalda.
- ¿Listo mi niño? –dijo entrando y cerrando la puerta tras él.
- Sí papá –dijo volteándolo a ver y dejando su cepillo en el buró –espera, sólo me colocó la armadura.
- No, no mi pequeño, deja aquí la armadura, la idea es relajarnos un poco, con su peso no estarás cómodo.
- Está bien –el niño sonrió y se acercó a su padre listo para marcharse.
- Hijo por favor tráeme mi abrigo negro, y trae tu chamarra azul.
- ¿Para qué? hace muchísimo calor.
- Yo sé mi cuento –le dijo con cariño pero lo apresuró a traer lo que le pedía.
Afrodita corrió a la habitación de Artemis y metió la cabeza en el closet de su maestro comenzando a buscar el largo y elegante abrigo negro de casimir para climas álgidos, y debido al orden que Artemis mantenía con sus cosas, lo encontró casi de inmediato, entonces fue de vuelta a su cuarto donde lo esperaba su maestro, a buscar su chamarra azul, pero, él sí tenía algo de desorden, así que comenzó a buscar en una pequeña pila de ropa.
- Apresúrate mi retoño. –decía Artemis con premura urgiendo al infante a estar listo.
Afrodita encontró la manga y comenzó a tirar de ella para sacarla, logrando tirar toda la ropa de arriba, estaba por acuclillarse para recogerla pero su padre lo llamó.
- Déjala –le sonrió –recogemos de regreso.
- Pero puedo hacerlo rápido.
- No, anda, anda, se nos hace tarde. –le dijo con su eterna sonrisa y ese cariño paternal del que no había gozado otro aprendiz en todo el santuario.
Al verlo venir, Artemis se giró para abrir la puerta, la hoja se había abierto a la mitad cuando Artemis sintió el peor mareo que hubiera sentido en toda su vida y perdió la visón por completo, sintió una pequeña explosión dentro de su cabeza, y cayó inconsciente sobre la puerta, cerrándola de golpe con el peso de su cuerpo, el cual, laxo, se comenzó a deslizar por la puerta hasta terminar por completo en el suelo.
- ¡Padre! –Afrodita dejó caer las cosas que llevaba en las manos y corrió hacia Artemis.
Lo tomó en brazos, lo llamó, lo movió, pero Artemis no reaccionó.
Asustado, puso a su padre en la cama y corrió hacia la fuente a pedir ayuda.
…
No sabía cómo… No lo comprendía… ¿Cómo es que… estaba ahí? ¿Por qué?... El frío, la soledad absoluta del lugar, la noche estrellada que para él estaba más apagada que la muerte. ¿En qué momento paso?...
Iban a ir a la playa… iban… a…
"Artemis Caballero Dorado de Piscis" una roca mortuoria, tallada con cincel, ponía el nombre de su padre en el gran cementerio del santuario… ¿Estaba ahí? ¿Su padre estaba ahí?... No… no… podía… no tenía sentido…
No lo podía aceptar, no lo quería aceptar… ¿Cuándo se marcharon todos? Hubo una gran ceremonia en nombre de su maestro, todos estaban ahí…. Él la presidió, estaba seguro… ¿qué fue lo que dijo? No lo sabía… ¿Lo hizo bien?... sólo… sólo parecía haber tomado conciencia hasta ahora, y aun así, era una conciencia burda, apenas básica…. Sólo percibía lo que veía, lo que sentía… y sólo veía una lápida con el nombre de su padre y sólo sentía vacío… y frio… ¿cómo era posible que hiciera tanto frio? A finales de Abril. En esta época del año el calor era terrible en Grecia, aun en la noche, y hoy, hacía tantísimo frio… Ni siquiera su armadura que sólo sucumbía al cero absoluto, parecía poder darle protección esta noche… ¿De dónde provenía el frio? ¿Camus o Leonid estaban cerca?
Con los ojos clavados en la lápida, como si una lanza los hubiera clavado ahí. El viento hacia bailar sus cabellos y su capa, el viento era cálido pero él, sólo podía sentir frio… y entonces se dio cuenta que el frio que lo embargaba venía de su alma… no podía pelear con el y el único cobijo que lo habría protegido de semejante helada, estaba varios metros bajo tierra, durmiendo un sueño del que no despertaría.
El viento mediterráneo cargado de sal lo golpeó con fuerza cuando nubes se comenzaron a formar sobre su cabeza, y ni aun así… El frio en su alma no dimitió ni un poco.
El agua comenzó a caer sobre su persona, una tormenta en primavera. ¿Primavera? Para él, todo se había tornado en el más cruel invierno. La lluvia que refrescaba a los demás habitantes del santuario, no hacía más que helarle más el alma. Cayó sobre él hasta dejarlo empapado, y el niño sintió agua caliente bañarle el rostro. Tocó su mejilla… no era la lluvia, eran lágrimas, lagrimas que se confundían con las gotas de lluvia que le empapaban el rostro.
No debía volver a llorar, nunca más, eso le había dicho Arles, tenía que honrar a su maestro.
El niño cayó de rodillas sobre el montículo recién hecho y hundiendo con rabia sus dedos en la tierra, se aferró a ella.
- Te honraré padre. Te prometo que seré un digno caballero de nuestra casa, un día estarás orgullos de mí. Y nunca más, nadie me verá derramar una lágrima. Pero… déjame esconderlas esta noche, bajo el manto de la lluvia, déjame llorar por ti... Padre… Te voy a extrañar mucho, padre… ¡Padre!
El niño se tiró sobre la tumba y sabiéndose completamente solo y encubierto por el agua de la lluvia y los estruendos de los rayos, dejó salir todo el dolor que le estaba partiendo el alma, porque nunca más dejaría que nadie lo viera llorar…
…Los rayos de sol lo descubrieron dormido, exhausto, sobre la tumba del entrañable Artemis Rosenørn-Lehn, antiguo caballero de Piscis. Fueron sus rayos que golpeando sus parpados lo obligaron a despertar. Se levantó algo atontado, mirando a su alrededor, descubriendo al nuevo día. Su capa y su cabello aún estaban mojados y su rostro cuerpo y armadura estaban sucios por la tierra mojada. Se incorporó sintiéndose extremadamente cansado, y sin querer miró la lápida que estaba ahí para recordarle que nada había sido un sueño. Miró a su alrededor, todo estaba solo. Era común. Los habitantes del santuario eran muy supersticiosos, sobretodo en una noche así. Se creía que cuando un caballero de la orden era enterrado, las almas caídas de otros guerreros rondaban el cementerio para recoger al compañero caído, más aún si se desataba una tormenta como la de anoche, pues se creía que las almas estaban agitadas, rabiosas. Todo mundo tenía terror de acercarse al cementerio luego de un entierro.
Mejor así… le habían dado la privacidad absoluta de vivir su duelo.
El niño se puso de pie, sin dejar de mirar la lápida y una extraña aura se apodero del infante. No parecía que el que estuviera ahí fuera un niño, sino un hombre adulto atrapado en el cuerpo de uno. Demasiada solemnidad y madurez en sus ojos y su actitud, para un infante de once años.
- Nadie jamás me verá llorar. Esconderé lo que siento en lo más profundo, y jamás compartiré con nadie mi agonía, seré muy fuerte. Voy a cumplir mi promesa, lucharé sólo por aquello en lo que creo Padre y defenderé lo que ame, hasta mi final.
Pelee por muchas razones equivocadas, desde mi caída, hasta mi supuesta redención. Pero puedo decir que si en algo no me equivoqué fue en pelear por los que amé.
Peleé por una Diosa que dice amar cuando sólo nos utiliza para saciar su sed de sangre y guerra, después de todo, la Diosa Athena no es la diosa del amor, es la Diosa de la Guerra, una de las más sangrientas de toda la mitología griega, amar, no está en su naturaleza. Pero llenar los campos con la sangre de los guerreros sí. La verdad Ares es más honesto en sus intenciones, pero como siempre ocurre, hay que cubrir con mierda a los honestos para encubrir a los hipócritas.
Y yo formé parte de todo este horror, cegado en la fantasía de crear un mundo mejor. Pero… ¿para quién? ¿Para ti Padre? ¿Fue mejor para mí? ¿Fue mejor para ti Saga? ¿Fue mejor para el único hermano que he conocido? Ese loco italiano que al igual que yo, su alma rota se había vuelto un vertedero de oscuridad para preservar la poca lucidez que le quedaba.
Él buscó y encontró en las sombras de la muerte su refugio de esta cruenta realidad. Y yo lo encontré en el dulce y mortífero aroma y belleza de mis rosas. Más muerte, sólo que a diferencia de Mascara Mortal cuya sombra se vestía en negro y grotesco manto de niebla y horror, la mía se vestía en elegante y aromático manto de bella y roja sensualidad.
"Los traidores al santuario deben morir", esas palabras me acompañaron durante toda mi niñez, y mi juventud. Eran ley para mí, nunca me atreví a cuestionar, a preguntar, sobre las bases en las que había construido mi vida, aleccionados para matar. Hay que admitir fue una buena treta. Niños… moldeables, barro virgen. Vivimos un infierno, todos sin excepción, infancia no es una palabra que tenga algún significado en mi mente o mi historia luego de la muerte de Artemis. No existe ningún caballero, ni dorado, ni de plata ni de bronce, que no tenga un trauma oculto, una constante pelea en su alma, que arrastran desde su más tierna infancia.
Disociación de personalidad. ¿Qué soldado más eficaz que uno que no distingue su propia realidad?, cuyas personalidades pueden funcionar para una cosa o para otra según necesiten nuestros amos y entrenadores. Dioses… nada más que malditas serpientes…
Enfrentados a la muerte, al dolor, a la humillación desde pequeños, crecimos entre dolor y esporádicas alegrías. Eso mismo hacen otros menos descarados, para entrenar a sus súper soldados, o a sus súper estrellas, pero al menos ellos no se hacen llamar dioses, aunque claro que, también se creen como tal.
Enseñados a discernir a la más oscura maldad como la más radiante benevolencia.
Realidad distorsionada a su máxima expresión, justicia deformada a su más abstracta figura.
Quién puede distinguir la verdad de la mentira en un mundo donde la realidad no es más que un macabro laberinto sin salida. Todos simplemente vivimos en un sueño, un sueño idílico, donde todo era perfecto a los ojos de cada quien, vivimos soñando…. Pero quién se atreve a negar, que vivir soñando es la mejor forma de vivir, cuando estás atrapado entre la realidad y la mentira.
Entre tanta mentira, en esta retorcida realidad, ¿sabré alguna vez que es lo auténticamente divino? ¿Encontraré mi verdadera esencia?. Los hoy llamados Dioses una vez fueron humanos que despertaron la gran voluntad y se aprovecharon de todos los demás.
¿Acaso podría yo hacer lo mismo? ¿Despertar la gran voluntad, y ser el Dios que nací para ser? O ¿Estoy tan marchito que soy incapaz de seguir existiendo siquiera como una débil chispa de luz?
Ahora que ya no tengo razón y mi corazón es un montón de cristales rotos… ¿Algún día aprenderé o entenderé la verdad que hay tras la rosa?. Una flor que representa los más altos ideales, que es escudo de nobles y hechiceros… ¿cómo puede ser usada para causar tanto daño?
"Estas flores son más de lo que parecen hijo mío, busca la verdad tras la rosa, y te hará libre"
Oh Artemis padre mío, no olvido esas palabras, pero, al igual que tú, no fui capaz de encontrar la verdad tras la rosa mientras tuve vida…
- ¿Qué es eso maestro? –preguntó un chiquillo Argentino de unos doce años haciendo que el chipriota se respingara del susto.
- Daidalos… ya llegaron con el agua. Que bien, anda llévenla al purificador, date prisa hijo, se hace tarde para la comida –pero el niño no se movió, en cambio miró muy curioso al cofre de madera tallada y pintado con pequeños tulipanes naranja y ondas azules que su maestro tenía entre las manos.
- Qué bonita caja ¿qué tiene ahí?
- Nada que te interese muchacho fisgón, es sólo un regalo de un viejo amigo –lo regañó pero a modo de broma -¡Anda anda apúrate a purificar el agua o no habrá estofado de res hoy!
- ¡¿Hoy tenemos carne de res?! –preguntó muy emocionado.
- Sí -le dijo sonriente –así que dense prisa.
En ese momento entró su otro discípulo con la otra cantara de agua y Daidalos se apresuró con él a llevarla a purificar al traspatio donde tenían un purificador artesanal de barro y arenisca. Se dieron prisa pues aunque la propiedad tenía un frente estrecho, tenía bastante fondo, y un muy largo corredor que conectaba toda la casa.
Cuando los niños se fueron, Atreo miró el cofre y recordó las últimas palabras de su superior, el hombre al que le debía el conocer la verdad, y el haber abandonado con vida y con la armadura de Cefeo el santuario de Athena, y a quien también debía la vida de sus alumnos.
"Atreo, si algo me pasa, por favor encárgate que esto le llegue a mi discípulo Afrodita de Piscis, no dejes que nadie más se entere, ni uses intermediarios, confió en ti"
"No lo defraudaré Maestro Artemis, le doy mi palabra" Había dicho al tomar el cofre en sus manos. Esa fue la última vez que supo de Artemis.
- Maestro Artemis… por favor perdóname por cumplir tan tarde mi promesa. No lo sabía… -dijo viendo con una profunda melancolía el cofre de mediano tamaño.
El chipriota se acababa de enterar hacía una semana de la muerte del respetable caballero Artemis de Piscis, sin embargo, no fue sólo la sentida perdida de tan entrañable e ilustre caballero, sino el retraso con el que se enteró, lo que lo hacía sentir tan mal. Artemis tenía cuatro años de muerto y hasta ahora Atreo se enteraba. No es que quisiera disculparse, pero al vivir en Tristán de Acuña, la apartada región que le servía de escondite, y ser un fugitivo, hacía muy difícil que se enterara de lo que ocurría en el santuario. Había tenido informantes pero… habían desaparecido en peculiares circunstancias hacía mucho tiempo. Y era muy difícil enterarse de lo que pasaba en el Santuario sin informantes internos. Y ahora le preocupaba sobremanera el cumplir su promesa con tantos años de retraso. ¡¿Qué tal si lo que escondía el cofre era de vida o muerte!? No tenía ni idea de lo que contenía. Jamás se había atrevido a abrirlo, ni una sola vez, por el respeto absoluto a Artemis y la confianza que este había depositado en él. Pero aunque tarde el chipriota estaba decidido a cumplir su promesa, ya había trazado un plan sobre cómo llegar a Afrodita de Piscis sin pasar por nadie del santuario como intermediario, y así todo se mantuviera en el absoluto secreto que Artemis deseaba.
- Sea lo que sea que contengas, me encargaré de hacerlo llegar a tu legítimo dueño – dijo como una promesa al cofre.
Atreo iba a guardar el cofre en su escondite cuando una explosión lo hizo volar junto a la barda frontal de la casa donde habitaba con sus alumnos.
El cofre al recibir partes de la pared, se rompió por el impacto y varios papeles salieron volando. Atreo estuvo unos momentos en el suelo aturdido, y en cuanto pudo se incorporó y votando escombro salió corriendo por el corredor al traspatio para ver si sus alumnos estaban bien. Para su buena suerte el largo de la propiedad les había dado protección, ya que sólo las dos primeras salas de la casa habían sido destruidas. Los chicos estaban bien, pero asustados.
- ¿¡Maestro, está bien?! ¡¿Qué fue eso?!
- Daidalos, Cafer –dijo usando su cosmos y abriendo un vórtice oscuro cual agujero de gusano que ponía su ojo saliente en Eritrea –tienen que irse ahora, no hay tiempo que perder –dijo Atreo llamando a la Armadura de Cefeo y poniendo la pesada caja de pandora en la espalda de Daidalos.
- ¡¿Maestro, pero que hace?!
- Te cedo mi armadura Daidalos, de ahora en adelante, tú serás el caballero de plata de Cefeo.
- ¡¿Qué?! ¡No, no puedo! ¡No soy ni la mitad de bueno que usted, aun no estoy listo!
- Estás listo –Afirmó orgulloso de su alumno. –Daidalos, no, olvida ese nombre y no lo vuelvan a mencionar, a partir de ahora tu nombre será Albiore, borra a "Daidalos" del mapa y ahora como Albiore sigue entrenando, tendrás que volverte muy fuerte, porque serás el nuevo maestro de la Isla Andrómeda.
- ¡¿Qué?! ¡No, pero yo-
- Cafer –dijo Atreo al más pequeño –tú serás su mano derecha, confía en él y apóyense uno al otro. Albiore decidirá cuál armadura de bronce será la que merezcas, entrena duro. Y recuerden lo que les he dicho, no confíen en nadie que esté del lado del santuario. Suerte hijos. Si puedo los alcanzaré en dos días, si yo no aparezco en Andrómeda en ese tiempo, olvídenme y sigan fieles a su juramento, sé que me harán sentir muy orgulloso.
El caballero dio la vuelta y puso marcha de nuevo hacia el interior de lo que quedaba de la casa pero Daidalos tomándolo de la camisa lo detuvo.
- ¡Maestro! ¿¡Qué pasa?! ¿Por qué no viene con nosotros? –preguntó con los ojos razados de lágrimas suponiendo lo peor.
- No me cuestionen aprendices de pacotilla, ¡Obedezcan y ya lárguense! –dijo lanzando a ambos por el vórtice de oscuridad haciendo que este los succionara de inmediato, arrastrándolos en su corriente y cerrándose justo a tiempo. –Adiós mis pequeños –susurro tristemente Atreo, cuando abriendo la puerta del patio trasero para salir como una persona civilizada lo haría, apareció Arles de Altair, el nuevo patriarca del santuario.
- Años sin vernos querido Atreo. Vaya que eres difícil de encontrar cuando te lo propones.
- Que formas de presentarse a saludar Maestro "Arles". Sé que mi casa no es moderna y no cuenta con un timbre, pero, podría haber tocado la campana en la entrada que para eso estaba.
- Jajaja… Mil perdones, no estoy acostumbrado a esta clase de arquitectura tan… rustica. Además me temo que a mi edad ya no se me da frenar suavemente cuando viajo a la velocidad de la luz.
- ¿Su edad? Ja… será que aún es muy joven para dominar el impacto de inercia y evitar dañar a un inocente. Pero no, eso es cosa de principiantes y tú… eres joven, pero no un imberbe. Creo que te gusta hacer una gran entrada.
- Jajaja… Supongo que sabes a que se debe mi visita.
- ¿Quiere tomar el té "Maestro"? –ofreció con burlón respeto.
- Ja…
A una velocidad sorprendente antes que Atreo pudiera siquiera preguntarse el cómo, Arles lo tenía prendido por el cuello, y sus pies no tocaban el suelo.
- ¿Dónde está la armadura de Cefeo?
- No lo sé –dijo el otro con dificultad.
- ¿No?...Te puedo refrescar la memoria.
Arles usó el cuerpo de Atreo cual martillo para traspasar a una velocidad inaudita todas las bardas que le quedaban a la casa. Cuarto tras cuarto, los huesos de Atreo crujían al azotarse contra las bardas.
- ¿Ya recuerdas?
- No –afirmó con burla y sarcasmo.
Cual muñeco de trapo Arles lo lanzó con fuerza descomunal contra la única barda que quedaba en pie al costado de la casa y la reventó con el cuerpo de Atreo.
- No soy una bestia Atreo, puedo darte una muerte rápida si confiesas, despues de todo eres un desertor, un ladrón y un traidor al santuario. Podría llevarte y hacerte morir por tortura frente a todos en el coliseo como corresponde a un traidor como tú. Pero te muestro misericordia. Dime dónde está la Armadura de Cefeo y te daré una muerte rápida.
- No…
- ¿No?
- No, tú no quieres matarme por esos cargos.
- ¿No? ¿Entonces… por cuáles?
- Tú lo sabes muy bien… Star Hill.
- ¿Star Hill?, la verdad no te entiendo.
- Deja de jugar como un gato con su comida ¿No te dijo tu madre que es de mala educación?
El hombre tras la máscara azul se rio y se acercó lentamente al maltrecho Atreo, y al estar frente a frente se acuclillo para ver al maltrecho hombre a los ojos.
- Ha pasado tanto tiempo desde que la vi que ya ni siquiera la recuerdo.
- O será que nunca tuviste… ¡Impostor!–fingiéndose acabado, el caballero tomó a Arles por sorpresa y en un rápido movimiento de una patada le arrancó la máscara y el yelmo. –No… ¡tú-tú estás muerto!… –el hombre al ver el rostro tras la máscara no daba crédito. No podía ser… Las facciones… e-este joven, era… –No, no puede ser… ¿¡Saga?!
El joven caballero enfureció con tan sólo escuchar su nombre y sus ojos fueron invadidos por una luz roja y rabiosa que ya no era sólo el rojo de la esclerótica sino la totalidad de estos, y enfurecido como fiera, tomó al antiguo Atreo de Cefeo para lanzarlo por los aires y comenzar una ráfaga de cosmos y golpes de ira descontrolada sobre el hombre.
El caballero Atreo era fuerte como se esperaría de un caballero de plata, pero no era rival para un caballero dorado, mucho menos sin su armadura y ante un hombre que no controlaba su propia fuerza ni cosmos.
Cuando finalmente Saga lo dejó y Atreo cayó al suelo, este sangraba de varias partes y la sangre le cubría el rostro.
Saga aún bajo el control de lémur que lo convertía en una bestia inmisericorde tomó al hombre por los cabellos y obligándolo a encararlo le exigió saber.
- ¿¡Quién más sabe lo de Star Hill?!
- … -Atreo estaba casi inconsciente, apenas si podía enfocar al hombre frente a él.
- ¡Responde!
- Na… nadie… -dijo el otro casi al borde de la muerte.
- Quieres que crea que tus malditos alumnos no saben nada.
- No… por… por la… Diosa… ellos… no saben nada…
- No te creo.
- Lo juro… sólo… sólo lo sabíamos… Liban de Delfos… Ar-Artemis de piscis… y… y yo… -confesó en un último intento de hacer que Arles se confiara, y así salvar a sus alumnos de una muerte cruel –mis niños… no sabían nada… sé que… esté secreto les… costaría la vida. Nunca hablé… lo juro…
- ¿Dónde están?
- No lo sé… les dije… que huyeran… lejos… no sé… a dónde fueron… pero juro por… mi vida que…. No saben nada…
- No soy un idiota, tu vida ya no vale nada, y lo sabes.
- Pero es verdad… no tuve tiempo de nada más… cuando llegaste. Saga, por la… Diosa… ya te dije… lo que querías… saber… los nombres… de quienes… sabíamos de tu usurpación… Nadie más lo… lo supo… y ahora… tu secreto morirá conmigo… Perdónalos, ellos… siguen fieles… al santuario… lo juro –mintió una vez más.
- Eso lo decidiré yo… Preguntándoles en persona, porque tú vas a decirme dónde están.
Pero antes que pudiera usar el Satán Imperial para forzar Atreo a hablar, este usó sus últimas fuerzas y con una mano se atravesó el corazón.
- ¡Pero qué!...
- Así es… -dijo entre borbotones de sangre que salían por su boca –como muere… un… hombre… de honor… Recuérdalo, para… cuando sea tu… turno… Saga… de Géminis… -Atreo exhaló el signo con su último aliento y murió a los pies de Saga.
Saga rabioso de haber perdido la pista de la Armadura de Cefeo nuevamente, tomó el cadáver y lo lanzó con furia sobre las pilas de escombro que quedaban de la casa, barriendo gran parte con el cuerpo, haciendo volar varios de los escombros y entre ellos, un papel salió volando y con el viento, siendo ligero, planeó hasta caer a los pies de Saga. Este algo curioso se agachó a recogerlo viendo que era una carta.
"Afrodita de Piscis" ponía en el sobre con una exquisita original e inconfundible caligrafía.
- ¿Artemis? –se preguntó Saga reconociendo la bella letra.
Tomó el sobre y al girarlo notó que estaba sellado con cera. El sello estaba intacto. Saga rompió el sello y sacó de dentro el documento para leerlo, pero… ¿Sueco?... o ¿Danés? ¡Qué manía de no usar el griego! Si se criaban en Grecia y ahí vivían toda su vida, de verdad le estresaba que muchos caballeros insistieran en usar su idioma materno.
- ¿Por qué tenías esto tú Atreo? ¿Qué más secretos me escondiste? Más vale que tus alumnos de verdad no sepan nada, o tendré que enviarlos contigo.
Saga miró el lugar ¿qué más secretos guardaba esa casa? No podía dejar nada al azar. Así usando su cosmos incendió una llamarada que le prendió fuego a todo el lugar, donde los escombros de la casa junto con el cadáver de su dueño se fueron reduciendo a cenizas. Hasta no quedar una sola piedra en pie.
Saga guardó entre su túnica la carta y cuando estuvo seguro que nada quedaba en el lugar se marchó rumbo al santuario.
…
En los aposentos patriarcales por la noche cuando todos dormían y algunos cumplían sus guardias, Saga recostado en su cama, miraba con congoja la carta en sus manos. Arles había mandado traducir la carta y… se había deshecho del desafortunado traductor… Otra muerte injusta que le pesaba en el ama. De momento era él mismo, y estaba muy inquieto, aunque él no recordaba el contenido de la carta que Arles había previamente leído, había querido dársela a Afrodita en cuanto estuvo en poder de su cuerpo, pero "Arles" se lo había impedido, amenazándolo con la vida del joven sueco. Saga sabía que Afrodita era su favorito, barro para moldear, y aunque Saga estaba en total desacuerdo con lo que Arles le enseñaba a su hermanito y el cómo Afrodita estaba creciendo envenenado por Arles volviéndolo todo un demonio, no había nada que pudiera hacer. Luego de la muerte de Artemis, había perdido control absoluto de su cuerpo. Aquella tarde en Piscis, fue la última vez que logró oponerse a esa maldad, quien había bajado a Piscis con toda la intensión de asesinar a Artemis por lo de Star Hill, y esa fue la última gran batalla que Saga sostuvo con su maldad, la cual al final, perdió. Desde ese día las contadas veces que estaba en control de su cuerpo, su mitad maligna retomaba justo a tiempo de evitar que este hiciera algo que perjudicara sus planes, castigando su apaleada mente con pesadillas y visiones terribles donde él asesinaba de forma sanguinaria a cada uno de sus hermanos, como castigo por oponerse al lémur. Así, bajo la amenaza de obligarle a hacer cosas terribles, el lémur mantenía a Saga sometido al miedo de acabar con más vidas de aquellos a los que amaba. Saga tomó la carta y sabiendo que no podría entregarla, decidió leerla para enterarse de su contenido y ver quizá la forma de informar a Afrodita de lo que ahí estuviera escrito.
"Afrodita, si esta carta está en tus manos, quiere decir que yo ya no estoy en el mundo de los vivos, y no quiero que leas el contenido de esta carta hasta estar muy lejos del santuario, toma el cofre que te dio Atreo y huye del santuario de inmediato, no esperes a leer esta misiva hasta su final, deja la armadura de piscis, deja todo, sólo lleva este cofre y lo que traigas puesto encima, usa la velocidad de la luz y cubre tu rastro en el roció de tus rosas como te enseñé. Ve a Finlandia, sé que eres un mar de preguntas, pero confía en tu padre y has lo que te digo, y no informes a Arles, él es la persona en la que menos debes confiar, porque ese en la silla del patriarca no es Arles, sino un impostor, el cadáver del verdadero Arles yace en la cima de Star Hill, pero no quiero que vayas a comprobarlo o te costará la vida. Obedece y no lo pienses más, toma el cofre y vete en este momento, una vez en Finlandia termina de leer esta carta y actúa como aquí te lo he pedido"
La carta empezaba con esa premura y dejaba varios renglones en blanco invitando así al joven sueco a hacer lo que su padre pedía. Saga suspiró apesadumbrado.
Más abajo la carta continuaba con un talante más calmado.
"Espero estés continuando esta carta lejos del santuario, como te lo pedí, siempre fuiste obediente y confió que habrás seguido mi petición. Debes ser un mar de preguntas, y pensarás que tu padre está loco, por dejarte semejante último mensaje, pero ahora tendrás las respuestas a toda esta locura mi capullo.
Mi querido hijo, como previamente te dije, si tienes está carta en tus manos, quiere decir que ya no estoy en este mundo, y seguramente, mi muerte fue "inesperada" y bajo extrañas circunstancias, porque, yo estorbaba a alguien en el santuario y tenían que quitarme del camino…"
Saga interrumpió la lectura y bajó la carta unos momentos. Su otra mitad tuvo razón aquella vez, Artemis lo había descubierto. Y era obvio que Artemis tenía planeado que esta carta le fuera entregada a Afrodita justo despues de su muerte, pues luego de estos años bajo la tutela de Arles, a Afrodita le sería difícil dudar del Patriarca y quizá investigaría antes de acatar la inmediata orden de abandonar el santuario. Evidentemente los planes póstumos de Artemis se habían truncado, era obvio que el antiguo caballero de Piscis, pensaba que podría morir a manos de alguna traición de Arles, pero el mismo Artemis no había ni siquiera imaginado que moriría tan repentinamente por causa de su mala salud. Seguramente se había llevado un susto enorme ese día que Arles bajó tan amenazante a piscis y eso había causado su deceso.
Saga cubrió sus ojos con una mano, suspirando profundamente para contener un sollozo, pues aunque había intentado impedir que Arles matara al querido Maestro Artemis aquella tarde, de una forma o de otra, Artemis había muerto por su causa. Saga limpió sus ojos nublados por lágrimas que peleaban por salir y con resignación siguió leyendo la carta.
"…Porque descubrí cosas que no debía haber descubierto Afrodita. Cosas que me hicieron decidir el abandonar el santuario junto a ti y para siempre. –En este punto Saga abrió ampliamente sus ojos ¡¿Artemis pensaba huir junto a su hijo?! Ávidamente Saga prosiguió la lectura –Yo deseaba vivir más años para ti, y vivir lo que quedara de mi vida a tu lado, darte una vida feliz y normal, como cualquier otro ser humano, vivir como padre e hijo en la mundanidad humana, pero libres y dueños de nuestros destinos. Lamento y mucho que ya no podré estar a tu lado mi adorado hijo, pero no fue mi decisión dejarte solo en este mundo, si hubiera estado en mis manos, ahora estaríamos ambos tomando chocolate frente a una fogata en Norteamérica. ¿Por qué Norteamérica? Ya te lo respondo mi niño. Recordarás que le anuncié a todos mi jubilación definitiva del Santuario a finales del mes de Mayo, pero la verdad es que yo planeaba huir contigo mucho antes de eso. Mi niño, espero no te decepciones de mí al saber lo que planeaba hacer, pero tuve fuertes razones que me orillaron a hacerlo. No iba a permitir que vivieras el mismo infierno que viví, ni que te convirtieras en un peón más de este macabro ajedrez de sangre que juegan los Dioses. Una vez me preguntaste el por qué había cambiado respecto a la Diosa, pues fue porque descubrí que más que el impostor y asesino que hoy se sienta en la silla del patriarca, la verdadera bestia en ese santuario es la mismísima Athena. Sí Afrodita, la Diosa de la guerra justa no es más que otro ente egoísta que sacrifica lo más sagrado en aras de sus caprichos, y tú siempre tuviste razón, la verdadera protectora y benefactora de la humanidad es la Madre Tierra que alimenta sin esperar nada a cambio, porque los Dioses, sólo toman pero jamás dan. Y a esta Diosa, le falta la convicción, la fuerza, el amor y la voluntad para de verdad hacer algo por los humanos, de haberlo querido en realidad, ya lo habría hecho. No mi niño, a ellos, a los Dioses, no les importamos. Y como te lo dije, el patriarca tras la máscara, no es Arles de Altar, nuestro querido maestro Arles fue asesinado, y ahora, aunque no tengo pruebas, no tengo dudas de que Shion también lo fue y creo que su asesino fue precisamente quien usurpó el patriarcado. Porque Arles me dijo que, él había estado acompañando y sosteniendo la mano de su hermano Shion hasta su final, pero resultó que Arles había sido asesinado mucho antes que muriera Shion. Y no sabes cuánto lamenté ya no tener la salud ni las fuerzas para vengar a Shion y darle su merecido al asesino tras la máscara, pero me había vuelto viejo y enfermizo, ya no era rival para nadie. Mi querido Afrodita, sabes que mi salud era delicada y no podía hacer esfuerzos ni mucho menos sostener un enfrentamiento. No podía vengar a Shion pero aun podía salvar a mi más preciado tesoro, tú mi hijo. Por eso tome la decisión de abandonarlo todo, y salvarte a ti. Y lo tenía todo planificado.
Recordarás Drage Hjelm, la propiedad por la que Shion y yo siempre discutíamos, sobre cuál era más reliquia, si Drage o la torre de Jamir. Siempre te hablé de ella y de su importancia histórica, lo orgulloso que estaba de ella y como deseaba que tú la heredaras. Lamento informarte mi niño que la vendí y que por cierto tus tataratios pusieron el grito en el cielo. Sí, sé qué de seguro no lo puedes creer por lo mucho que yo la apreciaba, pero no hay riqueza en este mundo que se compare a ti, por eso lo hice, no quería que nos siguieran el rastro, y el dinero nos serviría de mucho para comenzar una nueva vida. Me dirás que por herencia yo tenía mucho dinero, y es verdad, pero, todo ese dinero estaba a mi nombre y era rastreable. Pero el de la venta de Drage Hjelm no, puesto que el tejano a quien se la vendí, rudo y simplón, aceptó darme la cantidad en efectivo sin rechistar, cargó con sendos maletines de dinero hasta Dinamarca, y yo endosé la propiedad a su nombre, sin más enredos legales. Con ese dinero había comprado una casa en Norteamérica porque en aquellas tierras no hay ninguna clase de conexión con los Dioses Griegos, y sus panteones no se llevan muy bien que digamos, no pueden interferir ahí. Era un lugar hermoso lleno de vegetación y bajo la protección de las pirámides que sirven de escudo de invisibilidad. Pero a sabiendas que podrían eliminarme antes de cumplir con mi cometido, puse el resto del dinero en una cuenta de banco. Era… mi plan B.
Ese dinero está en una cuenta en Tampere, Finlandia, a nombre de Alexei Grenen junto con otras cosas de valor, más que monetario, sentimental y familiar para ti. Te preguntarás mi niño quién es ese hombre, y ese hombre eres tú. Y los documentos que te avalan como tal están en este cofre también. Hay que agradecer a tu abuelo por eso.
Sí… justo ahora debes tener una gran expresión de asombro en tu rostro. Pero leíste bien, tienes un abuelo y no es por parte de mi familia como tus tataratios estirados de Dinamarca. Este es tu verdadero abuelo de sangre. Arvid de Kejserlig, Marqués de Grevsnes, padre de tu madre.
Afrodita, hijo, hay algo que tienes que saber…
Para mí siempre serás mi hijo, pero no naciste de las estrellas como te dijeron en el santuario. Debes saber que tú naciste en una familia humana normal, bajo el nombre Maximillian Alexander de Vasaborg y Kejserlig en una familia noble de Suecia. Tus verdaderos padres fueron Maximillian de Vasaborg Adelheim príncipe de Vasaborg y Conde de Nystad, y Svanna de Kejserlig heredera del marquesado de Grevsen y Baronesa de Arvasalo, para resumir, pues fueron gente muy importante, con demasiados títulos, muchos más de los que yo podría heredarte jamás, y en este cofre encontrarás información detallada de ambos, así como la partida del hospital donde naciste que te servirá para acreditar tu verdadera identidad ante tu abuelo, a quien tendrás que entregar la carta que adjunto con este cofre, él lo entenderá. También aquí está tu título de inscripción en la Riddarhuset lo que te avala como noble de sangre aunque no te recomiendo usarlo, ni este, ni el que yo te di, pues darían fácilmente contigo. También tenías una hermana mayor, Johanna Vasaborg y Kejserlig. Sé que seguro querrías conocerlos, por eso en el banco también está resguardado un cuadro de tu familia, y la ampliación del mismo está en la casa de América. Todo esto es sólo para que tú conozcas más de tu historia y pasado, pero por el amor de la gran madre, jamás uses esas identidades. Afrodita de Rosenørn-Lehn y Maximillian de Vasaborg y Kejserlig dejaron de existir. De ahora en adelante quiero que sólo seas Alexei Grenen, un chico finlandés común, sin títulos, un estudiante de intercambio en América, y lleves una vida normal y tranquila junto a tu abuelo Arvid, él ya sabe sobre el santuario, aunque no mucho por su seguridad, lo suficiente, y ahora ya sabe cómo alejarse de todo este mundo, estará ansioso de volverte a ver. Él sabe a donde deberán ir.
Sé que debes preguntarte qué fue de tu familia y por qué te entregaron al santuario. Pero hijo, tienes que saber que ellos no te entregaron al santuario, pelearon por ti hasta el último minuto y fue esa rebeldía contra los Dioses lo que les costó la vida. Afrodita hijo perdóname por no darte más detalles, pero como ya lo dije, estás mejor sin saber, no quiero que el odio y la venganza consuman y destruyan tu vida. Quizá estarás muy molesto conmigo, por ocultarte todo esto y por no decirte más al respecto de su final, pero como siempre, actúo en tu mejor bien. Espero algún día me perdones, y ahora que seguro estoy con tu padre biológico, estoy seguro que estará de acuerdo conmigo, porque él también te amó como a nadie en este mundo, y comprende mi actuar. Creo que seremos buenos amigos, y te estaremos esperando de este lado cuando llegue la hora en que te reúnas con nosotros.
Hijo perdóname por ocultarte esta verdad, nunca fue mi intensión traicionar tu confianza, pero lo dije y lo repito hay cosas que estás mejor sin saber, confía en mi palabra. No hagas más preguntas, a partir de ahora, olvida tu pasado, revive como Alexei y vive tu vida como tal, estudia, ten una familia si lo deseas, y usa tu poder para defender lo que amas. Te amo ahora y te amaré siempre.
Hasta que nos volvamos a ver, amado hijo mío.
Artemis de Rosenørn-Lehn"
Saga pego la carta contra su pecho y soltó su llanto. Artemis… uno de los caballeros más ilustres, uno de los grandes ejemplos a seguir de todos, iba a traicionar al santuario. ¡¿Por qué?!... ¡¿Cómo podía hablar así de la Diosa?!... ¿Por qué Artemis, uno de los que más habían hablado en favor de la Diosa, se había decepcionado tanto para maldecirla de tal forma? ¡Seguro era su culpa! Artemis se había decepcionado del Santuario por las cosas que él había hecho como "Arles" y culpaba a la inocente Diosa por eso. ¡Eso debía ser! ¡¿Qué más?! Artemis no podía tener más razones que esas. Saga se dejó caer en su almohada, decepcionado de sí mismo, había matado la fe de un caballero tan digno como Artemis. Sus pecados parecían superarse cada día, logrando peores cosas cada vez. Aunque lo deseaba Saga se sintió profundamente impotente al saber que no podría decirle nada de lo que acababa de descubrir a Afrodita, pues Arles estaba ya enterado también, ya que había leído la carta primero, ya no tenía caso informarle, ahora que Arles conocía los planes que Artemis había trazado para liberar a su hijo. Esta verdad más que ayudarlo, seguro le costaría la vida a Afrodita. Huir del santuario ya no era opción para su hermanito sueco. Pero eliminar a Arles sí… Saga desesperado, se levantó de su cama y se miró al espejo, entonces recordó las últimas palabras de Atreo y determinado apuntó una mano contra su corazón, pero antes que pudiera partirlo cayó de rodillas ante el dolor, y cuando volvió a levantar el rostro, la imagen en el espejo le devolvía una siniestra mueca de burla y ojos enrojecidos.
- No Saga. No. Aún no puedes morir, tenemos muchas cosas que hacer, tengo grandes planes –dijo poniéndose en pie y lanzando hacia atrás su larga cabellera –y tu querido hermanito Afrodita es parte fundamental. Él, Shura y Mascara de la Muerte, son mis mejores soldados, no voy a perderlos por tu capricho. En especial a Afrodita. La lealtad de ese niño vale oro, y he logrado que se apegue a mí. Incluso, yo podría llegar a desconfiar de ese taimado italiano, o de esa cabra terca, pero de Afrodita… ¿Qué no ves que está comiendo de mi mano? He sido el padre que perdió durante los últimos cuatro años, confía ciegamente en mí. Incluso si le entregaras esta carta –dijo caminado parsimoniosamente por la habitación –Afrodita se lo pensaría más de dos veces antes de hacer lo que aquí dice. Apuesto mi envestidura de patriarca a que primero investigaría el asunto antes de tratar de poner un pie fuera de este santuario. Quizá si hubiera recibido esto justo el día que murió Artemis, habría acatado la orden, pero ya es muy tarde. Ja… Pobre Artemis, me temo que las cosas no salieron de acuerdo a tu plan. Conque me engañaste y pensabas fugarte. ¡Jajajaja! No cabe duda que Tique está de mi lado. Mira que venir a caer a mis manos… -le dijo al papel en sus manos –Me pregunto, ¿por qué tenías esto tú Atreo? Y lo que más me intriga ¿por qué jamás se lo diste a Afrodita?... Estuviste años desaparecido… Quizá fue porque tenías miedo a acercarte al santuario. Ah, como sea, lo que importa es que esto jamás lo sabrá Afrodita. Incluso en tu muerte intentaste retarme Artemis, tengo que admitir que eras demasiado osado y astuto. Pero ni tú, ni nadie, es un digno rival para mí –dijo parándose frente a la gran chimenea y lanzando la carta original y la traducción al fuego. –Conque Maximillian de Vasaborg y Kejserlig, Príncipe, Conde, Márquez y más cosas que ni tú Afrodita, ni yo, sabremos ya. Que jovencito tan importante, con razón ese porte de noble… pero –dijo viendo como la carta se reducía a cenizas –lo siento, ni Maximillian, ni Alexei Grenen, ni un Rosenørn-Lehn, ahora, sólo eres Afrodita de Piscis, como tal vivirás y como tal morirás. Mi precioso tesoro, tu verdadero valor no reside en tus títulos, sino el secreto que reside en tu mortífera sangre, esa sí es una reliquia que hay que alabar. Mi niño de belleza sin igual, tú serás la mano de mi justicia, serás mi espada, la mano que protege, castiga o mata a mi petición. Serás la mano de los pesares, mi mano derecha. Qué ironía… Athena te quería para ella. Artemis también… pero eres mío mi letal piraña. Sólo mío. Piscis… un signo que sólo obedece a su corazón, quien posea su corazón, tendrá su lealtad y voluntad absoluta. Y así como tú le robaste el corazón a Artemis y con el su lealtad a su Diosa, yo me he apoderado de tu corazón y serás mi seguidor más leal. Ahora me ves como el padre que perdiste y mientras sea así, sé que me seguirás al mismo infierno. Espero que Artemis no me tenga reservada alguna otra sorpresa que te vuelva en mi contra… pero de ser así, ya sea por las buenas, o por las malas, tu corazón estará en mis manos Afrodita, y mientras lo tenga, tú serás mi soldado perfecto. No voy a renunciar a semejante poder. ¿Qué habrá sido del cofre que se menciona en la carta?... supongo que fue destruido junto con los restos de Atreo y su casa. Sin embargo, no dejaré cabos sueltos. Ahora que sé tu nombre de nacimiento Afrodita, no me será difícil buscar a este abuelo tuyo. Creo que en breve haré una visita a Finlandia. Jaja…
Arles volvió a paso tranquilo a su cama y sin remordimiento alguno, perezoso como gato se acurrucó en ella. Mientras por dentro Saga se dolía profundamente al saber que pronto, toda conexión que Afrodita tuviera con su pasado familia y el mundo normal, su última oportunidad de salvación, sería destruida por completo, y su hermano nunca sabría sobre su verdadera familia ni sobre ese otro futuro que pudo haber tenido como un chico normal. Nunca sabría que había tenido otra opción. De ahora en adelante, sólo quedaría Afrodita de Piscis y viviría y moriría como tal. Esa rosa, nunca sabría la verdad tras ella…
Y es un signo.
Día dado.
Es la oscuridad.
El juego ha terminado, estoy perdido, por mi culpa
Hasta hoy sólo me han enseñado que el único responsable de mi destino soy yo, "aunque quisieras no puedes culpar a nadie más, tú elegiste tu camino" es lo que siempre me dijeron, es lo que dicen las grandes filosofías da la hoy llamada "Nueva era". Pero ¿se puede llamar elección propia, cuando te coaccionan a elegir, cuando la vida te obliga a tomar un camino aun cuando no lo quieres?. Es muy fácil educar a los humanos para hacerles creer que todo es su culpa, de esa manera, los verdaderos culpables no aceptan responsabilidades. Ni sucumben al castigo de ningún tipo. Así las víctimas no intentarán hacer justicia por propia mano.
¿Quién elegiría sufrir conscientemente?
Yo NO elegí mi destino, y cada acción que sobrevino, equivocada o acertada, me condujo al lugar en que estoy ahora, más errores que aciertos, y a fin de cuentas, un paso tras otro, ninguno fue por mi verdadera voluntad. Fui forzado a este destino. No aceptaré una culpa que no es mía.
¿Puede una persona culparse porque un ebrio lo atropello y acabó con su vida? ¿Puede una mujer ser culpable de ser abusada y asesinada por un loco que sucumbió a sus bajas pasiones? NO.
¿Puedo ser culpado por mi locura, por mi dolor? ¿Por haber sido forzado a seguir y defender a un hermano perdido hasta mi final? ¿Porque cada paso que di, fue enteramente manipulado, premeditado, para hacerme caer en el error y ser castigado por eso?
NO
NO MÁS MENTIRAS, nosotros no somos responsables de todo lo que nos pasa. BASTA DE LAS MENTIRAS DE LOS DIOSES, DE LOS ILUMINADOS, NO MAS…
Pero de todo esto, de tanto error, me llevo un gran tesoro, al fin una lección aprendida, al fin puedo ver claro la verdad, se pierda mi alma o no, me ha liberado. ¿Tarde? Tal vez, pero puedo morir esta vez de verdad, libre de las cadenas que ataban mi alma y mi entendimiento.
La humanidad no es culpable de todo, no es tan terrible como se le ha dicho, los humanos tienen su lado malo, pero también se esconde en ellos la clave para terminar con este infierno. No son langostas que arrasan lo que tocan, son sólo niños perdidos en la noche, y quizá cuando sus ojos puedan ver de verdad la luz, el reino de los Dioses, sucumbirá bajo sus pies y la humanidad tomará el lugar que verdaderamente le corresponde. Los humanos, ya no serán más los Dioses olvidados, porque recordarán su propia divinidad.
Si tuviera derecho a un último deseo, ese sería gritar la humanidad la verdad que he descubierto, pero el tiempo, cruel e inexorable no me dará ese gusto.
Sin embargo, si luego de esta nada, no es la nada sino un nuevo infierno el que me espera, esta vez, no veré pasar la eternidad frente a mis ojos, esperando que algún poder divino me salve, ahora sé que estoy solo, por mi cuenta. Siempre fue así, no existe tal Dios que ha de salvarme, porque eso me corresponde a mí y sólo a mí, nadie más que yo puede mantenerme a salvo y está vez voy a pelear por lo que de verdad es sagrado: Mi alma mi vida y mi derecho a ser libre, y esta vez voy a pelear por el único Dios al que siempre debí adorar, Yo. Tomaré mi miseria y la convertiré en mi fuerza, no sucumbiré ante una mentira, no esta vez.
No, no aceptaré este destino, si no me queda nada más que mi alma, voy a pelear por ella, y juro que nunca nadie más que yo, ha de poseerla.
Mi alma se desvanece, cada vez más… Pero… ¡Mira, mi última rosa roja se ha vuelto blanca! Debe ser una señal. No puedo evitarlo y sonrió con sinceridad.
Sé que hay un camino y lo voy a encontrar, y si la felicidad existe, sé que pelearé por ella. No estoy sólo en esta cruzada, hay muchas almas más que seguro han despertado de su letargo.
Más vale que los Dioses se preparen… porque pronto la humanidad despertará de su sueño.
Me desvanezco, y en este último segundo, mi legado, mi último deseo es este: ¡Vuela! mi último pedazo de conciencia, y como rosa sangrienta clávate en un corazón, más no absorbas su sangre, sino llénalo con lo que he aprendido, con la verdad que al final he logrado ver, y has que lo repita, que pase este conocimiento, ya sea en una canción, en un poema, en un escrito, que sea mi mensajero, o mensajera, y que la humanidad conozca la verdad tras esta rosa.
Todos somos rosas, con espinas para defendernos, y como ellas, somos creaturas hermosas, llenas de magia, poder y belleza, símbolo de nobleza y amor, nunca más debemos confundirnos con hierba mala, ni con cicuta que envenena. Toma tu lugar en el jardín de la vida y florece orgulloso para embellecer este mundo, florece en tu propio color, roja como la pasión, blanca como la pureza, rosa como el amor más limpio, azul como la sabiduría, negra como la sabiduría oculta reservada a los grandes, amarilla como la amistad, o multicolor como el alma humana, pero jamás olvides que no eres polvo que en polvo se convertirá, eres hijo de la Madre Tierra y llevas contigo su grandeza, busca dentro de tus pétalos la semilla de la verdad, y florece orgulloso sin bajar la cabeza ante falsos Dioses, porque el único Dios que te salvará y hará una verdadera justicia, eres Tú mismo.
¡Vuela mi verdad! Plántate en un corazón y has florecer este mi mensaje, el ultimo legado, de Afrodita de Piscis…
…
Cuando un estruendo resonó en el largamente olvidado santuario de Athena, la gran roca que se erguía con la forma de trece hombres, se desmorono dejando sólo polvo, vestigios de un derrumbe, uno más en el derruido y abandonado santuario. Ese que no es ahora más que un mito, ruinas que fueron la inspiración para que un japonés, escribiera una obra de fantasía.
Pero entre la tierra, un milagro brilló a la luz del sol, una semillita dorada que al recibir los primeros rayos, brotó con velocidad asombrosa rodeada de un brillo dorado.
Una rosa blanca de etérea materia floreció y cual saeta se desprendió de la tierra, con rumbo desconocido, para cumplir la última voluntad, del Dios olvidado que le dio vida. Buscando el corazón en el cual habría de plantar el mensaje para la humanidad. Y volando lejos llegó hasta el otro lado del mundo.
Allí donde, una chica sentada frente a su computadora creaba una cuenta y pensaba en cuál sería el nombre que mejor la definiera como escritora aficionada.
- ¿Zorra de nueve colas? Nah… demasiado oriental. Mm… ¡MoonlightShadow! Noo… demasiado gringo –se dijo desmotivada. –Tiene que ser algo que me guste, que me represente honestamente… Veamos, me gusta la magia y la fantasía, la imaginación que se despierta en las sombras de la noche, cuando sin las interrupciones del día, puedo inspirarme y ser yo misma, cuando soy emperatriz de mi mundo… Creo que-¡Hey! ¿y eso?
Mientras tecleaba, vio una saeta blanca entrar por la ventana ¿una paloma?. Asomándose al costado, descubrió una hermosa rosa blanca clavada en la alfombra.
- ¡La Rosa de Guadalupe! –se dijo corriendo lejos de esa cosa endemoniada.
Luego de unos segundos de esconderse, sacó la cabeza y miró la flor. No parecía soltar vientecito ni canticos así que con más confianza se acercó. ¿Cómo había llegado ahí? Se inclinó por ella pero al tratar de tocarla, la vio clavarse en su corazón, y sin dolor alguno, adentrarse en el hasta desaparecer como un fantasma. –Y eso… ¿¡Qué diablos?!...
Sin saber cómo interpretar lo acontecido se sentó por segundos, sólo mirando la pantalla de la computadora. Sorprendida buscó respuestas en el internet y luego de un par de horas buscando nada explicó el fenómeno que acaba de presenciar.
A la mañana siguiente…
- Buenos días mi amor –dijo acariciando con cariño a quién se acurrucaba a su lado –sabes… es extraño pero, hoy me siento especialmente inspirada. ¡Vamos desayunemos algo ligero! Creo que hoy, tengo mucho que escribir…
*…*…*
¡Ok Feliz Cumple Años Afro! Celebrando 40 años de Saint Sieya y este hermoso caballero, gracias Kurumada por haber diseñado a tan hermoso Ángel (y jodete por joderlo tanto, que incluso otros autores supieron sacarle más jugo a tu personaje que tú .I.), Y gracias Shigo Araki por haber plasmado a Afrodita con su verdadera belleza original y merecida.
Hace años había publicado este fanfic y ahora que lo republicó sólo lo refresqué un poco, espero que a las nuevas generaciones les guste.
Quiero aclarar que este fanfic no es contra Sasha, Sendai, ni Saori Kido, sino contra Athena, la verdadera, es contra los verdaderos Dioses Griegos quienes siempre me parecieron una bola de humanos con superpoderes arrogantes idiotas consentidos abusivos y muy hijos de la chi***da, es también contra los Dioses Católicos, Babilónicos, Islámicos, contra todos los falsos Dioses que hemos tenido a lo largo de la historia humana.
Deseo les haya gustado este fic, algo oscuro y triste, pero verdadero, como dice la canción de Katy Perry "Despierten leones y vamos". Es el último legado de Afrodita de Piscis luego del cruel y creo que muy injusto castigo de los Dioses en Tenkai Hen Overture, en el cual Athena como siempre valió queso para defender a sus santos, pero creo que valió queso a propósito. Afrodita es uno de mis personajes favoritos, y creo que uno de los más incomprendidos en todo sentido, nadie entendió sus razones ni preguntó por su pasado, sólo lo juzgaron por su belleza, asumiendo que llevó una vida fácil. Recuerden que las apariencias engañan, y el que vive de las apariencias vive en la mentira y la más absoluta ceguera. Pero el que tenga ojos para ver que vea, la verdad tras la rosa. El propio Kurumada ya se cansó de explicar a su personaje en todos los sentidos, pero en mente cerrada no entra entendimiento.
ALV NWO
Y esta es la verdad, los humanos no somos tan malos como nos han hecho creer, no digo que no sean crueles y malvados porque eso lo he plasmado en otros fics, pero tampoco somos la mier… que los que están en el poder, los verdaderos responsables de los males de este mundo, nos han hecho creer. Así que le pido a todos busquen la verdad tras la rosa, porque aunque les parezca sin sentido, la canción trae un fuerte mensaje y también creo que el personaje de Afrodita, a quien pintaron como el malvado, es realmente uno de los que más dice la verdad en la serie. Un Dios que no es capaz de protegerse a sí mismo y necesita de tu energía, amor y libaciones para sobrevivir, ¿Cómo te va a proteger y defender a ti?. Todo lo que está pasando con las mujeres en el mundo, ¿Dónde diablos está Dios? ¿Zeus? ¿Allah? ¿Jehová?. Una señora me dijo "hay que tener fe, Dios sabe lo que hace" Bueno YO CREO QUE NO, y no hay que tener fe, sino la fuerza para enfrentar el mal y ponerle un alto. Esa es nuestra verdadera misión.
Este fanfic es más que sólo un fanfic pero sé que muy pocos entenderán a lo que realmente me refiero, pero el que comprenda estas líneas sabe más que muy bien a qué me refiero. Ni me pregunten porque el que no entendió todavía le falta camino por recorrer. Pero si tú estabas buscando una respuesta y entendiste, aquí en este fanfic y estas palabras, aquí está tu respuesta.
Deseo que los que puedan leer y ver más allá de la letra, aprendan de este fic la verdad que se esconde tras esta rosa y la historia que cuento de mi Afrodita de Piscis. Este fic esta tanto dedicado al sufrimiento y las razones del personaje, como a todas las personas que tengan ojos para ver. Este es el fanfic que dio origen a mi Fanfic Spin Off "Hand Of Sorrow" que nos cuenta la historia de Saga desde su perspectiva y como fue para él Afrodita su mayor pilar hermano y guardián. Es un fanfic Drama/Familia. Y mientras este fic "La verdad tras la rosa" nos cuenta el nacimiento y final del pequeño principe Maximillian (Afrodita), crianza a manos de Artemis y final absoluto del Tenkai Hen desde los ojos del propio Afrodita, Hand of Sorrow nos muestra su adolescencia y crianza en el santuario bajo el manto de "Arles" hasta su muerte en las doce casas, ya no como Maximillian Vasaborg ni Afrodita de Rosenørn-Lehn, sino como sólo Afrodita de Piscis, desde la mirada de Saga.
Y quiero aclarar que ese ser que amanece en la cama de la escritora al final de este fanfic, es mi querida y finada gatita una enorme y adorable creatura de nueve kilos, ella estuvo todo el tiempo acompañándome cuando recién escribí este fic, al pie de la letra, siempre echada a lado, y ahora que ya no está republico este fanfic dedicándoselo a ella. En gloria gatuna estés mi pelos adorada.
A quien quiera leer el fanfic spin off de este, está en esta misma página en mi perfil, es "Hand Of Sorrow"
A quien quiera conocer a mis personajes originales en mi Deviant Art están sus fanarts. Creo que amaran a sus tres suegros, Artemis su padre de crianza, Maximillian su padre biológico y al suegro putativo su Abuelo Materno Arvid. Es una lástima que a diferencia de otras páginas, Fanfiction no nos deje agregar al menos una imagen en nuestros escritos. Hay más respecto a esta historia, pero los fanfics que siguieron a este, los publicaré en las páginas donde sí hubo respuesta, aquí en fanfiction agradezco a las dos personas que leyeron y dejaron comentarios, y espero hayan disfrutado el fanfic, tengan un feliz 2024. A las personas que enviaron PM muchas gracias los contestaré igual en PM en estos días, sólo pido un poco de paciencia pero sí contesto. Muchas gracias por el apoyo.
¡Me voy de vacaciones otra vez, no sé cuando regrese, deséenme suerte y descanso! (y que me encuentre con varios galanes del anime XD)
