Spectacular Lincoln Loud
Capítulo 32 The Winner Takes it All (ABBA)
"I don't want to talk, About things we've gone through"
—Y esta es la casa de los insectos.—dijo sin mucha emoción el guía que los llevaba por el zoológico a los alumnos de primer grado de la secundaria Everdeen.
Lincoln llevaba puesto su polo naranja con unos jeans simples a pesar del frio que hacía en esa época del año, era febrero y la marmota parecía que no iba a salir del tronco hasta en un par más de semanas, como mínimo. Pero el chico sentía el frio en sus brazos como una especie de recordatorio de su debilidad, después de todo el abusivo de Chandler le había quitado su chaqueta para regalarla a su novia.
—Lincoln, ¿Y tú chaqueta?—se acercó su mejor amigo.
—Lo siento Clyde, Chandler es mucho más fuerte.—dijo mientras fingía no temblar, pero juntaba ambas manos para generar fricción y algo de aliento helado salía de su boca.
—Lo sé.—dijo Clyde comprensivo—Ojala tuviéramos la fuerza para vengarnos…
—Sí, nadie volvería a mirarnos hacia abajo si fuera fuerte.—dijo Lincoln imaginando su cabeza insertada con mal Photoshop en el cuerpo de un hombre musculoso rodeado de chicas.
Los dos mejores amigos se perdieron en sus maquinaciones mientras entraban al recinto junto al resto de sus compañeros, notaron como la chica lista del grupo levantaba la mano para que fuera notada por el guía.
—¿Sí Gwen?—se acercó el maestro de la clase.
—¿Por qué en la casa de los insectos hay arañas y escorpiones?—dijo ella mostrando interés—¿No son arácnidos?
—Ehhhh…—el guía de la atracción parecía no muy interesado, casi como si le hicieran esa pregunta prácticamente a diario—¿Comodidad?
A su lado su amigo Peter evitó que Gwen volviera a levantar la mano para protestar, Lincoln ni siquiera entendía por qué aquello era importante, escorpiones, arañas, hormigas, cucarachas, todo le parecía igual de cierta manera. Sin embargo, se encontraba sonriendo ante aquella afirmación, casi agradeció estar hasta el final de la formación, y que Clyde no volteara a verlo.
Desde hace un par de meses no había parado de pensar en Gwen de una manera especial, casi como si quisiera volver a tener novia, tras el fiasco que fue su noviazgo con Ronnie Anne en sus últimos años de primaria (incluso se llegaron a tomar de las manos y a dar besos), se prometió no volver a tener pareja. Principalmente para no lastimar a más chicas, su vida era un poco desastrosa.
Todavía seguía intentando buscar la respuesta más importante que marcaría el final de su infancia: ¿Quién es Lincoln Philip Loud?
Era el hijo de en medio de una gran familia llena de mujeres, el responsable de la muerte de su abuelo, un chico nerd y tímido que de no ser por su cabello blanco apenas y destacaría en nada.
Tan sumido estaba en sus pensamientos que ni siquiera notó como se recargó contra una de las paredes de cristal marcadas como "Arañas Connors".
No podía volver a intentar tener una pareja cuando ni siquiera entendía quién era él, y solo vivía como el cuidador de sus hermanas, aquel que debía protegerlas para honrar la memoria de aquel hombre que tanto quería.
Notó como una lágrima resbalaba por su rostro, después de todo siempre pasaba cuando se enfrascaba en sus pensamientos, por eso debía distraerse y hacer que su cabeza no se hundiera jamás en esas ideas. Siempre había una manera de escapar.
—Ahhh me entró algo al ojo.—dijo llevándose una mano al rostro y levantando la mano—Disculpe.
—¿Sí?—dijo el guía molesto por la nueva interrupción.
—¿Dónde está el baño?—preguntó inocentemente.
—Al fondo a la derecha.—dijo el guardia apuntando a un pasillo largo y solitario.
—Gracias.—dijo mientras se retiraba y se despedía de Clyde.
Nadie estaba hablando, pero podía escuchar a los niños murmurando a sus espaldas cosas desagradables, ¿Había ocultado bien su lágrima o los demás habrían sabido perfectamente que estaba llorando como un niño indefenso? Probablemente Chandler se burlaría de él cuando estuvieran en el bus de vuelta a la secundaria.
Lo último que alcanzó a escuchar fue como Gwen volvía a hablar por encima del resto, estando al lado donde él había estado:
—¿No falta esta araña en la exhibición?
—La estarán checando.—dijo el guía claramente ya hastiado de las interrupciones.
Lincoln abrió la puerta del baño y rápidamente comenzó a utilizar el lavamanos, no había nadie a su alrededor, la bombilla apenas iluminaba bien el centro de la habitación.
—Asqueroso.—dijo al notar como el urinal estaba lleno.
Abrió la puerta del retrete y este para su sorpresa se encontraba lo suficientemente limpio como si no lo hubieran usado en bastante tiempo, aquello le bastó para decidir usarlo.
No notó que al cerrar la puerta con fuerza perturbó la pequeña araña que llevaba en su espalda.
Intentó desvanecer sus pensamientos intrusivos, estaba en medio de una excursión escolar, no en su habitación a mitad de la noche, no tenía la protección de que sus hermanas pudieran ayudarle a superar el dolor que le traía su mente.
Estaba solo.
Y aunque lo odiaba, al mismo tiempo, le agradaba esa sensación, no tener que ser una molestia para los demás, y que nadie lo molestase o criticase.
Hizo ejercicios de respiración para contenerse al mismo tiempo que tiraba de la cadena, para su sorpresa el agua subió en lugar de descender. Algo había atascado las cañerías y en verdad no quería saber más de ese baño, con rapidez empujó con fuerza la puerta del retrete para salir cuanto antes. Sin notar como la araña fuera de su hábitat terminó en su cabeza.
En frente del lavamanos había un espejo que el chico utilizó para verificar su rostro, se encontraba con una falsa sonrisa convincente, mirando de vuelta a una máscara, como la de aquellos asquerosos mutantes, solo que él no era nadie, su única habilidad era la de no destacar y…
—Y ahí están las lágrimas.—dijo el chico sin quitar la sonrisa y tomando un chorro de agua para limpiar su rostro.
Recorrió un poco su mano por su cabello para mojarlo, hasta que notó algo extraño. Al sacar su mano notó como en esta llevaba una araña de casi cuatro centímetros con sus patas elongadas, tenía una marca roja brillante en el torso y se encontraba haciendo poses amenazantes para que se alejara, mostrando sus colmillos.
Fue como si el corazón latiera rápidamente, lanzó un grito e intentó golpear a la araña, pero era demasiado tarde, la araña al ver acercarse la otra mano decidió atacar y rápidamente pudo sentir como si una aguja estuviera en el dorso de la mano y algo caliente estuviera debajo de su piel.
Finalmente la aplastó y sintió como las agujas salían al mismo tiempo que el cuerpo destrozado de la araña caía al suelo.
Notó el dolor punzante en su mano mientras con la otra se aferraba a su muñeca para evitar que el veneno corriera, vio directamente la picadura de la araña...
"Though is hurting me, now is history"
… y no pudo evitar suspirar agotado. Howie McBride, un amigo cercano de la familia y uno de sus modelos a seguir, era el maldito Duende Verde. Aquel lunático que había aterrorizado a toda la ciudad durante casi dos años.
Su mente se volvió un torbellino de emociones que no paraban de sacudirlo constantemente, casi como reclamos de voces externas a las cuales no quería escuchar.
—Les fallé...—dijo mientras las cinco sombras a su alrededor desaparecieron.
Pero sus miradas aun lo seguían persiguiendo a pesar de que no podía verlos, lo sabía perfectamente, lo juzgaban por fallar nuevamente, esas sombras eran su responsabilidad directa… Eran… Fue entonces que notó como una luz proveniente de la linterna le daba directamente en el rostro, reconocía a la mujer que le apuntaba con esta, pero las palabras se le hacían un sin sentido.
—¿SpiderKid?—eso sí pudo entenderlo—Niño, niño...—dijo tomándolo del hombro y sacudiéndolo.
—Te lo dije Yuri, nada lo hace reaccionar.—dijo la oficial DeWolff mientras dejaba de lado su bolsa de evidencias—Parece como si estuviera muerto, pero respira.
—Como un Yûrei.—dijo la Capitana Watanabe recordando las viejas leyendas que su abuelo siempre le contaba acerca del origen de su propio nombre—Eso solo nos facilitará su arresto.
—¡Yuri!—le reclamó DeWolff ofendida—Es solo un niño.
Pero aquello no parecía importarle a la Capitana, claramente esa novata no había estado ahí cuando SpiderKid se convirtió en la peor amenaza que hubiese visto, un mutante disfrutando con el sufrimiento ajeno y rodeado de un aura negruzca. Nunca en su vida se había sentido tan amenazada, aunque ciertamente todo ese terror que la había perseguido durante las últimas semanas no era lo que sentía al ver aquel niño.
A pesar de tener la máscara puesta, era claro que el niño miraba hacia una infinita nada con dirección al suelo, ese pequeño acto no iba a ayudarlo a escapar, finalmente ella iba a detener tanto al Duende Verde como a SpiderKid, dos de las más grandes amenazas de la ciudad.
Su rostro debió ser un libro abierto para DeWolff, porque rápidamente añadió:
—Un niño que acaba de resolver el caso del Duende Verde.—remarcó la oficial interponiéndose entre la Capitana y el héroe.
Sí, Lincoln lo había logrado, ahora sabía la identidad del Duende Verde tras tanto tiempo habiendo sido un misterio. Entonces, ¿Por qué se sentía tan mal? Como si algo no estuviera bien, como si se estuvieran burlando de él en su cara. Algo tan evidente, pero que al mismo tiempo no podía descifrarlo.
Casi como si Lincoln hubiera perdido todo a pesar de que ganó.
—Capitana, descansé.—fueron las órdenes del dudoso alcalde de la ciudad—Ese niño me salvó la vida, a mi yerno y a mi nieto.
Esa voz Lincoln la pudo reconocer, pero ¿Cómo podía estar tan tranquilo tras lo que acababa de pasar? Debería de estar destrozado, después de descubrir el terrible secreto de su heredero, ahora que su imagen pública estaba destrozada y por los suelos. Pero en lugar de verlo abajo, como la molestia que era en verdad, Lincoln lo veía caminando calmado, con entereza.
Casi como si Norman hubiera ganado a pesar de perderlo todo.
—No estás limpio de pecados Osborn, todas tus actividades criminales ya fueron expuestas.—dijo Yuri sin un atisbo de comprensión ante su actitud altanera.
Aquella actitud tan fría no la hubiera tenido George… Extrañaba al Capitán Stacy, pero por su incompetencia al momento de salvar vidas de aquellos que le importaban, ese buen hombre ya no volvería… El Capitán se la pasó advirtiéndole acerca de que gente moriría si él no daba la talla.
Y finalmente, el punto del Capitán había sido demostrado, la baja capacidad de Lincoln, el no conocer sus límites, habían provocado la muerte de una de las mejores personas que jamás hubiera conocido.
Lo cual hacía todo incluso más retorcido al darse cuenta, que aquellos que le seguían como modelos a seguir, los señores McBride habían caído del pedestal que tanto se habían esforzado en estar.
—Eso aún está por ser determinado por un abogado.—dijo serenamente Osborn—Lo que hizo mi hijo fue una desgracia, pero yo soy inocente.
—¿De lo que haya hecho el Duende Verde? Sí.—cedió finalmente Yuri—Pero no de tu registro pasado.
Dicho esto, tomó al hombre de sus muñecas y empezó a esposarlo mientras recitaba:
—Norman Osborn. Tiene derecho a guardar silencio, todo lo que diga puede y será usado en su contra…
Mientras ella hablaba DeWolff miraba intrigada a SpiderKid, el niño seguía perdido sin enterarse de las esposas en sus manos, mirando hacia el suelo como si esperase que algo…
"I've played all my cards, and that's what you've done too"
… fuera a cambiar si continuaba mirando al piso.
—¡¿Cómo pudiste permitirlo?!—prácticamente le gritaron a su rostro descubierto.
—¡Tenías un código que proteger! ¡Una ciudad!
—¡¿Acaso ocultaste el secreto para proteger a tu familia?!
—¡Mentiroso!—pero ni siquiera había dicho nada.
—¿No pensaste en tu hijo?
Esas palabras provenientes de la directora del comité le hicieron finalmente reaccionar y levantar el rostro enrojecido y molesto. Se encontraba frente a la junta directiva del departamento de policía de Nueva York, esposado y escoltado por su propio compañero de la fuerza.
—No podía saberlo…
—Más bien no quisiste saberlo.—le reclamó el Capitán de la unidad de Harlem—Si fuera por ti, ese lunático seguiría libre.
—Yo jamás…
—¡Silencio!—gritó otro de los jefes—¿Acaso no entiendes el ridículo por el que está pasando la policía frente al resto de ciudades?
—Howie nunca…
—¡Para con las excusas McBride!—exigió Yuri, la Capitana del distrito de Brooklyn—Dinos todo lo que sepas, no sirve de nada defender a ese monstruo.
Podía hablarles de aquella conversación que tuvieron con Norman, en la cual aceptaron que Clyde debía estar lo más lejos posible de toda esta situación. O tal vez del momento que vio ese laboratorio con todos esos tubos de ensayo repletos de líquido verde. La terrible discusión que tuvieron Howie y Norman, como Osborn intentó dejarlo a él fuera de todo el asunto, diciendo que solo le importaba aquello a él y su hijo.
Pero Howard por supuesto mantuvo a su marido como su ancla moral, hasta entonces podía aceptar la realidad, pero una vez entendió aquella terrible verdad, casi se derrumbaba. Sus rodillas temblaron mientras intentaba dar pasos inseguros hacia atrás.
—¡Dime que no es cierto!—gritó horrorizado.
—Lo siento…—nunca había escuchado a Howie en ese tono, casi como si fuera alguien diferente al hombre que alguna vez creía haber conocido.
Pero Norman solo sonrió confiado, sabiendo que ahora tenía un nuevo peón en su tablero. No tenía manera de saberlo a ciencia cierta, pero su instinto se lo decía, aquella mirada que veía en el rostro de Norman era la de una maniobra de un estratagema nato a punto de acorralar a su rival de manera burlona.
Con tantos años tras de sí en la policía, había visto esa expresión en algunas de las peores calañas que se toparon en su camino. Y ahora estaba frente a él, alumbrado con un tono verdoso debido a los viales de las mesas.
—Ya no tienen salvación.—dijo Norman complacido—Sus vidas acaban de ser arruinadas por culpa de ese estúpido niño araña.
Lo peor es que era cierto, había visto la grabación, como SpiderKid no detenía a Lisa mientras esta liberaba toda esa información al internet. Aunque podía entender el razonamiento detrás de lo que hizo el chico, no podía evitar sentir que los latidos de su corazón se aceleraban al pensar en ese rostro, a quien tantas veces había ayudado y que ahora le regresaba el favor destrozando a su familia y exponiendo sus secretos.
—Pero Clyde aun no debería estar arruinado.—dijo Norman llevando una mano a su pecho—Howie, sabes bien cómo.
—¡NO!—gritó molesto Howard Osborn—¡NO QUIERO!
—¿Acaso no te importa tu hijo?—fingió estar ofendido el hombre—Él no merece sufrir lo que los tres vamos a tener que pasar.
—¡NO METAS A CLYDE EN ESTO!—exigió Howie destrozado llevando ambas manos a su cabeza.
Harold veía toda esa escena sin creerlo.
—Debemos destruir a SpiderKid… a Lincoln Loud.—dijo Norman fingiendo pésame—Si lo logras, me aseguraré que Clyde crezca lejos de todo esto.
—¡ESE NIÑO ES UN MUTANTE!
—Y tú lo has vencido una y otra vez…—dijo Norman tomando uno de los viales y tratando de dejarlo en las manos de su hijo.
—¡NO!
Howard tomó aquel vial y lo lanzó contra la pared del laboratorio clandestino mientras respiraba entrecortadamente, podía ver el terror reflejado en el rostro del hombre que amaba.
Pudo notar como las manos de Howard temblaban, casi como si hubiera visto un monstruo frente suya, pero si aquellas declaraciones eran ciertas, su marido se había ocultado tras una máscara que parecía desprenderse con ese vial verde.
¿Era el hombre frente a él el verdadero Howard o tan solo la máscara de un monstruo listo para despertar temiendo perder aquello que no lo aceptaría si mostraba su verdadero ser?
Pero ya aquello no importaba, al final Howard no tenía opción, después de todo, Norman siempre jugó con toda la baraja a su favor, con los dados trucados para siempre caer a su favor, cada frase que decía lo acercaba más a lo que él quería y lo que los demás hiciesen parecían no poder detener el mecanismo que había sido accionado.
Y lo peor era que, ahora que Clyde no estaba cerca de él, sino que se encontraba con ese tal Harry Osborn, si quería asegurarse que su hijo estaba bien tenía que cargar con ese nuevo manto, ponerse una máscara hedionda y usar el traje que tenía guardado en ese laboratorio secreto Norman con tal de protegerlos.
Luchar contra sus ideales por el bien de su familia. Y también… Contra un SpiderKid desatado…
Pero Lincoln, a pesar de ser un niño desconsiderado e hipócrita… Tuvo la decencia de quitarle esas ropas tras tener su venganza, por lo que su único crimen del cual era juzgado fue solamente por encubrir al Duende Verde.
Huelga decir que al acabar esa junta le quitaron su placa, su arma y su honor. Pero no su libertad, después de todo, Harold solo había demostrado ser un incompetente policía, un padre terrible por exponer a su hijo ante un monstruo y un esposo demasiado cegado por el amor como para notar al criminal con quien compartía cama.
Durante toda su carrera había sido un policía honesto y sincero. En tan solo ese par de caóticos días logró entender como Norman le quitó todo por lo que se había esforzado durante toda su vida.
Su bondad había provocado que se aprovecharan de él como un peón al cual podían mover en un retorcido juego de poder, gente mucho más grande que él. Y eso jamás lo olvidaría, mucho menos ahora que tenía que preparase para el juicio y el velorio.
Aun no podía creer…
"Nothing more to say"
… el tamaño de esa araña gigante, su corazón latía a mil por hora mientras comenzaba a lavar la herida con agua y jabón, sin lograr nada, la hinchazón seguía ahí, un sudor potente parecía querer dejarlo quieto.
Quiso gritar, pero fue entonces que esa sensación cálida paso de sentirse por su mano para subir por su brazo y empezar a distribuirse lenta, pero equitativamente alrededor de su cuerpo.
Lincoln quería gritar y decirles a sus compañeros que llamaran a una ambulancia, pero el veneno finalmente alcanzó sus cuerdas vocales y sintió como si su garganta se cerrara, cayó al suelo intentando llevar su mano buena a las cuerdas vocales, fracasando miserablemente. No sintió dolor en todo su costado, como si el veneno ya hubiera destruido la comunicación de su sistema nervioso central.
Quería levantarse, pero no podía, ni siquiera podía respirar debido a que todos los músculos de su cuerpo estaban contrayéndose y se volvían rígidos. Lincoln podía sentir como el veneno finalmente llegaba a su cabeza y su cerebro se detenía lentamente.
Pudo ver durante unos momentos escasos toda su vida, desde sus más antiguos recuerdos siendo un niño con sus hermanas jugando sin preocuparse de nada, hasta momentos más importantes, como cuando dio su primer beso, el nacimiento de varias de sus hermanas menores, la muerte de su abuelo y su último baile antes de la graduación de la elemental. Aquellas tardes interminables que pasaba con Clyde jugando al nuevo videojuego de zombies, o cuando su hermana Lynn lo llevó a una excursión al bosque.
Tan solo tenía 11 años y ya estaba al borde de la muerte.
—Hey, ¿Estás bien?—preguntó una voz demasiado similar a la suya—Ven, déjame te apoyo.
Al darle la mano provocó que varios nervios se reactivaran de súbito, y Lincoln se levantó prácticamente de golpe tras haber aceptado el dulce abrazo de la muerte.
Obviamente el chico con lentes se quedó impactado por esa respuesta y dio dos pasos hacia atrás, pero Lincoln estaba viendo sus brazos como si se tratase de un nuevo descubrimiento, al ver si la picadura continuaba en su lugar, notó que no había nada más que una marca rojiza.
—¿Estás bien? Tenía que venir al baño también, pero me daba vergüenza preguntar.
¿Había sido tan solo su imaginación? Se llevó una mano al cabello para rascarlo mientras pretendía saludar a quien le ayudó, pero no encontraba palabras que decir.
—¿Te pegaste en la cabeza?—dijo el chico preocupado—Déjame busco al maestro para que te atiendan.
Peter Parker, el favorito de los profesores, un chico extremadamente inteligente que parecía subir por su propia cuenta el promedio general del salón, Lincoln lo conocía solo por eso y por ser el mejor amigo de Gwen, nunca se imaginó que Parker fuera una buena persona, con lo evasivo que era.
—Quédate aquí.—dijo mientras se alejaba.
Logró sentarse en el suelo mientras Peter Parker se alejaba, miraba al suelo intentando…
"No more ace to play"
… calmar la fatiga por el dolor que recorría por todo su cuerpo tras el largo día que tuvo.
En frente suyo aún se encontraba la policía interrogando a varios testigos, el chico se encontraba atado con esposas de mutantes, bastante inútiles tomando en cuenta que él ni siquiera tenía ese gen X.
En el frente pudo ver como llevaban en una camilla al malherido Duende Verde directo al hospital. Los golpes que le dio tal vez iban a matarlo, pero a pesar de no tener el simbionte puesto, no pudo evitar sentir algo de satisfacción. Tras todos los engaños y mentiras que tuvo que pasar, que el Duende recibiera su merecido era lo menos que podía pedir…
Tal vez por eso el maldito simbionte lo quería a él, tal vez esa era su verdadera naturaleza. Miró su mano picada por la araña, ¿Eran esos sus pensamientos? ¿O era SpiderKid intentando volver a envenenarlo? Quizá solo estaba tremendamente confundido.
Se estaba centrando en los peores aspectos de lo que acaba de pasar, sintiéndose como una patética victima cuando había personas que habían sido tratadas peor como…
—Gwen.—susurró mientras se levantaba.
¿Cómo pudo olvidarla? Estuvo tanto tiempo sintiendo pena de sí mismo, que ni siquiera se detuvo a pensar hasta ese momento en como Gwen debía estarse sintiendo.
—¡Alto ahí SpiderKid!—sintió como su sentido arácnido se activaba y se detuvo, esquivando una bala que le hubiera dado en el hombro de haber dado un solo paso más—¡¿A dónde crees que vas?!
—Hay quienes necesitan mi ayuda.—dijo prácticamente sin ganas.
—¡Estas arrestado!—gritó la mujer.
—Adiós Capitana.—dijo el chico rompiendo las esposas con facilidad y dando un salto seguido de una telaraña para comenzar a alejarse de la playa.
Tomó su celular una vez supo que perdió a la policía de su vista e intentó marcar a Gwen, pero no recibió respuesta alguna. Hizo la llamada al siguiente contacto que conocía.
—¿Lincoln eres tú?—preguntó asustado.
—Sí, soy yo.
—¿Estás bien?—preguntó asustado Peter.
—No.
El silencio que siguió fue abismal, casi como si hubiera una neblina entre ambos que finalmente se había despejado y ahora todo era claro.
—Lo siento amigo.—intentó animarlo.
—No, yo lo siento, escapé cuando me estabas ayudando… Yo…—dijo mientras buscaba contener las lágrimas, fallando estrepitosamente—Peter, ¿Dónde está Gwen?
—En el hospital general de Queens, pero, está rodeada de policías…—dijo Peter con pésame—Escuché por la radio que atraparon el Duende Verde y que las ambulancias están luchando para ver si sobrevive… ¿Fuiste tú?
—Sí… Lo hice.—dijo intentando sentir algo que no fuera culpabilidad.
—¿Valió la pena?
Guardó silencio prácticamente durante un minuto entero, debido a que la respuesta evidente era que, por supuesto que valió la pena detener al Duende Verde, pero tras todo lo que había pasado, ¿Realmente lo valía? ¿Todo lo que perdió se había recuperado tras acabar con su enemigo mortal?
—No.—fue la respuesta más honesta que pudo dar.
—Tu familia me marcó al celular, querían saber dónde estabas y no encontré una mentira que decirles, y Matt… No quiere saber nada de todo esto, estaba muy decepcionado Lincoln…
—Lo siento.
Fue el turno de Peter de hacer una pausa, buscando la manera correcta de hablar, las palabras indicadas, Lincoln lo sabía.
—A veces un lo siento no basta.—dijo Peter sabiendo que sus palabras iban a lastimar a su amigo, pero era la verdad—No puedes seguir ignorando a los demás cuando tratan de ser buenos contigo y esperar que no haya consecuencias, tienes que cambiar Lincoln… Tienes que ser mejor.
—Tengo que ver a Gwen…—dijo Lincoln sabiendo que no quería lidiar con lo que Peter le decía en aquel momento.
—Como mínimo tienes que ver a tu familia, Gwen no… No sé si pueda soportar más…
—Yo… Es mi culpa.—dijo finalmente cayendo de rodillas al suelo de uno de los tejados cerca de Coney Island—Es mi culpa lo que… El Capitán estaba ahí… Si hubiera…
Pero Peter no respondió.
—Le diré a Leni que vas a volver a casa, no puedo hacer más.
Lincoln estaba abrazando sus rodillas en el suelo mientras ambas manos se encontraban apretando su cabeza, el Capitán Stacy ya no estaba y era culpa suya. De haber sido responsable no hubiera dejado que el Capitán se acercase, ni se hubiera dejado herir por el Duende, había tantas cosas que cambiar de esos días, y ahora no podía hacer nada.
El Duende Verde estaba derrotado, en un limbo entre la vida y la muerte tras los golpes que él le dio, pero su risa maligna seguía impregnada en su mente, escuchándose cada vez más fuerte, torturándolo para la eternidad debido a que ganó, le quitó a SpiderKid otro de sus seres queridos.
Reforzó solamente aquello que más temía, una verdad la cual antes hubiera aceptado sin problemas, pero que tras toda su experiencia detrás resultaba hasta dolorosa: Estar cerca de él era peligroso para el resto.
Llevaba huyendo de esa verdad desde que todo había comenzado.
Si bien antes la había aceptado, no la aplicó realmente sino hasta que el simbionte se entrometió en su vida y casi destruye su identidad por tener el control de su cuerpo. Fue entonces, al ver en acción como aquella realidad se forjaba que intentó hacer de lado esa idea.
Había asumido que desapareciendo a Lincoln iba a bastar para evitar daños, pero no, aquello no servía de nada si no tomaba cartas en el asunto y tomaba la decisión más importante de su vida. Una que finalmente resolviera el problema de raíz.
Se levantó, mirando al frente inseguro y con la lluvia a su espalda, su casa estaba tan cerca…
"The Winner Takes it All"
—Norman Osborn, usted ha sido acusado de espionaje industrial, manipulación electoral, venta de artículos ilegales, experimentación no regulada con seres humanos…—continuó la jueza leyendo la larga lista hasta que al acabar bajó la mirada y miró al hombre directamente a los ojos—Le recuerdo que está bajo juramento ante la constitución, ¿Cómo se declara?
—Culpable.—dijo Norman con arrepentimiento en su rostro.
Aquello la sorprendió a toda la sala, genuinamente creían que Norman Osborn iba a declararse inocente.
—Actué bajo coerción.—continuó el hombre, sorprendiendo a todos aún más.
—¿Bajo coerción? ¿De quién?—inquirió una fiscal afroamericana sabiendo la respuesta, pero entendiendo que debía hacer la pregunta de todos modos.
Si Norman Osborn estaba mintiendo descaradamente, la jueza tenía que admitir que el bastardo fingía a la perfección su papel. Sobaba los dobleces de sus manos mientras comenzaba a sudar y miraba de uno a otro lado preocupado, asustado de decir lo siguiente.
—Howard McBride, mejor conocido como el Duende Verde.—dijo Norman dejando caer un pesado aire desde su pecho, como si hubiera hecho algo sumamente valiente.
—¿Su hijo lo amenazó?
—Así es, su señoría, Howard siempre fue un chico inteligente, se decidió por estudiar medicina genética tras la muerte de su madre por una larga y espantosa enfermedad.
—Sí, Emily Osborn, falleció hace casi veinte años.—dijo la jueza conociendo a detalle el caso, no quería que alguien como Osborn tuviera la delantera en nada.
—Sí, mi querida Emily, Howard no podía superar su muerte, decidió intentar crear una cura para esa enfermedad… Y lo logró.
—¿Por qué nunca nadie ha oído hablar de esa milagrosa cura?—preguntó entonces la fiscal interrumpiendo una claramente ensayada mentira—¿Acaso tiene alguna prueba?
—Tengo muchas pruebas… Y nadie ha escuchado de esta cura, porque se llama Globulina Verde, tiene un efecto secundario indeseado…
—Así que admite haber experimentado en humanos, ¿No?—finalmente lo tenía donde quería.
—Personalmente nunca lo permitiría, pero Howard… Fue diagnosticado con la misma enfermedad de su madre, tan solo con veinticuatro años, ¿Puede creerlo? Ni siquiera había terminado su tesis de doctorado, y ya le pronosticaban tres años de vida.
Hubo completo silencio en la sala. Esos tres años de vida, habían sido hace al menos quince años.
—Experimentó en sí mismo a mis espaldas, debí ser un mejor padre, debí saber que ese aumento en la agresividad… Bueno…—pareció quedarse sin palabras.
Para la jueza todo aquello le olía mal, parecía extremadamente ensayado cada momento de debilidad, cada suspiro, no parecía siquiera real, pero al mismo tiempo, fuera de su intuición, no podía hacer nada, tenía las pruebas frente a ella y aun así el muy zorro parecía poder comprar a todo el juzgado solo con su actuación.
—Howie se curó de la enfermedad que debió haberlo matado "milagrosamente", justo cuando comenzaron a haber atracos a la ciudad, un loco vestido de bufón, no quiero dar rodeos, un día hace un par de meses lo descubrí con su botín después de que volvió al enfrentar a SpiderKid, y casi me mata…
En la pantalla de exposición se mostró un video datado durante las vacaciones de primavera de ese año, osease, durante la crisis del gran apagón, se veía a Norman y Howard discutiendo en un pasillo.
—¿No aprendiste nada de la última vez?—le recriminó su hijo a un Norman molesto.
—Fue solo un error en la dosis.—respondió seriamente Norman.
—¡Y casi te mata!
La grabación se detuvo.
—Señor Osborn, no podemos hacer valida una grabación recortada, si quiere convencernos que esta fue una grabación real, tendrá que ser pasada por un perito, y puesta en total contexto de inicio a fin.—exigió la fiscal Candace.
—No será necesario.—dijo la abogada de Norman desde el frente—A fin de cuentas, solo se está usando esta parte de la grabación como indicativo que mi cliente casi muere la última vez que descubrió la identidad de su hijo debido a una alta dosis de la sustancia conocida como Globulina Verde, el resto son conversaciones privadas y de reproducción limitada dados los acuerdos de…
—A mí me parece que más bien está incitando a su hijo a volver a usar esa sustancia.—dijo la fiscal interrumpiendo un argumento claramente ensayado.
—Por supuesto que le pedí que usara la globulina.—dijo Norman empezando a sudar y con las mejillas enrojecidas.
Toda la sala volvió a quedar pasmada, algo debía admitir la jueza, Norman Osborn sabía en todo momento como cautivar la atención de los presentes.
—Anota eso…—le exigió en voz baja Candace al interno estenógrafo.
—¿Y por qué lo hizo Norman?—preguntó su abogada rápidamente encaminando el argumento.
—Estaba en un momento de estrés extremo, encerrado con mi hijo mientras fuera de mi oficina se desarrollaba una batalla entre bandas callejeras y mutantes, no había posibilidad de salir de ahí… Fui débil y le pedí a mi hijo que lo hiciera para que saliéramos con vida… Pero eso jamás pasó.
—La Doctora Octopus lo secuestró en medio del tiroteo junto a su hijo para después torturarlos cruelmente, está en los reportes oficiales de la policía, como todos los respetables miembros del jurado pueden observar.—dijo la abogada intentando ocultar la sonrisa de su rostro.
Claro que eso le iba a ganar muchos puntos positivos con el jurado.
Sus intenciones se veían a kilómetros para la fiscal Candace Miller, tomó aire y supo que, si no armaba un mejor argumento para desacreditar a ese multimillonario, jamás vería las rejas de una cárcel. No podía pedir el resto de las grabaciones legalmente sin al menos obtener una prueba de que demostrase que sería relevante para el caso.
—Muchas gracias por sus palabras tan "esclarecedoras", señor Osborn.—dijo Candace rápidamente para evitar que continuase hablando—Llamo al estrado a Howard Osborn, el Duende Verde.
"The loser's standing small"
Con el estómago pesado Lincoln se quitó la máscara y puso su chaqueta naranja antes de salir del callejón cercano a su casa. Se dirigió directamente a su hogar, sabiendo lo que debía hacer, apretando sus manos y con los ojos prácticamente cerrados.
Ni siquiera se dio cuenta cuando llegó frente a la puerta rojiza de entrada. Tocó el timbre y pudo escuchar diversos pasos acercándose a su dirección. Finalmente, la puerta fue abierta y tras esta se encontraban sus hermanas, las que quedaban. Todas mirándolo de una u otra manera, extrañadas, casi como si no lo esperasen ahí. Era un desconocido en su propia casa.
—Hola.—dijo dando un par de pasos y entrando a su hogar.
Dentro pudo ver como estaba la pared aun rota con el golpe de puño que había dado hace varios meses, sintió algo pesado cayendo a su estómago, los daños de sus errores cometidos en el pasado aun eran visibles con claridad para todos los habitantes de la casa Loud.
Su madre se encontraba en el sillón de la sala, cargando a su hermana más pequeña, Lily, y con un par de maletas al lado suya junto a un tríptico.
—Lincoln, deberíamos hablar.—dijo su madre tomando el tríptico con fuerza.
Pudo ver cómo era para una escuela militar localizada en Alabama aun antes de siquiera sentarse en uno de los sillones continuos, el resto de sus hermanas se sentaron del lado de su madre, todas menos Leni.
—Yo también creo que deberíamos hablar.—dijo Lincoln sin poder mirar a nadie a los ojos.
Todas se horrorizaron al ver que su mano se encontraba ensangrentada debajo del guante extraño que estaba usando y que claramente tenía marcas de que había llorado hace muy poco tiempo.
—¿Estás bien?—preguntó Lynn intentando acercarse.
—Sí… No es nada.—dijo con sinceridad, pero pareció preocupar demasiado a sus hermanas, quienes lo veían como una especie de monstruo.
—¿Dónde estabas hijo?—preguntó su madre con su voz temblante, era claro que no quería hacer lo que estaba a punto de hacer—Desapareciste, George salió a buscarte y luego… Luego… Y hoy…
—Murió.—dijo Lincoln mirando al suelo, apenado—Lo sé, lo siento.
Todas parecieron intercambiar miradas sin saber que era lo que debían pensar, claramente Lincoln se había enterado de las terribles noticias y se encontraba demacrado frente a ellas, intentando contener calma. Casi como si esperasen que de un momento a otro se pusiera a gritarles, pero no, Lincoln no pretendía hacer eso, ya no más.
—No tienes porqué disculparte.—intentó reclamarle Luan indignada de la manera como Lincoln hablaba, sin poder ocultar que tenía miedo de preguntar por qué esa reacción—No es tu culpa, pero…
—¿Por qué volviste a escapar?—interrumpió Lola indignada—Prometiste que ya no lo harías, ¿Alguna vez cumples una de tus promesas?
—Lo prometí, pero no la cumplí.—fue honesto el chico, por primera vez era honesto con su familia en mucho tiempo—Siempre que pienso que podré con todo lo que el mundo me arroja, termino de nuevo en el suelo… Pero siempre me levanto, siempre vuelvo aquí. Con ustedes.
—Estas herido.—le dijo Lucy entendiendo que el discurso que daba su hermano era uno drástico, comparado a las anteriores veces que habían hablado—¿A qué oscuro y temible lugar fuiste a parar para terminar así?
—A ningún lado… Estoy herido porque este soy yo, mi verdadero yo.—dijo finalmente el chico sintiendo que liberaba un gran peso de encima.
Sin saberlo, hacía que el resto de sus hermanas adquirieran un gran peso en sus pechos, casi como si sus corazones se aceleraran y la respiración se les cortase, tenían miedo, mucho miedo. De lo que podía decir, de lo que podía hacer, del daño irreparable que sus acciones harían a la familia Loud. Pero al mismo tiempo… Había calma, debido a que no se veía la menor señal de agresividad del chico, a diferencia de la discusión en abril.
Su discurso era evasivo, más como si tratase de protegerlas de la verdad, pero sabiendo que tenía que hablar:
—He estado pensando, Lincoln, y creo que te deje muy de lado este último año.—confesó su madre antes de que Lincoln dijera nada más—Solo nos preocupábamos por ti cada que desaparecías, o cuando reprobabas, o cuando te enojabas… Me hizo pensar que tal vez… Tal vez lo mejor para ti sea estar en un lugar donde piensen en todo momento en ti.
El chico levantó la mirada por primera vez, era cierto que se sentía alejado de su familia, como si no perteneciese junto a todas ellas, pero la idea que le estaban sugiriendo era mandarlo lejos. Aunque esa opción hubiera sido la mejor para el SpiderKid de hace un año, estar lejos de sus seres queridos, sin la posibilidad remota de lastimarlos, aquella no era una opción para Lincoln.
—Lo que mamá intenta decir es que… Te queremos bro.—confesó Lynn—Pero nos da miedo como desapareces, terminas herido y vuelves como si… Como si fuera normal…
—Y ahora que no está el Capitán Stacy nos preocupa lo que te pueda pasar.—expresó Luan con pésame—¿Y si un día no vuelves? ¿Qué se supone que vamos a hacer? ¿Cómo crees que nos sentiríamos sabiendo que podrías estar herido, secuestrado o muerto sin que ninguna de nosotras pueda volver a verte jamás?
Asintió levemente con la cabeza, sintiendo muy pesado el nudo en su garganta.
—Razón no les falta.—admitió Lincoln sonriendo de medio lado, pero con los ojos llorosos—Pero, ¿Puedo al menos explicarles?
Todas voltearon a verse, la única que parecía tranquila era Leni, todas supusieron que se debía a que no entendía la situación, pero tanto ella como Lincoln asintieron con la cabeza, mostrando complicidad.
—No importa qué palabras uses, hijo, creo que tus acciones han hablado por sí mismas.—dijo Rita intentando mantenerse firme—Solo quiero evitar que termines como… Como tu padre.
Aquello lo hirió fuertemente.
Pero sabía que, desde la perspectiva de su familia, tenía sentido.
—No creo que pueda explicarme con palabras tampoco, es mejor demostrarlo.
Dicho esto, lanzó un largo suspiro, se llevó ambas manos a la cabeza mientras negaba lentamente. Al acabar tomó una máscara de debajo de su chaqueta, la cual ninguna de las chicas tuvo problemas reconociendo como la de SpiderKid, era imposible confundirla tras todos los eventos en los que se habían visto involucradas durante el último año.
—Perdón, pero este soy yo.—dijo Lincoln con lágrimas recorriendo su rostro y poniéndose la máscara—Este es Lincoln Philip Loud.—confesó SpiderKid.
Su madre lo miraba confundida, por su parte Luan y Lynn no parecían entender, Lucy sacó su flequillo del cabello para descubrir sus dos ojos y las gemelas se hacían hacia atrás. Por su parte Leni sonrió aliviada y su hermanita Lily apuntaba a su rostro.
—No, no es verdad.—fue lo que alcanzó a decir Rita mientras agitaba su cabeza—Mientes…
—Me picó una araña radioactiva hace dos años durante una excursión al zoológico.—dijo SpiderKid apuntando con su mano al techo.
Lanzó una telaraña y de un estirón llegó a este, no sin antes dar la vuelta para poner sus pies contra el techo, estando parado de cabeza frente al resto de su familia.
Leni continuaba sonriendo, mientras que Lynn arremetía hacia atrás con el corazón latiendo a mil por hora, su hermana Luan se veía horrorizada intentando proteger a las gemelas entre sus brazos. La pequeña Lucy parecía muy confundida como para mostrar expresión alguna.
Pero Rita, no mostraba nada en su rostro, solo lo miraba directamente.
Lincoln bajo de un solo salto de vuelta al sillón, pero esta vez sin sentarse y quitándose la máscara nuevamente, mostrando debajo su rostro enrojecido.
—Lo siento.—dijo SpiderKid soltando un largo suspiro de sus pulmones—Debí de haberlo dicho antes.—dijo Lincoln volviendo a mirar al suelo.
Durante unos momentos, sintió como si se hubiera liberado de unas cadenas invisibles que lo habían torturado durante meses, finalmente era libre de tomar la decisión que tuviese que tomar, sin afectar a su familia. Ahora ellas sabían la verdad, ahora finalmente lo veían por quien realmente era.
Su corazón volvió a latir con fuerza, pero esta vez no se encontraba intimidado, o temiendo por su vida, esta vez solo esperaba la respuesta por parte de su familia ante semejante noticia.
—¿Tu eres SpiderKid?—dijo Lana, siendo la única que parecía haber recobrado el aliento tras casi un minuto de silencio.
—Sí.—dijo Lincoln avergonzado—Al principio no quise decirlo porque pensé que me iban a encerrar en una cárcel para mutantes, pero para cuando ya estaba empezando a querer decirlo, ocurrió lo del señor Parker, lo de papá y… Yo… Yo…
Buscaba qué decir, se había imaginado muchas veces como sería aquel momento, había repasado mentalmente una y otra vez lo que debía decirle a sus hermanas, a sus padres e incluso a sus amigos, pero ahora que veía sus rostros horrorizados, no encontraba fuerzas para indagar en sus recuerdos.
Vio como su mamá dejó a su hermana Lily a un lado mientras se levantaba y se acercaba lentamente al chico, temblando de pies a cabeza, acercando su brazo derecho al chico.
Durante un par de instantes el sentido araña se activó, pero no se movió y supo que hizo lo correcto tras haber recibido la bofetada por parte de su madre.
No le dolía físicamente, pero emocionalmente lo hacía tambalear.
—¿Tú encerraste a tu propio padre?—dijo horrorizada mientras sobaba su mano del dolor que le dio haber golpeado la dura piel—¿A mis niñitas?
—Hice lo que era correcto… Lo que el abuelo…
—¡No metas a mi padre en esto!—gritó Rita enfurecida, casi escupiendo en su rostro y llevando una mano a sus ojos para evitar llorar.
—Lo siento…
—¿Lo sientes?—dijo Rita indignada—¿Lo sientes? ¿Hasta ahora lo sientes? ¿No sentiste nada durante todos estos meses?
No se sentía con fuerzas para responder, casi como si lo estuvieran oprimiendo en el corazón, pero no era un paro cardiaco, era solo el dolor de que veía reflejado aquello que más temía, el rechazo, la ira, la impotencia de una familia fragmentada por su culpa.
—¡CONTESTA!—exigió saber Rita molesta con el rostro completamente enrojecido frente a su hijo.
—El abuelo me dijo que tenía que cuidarlas… Que tenía que hacer lo correcto… Eso hice.
—¿Lo correcto? ¡¿LO CORRECTO?!—se encontraba hecha una furia Rita mientras se llevaba ambas manos a la cabeza y empezaba a sentir una fuerza que oprimía su estómago—Tú… ¡TÚ!
Apuntaba con un dedo acusador directamente al chico.
Se lo merecía, finalmente su telaraña de mentiras estaba siendo desmontada y todas ellas podían ver a su verdadero, patético, mentiroso y manipulador ser.
Lincoln Loud.
SpiderKid.
Por los gritos que escuchaba de su madre lo supo perfectamente como estaba a punto de perderlo todo por lo que había luchado tantos meses. El amor de su familia. Pero ya no tenía nada que ocultar, de una forma, aquello le hacía sentir feliz, era él mismo frente a la gente que amaba.
"Beside the victory, that's her destiny"
Ni siquiera pudo voltear a verla en sus últimos momentos.
Era lo que rondaba en la cabeza de Gwen tras recobrar la conciencia y ver el techo blanco del hospital, lo reconocía solo por fuerza de haber estado dentro de este tantas veces.
Notó que tenía puesto el uniforme de los pacientes, pero encima suya tenía un abrigo ensangrentado y con pedazos carbonizados. Al tocarlo lo reconoció al instante, era el abrigo de su papá, como si la hubiera estado abrazando todo este tiempo.
No tardó en ver cómo al intentar sentarse se encendió una alarma y una enfermera se acercó a ella:
—Tranquila, tranquila.—dijo la mujer intentando ser amable y recostándola nuevamente en la suave almohada.
—¿Dónde estoy?—dijo la chica consiente de donde estaba, pero necesitaba confirmarlo.
—El hospital general de Queens.—dijo la mujer con pésame—Reposa, Gwendolyn.
Solo él la llamaba así, era su nombre oficial, pero nunca le había gustado, era raro, extraño y tenía que deletrearlo cada vez que alguien más pretendía escribirlo, siempre prefirió Gwen.
Pero… Ahora que ya no estaba, ¿Aquella sería la última vez que alguien la llamaría de esa manera tan natural?
La enfermera debió notar como se hundía en una marea de pensamientos negativos porque se acercó para darle un abrazo, era una completa desconocida, posiblemente una vez saliera del hospital jamás volvería a verla, pero en ese pequeño momento sintió una conexión humana real, aferrándose con las uñas a las ropas de la mujer, no queriendo que el abrazo terminase.
Estuvo así durante casi dos minutos, en los cuales lágrimas silenciosas bajaban por su rostro y la enfermera le daba palmaditas en la espalda como manera de decir "Suéltalo".
Pero eventualmente se separaron, Gwen se frotó los ojos para limpiar aquellas lágrimas y volvió a mirar al techo. Se recostó e intentó no seguir pensando.
Pero sabía que en cualquier momento iba a estar destinada a enfrentar sus sentimientos, solo que no sabía si podía hacerlo sola. Tomó con fuerza las sábanas ligeras de la cama e intentó contener la respiración mientras despejaba su mente.
Ni siquiera había notado como tenía una pierna torcida, o parte de su brazo y cabeza en vendas y con olor a chamuscado, no, lo único que pasaba por su cabeza era querer un momento de paz.
"I figured it made sense. Building me a fence."
No había palabras que pudieran expresar lo que sentía, lo único que tenía sentido era simplemente decir lo que tanto tiempo había rondado por su cabeza, sin sentimiento, casi robótico.
—Papá descarriló un tren con explosivos.—dijo tras lanzar un largo suspiro.
—Él era un buen…
Pero Lincoln no quería que su madre lo interrumpiera, no había forma humana de comunicarse, así que sin levantar la voz y en ese mismo tono monótono dijo:
—Luna casi logra matarme, sin contar a la gente que lastimo congelándolos.
—Porque estaba devastada de…
—Lori fue manipulada por un alienígena que intentaba tomar el planeta para fundir las mentes de todos en un abismo de oscuridad y pesimismo.
—¿Lori hizo qué?
Esa última no la había soltado su madre, sino su hermana Leni, quien por primera vez había perdido esa sonrisa inocente con la que le mostraba apoyo.
—Y Lisa…—por primera vez Lincoln levantó la mirada y su tono de voz cambio a uno más molesto, como un reclamo.
Ni siquiera Rita tenía manera humana de justificar los actos de su hija más pequeña, Lincoln no tenía por qué decirle las horribles cosas que Lisa hizo, o peor aún, las que obligó a otras personas a experimentar.
Pero se sintió en la obligación de continuar explicándose:
—Me pico una araña radioactiva hace dos años, desde entonces desarrollé super poderes, y como SpiderKid me he dedicado a defender a esta ciudad de todos los peligros.—dijo convencido antes de voltear a ver a sus hermanas—En un principio, no quería contarles quien era porque ya sabía lo que hacían en otros lados con los mutantes, no quería que me separasen de ustedes.
Lanzó un largo suspiro para luego llevarse ambas manos a la cintura y empezar a caminar de un lado a otro de la mesita de la sala de estar, sin voltear a ver a su familia, tenía que soltarlo, pero no podía quedarse quieto.
—Cuando el abuelo murió, siempre supe que fue mi culpa, si no hubiera sido… Él, tal vez.—se detuvo completamente en esa línea de pensamientos, incluso negando con su cabeza de uno a otro lado—Durante los primeros meses teniendo este poder me escapaba por las noches para practicar, una de esas noches, como a las tres de la mañana, me encontré con el señor Parker en una gasolinera.—notó como casi todas sus hermanas se quedaban paralizadas—Otra persona había muerto por mi culpa, y la primera vez era solo un niño, pero esa vez, ya tenía poderes, pude haber hecho más, pero tuve miedo de que descubriera mi identidad secreta y me delatara, por mi culpa el señor Parker murió.
Vio como Lola intentó acercarse a él, pero tenía miedo, como si estuviera frente a un desconocido.
—Supe que la gente que estuviera cerca de mí iba a salir lastimada, por lo que intenté seguir por mi cuenta, siguiendo todo lo que me habían enseñado sobre el bien y el mal… Fue durante esa época cuando comencé a desaparecer más constantemente.—dijo sin sentir ningún tipo de orgullo por ese pasado—Pensaba que mientras más bien hiciera para la ciudad, podría… ¿Limpiar mis pecados?
Eso último ni siquiera él estaba seguro, era lo que siempre se decía, pero en el fondo sabía que no estaba siendo honesto.
—Y también, como una manera de conseguir fama y halagos.—dijo finalmente en voz alta—Me dejé llevar por eso.
Notó como Leni se iba a levantar para abrazarlo, pero no se lo merecía, ellas debían saberlo todo, debía exponerse completamente antes de que mereciera algún tipo de perdón, o también odio.
—Fue durante esa época cuando ocurrió lo de papá, y si bien al principio no sabía quién era el Buitre, cuando lo supe, lo único que pude pensar fue en lo enojado que estaba, en cómo si lo dejaba ir, se pondría nuevamente en peligro y lo iban a matar sin que el resto supiéramos nada acerca de él, todo por ocultar su doble vida.
Se detuvo durante casi un minuto entero mirando hacia el vacío, finalmente terminó soltando una leve risa mientras limpiaba un par de lágrimas.
—Que hipócrita soy… Estaba enojado con papá por lo mismo que ustedes ahora deben estar pensando.
No pudo voltear a verlas, no aún.
—A pesar de todo, me sentí horrible al ver las consecuencias de lo que había hecho, les quité a papá, arruiné a la familia, y siempre he pensado que ese es el evento que inicio… Todo lo que paso a inicios de año.
Todas lo miraban con expectación, atentas y horrorizadas en partes iguales.
—Fue mi culpa que Bobby muriera, no necesitaba estar en esa estúpida cama de hospital tras vencer al Hombre de Arena, solo necesitaba reposar, y de haber salido antes, él no hubiera sufrido el accidente.
Una nueva lágrima silenciosa resbalo por su costado.
—Luego paso lo del Doctor Connors, y si hubiera estado más atento hubiera evitado que Ronnie Anne se convirtiera en la Escorpiona y entonces… Entonces… Luna no hubiera…
Se detuvo porque, a pesar de todo, no encontraba fuerzas para justificar toda esa cadena de eventos, era abrumador hasta para él, todo por su incompetencia.
—Tras… todo eso, en mi cumpleaños estaba deseando irme lejos, escapar de sus vidas para dejar de dañarlas.—dijo llevándose una mano al corazón dolido—Pensé que tenía mucho sentido dejarlas atrás para que ya no sufrieran por estar cerca de mí, lo cual solo empeoró tras el Gran Apagón.
Pudo notar como todas se quedaron calladas, claramente no teniendo agradables recuerdos acerca de aquella semana de vacaciones primaverales forzadas.
—Leni, durante esos días descubrió mi identidad.—dijo Lincoln cansado—Y me convenció de que era una terrible idea irme lejos de ustedes, de no haber sido por ella me hubiera ido muy lejos desde marzo, pero las quiero demasiado como para irme. Últimamente lo único que me hace sonreír es pensar en ustedes.
No quería decir lo siguiente, era tal vez su momento más bajo y solo recordarlo hacia que su cabeza doliera, pero ya estaba diciéndolo todo en voz alta, ya no tenía sentido ocultarlo.
—Pero entonces… Llego el simbionte.
—¿Simbionte?
No había volteado, pero sabía perfectamente que era su madre incrédula repitiendo sin entender la importancia de lo que dijo.
—¿Recuerdan que SpiderKid tuvo… tuve, un traje negro durante un par de semanas?—preguntó y escuchó como asentían con la garganta levemente—No era un traje, esta es la parte más complicada de decir.
Llevo ambas manos a su rostro y sintió como los pelos en sus brazos se erizaban como si una corriente de aire frio estuviera rodeándolo.
—El simbionte, es una especie de parasito alienígena, que está por toda tu piel y te habla directamente a la cabeza, te dice las cosas que quieres escuchar, se alimenta de tus peores recuerdos y se llame los dedos cada que algo horrible te pasa, porque ahí está para ti, te escucha para que creas que se preocupa por ti… Pero es una sucia mentira asquerosa.—no pudo evitar detenerse para limpiar su rostro enrojecido mientras batallaba para no temblar de frio—Te manipula para que te centres en tus peores ideas… Te hace cometer cosas horribles y para cuando te das cuenta de que te ha usado, es demasiado tarde y ya estás atrapado en sus garras.
Se tuvo que abrazar a sí mismo para dejar de sentir la fría brisa que parecía no abandonarlo.
—Fui un idiota, pero con la ayuda de Daredevil pudimos deshacernos de esa cosa, ahí fue cuando volví.—se detuvo rápidamente para voltear a verlas directamente al rostro—Pero no me malinterpreten, todo lo que hice con ese estúpido traje negro, estaba dentro de mí, no fue el traje obligándome, todo eso venía de una parte en mi interior que negué, pero que el simbionte ayudó a sacar a la luz, ¡Y POR ESO LO ODIO!
Se detuvo porque no esperaba lanzar ese grito, no podía mirarlas, debía parecer como un loco, sentía su garganta seca y rasposa.
—Esa cosa logró llegar a Lori, ella le contó al resto de las Siniestras mi identidad, por eso me separé de ustedes, sabía de cierta manera que Lisa iba a intentar no lastimarlas siempre y cuando no representasen un estorbo para sus planes y acabar conmigo estaba dentro de sus metas.
Ya casi terminaba, pero se sentía como si acabase de correr una maratón, incluso sudaba mucho.
—No sé cómo, el Duende Verde descubrió mi identidad, pero la sabe, sabe quién soy, y por eso secuestró a todos los que yo quería, por eso intentó matarlas, porque están junto a mí, porque las quiero y porque he hecho que gente horrible quiera derrumbarme.—dijo antes de soltar un largo suspiro—Es por mi culpa que mató a George.
Decirlo lo hizo prácticamente volver al estado catatónico en el que había iniciado, finalmente la verdad había salido de su cuerpo, y ahora toda su familia conocía de manera resumida su vida heroica.
No pudo voltear a verlas, pero a veces el silencio habla más que mil palabras. Ni siquiera se escuchaba el sonido de las respiraciones, solo un silencio sepulcral que nunca debía de sentirse dentro de un hogar con familia que se ama. Pero siempre existía la posibilidad que, tras todo esto, ya no lo amaran, y solo pensar eso hacía que sintiera como un pinchazo en el pecho.
Cerró los ojos mientras se abrazaba con más fuerza y comenzaba a reducirse, si ellas llamaban a la policía para que lo encerrasen no iba a culparlas.
Sintió una mano en su hombro, y al voltear arriba se encontró con la mirada confundida de su hermana Leni, quien con una mano acariciaba su cabeza, mientras ofrecía la otra para ayudarlo a levantarse y susurraba algo parecido a "Eres muy valiente".
No se lo merecía.
En ese punto sus expresiones debían ser muy obvias porque Leni a pesar del rechazo lo tomó de la mano, la misma en la cual la araña lo había picado, puso sus dedos para que se entrecruzaran. Sintió que la palma de su mano dejaba de estar fría.
Desde su espalda sintió otro par de manos, estos siendo los de su hermana Luan quien negaba con la cabeza, pero lo ayudaba a levantarse desde la espalda. En la cintura cuatro pares de brazos se unieron, estos siendo las gemelas, quienes parecían verlo con pena, como si vieran a un cachorro abandonado el cual necesitaba un empujón para levantarse.
Finalmente, su hermana Lucy le acercó una caja de pañuelos, y al ver que no se movía, ella tomó uno de estos y comenzó a limpiar su rostro. Ninguna de ellas sonreía, pero tampoco parecían querer verlo tirado en el suelo, hundido.
Frente a él, aun distanciadas se encontraban su madre y Lynn, la primera con una expresión de profundo arrepentimiento, aunque con sus cejas claramente mostrando que seguía molesta, claramente se debatía qué hacer porque se encontraba con los brazos cruzados. En cambio, su hermana Lynn parecía verlo incrédula, como si aún le costase procesar todo lo que acababa de escuchar.
—Tú me…—iba a decir ella antes de interrumpirse llevando su mano a la boca, para luego cambiar una mirada molesta.
—Fue un accidente y debí decírtelo antes.—dijo el chico con su voz aun sin recuperarse—Pero nunca supe cómo.
No le gustaba pensar en eso, jugo con los sentimientos de su hermana haciéndole creer que alguien la amaba, cuando él intentaba sincerarse con Gwen. Lynn solo negó con la cabeza, intentó decir algo, pero cerró los ojos y le dio la espalda de brazos cruzados.
Y así Lincoln perdió a otra de sus hermanas.
El resto de sus hermanas respetaron la decisión de Lynn, pero tampoco es como que aceptaran a Lincoln, sino que lo veían con miradas acusadoras.
—Te creo.—dijo finalmente Luan, quien era la que parecía tener todo más claro que las demás—Creo que es la primera vez que dices la verdad en mucho tiempo.
Asintió con la cabeza.
—Muy bien, ¿Algo más que debamos saber?—dijo con un tono, casi hasta demasiado casual—¿No? No, okey.
Lanzó un largo suspiro antes de llevar ambas manos a su frente.
—Eres un idiota.
Al menos había sido directa.
—No, la palabra correcta es egoísta, pensaste solo en ti, Lincoln.—dijo ella con sinceridad—Creo que te hemos demostrado una y otra vez que aquí estamos para ti, ¿Y no es hasta ahora que lo entiendes? ¿Tras todo lo que hemos pasado?
Ni siquiera pudo mover su cabeza para agachar la mirada, sudaba frio y sentía su corazón latiendo aceleradamente nervioso de no saber lo que se venía delante de él.
—Cuando Marcus me tenía ahí abajo.—dijo repentinamente Lana—Estaba asustada porque no sabía nada de los que me estaban ayudando, de haber sabido que eras tú el que me ayudó…
La chica se detuvo porque comenzó a llorar, su gemela se acercó para consolarla.
—Somos familia hermano, pero, no parece que para ti seamos familia, parece que nos ves más como las chicas perfectas a las que debes proteger del exterior, sin darte cuenta del daño que existe dentro, te enfocaste tanto en esa idealización que nos dejaste de lado.—dijo herida Lucy—No podemos entender todos los peligros que implica ser un héroe, pero ¿Realmente valió la pena sacrificar a tu familia por esa efímera "fama"? Hay lazos que nunca volverán a ser los mismos por tus acciones.
—Lo sé…—dijo con un hilo de voz.
—Lincoln, te hubiéramos ayudado, yo siento que no confías en nosotras.—dijo finalmente Lola acariciando la espalda de una sollozante Lana—¿Por qué nos lo ocultaste? ¿Es enserio que creíste que te íbamos a enviar a una cárcel? ¿Tan malas crees que somos?
No pudo ni siquiera contestar cuando una nueva pregunta lo invadió.
—Lo que más trabajo me cuesta de aceptar.—confesó Luan—Es que, nos lo estás diciendo ahora que ya no tienes excusas ante lo que hiciste, pudiste habérnoslo dicho en el hospital cuando volviste de ese simbionte, y te hubiésemos aceptado, ¿Por qué lo seguiste ocultando?
—Chicas.—dijo finalmente Leni apartándolo—Sé que están molestas, yo también lo estuve cuando me enteré, pero dentro de todo, piensen en aquellas veces que Lincoln nos salvó a nosotras, o a tanta gente de toda la ciudad, hicieron un desfile en su honor hace unos días debido a todo el bien que ha hecho. No es un mal chico, solo uno muy confundido.
Y lo abrazó, Leni genuinamente le dio un abrazo cariñoso. Eso era más de lo que merecía.
Durante un momento todas bajaron la cabeza, excepto Rita, quien finalmente se acercó y se agachó para hablar cara a cara con su hijo, no era tan alta, ya con el niño a sus trece, apenas y era entre diez o quince centímetros más alta.
—Lincoln.—dijo Rita herida y provocó que todos voltearan a verla, menos Lynn, quien escuchaba atentamente, pero no podía voltear a ver atrás.
Todo estaba a punto de cambiar para la vida de Lincoln.
"Building me a home. Thinking I'll be strong there"
Todo estaba a punto de cambiar para la vida de Howard McBride.
No, no debería seguir llamándose así, no después de todo el daño que le hizo a su familia, Howard Osborn. Aquel apellido que tanto tiempo repudio y que intentó sacarse se encima, a pesar de que le debía su vida a su padre.
—¿Jura y perjura que dirá la verdad y únicamente la verdad?—preguntó la fiscal Candace.
—Lo juro.—mentía, pero estaba tan acostumbrado que ni siquiera dio un indicio.
Intentó bajar su mano para reposarla, pero el guardia detrás suya no le permitió moverla ni un milímetro sin comenzar a presionar los grilletes para que apretaran más fuerte. Tenía aun varias partes de su cuerpo completamente dañadas, por lo que le asignaron guardias y un doctor personal para que estuvieran cerca de él para que pudiera testificar, normalmente el juicio se habría retrasado hasta que él se curase lo suficiente, pero estaba claro que su captura era probablemente o más jugoso que tendrían en el sistema judicial durante mucho tiempo.
Cuando finalmente pudo bajar la mano el guardia que lo asistía del lado derecho estiró del brazo hasta dejarlo en posición con fuerza. Claramente eso era con la intención de que le doliera e intentase zafarse del dolor, solo para entonces apretujarlo más fuerte, pero Howard no iba a seguirle el juego. Ni siquiera se inmutó en el rostro, solo continuó viendo al frente.
La policía lo odiaba por la muerte de George. Y en el fondo, no sabía si también odiarse por permitirla.
—Puede tomar asiento.—dijo la jueza.
Así lo hizo.
—Gracias, su señoría.—dijo el hombre mientras se sentaba.
—¡No se te ha pedido hablar!—gritó la fiscal molesta—Iré directo al grano, ¿Admite usted qué durante los últimos quince años ha vivido una doble vida como el fugitivo bajo el alias de Duende Verde?
—Sí.
Con esas simples palabras todos en el jurado quedaron pasmados, la audiencia que había dentro del juzgado comenzó a cuchichear e incluso el interno estenógrafo escribía como si sus dedos compitieran contra un hacker ruso.
—No tenía sentido negarlo, se han encontrado múltiples pruebas y testimonios que lo vinculan como el artífice detrás de la mascarada escarlata.—dijo la fiscal para retomar la atención de todos—Se le acusa de conspiración, daño de propiedad pública y privada, daño con arma blanca, daño a mano armada, múltiples robos y fraudes, tortura en múltiples grados, tráfico de personas, secuestro, malversación de fondos, daño al cuerpo judicial y eso sin contar todos los asesinatos de manera directa, indirecta e inducidos.—dijo la mujer antes de recobrar aire—Solo para empezar.
Lo miró casi con una mirada desafiante "Intenta escapar de esta Osborn".
Pero Howard no tenía manera humana de escapar, su esposo lo odiaba a muerte, su hijo no podía reconocerlo, su medio hermano miraba con vergüenza como manchaba el apellido al que tanto se esforzaba por ascender. Y su padre, tenía la peor mirada de todas, la de compasión.
Lo odiaba, lo odiaba profundamente porque lo tenía justo donde quería, en la posición ideal para sus retorcidas manipulaciones. Lo odiaba, lo odiaba, lo odiaba profundamente, deseaba que se muriese para ya no tener que volver a escuchar su horrible voz, ¿Cómo podía fingir ante tantas personas que de alguna retorcida manera se preocupaba por él? ¡¿LE TENÍA PENA?! ¡¿NORMAN OSBORN?!
La fiscal notó como todas sus facciones cambiaron al momento que visualizó a su padre, y no fue sino hasta que todos lo notaron que convenientemente Norman comenzó a actuar asustado, como si no esperase esa reacción, Howard sentía su sangre hirviendo de ira. Su futuro, su familia, su carrera, su reputación, su vida, todo arruinado por esa cosa, a la cual se rehusaba a reconocer como hombre, ahí enfrente.
Y lo que más le dolía, no era esa actuación perfecta. No, aún peor, era que debía seguirla, si quería que Clyde, su amado y único hijo, saliera impune de toda esta situación. Debía complacer al monstruo que tenía como padre, y aunque cada momento sentado en esa silla era peor que una eternidad de espinas cruzando por su cuerpo, debía seguir su papel en esta farsa teatral.
La jueza claramente podía ver a través de toda esta mierda, pero la fiscal, esa tarada no, no podía ver nada por encima de que él iba a ser EL caso del que presumiría el resto de su patética e insignificante carrera.
—¿Cómo se declara?
—Tendrá que hacer una lista especifica, faltaron varios, pero hasta donde oí, culpable.—dijo como si no le importase para terminar soltando una risita retorcida.
Pudo ver que, entre la multitud de la sala, se encontraban en la segunda o tercera hilera al fondo, su esposo e hijo, junto a su medio hermano bastardo. El hijo de puta de Norman ni siquiera se molestó para reservarles un lugar en las primeras filas, pudo notar como Clyde lloraba a cantaros, mientras que el amor de su vida solo lo miraba seriamente decepcionado.
Claro que él no aprobó su decisión, pero no había vuelta atrás, de todas maneras, iba a caer por su pasado.
Se forzó a no mirar en esa dirección, sino concentrar su odio en la farsa representación teatral. Pudo ver como la fiscal claramente sonreía por tener todo perfectamente hilado, pero eso no entraba muy en su personaje, al Duende Verde le gustaba joder a los demás, ¿No?
—¿Cree que porque estoy de este lado esa lista va a terminar y el caso podrá ser archivado?—dijo en un tono condescendiente.
—¿Vas a admitir más crímenes?—dijo la fiscal Candace emocionada.
—No unos que haya cometido aún, pero tengo buena memoria, ¿Sabes?
Terminó con una sonrisa y un impulso casi le hace reír, pero sabía que no era lo mejor, sus recuerdos como ese psicópata despertaban cada vez ese lado secreto que no permitía a los demás ver, al que mantenía encerrado, pero ya no podía controlar.
—¿Es eso una amenaza?
—Recuerdo perfectamente el rostro de George Stacy.—dijo casi como si estuviera disfrutando el momento.
Muy en el fondo de su ser, lo hacía.
—Capitán George Stacy para ti, padre de familia ejemplar y un excelente cuerpo de las fuerzas del orden. Y tú última víctima.
—¿Quieres apostar acerca de eso último?
Lo extrañaba, por Dios, aun no podía ni procesar que George había muerto hace menos de setenta y dos horas, y peor aún, saber que el culpable fue el Duende Verde. Pero su actuación fue lo suficientemente convincente para hacer que la fiscal palideciera en solo un momento, definitivamente mentir y manipular estaba en la sangre de los Osborn.
—¡Silencio!—ordenó la jueza—No vuelva a insinuar algo por el estilo señor Osborn.
—Muy formal, ¿Saben qué? ¿Quieren ver a la persona detrás de todo esto? Di mi nombre.—retó a fiscal y jueza—Dígalo.
—Howard Osborn.—dijo la fiscal mirándolo firmemente a los ojos.
—Howard se fue de sabático, cariño.—le guiñó un ojo mientras su sonrisa se retorcía.
—No.—interrumpió Norman Osborn llevándose una mano a los ojos para fingir que no podía mirar al frente—¡No lo hagas Howie! ¡Por favor!
La abogada defensora tuvo que detener a Norman antes de que hiciera un escándalo y fuera sacado por desacato, en el jurado veían impactado la escena, pero la fiscal no, ella continuaba viendo a los ojos de ese manipulador asesino, sabiendo que no iba a caer en su juego.
—Duende Verde.—dijo la mujer con una sonrisa triunfal.
Y ahora Howard la tenía justo donde la quería, casi que era demasiado sencillo, tal vez por eso su padre usaba estas técnicas con todos los que lo rodeaban tan seguido.
—Solo lo haces para que creamos que tú y Howard son personas separadas, no es una táctica nueva, varios tiradores escolares la usan para intentar ir a un manicomio.—dijo la fiscal creyendo que podía ver por encima de sus mentiras, sin saber que estaba diciendo precisamente lo que buscaba.
—¿Y puedes compararme a un niño con acceso a un arma de fuego?—dijo antes de comenzar a reír—Por favor, pensé que reconocerías a un profesional estando frente a uno.
Esa risa, ensayada, no la verdadera, pero que aun así podía helar la sangre de todos los presentes. Por lo menos hasta antes de que ambos guardias se acercaran para tomarlo de ambos lados y regresarlo violentamente contra la silla, sin darse cuenta se estaba acercando al borde cada vez más y más.
Pero esa sonrisa no desapareció a pesar del dolor, no podía permitirse que desapareciera.
—¡No vuelva a acercarse al borde!—exigió la jueza—Responda a la pregunta, le recuerdo que está bajo juramento, ¿Solo finge para que pensemos que Howard y el Duende son personas distintas?
—Oh por favor, el Duende Verde y Howard Osborn son la misma persona, simplemente cuando puedo ser yo mismo, prefiero que me llamen así, no tiene sentido fingir, juré que iba a ser honesto, así que, vamos, pregunten.
—Solo nos intenta distraer.—dijo finalmente la jueza antes de voltear a la fiscal—Puede proceder al interrogatorio, no permita que se vaya por las ramas.
—De acuerdo, señor Osborn, ¿Usted desarrollo la sustancia denominada como globulina verde?
—Sí, de no haberlo hecho, estaría muerto,—dijo sin reparo alguno mientras seguía con la mirada a la fiscal, pero sin mover la cabeza.
—No le pregunté eso último.—dijo Candace no queriendo que el Duende llevase el interrogatorio—¿Hace cuánto?
—Durante mis últimos semestres de universidad, quince años.—dijo fingiendo que hacía memoria, yendo al grano, sabiendo que si decía más de la cuenta esta vez lo iban a silenciar.
Y si lo silenciaban iba a ser más difícil continuar con la farsa.
—¿Fue probada en animales antes del uso humano?
—No.
—¿Por qué saltarse las regulaciones del gremio?
—Porque si no lo hacía, moría.—dijo con simpleza y cortante, debía aprovechar cada oportunidad que pudiese—Desarrollé…
—No le pregunté eso.—dijo tajante la fiscal para interrumpirlo—Está ante juramente, así que responda, ¿Fue usted el único sujeto de pruebas?
—Sí.—dijo con simpleza Howard.
—Como médico, ¿Puede describir los efectos?—preguntó la fiscal mientras lo miraba desafiante.
La mujer enserio creía que su fachada de Duende iba a caer si demostraba sus conocimientos médicos, algo como "Está muy cuerdo como para estar loco", lanzó un par de risotadas internas, esa tarada ni siquiera sabía con quien se estaba metiendo.
—Si insiste jejeje, al ser inyectada en el torrente sanguíneo la globulina interacciona con los linfocitos fortaleciéndolos por su recubrimiento de citoplasma, los residuos se vuelven amielínicos por lo que bloquean a los nociceptores y al tratar de ser expulsada por la uretra se filtra a los andrógenos donde acelera la producción de testosterona exponencialmente.—dijo de manera acelerada, apenas pausando y mostrando que sabía mucho más que la fiscal respecto al tema.
—¿Anotó todo?—preguntó al estenógrafo quien parecía estar lanzando fuego de sus dedos.
Pero hasta alguien entrenado para esa labor, la combinación de tales palabras parecía balbuceos.
—Tiene sentido.—dijo finalmente el doctor que miraba el estado de salud del Duende mientras hablaba, fuera de que su corazón se encontraba acelerado, no había nada malo—No sé cómo es posible tal sustancia, pero dijo de manera simple que fortalece su sistema inmune, bloquea los receptores de dolor y aumenta de manera exagerada la testosterona, ósea, agresividad.
La sala quedó en silencio durante un minuto entero, no había duda alguna, Howard los tenía comiendo de su mano. Clyde iba a estar a salvo, aunque lo odiase por el resto de su vida.
"But I was a fool, playing by the rules"
—Lincoln, ¿Es eso cierto?—preguntó su madre mirándolo directamente a los ojos—¿Nos acabas de decir toda la verdad? ¿No hay nada más que debamos saber?
El chico sintió como sus pelos se erizaron mientras intentaba mantener la vista a su madre y decía a duras penas.
—Sí.
De nuevo fue recibido por un silencio penetrante el cual parecía eterno para la casa Loud, miles de palabras no bastaban para describir aquellos momentos, era claro que las chicas aún estaban intentando procesar todo, conectar los puntos detrás de cada una de sus misteriosas desapariciones en las cuales se rehusaba a dar explicaciones.
Todo tenía sentido, pero al mismo tiempo, de manera retorcida, todo tenía sentido, el porqué de sus enfados repentinos, sus comportamientos extraños y aterradores, así como su distanciamiento de la familia.
Las únicas que no parecían estar pasando por el dilema en aquel momento eran Leni y Lynn. La primera claramente porque ya sabía de antemano la información, e incluso así ella notaba lo pesado del ambiente, pero la segunda se negaba a voltear o hacer algo que no fuera seguir de brazos cruzada, estaba herida no solo por las mentiras, sino también por las acciones que el chico había tomado con ella.
Se sintió engañada, traicionada y vapuleada emocionalmente. El único motivo por el cual no se le lanzaba encima era porque dentro de todo, también reconocía que le había salvado la vida múltiples ocasiones, que no era un monstruo, pero no por eso significaba que sus acciones no hubieran dejado cicatrices importantes en ella, que ahora parecían volverse a abrir para dejarla desangrada y herida.
No podía voltear a verlo, porque lo odiaba, odiaba cómo le mintió cara a cara, odiaba todo el daño que le había hecho a su familia, odiaba sus patéticas excusas para fingir que era el bueno al mismo tiempo que destrozaba como un cáncer a la familia. No podía sentir por él nada que no fuera profundo desprecio, no había vuelta atrás, y lo sabía.
—Lynn yo…—intentó decir en un tono penoso.
Claro que el niño iba a entender el daño que le hizo especialmente a ella, tras todos esos meses idolatrándolo.
—Pudiste haberlo dicho antes.—dijo a secas Lynn sin voltear a verlo.
No quería ver su mentiroso rostro manipulador, no quería sentir pena por alguien que solo la había engañado, alguien que parecía jugar con sus sentimientos.
—No supe cómo.—dijo con honestidad.
Durante un momento su rabia disminuyó, solo lo suficiente como para hablarle de vuelta, no como un reclamo, más como una daga que intentase hacerle sentir el mismo nivel de daño que ella sentía en aquel momento.
—No quisiste, preferías mantener una mentira que decir la verdad.—dijo intentando contener su llanto—Te agradezco que tras todo lo que pasamos admitieras lo que cargaste siempre, pero no quiero volver a verte, no puedo volver a verte.
Dicho esto, con los ojos cerrados y brazos cruzados subió por las escaleras a su habitación y cerró con fuerza la puerta.
—Solo quería hacer lo correcto.—dijo el chico ya derrotado dejándose caer en el sillón.
—Ese es el problema Lincoln.—dijo Leni acercándose a él lentamente y escogiendo con mucho cuidado sus palabras—No siempre lo correcto es lo mejor, a veces como que trece cabezas piensan mejor que una.
Lincoln volteó a verla, entendiendo a lo que se refería.
Intentando hacer el bien para la mayoría, destrozó su vida personal, a su familia, un sacrificio desproporcionado con tal de buscar el bien del resto.
—Es mi culpa, yo provoqué todo.—dijo finalmente diciendo lo que llevaba tanto tiempo dentro de él.
Y al hacerlo, sintió como todo su aguante se derrumbaba y empezaba a llorar llevándose ambas manos al rostro para cubrirlo. Volvía a tener una máscara frente a su rostro, pero esta vez, no la del bufón que interpretó, esta vez una más cercana a lo que sentía.
—Está bien.—dijo Rita finalmente—La verdad, no sé si quiero volver a verte tampoco.
Todas las chicas se quedaron horrorizadas, mirando ahora como el panfleto para la escuela militar yacía en el suelo y su madre lo pisoteó.
—Claramente te fallé, debería también disculparme por no educarte correctamente.—dijo sin poder mirarlo—Si quieres puedes vivir con nosotras, solo te pido que… No mezcles tu vida de fuera, aquí, no quiero que mis hijas vuelvan a…
Entonces salió de la habitación con un semblante incomprensible para la mayoría, pero no para Lincoln, claramente su madre no sabía qué hacer y tenía múltiples conflictos internos. Y no era la única, él estaba pasando por algo similar, aunque haber dicho todo lo que ocultaba, le había ayudado bastante, solo faltaba alguien con quien sincerarse. Pero no podía pensar en eso en aquel momento, este era para sus hermanas.
"The Gods may throw a dice, their minds as cold as ice"
—Señor Campbell, ¿Cuál es la resolución del jurado respecto al acusado Howard Osborn por perpetrar los diversos actos criminales como Duende Verde?
Tras una larga, intensa y muy acalorada discusión en la sala del jurado Robert Campbell no pudo evitar sentirse nervioso cuando se levantó, claro que varios voltearon a verlo con miradas asesinas.
Era imposible organizar una decena de personas para llegar a una resolución concreta en base a las leyes existentes de la constitución, había tantos vacíos legales que le dolía la cabeza solo de pensarlo.
—El jurado ha llegado a la resolución de que los cargos presentados ante Howard Osborn son correctos, es culpable.
Se imaginó que si estuviera en una película aquel debería ser el momento en el cual todos se levantaban de sus asientos y aplaudían, mientras confeti se liberaba del techo y Sarah, la chica de la fila delantera se tiraba a sus brazos para que le diera un beso.
Pero claro que no paso nada de eso, para empezar Sarah estaba casada y tenía dos hijos, como lo hizo saber varias veces en la reunión para acelerar el proceso. Nadie más parecía tener la fuerza de voluntad para levantarse de sus asientos, mucho menos para aplaudir. Y estaba seguro de que el confeti celebrando el final de un caso era más de un videojuego o película que de los casos reales, ¿Cómo esperaban que se aprendiera acerca de procesos legales? Él era un ingeniero, no un abogado garrapata.
—Excelente.—dijo la jueza asintiendo.
A pesar del aire de tranquilidad, había un alma destrozada por aquella sentencia, y sorpresivamente, no era la de Howard.
Desde la distancia, Clyde veía la situación como si estuviera viendo un terreno alienígena, su padre, uno de los hombres más comprensivos, amables y cariñosos que pudo haber conocido en su vida, lo estaban condenando por robo, agresión y múltiples asesinatos. Y peor aún, uno de estos siendo el del Capitán Stacy, un hombre justo y honesto como ningún otro que hubiera conocido, rivalizando solo con su otro padre.
Su papá no era así, él se llevaba bien con el Capitán Stacy, jamás lo hubiera asesinado a sangre fría, mucho menos en el estado que quedó, tan herido que SpiderKid ni siquiera tuvo que envolverlo en telarañas para que se completase su arresto.
Todo era demasiado conveniente como para ser real, el proceso fue tan rápido que apenas hubo tiempo de procesarlo. Su mundo se derrumbaba al ver que su papá continuaba allí enfrente, sonriendo, como si toda la situación le pareciese un chiste, pero esa cosa de ahí en frente no era su padre, no podía serlo.
¿Cómo era posible que todo lo que sabía acerca de su mundo iba a terminar tan repentinamente?
Estaba entrando a una nueva etapa de su vida, una que prometía ser terrible.
Pero Clyde no era el único afectado por estas declaraciones, a su lado se encontraba su otro padre, Harold, el cual ya no tenía un trabajo con el cual sostener a su familia, y todas sus cuentas bancarias habían sido congeladas porque "habían sido la base para apoyar al Duende Verde en sus fechorías". Su vida estaba acabada, ya no había vuelta atrás ahora que su esposo había sido condenado tras admitir frente a todo el jurado los horribles actos que cometió.
No le quedaba nada más que su hijo Clyde, el cual veía atónito hacia el frente y negaba lentamente con la cabeza, quiso abrazarlo, pero no sabía con qué derecho podía si quiera intentarlo.
Estaban juntos en los asientos traseros de la corte, pero parecía que una muralla infinita e invisible se colocaba entre ambos, Harold cerró los ojos, arrepentido, mientras escuchaba el cuchicheo de la sala.
No podía culpar al resto de personas, era finalmente el juicio del famoso Duende Verde, tras años de aterrorizar a la ciudad, finalmente iba a ser sentenciado. Pero su única esperanza era que no iba a caer solo, después de todo la persona detrás del Dunde Verde, no tenía manera de zafarse de esta.
Norman Osborn finalmente iba a caer, tal vez por eso Howard confesó tan fácilmente, tal vez esa era la única manera de llevar a ese terrible hombre ante la justicia y que se pudriera en una celda como se lo merecía desde hace tantos años.
—Gracias, ¿Y sobre el segundo acusado, el ex-alcalde Norman Osborn?—preguntó la jueza con un nudo en la garganta, aquel era EL caso de su carrera.
Un momento de silencio, Campbell levantó el papel y dijo, no sin temor:
"And someone way down here, loses someone dear"
—Lo siento mucho.
La Capitana Watanabe la veía incrédula, era solo una niña, no mayor a los trece años, destrozada física y emocionalmente. No conocía mucho a Gwendolyn Stacy, fuera de algunas veces de traer tu hijo al trabajo o de las veces ocasionales en las que George solía mencionarla.
Ni siquiera sentía que debía estar ahí, pero nadie más en la comisaria parecía tener las agallas para hablar con la niña, tal vez porque hacerlo significaría aceptar que George definitivamente se había ido. Y si ya de por si le estaba costando horrores al departamento de policía, no podía imaginarse lo que esta pobre niña tenía que estar pasando en ese momento.
—¿Gwen?
La chica volteó a verla, pero no había nada en su mirada, solo una profunda desconexión del mundo real, casi como si estuviera soñando despierta, con los ojos brillosos, claramente queriendo llorar, pero viéndose incapacitada.
—Debido a las heridas que tienes, la comisaria decidió atrasar el funeral, los doctores me comentaron que en dos días podrás moverte, vamos a venir mi compañera DeWolff y yo, ¿Está bien por ti? ¿Quieres que llamemos a tu tío mejor?
—No.—dijo secamente Gwen—No el tío Warren.
—Lo entiendo, tal vez sea demasiado doloroso para ambos.—racionalizó la mujer—Pero, si cambias de opinión, siempre habrá alguien de la policía cuidándote, tu padre lo dio todo por este trabajo, lo mínimo que podemos hacer es regresarle el favor.
Pero Gwen no quería decirle lo que verdaderamente pensaba acerca de la policía, no tenía las fuerzas necesarias.
—¿Qué va a ser de mi?—dijo finalmente aceptando la realidad—Estoy sola.
—No, no, no.—dijo con el mayor tacto que pudo y rodeándola para dar un medio abrazo—Nunca estarás sola, solo estás… Pasando a una nueva etapa, todo será diferente y debes ser valiente para afrontar el futuro, pero no lo harás sola, lo prometo.
La tomó de la mano para mostrarle apoyo, pero Gwen no correspondió.
—¿Quién va a cuidar de mí?
—Si tu tío acepta él, o si no, existen alternativas.—dijo Yuri sin saber que reacción esperaba.
—¿Cuáles alternativas?
—El estado podría encontrarte una familia adoptiva o podrías vivir legalmente en un refugio mientras cumples mayoría de edad o…
—No voy a volver a mi casa, ¿Verdad?—dijo arrepentida—Voy a perderlo todo…
A Yuri le dolía que esa chica fuera más inteligente de lo que parecía a primera vista, una cosa era tener una niña con el corazón destrozado, otro era una niña que no solo tenía el corazón destrozado, sino que también entendía que su mundo estaba a punto de cambiar o incluso desaparecer por completo.
—Muy probablemente la casa se la quede el banco, te darán un proporcional como parte de la herencia.—dijo con tristeza Yuri—Pero oye toda esta charla, es solo si tu tío literalmente pelea por no tenerte, lo cual, no creo que pase, dentro de todo, son familia… ¿No?
Gwen asintió. No le agradaba el tío Warren, pero al menos era mejor que la sensación que consumía su estómago de sentirse completamente sola. Cerró los ojos esperando despertar de esa pesadilla, queriendo abrazar a su papá, pero sintiéndose incapaz de mover sus brazos.
¿Esta sensación aplastante fue la que sintió Ronnie cuando le paso lo de su hermano? ¿Esta sensación de rendirse y dejarse arrastrar por la marea de adversidades como si de un pedazo de madera apenas flotante se tratase? ¿Fue esto lo que sintió Peter al perder a alguien tan valioso e importante como su tío? ¿Acaso Lincoln también intentó luchar inútilmente contra su corazón para calmar esas voces en su cabeza que le decían solo cosas negativas?
No, ellos eran personas diferentes, ella debía afrontar lo que sentía por su cuenta, Gwen lanzó un largo suspiro mirando a la ventana, con la lluvia cayendo a cantaros.
—Cuando era pequeña mi papá me decía que cuando llovía era porque los ángeles lloraban.—dijo Gwen sonriendo a pesar de todo—Yo siempre le respondía, no, es el agua condensada del mar que por el frio de la estratosfera volvía a nosotros.
—¿Cuántos años estamos hablando?—dijo Yuri mostrando interés.
—Cuatro, cinco.—dijo Gwen intentando no desconcentrarse—Pero él siempre respondía que los ángeles lloraban porque había perdido la magia de cuando eres niña… No lo decía con malicia, él solo no le gustaba que siempre intentase demostrar mi inteligencia, mírenme, soy lista.—dijo imitando su voz más infantil.
—En una partida de póker no es sabio mostrar todas tus cartas.—añadió Yuri estando de acuerdo con la lección de George.
—Pero hoy… Hoy quiero creer que los ángeles lloran… Que él llora allá arriba al verme aquí abajo… Y… y…no poder ven…
Pero no pudo continuar porque de su pecho salió un llanto profundo que la obligó a detenerse y abrazar a Yuri mientras soltaba su lado más vulnerable. Solo tenía que recordar las cosas buenas para dejar que todo ese dolor saliera.
Y agradeció que la oficial no la juzgase, sino que, muy al contrario, la alentó a sacarlo todo, que estaba bien hacerlo mientras le daba unas palmadas en la espalda.
"The winner takes it all"
La luz se encendió de repente para Maxwell, con un súbito frio debido al viento proveniente de la ventana. Abrió los ojos, miró borrosamente de uno a otro lado, pero solo se encontró con una sombra rojiza en medio de la habitación. Su miopía no le permitía ver algo más detallado, pero rápidamente blandió su mejor arma, sus lentes en su rostro y pudo notar como la figura de delante se quedaba quieto esperando que no lo distinguiese de la pared.
—Hola.—dijo Maxwell nervioso y aun sin distinguir al completo a la figura, parecía un niño, un par de años mayor que él.
Al encender su mesita de noche no dio crédito a lo que sus ojos veían.
—¿Q-q-q-qué?—dijo prácticamente pegándose al respaldo de su cama.
Antes de que pudiese gritar la figura se acercó a él y puso una mano en su boca para evitar que todo el hospital se enterase.
—Hola.—dijo claramente incomodo la figura enfrente suya—Soy…
—¡SpiderKid!—farfulló Maxwell ilusionado librándose del agarre del chico.
De haber tenido fuerzas hubiera saltado de la emoción en la cama, pero rápidamente el héroe llevó su dedo índice a donde deberían estar sus labios y comenzó a sisear para evitar escándalos, aunque parecía confiar lo suficiente en él como para no volver a intentar cubrir su boca.
—Así es.—dijo SpiderKid animado—Soy tu amigable vecino araña.
—¿Qué haces aquí?—dijo confundido Maxwell—¿No son como las dos de la mañana?
—Bueeeeeeno de hecho las cuatro para ser precisos, pero, ¿Cómo lo explico? Maxwell, ¿Verdad?—se detuvo al ver que le devolvían una fuerte sacudida aprobatoria de la cabeza—Estoy buscando a mi amiga.
—¿Tu amiga?—dijo sin entender Maxwell—¿En esta área? Lo siento mucho.
Por un segundo pareció ver como SpiderKid se detuvo en seco confundido.
—Esta es el área pediátrica, ¿No?
Maxwell sonrió, después de todo SpiderKid era un chico igual que él, no lo sabía todo, y a veces necesitaba ayuda.
—Sí… Pero…—dijo no muy seguro de entender completamente—Me dijeron que es un área muy especial para niños muy especiales.
—Oh…—parecía que SpiderKid había entendido finalmente y se quedó paralizado.
—Sí, esa fue la reacción de mi mamá.—dijo Maxwell recordando aquella época no tan bonita—¿Esto significa que mi deseo se hizo realidad?—preguntó ilusionado.
—¿Disculpa?
—Mi carta, me dijeron que escribiera lo que más quería en todo el mundo.—dijo antes de destaparse y mostrar un pecho lleno de aparatos médicos que vigilaban sus signos vitales, pero la manta tenía un diseño parecido al traje del chico, una telaraña negra en fondo rojo y azul—Me la dieron mis papis por navidad.
—Vaya…—SpiderKid parecía no tener palabras en aquel momento.
Sí, definitivamente aquello era como cuando le dijeron a sus papás que él iba a tener que pasar mucho tiempo en el hospital unas reacciones potentes que no entendía del todo.
—¿Si la leíste?—preguntó emocionado Maxwell.
—No… Lo siento.—dijo SpiderKid con un hilo de voz—Que decía Maxwell, por favor, dime.
—No la escribí yo, no sé ni escribir mi nombre, tuve que dejar la escuela por esta cosa de la sangre.—dijo como si fuera lo más natural—Pero le dije a mi papá que pusiera que quería conocer al menos a un héroe de verdad, como en las historietas y en las calles.
—¿Un héroe de verdad?—dijo confundido SpiderKid.
—Sí… Voy a ser honesto, pensaba que iba a venir el Capitán América, nunca esperé que vinieras tú.—dijo ilusionado—Siempre estás ocupado, siempre estas salvando a tantas personas que…
Fue interrumpido por un violento ataque de tos que le hizo llenar de sangre su sabana favorita.
—Perdón, perdón, no tenía el pañuelo preparado.—dijo intentando limpiar con sus manos el desastre.
Pero en lugar de empezar a regañarlo, SpiderKid lo que hizo fue tomarlo del hombro y acomodarlo hasta atrás en la almohada, para después tomar las sábanas y cubrirlo para que volviera a estar calientito.
—No tienes porqué disculparte, yo debería, entré sin permiso y fuera del horario de visitas.
Maxwell lanzó una ligera risa calmada.
—Eres tan divertido, nadie lo dice en las noticias.
—Es difícil imitar un humor como el original.—dijo el chico mientras terminaba de cubrirlo y se sentaba en un banquillo junto a la cama.
—¿No vas a ver a tu amiga?
—Sí, pero, te desperté, es mi responsabilidad quedarme hasta que vuelvas a descansar.—dijo sin dejar de mirarlo directamente, era difícil saber lo que pensaba detrás de la máscara—Eres muy fuerte para aguantar estar despierto a estas horas.
—¿Bromeas? Estoy siempre en el hospital, no soy fuerte, soy un debilucho.—dijo Maxwell intentando reír, pero no podía, apretó sus manos debajo de la sabana y aprovechando que lo tenía enfrente preguntó—¿Qué se siente?
—¿Estar despierto toda la noche? No muy divertido, solo estás cansado el resto del día.—dijo SpiderKid sin dudar.
—No, no eso, ¿Qué se siente tener esos increíbles poderes?—notó como no hubo una respuesta inmediata—Debe ser tan genial para ti poder ir de un lado a otro con las telarañas.
—Eso sí.—admitió SpiderKid.
—Y pelear contra los malos.
—Eh…
—Y que todo el mundo te quiera, debe ser la mejor sensación de todas, que todos te respeten y no se burlen de ti, ¿Cómo se siente no estar solo?—dijo Maxwell mientras bajaba la mirada avergonzado.
—Bueno, esa es la parte menos divertida del trabajo, estar solo.—dijo SpiderKid finalmente.
—¿Qué? ¡Pero todo el mundo te quiere!
—Ya, pero no soy… Perfecto, a veces cometo errores, a veces no sé las palabras correctas que decir, a veces simplemente no me soportan y es como… Como si todos te quieren por lo que haces, pero a nadie le agradas tú.—dijo finalmente lo que estaba pensando—Hasta que decides cambiar.
—¿Cambiar?—dijo sin entender Maxwell.
—Sí, ¿Sabes? Lo aprendí a las malas, si todas las personas terminan dañadas por algo que tú haces, entonces el problema no son los demás, eres tú.—dijo antes de levantar la cabeza sorprendido—Bueno yo, no tú jaja.
Pero no era una risa sincera, se notaba como ocultaba mucho detrás de esa máscara, no solo su identidad.
—Vaya…—dijo Maxwell con la boca abierta—A mí sí me agrada este tú.
—¿Eh?
—Hablas como una persona de verdad.—dijo Maxwell—No me tratas diferente como los doctores y mis papás, no finges saberlo todo. Siempre pensé que los héroes hablaban en discursos grandes y heroicos, pero ¿Tú? Hablas como… Como si fueras solo un niño… Igual que yo.
Pudo ver como SpiderKid no paraba de mirarlo sin decir nada.
—Supongo que soy un chico como tú.—dijo finalmente.
—Vaya…—dijo Maxwell maravillado—¿Puedes ser mi amigo?
—¿Tu amigo?—se detuvo un segundo como si se sintiera perdido antes de agitar afirmativamente la cabeza—Sí, por supuesto, sería un honor.
El corazón de Maxwell volvió a latir con fuerza, pero cada vez era más difícil mantener los ojos abiertos, era cierto que necesitaba descansar.
—Gracias.—dijo intentando no caer rendido—Eres un buen chico, SpiderKid…
Notó como bajaba la mirada y lanzaba un largo suspiro antes de tomar su máscara y quitársela.
—Es Lincoln.—dijo sonriéndole de vuelta con sus dientes de castor.
Los ojos de Maxwell se abrieron de súbito, aunque ya no podía levantar su cabeza. El chico tenía unos largos dientes, unas pecas en sus mejillas, un ojo morado y un cabello blanco que le daba un toque angelical con la tenue luz del hospital.
Maxwell sonrió e intentó seguir hablando, pero antes de poder decir nada sintió algo pesado en sus ojos y cayó dormido. Respirando larga y continuamente.
—Descansa, Maxwell.—dijo Lincoln con un nudo en la garganta.
Lo último que pudo escuchar Maxwell era como la puerta de su habitación era abierta y cerrada, volvía a estar solo en el hospital, pero había hecho un nuevo amigo tras tanto tiempo, de cierta manera, sabía que ya no iba a estar solo.
"The loser has to fall"
—Parece que gané.—dijo Norman complacido en voz baja y solo para él mientras veía al miembro del jurado volver a levantar la hoja.
—El jurado ha llegado a la conclusión que no hay suficiente evidencia para que Norman Osborn se le considere cómplice del terrorista Duende Verde.—dijo Campbell causando que la sonrisa interna de Norman creciera—Pero sí suficiente para obstrucción de la justicia, corrupción y experimentación no regulada por humanos en sus instalaciones, por lo que es culpable.
Pero la sonrisa interna de Norman no desapareció.
—Bien, dado ya los veredictos, a Howard Osborn se le condena a cinco cadenas perpetuas en prisión de máxima seguridad, sin posibilidad de libertad condicional.—dictó la jueza.
Rápidamente se pudieron escuchar algunos aplausos en la sala debido a gente que quería ver como ese monstruo se pudría tras las rejas. Tuvieron que esperar casi dos minutos en los cuales la jueza no paro de pedir orden en la sala. Al volver al silencio habitual volteó abajo y dijo:
—En cuento a Norman Osborn, se le condena a la perdida completa del poder ejecutivo y una multa de ciento cuarenta millones por experimentación no regulada con humanos, rompiendo el código Núremberg.—dijo la jueza sin inmutarse.
Esta vez no hubo aplausos, Norman ni siquiera se inmutó, solo asintió lentamente con la cabeza mientras intentaba que nadie viera su risa interna, claro que no iban a poder enviarlo a la cárcel con esos delitos, solo tenía que pagar sus multas y volver a los negocios como siempre.
Tenía que perder el juicio para ganar su libertad.
—Y como adicional.—dijo la jueza provocando un suspiro extendido mientras ella sonreía de medio lado—Seis meses de cárcel de máxima seguridad por obstrucción a la justicia, lo que me hace levantar también una orden para registrar su hogar y oficinas.—dijo finalmente.
—¿Qué?—aquella vez Norman estaba sorprendido—Debe ser un error.
La jueza golpeó con su martillo el escritorio, quedando la sentencia aplicada.
—Lo lamento señor Osborn, podrá apelar durante los siguientes meses, pero la argumentación para no mostrar la evidencia completa del video que trajo no está prevista por las leyes del estado de Nueva York, guardias, escóltenlo.
No, no podía estar pasando esto, Norman Osborn no podía ir a la cárcel… Porque si no salía para darle las instrucciones a sus mercenarios, entonces toda la evidencia que lo inculpaba sería encontrada tarde o temprano.
Tenía todo perfectamente calculado, la abogada le había instruido perfectamente, ¿Cómo que no era válida la objeción a mostrar más fragmentos de una evidencia? Estaba escrito en…
Fue entonces que la abogada que tenía a su lado se limpió las gafas y fingía no mirarlo… Esa perra inmunda.
—Una pena, entenderé si no vuelve a requerir de nuestros servicios.—dijo la mujer profesionalmente.
—Los demandaré.—dijo con rabia Norman en el tono más cruel y sombrío que pudo—Les pague millones, no pueden hacerme esto.
—Estaremos esperando su demanda señor Osborn, buena suerte.—e inmediatamente se acercó para que nadie la escuchara—Y usted no es el único con dinero en esta ciudad, ¿Ha escuchado de la Fundación Humanitaria Fisk?
¿Fisk? ¿Wilson Fisk? Ahora todo tenía sentido. Había sido derrotado en su propio juego, un golpe bajo cuando menos lo esperase un rival, ni siquiera lo había considerado.
Un policía se acercó para ponerle las esposas, a lo cual Norman solo atino a empezar a burlarse, claro que el idiota del Kingpin iba a intentar hundirlo, porque no tenía suficiente con la familia Loud y la policía entera, no consideró a su otro gran rival.
Su única esperanza era que Weasley actuase para destruir toda la evidencia, pero le sorprendió ver cómo rápidamente otros oficiales de policía se acercaban entre la audiencia a donde se encontraba el resto de su familia.
—Al señor Harry Weasley con mucho gusto le pediremos que nos acompañe, debido a que fue su mano derecha durante los últimos años.—sentenció la jueza—No se preocupe, su hijo no deseado tendrá un juicio justo, pero por el momento, caballeros.
Estaba acabado.
La risa que soltó pudo ser escuchada por todo el tribunal, dejando a todos con la piel de gallina, excepto a una persona, Harold McBride, quien sonreía, sabía que la fachada de Norman finalmente había sido derrumbada, y aunque su vida iba a ir a peor, al menos algo de justicia se había logrado.
Norman Osborn finalmente había sido derrotado.
"Somewhere deep inside, you must know I miss you"
Y teniendo que sentarse encima de la maleta para que cerrase correctamente fue lo último que tuvo que hacer Peter para terminar el equipaje. Recorrió la habitación con un deje nostálgico, la pared donde el Lagarto había entrado seguía sin pintar, debajo de su cama aun guardaba los primeros modelos del lanzatelarañas, ninguna de sus invenciones podía llevarlas a Inglaterra, tendría que dejárselas a Lincoln y Gwen.
Su laptop continuaba apagada en el vacío escritorio, aún tenía la mochila de la escuela, a pesar de que solo quedaban un par de días antes del final del curso y su despedida. Encima del armario la radio de policía hackeada para seguir las transmisiones del Capitán Stacy… Ahora inservible.
En su mesita de noche la foto enmarcada suya y del tío Ben sonriendo a la cámara, la tomó y acarició la superficie de cristal como si pudiese atravesarla y volver a sentir la piel de su tío.
Tantos recuerdos que había entre esas cuatro paredes. Algunos extremadamente dolorosos, otros divertidos como la vez que invitó a sus amigos para jugar Calabozos y Dragones… Nunca acabaron la partida… Y nunca la acabarían, puesto que Ronnie Anne su guerrera estrella se encontraba en la cárcel.
Los boletos ya estaban programados para que salieran la siguiente semana. Al menos le agradaba la idea de que la casa no iba a ser vendida, sino que tía May planeaba rentarla a su prima Dodson, por lo que su habitación siempre estaría en Nueva York, esperando por su regreso.
¿Iba a regresar? En ese momento no se veía capaz abandonando el sitio donde se había criado, pero una vez estando del otro lado del charco ¿Tendría la posibilidad de volver? O lentamente se iría haciendo a la idea de su nuevo hogar hasta que ya no tuviese motivos para volver…
Aquello le aterraba más que la despedida que iba a tener que hacer, porque significaba que todo su mundo estaba a punto de cambiar, sentía algo pesado en el corazón, como si le clavaran una aguja, pero rápidamente la sensación desapareció.
Esta era su ciudad, nunca iba a olvidarla, siempre iba a intentar buscar una manera de regresar, de eso estaba seguro, aunque no supiera lo que el futuro le tenía preparado, siempre iba a tener este lugar en su mente y corazón.
Y lo único que quedaba era esperar.
"But what can I say? Rules must be obeyed."
Finalmente, tras esquivar a muchos oficiales que se encontraban en el piso donde tenían internada a Gwen, encontró la habitación de su amiga y continuó avanzando por los conductos de ventilación.
Una vez encima de la habitación miro hacia la cama, en esta se encontraba apenas alumbrada por las luces externas del pasillo su novia, no parecía particularmente dañada tras todo lo que paso, al menos parecía dormir tranquila, fuera de los claros rastros de lágrimas no había nada que pareciera atormentarla en sus sueños.
El chico con cuidado de no hacer ruido retiró la tapa del conducto de ventilación y antes de saltar abajo asomó su cabeza. Durante un segundo el corazón se le detuvo puesto que se encontró con la oficial Yuri Watanabe en una silla justo fuera del ángulo de visión que él podía ver desde arriba. La mujer parecía leer un periódico mientras movía sus piernas, por lo cual, a pesar de ser las cuatro de la mañana, no se encontraba cansada.
—Maldita sea.—murmuró para sí mismo antes de intentar volver a poner la tapa de la ventilación.
Pero se detuvo al ver como la puerta era abierta y por esta pudo notar como entraba una mujer afroamericana con un vestido negro.
—Yuri, buenas noches.—saludó.
—DeWolff.—fue la simple contestación de la capitana a la vez que tallaba sus ojos—¿Ya tan rápido paso la noche?
—Sí.—contestó con simpleza DeWolff—Amanecerá en… ¿Una hora? ¿Vas a pedir un Uber para que te lleve a tu departamento?
—Será lo mejor, llevo sin dormir casi treinta y seis horas.—dijo Yuri apoyando sus dedos en un punto por encima de su nariz—¿Han dicho algo los médicos?
—Sí, pueden dejar salir a Gwen en la mañana, la funeraría Bergen va a recibirnos a partir de mediodía por eso vine ya vestida, y ya contacté con su tío, él continuará cuidándola.—contestó DeWolff—Pobre niña, ha tenido que pasar por tanto estos últimos días.
—Sí.—confirmó Yuri agotada—Pero al menos sigue viva.
—Ufff, esta frio aquí dentro.—señaló DeWolff—Que raro, ¿Quitaste la tapa de la ventilación?
Fue entonces que Lincoln se quedó más quieto que una roca, se le había olvidado por completo volverla a poner en su lugar, si se movía iban a notarlo y si hacía el mínimo ruido también iban a notarlo.
—Qué raro… Juraría que sí tenía las aspas porque cuando llegué las moví para que no dieran directamente…—dijo la Capitana Watanabe entrecerrando los ojos para ver si había algo ocultándose en la oscuridad.
—Tal vez eso fue en tu turno de ayer.—apuntó DeWolff—Nadie ha entrado a esta habitación, lo más probable es que se cayera mientras no estábamos viendo.
Durante un momento Yuri continuó mirando la apertura, antes de decir:
—Sí… Es lo más probable.
El chico tuvo que esperar otros quince minutos en lo que llegaba el Uber de la capitana y salía de la habitación junto a DeWolff, sabía que no iba a poder hablar con Gwen porque la mujer solo había salido al pasillo, por lo que comenzó a retroceder en el mayor silencio que pudo.
Al menos ya sabía que el funeral se iba a llevar a cabo en Bergen, una estación al lado del metro, tal vez no era la mejor idea seguir como SpiderKid y debía darse prisa para volver a su hogar y vestir como Lincoln Loud, de vuelta al negro.
Pero esta vez, por decisión propia.
"I don't wanna talk, if it makes you feel sad"
Lincoln entró a su casa ya con sus ropas de civil y con los ojos cansados, pero no tenía tiempo que perder, debía darse una ducha y comenzar a buscar unos atuendos adecuados para acompañar a su amiga.
—¿Saliste anoche?—se sorprendió al ver a su madre en la cocina haciendo el almuerzo.
—Fui a ver a Gwen.—respondió el chico ya sin nada que ocultar.
—Oh, bien.—dijo Rita claramente molesta, pero ignorándolo, no podía hacer nada—¿Qué tal está Gwen?
—Mal.—confesó Lincoln—El funeral del Capitán Stacy es a mediodía.
—Lo tendré en cuenta, hay que ir a presentar nuestros respetos.—y sin voltear a verlo siguió cocinando el desayuno.
El chico subió las escaleras apenado, no esperaba que el ambiente en su casa fuera prácticamente peor tras revelar su secreto, pero al menos no tenía una constante sensación en el pecho que lo hacía sentir culpable por mentir todo el rato.
En la parte de arriba se dirigió hacia el baño para bañarse con una toalla que se apresuró a tomar de su habitación, pero estando a medio camino, la puerta del baño fue abierta, de esta salió su hermana Lynn, quien se detuvo un momento al verlo. Parpadeó un par de veces y luego soltó un suspiro antes de continuar el camino a su habitación sin mirarlo y dando un portazo antes de que el chico pudiera decir nada.
Aun le costaba aceptar que su hermana no quisiera verlo ni en pintura, era una sensación terrible ver como alguien que amas te quiera matar… No una nueva, tomando en cuenta a las Siniestras, pero no dejaba de costarle trabajo cada vez que pasaba, aunque sobre todo lo que más dolía era aceptar la nueva realidad.
No había vuelta atrás ante todo lo que había pasado e iba a tener que vivir para siempre con las consecuencias de sus acciones.
Pero ahora no pensaba cometer los mismos errores del pasado y eso le hizo sonreír antes de entrar al baño familiar.
Esta vez, iba a ser mejor.
"But you see, The Winner Takes it All!"
Durante el desayuno le contó al resto de sus hermanas acerca del funeral del Capitán George Stacy, y no hubo objeción por parte de ninguna para aceptar acompañarlo por la línea de metro.
El chico agradecido con sus hermanas espero hasta que ellas terminasen de almorzar, decidió mirar la televisión.
—… causando furor en las redes sociales.—dijo la presentadora del canal de noticias—Las encuestas muestran que la mayoría de la población prefiere traer de vuelta al legitimo alcalde de…
Cambió de canal, no quería pensar en eso.
—Se pone a la jueza Strauss en prueba tras la dura sentencia al alcalde Norman…
No le interesaba.
—Osborn.—alcanzó a decir la presentación antes de que volviera a cambiar.
—Pero, escucha esto Linda, ¿Cuál es el motivo de que busquen encerrarlo? Es muy simple, intentó decir la verdad acerca de los mutantes.
Lincoln se llevó una almohada al rostro molesto, cambio de canal, y a pesar de que estaban hablando también de la exclusiva, decidió escucharla, solo para saber el destino de los Osborn.
—Cinco cadenas perpetuas es la condena que se le ofreció al terrible Duende Verde y si me lo preguntas Tom, una incompetente, el estado de Nueva York no debió de revocar el derecho legitimo del pueblo a la pena capital.—dijo una mujer joven quien no reconoció Lincoln, pero debía tener aproximadamente la misma edad que Matt Murdoc—Ese hombre aterrorizó y mató a mucha gente como para que con el dinero de nuestros impuestos se gaste en mantenerlo con vida.
—Pero señorita Belova no podemos…—intentó decir el presentador.
—Yelena.—interrumpió la mujer.
—Yelena, disculpa, Yelena no podemos retroceder en el progreso de las leyes, los derechos humanos establecen que…
—Como se nota el discurso falso americano.—dijo la mujer indignada—En la madre rusia esto no pasaría.
—¿Está diciendo que en Rusia hubieran asesinado al Duende Verde?
—Lo único que me detiene de no hacerlo es mi respeto por las leyes de este país que me acogió.—dijo con simpleza Yelena—Pero si fuera por mí, la Viuda Negra desaparecería a ese animal.
—Fuertes declaraciones.—dijo el presentador entre risas al mismo tiempo que hacía una seña y antes de que alguien lo notase dijo—Volveremos tras estos cortes comerciales.
Lincoln se quedó viendo interesado el programa, aquella señora le recordaba mucho al Punisher en su manera de pensar… O tal vez le recordaba a como él mismo había pensado tan solo un par de días atrás. Aunque claro, él lo había pensado tras toda la tragedia que sufrió. Era fácil posicionarse en la moral cuando no eras la persona directamente afectada. Pero también se admitió a sí mismo que no quería que matasen al señor McBride.
Mientras siguiese vivo, podría arrepentirse de lo que hizo, y aquello fue suficiente para Lincoln sintiera pesado en el estómago, cerró los ojos y esperó a que volvieran de comerciales.
Para sorpresa de nadie, la señorita Yelena ya no se encontraba en el sofá de invitados, ahora todo se centraba en el presentador.
—Para los que se acaban de levantar esta hermosa mañana de domingo, les traigo la exclusiva que está alzando las voces por todas las redes sociales, el Duende Verde y el alcalde Osborn han sido enviados a prisión tras un intenso juicio.
Si bien no le gustaba que la gente siguiera llamando a Norman alcalde, le agradó saber que lo condenaron durante meses a prisión, era lo justo, era una mala persona, tanto como su hijo.
Curiosamente, mientras terminaba de beber su jugo de naranja y se levantaba para terminar de arreglarse no pudo evitar pensar que, en el fondo, alguna vez llegó a pensar que el Duende Verde era Norman Osborn, todo encajaba perfectamente… Sobre todo, cuando lanzó esa campaña electoral justo después de que durante esa persecución que tuvieron en la carretera el bromease acerca de que debía volverse alcalde. O como el Duende pareció cambiar de actitud cuando fue al centro comercial y lo enfrentó con Jessica Jones, curiosamente buscaba a Norman Osborn… Pero Norman estaba en su oficina desangrándose debido a una herida que le hizo el Duende… ¿Entonces porque el Duende lo buscaba si ya lo había herido? Sonaba a coartada para él, pero, sobre todo, ¿Por qué apareció el Duende Verde cuando Lisa y el señor Loud atacaron la torre Osborn? ¿No hubiera tenido más sentido que fuese Norman?
Aunque, por otro lado, el Duende salvó a Clyde de la muerte cuando Venom los tiro al vacío y también estaba en duda por qué el señor McBride le haría pasar por todo el calvario que le hizo pasar el Duende el día pasado. No tenía ningún motivo para torturarlo… Norman Osborn sí.
Sintió como si un frio recorriese su espalda, pero estaba tranquilo en su habitación quitándose la camisa, nada pasaba a su alrededor, y al mirar por la ventana tampoco notó nada.
Norman tenía el motivo que él dejó que Lisa revelase sus secretos al mundo entero, pero, él también vio a Howard atado y desquiciado…
Ni siquiera sin saberlo, desde otro punto en la cárcel de máxima seguridad, se encontraba su hermana Lisa tomando el desayuno junto a otros presos igual de despreciables, como el Juggernout, el Puppet Master o incluso la Escorpiona.
Escuchaba con mucho gusto como todas las noticias parecían coincidir que Norman finalmente había sido derrocado, su mayor enemigo había caído y todo gracias al estúpido de su hermano, no se había equivocado respecto a él, era impredecible hasta cierto punto.
A Lisa tampoco le gustaba la idea que todos en las redes siguieran llamándolo alcalde, pero le sorprendió cuando repentinamente anunciaron que Howard McBride, mejor conocido como el Duende Verde, también había sido puesto tras las rejas.
—Idiotas.—susurró la chica molesta—Maldita seas Osborn, por supuesto...—dijo retomando su mirada rabiosa que tantos problemas le había traído—¡El Duende Verde es Norman!
Pero nadie le hizo caso a la niña, muchas veces la veían con desprecio, como si ella no mereciese estar en un lugar de tanto catalogo para algunos villanos que incluso se habían enfrentado a los Vengadores mientras que Lisa y la Escorpiona solo eran niñas.
—Ahora todo tiene sentido.—dijo llevándose una mano a su rostro, no se podía ver detrás de sus lentes, apañados por sus intenciones malignas.
"So the winner takes it all and the loser has to fall"
—Ya nos vamos.—dijo la Capitana mientras subía al carro junto a Gwen y DeWolff—¿Estás lista Gwen?
La chica asintió levemente mientras no paraba de mirar al suelo, ya había pasado casi una semana desde el incidente del edificio, aun tenía varios huesos rotos y el rostro lleno de vendas por las quemaduras, pero no le importaba, tenía que estar con su padre una última vez.
Esperó en silencio, mirando por la ventana mientras pasaban por varios edificios que conocía, no estaba pensando en nada, sentía nervios, quería que el viaje fuese eterno, que nunca tuviera que llegar y que no sufriera tener que vivir el funeral.
Pero el viaje fue más bien corto, cuando vio la funeraria, ya llena de muchas personas vestidas de negro se maldijo para su interior, ni siquiera tuvo tiempo de avisar a sus amigos, no había tenido apenas tiempo para pensar en ellos, pero la mayoría eran gente que su padre conocía, nadie que estuviera ahí para ella, por más que lo dijeran.
Era su culpa por no avisar, ahora iba a estar sola.
Al menos ese fue su pensamiento mientras se encontraba en la recepción, Yuri y DeWolff se acercaron para preguntar cuando iban a abrir las puertas del servicio, dejando a Gwen en un asiento del concurrido salón.
La chica no paraba de ver hacia el suelo, triste de que finalmente estaba volviendo a vivir su mayor pesadilla, pero esta vez no se iba a levantar, lo había perdido todo, estaba sola en el mundo y eso…
¿Acaso aquello era una cabellera blanca? Levantó la mirada atónita y al hacerlo notó como enfrente suya, a unos cuantos pasos se encontraba Lincoln Loud mirándola a la distancia, inseguro si acercarse o no y con un esmoquin que le quedaba más grande, justo idéntico al que uso en el funeral del hermano de Ronnie.
La chica sintió como se le volcaba el corazón, claro que él no iba a dejarla sola, no en un momento como este… Se sintió tonta por un momento de tan solo haber pensado que él no estaría cuando ella más lo necesitase. Sintió que por fin podía dejar fluir las lágrimas al mismo tiempo que se levantaba y salía corriendo a abrazar a Lincoln.
Este no tuvo problema en recibir el abrazo al mismo tiempo que llevaba una de sus manos a la parte trasera de su cabeza para intentar mantenerla en calma. Eso funcionó porque la chica comenzó a llorar sobre su hombro.
Y así, sin ninguna palabra intercambiada, supo que él la entendía.
No estaba sola.
Lincoln estaba con ella, y aunque no podía ocultar su tristeza, le hizo sentir algo de felicidad.
Gwen era suertuda de tener un novio así.
Lo abrazó con más fuerza antes de escuchar desde atrás.
—Ya podemos pasar a la sala.—dijo la capitana Watanabe—Hola, Capitana Yuri Watanabe, ¿Amigo de Gwen?
—Pareja.—dijo Lincoln recorriendo su brazo de arriba abajo por la espalda de Gwen quien seguía llorando.
La Capitana no hizo más preguntas, solo dio media vuelta y se adentró a la sala. Una vez se fue Gwen se retiró del hombro de Lincoln y lo vio a los ojos. Este asintió y la tomó de la mano.
Precisamente la misma en la que lo picó la araña hace tantos años, pero ni siquiera pensó en eso Lincoln, no tenía tiempo para SpiderKid. Lincoln al fin tenía una respuesta a la pregunta que había rondado su cabeza por los últimos años, él era Lincoln Philip Loud y él era SpiderKid. Y hoy tocaba estar ahí para su novia.
Tomados de la mano cruzaron el umbral.
El último adiós del Capitán George Stacy dio comienzo.
Continuara…
Notas-Gracias por aguantar todo este camino, ha tenido picos, valles y meses sin actualizaciones, pero ya el siguiente capítulo es el final, originalmente este iba a ser el final, pero técnicamente lo es. Ya no quedan revelaciones, ni giros, solo queda decir adios a estos personajes mientras cierran un último ciclo.
Gracias a todos los que estuvieron aquí, la razón por la cual no pude actualizar es que, pase por mala racha en mi vida, mi abuela a quien cuide tanto empeoró, mi familia tuvo una perdida económica grave, mi trabajo me quitaron beneficios médicos, mi pareja me abandonó y comencé a tener entradas de calvicie… No es el mejor momento para ser jva98 jajaja… Sé que hay gente que no le importa, pero necesitaba soltarlo en algún lado y estas notas de autor son más baratas que una consulta al psicólogo.
El siguiente capítulo es el final, y esta vez lo traeré pronto, tampoco será largo. Hasta pronto.
