Spectacular Lincoln Loud
SAGA II PATERNITY — PATERNIDAD
Capítulo 6 I Can't Stop Loving You
"So I've made up my mind"
—¡Osborn para alcalde, abajo los mutantes!
Se escuchaba la repetición de las multitudes incluso desde el octavo piso del hospital, donde fueron a parar tanto Ronnie, Lisa, Gwen y Clyde. El capitán Stacy afirmó estar bien, pero unas radiografías mostraron unas costillas rotas.
—¡Tengo que ver a mi niña!—ordenó el capitán.
—Usted tiene que descansar.—ordenó el Doctor Howard McBride, llevando un collarín en el cuello—Estarán en buenas manos, usted en cambio, si sigue moviéndose va a perder movilidad.
—Es mi hija…—dijo el Stacy llevándose una mano a la cabeza y recostando la cabeza en la cama del hospital, estaba en el piso tres.
—Y también es mi hijo.—dijo fríamente el señor McBride—Me preocupa tanto como a ti George, pero si nos mostramos débiles, ¿Qué ejemplo le estamos dando?
—Tu fuiste el que se alteró en la última reunión de campo cuando a Clyde le pico una abeja.—dijo el Capitán riendo, para luego gruñir de dolor.
—Desde que tuve el incidente con el cuello he tenido que relajarme más.—afirmó el doctor terminando de hacer "la revisión de rutina".
Ellos hablaban con tranquilidad mientras que en el octavo piso les tomó a los niños horas hasta poder hablar, solo intercambiaban miradas incomodas ocasionalmente, esto hasta que ya en la tarde Clyde confesó:
—No puedo dormir aunque estoy agotado.
—Yo tampoco.—admitió Gwen al mismo tiempo que Ronnie lanzaba un profundo ronquido.
—Debería estar trabajando con el señor Osborn y no en este hospital, ya declaré que estoy bien.—dijo Lisa intentando moverse, pero volviendo a recostarse por un fuerte dolor en su espalda.
Después de casi otra media hora en el hospital, a la habitación con los cuatro niños entraron diversos visitantes, aunque solo dejaban dos por cama:
—Lisa, ¿Eres tú bebe?—se acercó su madre a abrazarla y darle besos mientras intentaba no tocar ninguna de las vendas con heridas—¿Qué te paso?
—Hola unidad materna, unidad paterna.—saludó con simpleza Lisa como si estuviera sentada en una silla del comedor.
—Siempre una piedrita difícil, ¿No es así hermanita?—dijo Lori que iba de la mano de su novio—Tengo que pasar con Ronnie, o nos van a echar, pero me tranquiliza que estés bien.—le apretó ligeramente la mano.
La mayor de todas las Loud estaba intentando estar tranquila, pero su novio estiraba porque estaba impaciente por cruzar al otro lado de la habitación donde Ronnie Anne dormitaba.
El referido como Bobby tomó un asiento al lado de la cama de su hermanita y la tomó de la mano mientras lloraba un poco debido al impacto de ver todo su brazo recargado en un aparatejo especial. Esperaron en silencio tanto él como Lori, ella incluso le acomodó el cabello a Ronnie.
Seguidamente entraron tanto Lincoln Loud como Peter Parker, los cuales habían ido primero con el Capitán Stacy, para que este les diera el permiso legal de ver a Gwen en la parte superior, Peter fue directo, mientras que Lincoln también hizo la desviación hacia Lisa para intentar abrazarla, pero su madre acaparaba todo el espacio vital de Lisa y su padre se negó a apoyarlo, él sabía perfectamente lo que pensaba su padre.
"¿Por qué siempre esperas en mostrar interés hasta cuando ya es demasiado tarde?"
Se fue cabizbajo, pensando que seguramente era su culpa que todos ellos estuvieran ahí, de no haber alucinado con ese tonto gas su prioridad hubiera sido sacarlos a todos, pero no, casi rompió las costillas del capitán de policía, dejó en peligro mortal a sus mejores amigos y su hermana quedó lastimada. Por si fuera poco el culpable seguía fuera, campando a sus anchas.
Desde su penthouse en el corazón de Nueva York, Norman Osborn se encontraba campando a sus anchas, sin ningún médico innecesario revisando sus signos vitales y con apenas una vendita en la frente que quería quitar en cuanto pudiese porque arruinaba mucho su porte.
Norman sonreía después de aquella traumática experiencia, si algo le enseñaron es a nunca mirar atrás. Tomó su celular para marcar a esa niña genio, definitivamente su lugar estaba entre las filas de Norman, tenía un proyecto muy grande y ambicioso de siniestras consecuencias.
Momentos antes, en el hospital.
—¡Clyde!—se acercó Harold McBride sin su traje de policía junto a su esposo Howard, el cuál sí llevaba bata de médico y pidió a la recepcionista de la sala infantil que, a menos que fuera emergencia, nadie interrumpiera la visita.
—¡Papás!—abrió ambos brazos para que lo abrazaran, cosa que ambos hicieron sin dudar, aunque teniendo cuidado de no aplastarlo.
Justo en la cama de enfrente se encontraban Lincoln y Peter a ambos lados de una poco animada Gwen Stacy:
—Oh vamos Gwen, di algo.—intentó animarla Lincoln tomándola del mentón.
—Cuidado amigo.—le dio un golpe Peter, pero Lincoln lo detuvo instintivamente con prisa, causando que la mano de Peter saliera elevada en el aire y casi chocara con la pared de enfrente—¡Dije cuidado!
Gwen se quedó extrañada abriendo mucho los ojos mientras miraba de uno a otro lado, entonces a Lincoln se le ocurrió rápidamente una idea.
—Jajajaja, que buena Peter.—guiñó el ojo—Lo hiciste mejor de cuando lo ensayamos…—volvió a guiñar el ojo una segunda vez mientras volteaba su cara para que Gwen no lo viera.
El joven Parker acariciaba su mano, estaba seguro que en su dedo iba a tener un morado, estuvo tentado a reclamarle por el golpe ahí a Lincoln, enfrente de sus padres y el doctor McBride para que así tuviera que explicar su fuerza y se metiera en problemas, pero una promesa era una promesa. Simplemente fingió que se dejaba de sobar sus dedos enrojecidos y comenzó a reír de manera lenta y forzada, lo suficientemente convincente para que Gwen dejara de prestarles atención y volviera a mirar al frente.
—Al menos todo va a volver a ser normal a partir de ahora.—dijo mientras inhalaba y exhalaba.
—Sí, Lincoln y yo estaremos todo el día en la escuela para ti.—dijo Peter con sinceridad, al mismo tiempo le mandaba una sonrisa sincera.
—Y también después de la escuela, solo avisa que nuestro proyecto lo hacemos en… Lejos.—intentó pensar Lincoln rápidamente una ubicación creible, al ver que no lo conseguía, soltó lo primero que le vino a la mente.
—Gracias chicos, los tendré en cuenta.—le dio un beso en la frente a Peter, seguido de uno a Lincoln en la mejilla, demasiado cerca de los labios, tanto que Lincoln casi podía saborear—Pero solo quiero ver a mi papá…
—Es algo que puedo entender.—dijo Peter acomodando su cabeza en la almohada—¿Recuerdan cuando estábamos los cuatro sentados en una banca justo afuera de la capilla funeraria de mi tío Ben?—miró especialmente a Lincoln sabiendo que él sí que recordaría ese día.
—Sí…—río Gwen con un brillo en los ojos—¿No fue cuando Clyde se le cayó el helado en su traje?
—Y tu llegaste con los lentes al revés.—admitió Peter acomodando el objeto.
—Oh sí lo recuerdo.—dijo Lincoln un poco más dolido de lo que quería admitir.
"To live in memory of the lonesome times"
Estaban los cuatro niños, tanto Lincoln, como Peter, Gwen y Clyde, compartiendo una sola banca en medio de un pasillo silencioso a mitad del verano. Detrás de ellos había llantos provenientes de la sala, los pocos invitados familiares que entraban, veían y no podían creerlo.
Ben Parker, un hombre justo y de buen corazón, asesinado a sangre fría en medio de un callejón. La policía investigando por todos los rincones de la ciudad, pero nada parecía dar frutos. Solo eran llantos de gente mayor que acababa de perder a alguien más en aquella insegura ciudad.
De todos, Peter era el más preocupado, debido a que no podía ver a su tía, cada vez que hablaba con ella empezaban a llorar, y Peter estaba cansado de llorar. Se limpiaba con la manga de su traje para fingir que era fuerte, que podía soportarlo, pero sus ojos rojos y su moqueo incesante solo demostraban lo contrario.
Clyde y Gwen abrazaban a Peter para hacerlo sentir mejor, mientras que Lincoln miraba hacia al frente, recordando las palabras del hombre que estaba enterrado detrás de las paredes que tenía a su espalda.
Pero estaba nervioso, no sabía qué iba a pensar Peter de todo eso, lo más seguro que era un bicho raro, y posiblemente lo iba a culpar de la muerte de Ben, pero no, Lincoln no pudo hacer nada, por más que lo intentó.
Hubo un momento de silencio, en el cual tanto Clyde como Gwen tuvieron que levantarse, la chica dijo que si querían volver a entrar al velorio, iban a tener que limpiarle el helado del chaleco manchado de Clyde.
Lincoln y Peter quedaron solos.
—No has dicho nada.—dijo Peter con cierto deje de reclamo en su voz a la vez que moqueaba un poco.
Lincoln miró de uno a otro lado, no había nadie, estaban solo ellos dos en el pasillo. Y había hecho una promesa.
—Lo siento amigo…—intentaba buscar las palabras—Tu tío me obligó a hacer una promesa.
—¿El tío Ben? No tiene sentido, no han hablado tanto, bueno ahora él ya no podrá hablar más.—dijo Peter limpiándose las lágrimas—Bueno, sí has ido a mi casa…
—No lo entiendes.—dijo Lincoln adolorido—Tengo que mostrarte algo, es muy importante.
—¿No puede esperar?—preguntó Peter molesto de brazos cruzados—Hoy no es un buen día.
—No, no puede esperar, porque fue una de las últimas voluntades de tu tío.—dijo Lincoln a la vez que Peter levantaba la cabeza molesto—Dejame explicarte, tiene que ver con Spider…
—¡No digas ese nombre!—le dirigió una mirada de desprecio—Odio a ese tonto niño…
Claro que Peter iba a odiar la tonta leyenda del niño araña que iba y golpeaba criminales de poca monda, sobre todo si un testigo policía lo vio huir de la escena del crimen donde mataron a Ben Parker, y eso había salido en todas las noticias.
Fue entonces que la mente de Peter se activó, miro a las puertas de la capilla funeraria, luego a Lincoln que le pedía ir a un jardín oscuro. Entrecerró sus ojos y decidió seguirlo.
"I CAN'T STOP LOVING YOU"
Aquellos recuerdos lejanos volvieron a aterrizar en la mente de Lincoln Loud, mientras sentía que había fallado su promesa. No del todo, pero al menos sabía que las palabras ahora contaban con mayor peso. Había fracasado en detener a Mysterio, y ahora mucha gente que le importaba estaba lastimada. Peter intentó sonreírle, pero Lincoln se cruzó de brazos y dio media vuelta.
Pasó por todas las camas de hospital, incluso en la de Ronnie Anne, aunque la chica latina estaba bastante enojada en general. Cuando estaba en la cama de Lisa, fue entonces que el celular de la menor comenzó a sonar.
—Debe ser importante.—intentó quitarse un vendaje Lisa para tomar su teléfono, pero fue Lincoln el que tomó la llamada, mientras los padres intentaban calmarla.
—Buenas tardes, celular de Lisa Loud, al habla su hermano.—dijo la presentación más formal que pudo, sabiendo que a veces le llamaba gente importante universitaria, o doctores.
—Esa voz…—escuchó un susurro detrás de la línea, los pelos de Lincoln se pusieron de gallina.
—Yo lo conozco.—dijo abriendo mucho los ojos, provocando que tanto sus padres como Lisa voltearan a verlo.
—¿Me conoces jovencito?—preguntó entonces con claridad la fuerte y segura voz de un hombre—Interesante…
Lincoln cerró y abrió los ojos asustado sin saber del todo bien de quién era esa voz, solo que la reconocía… Hasta que finalmente cuando escuchó la palabra "interesante", ese tono solo podía ser de alguien.
—Sí, usted salió en la televisión, ¿Señor M…or…son?—fingió no reconocer el nombre—Dio un discurso muy bueno y todos en mi escuela lo vimos.—dijo con una sonrisa retorcida, intentando enseñar todos los dientes.
Si Lincoln hubiera estado enfrente de Norman Osborn, este no hubiera tenido la más mínima oportunidad de mentir. Pero al estar frente al teléfono, dando respuestas concretas, logró al menos no volverse el centro de atención del hombre tras la línea telefónica.
—Es señor Osborn para ti.—dijo Lisa escandalizada—Dame mi celular.
—Sí, niño, muy interesante.—dijo Norman fingiendo que no le interesaba nada esa conversación—¿Está presente la doctora Loud? Tengo una conversación de negocios importante que realizar con ella.
—Bueno, ella está aquí hospitalizada, se quebró un…—intentó explicar Lincoln, pero fue interrumpido.
—Entonces sí está. Sé un niño amable y dale su teléfono, ¿Podrías?—ordenó Norman.
—Sí… Señor Osborn.—dijo Lincoln lentamente mientras cerraba sus ojos y pasaba el teléfono a Lisa—Doctora.
—Gracias unidad fraterna masculina.—dijo Lisa tomando el teléfono sin emoción alguna en la voz—Señor Osborn.—dijo cargada de emoción—Solo un chequeo de rutina, nada fuera de lo normal.
—Su hermano dijo que estaba hospitalizada, doctora Loud, ¿Por qué usted sí quedó hospitalizada si yo estaba ahí también? ¿Quiso acaso escapar del trabajo?
—No, no, no, señor Osborn, mucho menos.—intentó negar Lisa, sin saber que estaba justo donde la querían—Simplemente procedimientos médicos que legalmente debo cumplir por esa complicación de ser menor de edad.—dijo de forma despectiva esa situación.
Tanto Lincoln, como Lynn Senior se miraron preocupados, mientras Rita descansaba en una silla al lado. No les estaba gustando a los dos las palabras que Lisa estaba usando.
—¿Esa va a ser la excusa que va a usar doctora Loud? ¿Qué es menor de edad?—dijo decepcionado el señor Osborn mientras caminaba por su hogar lleno de lujos—¿Está segura?
—No, no, solo… ¿Qué le parece si comienzo a trabajar desde mañana con…?—intentó regatear Lisa.
—Nada de trabajo cariño.—la interrumpió a la distancia el Doctor McBride—Ese hombre nunca entiende la importancia del descanso, no dejes que te envenene.
—Disculpe Doctora Lisa, ¿Hay alguien más en la llamada?—preguntó Norman abriendo su refrigerador, quería un buen champán.
—No, nadie.—dijo Lisa rodando los ojos—No se preocupe señor Osborn, iré a trabajar mañana.
El señor Loud había escuchado lo suficiente, había permitido a su hija realizar el trabajo con la empresa Oscorp, pero tenía un par de cosas que decirle a su jefe, así que tomó el teléfono a pesar de las quejas de Lisa:
—Buenas tardes señor Osborn, ¿Me equivoco?—dijo con tranquilidad mientras que una vena se formaba en su cuello.
—Al habla, ¿Quién es?—preguntó Norman encontrando la botella indicada—Y dese prisa, el tiempo vale oro y necesito comentarle detalles de un proyecto a la Doctora Loud.
—Soy su padre, señor.—dijo el señor Loud con autoridad, aunque Lisa negaba rotundamente con rapidez, pero su madre no le dejaba levantarse—Y tengo un par de cosas que decirle.
—Yo también, primero, modales jovencito.—dijo el Directivo destapando la botella.
—Tengo el permiso legal de que usted contacte, o no, a mi hija, así que si tanto desea hablar con ella, escuche por favor.—dijo el señor Loud intentando tener tacto.
—Pocas personas se han atrevido a hablarme de esa manera, tiene toda mi atención, señor Loud.—dijo Norman sirviéndose champán y sentándose frente a una computadora.
—Mi hija va a estar en reposo durante los siguientes días, usted no tiene derecho a llamarle hasta que ella salga.—dijo el señor Loud intentando sacar el pecho.
—¿Eso es todo?
—Realmente no me interesa lo que usted sea, señor Osborn.—admitió el señor Loud molesto—Solo le estoy diciendo que entienda que Lisa es una niña, no una máquina.
—Aún…—susurro Norman llevándose una mano al mentón e insertando "Loud" en su buscador—De todas maneras, ¿Entonces me está diciendo que legalmente no puedo contactar a su hija hasta que ella se libere de las molestias hospitalarias?
—Así es.—dijo con seguridad el hombre.
—Excelente, gracias por su honestidad, adiós.
Norman colgó la llamada y se sorprendió que en su sistema solo tenía dos nombres con el apellido "Loud" activo, aparte de la pequeña Lisa, uno de ellos era una jovencita rubia de dieciséis años trabajando en un centro comercial. Y el otro era la foto de un hombre con calvicie crónica, trabajando en una empresa tecnológica que era parte de su cadena de procesos.
—Así que, Lynn Loud, padre de trece.—dijo dando un sorbido a su champán—Único sustento económico de una familia de clase baja, una lástima, pero el saldo de Lisa deberá bastar.
Un solo botón fue necesario para que la cadena de eventos se desatara. Al igual que cuando el batido de una mariposa en Pekín, genera un tornado en Nueva York, ese botón había sido el batir de la mariposa. En ese momento Lisa se enojó, provocando que Lincoln tuviera que alejarse de su hermanita y volviera con Gwen y Peter. Peter al ver la cara de Lincoln, no pudo evitar sentirse mal, era su turno para animarlo:
—Todo va a salir bien Linc, ya verás, confía en mí
"I CAN'T STOP WANTING YOU"
—¡Terminamos Dorothy!—gritó una enfurecida chica afroamericana mientras empujaba a un chico pelirrojo.
—¡Pero Liz! ¡Cariñito!—intentaba levantarse Chandler a mitad del pasillo, atrayendo miradas indiscretas.
—¡No me vuelvas a hablar Jason Dorothy Chandler!—gritó enfurecida la porrista al mismo tiempo que se dignaba a dar media vuelta y escupir al chico, el escupitajo le dio en toda la cara.
Aquella escena era un par de días después de todo el caos del hospital. Estando cerca de la noche de Halloween. Todos, menos Ronnie, habían salido del hospital sin daños severos, aunque Norman seguía sin responder las llamadas de Lisa y Lincoln notaba en su casa a su padre cada vez más preocupado, pero fuera de esos detalles, todo seguía normal. Exceptuando claro que Liz estaba rompiendo con Chandler.
—Oh no, ojala hubiera tenido una cámara para el momento del escupitajo.—se quejó Peter Parker a la vez que Clyde reía descontroladamente.
—¿Soy la única que acaba de enterarse que el segundo nombre de Chandler es Dorothy?—comenzó a hiperventilar Gwen lanzando una risa que terminó con ella haciendo ruidos de cerdito.
—Yo también lo acabo de aprender.—tuvo que admitir Peter mientras se recargaba en un casillero para aguantar la risa.
Había tanta gente en el pasillo que ellos no eran notados por nadie.
—Yo ya lo sabía.—dijo Lincoln acomodando su chaqueta y mirando a otro lado, nunca le gustaba ver a Chandler directamente, le traía malos recuerdos.
—Se lo merece.—dijo secamente Liam que se permitió sonreír después de haber estado mucho tiempo en silencio.
—Hablarás poco Kasady, pero cada que lo haces das en el clavo.—dijo Clyde quien estaba llorando de la risa.
Tuvieron que llegar varios maestros para llamar la atención a todos los alumnos y que se despejaran, siempre que se tenía una oportunidad se hacía referencia por toda la secundaria del chisme, Chandler, el capitán del equipo de futbol, y Liz, la capitana del equipo de porristas, habían terminado. La dinamita no tenía la misma capacidad explosiva que la divulgación de rumores por internet.
Lo más gracioso de todo eso, para Lincoln, era que finalmente Chandler estaba probando un poco de su merecido después de haber sido todo un cretino durante tantos años con él y Clyde. Llegó la hora del receso, y estaban sentados todos, menos Gwen en la mesa más apartada de la cafetería, comentando nuevamente sobre que si Chandler había llorado en los baños o las regaderas.
Finalmente, a eso de la mitad del desayuno, apareció Gwen Stacy por las puertas de la cafetería, llevaba cargando un periódico y daba saltitos de alegría.
—¡Peter! ¡Peter! ¡Lincoln! ¡Lincoln!—gritó acercándose a la mesa de sus amigos y tirando el periódico en medio de la mesa.
—Clyde, Clyde, Clyde.—dijo el chico ofendido de que lo dejaran fuera—¿Qué paso Gwen?
—¿Recuerdan la tarea que entregamos la semana pasada?—dijo Gwen ansiosa provocando que Lincoln voltease a ver a Peter.
Peter abrió mucho los ojos y asintió. Entonces Lincoln entendió, una tarea que Peter Parker había hecho mientras que él se encargaba de ser héroe.
—Bueno, resulta que de toda la secundaria, nuestros trabajos de investigación fueron seleccionados como los dos mejores.—dijo Gwen mostrando la página diecinueve.
Todos vieron la sección de "Escolares" donde se mostraban diversas noticias del mundo actual, al menos tan actual como un periódico podía ser. En esa sección había divisiones para las ligas juveniles de futbol americano y en un cuadro en la parte inferior de la página había una pequeña nota donde explicaba que la revisión de los mejores ensayos de la secundaria Everdeen había concluido y ganaron acceso a la oportunidad de ser aprendices de los doctores Connors. Dos de los doctores más prestigiosos de américa por sus amplios estudios en cadénas de ADN de animales e insectos.
—Los alumnos como Gwen Stacy, Liz Shawn, Peter Parker y Lincoln Loud han mostrado algunos de los mejores trabajos en años, y han ganado una oportunidad para ser entrevistados en persona por los Connors para formar parte de su equipo en los laboratorios STAR.—leía Peter con mucha emoción en la voz mientras sus ojos brillaban—Dios, si me contrataran podría al fin apoyar a mi tía…
—Interesante.—dijo Lincoln fingiendo interés solo porque el resto de sus amigos lo hacían.
—¡Dame esa hoja!—arrancó Gwen el papel del periódico y se levantó de golpe—¡Tengo que mostrárselo a Liz!
—Tal vez no sea el mejor momento…—intentó persuadirla Lincoln respirando lento para evitar reaccionar rápido si Gwen intentaba golpearlo—Ya se fue, ¿Verdad?—dijo al no sentir nada.
—Sip.—dijo Peter cerrando el periódico y comenzando a hojearlo—Curioso, antes nuestros padres consideraban esto como un medio de noticias al momento y ahora tocar uno es ocasión rara.
—¿Nunca te has puesto a pensar como era todo antes?—dijo Lincoln mirando al cielo—Imagínate montar un dinosaurio.
—Suena ridículo.—dijo Clyde riéndose.
—Hasta yo tengo que admitir que el periódico quedó tan desactualizada.—dijo Liam mientras daba una mordida a su patata cruda.
Peter siguió hojeando el periódico como si estuviera buscando algo importante, encontró una nota sobre que se buscaba algún remplazo para un tal "Eddie Brock" que fuera un periodista de Spiderman en el Daily Buggle. Peter dedujo que no habían visto su foto aún, estaba seguro que con sus capacidades iban a contratarlo. Volteó la página, yendo a una de justicia y leyes, la cual normalmente hubiera ignorado, pero entonces vio esa cara… Su rostro se puso pálido y comenzó a apretar los dientes.
—¿Peter?—se asustó Clyde alejando su comida restante lo más posible, como temiendo que fuera contagioso.
—¿Qué paso?—preguntó Lincoln tomando el periódico y no viendo nada raro, hasta que de repente leyó el titular de una de las noticias—Flint Marcus escapa de la cárcel por una segunda vez.—dijo en voz alta, primero no entendiendo, hasta que al ver ese rostro también la piel de Lincoln se puso pálida.
—¿Qué? ¿Quién es Flint Marcus?—dijo sin entender Clyde mientras él y Liam leían el titular.
—Lincoln tengo que hablar contigo.—dijo Peter levantándose—Ahora.
—Me alegra que lo dijeras.—dijo Lincoln también levantándose y comiendo gran parte de su manzana de un mordisco—Clyde, Liam, nos vemos de nuevo en las clases.—dijo intentando sonreír, pero se le notaba tenso.
Ambos fueron con celeridad hasta el tejado, una vez arriba Lincoln tomó una barra metálica y la puso en la agarradera de la única entrada. Acostumbraba hacer eso cada vez que debía cambiarse de ser SpiderKid a Lincoln Loud. Pero esta vez no necesitaba ese alter ego, sino apoyar a su amigo.
—Cuéntamelo todo otra vez.—dijo Peter mientras daba vueltas en el tejado y masticaba sus uñas.
—Peter, no creo que…
—Loud, estás hablando de la memoria de mi tío.—lo miró Peter con furia—Cuéntame todo otra vez.
—Puedo ir a atraparlo.—dijo Lincoln señalando el lanzatelarañas.
—¿Y qué vas a hacer? ¿Llevarlo a eso incompetentes que se hacen llamar oficiales?—dijo Peter sentándose en la cornisa de golpe, no le importaba si caía solo quería gritar y quitarse todo el peso en su interior—¡AHHH!
Su grito, aunque fue escuchado por varios alumnos, la mayoría ni siquiera podía imaginar de dónde venía, era difícil creer que hubiera alumnos en el tejado, usualmente se necesitaba una escalera de mano para llegar, pero cuando Lincoln tiene telarañas esa subida se vuelve solo cuestión de pegarse a él.
—Sé lo que quieres Peter, y no va a pasar.—dijo Lincoln poniendo ambos pies en la cornisa y mirando el suelo, si no hubiera estado tantas veces ya a muchísimos más metros de altura, estaría sintiendo que se caería en cualquier momento.
—Solo por una vez, ese hombre no merece vivir…—intentaba hablar Peter, pero se cortaba a sí mismo.
—¡A Benjamín Parker nunca le hubiera gustado que su sobrino dijera esas palabras!—alzó la voz Lincoln—Peter, aun si tu tuvieras estos estúpidos poderes, no te dejaría siquiera ir en caza de ese desalmado, sé de lo que eres capaz.—admitió Lincoln sentándose a su lado y mirando la ciudad sucia en todo su esplendor—Iré a atraparlo saliendo de la escuela.
—¿Y que vuelva a escapar?—preguntó Peter cerrando los ojos y recostándose en el techo, mientras sus pies colgaban al vacío—¿Con qué punto? Volverá a escapar.
—Lo volveremos a atrapar.—dijo Lincoln convencido—Me sorprende que la policía lo haya vuelto a atrapar, nunca supe que se fugara una primera vez.—tuvo que admitir, aunque comenzaba a pensar en una cosa que paso un par de semanas atrás, referentes a una joyería.
—Cuéntamelo otra vez.—repitió Peter viendo las nubes grises.
—No te hará ningún bien.—se puso en la misma posición Lincoln.
—Me hará liberar las lágrimas que necesito justo en este momento.—dijo Peter con toda serenidad—Ya después le das caza a ese hijo de puta.
"It's useless to say"
Lincoln dio una voltereta en el aire después de saltar a otro edificio, mientras más probaba esos nuevos poderes más sentía que en verdad estaba vivo. Aunque seguía sin entender del todo el mundo donde se quería meter, por primera vez podía considerarse a la altura de su héroe de la infancia, Ace Savvy. E incluso más poderoso.
Podía incluso ser admirado como los Cuatro Fantásticos o Tony Stark. El mundo estaba a su palma, cualquier persona común no tendría más opción que obedecerlo… Y nadie tenía que saberlo, iba a ser su secreto más privado. De no ser porque su tripa rugía.
—Oh vamos, estar saltando entre edificios no debe generar tanto dolor en el estómago.—intentó hablar consigo mismo mientras bajaba caminando por la pared de un edificio de cuatro pisos.
Para su sorpresa, al llegar a la calle principal encontró una tienda abierta, pasaban las tres de la mañana. Bajo por instinto sin quitarse la chamarra, a pesar de ser verano no quería que nadie viera su cabello blanco mientras estaba entre tejados, tal vez debía pensar en un gorro… O una máscara de cabeza completa.
Era una tienda de conveniencia donde solo estaba el cajero y un señor alto calentando palomitas en el fondo, así que ni se inmutó en saludar al cajero, simplemente se movió con soltura hasta que llegó al pasillo de los panecillos y busco algo dulce, era mitad de verano, ¿Qué importaba si no despertaba hasta pasado el medio día? Mientras su familia no supiera, todo estaría bien.
Tal vez Lincoln nunca hubiera visto nada si hubiera tomado el pay de manzana en bolsa y pagado para seguir recorriendo los tejados. Pero aquella vez todo era diferente. Fue por una soda para acompañar la cena nocturna, mientras rebuscaba en la parte de abajo para ver si encontraba una soda o bebida energética sabor naranja, fue sorprendido.
—¡Ah!—sintió Lincoln una extraña sensación recorriendo su cuerpo que hasta entonces nunca había tenido.
—Disculpe joven, es que no puedo leer las letras de…—habló un hombre mayor de edad con lentes para lectura—Un momento, ¿Lincoln? ¿Lincoln Loud? ¿Qué haces tú aquí, niño?
Ahí estaba Ben Parker, minutos antes de su muerte, reprendiendo a Lincoln por descubrirlo a las tres de la mañana rebuscando por una gaseosa. El niño primero sintió miedo, luego coraje, si él les contaba a sus padres de sus salidas nocturnas estaría metido en problemas. En aquel momento intentó pensar planes como darle un golpe tan fuerte en la cabeza como para que olvidara todo.
Aunque claro, esos detalles nunca aparecían en la versión que le contaba a Peter, eran detalles escabrosos de los que no estaba orgulloso.
—¿Qué hace usted aquí señor Parker?—dijo molesto Lincoln.
—Ja, ahórrate las preguntas, que decepcionante.—dijo negando el hombre a la vez que lo tomaba de la muñeca y tomaba unas pastillas de la estantería que ni siquiera se molestó en leer—Tienes once años jovencito, Peter se junta contigo, ¿En qué clase de líos estas metido? ¿No te da vergüenza?
Lincoln se limitaba a no contestar y mirar al piso con su rostro totalmente rojo de la humillación pública que estaba sufriendo, pensando que nunca tendría permitido volver a ver la luz del Sol más que para ir a la escuela.
—Tienes muchas hermanas, por lo que me cuenta Peter, ¿Qué crees que pensarían ellas si te vieran así?
Llegaron ambos frente al cajero a la vez que el tío Ben lleno de indignación tomaba su billetera de manera volátil y dejaba caer un billete único de cien dólares, junto a las medicinas que parecían ser para alguien con diarrea.
El cajero parecía tan habituado a la escena de un padre regañando a un niño que incluso evitó hacer cualquier tipo de comentario, solo dejo de lado los objetos que Lincoln había comprado, provocando que las tripas de niño rugieran.
—Son diecisiete con veintidós.—dijo el dependiente de manera automática aceptando el billete de cien.
—Vengo por medicina para mi Peter porque está muy enfermo y me encuentro con que uno de sus amigos es un delincuente juvenil, ¿Puede creerlo?—pregunta indignado el tío Ben—No como Peter, él sí es un buen chico.
—¿Enfermo?—preguntó Lincoln extrañado.
—Los grandes están hablando.—dijo el tío Ben tomando el cambio y guardándolo en la cartera mientras temblaba—Debería llevarte directo a la comisaría, eso debería.
—¿Va a secuestrarme para hacer eso?—dijo Lincoln mostrando los dientes.
El cliente que estaba preparando su comida en la parte trasera se acercó a la caja con demasiada paciencia, esperando que salieran por la puerta el padre y el hijo que estaban discutiendo.
Al final salieron a la fuerza, el carro del señor Parker estaba estacionado enfrente, así que le abrió la puerta de copiloto a Lincoln.
—¿A qué esperas?—le dijo molesto.
—Mis padres me dijeron que no debo subirme a coches de desconocidos.—dijo ya con maña Lincoln, claro que cada que le contaba a Peter, siempre accedía a la primera mientras lloraba de arrepentimiento.
Si Lincoln hubiera entrado, otra historia sería, tal vez nunca se le hubiera ocurrido en primer lugar arriesgar de esa manera su vida diariamente, pero el punto era que el pasado es inalterable y aunque en perspectiva un evento trágico pareciese evitable, no lo es. Lo que sucede no puede alterarse.
Estaban discutiendo los dos en una calle con apenas la iluminación de las farolas parpadeantes, frente a un carro con una puerta abierta. Tanto Lincoln como Ben estaban mostrando dientes. Ben solo quería mandarlo a casa y tener una larga conversación con sus padres, mientras que Lincoln ni siquiera sabía qué quería, estando de cualquier manera condenado a confesar sus salidas nocturnas.
Se escuchó un disparo desde la parte interna, luego se sabría que el dependiente no resultó lastimado, pero nunca contó la historia de Lincoln y Ben discutiendo, la bala había pasado tan cerca que le tomó mucho tiempo volver a hablar.
—Entra al carro.—ordenó Ben, esta vez sin una pisca de autoridad en su voz.
—No.—dijo Lincoln caminando hacia la tienda para intentar detener al ladrón.
Ben se impulsó para alejarlo, cerrando la puerta y provocando que ambos cayeran directos en el piso de la entrada. Las puertas corredizas fueron abiertas en mitad de la oscuridad, provocando que la figura que Lincoln no olvidaría, saliera y les apuntara a ambos mientras sus manos temblaban.
—¡Levántense ustedes dos payasos!—ordenó el hombre que pasaría a ser conocido como Marcus Flint, el asesino de Ben Parker—¡Ahora!
Tanto Lincoln como Ben obedecieron y comenzaron a caminar de espaldas al callejón que todo lo cambiaría.
—Por favor, deja ir al niño…—suplicó Ben Parker en un intento desesperado.
—¡Tienes un carro! ¡Las llaves!—gritó entonces Marcus apuntando con el arma.
Lincoln después aprendería a esquivar balas, pero en ese entonces él ni siquiera conocía el alcance de su fuerza o velocidad, estaba tan seguro que, a menos que pudiera enfrentarlo cuerpo a cuerpo, no tenía nada que hacer.
—Pero deja ir al niño primero.—dijo Ben sacando las llaves y su billetera—Te daré todo mi dinero y las llaves, pero por favor, déjalo irse…—prácticamente rogaba con lágrimas.
Cada que pensaba en estas palabras la garganta de Lincoln se cerraba. Y unas lágrimas invadían sus ojos, inevitablemente eso no cambiaban nada.
—¡Nadie me da condiciones!—gritó molesto Marcus empujando hasta el fondo del callejón a Ben Parker provocando que este cayera en un charco estancado.
—¡Señor Parker!—gritó Lincoln intentando moverse, pero de tanto nervio sus manos estaban pegadas a la pared de ladrillo.
—¿Te crees muy gracioso anciano?—dijo el ladrón lleno de una furia incontenible—¡Dame las putas llaves!
—¡Deja ir al niño!
—¡NO ME DES ORDENES!
Lincoln finalmente logró desprender los ladrillos de la construcción, se lanzó sobre el ladrón para teclearlo y derrumbarlo. Sin calcular que aquel acto causo que por mera reacción la pistola que llevaba aquel hombre fuera activada y disparara en la dirección que momentos antes había apuntado.
Pero el ladrón no se iba a rendir fácilmente, comenzó a disparar en dirección de Lincoln, el niño sintió un frío recorrer su cuerpo, así que comenzó a caminar por la pared hasta que Marcus por la impresión dejo de disparar incrédulo que el niño no cayera. Lincoln saltó y puso su pie derecho delante para dar justo en la cabeza del criminal, dejándolo inmovilizado. Marcus se golpeó la cabeza contra el piso, no iba a moverse en mucho rato.
—Creo que no me medí…—dijo Lincoln intentando sonar calmado, eso le había dicho Luan, cada que sintiera miedo, que contara una broma—Señor Parker, puedo explicar todo esto, verá…
Dio media vuelta, solo para encontrarse al hombre tirado a mitad del callejón, con una respiración agitada y un hilo de sangre recorriendo desde su boca hasta el cuello.
—Señor Parker…
Lincoln se arrodilló al lado del hombre sin atreverse a tocarlo, llevándose ambas manos a la cabeza y con lágrimas recorriendo su rostro al mismo tiempo que intentaba pensar en una solución. Nunca pensó que la sangre tuviera ese color, que recorriera tan rápidamente, en las películas siempre había tiempo de hacer algo antes de que comenzara a salir por montones… Benjamín Parker levantó con mucho esfuerzo su brazo derecho y acarició su mejilla.
—Así que eres especial y ágil como araña…Como ese niño que hablaban en la tele…—dijo con uno de sus últimos alientos—SpiderKid, ¿No?
—Sí.—dijo Lincoln intentando sonreír, pero no pudiendo mientras lágrimas más gruesas recorrían su rostro y comenzaba a moquear.
—Arrancaste dos ladrillos…—dijo Ben mirando al cielo, sin ninguna estrella visible—Creo que ahora entiendo por qué estabas hasta tan tarde en medio de la ciudad, si alguien lo supiera, te mandarían a arrestar…—dijo con arrepentimiento.
—Es mi culpa.—dijo Lincoln molesto por el tono con el cual el señor Parker se culpaba—Por favor, sea fuerte señor Parker, no muera, no muera… Ya vi a mi abuelo morir, no puedo, no otra vez, no puede ser mi culpa todo otra vez.
—No, no…—hablaba el hombre mientras sangre salía de su boca y sus manos caían al suelo, eran demasiado pesadas como para ser levantadas, en su estómago la mancha de sangre se volvía cada vez más grande y profunda—Solo prométeme una cosa.
—Lo que sea.—dijo Lincoln desesperado.
—Cuida a Peter.—fue el inicio de la última frase que alguna vez sería capaz de decir—Es un niño bueno… Deja que te ayude a controlar tus habilidades, él entenderá…—dijo cerrando los ojos y respirando con dolor—Dile que su tío siempre lo amará y no te culpes, intentaste salvarme, explícaselo cuantas veces sea necesario, hasta que entre en su cabeza, es un Parker, a veces olvido lo tenaces que somos...Ja, ja, ja… Pero tengo miedo por él.—dijo comenzando a mostrar la sonrisa del no regreso—Prométeme que tú y él evitaran que estas cosas pasen, creo que eres un niño bueno también Lincoln… Y creo que con la guía correcta dos chicos como ustedes alcanzaran grandes cosas. Vi lo que hiciste… Te falta práctica, y Peter, es como un hijo, sé que lo cuidarás… Prométeme que lo cuidarás, cueste lo que cueste.
—Lo prometo, ¿Pero por qué tengo que decirle el secreto? —preguntó Lincoln sin obtener nunca respuesta, no al menos del hombre que acababa de morir frente suya.
El silencio sepulcral fue lo que más asustó a Lincoln quien ni siquiera podía tirarse encima del cuerpo a abrazarlo porque sentía que su pecho lo iba a matar de dolor. Si él no hubiera intentando hacerse el héroe, el señor Parker no hubiera muerto… Lincoln le había fallado a Ben Parker, así como le falló a su abuelo. Aunque aquella vez no podía hacer nada, en esta ocasión, él era el responsable directo.
Lincoln estuvo llorando hasta que la policía se escuchó a la distancia, no tuvo más opción que trepar por un muro mientras cubría todo su rostro para que no lo reconocieran. Pudo ver linternas apuntando en su dirección hasta que ya estaba arriba. Así que corrió, corrió como mil demonios hasta volver a su casa.
Pero nada volvería a ser lo mismo para Lincoln.
"So I'll just live my life, in dreams of yesterday"
—Mientras tú estabas con él en su lecho de muerte, yo estaba insultándolo mentalmente por no darse prisa con unas estúpidas medicinas para diarrea.—dijo Peter removiendo sus lentes para limpiar sus lágrimas.
—Nunca entendí por qué quería que te involucrase.—dijo Lincoln estirando su cabello de la misma forma meses después de aquella noche.
—Creo que él pensaba que tú ibas a protegerme mientras él no estuviera y tal vez que esto me daría algo que hacer para compensar su perdida.—dijo Peter mirando una última nube—¿Mantendrás tu promesa Lincoln? Digo, no necesito que me cuides, pero es importante para mí todo esto de la araña tanto como lo es para ti.
—Sabes que sí, amigo.—respondió Lincoln cerrando los ojos, eliminando la culpa que sentía por las mentiras—Fue una promesa de esas que no se rompen.
Peter volvió a levantarse con calma dando media vuelta a la parte baja de la escuela.
—Gracias Lincoln, puedo confiar siempre en ti.—dijo Peter volviendo a sonreír.
Lincoln sonrió de vuelta mientras su estómago se revolvía. Claro que Peter no veía la sangre en sus manos ni las mentiras que estrujaban su corazón.
Ambos volvieron abajo.
"Those happy hours"
Materializar todo su cuerpo detrás de la pared en su escuela casi la deja moribunda a Carol. Tuvo dificultad para levantarse, pero fuera de un dolor de cabeza, para los pocos segundos ya podía comenzar a correr. Sabiendo que toda la preparatoria y policías iban a buscarla supo lo que tenía que hacer primero. Se confundiría con la multitud en el centro de Nueva York.
No supo que precisamente esa idea debió pasar en la mente de sus persecutores, puesto que cuando estaba subiendo a un metro lleno en dirección al centro, bajaron unos policías por las escaleras del subterráneo. Esos policías vieron de uno a otro lado, buscando por una chica con la descripción, pero el vagón ya había comenzado a moverse y Carol pudo ver como estos hombres desaparecían a la distancia, mientras un hombre cuarentón intentaba aprovechar que ella estaba pegada a una ventana para pegarse demasiado a ella.
—¿Qué?—dijo ella al darse cuenta que estaba prácticamente siendo sofocada por el aliento de ese señor—Disculpe, ¿Podría moverse un poco?—dijo ella tomando algo de su bolso de mano para limpiar su maquillaje descorrido.
—Estamos muy apretados niña, no pienses solo en ti.—se justificó el hombre, aunque visiblemente había espacio de sobra, no necesitaba estar prácticamente rozando el hombro de Carol.
—Ehh, cerdo.—le dijo una mujer que iba sentada—¡Deje en paz a la niña!
En una situación normal Carol hubiera realizado un escándalo, esa clase de comportamientos le parecían vomitivos, pero no estaba en una situación normal. Buscó por todos los rincones y encontró a varios metros un sujeto que comenzaba a sacar su celular para grabar la posible disputa.
Si alguien llegaba a verla en el video, todo su plan de escape se arruinaría, no tenía mucha opción, así que se pegó a la cintura del hombre se ocultó en su pecho, abrazándolo mientras ocultaba su rostro. El señor, no desaprovechó la oportunidad y la tomó por las caderas.
Carol investigó de vuelta al hombre que había sacado el celular para grabar, el cual disimuladamente volvió a bajar el aparato y mirar a otro lado. Misma historia con la mujer que había intentado defenderla gritando al tipo; la cual se puso roja y volteó a otro lado.
Carol se fue abrazada de ese tipo hasta que bajó, pero al intentar apartarse el hombre la tomó de la mano, sonriendo con calma, mientras ella sudaba en frío. Ambos salieron del metro llevados de la mano. Carol no podía gritar, debía evitar de todas las formas que pudiera llamar la atención, así que solamente se volvió la líder de la situación.
—Eres un cerdo.—dijo molesta en un susurro—¿No tenías nada mejor que hacer con tu vida?
—Cuando ves una oportunidad, la tomas lindura.—dijo el hombre tomándola de la cadera para que estuvieran pegados—Si no te gusta, ¿Entonces qué significa esto?
Le costaba a la chica mucho de por sí ir mirando de uno a otro lado, más aún con ese idiota obligando prácticamente que estuviera pegada a él. Esa fijación con mirar a su alrededor la notó el hombre.
—Si quieres huir de alguien bombón, primera regla, aprende a actuar.—dijo mientras salían y comenzaban a andar por la calle principal.
Durante un segundo Carol dudó si era posible escaparse sin armar una escena, pero ahora ese hombre sabía su condición de prófuga. Solo tenía que esperar el tiempo suficiente hasta deshacerse de él.
—Conozco un lindo motel aquí cerca, si eres lo suficientemente lista te puedo conseguir la protección del mismísimo rey.—dijo provocando que Carol definitivamente comenzara a descontrolarse mientras estaban en un mar de cabeza—Vamos hazlo, que te descubran y…
Durante un segundo dejó de sentir la muñeca donde estaba abrazando a Carol, antes de ver que la chica comenzaba a alejarse por la multitud. La chica sabía que el sujeto iba a perseguirla por toda la ciudad si era necesario así que se arriesgo a seguir caminando sin detenerse, yendo varias veces por callejones. Volteando cada diez minutos, al menos iba a tomar el consejo de ese idiota, siempre que creía haberlo perdido, doblaba una esquina y ahí estaba él.
Finalmente, cuando estaba en pleno corazón, tuvo la mejor idea de todas, entró en el Central Park y se escondió en unos matorrales a mitad del recorrido desde una salida a otra, o algo por el estilo. Logró encontrar una zona con el suficiente tamaño para que ella pudiera entrar sin que se viera desde el exterior. Y se quedó mirando el camino de dónde había venido.
Paso casi media hora, en la cual lo más digno de mención fue que un perro intentó acercarse a su escondite, pero su dueño le prohibió acercarse. Ella pensaba que era seguro, cuando repentinamente escuchó a alguien correr, aun sabiendo perfectamente que podía ser solo una persona más del montón se quedó quieta. Ante sus ojos, con mucho sudor en la frente, apareció el tipo que intentó abusar de ella. Aunque para su suerte, el señor le había perdido totalmente el rastro porque pasó de largo por esa zona, sin embargo, fue a checar debajo de unos puentes y siguió su camino a grandes zancadas.
El estómago de Carol rugía, pero al menos podía considerarse a salvo, una sensación que aprendería a olvidar.
"That we once knew"
Tuvo que tirarse al agua marina solo para desaparecer el mal olor después de la primera semana, para la gente normal, aquello hubiera sido prácticamente un suicidio, porque no había muchas playas, sino que abundaban más los puertos de madera y corrientes fuertes. Pero para la chica era cosa de nada, solamente se sumergía y nadaba mientras pasaba sus manos por el cabello para que este se desprendiera de su grasa. Claro que las aguas cercanas a Nueva York no eran un ejemplo de limpieza, y verdaderamente le hubiera gustado quitarse la ropa porque a pesar de estar mojada se sentía aún apestosa.
Una vez terminó se acercó a un puerto de madera y cerró sus ojos para concentrarse. En cuestión de un segundo, pasó de estar en la parte de abajo, a estar en pleno muelle. Aún tenía restos de agua salada por todo el cuerpo, pero aquello era mejor que cualquier otro olor de las alcantarillas de Nueva York.
Sabiendo que ya debían ser altas horas de las noches se dirigió a su refugio en unas bodegas abandonadas. El tiempo había dejado de tener sentido para ella, más allá que de día era peligroso salir y la noche era su amiga. No tenía horario escolar, ni salidas con amigas, ni ir a comprar ropa. Solo tenía su cuerpo y sus habilidades metahumanas, que ahora que tenía tiempo libre y ahora que no tenía nada que perder, aprendió a dominar.
Al menos hasta cierta parte. Cosas simples como transportar partes de su cuerpo era relativamente sencillo. Prácticamente podía pasar horas enteras sin sus manos en su cuerpo. Descubrió tiempo después que podía transportar partes internas también sin recibir ningún daño.
Eso ocurrió una noche que estaba hambrienta y sus tripas sonaban demasiado fuerte, además de que apretaban. Deseó durante un solo segundo apretarlas para que se callaran y tuvo durante casi veinte minutos sus tripas en sus manos. El tacto era raro, ya que, aunque estuvieran afuera, podía sentirlas aún en su interior. Tomó uno de los extremos de sus intestinos y comenzó a tocar ligeramente el interior.
El órgano seguía totalmente funcional, y sintió como si tuviera un cólico terrible. Después de eso pensó en volver a tenerlas dentro, pero el sentimiento no mejoró. Estuvo sin dormir durante toda esa noche. La mañana siguiente consiguió un periódico y leyó las noticias. Era tan extraño, el mundo entero seguía funcionando, solo que sin ella. Como si no fuera importante. Lo único interesante que encontró fue otra noticia de ese niño araña que provocó muchos incidentes automovilísticos durante una persecución. Nada le estaba importante, hasta que llegó al apartado de desaparecidos y se encontró con su propio rostro.
Era como mirarse a un espejo, solo que uno transformador. En ese espejo Carol tenía el cabello liso, y no esponjado. También vestía bastante bien y tenía una mirada confiada. De eso solo quedaban escombros de su vieja ropa en tonos irreconocibles y unas ojeras terribles. Decidió volver a su refugio, sin hacer su recolección de comida en basureros diaria.
Se asustó al escuchar algo caer, comenzó a esconderse, hasta que vio que el objeto que había caído era una piedra. Con la cual un gato negro estaba jugueteando en su refugio. El gato se asustó cuando ella cerró la puerta, y se quedó mirándola mientras Carol se sentaba a cierta distancia mientras esos ojos penetrantes la perseguían.
—Sigue jugando gato tonto.—habló por primera vez en días.
Para su sorpresa el gato se acercó para saltar encima de ella y comenzar a juguetear con su cabello. En otra era Carol hubiera luchado contra el gato, pero aquello ya no importaba. Se recostó y se permitió dormir mientras el minino acariciaba su cabello.
Finalmente tenía compañía.
"Tho' long ago"
Aquel era un día feliz, Carol había comido tres rebanadas de pizza, tan solo por robar, tiene que contárselo a alguien, y no solo al gatito negro Schrödinger, siente que debe hablar con alguien real. Así que, aprovechando su habilidad, pasa por el centro de la ciudad, espera a que alguna dama con bolso grande pase y transporta su mano en el interior. Puede sentir perfectamente el interior del bolso, hasta que toca algo parecido a un monedero o cartera.
Si ella fuera franca, admitiría que se equivocó siete veces antes de conseguir el dinero. Primordialmente porque terminaba robando kits de maquillaje de emergencia sin querer. Podía sentir, pero no ver. Una vez con la cartera en la mano descubrió casi quinientos dólares.
¿A quién le importaba si esa mujer no pagaba algo importante? ¡Carol había sobrevivido dos semanas en la calle! Se podía permitir eso en aquel punto. Si tenía que robar para vivir, robaría. No podía seguir tolerando hacer lo correcto en una sociedad que intentaría encerrarla de por vida solo por que nació siendo diferente.
Pero no era tonta, sabía que, si entraba a una tienda cualquiera, con esas pintas y muchos dólares, pensarían al instante que los robó… Entonces, ¿Por qué pagar por esas estúpidas ropas? Se acercó al escaparate de una tienda de moda y fingió acostarse en la acera por monedas. Mientras que dentro de la tienda una de sus manos se aferraba a algo que tenía forma de pantalón y su otra mano tomaba una chaqueta. Carol caminó a un callejón cercano y volvió a transportar sus manos de vuelta, consiguiendo un pantalón de cuero negro y una chaqueta para hombre también negra. Al menos sus manos aún seguían teniendo estilo. Cerró la cremallera para ocultar sus pechos desnudos y salió finalmente a la calle, sabiendo que su aspecto de cabello debía ser terrible, pero fuera de eso, nadie volteaba a verla, volvía a ser parte de la multitud.
Y se permitió buscar un motel cercano, paradójicamente a cinco minutos caminando de la estación de metro donde aquel tipo había intentado violarla. Solo que esta vez ella llevaba alcohol y una espalda maltratada de tanto dormir en el suelo.
A diferencia de la ropa, o las cervezas, ella no podía robar una habitación de motel, así que entró y pagó la habitación. Al principio temió que le pidieran identificación, puesto que todos sus papeles debían de estar aún en su casa o en la mochila que dejó en la escuela. Pero no, simplemente con mostrar el dinero, no importaba nada más.
Aquella noche se quitó la ropa y se metió finalmente a una ducha que no estuviera congelada. Sintiendo la sangre recorrer nuevamente de manera correcta su cuerpo, y su cabello sintiendo las bendiciones del shampoo nuevamente, al mismo tiempo que quedaba con buen olor. Al terminar todo eso pidió a la habitación una cena de "lujo", la cual era un hot dog con soda de lata. Prácticamente lloró cuando volvió a sentir el sabor del pan sin estar duro o remojado por otros líquidos dentro de una bolsa de basura.
Ella encendió la televisión mientras volvía a sentir la azúcar desmedida de una coca cola con gas. Desde la televisión hablaban de un atentado a una torre rara del centro de Nueva York, relativamente cerca de donde estaba ella. En la mayoría de periódicos se veía también la foto de ese niño araña que aparentemente estuvo involucrado en el atentado.
Pero lo que le sorprendió fue escuchar el discurso de un señor pelirrojo, que debía de ser claramente el dueño del edificio atacado. Pudo sentir la rabia en sus palabras e incluso como todos fuera del edificio lo aclamaban a sus asquerosas palabras xenofóbicas, racistas y excluyentes.
—¡Norman para alcalde! ¡Abajo los mutantes!—un coro demoniaco bajo los oídos de la niña.
Apagó la televisión, si podía llegar a sentir algo de nostalgia a su antigua vida, con esa transmisión, perdió todo el interés. ¿De qué serviría si alguna vez intentase volver a su vida? Si toda la ciudad iba a odiarla y pedir por su defunción... Ella ya no podía siendo Carol.
Deseó tener al gato negro otra vez acariciando su cabello, se hubiera sentido mucho mejor que en ese momento si el pequeño Schrödinger estuviera con ella. Pero no lo había visto en días, probablemente solo volvió con sus dueños, o vivía su vida en las calles sin acordarse de ella. O incluso podía ser que no fuera gato, sino gata. ¿Qué importaba?
Estaba sola de nuevo… Pero al menos esta vez tenía ropa, un lugar donde dormir, aunque sea una noche… O más si tan solo decidía perfeccionar sus técnicas de robo… ¿Abajo los mutantes? ¡Que tontería!
—Abajo los normales…—comenzó a canturrear mientras se hundía en su almohada.
"They still make me blue"
Despertó incluso más adolorida de la espalda de cómo había dormido, pero supuso que aquello debía ser bueno, sus huesos podían estar intentando acomodarse, tenía suficiente dinero para estar tres días en ese motel. Así que volvió a ponerse sus ropas, decidiendo que esta vez robaría lencería, siempre quiso usarla, pero sus padres se hubieran infartado… Extrañaba a sus padres también, y curiosamente a su amiga Lori, la noche pasada había visto el apellido "Loud" como parte de las víctimas en el atentado.
Pretendió ir a casa de su amiga, verla desde el patio trasero, pero a sabiendas que no iba a tener mucho escondite en una zona de suburbios decidió ir en dirección al desastre de en Oscorp. Sorpresivamente aun había policía que invitaba a la gente a alejarse, mientras en la parte alta se podía ver cómo ya estaban reconstruyendo el desastre, normalmente las cuestiones legales tardarían mal, pero eso era algo que a ella ya no le importaría. Se acercó a un policía regordete y que tenía rostro de bonachón.
—Oficial, oficial.—sintió su voz más dulce de lo normal, posiblemente porque sentía nervios de volver a hablar con alguien—Disculpe.
El policía Harold McBride dio media vuelta de lo que estaba haciendo y pidió tiempo a un compañero que tenía a su lado para atender a la niña.
—Buenos días señorita, lamento que debo pedirle que no se acerque a la escena.—dijo el oficial levantando una mano.
—No, no entiende, verá.—comenzó a pensar en una mentira en su mente, al menos no la reconocía—Escuché ayer lo del incidente y tenía que verlo por mis propios ojos…—al ver que el oficial le iba a repetir que se fuera continuó atropelladamente—El apellido de una conocida mía figuraba entre las víctimas.
Durante un segundo el oficial McBride comenzó a examinar a Carol como zopilote, a pesar de volver a estar limpia, aquella niña era muy diferente a la niñita que había escapado de la preparatoria dos semanas atrás, por lo que no la reconoció en absoluto.
—Me imagino que el apellido Loud.—dijo finalmente el nombre.
—Sí, son una familia numerosa.—añadió Carol recordando que Lori tenía al menos siete hermanas—Llevo años sin hablar con mi amiga Luna…¿O Luan? Ah, años.—dijo ella fingiendo soltar una risa inocente—Perdí totalmente el contacto, pero, al ver ese nombre en las noticias, todo volvió a mi mente, ¿Sabe?
—Puedo entender el efecto de algo tan traumático.—dijo el hombre con suavidad—Pero, no entiendo, ¿Qué quiere usted exactamente señorita? La que salió lastimada fue la pequeña Lisa Loud, está hospitalizada.
—Yo precisamente quería preguntar eso, quiero darle mis condolencias en persona.—admitió ella—Si pudiera decirme en qué hospital están para hacerles una visita.
El hombre volvió a examinar a Carol, como buscando algún arma o mala intención en su rostro, pero Carol tenía legitimas buenas intenciones.
—Seguro, pero tenga en cuenta que si algo le pasa a la familia Loud, tengo memoria fotográfica señorita, y no descansaré hasta encontrarla.—dijo el hombre mientras sonreía fríamente.
—Es su deber, ¿No es así?—respondió con simpleza la chica tomando un papel y una pluma que había robado en uno de sus múltiples fracasos—La esperaré en la sala de espera, y creo que sería más normal, que yendo a su casa, se asustarían si se llegasen a enterar que descubrí su información personal, habiendo tanta gente mala.
Cuando Carol iba de camino a ese hospital se detuvo en una cabina telefónica azul, tomó unos centavos de su chaqueta de cuero y marcó el teléfono. Escuchó el saludo de una voz en llanto.
—¿Bueno?
—Mamá…—dijo ella mirando de uno a otro lado—Soy yo, Carol.
—¡HIJA!—gritó la mujer llorando descontroladamente—¡Vuelve a casa! ¡Te protegeremos de esos idiotas que intentan encerrarte! ¡Nos mudaremos! ¡Te esconderemos! ¡Lo que sea!
—Calla.—dijo ella nerviosa—No sé si están grabando esto o intentan ubicarme, pero da igual, solo es para despedirme… Me hubiera gustado también hacerlo con papá.—dijo ella—Simplemente para que sepan que ya no voy a existir.
—¡¿Qué?!—gritó la mujer.
—Voy a matarme.—admitió ella una verdad a medias—No intentes buscarme, has un funeral, uno lindo si se puede, porque hoy dejo de existir.
—¡Noooo!—gritó la mujer en el teléfono—¡No mi hija!
—No tengo alternativa, y lo sabes.—dijo ella finalmente llorando—Siempre los quise, dile a papá que no venda mi porquería… Y recuerda que cantábamos siempre cuando íbamos a la escuela de la iglesia.—dijo ella sabiendo que aunque la estuvieran espiando nadie entendería ese contexto—Volveremos a encontrarnos, poco a poco, uno a uno, nos espera un hogar, arriba en el cielo.—cantó provocando que su madre dejara de llorar—Los amo.
Colgó el teléfono y comenzó a correr en dirección al hospital mientras limpiaba sus lágrimas, la única otra persona de quien valía la pena despedirse era de su amiga Lori. Al menos estaba tranquila de que su madre había entendido el mensaje final, la iglesia "El Cielo", donde iría un domingo dentro de un mes o mes medio, se permitió recordar aquellas agradables tardes mientras jugaba en esa iglesia con un compañero católico, Matt Murdor, o algún apellido así, recordaba más que nada que el niño a pesar de ser ciego era bastante más ágil que ella. Ese chico era al menos dos años mayor que ella y siempre se la pasaban juntos, hasta que claro Carol creció y la iglesia dejo de ser importante.
Mientras estaba en la sala de espera se dio cuenta que cuando ella tenía doce o trece, olvidó a muchas personas que habían sido importantes en su vida, todo con tal de ser importante y popular. Cosa que se había terminado por un descuido tonto. Tantos años traicionándose a sí misma, para terminar en eso, robando la cartera del bolso de una mujer a varios asientos a la distancia y guardándola dentro del bolsillo de su chaqueta de cuero, luego contaría el dinero.
Finalmente, por la puerta, vio aparecer a la susodicha Lori Loud, yendo de la mano con su novio Roberto algo… Decidió que podía hablar con ambos, y ya que no parecían estar acompañados, llamó la atención por primera vez.
—¡Lori!
La susodicha volteó solo para abrir los ojos grandemente y lanzar una risa genuina. Sin medir el lugar donde estaban, ambas corrieron para darse un abrazo fuerte sin decir palabras. A diferencia del oficial McBride, Lori jamás podría confundir a su amiga.
—Carol, ¿Qué haces aquí? No deberías.—dijo Lori preocupada soltando el abrazo—Perdón, todo es tan confuso.
—Hola Carol, wow, eres verdaderamente tú.—dijo Bobby saludándola a la distancia—¿Cómo has estado?
—Fatal.—respondió con simpleza Carol—Pero escuché que tu hermanita Lisa quedó lastimada en el atentado de ayer, y pensé que era buena idea buscar el hospital donde la hospedaron para verte una última vez.
—¿Última vez?—preguntó Lori triste—No, Carol, vuelve, todos te extrañan en la escuela… Yo…—Lori no pudo continuar, sabía que era mentira.
—Sé que me están buscando, tal vez no tanto como a ese niño vestido de araña.—bromeó ella—Pero me quieren en una cárcel de máxima seguridad Lori, tú y yo sabemos que siempre acaba igual.
—Tal vez esta vez no.—dijo Lori entusiasta, pero Bobby la tomó del hombro y alejó de Carol.
—Veo que eres un hombre práctico.—lo halagó la fugitiva.
—Nos conocíamos mientras mi novia y tú eran peores enemigas, no te conozco de nada, o solo tu peor lado.—admitió Bobby de manera dura—Pero, puedo ver cuanto has tenido que madurar… Y se ve que te las arreglaste bien por tu cuenta.—le guiñó un ojo de forma coqueta falsa—Solo disimula más la ropa.
—No me dices que vestirme, ja.—dijo Carol—Gracias, a ambos, por lo que hicieron por mí en la escuela.—dijo finalmente—Este es el adiós para siempre.
—¿Te vas a ir de la ciudad?—preguntó Lori entusiasmada—¿Sabes qué? No me digas nada.—la tomó de los hombros—Has lo que debas de hacer para ser libre, pero, si alguna vez te sientes sola, este es mi número de celular y casa.—le anotó aquellos datos—Carol, creo que fuiste una idiota muy grande cuando quisiste romper nuestra amistad tantos años atrás.—dijo Lori ofendida—Pero, si esta es la última vez que nos vemos, quiero que sepas, que siempre recordaré lo bueno de ti.
—Lo mismo que ella…—dijo torpemente Bobby uniéndose al abrazo.
Carol terminó el abrazo y se despidió de ambos, a sabiendas que si se quedaban hablando más rato iba a llamar la atención. Aunque le hubiera gustado despedirse de su padre, sabía que lo haría cuando fuera de vuelta a la iglesia "El Cielo".
Pero en esa reunión, Carol habría muerto, ese nombre ya no le iba a quedar a ella, no con esta nueva vida que tenía frente a sus ojos… Tal vez le quedaría algo mejor como gatita, o La Gata… ¡No, algo más original!
La gata de Schrödinger.
Sí, ni siquiera se acordaba de quién demonios era Schrödinger, o cómo se escribía, solo que fue una de las últimas clases a las que asistió y decían que era algo científico de un gato en una caja. La caja era Nueva York, y la posibilidad de salir viva, la decidía ella y nadie más.
"THEY SAY THAT TIME, HEALS A BROKEN HEART
BUT TIME HAS STOOD STILL, SINCE WE'VE BEEN APART"
Aquella mañana parecía normal para Lynn Loud Senior, se despertó una hora antes que cualquiera de su hogar, preparó un desayuno para treces personas, se dio un baño y salió prácticamente corriendo de su casa, aun a diez minutos antes de que se despertaran sus hijas. Su esposa lo esperaba en la puerta, lista para su beso diario de despedida.
El señor Loud escuchó una de sus canciones favoritas mientras conducía en el ya clásico tráfico de nueva york, al menos con la calma de que su hija Lisa estaba totalmente segura en su casa, sin ir a esa estúpida torre Osborn.
Fue ahí, a mitad del tráfico, cuando no tenía oportunidad para escapar de la realidad, cuando recibió una llamada.
—¿Eugine?—preguntó Lynn sorprendido—¿No es un poco temprano para que marques? Apenas voy de camino.—se quejó el señor Loud en tono bromista.
—No te preocupes por llegar.—dijo el hombre detrás de la línea.
—¿Qué?—preguntó el señor Loud sin entender.
—Verás, faltaste la semana pasada un día.—comenzó a explicar el hombre de recursos humanos de su empresa—Y tuvimos recortes justamente ayer, de todas las evaluaciones tu saliste el más bajo…
—¡No puedo ser más bajo que Jean!—dijo el señor Loud indignado, sin ver que el carro de adelante ya se había movido, y varios aprovecharon su distracción para entrar en la fila—¡Eugine vamos! No me digas esto.
—Bueno, Jean tiene menos rendimiento, pero Jean no pide días extras de vacaciones para "pasarla en familia" o tiene un seguro médico tan alto, él está soltero.—explicó el hombre con verdadera pena en su voz—Además tiene solo veinte…
—¡Yo llevo años siendo fiel a la compañía!—dijo sin importarle todos los pitidos que estaba generando a su espalda, el señor Loud se movió, costándole mucho no pisar de golpe el acelerómetro.
—Y esos años se verán reflejados en tu paga final.—sentenció el hombre—Esta fuera de discusión Lynn, ven por tus cosas y tu cheque, no hay nada que pudiera hacer para defenderte, y tú más que nadie sabes cuantas veces lo he hecho.
El tal Eugine colgó, sin ver que el señor Loud estaba llorando de frustración. Seguramente Eugine ya sabía que iba a llorar, y no iba a querer oírlo en esa situación tan baja. Algo era seguro, el señor Loud iba a necesitar mucho dinero y conseguir un trabajo a los cuarenta, con muchos hijos a sus espaldas. Si Lincoln no se hubiera escapado la semana pasada a la calle, él hubiera podido ir media jornada laboral y no lo hubieran despedido. De eso estaba seguro, no era culpa exactamente de Lincoln, pero justamente el niño había escogido el peor momento para entrar a su fase rebelde.
—¡Demonios!—gritó antes de chocar contra un carro por ir pensando en otras cosas, sabiendo que claramente él iba a tener que pagar el choque no pudo más, golpeo la bocina mientras se dedicó a gritar—¡PUUUUU…!
Pero su familia no se enteraría de su situación hasta que fuera demasiado tarde y no hubiera vuelta atrás del carril de la desgracia.
"I CAN'T STOP LOVING YOU
I said i made up my mind. To live in memory of the lonesome times
(Sing this song my children)
Al volver a las clases, Lincoln notó bastante decaída a su amiga Gwen, no tenía ni siquiera ganas de contestar en matemáticas, cuando Gwen era toda una nerd por las matemáticas. Ni siquiera quiso acercarse a todos ellos. Pero al menos Lincoln pudo sentir que el resto de sus amigos estaba mejorando.
Se encontró a mitad del pasillo incluso con su hermana Lynn, la cual seguía vigilándolo, ocasionalmente (ya no diario), para ir a la escuela. Ella tenía una camiseta con una forma de SpiderKid bastante mal dibujado.
—¿Dónde conseguiste eso?—preguntó Lincoln riendo.
—Las están vendiendo fuera de la escuela Linc, además, un chico tan lindo debería estar protegiendo siempre mi pecho.—dijo ella bastante orgullosa.
Tal vez Lynn no sabía, pero Lincoln se puso totalmente rojo de la vergüenza, al mismo tiempo que Peter Parker se comenzaba a reír como si hubiera escuchado el mejor chiste del mundo. Pero ni Clyde, ni el otro niño, estaban riendo, sino que miraban la escena tan confundidos como ella.
—Oh Peter, al fin entendiste el chiste de hace cinco minutos.—se le ocurrió a Lincoln la excusa al mismo tiempo que lo tomaba de ambos brazos y obligaba a avanzar por los pasillos con el rostro rojo como un tomate—¡Nos vemos a la salida hermana!
—¡JAJAJAJAJA!—continuaba riendo Peter con ganas.
—¿Qué mosca les pico?—dijo Lynn sin entender ese comportamiento tan raro, las amigas que tenía a su alrededor solo dijeron algo como "nerds".
"I CAN'T STOP LOVING YOU
It's useless to say, so I'll just live my life in dreams of yesterday."
Sin saber que su hermano la había escuchado. No les pico ninguna mosca, de hecho, estaban perfectamente sanos ambos. Aunque, ciertamente había una picadura involucrada en la actitud nueva de Lincoln.
Todo había sido más de un año atrás, después de que Lincoln fuera mordido por la araña que toda su vida cambió. En aquel entonces siempre usaba una camiseta tipo polo naranja, tenía once años, y siempre caminaba encorvado. Era un nerd, en toda la extensión de la palabra tal cual las amigas de Lynn lo describirían durante toda su vida estudiantil, que acababa de salir de su primer año de secundaria.
"Dreams of yesterday!"
Había puntos que Lincoln odiaba recordar, y aquel fatídico día de la picadura fue uno de esos días. Estaba simplemente agotado. Ya era mucho de por sí recordar la muerte del señor Ben Parker, así como también pensar en sus adentros lo que ocurrió con su abuelo, como para aparte añadir a sus preocupaciones la picadura de la araña…
Aquel día había iniciado sus responsabilidades, a las cuales había fallado. No merecía el título que se ganó ese día.
Aquella noche la ciudad de Nueva York quedó desprotegida por primera vez en meses.
Pero Lincoln podía descubrir que las consecuencias de no actuar, podían ser incluso más desastrosas que directamente actuando.
Continuara…
Na.—Perdón si es tan largo. No corté lo de la picadura, realmente creo que simplemente Lincoln no está listo para ese recuerdo uwu. Pero les di probaditas de su pasado aprovechando que está machacado por la derrota, que vi que mucha gente quiere saber también el pasado.
Realmente hay mucho más transfondo de lo que puede parecer en un principio. Espero haber satisfecho mucho con este desarrollo de personajes, sobre todo ahora que tenemos una gatita para jugar con la arañita el próximo capítulo, espérenlo. Muchas gracias por el apoyo, sobre todo a PenguinArrow, SamoSama, Jonas Nagera y Manuelito Canelito, sin esos cuatro amigos, ciertas decisiones serían bastante más diferentes.
PD.—Sé que no les gusta la música normalmente, pero enseeeerio, escuchen la de I can't stop loving you, es hermosa la canción.
